Libro de notas

Edición LdN
El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Principales Comidillas Televisivas

A veces las noticias modifican nuestra vida más allá de lo que hacen los propios objetivos. La primera vez que retrasé esta serie de columnas fue por una noticia —la del cierre de Megaupload— y ahora me encuentro habiendo cambiado de orden dos columnas, esta y la inmediatamente anterior de la serie, por la publicación de un libro. Pero, al fin y al cabo, las noticias están en el mismo origen de los canales temáticos televisivos. Concretamente del primero de ellos.

La especialización de canales que llegó a Estados Unidos durante la década de los ochenta, gracias en gran parte al éxito de la MTv cuando aún era temática, facilitó la creación de otros canales centrados en un nicho específico. Y eso le dio una idea a Reese Schonfeld.

Schonfeld era un periodista, licenciado en la Universidad de Columbia y con una larga carrera en los noticieros, en 1975 creó la ITNA, una empresa que servía noticias vía satélite de manera independiente a las cadenas de todo el mundo. De ahí pronto le surgió una idea y para 1979 logró convencer a Ted Turner para lanzar la Cable News Network o como fue conocida desde entonces: CNN.

Primer presidente del canal, apenas un par de años, pasó a ayudar con más servicios de noticias y puso en marcha varios canales temáticos, el primero de los cuales fue de nuevo con Ted Turner, el International Business Channel, para principios de los noventa había lanzado entre otros el Medical News Network y tenía lista una reunión más.

En 1993 se reunió con Trygve Myrhen, en esos momentos director de The Providence Journal, y juntos convencieron a un par de inversores y cadenas de medios entre las que destacaban Cablevision o el grupo Tribune de Chicago, que proporcionaría el músculo tecnológico para permitir las emisiones, para lanzar The TV Food Network o como luego se llamaría Food Network. Con el paso de los años Schonfeld —culo de mal asiento que lo mismo aparece en la directiva del Culture Change Institute que se abre un blog en The Huffington Post — dejó primero la junta directiva y acabó vendiendo su parte a la empresa de contenidos E.W. Scripps Company, creada a finales del S. XIX y centrada en estilo de vida, propietarios por su empresa centrada en la televisión, Scripps Networks Interactive que incluye el Travel Channel.

Durante esos primeros años los programas de encimera, los famosos instructionals, eran los que mandaban. De ahí la necesidad de crear un plantel de estrellas de la cocina. O, en su defecto… Emeril Lagasse como gran estrella, antiguo chef por cuenta ajena, vivía el éxito de la apertura en 1990 de su restaurante en Nueva Orleans, Emeril’s —ya, no se suelen matar con los nombres, no—. Su aparición en el antecedente de todo esto, el programa de la PBS Great Chesf —que luego iría parar al Discovery Channel— demostró a los productores que tenían a alguien con talento para el espectáculo. He incluso sus propias coletillas, como kick it up a notch o…

Y si no sabéis cómo medir su popularidad fijaos en esto:

Futurama

Efectivamente, Elzar de Futurama está basado en Emeril.

Junto a él empezaron otros cocineros más o menos conocidos como el francés Jacques Pepin —que llegaría a cocinar en la PBS con Julia Child—, Donna Hanover —que llegaría a ser Primera Dama de la ciudad de Nueva York— y unos pocos más que, sin embargo, no lograron darle todo el empuje que el canal requería.

Sobre 1995 comenzaron a cambiar cosas, Emeril empezó con su programa diurno Emeryl Live! de mayor éxito que la nocturna y contrataron a otros dos cocineros Mario Batali y Bobby Flay. Flay se caracteriza por dos cosas, dedicarse a la carne asada a la manera rústica y poner su nombre en los programas cada vez que puede. Tras años de extrema sencillez en sus recetas y participación en Iron Chef primero y Worst Cooks in America después (Tranquilos, ya hablaremos de esos programas… otro día) ha logrado convertirse en una de las caras del canal. De Batali ya hablamos hace un par de semanas por su participación con Paltrow en el viaje por España. A su favor cuenta haber empezado desde abajo, tomó clases en Le Cordon Bleu hasta que se aburrió de la lentiutd de su método y entró en una cocina profesional como limpiaplatos. Fue subiendo de categoría y cambiando de restaurante con rapidez y pronto abrió su propio restaurante. Con un estilo visual… ahm… extravagante, se especializa en la cocina de Italia, sobre todo en Molto Mario y el programa gastroturismo Mario eats Italy, actualmente co-presenta con gran éxito The Chew… Y también de eso hablaremos.

