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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Aquella secuencia de Paul Newman...

Estaba yo pensando que Paul Newman tiene todo el derecho del mundo, es más, tiene toda la autoridad del mundo para obligarme a hacer un breve paréntesis entre tanto ataque entre facciones de la crítica en España. Llevaba un tiempo despidiéndose de nosotros pero, malos espectadores, nosotros preferimos ignorarlo. Newman nunca “estuvo muy mayor”, como Anthony Quinn, como Gregory Peck, como Robert Mitchum. Ninguno de ellos, al morir, nos dejó pensando con tristeza “es que estaba muy mayor el pobre”. No, algunos actores son rocas tan estables que uno ni se planea que puedan dejar de estar.

La diferencia entre Paul y los otros tres es que mientras que los otros nunca dejaron de ser tipos recios, él nunca dejó de ser el hombre más guapo. Nunca. Hay que joderse. Esto me lleva a contar una de esas bromas privadas que se tienen en las parejas. Esa de “Y si me encontrases un día en la cama con Paul Newman… ¿qué harías?”. La respuesta está clara: preguntar “¿qué tal ha ido, qué tal ha ido?”. Si ella te es infiel con Paul Newman sólo te queda resignarte. Total, seguro que ya ha pecado mil veces de pensamiento, qué más dará…

En fin. Que me apetecía recordar una de las últimas películas que hizo Paul Newman, quien ya rodó muy poquitas desde 1990. Ésta, Ni un pelo de tonto (Nobody’s fool, Robert Benton, 1994) es además de las menos recordadas, a pesar de que fue candidato al Oscar al mejor actor por ella. Y concretamente de esa comedia, divertida, ligera, bien escrita, aroma de años cincuenta, llena de actores que disfrutaron haciéndola, como Bruce Willis o Jessica Tandy; concretamente, decía, me estaba acordando de una secuencia muy concreta: resulta que Sully, el viejo desvergonzado que hace las chapuzas para su casera, se pasa toda la película piropeando y bromeando procazmente con Toby (Melanie Griffith), la mujer de su gran amigo Carl (Bruce Willis). Que si a ver si dejas a tu marido y buscas un hombre de verdad, que si deberíamos darnos a la pasión desenfrenada… esas cosas.

Un día Sully pasa por casa de su amigo, buscándolo, pero él no ha venido y sólo está Toby, planchando enfadada porque no sabe dónde está Carl. Sully está sólo de paso pero aprovecha para decirle a Toby, como de pasada, que si ella se lo permitiera iba a hacer arrepentirse a Carl de no estar allí. Sin mediar palabra, la buena de Melanie Griffith, treinta años más joven que él, deja de planchar e, imperturbable, se levanta el jersey enseñando su pecho al amigo de su marido. Paul Newman, el hombre más guapo del mundo, el actor de los ojos azules, Paul Newman, caray, impone incluso escribirlo en el ordenador, ¡Paul Newman!… se queda petrificado, cortadísimo, ruborizado y sin habla. Ella, y nosotros con ella, rompe a reír.

Por esa cara echo de menos hoy a Paul Newman. Mañana será por las gafas enormes que tuvo que ponerse Eddie Felson en El color del dinero (The colour of Money, Martin Scorsese, 1986) cuando empezó a no ver bien la bola negra sobre el tapete. Y pasado será por sus tirantes en El golpe (The sting, George Roy Hill, 1973). Sea como sea sé que ya no dejaré de echarle de menos en lo que me queda de vida.

Están invitados a recordar aquella secuencia, sí, esa que tienen ahora mismo en la cabeza. Me encantará leerles.

Alberto Haj-Saleh | 01 de octubre de 2008

Comentarios

  1. Miguel A. Román
    2008-10-01 18:14

    Nunca entendí del todo qué le veía la gente a Paul Newman, aparte de su belleza querubínica; para mí era excesivamente frío, tal vez precisamente por su mirada de hielo.

    Las únicas dos películas en que me llega son, curiosamente, las que hace con Redford: El golpe y Dos hombres y un destino (Butch Cassidy & Sundance Kid).

    Mi escena de Newman es de esta última, una escena anodina y que casi sobra en un western: Paul juguetea risueño junto al rancho donde se ocultan los dos forrajidos, sobre una ajada bicicleta, con un ridículo bombín sobre la cabeza, con Ethel (Katherine Ross) de blanco inmaculado, divertida, montando a horcajadas sobre el manillar mientras suena “Gotas de lluvia sobre mi cabeza”.

    Es un momento de inopinado respiro en medio de la enconada persecución que constituye la línea argumental, los actores están relajados, felices, la música es optimista como una canción infantil (Burt Bacharach recibió premios sin cuento por esta melodía, entre ellos el Oscar, el Globo y el Grammy), no hay diálogos ni sonido ambiente, solo cortes breves montados como si fuera un video casero, luce un sol primaveral (pese a la letra de la canción), hay vacas y manzanas, huele a hierba y heno (sí, en la sala del cine huele a campo en ese momento).

