Esteban lijalad publica una narración de los hechos acaecidos en la segunda mitad de siglo XXI, cuando los jóvenes se rebelaron contra la obligación de mantener a los pensionistas: La guerra de las edades
«Mientras tanto, los viejos eran cada vez más, eran un club que se ampliaba y que manejaba vastos recursos: una persona que no trabaja pero que recibe una paga casi equivalente al que sí trabaja, es un ser humano de una cualidad distinta. Han desaparecido para la él las angustias de la lucha por la vida. Tiene más que asegurada su existencia, el disfrute de bienes y servicios. Con muchas horas por día para pensar nuevos negocios, nuevas tramas políticas, nuevas alianzas. Así, el 80% del parlamento se llenó de viejos de setenta y más años, lo mismo que las cátedras, los tribunales, los ministerios.»