Para rematarlo pusieron en marcha en 1999 Good Eats en el que Alton Brown unía la ciencia, el humor y la cocina en un programa más que curioso que usaba la idea de ser didácticos y bienhumorados.

Ese fue el punto de entrada de otros programas como los de viajes de Bourdain o Rachel Ray, luego reconvertida a presentadora de talk shows. El asunto es, claro, que se dieron cuenta de que otro tipo de programas eran más atractivos para el público. Y les faltó tiempo para ponerse a ello.

No por ello dejaron de sacar presentadores épicos. Gente como Ina Garten, la Barefoot Contessa, siempre tratando de colarse en fiestas ajenas y evitar que su marido robe algún alimento en la cocina. Une experta en cocina de fiesta, como os podéis imaginar de alguien que es MBA en Dirección de Empresas y trabajaba en la sección de Política Nuclear de la Casa Blanca antes de pasarse a la comida. Hasta que se cansó y decidió montar una tienda centrada en la comida. Gracias a lo cuál puntuó para el canal y pudo entrar a preparar recetas en sus fiestas como esta Paella sencilla de bogavante

La mentada en la columna anterior, Giada De Laurentiis, sobrinísima y curioso cruce de cocinera con Predator que gusta de lucir acentazo y que tiende a presentar programas de cocina italiana. Estudió en Le Cordon Bleu , trabajó en los fogones a las órdenes de Wolfgang Puck antes de pasarse al estilismo de cocina y ahí fue cuando la reclamó Food Network.

Guy Fieri por su parte podría parecer la parodia que de él hacen en el SNL. Auténtico hombre espectáculo, cualquier podría pensar que es más fácil verle viajando y, ahm, exhibiéndose que cocinando. Es cierto. De hecho, nunca ha trabajado o recibido formación como cocinero aunque sí ha administrado, dirigido y poseído restaurantes. En fin. Pero también una muestra de la fuerza del canal, capaz de lograr que parezca un cocinero… respetable.

Aunque no es el único personaje extraño que puebla ese canal porque la reina de las nieves, o del Vodka helado, Sandra Lee. Una mujer… peculiar… Estuvo en Le Cordon Bleu durante… una semana. A partir de ahí decidió dedicarse a los negocios, por ejemplo, unos infomerciales sobre un producto de… cortinajes francamente extraños. De tanto salir en la tele logró vender su producto y, además, que en el Food Network se fijaran en ella.Su sistema de cocina es, en fin, sencillo. Básicamente, abrir botes, mezclarlos y prepararse un martini. Y para muestra:

Y, finalmente, por difícil que pudiera ser superar a lo anterior… Paula Deen. Hablar de esta reina de la mantequilla podría sonar parcial así que mejor dejar que uno de sus platos hable por ella.

Sorprendente para todos, imagino. Aunque más extraña es la vida de Paula Deen, que empieza con la muerte de los padres, ataques de pánico y agorafobia, un trabajo en la ventanilla de un banco y, finalmente, el abandono de su marido con dos niños pequeños forzándola a buscar dinero de otra manera, por ejemplo, haciendo caterings y de ahí a un restaurante de buffet libre lleno de recetas como… bueno, cosas fritas, desde patatas a Twinkies .

Llegamos así hasta el principio. ¿Recordáis el libro que mencionaba? Se trata de En Crudo la continuación de las memorias de Anthony Bourdain que RBA saca ahora, año y pico después de su aparición original. En él Bourdain continúa desde el punto en que lo dejó en Confesiones de un chef, con su llegada al estrellato de la televisión culinaria. Y lo hace como todo en él, diciendo sin cortarse lo que opina. Incluso algunas cosas que quizá debiera no decir. No es que haga gala de nada, ni siquiera de su vida de excesos, pero sí que conoce el peso de su opinión y no tiene problemas en señalar algo que no por evidente levanta menos ampollas.

