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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Tiro al Iñárritu

En estos días en los que asisto asqueado a como la dictadura de lo políticamente correcto manipula y jode a un director de cine por un chiste, y como un ex diario independiente apoya el linchamiento, me he quedado pensando también en las imposiciones de lo políticamente incorrecto, es decir, en el efecto contrario, en cagarse en una cosa simplemente porque toca aspectos sociales o de concienciación.

Un ejemplo: el cine de género. La comedia, los zombies, el terror puro, el gore, la ciencia ficción, la acción, los superhéroes, todos géneros y subgéneros despreciados y dejados de lado por la crítica artística e intelectual con frases despreciativas, adjetivos como “televisivo”, “descerebrado” o “hueco”, o incluso con condescendencia del estilo “es mala pero te ríes”, “una mierda pero pasas el rato”. En gran medida Internet ha ayudado a pelear contra eso, dignificando y sacando de las catacumbas críticas todos esos discursos cinematográficos, con gente impresionante como el Sr. Ausente que colocan a la cultura popular en el sitio en el que se merece dentro del espectro cultural general.

Y en esas estábamos cuando de repente, desde las antiguas trincheras, empieza a dispararse contra el status quo anterior. Entonces oyes y lees exabruptos sobre el cine de autor, sobre las películas de países con producciones minoritarias, sobre el cine asiático o el africano, sobre películas contemplativas, sobre las nuevas exploraciones en el cine, sobre la experimentación. Esas mierdas que no interesan a nadie, esas mierdas engreídas, el cine lo que tiene que hacer es entretener, el cine tiene que divertir y punto, el cine tiene que, el cine debe ser, esas películas que hacen para ellos y que nadie ve. O con el cine social, mierda para Ken Loach, mierda para León de Aranoa, mierda para Iñárritu. Ahora está prohibido hablar de inmigrantes de buen corazón, vetado ambientar una película en el tercer mundo, ni media palabra de adopciones, trabajo basura o terratenientes corruptos.

Veo como se le atiza a Alejandro González Iñárritu por hacer Biutiful, despachando la película sin reparar siquiera en ella (¿sin preocuparse de verla?), hablando de efectismo, de sensiblería, de que si ya está bien de hacer relatos de conciencia social. Iñárritu no tiene derecho a hacer películas normales y a sufrir una crítica normal, sólo a recibir hostias por no hacer vete tú a saber qué tipo de cine. Veo Biutiful y veo cosas que no me gustan, historias que no me encajan y que sobran en el conjunto, algún actor que podría estar mejor, un exceso de melodrama al final. Pero no logro ver la obscenidad social, ni el señalar con el dedo a nadie, ni siquiera logro ver la denuncia que se supone que hace la película y que tan insoportable es a los oídos de alguno. Yo veo una película centrada en un personaje sobrepasado por su propia existencia, sin maniqueísmos, sin falsos mesías, sin señalar con el dedo, ¡que el protagonista es un mercader de humanos, por el amor del cielo!

Pero no. Las pelis sólo pueden ser escapistas, no pueden hablar de miseria ni de dolor ni de inmigrantes. Aunque yo no vea ninguna diferencia entre lo que hacen los políticamente correctos y los supuestamente incorrectos.

Alberto Haj-Saleh | 09 de febrero de 2011

Comentarios

  1. gsc
    2011-02-09 20:08

    En la misma línea, aunque tirando por otro lado, escribía hace no mucho Jonás Trueba, en su caso hablando de “esnobismo inverso”.

  2. Henrique
    2011-02-09 23:58

    No está prohibido hablar de inmigrantes de buen corazón, ni ambientar las películas en países del tercer mundo, ni la critica social en general… está prohibido hacerlo de manera tendenciosa, caduca, manipuladora, obvia y estúpida. O bueno, prohibido no está, pero debería. :P

  3. Alberto
    2011-02-10 00:37

    Ojalá eso fuera verdad, pero no lo es Henrique, y lo sabes de sobra, tú más que nadie. A Biutiful se la ha pre-disparado dando por supuesto que iba a ser un panfleto social (y no lo es, ni siquiera un poquito, no va de eso); tú has visto, como yo, cómo se machacó “Amador” de Fernando León DESDE EL ARGUMENTO, un año antes de su estreno; tú has leído, como yo, cómo se censuraba “The Visitor” sólo porque el inmigrante co-protagonista era buena persona. Eso del “esnobismo inverso” es una definición ajustadísima.

