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Entre lobos y autómatas

Enrique Bustamante nos introduce a Entre lobos y autómatas, ensayo de Víctor Gómez Pin qu adiverte sobre los peligros —¿quizás prematuros o exagerados?— de desaparición de la raza humana: “Tanto la construcción de entidades inteligentes, ciertamente artificiosas, como la posible instrumentalización del ser humano (posibilidad ética resultante de la negación de la singularidad humana en el seno de la animalidad), aparecen como manchas amenazantes en el ya de por sí amenazante destino del género humano. Y Gómez Pin considera oportuno reflexionar sobre ello, zarandeándonos, poniéndonos a todos sobre aviso, y atizando de paso los riesgos indudables de este juego. Más que nada porque, aunque pueda parecer lo contrario, la cuestión no puede tomarse a broma.”

Marcos Taracido | 28/10/2006 | Artículos | Futuro

Comentarios

  1. Cayetano
    2006-10-29 01:10

    No conocía la obra de Víctor Gómez Pin, ahora tampoco, pero he leido alguna cosilla en plan urgente y observo que es un autor a considerar. Es agradable leer sobre cosas que, a veces, uno ha pensado:

    Todos los humanos por naturaleza aspiran a la lucidez. Se trata de extraer las consecuencias de esta definición de denunciar en todos los marcos, en todos los terrenos, en todos los ámbitos, aquello que hace que se nos desprecie en nuestra condición, pensando que la única forma de mantenernos serenos es tenernos distraídos, alienados. Nos inundan con falsos problemas, con falsas querellas, con falsas satisfacciones: lo aleatorio de un resultado deportivo, el destino de la patria en lugar del destino de la lucidez y de la condición humana, la gratificación narcisista. Donde todo eso impera se está poniendo en tela de juicio nuestra condición #

    No estoy para profundizar, ni tengo datos o medios, sin embargo (a propósito de Entre lobos y autómatas) si se vive en forma tridimensional (primero es el vino y después sus propiedades) y uno cree en sus propias percepciones de la realidad (amargo, dulce, salado, ...) le sobran las etiquetas o los aparatos bidimensionales que representan objetos o ideas (libros, cuadros, televisión, etc.) ...

    Así donde hay un hombre autoconstruyéndose (o según otros deconstruyéndose o des-aprendiendo los códigos representados en las etiquetas) hay garantías de permanencia. Tambien hay que considerar la idea de algunos maestros zen: Solo existe este instante presente (y eterno). Etc.

    Señalar por último que nuestros contemporáneos no están perdiendo el instinto propio de la especie. En mi opinión la realidad pone de manifiesto que: mientras en el plano bidimensional (la imagen o la etiqueta) se adhieren a la causa animal en el tridimensional (plano de acción) y en forma simultánea (autoengaño) siguen considerando el mundo como algo a consumir o degradar: A los hechos y cifras me remito. Puro instinto de supervivencia.

  2. Enrique
    2006-10-29 18:01

    Yo también creo que el peligro está un tanto exagerado, pero en todo caso Gómez Pin nos regala un ejercicio de anticipación filosófica, y esto me parece estupendo. Como en la Ciencia Ficción hay que salirse de los mundos posibles y ampliar el radio de acción de la reflexión y el pensamiento. No obstante, tampoco conviene olvidar que el Proyecto Simio ya está funcionando y que, en nuestro mundo extraño, las cosas avanzan a la velocidad del sonido.

    Interesante dicotomía, Cayetano. Bidimensional o Tridimensional. Me temo, mi querido amigo, que en lo Bidimensional descansa una faceta a tener muy en cuenta: la posibilidad de escapar de lo Tridimensional, añadiendo habitaciones fantásticas, pesadillas benéficas, pastillas de colores o mapas alternativos a nuestras escasas capacidades perceptivas. Por otra parte, el concepto de “alienación” resulta útil pero no deja de ser contradictorio. Yo, por ejemplo, prefiero “lo aleatorio de un resultado deportivo” (la lotería solar o la lotería de Babilonia) a lo aleatorio de un espectáculo taurino. Y lo digo porque, si no lo sabes, Gómez Pin es defensor de las corridas de toros, lo que no deja de tener su gracia.

    Un abrazo, amigo.

