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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

No parecerse a casi nada

Más de cien años después del nacimiento del cine y con una montaña de películas vistas no deja de ser un acontecimiento poder ver una película como Los Cronocrímenes ( Nacho Vigalondo, 2007 ), tan poco parecida a casi nada que haya visto antes, al menos estructuralmente. No es que el director cántabro haya descubierto una nueva forma de filmar ni tampoco es que trate temas que nadie más ha osado abordar, no. La auténtica virtud de esta película es la de saber contar con muy pocos elementos una historia de ciencia ficción pura, algo inaudito en el cine español. Dicho de otro modo, Nacho Vigalondo consigue crear una película casi minimalista dentro de un género, la CF, que es casi por definición ampuloso y recargado.

El gran salto mortal que da Vigalondo en este film es el de emprender una historia de ciencia ficción de forma conceptual, no puramente ambiental. No se trata de adornar lo que rodea a la historia de elementos que la hagan reconocibles de inmediato (si tiene naves, es CF; si hay robots, es CF; si sucede en el espacio, es CF) sino de partir de un corazón narrativo diferente, una glorificación del “¿Qué pasaría si…?”, desprendiéndose de cualquier distracción superflua. El arranque de Los cronocrímenes nos lleva a un tiempo ya bastante lejano en el que no hacían falta treinta minutos de contextualización para enfrentarse al meollo de la película. Cinco minutos para ver la cara del protagonista, un incidente casual y teóricamente inocente y a partir de ahí ochenta minutos para sumergirnos en la historia. Ni más ni menos.

El director tiene que haber visto unas cuantas veces La Jetée ( Chris Marker, 1962 ), casi un manual de instrucciones para la comprensión total de Los Cronocrímenes. Al igual que con la película de Marker, este film se completa mentalmente horas después de haberlo visto. Vigalondo construye un puzzle de piezas francamente parecidas entre sí cuyo resultado final varía en función de como las coloquemos. Como si fuera un geniecillo malvado, el director mueve las piezas de la historia con mucha habilidad, sugiriendo siempre una “opción B” a la que puede parecer más obvia, alimentando discusiones infinitas y logrando algo casi irrepetible: conseguir que el espectador acabe furioso al darse cuenta de que está enredado en una tela de araña impoluta y maestra.

Hay otras virtudes, el uso inteligente de la música, un montaje veloz y sutil que aligera la posible confusión que puede generar la historia, algún hallazgo visual espectacular (esas luces que se encienden de golpe indicando el sendero hasta la casa es un golpe de efecto que pone los pelos de punta), su esfuerzo por no apartarse ni un segundo de ese objetivo claro de “ir al grano de inmediato”. Es una lástima que otros elementos no estén a la altura de esas virtudes: hay una cierta despreocupación en los diálogos, puestos en la boca de los protagonistas casi por obligación, por la necesidad de explicar en determinados momentos qué es lo que está pasando; las interpretaciones tanto de Karra Elejalde como del propio Vigalondo son muy flojas ( mucho mejor Bárbara Goenaga y Candela Fernández ), en el caso del actor vasco no termino de adivinar si hay desgana o una forma muy inteligente de sobrevolar los acontecimientos; en el caso del director de la película hay una sensación de falta de expresividad y de prisa en la resolución de las secuencias. La falta de un factor humano convincente beneficia a la fascinación de la historia, eje único y absoluto de la película, así como el posterior análisis de la misma; pero al mismo tiempo desprende frialdad y desapego, impresión de foto fija, sin apenas alma.

Se agradece mucho una película que no trate al espectador como un estúpido (algún flashback de más, pero es comprensible), aunque es posible que los árboles —es rara, es compleja, es fría, los diálogos son flojos, los actores regulares— impidan ver un bosque diferente, frondoso, inexplorado y, en muchos aspectos, único.

Alberto Haj-Saleh | 02 de julio de 2008

Comentarios

  1. c.
    2008-07-03 04:46

    Esto es muy interesante. Realmente, el cine de ciencia ficción ha sido muy pocas veces un cine sólo de ideas, cuando quizá este género es uno de los que más se presten a ello. En algunos casos, ideas y envoltorio se han combinado de forma excelente, pero en muchísimos otros el envoltorio ha sido lo predominante. Se podría hacer algo parecido a la ciencia ficción con una casa de campo, unos cuantos daneses, un hecho sobrenatural y llamarlo Ordet —o Sacrificio, trasladando todo esto a Suecia.