  4. Henrique
    2011-02-10 06:30

    También he visto como se tildan de ñordos blockbusters por trailers muy engañosos… no vamos ahora descubrir que el prejuicio existe.

    En el caso concreto de Iñárritu, hay una trayectoria que, sumados a la imagen pública de Biutiful, proyecta la idea de que no supone una evolución ni nada semejante, si no una continuación y por tanto, se considera que caerá en los mismos errores.

    A mi me pasa con ese nuevo proyecto de Aranofsky, “Noé”, que tiene exactamente la misma mala pinta que tenía “The Fountain”, película que no soporto… y por tanto prejuzgo “Noé”. No es algo limitado a lo social.

    AHora bien, yo marcaría una diferencia entre lo que apoya Jonás Trueba y lo que defiende usted: Trueba se refiere específicamente a un cine de autor minoritario, casi exclusivo, que no encuentra el más mínimo resquicio en salas y que es despreciado por su propia condición. Ni Iñárritu ni Aranoa son precisamente desconocidos del gran público, ni les son ajenos los éxitos en salas.

    Con esto, quiero señalar la divergencia entre no acercarse a un cine por su cripticismo… y no acercarse a otro tipo de cine porque, precisamente, sea más bien explícito y tienda a enfatizar cosas triviales. A mi lo que más me aleja de este tipo de cine es cierta condescendencia moral, me repele como buen ácrata. Pero me repele en Iñárritu, me repele en Amenabar y me repele en Aranofsky, siendo las intenciones de los tres muy dispares y aunque alguna de ellas se aproxime más a mis filias.

    Conviene no pensar que se desprecia categóricamente este tipo de cine por sistema… en lugar de que se desprecie absolutamente todo el cine, independientemente de donde venga, cuando es frívolo.

  5. Alberto
    2011-02-10 06:36

    ¿Cómo que “conviene no pensar”? No se trata de lo que convenga sino de lo que sucede, y usted no está rebatiendo lo que le digo, principalmente por que no tiene razón. El cine social, dentro de ese sector que señalo, es despreciado sistemáticamente sólo por ser social, me encanta que usted tenga esa visión tan positiva y hermosa en la que se desecha el cine sólo porque “es frívolo” o “es malo” cuando son apreciaciones completamente sujetas a los prejuicios. El prejuicio puede llevarte a no ir a ver a ciertos directores o ciertas películas, estamos de acuerdo, pero es lamentable y deplorable LANZAR una crítica a las mismas sólo desde el prejuicio.

    “En el caso concreto de Iñárritu, hay una trayectoria que, sumados a la imagen pública de Biutiful, proyecta la idea de que no supone una evolución ni nada semejante, si no una continuación y por tanto, se considera que caerá en los mismos errores.”

    Ahí estamos. Conocemos a Iñárritu, tengo su trayectoria, algo llamado “imagen pública” y algo que proyecta una idea. Así que arrasemos con ella, llamémosla “el mal” simplemente porque… eh, porque nos apetece. ¿Verla antes de criticarla? No, coño, eso es de perdedores.

  6. Henrique
    2011-02-10 16:43

    “Ahí estamos. Conocemos a Iñárritu, tengo su trayectoria, algo llamado “imagen pública” y algo que proyecta una idea. Así que arrasemos con ella, llamémosla “el mal” simplemente porque… eh, porque nos apetece”

    No y no. Aquí es donde usted se obceca erróneamente: con la trayectoria que conocemos de Iñárritu… ¿no es absolutamente consecuente que se desprecie su nueva película por seguir una linea que ha disgustado a una parte del público? Usted considera que, en cada nueva película, se debería hacer borrón y cuenta nueva, obviando los antecedentes del autor. Y el mundo funciona justo al revés.

