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Ciencias y letras por Salvador Ruíz Fargueta

Ciencias y letras, trata de acercar las dos culturas , favorecer su mestizaje. En realidad, sólo es una cultura que nos puede acercar más a nosotros mismos, a las complejas relaciones humanas, al mundo y a sus interrogantes. El autor, ingeniero y físico, es editor de La bella teoría. Publica los días 1 de cada mes.

El descubrimiento científico como arte

Las ciencias en su forma moderna se constituyeron al final del Renacimiento. En ese momento, el hombre occidental cambiaba profundamente su relación con el mundo. Su imagen del universo comenzó a nutrirse del testimonio de sus sentidos, de la experimentación, y su arte antes simbólico se fue convirtiendo en representación de la realidad.

Desde entonces la ciencia ha ido perdiendo su parte más humana para finalmente acabar presentándose con una especie de asepsia total, como un producto puramente racional y metódico donde no encuentra cabida el sentimiento ni la humanidad. Sin embargo se nos oculta que detrás de esa fachada maquinal para que la ciencia avance es imprescindible la emoción, la duda, la inspiración y el juego, aparentemente, intrascendente.

El gran matemático francés Henri Poincaré, precursor de la teoría de la relatividad, consideraba la lógica y la intuición como elementos imprescindibles en el descubrimiento científico. En Definiciones Matemáticas en Educación (1904) escribió: “Es por la lógica que demostramos, es por la intuición que inventamos”. En un artículo Poincaré ponía otra vez énfasis en el punto de la siguiente forma:“La lógica, por tanto, permanece estéril a menos que se la fertilice con la intuición”.

Albert Eintein sobre el mismo tema solía decir:“Si queréis saber cómo funcionan los científicos, no escuchéis lo que dicen; mirad lo que hacen.” Como Poincaré, se refería a la lógica formal que esconde una intuición necesaria e ilógica. Y para Paul Dirac, uno de los fundadores de la mecánica cuántica, las leyes físicas debían ser matemáticamente bellas, en cierta forma, puro arte. La clave de sus éxitos en física fue debida a su fuerte convicción en la necesidad de que el Universo debía estar descrito en un lenguaje matemático, necesariamente, bello y elegante.

La búsqueda de las nuevas verdades y descubrimientos que realiza el investigador se encuentra en el mismo mundo que la inspiración artística. Un mundo de titubeos, de miedos, de sufrimientos y goces, de luces y sombras donde el estado de ánimo sube y baja, en ocasiones, como una montaña rusa. La búsqueda última del científico está dirigida por la pasión de querer saber en qué consiste la verdad más esencial de su disciplina.

En ese camino hay corrientes y modas como las artísticas y tienen cabida todas las pasiones. Precisamente en el caso de un importante físico a nivel mundial, Lee Smolin, su amor por la ciencia le ha llevado a denunciar una situación que atañe a la famosa teoría de cuerdas. En los últimos casi treinta años esta teoría tan prometedora, ha estado de moda, se ha llevado la mayoría de los recursos humanos que se dedican a investigar las teorías físicas sin obtener resultados. Peor todavía, en el mundillo de la investigación en teoría de cuerdas existe una actitud gregaria y alejada de la crítica difícilmente compatible con la que se le supone a los científicos.

Durante la búsqueda de las nuevas verdades, tal como dice el Premio Nobel de Medicina François Jacob, la ciencia marcha a ciegas. Duda, tropieza, recula, suda, se despierta sobresaltada. Dudando de todo, se investiga así misma, se pregunta, se corrige sin cesar. Es una especie de taller de lo posible, donde se elabora lo que va a ser su materia prima. Donde las hipótesis se mantienen en forma de presentimientos vagos, de sensaciones brumosas. Donde los fenómenos no son aún más que acontecimientos solitarios sin relación entre ellos. Donde los proyectos sobre experimentos apenas toman cuerpo. Donde el pensamiento camina a través de sendas sinuosas, de callejuelas tortuosas, las más de las veces sin salida.Lo que guía entonces al espíritu no es la lógica. Es el instinto, la intuición. Es la necesidad de ver claro. Es la obstinación de vivir en el interminable diálogo interno, en medio de innumerables suposiciones, acercamientos, combinaciones, asociaciones que, sin cesar, atraviesan el espíritu.

La ciencia cuando ha alcanzado alguna nueva verdad o conocimiento se presenta con su traje impoluto libre de todo olor humano. Sin embargo, para conseguir ese nuevo saber ha necesitado del sufrimiento y del corazón del artista más informal e intuitivo que se empeña en esconder. Kafka enunció “La literatura es siempre una expedición a la verdad”. Ningún artista se sentiría incómodo si extrapolamos diciendo: El arte es siempre una expedición a la verdad; tampoco ningún científico si proponemos: La ciencia es siempre una expedición a la verdad. La verdad que se busca puede diferir en la forma pero es la misma verdad en el fondo, y el camino hacia ella es igualmente doloroso y emocionante

Salvador Ruiz Fargueta | 01 de diciembre de 2008

Comentarios

  1. manly
    2008-12-02 01:02

    El artista plasma su humanidad en su obra , el científico trabaja para la humanidad. Ahí se encuentra la convergencia.

  2. María José
    2008-12-02 06:05

    Me alegra ver por aquí a Poincaré, su libro “El valor de la ciencia” es el libro de un auténtico humanista. De todas formas, los grandes científicos siempre tienen ese toque, aunque desde fuera se tenga una imagen muy racionalista de la ciencia, que también tiene su parte de verdad.

    En “El tio Petros y la conjetura de Goldbach” uno puede acercarse un poco a lo que debe ser la intuición en el descubrimiento científico. Es un libro muy curioso que os recomiendo.

  3. Salvador
    2008-12-02 09:13

    Hola María José, el libro de “El tio Petros y la conjetura. de Goldbach” me impresionó. Recuerdo haber estado una temporada medio obsesionado con la conjetura.

    Un saludo.

  4. María José
    2008-12-02 18:55

    Es curioso, porque a mí me paso igual, te la impresión, por lo bien que lo explica, de que puedes intuir algo de su método.

  5. Chapu
    2008-12-06 01:24

    Hermoso recordatorio de lo que en realidad mueve a los científicos y a los aficionados a la ciencia. Por fuera, es cierto que la ciencia y los científicos tienen un aire aséptico, pulcro, ordenado y metódico, pero por dentro bulle la sed de conocimiento, el empeño denodado por entrever la verdad (si es que sólo hay una) y una insobornable pasión por la belleza.

    Me he permitido el lujo de poner un enlace a este artículo con la referencia al autor y a esta bitácora en el blog que administro: Blog Observatorio Off Topic.
    Si existiese algún problema al respecto, ruego al autor de este blog que me lo comunique a la mayor brevedad y la referencia será retirada.

    Un cordial saludo.

  6. Salvador
    2008-12-06 21:19

    Gracias por tu comentario y tu enlace. Desde luego no existe ningún problema con que nos enlaces.

    Un saludo.

  7. Claudio
    2008-12-21 18:15

    Un bonito artículo, pero falta matizar que a demás, de ser la Ciencia un arte, tienen que estar encajadas, todas las conclusines a las que llegue con el mundo real, dificil y tortuoso trabajo, donde el hombre suele perder el sentido de lo lógico.

  8. Salvador
    2008-12-22 20:33

    Efectivamente Claudio, la investigación científica además de ser un arte necesita que sus frutos encajen con el mundo real. Una pintura no tiene por qué ser real, ni una novela, ni una película. La ciencia, sin embargo, debe confrontar sus teorías con la realidad, si no no es verdadera ciencia.

    Saludos.



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