En esta caso, el repaso que le metió a los presentadores del Food Network, nada que no hubiera hecho antes, claro, pero tampoco algo que fueran a perdonar con facilidad. Sobre todo cuando dijo que la mayor parte de ellos no eran chefs y mucho menos cocineros de verdad, carecían de una formación y, desde luego, desconocían lo que era trabajar en una cocina bajo presión. Salvaba de ello a unos pocos, a Batali, por ejemplo, o a Emeril cuyo currículo era innegable —de este decía que se había quedado anticuado— pero incluso reconociendo algunas virtudes a distintos cocinero ssugería a Rachel Ray que se limitara a presentar sus talk-shows y no a intentar cocinar, a Guy Fieri que ni siquiera intentara presentar, a Sandra Lee… Bueno, con recordarle su pastel para Kwanzaa suficiente sería:

Pero es que, además de esto, señaló que no es sólo un viral de puro humor ante el desastre creado. Además ella es poco más que una persona con el talento de Britney Spears para cocinar.

Ahora, Bourdain fue a tope no ya con ellos o con los valores de producción y la política de Food Netwrok, el gran blanco en los últimos tiempos ha sido Paula Deen a la que ha llamado La persona más peligrosa de América asegurando que su estilo de cocina es lo que les ha convertido en un país de gordos y que es más peligroso todas esas recetas de cosas hechas con mantequillas, o fritas, o hechas con mantequilla y fritas — Y aquí Bourdain podría presentar esta página por si alguien dudara. — que la convierten en alguien de responsabilidad casi criminal.

Obviamente Deen no se quedó callada, acusó a Bourdain de elitista, de no pensar en la gente que no se puede gastar dinero en comida — Y lo terriblemente grave es que ciertamente en USA no todo el mundo se lo puede permitir — y no aportar nada más que ser un quejica bocazas.

El asunto es que cuando Deen fue al programa The View a presentar su nuevo libro Barbara Walters la atacó sin piedad por recomendar a los niños desayunar cheesecake, u ofrecer sólo comidas llenas de grasa y azúcares, a lo que Deen, visiblemente sorprendida por el trato, sólo pudo responder que no era comida para todos los días y que se puede tomar de todo con moderación.

Sí, la moderación que demuestran sus platos, como esta Tarta Alta de Manzana estilo Savannah y que es la que la ha caracterizado.

Hasta el punto de que el debate se reabrió hace cosa de mes y medio cuando se supo, por este orden:

- Que Paula Deen había desarrollado diabetes de tipo 2.
– Que lo sabía desde hace años y no había dicho nada.
– Hasta ahora.
– Y ahora decía algo porque una compañía farmacéutica nórdica se había ofrecido a convertirla en su cara en USA para su medicamento anti-diabetes.

Decir que provocó reacciones negativas tal vez sea quedarse corto sobre todo porque los que ya habían hablado aprovecharon para señalar que eso es lo que les esperaba a su público, como resumen, que Bourdain estuvo mucho más rato largando.

Ese es un punto interesante, para la reflexión, ¿hasta que punto pueden modificar para bien o para mal los cocineros del gran canal?, ¿cuánta culpa será suya?, ¿no será que Paula Deen o Sandra Lee son más divertidas que formativas?

Sobre todo porque estos son los programas de enseñar recetas, sugerir platos, más allá de lo que veremos pronto que ha acabado conviertiéndose el canal.

Sólo una última cosa. Prácticamente cada país tiene o ha tenido un canal similar al Food Network, en España de la mano de Chello Multicanal y desde 1999 tenemos Canal Cocina, en 2001 apareció en Francia Cuisine.tv del grupo Canal +, de 2002 hasta 2008 en Reino Unido tuvieron BBC Food, la respuesta australiana es de 2004y se llama LifeStyle Food, Asia Food Channel podéis imaginar quienes lo ven, en 2010 apareció el canal francocanadiense Zeste… Vamos, que siempre ha habido un interés, aunque el que abriera el hueco fuera este Food Network que tuvo que reinventarse.

¡Y no porque Sanidad decidiera cerrarlo!

Pero eso ya os lo contaré, en un par de semanas.

Jónatan Sark | 05 de marzo de 2012

Comentarios

  1. Be
    2012-03-05 11:56

    OMG, ¿habrá camisetas de Sandra Lee? Las hay, dicen “ SEMI-HO”! http://www.cafepress.com/dd/24343517

  2. EFE
    2012-03-05 21:35

    Es descacharrante. Me descojono. Sandra Lee y Paula Deen son PEORES que yo en la cocina. Es increíble. Imposible. Inexplicable.

