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Butaca no numerada por Alberto Haj-Saleh

Sentado en una vieja Butaca no numerada de terciopelo rojo, el autor se lanza a una reflexión impúdica todos los miércoles sobre cualquier cosa que se atreva a moverse por las pantallas, sean éstas de cine o no. Alberto Haj-Saleh es editor de LdN y autor de la columna Teatro Abandonado.

Apuntes desordenados sobre Sans Soleil (Chris Marker, 1982)

Perder quince, diez, cinco o dos minutos de la película intentando meterla en un cajón predeterminado con una etiqueta aunque sea levemente reconocida de oídas es una estúpida pérdida de tiempo. Sans Soleil sólo se parece a sí misma, Chris Marker no se parece a nadie y la búsqueda por ese camino está abocada al fracaso.

Husmeando por la red encuentro algunos fragmentos de la película con la voz de Florence Delay doblada al inglés. Que grave error, que enorme equivocación, que miopía brutal. Delay lee las cartas que escribe el operador de cámara húngaro Sandor Krasna (¿a quién? ¿a ella? ¿a Marker?) en voz alta. Eso, con algún marcador de narración (“él escribe”, “me dice”, “me escribe”). Lee las cartas. Una carta contiene relativamente la subjetividad de su emisor y completamente la subjetividad de su receptor, que entona dentro de su cabeza tal y cómo debería sonar esa carta. Delay narra con voz grave, sólo aparentemente átona; la narradora inglesa narra con su propia voz, que no es la de la actriz francesa. En cualquier caso la segunda película, la doblada, es una variación y fuga de la primera. No sé si peor, pero otra, a fin de cuentas.

En cien minutos de metraje llevo dos días buscando fijar un único fotograma, la vigésimocuarta parte de un segundo de la película; en ese fotograma una chica de Guinea-Bissau supera todos los fantasmas del miedo a la cámara, la timidez, la vergüenza, las razones inefables que llevan a una mujer africana a rehuir el objetivo. Al final mira, sólo eso, un fotograma. Pero mira de frente. Youtube me regala la posibilidad de ver ese fotograma una y otra vez. Es en el segundo cincuenta y uno del vídeo. Reviso el minuto entero una y otra vez. Pero no paro la imagen para fijar esa mirada. Creo que no tengo derecho a hacerlo.

Mi problema personal era más específico: ¿cómo filmar a las mujeres de Bissau? Aparentemente la función mágica del ojo estaba trabajando ahí en mi contra. Fue en los mercados de Bissau y Cabo verde donde pude observarlas de nuevo con igualdad…
Esta sucesión de figuras, tan cerca del ritual de la seducción: La veo a ella, ella me veía, ella sabe que yo la veo, y deja caer su mirada, justo hasta un ángulo en el que aún es posible actuar como si no fuera dirigida a mí y al final, la mirada real, sincera, que duró la veinticuatroava parte de un segundo, lo mismo que el fotograma de una película.¹

La película de Marker transcurre en espiral, su banda temporal no empieza y termina, ni termina y empieza; no hay flash-back ni flash-forward, no son pedazos, no es desorden; es una contorsión en si misma, como la escalera de caracol de Vértigo, como el pelo de Kim Novak Madeleine, como la carrera alocada de los guerrilleros que huyen en los campos de Guinea-Bissau. Si cierro los ojos para oír las cartas de Krasna imagino las imágenes que Marker enseña. Si leo fragmentos de las mismas puedo visualizar cosas que ya me han contado, en lo que será a partir de ahora una permanente sensación de “deja vu”. Mezcla Islandia con Japón, Guinea-Bissau y San Francisco. Y todo tiene sentido, el cámara cuenta lo que ve, el director filma lo que cuenta. Es como si en lugar de recordar, filmara. Atrapa el tiempo. Filtra el tiempo. Distorsiona las imágenes con un ordenador ahora veinticinco años viejo y esa distorsión no es mayor que la que pueda tener alguien que, simplemente, recuerda.

Sabemos que Krasna es el autor de las cartas en el primer segundo después del final de la película. Sabemos que Delay es la lectora de las mismas en el mismo instante (al menos para los que no conocíamos su voz). Marker desaparece detrás de otros nombres que tampoco han sido mencionados hasta el final y la película parece un discurso que se elabora mientras lo vemos, dándonos la impresión de ser nosotros los autores. La mirada a la cámara ayuda. Dice Krasna “¿Cómo se le puede pedir a alguien que no mire a la cámara?”.

Recopilando datos para esta columna leo en la ficha de la IMDB el nombre de una narradora diferente en japonés, alemán e inglés, aparte de Florence Delay en francés. En este momento no sé si esas narradoras son accidentales, colocadas de forma funcional por las distribuidoras, o si es una decisión de Marker. Supongo que lo segundo. En ese caso mi furia de varios pasos más arriba se torna admiración, al haber filmado cuatro películas diferentes con cuatro presumibles resultados diferentes. Es cuestión de verlas una por una…

(Continuará)

¹ Texto sacado de la “Carpeta Chris Marker” de Shangri-La.

Alberto Haj-Saleh | 21 de mayo de 2008

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