  2. Alberto
    2008-07-03 18:12

    Sí, es exactamente eso, aunque tal vez sea a la vez lo mejor y lo peor de esta película. Me parece evidente que Vigalondo ha querido quedarse sólo con el corazón de la idea, pero igual se le ha ido un poco la mano quitando el envoltorio. Aún así es muy estimulante, generalmente el problema viene desde el lado contrario.

    Supongo que la ciencia ficción no es más veces un cine de ideas precisamente por lo fascinante de sus oropeles. Claro, si uno lo piensa bien cualquier historia es susceptible de ser narrada en el futuro o en el espacio para adquirir rápidamente la etiqueta CF(Ciencia Ficción) y es algo que me parece un error.

  3. Gafapasta Pustular
    2008-07-08 22:19

    “El arranque de Los cronocrímenes nos lleva a un tiempo ya bastante lejano en el que no hacían falta treinta minutos de contextualización para enfrentarse al meollo de la película. Cinco minutos para ver la cara del protagonista, un incidente casual y teóricamente inocente y a partir de ahí ochenta minutos para sumergirnos en la historia. Ni más ni menos.”

    Tengo que discrepar. La primera mitad entera se me hizo completamente previsible, ya sabía que trataba de viajes en el tiempo, ya sabía que se me estaban anticipando sucesos cuya explicación vendría más adelante, y no era muy difícil deducir cuáles serían. De hecho, me preguntaba qué pasaría más adelante, pues la trama que imaginaba no daría para más de una hora. Efectivamente, hacia la mitad es cuando por fin se plantea el meollo, para mí, y es que como dices en esta película sólo hay un protagonista: la trama, el rompecabezas. Es lo único en lo que el espectador debe concentrar sus esfuerzos, quizá por eso se han sacrificado otros elementos.

    Es el problema con las historias en las que se viaja en el tiempo, son difíciles de manejar narrativamente, casi imposibles de sostener a nivel de interpretación, y lo que se podía hacer de modo sencillo ya se ha hecho (regreso al futuro, a la cual se homenajea con la línea temporal esbozada en un papel) de modo que para hacer algo original (y Los Cronocrímenes me lo parece) era imprescindible rizar el rizo un poco demasiado.

    Por otra parte, siempre se ha hecho ciencia ficción barata, prescindiendo de efectos especiales, y no siempre con calidad. En televisión, sobre todo. Al ver la película no paraba de pensar en algún episodo de “The Twilight Zone”

    Saludos!

  4. Alberto
    2008-07-08 22:31

    Efectivamente la película tiene una primera mitad previsible, creo que además hecho aposta. A lo que me refería con la frase que entresacas es que la película no pierde ni diez minutos en contar quiénes son sus protagonistas, en contextualizar el lugar, en dar datos ambientales… en nada. Elejalde llega, saluda a su mujer y empieza la “acción” (más o menos). Es algo que a veces agradezco mucho, hay películas, cada vez más, que duran dos horas y media porque hay 45 minutos de contextualización previa.

    Que buena la referencia a The Twilight Zone, tienes mucha razón. Por eso precisamente es un poco descorazonador que algo que da tanto pie a cine de ideas, como dice c. en su primer comentario, en los últimos ¿25 años? sea dominio casi exclusivo de los efectos especiales.

    “Es el problema con las historias en las que se viaja en el tiempo, son difíciles de manejar narrativamente, casi imposibles de sostener a nivel de interpretación, y lo que se podía hacer de modo sencillo ya se ha hecho (regreso al futuro, a la cual se homenajea con la línea temporal esbozada en un papel) de modo que para hacer algo original (y Los Cronocrímenes me lo parece) era imprescindible rizar el rizo un poco demasiado.”

    Tienes toda la razón, yo no habría sabido decirlo mejor.

    Muchas gracias por el comentario y un saludo :-)


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