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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Cómo narrar una gran historia épica norteamericana (Parte 1)

Capítulo 0: Elige bien los mimbres

A estas alturas de la historia del cine y la televisión, los americanos ya se las saben todas, han contado todas las historias de los grandes hombres que forjaron la nación, combatieron al enemigo, descubrieron grandes cosas, lograron grandes hazañas deportivas e inventaron artilugios fantásticos, nacidos en suelo estadounidense o no. Así que ya no es tiempo de volver a contar la historia de Abraham Lincoln, Albert Einstein o Jesse Owens, sino que hay que apuntar a la segunda línea de grandes hombres: aquellos que son tan importantes o más que los de primera línea pero que el imaginario colectivo ha relegado por una razón u otra a un segundo plano.

Por ejemplo, John Adams, segundo presidente de los Estados Unidos, después de George Washington, y uno de los padres fundadores del país. Importantísimo para los americanos… pero con menos sonoridad que otros..

Una vez que tienes el objetivo claro, hay que rodearse de los mejores, o al menos de los que dan más prestigio. La punta de lanza siempre deben ser un director de los que levantan miradas de respeto, como Tom Hooper, que ya había ganado un Emmy por una miniserie sobre la reina Elizabeth, y que ahora ya conocemos mejor porque acaba de ganar el Oscar al mejor director por El discurso del rey; y una pareja protagonista de esas que aseguran premios y que uno ve en pantalla y siempre, siempre, siempre piensa “pero hay que ver qué bien trabajan”, en este caso el bueno de Paul Giamatti y la muy respetada Laura Linney. Mezclas bien y si te sale una mala historia, es que eres un negado.

Capítulo 1: Presenta bien a tus protagonistas

Que te quede bien claro: al final de la primera hora de narración el espectador debe saber perfectamente quién es John Adams y quién es Abigail Adams, qué carácter tienen, cuáles son sus debilidades y qué podemos esperar de ellos. Así que lo mejor es contar un hecho lateral al tronco central del relato, algo que nos enseñe de qué madera está hecho Adams sin que perdamos de vista el contexto de pre-guerra en el que se encuentran las colonias norteamericanas y el Imperio Británico a mediados del siglo XVIII. Así, contamos la historia del capitán del ejército británico que es encausado en un tribunal local junto con algunos de sus soldados por haber dado la orden de disparar a una multitud indefensa de bostonianos. El abogado Adams, enfrentándose a sus compatriotas y a su propia ideología, decide defender a los ingleses porque para él la Ley y la Verdad están por encima de cualquier otra cosa. El resultado victorioso del juicio hace que el buen abogado gane renombre como ecuánime y honesto, valores imprescindibles para convertirse en uno de los representantes de Massachussets en el incipiente Congreso de las Colonias Americanas que tiene lugar en Filadelfia.

Así, descubrimos la irrenunciable honradez ideológica de Adams, pero también su vanidad, su deseo constante de mostrar sus conocimientos para impresionar la audiencia y su rigidez disciplinada para con sus hijos. Ahí entra en juego Abigail, su esposa, siempre atenta a bajarle los pies a la tierra, a ser dura y crítica con sus discursos y a funcionar como consejera silenciosa e imprescindible en todas las decisiones de su marido.

Ahora que ya los conocemos bien, podemos empezar a contar la historia que queríamos contar.

Capítulo 2: No te ahorres los golpes de efecto

Ahora se trata de que los espectadores se queden contigo hasta el final, aunque falten unas cuantas horas para acabar. En un concierto de rock, uno de los grandes momentos se produce siempre cuando aparece la estrella invitada, el inesperado, que provoca reacciones de júbilo en la audiencia que lo reconoce sorprendida. Aquí hay que hacer lo mismo: si vas a mandar a John Adams al Congreso en Filadelfia, deja que el público se revuelva agitado en su asiento al reconocer sin atisbo de dudas a Benjamin Franklin con la cara de Tom Wilkinson o al circunspecto Thomas Jefferson con el rostro de Stephen Dillane. Y sobre todo reserva un momento especial para que hablen de Él, para que comenten que es un gran hombre, un héroe, el que está llamado a liderar las tropas de los futuros estados. Y cuando ya todos sospechemos de quien se trata, hazlo aparecer, David Morse con porte de John Wayne, vestido de uniforme militar y peluca blanca, serio y honorable, asegurando que sus hombres darán su sangre por la libertad de Boston: es el Coronel George Washington, nombrado General en ese congreso, un personaje secundario que generará enormes sonrisas entre los fieles norteamericanos que miran la pantalla con sólo verlo aparecer.

