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Dos puntos comillas por Jaime Rubio Hancock

Jaime Rubio Hancock es uno de los periodistas más reputados del país (ignoramos cuál). Cofundador de la revista Playboy, fue director de The New York Times entre 1987 y 1992, cuando se convirtió en el primer menor de edad en dirigir una publicación diaria. Desde las páginas de ese diario se opuso a la guerra de Iraq, destapó la trama del Gal y predijo la Revolución Francesa. Actualmente publica en Libro de Notas cada jueves esta serie de entrevistas que, según nueve de cada diez dentistas, jamás tuvieron lugar.

Silvio Berlusconi: "Habría que enseñar a robar en las escuelas"

Silvio Berlusconi no tiene pelos en la lengua, a no ser que algo vaya realmente mal con los implantes. Pero eso sólo ocurrió una vez. El líder del Pueblo de la Libertad, que, al igual que Sin tetas no hay paraíso y a pesar de las apariencias, es un nombre que va en serio y no una parodia de los Morancos, ha asegurado que evadir impuestos es una ley natural, si son muy elevados.
Aprovechando que estoy pasando unos días en mi yate de Cerdeña, me acerco al yate de Berlusconi (el Robin Hood), para preguntarle por estas declaraciones. “Por supuesto que es una ley natural —me explica, mientras se retoca el rímel—. Está en nuestros genes, igual que acostarnos con rubias de veinte años, beber champán y ver Tele Cinco. Y, por tanto, no podemos hacer nada por evitarlo. Por naturaleza, somos ladrones, asesinos, violadores. Lo único que podemos hacer al respecto es resignarnos como buenos cristianos y gastarnos el dinero que hayamos podido ganar gracias a las actividades delictivas a las que nos empuja nuestra naturaleza”.
Berlusconi insiste en que, al ser ley de vida, se trata de cuestiones científicas e irrefutables: “Es la genética, amigo Giacomo Biondi, la misma genética”. Según el ideólogo de Ay, qué calor, las leyes naturales identifican todo lo que nos gusta y por tanto no podemos dejar de hacer: “¿Qué sentido obligar a las personas a reprimir sus verdaderos sentimientos? Por ejemplo, también es ley natural que todas las mujeres se enamoren de los italianos. ¿Qué tenemos que hacer Briatore y yo? ¿Qué alternativa tenemos aparte de sucumbir y dejar que ellas sucumban a nuestros encantos? ¿Acaso tenemos que encarcelar a esas pobres mujeres que suspiran por nuestros cuerpos perfectos? Y, si no encarcelamos a esas señoritas de buen ver, ¿qué derecho tenemos a meter a alguien en a cárcel por no pagar impuestos injustamente elevados?”.
La cuestión es: ¿a partir de cuándo los impuestos son muy altos y es justificable dejar de pagarlos? “El cincuenta por ciento. Ya sé lo que estás pensando. Que cuando uno paga esos impuestos, es porque gana mucho dinero. Pero no. Me refiero al cincuenta por ciento de la cantidad que a mí me convenga en cada momento. Por si acaso. A ver si van a rebajar los impuestos y me va a tocar apoquinar. En todo caso, ¿por qué tengo que pagar los hospitales y las escuelas de los pobres si no los voy a usar? Cuidado: yo estoy dispuesto a pagar lo razonable en impuestos. Para sueldos y dietas de diputados, por ejemplo. Cosas importantes. Que a mí me puedan hacer falta”.
De todas formas, estas declaraciones no parecen propias de alguien que ha sido y aspira volver a ser primer ministro: “Hombre, no me jodas. Si tú fueras ministro de economía, ¿no te ibas a rebajar los impuestos?”, afirma, con sensatez, antes de rematar: “Yo es que soy muy sacrificado, como casi todos los políticos. Anda que no nos sacrificamos. Por nosotros, claro, pero nos sacrificamos”.
Me despido, convencido y emocionado. Cuando desembarco, me doy cuenta de que alguien, siguiendo impulsos ancestrales y en modo alguno censurables, me ha robado la cartera, la estilográfica y un collar de diamantes que siempre llevo conmigo a modo de elegante tobillera. Pero ya es demasiado tarde para hacer nada al respecto: el Robin Hood ha zarpado rumbo al ocaso. Desde el muelle puedo oír las risotadas del Hombre Natural, ese aguerrido italiano que se atrevido a dejarse llevar por los dictados de las inexorables Leyes de la Genética.

Jaime Rubio Hancock | 03 de abril de 2008

Comentarios

  1. Nelor
    2008-04-03 21:03

    Yo aún diría más. ¿Por qué he de pagar el asfaltado de calles y carreteras por las que nunca paso? ¿Y por qué he de pagar el sueldo de funcionarios que no me dan servicio?
    A partir de ahora quiero limitar mis impuestos a la reparación de las vías de transporte que uso, las farolas que me alumbran, los basureros que pasan por mi calle, los funcionarios que me atienden, los médicos que me curan, etc. Sólo a ellos, y no a los demás.
    ¿Qué me importa a mí, por ejemplo que cuiden el P.N. de los Monegros, si nunca lo he visitado. Cuando lo visite ya daré dinero de mis impuestos para que lo conserven. Mientras tanto, ese dinero que me lo devuelvan.
    Y los impuestos que le sobren a Berlusconi, que me los devuelvan también!

  2. joseluis
    2008-04-04 01:46

    Ahora que Jaime Rubio confiesa que tiene yate propio, ¿es que nadie se atreve a despedirle? Tsch.

  3. Alberto
    2008-04-04 01:55

    Es que mira que si nos da una vueltecita…

  4. Jaime
    2008-04-04 04:09

    No es verdad que tenga un yate.

    Tengo dos. Pero uno está por lavar.

  5. joseluis
    2008-04-04 04:47

    Encoge? El yate, quiero decir.

  6. petarda
    2008-04-07 04:53

    vaya tobillo


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