Marcelo Figueras habla de la televisión como generadora de recuerdos comunes de toda una generación, la de sus espectadores. E incluso en ese aspecto se homogeneiza cada vez más con la de generaciones de otros países, en un mundo donde cada vez más compartiremos los mismos recuerdos desde puntos muy alejados. Claro que siempre serán recuerdos norteamericanos, pero bueno. Mi pasado (televisivo) me condena.
«Gente que no se cruzó nunca ni tuvo relación alguna produce una empatía instantánea apenas encuentra coincidencia en la visión de tal o cual show: de repente, somos casi como hermanos. ‘¿Te acordás de Sábados circulares de Mancera? ¿De El club del clan? ¿De Tato Bores?’ Y eso porque todavía tenemos la experiencia de una época en la que primaba la producción nacional. Aquellos que ya contamos más de cuarenta cambiaremos sin duda de repertorio no bien cruzamos la frontera: en la Argentina, yo crecí disfrutando de cómicos como Balá y Marrone y Dringue Farías y los uruguayos de Hupumorpo, de telenovelas como Rolando Rivas, taxista y de programas infantiles como el del Capitán Piluso -ah, Alberto Olmedo… Imagino que cada uno de ustedes en sus países podría recitar su propia lista sin esforzarse demasiado. Pero en el futuro las listas se harán todavía más comunes, más compartidas. Siempre habrá un programa de éxito local, pero será la excepción. Las preguntas serán las mismas aunque seamos japoneses, turcos o chilenos: ‘¿Te acordás de Lost? ¿De E.R.? ¿De Los Soprano?’»