    ¿No serán robotos? ¿Robotos americanos?

  3. Jaume
    2012-03-06 00:44

    En Inglaterra tambien hay muchisimos programas culinarios en los canales generalistas. El BBC Saturday Breakfast es ya una tradicion, y en el canal More4 (del grupo del Channel 4) se pasan todo el domingo por la tarde/noche repitiendo programas culinarios de la cadena. Primero una semana entera del concurso Come Dine with Me, luego algun Jamie at Home, seguido de algun River Cottage (cocina de temporada) y al final algun Gordon Ramsay (e.g. Kitchen Nighmares)

  4. Miguel A. Román
    2012-03-06 05:32

    ¿Y cuál es el problema? ¿Quién se sorprende?

    La misión de un programa televisivo de recetas de cocina no es difundir la ciencia gastronómica, sino atraer la atención del espectador. Y punto.

    Idéntica columna podría haberse hecho con programas de supuesta divulgación científica, histórica, literaria, …

    A ver, la televisión no es una universidad, es un espectáculo.

    Y eso no es culpa exclusiva de los jerifaltes de los medios, sino que es demostrable que la fracción más extensa del público así lo quiere. Los experimentos con cocineros “serios” y buenos profesionales que dominan su campo han cosechado abrumadores y ejemplarizantes fracasos.

    Y las excepciones, que confirman la regla, lo hacen gracias a fórmulas muy poco convencionales.

  5. Jónatan S.
    2012-03-06 06:36

    Be;

    Pocas camisetas hay de Sandra Lee o de* Paula Deen*, más hacían falta.

    Efe;
    Si son robots de cocina deben estar entre los Autones y las Thermomix, lo mìnimo.

    Jaume;
    Sí, el final de la columna apunta a eso, a las versiones europeas. De hecho los británicos y su concepción de la cocina están a punto de aparecer por esta serie. Ya verás, ya.

    Miguel

    ¿Que qué problema hay? ¿En serio?

    La queja de Bourdain —a quien ya hemos reconocido como quejica— tiene dos partes: Que no son cocineros de verdad y que lo que hacen es erróneo.i

    Podemos discutir lo que quieras lo primero. Ya comentamos hace unas columnas que Subijana es mejor cocinero que Arguiñano pero peor comunicador y sin duda hay gente como Asimov*, por ejemplo, que divulagaba de temas sobre los que no se había formado.

    El mismo Bourdain respeta a Emeril pero no sus programas. Y fíjate cómo se queja menos de
    Ina Garten que de otros cocineros más formados.

    El problema es, además, que lo que presentan es discutible. El equivalente a esos programas sobre la Atlántida, los OVNIS o los códigos secretos de la Biblia en el canal Historia.

    Que Sandra Lee sea un desastre puede ser divertido, que Paula Deen lo sea es potencialmente peligroso con la salud, de ahí el debate subsiguiente en los medios.

    Porque aunque tú desprecies la televisión para lo que no es espectáculo debo decir que programas perniciosos como los del canal historia o el horror mantequilloso.

    Otra cosa es cómo sigue la historia de la búsqueda de espectáculo mediante realities y lo que significó para ese canal. Pero también de ello hablaremos aquí.

  6. Be
    2012-03-06 09:31

    Una que dijera “Cocktail Time!” y en la espalda “DELICIOUS!!!”

  7. Miguel A. Román
    2012-03-06 19:53

    Hombre, Sr. Sark, no se ponga vd. así.

    Adelantemos tres precisiones:

    Una. Asimov tenía un graduado en química y un doctorado en bioquímica, que ya es formación universitaria. Otra cosa es que lo que él intentara divulgar en formato serio fuese la historia. Pero bueno, el sr. Punset tampoco tiene un currículo académico científico y mírenlo, anunciando pan de molde aunque por motivos humanitarios. Lo de Torreiglesias ya ni te cuento.

    Dos. Yo no desprecio a la televisión, como tampoco desprecio a los videojuegos o a la práctica del petit-point. Otra cosa es que no le haga aprecio como medio formativo (que, ojo, no digo “divulgativo”).

