Federico Fernández Giordano hace una defensa del arte postmoderno: «Como dijera Ortega y Gasset, es posible que el arte moderno se haya hecho “distante, secundario y menos grávido”; elitista y deshumanizado, este arte parece interesarse poco en los aspectos de la realidad que tradicionalmente eran el centro de interés para la cultura de masas, lo cual es palmario si se observa la extrañeza y el desasosiego con que la clase burguesa contempla las obras de arte posmodernas. Todos esos factores desestabilizantes, tan productivos en verdad para la autonomía del arte contemporáneo, son percibidos como una suerte de nihilismo incapaz de formar una representación sólida y armoniosa del mundo, por lo que algunos no han dudado en hablar de “crisis del arte”. Pero eso que la preocupada opinión pública tilda de crisis, o hecho negativo, es sólo el eco de una crisis más global y generalizada, fenómeno por otra parte comprensible si se tiene en cuenta que vivimos en la era de las crisis (véase: la “crisis de la razón”, la “crisis de Occidente”, la “crisis del orden mundial”...). Cabría preguntarse si esta crisis no es en verdad un estadio positivo al que todo sistema complejo que ha rebasado su punto de saturación y colapso debe llegar a fin de desarrollarse en nuevas formas de realidad.» En torno al cisma del arte moderno.