Nada puse por aquí hasta ahora del asunto de la Cumbre Iberoamericana porque nada había encontrado que no fuese tendencioso o maniqueo en uno u otro sentido o simplemente superficial. Jesús Gómez pone de relieve lo esencial: cómo las críticas de Chávez u Ortega hay que leerlas en clave interna, y cómo la salida de tono del rey no hizo sino avivar el incendio: Hechos y anécdotas.
«La distorsión principal de lo sucedido en la Cumbre »Iberoamericana de Chile es ciertamente la verborragia del presidente de Venezuela, o para ser más exactos, los motivos de esa verborragia; el transfondo de su acusación, dirigida a un personaje que no estaba presente y que no representa a ningún gobierno actual, resulta altamente sospechoso. Intento de sabotaje de la Cumbre, táctica de ocultación de problemas caseros, fórmula de presión, gesto a su mercado internacional: todo es posible. Cuatro días después, todavía insiste en tensar la cuerda y sumar amenazas para alegría de la tribu de Aznar y asombro del gobierno de Zapatero, que está dando una lección de paciencia.
En principio, el suceso es tan anecdótico como el error de Juan Carlos I al excederse en sus atribuciones; algo entre España y Venezuela, que no afecta a los intereses latinoamericanos en general. Pero sucede que las maniobras de Chávez empiezan a tener un precio excesivo para la región; no sólo en términos de relaciones políticas y económicas interamericanas, donde su actitud de injerencia emula el «subimperialismo» que tanto critica en Brasil, sino porque influyen negativamente en la evolución de la izquierda.»