    Claro que es un prejuicio ¡por definición!: se juzgan antes de verlas. Pero se juzgan en base a ALGO: la trayectoria del director, lo que nos ha ofrecido hasta ahora y lo que parece que nos quiere ofrecer. Son muy pocos los directores que escapan a sí mismos, o muy pocos los directores que, después de unas cuantas películas suyas que no me han gustado, sacan una que me entusiasme.

    Se habla del prejuicio siempre como algo negativo cuando es un filtro que, como todas las cosas, cuando vienen del buen criterio, tiene un factor de selección. No podemos dedicarnos a ver todas las películas que se hacen, así que hay que descartar. ¿Y en base a que descartamos? a nuestros gustos y referentes, a la experiencia pasada.

    Hay muchísimo cine social que me gusta. Lo que no me gusta el cine social de ciertos autores, al que encuentro banal e ignorante.

  7. Alberto
    2011-02-10 18:19

    Beat Henrique :D

    Henrique, que el artículo no habla de usted, hablo en general. Mire, este es uno de nuestros casos de encajonamiento. Le digo que es una barbaridad poner a parir la película de Iñárritu sólo porque es Iñárritu y que eso viene, principalmente porque hace un cierto tipo de cine que se ha puesto en el punto de mira por un cierto sector. Voy a autocitarme en el comentario anterior, aunque esté feo:

    “El prejuicio puede llevarte a no ir a ver a ciertos directores o ciertas películas, estamos de acuerdo, pero es lamentable y deplorable LANZAR una crítica a las mismas sólo desde el prejuicio”

    Es decir, yo no voy a ver tal película de Vicente Aranda porque ya sé lo que pienso de Aranda. Pero ¿cagarme en esa película que no he visto? ¿No ve que no se sostiene?

    Voy a repetir también otra cosa: recuerde esa crítica ATROZ a Amador de Fernando León un año antes sólo desde las líneas del argumento. Si a usted eso le parece bien, está claro que no vamos a llegar a ninguna parte.

  8. Henrique
    2011-02-12 19:57

    Me pilla estos días sin Internet y no puedo seguir mucho una discusión ta interesante. :(

    Asi que zanjo cosas: ya sé que no habla de mi, pero tengo la manía de personalizar mis argumentos (sin ironías); lo que digo es que el prejuicio es algo que no podemos evitar nunca, va en nuestra naturaleza cognitiva. A iñárritu se le juzga en base a dos datos: carrera anterior + la información de su nueva película, lo que proyecta una imagen que puede ser cierta o no, pero que es una deducción que hace de descarte.

    León de Aranoa venía de una película como “Princesas” que simplificaba hasta el insulto conceptos como prostitución e inmigración. Cuando se anuncia que el siguiente proyecto va sobre inmigración y ancianos solitarios uno no puede evitar pensar que Aranoa no ha cambiado de la noche a la mañana y ha ampliado su discurso o va a desdecirse.

    Quizás convendría plantearlo de otro modo: ¿Pueden los directores escapar a sí mismos alguna vez o están condenados a repetirse, a hacer siempre la misma y única película? ¿Qué me asegura que, de un director cuyas cuatro películas anteriores no me han gustado por sus maneras, vaya a tener en su nuevo proyecto un estilo nuevo que si me satisfaga? Sé que es injusto juzgar por la política de autores que arrastramos desde los sesenta, pero entienda que es una cuestión de comodidad.

    Lo que le critico es generalizar al cine social. A mi el cine social me gusta, como me puede gustar el western o el musical: cuando está bien hecho (bueno, el western quizás me guste más). Y cuando he dado oportunidades a un director para que insista en los mismos contenidos y estilos y en todas esas oportunidades me ha defraudado, no puedo seguir esperando su nueva película y tengo que prejuzgar en base a mis conocimientos previos. ¿Está bien? No ¿Es lo normal y, hoy por hoy, hasta lo comunmente aceptado? Sí.

    Entendería su crítica a los prejuicios si se centrase en los críticos de cine, que sí tienen la obligación de afrontar cada película individualmente aunque luego la contextualicen, pero el sentir general del público es: “no voy a darle más oportunidades porque seguro que será otra mierda”.

    ¡Y me voy, que tengo un fin de semana de curro por delante!