    Y tres. Yo no diría que Subijana es estrictamente mejor cocinero que Arguiñano. Reconozco que la cocina de Pedro es más atrevida y evolucionada que la de Karlos, pero si nos atenemos a los parámetros estrictos de honestidad en los ingredientes, perfección en la técnica y amor en el plato, de nota media andan ahí-ahí.

    Pero vayamos al tema.

    Lo de que los telecheffs sean o no cocineros profesionales o siquiera hayan recibido formación culinaria es, evidentemente, lo de menos. Parte del atractivo de estas cosas es que parezca que está al alcance de cualquiera. Sucede lo mismo con los programas de bricolage que no ponen a carpinteros o albañiles profesionales.

    Pero vamos, llevarlo al aspecto ético y moral de la cosa me parece un disparate de similar dimensiones al de acusar a los videojuego de “fomentar la violencia”, y me gustaría saber por qué tantos críticos no han arremetido previamente contra los anuncios de hamburgueserías, mantequilla de maní, crema de chocolate, refrescos, etc.

    Una persona que cocina no es necesariamente un nutricionista, muchísimo menos si lo intenta hacer en forma espectacular. Pero vaya, yo diría que cada uno tendría que ser responsable de su dieta así como del resto de su comportamiento adulto. Si no, tendríamos que empezar por demonizar el televisor en sí mismo como artilugio contrario a la actividad deportiva, la lectura o la práctica cotidiana de buen sexo.

    Comer y cocinar son ejercicios de placer y relación con la naturaleza que se ejercitan en forma personalísima. Si algún sujeto se siente impelido a hacerlo en la forma en que lo ve en un programa de televisión, su primera visita no ha de ser al nutricionista sino al psiquiatra.

    Por lo demás, una sociedad que ha arrancado a los críos de la cocina familiar para arrojarlos a la impersonalidad de los comedores escolares no tiene entereza moral alguna para sugerir una censura previa a lo que se cocina en pantalla.

  8. Jónatan S.
    2012-03-06 21:42

    ¿Pero dónde he hablado yo de censura?

    Tu argumentación anterior se basaba en que la televisión era espectáculo, esta última se basaba en que la gente es mayorcita.

    Las dos son aparentemente ciertas. Y falsas a la vez.

    La televisión es tan espectáculo como cocinar es procesar alimentos. La gente es tan mayorcita como para que puedan llevar armas.

    Si te conformas sólo con lo primero o eres tan ingenuo como para estar seguro de lo segundo es que no merecía mucho la pena entrar en honduras.

    Y no considerar la necesidad de realizar reflexiones éticas o morales me parece encantador. Espero ilusionado una columna tuya sobre las posibilidades de la cocina caníbal. Piénsalo, hay antecedentes de que el ser humano puede ser usado como alimento, ¿por qué no aprovechar para desarrollar una gastronomía a su alrededor?

    Pues porque resulta que somos racionales, y eso significa que tendemos a la reflexión.

    Por eso tenemos una cocina más allá de “Coges carne, la echas al fuego, la sacas con un palo y la comes” y apreciamos la parte artística —aquello del emplatar— que no deja de ser ponerlo bonito para el ojo pero sin resultados reales para el paladar.

    Buscamos mejorar, y lo hacemos a través de la reflexión. Por eso se nos ocurren las salsas y combinaciones, no sólo para ocultar el mal sabor de la carne pasada o porque quede un poco de casi nada en la nevera. —La nevera, qué gran invento—

    Precisamente por eso convendría que la gente que habla no ya sepa de lo que habla sino que hable de lo que sepa.

    Es innegable que un divulgador no tiene por qué ser un insider, o tener una formación concreta. Mírame a mi hablando de televisión y cocina. Y, sin embargo, hay días en los que uno lee a periodistas y descubre que no han hecho los deberes. Normalmente todos. Los días, digo.

    Motivo por el cuál es más importante aún que la gente sepa cuánta de la información es real, cuanta falsa, y cuanta potencialmente peligrosa.

    No puedo hablar por Bourdain, cuyo libro ya está disponible , auqnue sí señalar que él ya se quejó en su momento de las megahmburguesas y algunas cosas más. Sin pedir prohibirlas, claro, que para eso es un exalchólico con múltiples adicciones, y fumador, encima.

    Pero sí puedo hablarte por mí. Y yo sí creo en la libertad de expresión por encima de todo, en la necesidad de permitir todo tipo de basura y —aquí lo importante— en que el Estado lo avise. No digamos regular, no prohibir, no… Avisar.