  3. Cayetano
    2006-11-03 02:13

    A propósito: Imagina una Tierra sin humanos

  4. Enrique
    2006-11-03 03:45

    Y bueno, sí, una tierra sin humanos, siguiendo la estela del artículo de Bob Holmes que enlazas, Cayetano, tendría sus ventajas (desde luego no para los humanos), pero también sería una tierra sin caricias, sin honradez, sin respeto, sin poesía, sin solidaridad, sin justicia, sin miedo, sin amistad, sin rectitud, sin pasión, sin rebeldía, sin coraje, sin contradicciones, sin amor, sin carácter, sin verdad, sin razón, sin conocimiento, sin placer, sin fidelidad, sin locura, en fin…

    Estoy seguro de que podríamos encontrar algunas de estas “propiedades” más allá del género humano, en otro tipo de género o en alguna especie futura imaginaria. Pero si los humanos desaparecieran de la faz de la tierra creo que (y esto es perogrullada) la tierra se quedaría sin humanos.

    ¡Ahí es nada!

  5. Cayetano
    2006-11-03 07:43

    Bueno Enrique, quisiera aclarar mi posición no solo dar datos y referencias. Marchando una de delirio verbal.

    En primer lugar creo que se está exagerando sobre el tema de defender, mediante leyes, a la Naturaleza (que por otro lado no necesita defensa legal, en caso de que los humanos se conviertan en un cáncer peligroso sabemos como acabará esto).

    Por el otro, los movimientos ecologistas, por ejemplo Green pace o los liberadores de prisioneros animales, no plantean soluciones realistas. Prefiero que las comunidades prosperen (con la mayor justicia posible) a pesar de roturar bosques o destrozar eso que llaman Naturaleza. Si se hace de forma poco inteligente esa Naturaleza, repito, pasará factura.

    Tambien me parece curiosa la defensa que hacen de la Naturaleza los urbanitas (que son, o serán, una mayoría) que se dedican con verdadero ahínco a sobreexplotar recursos con sus actitudes de consumo (curiosa la costumbre de ducharse todos los días para disolver su humanidad en agua dulce, desplazarse en coche privado, calentarse a más de 18 grados en sus cubículos, etc. etc.)

    No hay caso, no hay remedio, nos gusta el sexo lavado aséptico y afeitado (igual que en la realidad bidimensional), las sábanas limpias y con olor (más agua por favor) que llegue la pizza a tiempo, visitar volando paises remotos, vivir aprisa para no pensar (más petróleo), etc. ¿De dónde tanto cemento, tanta piedra, tanta comida …?

    Y lo más importante: Márgenes de beneficio, para banco, para intermediario, pero no para pescador, no para hortelano sino para urbanita que considera la Naturaleza como espectáculo (o idea), ni se integra ni quiere integrarse, ni le importa lo que cuesta mantener la postal.

    Y si, es verdad, resulta divertida y apetecible esa Gran Ciudad, que hasta el pueblo más pequeño quiere imitar (Hay cuento de Borges explicando el poder de la Ciudad: Historia del guerrero y la cautiva). Humanidad des-naturalizada huyendo de la muerte a toda velocidad (la muerte tambien es algo natural).

    Así, pasión, rebeldía, coraje, contradicciones, amor, carácter, verdad, razón, conocimiento, placer, fidelidad, locura (...) pueden suceder en humano inmerso en otros ámbitos. Recuerdo, ahora, a Shohei Imamura haciendo poema que titula La balada del Narayama. Narración poética y a la vez terriblemente cruel (desde el punto de vista humano).

    ¿Pero quien desea algo así?. Es humano, muy humano huir de la crueldad de eso que llaman Naturaleza. Sin embargo muchos ecologistas urbanitas viven una ficción, construyen una realidad similar a los nacionalismos, y pretenden proteger (al precio que sea) ese infierno al que llaman Naturaleza y se les representa en una postal, o en un cuadro de mocitas robustas retozando entre la hierba

    Término medio (y termino), comérsela poco a poco, a medida que se regenera. Sin piedad, como ella nos devora cuando siente la necesidad de sobrevivir.

    Una suposición, mía ;)

  6. Cayetano
    2006-11-03 08:01

    Sin piedad, como ella nos devora cuando siente la necesidad de sobrevivir. Estaba pensando en Naturaleza femenina y en unos comentarios de Joan Miro acerca de unos cuadros que representan conios con dientes (debora ombres). Curiosa asociación de ideas: Venus de Vesnocice de anchas caderas, tierra que devora (polo negativo que traga hasta la energía de los rayos).

    ¡Qué le importan los humanos!



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