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Ciencias y letras por Salvador Ruíz Fargueta

Ciencias y letras, trata de acercar las dos culturas , favorecer su mestizaje. En realidad, sólo es una cultura que nos puede acercar más a nosotros mismos, a las complejas relaciones humanas, al mundo y a sus interrogantes. El autor, ingeniero y físico, es editor de La bella teoría. Publica los días 1 de cada mes.

La energía nuclear y el factor "X"

En la columna de hace unos meses hacía un paralelismo entre la piedra filosofal que buscaban los alquimistas con las reacciones nucleares, dado que mediante mediante éstas los elementos son capaces de transmutarse de unos en otros, o bien rompiéndo sus núcleos (fisión) o bien fusionándose. La magia que se le atribuía a la buscada maravillosa piedra, realmente, se queda corta si la comparamos con el terrible poder que encierran los átomos.

Átomo significa sin partes, tal como lo imaginaba Demócrito, y al explorar en su interior y romperlo desatamos unas energías asombrosas, muy superiores cuantitativamente a las convencionales debidas a reacciones químicas sin transmutación de los elementos. Así, la energía que representa un solo gramo de materia al desintegrarse equivale a la que se obtendría de quemar unos 32 millones de litros de gasolina. Ese es el orden de la energía que se desata instantaneamente en las explosiones nucleares y de la energía regulada que se extrae de las centrales nucleares a lo largo de los años de explotación de las mismas.

En las centrales nucleares se producen reacciones bombardeando un núcleo con neutrones de alta velocidad. El caso más conocido es el del uranio: se bombardea con neutrones y cada núcleo se fisiona en dos partes casi iguales. El proceso va acompañado por la liberación de dos o tres neutrones y gran cantidad de energía. Por encima de una masa determinada de material radiactivo (masa crítica), se puede asegurar que por cada transformación existe, por lo menos, un neutrón capaz de seguir la reacción nuclear al fragmentar un nuevo núcleo. Si se permite que la reacción quede fuera de control tendremos una explosión nuclear, la llamada bomba atómica. Si se modera y controla la reacción dispondremos de toda esa energía para utilizarla para calentar agua y producir vapor capaz de mover turbinas y generar energía eléctrica. Tendremos una central nuclear. En estas reacciones se pierde cierta cantidad de masa que aparece en forma de energía de acuerdo con la famosa fórmula de Einstein de E = mc2 .

En el proceso de desintegración del combustible en los reactores nucleares se produce una radiación muy energética que produce efectos ionizantes en la materia afectada por la misma, extrayendo los electrones de sus estados ligados al átomo y desencadenando la descomposición química de las moléculas presentes. Si esta radiación escapa, se produce la contaminación radiactiva, que es la presencia no deseada de sustancias radiactivas en el entorno.

Cuando se habla de contaminación radiactiva, en general se tratan varios aspectos:La contaminación de las personas, que puede ser interna cuando han ingerido, inyectado o respirado algún radioisótopo, o externa cuando se ha depositado el material radiactivo en su piel. La contaminación de alimentos por haberse incorporado al interior de los mismos o estar en su parte exterior. La contaminación de suelos que puede ser solo superficial o haber penetrado en profundidad, así como la contaminación del agua de bebida.

Como subproducto del combustible nuclear se producen residuos radiactivos que emiten radiación , además de generar calor como consecuencia de la desintegración radiactiva. Además contienen diferentes sustancias que desarrollan su radiactividad independientemente, lo que dificulta su tratamiento. Por ejemplo, aunque el principal elemento sea el uranio (95% de los residuos), son los productos de fisión del combustible (2% de los residuos) los que se mantienen mayor actividad durante los primeros 150-200 años. Entre estos residuos se encuentran también el plutonio 240, que tarda aproximadamente 6600 años en desintegrarse; y el neptunio 237, con una vida media de 2.130.000 años.

El reciente accidente nuclear en la central de Fukushima ha llegado en un momento en que, por la crisis, todo el mundo estaba dispuesto a prolongar la vida útil de las centrales. Este desastre nos ha mostrado el riesgo real al que nos enfrentamos. Teoricamente, accidentes como este u otros que ha habido a lo largo de los últimos 40 años tenían una posibilidad ínfima de que ocurrieran debido a la cantidad de medidas de seguridad y de protocolos de todo tipo adoptados. En base a esa leve probabilidad se calculó el coste de las centrales, pero la realidad nos indica que el factor “ X” de incertidumbre que cabe añadir a esa probabilidad es determinante y nada despreciable. Teniendo en cuenta eso puede que ya no sean tan “rentables”.

En última instancia la tremenda energía, en forma de radiación ionizante, desatada al romper los átomos es la causante de la contaminación nuclear. Los alquimistas del medievo no lo sabían, pero la transmutación de los elementos conlleva unas energías letales para nuestro organismo: en realidad la piedra filosofal encerraba un poder que ellos habrían calificado, sin duda, de diabólico.

Salvador Ruiz Fargueta | 01 de abril de 2011


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