    Que cree una legislación, que es lo fácil, y que vigile que se cumpla, que es lo que nunca hacen, para que se vea la cantidad de kilocalorías. Y que se promuevan programas divulgativos, no de comida sana, que no hay más que ver lo que sacan en ellos. o de comida sana pero de verdad, es decir, que no puedan avisar de que algo es sano o light si no cumple unos objetivos.

    Es decir, parar la barra libre.

    Porque podemos ser mayorcitos, sí, pero merecemos una información veraz y contrastada. Y no que nos sirvan lo primero que salga de la nevera porque, eh, alimentarse es sólo comer. ¿Quién necesita cocinar?

    P.S. Sobre la honestidad y el amor entre Arguiñano, Subijana y sus alimentos lamento no poder aportar nada. No sé qué promesas les hacen antes ni cómo terminan luego los platos.

  9. Miguel A. Román
    2012-03-07 04:56

    Discúlpeme si le he parecido subido de tono, no es mi intención. Confieso que es leer las palabras “cocina” y “salud” en el mismo párrafo y se me suben los esfingolípidos cosa mala. Restos traumáticos de uno de mis primeros ligues que gritó horrorizada al ver que en mi nevera había un “queso podrido” y, por tanto, “cancerígeno” refiriéndose a un trozo de buen Valdeón. Por supuesto no hubo nada más entre ella y yo.

    No, no ha nombrado usted la censura, ni siquiera aparece veladamente y siento que se haya entendido así. Esas palabras las escribí tras produndizar ligeramente en el tema y leer cosas como esto, esto de aquí o esto otro

    Tampoco digo yo que el personal, por ser biológicamente adulto, sea en consecuencia sensato. Lo que digo es que es legal y moralmente responsable de sus actos, decisiones e ingestas.

    Lo de “coges carne, la echas al fuego” ya es cocina, yo parto de “abates al bicho y te lías a mordiscos mientras patalea para soltarse”. Como nunca hablo de nada que no haya probado primero, no parece probable que alguna vez denueste o ensalce el canibalismo, lo que no quita para que piense que hay mucho de gastronomía primaria en eso de asimilar el alma del alimento, sea este una col de Bruselas, un capón de Prat o tu casera.

    Y vale, estamos de acuerdo en que lo ideal sería que quien pontifica frente a la audiencia cómo freir unas rabas de anzuelo o condimentar un menudo gitano lo haga desde el conocimiento íntimo de tales hechizos. ¿Dónde hay que firmar? Sin embargo, concédame al menos esto, esa titulación no es garantía de éxito de audiencia, como tampoco lo sería de salubridad de la dieta difundida.

    ¿Qué porcentaje de lo que vemos en pantalla es real y cuál es fraudulento? Pues mire, según mi experiencia, 15/85. Olvídese: si usted no sabe cocinar como Subijana ni tiene acceso a sus selectos ingredientes ni tiene su modelo de robot y su horno de vapor, no le va a salir como a él, ni tiene pruebas de que a él le saliera a la primera. En este sentido la comida de Mrs. Deen tiene muchas más probabilidades de éxito casero, tal vez de ahí su fiel audiencia.

    A mí me sorprende mucho la higiene. Por supuesto que en pantalla no van a llevar los guantes de látex ni el gorro preceptivo (no es queso rallado, es que el cocinero tiene caspa). Pero observe cómo la gordita Deen se chupa los dedos antes de coger el donutburguer, Jamie Oliver prueba el guiso en la misma cuchara con la que remueve y Arguiñano no hace sino limpiarse las manos en el asqueroso trapito de la cintura, manos que pasan de la carne a la ensalada. ¿Cómo quiere el señor su botulismo? ¿Crudo o poco hecho? (Eso en la tele, por supuesto en su restaurante de Zarauz se cocina con rigurosa y garantizada higiene).

    Y aboga usted por una advertencia, sea el guarismo de kilocalorías por ración o un “niños: no hagáis esto en casa”. Pero bueno, como isleño de Utopía, yo estoy más por la formación. Enseñamos a nuestra prole a escribir sin faltas de ortografía, a leer a Góngora sin atascarse, a calcular el peso molecular del perfosfato de rutenio y la derivada del coseno hiperbólico. Pero no a comer, no ya a cocinar, a comer, a conocer su cuerpo, su salud, su entorno y la historia de su tribu a través del alimento. Formemos a ciudadanos en lo gastronómico y Miss Sandra Lee tendrá que pasar a presentar la previsión meteorológica.