  9. allau
    2011-02-13 09:38

    Alberto, por muchos prejuicios que intente evitar, la película de Iñarritu (más allá de su buena factura y de la interpretación de Bardem y de Maricel Alvarez) me parece totalmente equivocada. Incluso si hay que tomar un punto de vista desesperado sobre el mundo actual, se debe establecer un marco de referencia para no caer en la explotación miserabilista. Claro que todo lo que se ve en el film también sucede en la realidad (bueno, el diálogo con los muertos quizás no, y es la guinda que hace el pastel todavía más indigesto), pero acumularlo todo a la vez es un error de gestión que atenta a cualquier verosimilitud.

    Personaje marginal que actúa de intermediario entre diferentes mafias migratorias (¡bien!), busca lo mejor para sus hijos (¡bien!), dotado de algún fondo de bondad redentora (¡bien!), sus buenas intenciones causan catástrofes con pérdidas masivas de vidas humanas (¡vaya!), su mujer es una loca bipolar y drogadicta (¡coño!), que folla con su hermano (¡más coño!), sufre un cáncer de pancreas (¡ay!) y encima se comunica con los difuntos (¡glups!)

    Tal cúmulo de desgracias acaba siendo tan risible como el de las cerilleras huérfanas de los folletines del XIX. Por favor, no juzgues por las intenciones, sino por los resultados. Hay tanta voluntad de feismo en esta película: qué insoportable la escena inicial del hermano (Eduard Fernández) en la cama, con la cuñada y esa música horrenda.

    O la secuencia de la persecución de los vendedores callejeros. Resulta que vivo en Barcelona y todas esas carreras con golpes de porra y subsaharianos atropellados tienen muy poco que ver con las redadas moderadamente aburridas que ejercen las “fuerzas del orden” aquí. Te aseguro que no se presencian escenas tan “épicas” (o simplonas, según los gustos), todo es mucho más tibio y ambiguo, como la vida misma. O, por lo menos más real que este “Biutiful” que piensa que “más es más” y se excede hasta resultar insultantemente ridículo.

    Y excusa la extensión del comentario, pero tenía ganas de decirlo.

  10. Alberto
    2011-02-14 20:06

    Allau, estoy de acuerdo en tu apreciación de la película (la trama homosexual de los mafiosos chinos es el colmo), creo que pensamos casi exactamente lo mismo de lo que vimos (interpretación cojonuda de Bardem incluida). Pero también me quedó claro que la película no me pareció buena (ni malísima: defendible) como tal película, no por ninguna connotación social. Es más, estoy dispuesto a pegarme verbalmente con cualquiera que defienda que esta película es cine social. Es una película, un melodrama, sin más, no está “denunciando nada”.

    Por cierto, lo de que se comunique con los muertos para mí es una de las cosas buenas de la peli: nunca había visto un film en el que un poder sobrenatural solo fuese “un rasgo más” del personaje, y no el rasgo principal.

    @Henrique: el público no le da la espalda a Iñárritu (de hecho es al contrario), así que el general sentir del público no es el que dices… ¡es justo al revés! Sé que le duele pero es que a los espectadores medios en general sí que salen contentos de sus películas. Mi queja va precisamente contra un sector que presume de espíritu crítico y en realidad cae en el mismo maniqueísmo del que acusan tanto al cahierismo como al bienpensante.

    Mire, usted está personalizándolo en Iñárritu y además usando su apreciación personal de él como cineasta, pero yo insisto en aplicarlo a cualquier otro, a Zannou, a León de Aranoa, a Loach, a Bolláin, a cualquier director latinoamericano que se meta en esos líos… usted dice que no es cierto que se rechace —siempre por parte de este sector— el cine social por el mero hecho de ser social. Pero eso es negar la mayor, no es cierto, porque SI se rechaza. Por acudir a lo de su personalismo, tal vez usted NO lo haga pero sí es la tendencia general.

  11. Alberto
    2011-02-15 08:39

    Se me escapaba esto Henrique:

    “Quizás convendría plantearlo de otro modo: ¿Pueden los directores escapar a sí mismos alguna vez o están condenados a repetirse, a hacer siempre la misma y única película? “

    Esa es una gran pregunta. Si la quiere contestar le damos un hueco aquí rápidamente :-)


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