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Dos puntos comillas por Jaime Rubio Hancock

Jaime Rubio Hancock es uno de los periodistas más reputados del país (ignoramos cuál). Cofundador de la revista Playboy, fue director de The New York Times entre 1987 y 1992, cuando se convirtió en el primer menor de edad en dirigir una publicación diaria. Desde las páginas de ese diario se opuso a la guerra de Iraq, destapó la trama del Gal y predijo la Revolución Francesa. Actualmente publica en Libro de Notas cada jueves esta serie de entrevistas que, según nueve de cada diez dentistas, jamás tuvieron lugar.

Alejandro Agag: "¡Me sobornaron para que me dejara sobornar!"

La verdad es que no he seguido esto del caso Gürtel como hubiera debido. Es cierto que gané dos Pullitzer y un Oscar por desentrañar complejas tramas de corrupción política, como el Watergate, los GAL y el vídeo de Pedro Jota, pero este humilde reportero que soy yo hablando en tercera persona, estaba ya cansado de intrigas y amenazas.
Sin embargo, he de confesar que me llamó la atención ver cómo el propio yerno de Aznar (no lo olvidemos: el mejor presidente que ha tenido España entre 1996 y 2004) aparecía como posible implicado en la trama de sobornos. ¿Era posible que el propio hijo político (en varios sentidos) de Ánsar estuviera implicado? ¿Era imaginable que alguno de los vestidos que tan bien le sientan a la madre de los nietos de Mr. Trabajandoenellou hubieran sido pagados por el Bigotes, y me refiero al otro Bigotes, al que no fue presidente del gobierno? La cosa me irritaba especialmente porque Agag es amigo de mi amigo Briatore. Sólo faltaba que el pobre hombre tuviera que soportar sospechas de connivencia con un corrupto. Como si no tuviera suficiente con el paro.
Dispuesto a esclarecer estas dudas, decidí dar con Alejandro Agag utilizando mi red de contactos. Es decir, puse un anuncio clasificado en La Vanguardia, rogando al señor Agag que se pusiera en contacto conmigo para desmentir o confirmar ciertos rumores referentes a su persona y a Briatore.
Al cabo de unas horas se presentó en mi despacho un tipo alto, de pelo negro y rizado, PERO con un bigote rubio. Se presentó como Alejandro Agag, “pero soy otro Alejandro”. Al parecer había una explicación muy sencilla a la publicación de su nombre: “Verá, como se trataba de una trama supersecreta y supercorrupta, lo importante era mantener la discreción. Por eso el señor Correa apuntó todos nuestros nombres en sus libros de sobornos. Pero resulta que por una curiosa coincidencia, ja, ja, yo me llamo Alejandro Agag, aunque no tenga nada que ver con Alejandro Agag, ja, ja… Yo soy el verdadero chorizo, el otro Agag es un tipo ejemplar”.
Me puse en pie, exultante. ¡Eso lo explicaba todo! ¡Briatore era inocente! Le dije a Agag que me diera un abrazo. Se puso en pie, algo reluctante, y dejó que le rodeara con mis brazos y le palmoteara la espalda. ¡Libre! ¡Briatore era pobre, pero libre e inocente!
Pero, oh, ah, en cuanto me separé de él, vi que algo fallaba: ¡su bigote estaba torcido! Se lo dije: “Su bigote está torcido, señor Agag”. Me contestó: “Mi bigote está torcido”. Y sin contemplaciones se lo arranqué: ¡era falso! Y oculto hábilmente bajo ese bigote estaba, puntos suspensivos, ¡el verdadero Alejandro Agag!
¡Le exigí explicaciones! “Para hacer risotto –explicó— primero tienes que cortar una cebolla en trocitos muy pequeños…” ¡No, explicaciones acerca de su comportamiento! Se volvió a sentar y escondió su cara entre sus manos. Le pedí que por favor se la volviera a poner, que resultaba aún más desagradable mirarle a la cara sin cara. “Verás —me dijo—, sí que me dieron dinero, pero no fue culpa mía. ¡Me sobornaron para que me dejara sobornar, qué podía hacer!”. Agag negó que pudiera utilizar su influencia con Aznar ya que “no me soporta. Él quería que su hija se casara con Joel Joan… Qué disgusto cuando se enteró de que además de tonto, era de izquierdas y encima muy mal actor…” Y catalanista, añadí. “No se lo cuentes —añadió a mi añadido—, no hagamos leña del árbol caído”. Lo cual me pareció ridículo, porque ¿qué vas a hacer con un árbol caído, si no haces leña? Manzanas no te va a dar…
Después de dos horas de discusión, dejamos el tema de la leña y volvimos a la trama Gürtel. Le pregunté hasta qué extremo estaba extendida y me aseguró que en realidad eran unos pocos casos aislados, “apenas estamos hablando de la mitad del PP valenciano, que ya sabíamos que por un par de relojes chupaban lo que hiciera falta, y la mitad del PP madrileño, que chupan lo que sea gratis y si no, mira cómo le hacen la pelota a Esperanza Aguirre. Además, ¡el PSOE montó el Gal! ¡Paro y corrupción! ¡Roldán! ¡El Gal! ¡Paro y corrupción!”
También había leído que Agag fue quien le pidió a Correa que el Bigotes llevara los actos del propio Aznar y que Ana Botella, cito textualmente, se enamoró de él. Le pregunté si este enamoramiento entre Botella y el Bigotes era literal o metafórico. “Pues ahí hubo feeling —aseguró— y yo me apuesto las gafas de sol que me regaló Flavio a que también hubo sexo. Ya sabes lo que le ponen a Ana los bigotes y lo mucho que se lo ha recortado Josemari”.
Consternado, le despedí, me serví un whisky e intenté no pensar en esa pareja desnuda y en la cama, besándose y acariciándose, entrelanzando sus lenguas y sus piernas, musitando cálidas palabras de amor.

Jaime Rubio Hancock | 08 de octubre de 2009

Comentarios

  1. Ana Lorenzo
    2009-10-08 16:48

    Todo lo que me he reído, Sr. Rubio, con su entrevista y va usted y, a estas horas de la mañana, nos pone el último párrafo y las fotos. Madremíadelamorhermoso, consternada, he tenido que ir a ponerme un whisky. No tengo, pero tengo una botella de orujo gallego…, bueno, media ya.

  2. Alberto
    2009-10-08 17:36

    Pobre Agag… engañado por la psicología inversa…

  3. Jaime
    2009-10-08 17:57

    ¡JA!

  4. Exseminarista ye-ye
    2009-10-08 19:55

    Hombre, a mí imaginarme a la Botella con su legítimo me da aún más repeluz que con el bigotes.
    ¡Felicidades por todas tus historias!

  5. El Hombre Sentimental
    2009-10-09 02:09

    Cómo “historias”? Pero, estas entrevistas no son de verdad?

    Ya nunca podré volver a mirar a Britney Spears de la misma forma…

  6. José Eburi Palé
    2009-10-09 02:26

    Yo, he decidido, para mis adentros, que voy a referirme de ahora en adelante a este conglomerado de territorios mal avenidos, antes España, como:
    RREDO
    a saber:
    República de la Reserva Espiritual y Democrática (¡oh lá lá!) de Occidente.
    Pues bién:
    Algo (demasiadas cosas ya) huele a podrido en la RREDO.
    M´bolo amuí brothers


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