    Y al Estado dejémoslo tranquilo, que bastante curro tiene ya con jodernos la vida para jodernos también la olla.

    Por lo demás, no me tome por un impertinente, aunque a veces lo sea. Sepa que le leo con asiduidad y manifiesto interés, pero casi nunca le interpelo porque yo, de televisión, entiendo lo que de mujeres: lo justito para no llevarme muchos palos. Y en consecuencia me asombra reverentemente su columna porque jamás se me ocurrió que la caja tonta fuera material de riguroso estudio. Eso que le debo.

    Y, por supuesto, tiene usted los comentarios de mi columna abiertos a sus interpelaciones, que será bien recibidas aun cuando fueren discrepantes, que siempre es mejor eso que un aburrido “No hay comentarios”.

  10. Jónatan S.
    2012-03-07 10:34

    Nada más lejos de mi intención que alejar tus comentarios. Esto está para el debate, sin duda. La columna y los comments.

    Reconozco que mi opinión sobre lo que es cocina natural tiende a estar lejos de lo que es cocina sana, motivo por el que la cocina natural tiende a estar llena de pucheros, hornazos y cocidos y la sana de alimentos procesados tirando a lo insípido.

    Claro que también sospecho que es más sano comerse uno de esos cocidos que apenas una décima parte de su peso en bolas de chocolate y mantequilla enharinadas y fritas en aceite de —en el mejor de los pasos— palma.

    Tengo un amigo que guarda de manera imperecedera como afrenta hacia una excompañera de piso que le tirara una botella de un litro de caldo de cocido —de mi caldo de mi cocido, dicho sea de paso— porque tenía una pinta rara. Independientemente de que el cocido fuera madrileño y ella vasca.

    Hay un tema, al que llegaremos en estas columnas sobre televisión y cocina —porque a todo se acaba llegando—, que es el de la comfort food, la comida para sentirte bien llena de grasas, azúcares y sal.

    Y eso es precisamente parte de lo que… sería ingenuo por mi parte decir que denuncia así que dejémoslo en pone de relieve. Que el Food Network usa decidió que daba más pasta centrarse en lo local y ofrecer este tipo de… comida que programas de cocina y de cocineros de verdad. Todo ello acabaría llegando a un grado de locura máximo con las apariciones de realities pero, de nuevo, no quiero adelantarme a lo que acabaré contando en las columnas.

    En cualquier caso, el asunto con Paula Deen es que ha ido convirtiéndose cada vez más en un debate, un debate vivo, en USA. No sólo por las iniciativas anti gordos y el papel de Michelle Obama tratando de combatir el sobrepeso —una nueva muesca de odio para la américa rural contra ellos que quieren cambiar sus sanas costumbres — por erradicar la obesidad infantil.

    Comedias y series de/ con abogados están tocando el tema y discutiendo desde las tonterías —convertir al Monstruo de las Galletas en Monstruo de las Verduras — hasta temas más serios. —Y aquí entraría la lucha de Jamie Oliver pero, de nuevo, estaría adelantándome—

    Precisamente por eso la aparición de Paula Deen y sus líos, enchufando a sus hijos, apadrinando a los Neely*s, con ese momento chusco que acaba de vivir hace apenas mes y medio, —y no sé si lo has visto pero *Deen ha declarado que ella no eligió tener diabetes, lo que demuestra cómo funciona eso de la responsabilidad— ha acabado de convertirlo en un punto central de debate.

    Por eso has encontrado todos esos artículos, y muchos más.

    Porque la función de la televisión como medio de comunicación y amplificador de conceptos da mucha relevancia y popularidad, pero también pone en la picota. Que para eso están.

    La segunda parte es que antes tenían a Julia Child. Como decía en la columna que abordaba el problema español, no tenemos un equivalente. Para entender su figura deberíamos mezcla la época histórica que vivió Santonja, la simpatía de Arguiñano y la importancia popular de Simone Ortega. A estas alturas, y además de la película, su libro se sigue vendiendo tanto como aquí el 1080, sus programas están en venta y se siguen repitiendo por la PBS y su figura, pese a llevar muerta 8 años, está muy lejos de haberse olvidado.

