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Textos del cuervo por Marcos Taracido

TdC es un diario de lecturas, un viaje semanal por la cultura. Marcos Taracido es editor de Libro de notas. Escribió también las columnas El entomólogo, Jácaras y mogigangas y Leve historia del mundo [Libro en papel y pdf]. Ha publicado también el cómic Tratado del miedo. La cita es los jueves.

Más allá, ficción

Cuando las fronteras eran los abismos y los mapas un puzzle blanco al que le faltaban casi todas las piezas. Los huecos eran monstruos. Los huecos eran dragones, paredes de agua o remolinos al centro del infierno, eran sirenas de dientes afilados, islas habitadas por ladrones de memoria, países incrustados de piedras preciosas o de mujeres cuyo tacto era una tumba de pomelos.

Imaginad entonces a un marino en el instante en que cruza la milla en que se acaba el mapa, o al hombre que se adentra en el terreno que empieza a despejar la niebla del vacío, esa que sólo la ficción ha poblado y dibujado y dado a muchos el valor para adentrarse en ese humo.

En febrero de 1542 Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana están varados en la selva, a cientos de leguas de Quito, sin provisiones y diezmados por los indios. Habían partido un año antes tras una quimera: El País de la Canela. En el camino murieron la mitad de los 220 soldados, y la inmensa mayoría de los 4000 porteadores y guías indios. Construyeron entonces una barcaza en la que partió Orellana en busca de comida; la imposibilidad de remontar el río por el que estaban descendiendo le obligó a renunciar a la vuelta y seguir en busca de una salida. Recorrió el Amazonas. Tres años después, Orellana vuelve a la desembocadura del río con la intención de encontrar otra quimera, El Dorado. Remontando el Amazonas mueren 200 de los 300 expedicionarios, incluido el gobernador de Nueva Andalucía. Cubrieron de líneas y nombres varios centímetros de mapas.

Hoy no quedan silencios en los mapas. Ya no hay quimeras. No hay ficciones lo suficientemente poderosas como para impulsar a un hombre a un abismo de niebla. Nuestros exploradores ya sólo persiguen verificar certezas, y la naturaleza del miedo ha mudado por completo: ya no tememos a los monstruos que pudieran surgir de cualquier esquina que aún no es mapa, sino a nosotros mismos.

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  • Documentos RNE, Francisco de Orellana: el discurrir de un río entre El Dorado y las amazonas:

Marcos Taracido | 28 de abril de 2011

Comentarios

  1. Alberto
    2011-04-28 12:46

    Si el miedo más fuerte es a lo desconocido, ahí fuera ya no queda nada así. Tienes razón, ahora los monstruos vienen de dentro: los del pasado no tenían tiempo para temer sus propios infiernos habiendo tantos posibles ahí fuera.

    Por cierto, mirar mapas antiguos sigue siendo una de las cosas que más me gusta hacer cuando voy de viaje por ahí y veo algún monasterio o alguna casa de contratación antigua: esos mapas en los que partes enormes de Asia o África eran “zonas inexploradas”.

  2. Oscar
    2011-04-28 13:04

    Esto me recuerda a los primigenios shooters en primera persona (wolfestein o doom). Era la primera vez que vivía la exploración de un mapa. Poco a poco el tabulador me revelaba lineas brillantes como hilos de plata que ocultaban terribles monstruos lanzabolas de fuego y engendros con feroces fauces fagocitadoras. Varias horas después el mapa estaba completo, cada monstruo exterminado, cada puerta secreta desvelada, cada poción recolectada.
    Sólo entonces, sabiéndome ganador, reconfortado por el alegre zumbido de mi BFG9000 me dirigía a La Última Puerta.
    Más allá otro mapa virgen esperaba, nuevos horrores y nuevas recompensas. Ese era el tan buscado sentido de la vida, (dentro del juego, claro) avanzar exprimiendo realidad de la oscura materia de la incognita.
    ¿Va a resultar ahora que el Doom es más sabio que el Cuervo? No lo creo.
    Siempre estamos a punto de descubrir algo nuevo. Busquemos, pues, la Ultima Puerta del mundo. ¿Cual puede ser?

  3. Marcos
    2011-04-28 17:52

    Pero Oscar, claro, siempre hay más por descubrir: mi artículo se refiere a la geografía: ya no hay nada comparable a esa incertidumbre, a ese no tener ni idea de qué hay tras el siguiente paso, y creer además que la próxima milla puede estar poblada de monstruos o amazonas. Fíjate, ni siquiera en los viajes espaciales se escapa algo a la improvisación: el astronauta puede tener miedo de que algo salga mal, pero sabe con total certeza qué se va a encontrar, que hay allá a donde va y cómo va a ser el viaje.

    Saludos

  4. Paco
    2011-04-29 00:07

    La nueva era de los conquistadores será en el espacio. El problema es que nuestra tecnología aún es ridícula para eso. Aún nos parece imposible colonizar Marte y sólo hemos explorado nuestro sistema solar.

    ¿Qué monstruos o maravillas incomprensibles nos aguardan en otros sistemas solares? ¿Será alguna vez capaz la especie humana de salvar el abismo que nos separa incluso de la estrella más cercana al Sol, Próxima Centauri, a “tan sólo” 4 años luz?

    Porque ahí sí que tiene que haber monstruos, ¿no?

  5. germán
    2011-04-29 00:36

    Marcos, toma cualquier ciudad del tercer mundo. Luego toma cualquier barrio periférico de esa ciudad. Espera a que caiga la noche. Ponte una gabardina y sale a caminar por las calles… Los cuentos de los monstruos en la nueva geografía social (con polos inclusive) son la comidilla de todos los lectores de la crónica roja. Bueno, yo dije tercer mundo, ¿pero acaso no sucede algo de eso allá por el norte?

  6. Marcos
    2011-04-29 09:52

    Germán, de acuerdo, pero insisto en que mi artículo va más encaminado a los mapas, el desconocimiento del terreno. Eso que dices pasa también en una guerra, y en cualquier caso es al hombre al que se teme.

    Paco, no estoy de acuerdo: por supuesto que en el espacio quedan infinitas exploraciones por hacer, pero nunca tendrán la incertidumbre de antaño: se harán desde ordenadores y cuando el hombre viaje lo hará sabiendo qué se va a encontrar de antemano.

    Saludos


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