¿Ya los tienes a todos presentados? Espléndido, ahora se trata de convencer a la audiencia de que va a desencadenarse una guerra, un infierno de sangre y fuego, y que es algo necesario. Aunque los reprentantes de Nueva York, Carolina del Sur o Pensilvania tengan dudas y miedo, aunque se comprendan esas dudas, tienes que borrarlas de la mente del espectador. Haz actuar a los malos, en off, que no se les vea, para no caer en la parodia grotesca. Una simple carta del Rey Jorge negando los derechos de las colonias te convencerá de que la declaración de Independencia escrita por Jefferson era algo inevitable. A estas alturas los espectadores están comiendo de tu mano.

Alberto Haj-Saleh | 27 de julio de 2011

Comentarios

  1. Miguel A. Román
    2011-07-28 00:27

    Noto una cierta ironía o cuchufleta en el tono.

    El biopic es un género muy trillado, y cuenta con el problema añadido de que no puedes inventar demasiado ni correr el riesgo de atentar contra la “honorabilidad” de los personajes consagrados.

    En cine todavía te queda un resquicio, pero en televisión te juegas el bigote —y los garbanzos- con lo que te vas a lo seguro, cobras tu nómina y a otra cosa, mariposa.

    Oye, cuidado con los spoilers que todavía me quedan tres capítulos.

  2. c.
    2011-07-28 00:29

    Y los lectores, de la tuya :)

  3. Alberto
    2011-07-28 00:33

    No, no, nada de ironía. Un poco de guasa namás, y merecida, qué quieres que te diga.

    Pero vaya, que lo que quiero decir es que esta gente cuando se ponen a hacer lo que saben, lo hacen como dios.

  4. Miguel A. Román
    2011-07-28 02:59

    Bueno, contaba Wyler que Samuel Goldfish le dijo una vez: “Si quieres hacer ARTE ponte a pintar, aquí lo que hay que hacer es dinero”.

  5. Otis B. Driftwood
    2011-07-28 06:23

    “El biopic es un género muy trillado, y cuenta con el problema añadido de que no puedes inventar demasiado ni correr el riesgo de atentar contra la “honorabilidad” de los personajes consagrados.”

    Bueeeeeeeeeeennnnno… no exactamente. Raro es el biopic que no se dispersa bastante de la biografía real del personaje retratado; suele ser la regla más que la excepción. Sin embargo, en el caso de la Historia de EEUU esa regla es como tú la dices; la razón es que la corta Historia de ese país está tan, pero tan estudiada al detalle hasta por los escolares (creo que en casi ningún país uno tiene que aprenderse discursos presidenciales como parte del temario, por poner un ejemplo) que cualquier desviación sería inmediatamente detectada y, por ello, fuertemente criticada. Y con la historia americana, especialmente la épica de la independencia de las colonias, mejor no meter morcillas.

    Lo que sí me sorprende es que mi hermano haya visto esta serie antes que yo, cuando de los dos servidor es el locuelo de este período histórico. Pondremos pronto remedio a eso :D

  6. Miguel A. Román
    2011-07-28 16:53

    Hombre, Otis, más o menos de acuerdo, pero hay de todo.

    Hace unos meses me veía yo Napoleón: Europea pero con algunos de los mandamientos que ha dado Alberto: reparto de Luxe-Plus (Clavier, Rosellini, Malkovich, Depardieu et Depardieu, …), previa del personaje (matanza de Las Tullerías, campaña Italiana), justificación de los hechos (directorio hecho una jaula de grillos, alianzas extranjeras)…

    Por cierto, papelón de Malkovich y Rosellini; Clavier y Depardieu más discretos.

    Y claro, inventa o interpreta libremente, pero dentro de un orden (la que más me chocó: Fernando VII con obesidad mórbida), porque tampoco puedes poner a Josefina como un pendón desorejado ni a Waleska como una monja de clausura.

    Lo que creo que pasa es que todo el que se pone a dirigir una biográfica tiene el honesto propósito de “destacar el lado humano”, pero este, normalmente, es completamente desconocido para la historia, y con frecuencia salen unos personajes poco creibles.

    De todas formas, los norteamericanos y sus recreaciones históricas tienen una asignatura pendiente y harto espinosa, y estoy impaciente por ver si esta serie pasa la prueba.

  7. Alberto
    2011-07-28 18:47

    Después de pinchar el enlace de Miguel voy a tener que poner como mandamiento en la segunda parte que siempre y en cualquier caso haya un papel para Tom Wilkinson.

  8. que ver en paris
    2011-10-25 04:15

    Pues yo q estoy intentando ponerme a escribir un libro, estos consejos me vienen muy bien, a pesar de su guasa..jeje.
    Pero en serio, que está muy bien y voy a ponerlo en favoritos ya!


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