    El asunto es que Child tenía un estilo de cocina que llaman francesa amén de haber estudiado en Le Cordon Bleu.

    Vamos, que antes era posible.

    De hecho, ahora sigue siéndolo. Pasa como con las series, sólo porque sea más fácil hacerlas malas no significa que haya que darse por vencido.

    Ciertamente, igual que meter explosiones parece una constante en la divulgación científica o abandonarse a la conspiranoia en la histórica, freír cosas atrae al público.

    Y sí, ciertamente todo pasa por mejorar la formación. Por eso hay que abogar por una gran escuela pública. Porque si el nivel es alto el resto tienen que ofrecer al menos ese mismo nivel. Del mismo modo que se pierden muchas otras disciplinas por esa extraña idea de convertir la formación intelectual en una suerte de dibujar por números la desaparición de esas labores del hogar. Pero yo casi me conformaría con que la gente visitara alguna vez —quizá una al mes— un mercado, para no olvidar de donde vienen las cosas que nos comemos.

    Pero volviendo al tema. Lo que demuestra el caso de Paula Deen, la discusión sobre la necesidad de conocer la cocina —y sus alimentos— o todo el resto de asuntos anteriores —como lo bien que vienen los programas de viajes para ver cómo encaran otras culturas la comida y lo triste que es ese amarillismo del schok fácil, como demostraba el sonrojante el vídeo en La Boquería — es que todo merece una reflexión.

    La televisión tiene la parte buena —habitualmente despreciada por los periódicos para tener justo lo que necesitaban, otra columna más sobre política, o su reflejo— de que toca casi todos los temas. Y que esos reflejos que ofrecen y los debates que provocan son casi más interesantes que la realidad que se supone que hay detrás.

    Por eso el éxito de los juegos de espejos de los realities, auténticas explotaciones del basado en hechos reales y precisamente de ahí la necesidad de reflexión.

    Que internet está lleno de páginas que listan novedades, dan su opinión sobre pilotos o se dedican a repescar ideas. Pero la reflexión, eso es menos habitual y, sin embargo, ocurre siempre.

    Piensa en algo tan sencillo como una crema agria, no sólo la parte de la crema en sí, también su elaboración. Si es algo tan sencillo —y quien dice eso dice una mayonesa— ¿por qué tantas veces se compra de bote?. Piensa en las homerules y en lo que es igual y diferente a la vez. Como el gazpacho del vídeo de Jamie del otro día, o la paella de esta semana. Son recetas que rara vez se hacen dos iguales y, a la vez, que levantan… animadversiones. Pero, ¿por qué? ¿Realmente poner o no cebolla en una tortilla de patatas lo convierte en dos platos? ¿No es más bien un único plato con dos formas diferentes de hacerse? Y eso sin entrar en lo cuajada que estuviera o la forma de cortar las patatas. O vayamos más allá: Las manías para comer. Creo que da igual las veces que alguien me diga que no tiene, aún no he conocido a nadie que no tenga alguna. Pero, ya puestos, ¿qué sentido tiene esa gente que se PRECIA de sus rarezas? Peor aún, se precia de que sus rarezas son ¡NORMALIDADES!. Inclus cuando tratan de ser más sanos que lo natural, ¿cómo no va a ser natural tu Valdeón o las Tortas del Casar que mi Señor Padre traía hace un par de décadas y que nosotros olíamos un par de pisos antes de que llegara? Es decir, ¿qués es realmente natural? Incluso lo de lanzar algo a las brasas, ¿no será ese el grado cero de cocina? ¿O lo es meter entre sal para preservar la comida? ¿Arrancar de la vegetalidad de turno y comer ya sean fresas, moras, endrinas o paniquesillo? ¿Dónde empieza la cocina? ¿Quizá en la intencionalidad de mejorar el grado de satisfacción que se saca de la ingesta de alimentos? En fin, ya ves que de todo se pueden sacar dudas y, a continuación, reflexiones.

    Y toda reflexión es bienvenida. No lo dudes.

    [En lo del Estado no nos pondremos de acuerdo. Creo firmemente en la necesidad de un Estado fuerte —ojo, no policial— vigilado por unos cuidadnos atentos. En cuanto cualquiera de los dos lados se relajan la cagamos.]



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