    Paul se ríe de verdad mientras hace acrobacias con la bici como un payaso en la pista central (la música es ahora de circo) hasta que cae junto a una ternera que lo mira con aviesas intenciones (¿nadie nominó a la vaca como mejor actriz de reparto por esa mirada?), pero Newman, sabedor de su irresistible carisma, le pone unos morritos encantadores… que no sirven de nada.

    Esa risa y ese mohín a la vaca son mi mejor recuerdo de Paul Newman.

    Veanlo

  2. Ana Lorenzo
    2008-10-01 19:16

    Miguel, ten por seguro que si hubiesen nominado a la vaca como mejor actriz de reparto le habrían dado el Oscar antes que a Paul Newman; al fin y al cabo, le pasó con todos los actores, actrices, compositores y no sé si hasta encargados de vestuario. La secuencia es también una de mis favoritas. Bueno la película entera. Y la de El golpe, y la de La leyenda del indomable (ja, Oscar para George Kennedy, que desde luego lo merecía, pero nada para Paul Newman, y eso a pesar de que lució tripa desmedida en la estupenda apuesta de comer huevos; y ni así hubo manera de que saliese feo) , y la de Dulce pájaro de juventud, y la de El largo y cálido verano y su forma canalla de conquistar a Joanne Woodward…
    Alberto, si no llegas a escribir sobre Paul Newman, creo que habría habido cartas de reclamación, así que: gracias.
    Trataba de recordar con qué secuencia me quedaría y, la verdad, no lo sé: me gusta el pasmo de narices del “jefe” cuando se va con su camión el indomable y todos se alegran de ver que el pelota no era más que un cuento para fugarse, pero me gusta mucho más el Paul Newman canallesco y con la media sonrisa de El buscavidas e incluso el alcohólico de La gata sobre el tejado de zinc caliente o el mujeriego y semidespistado borracho de _El premio- .
    Y es que, más que con una secuencia, me quedo con eso, con su forma de mirar, también en Ni un pelo de tonto, medio canalla, medio vulnerable, que conquista a las mujeres en la película y fuera de la pantalla.
    Un beso.

  3. Marcos
    2008-10-02 02:10

    Miguel, supongo que te perdono.

    Fue de los pocos actores guapos de verdad que además actuaban. De los muy muy poquitos; y dentro de los poquitos, el más guapo. Dicen que si Redford… na, ni hablar, no hay color.

    Mira, a mí me gustan todas sus películas, todas, porque tenía magnetismo. Pero sentimentalmente me quedo con Dos hombres y un destino. Mi hermano tenía un proyector de cine en casa, y la única película era esa, en versión original. La veía una y otra vez, sin enterarme demasiado, pero daba igual. Después salía a jugar con mi pistola y decenas de mexicanos imaginarios intentado cogerme. Y moría como ellos; creo que es una de las muertes cinematográficas más dignas.

    Saludos

  4. Mariana la de los libros
    2008-10-02 03:08

    ¡Muchas gracias! Desde que me enteré de la muerte de Paul Newman, que no podía recordar cómo se llamaba esa película. La fui a ver al cine, yo tenía doce o trece años y se me hizo muy lenta, pero creo que ahora me divertiría más.

  5. Marga
    2008-10-02 04:39

    Ana, qué razón tienes, por ser el más guapo, hay que joderse. Ayer leí una artículo de Jimenez los santos que opinaba lo mismo que Miguel; belleza fría dicen, para mi que hablan de otro…Todavía recuerdo la decepción que sufrí en 1982 cuando no le dieron el oscar por Veredicto Final, que bien estaba de abogado alcohólico y también como ex-alcohólico e investigador privado, con Susan Sarandon y Gene Hackman, qué buena escena final cuando sale por la puerta y Susan Sarandon le pregunta todavía me quieres? y él sale sin responder…frío dicen, para mí que el largo y cálido verano se le queda corto…Qué requeteguapo

  6. gatavagabunda
    2008-10-02 05:54

    Mira, al hilo de la que tú citas se me ha venido a la memoria otra secuencia en una película reciente también bastante olvidada (justificadamente), “Where the money is”, donde una estupenda Linda Fiorentino se monta un numerito de seducción para intentar despertar la libido de Paul, ya que cree que finge su estado vegetal en una silla de ruedas. Por supuesto el hombre de vegetal tenía poco y estaba más que espabilado ;-)

    Mi tía Teresa solía decir que era su marido ideal. No te fastidia…

  7. Manuel Haj-Saleh
    2008-10-02 06:27

    Para mí la mejor es esa partida de póker en el tren en “El Golpe”, en la que finge estar borracho para “quedarse” con Robert Shaw. Glo-rio-sa.

  8. Celebes
    2008-10-02 06:41

    Pues yo creo que, por “Veredicto Final” debieron darle el oscar sí o sí.

  9. c.
    2008-10-04 03:16

    Newman, un hombre acabado por completo, jugando a las tragaperras y bebiendo cerveza en los títulos de crédito de Veredicto final. Me hiela la sangre pensar en ello.


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