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De lo animal, lo humano y lo divino por José Fco Zamorano Abramson

Psicólogo y músico. Doctorando en comportamiento animal (Etología). Su trabajo se enfoca principalmente en el comportamiento social de los Cetáceos (ballenas y delfines) y otros mamíferos marinos. Tratará aquí, cada día 2, de cuáles son las “pautas que conectan” el comportamiento del ser humano con los demás animales, sustentando la idea de la “interrelación” entre todo lo vivo, a partir de una integración de diversas disciplinas tales como la Etología, la Psicología y la Ecología.

Un mundo de hormigas II

Muchos investigadores coinciden en que el éxito de las hormigas reside en la forma de utilizar su comportamiento social para maximizar la captura de recursos, en una combinación magistral de especialización, comunicación y cooperación. Pero, ¿existe algún tipo de inteligencia tras estas estrategias? Aunque algunos sostienen que nos encontramos ante el animal con el cerebro mas grande en relación al cuerpo, muchos son los investigadores que creen que realmente su cerebro es tan diminuto que sería imposible que generara algún tipo de comportamiento inteligente.

Si nos centramos en los comportamientos considerados como inteligentes y su presencia en el reino de las hormigas, nos encontramos con que el uso de instrumentos, que fue considerado durante tiempo como exclusivamente humano y elemento distintivo del mismo, se ha sugerido que podría existir en algunas especies de hormigas. Así, la hormiga europea usa pequeños palos, hojas y piedras para acarrear miel. Los incrustan en la superficie de la miel y así una vez que está totalmente cubierta logran sacarla y transportarla al nido. En un estudio sobre el uso de instrumentos en estas hormigas se les puso un recipiente con agua azucarada. Ocho hormigas se concentraron junto al cebo depositando, durante tres horas, más de 100 objetos, que terminaron saturando el líquido y convirtiéndolo en melaza. Solamente tras esta transformación procedieron a iniciar el acarreo de los objetos. Algunos expertos creen que entender esto como uso de instrumentos sería un error de interpretación, ya que se trataría mas bien de una derivación casual del un comportamiento frecuente en las hormigas, que consiste en cubrir con objetos sustancias y líquidos desagradables o pegajosos. Si bien este comportamiento de utilización de instrumentos podría haber surgido perfectamente de esta manera casual en el transcurso de la evolución, ¿qué hay en los mecanismos involucrados tras el proceso previos al transporte de objetos y el acarreo de miel, incluidos colocar y retirar los objetos? En esta misma línea, pero sugiriendo la posibilidad de cierto tipo de aprendizaje, otros autores piensan que este uso de instrumentos puede deberse a la competición ecológica, ya que cubrir la miel beneficiaría a varias especies de hormigas que compiten con especies dominantes provistas de reclutamiento masivo. El hecho de que haya mucha competición por el alimento puede estimular a algunas especies a utilizar nuevas técnicas de forrajeo, y cubrir sustancias pegajosas para llevárselas al nido son conductas que mejoran la eficiencia de forrajeo.

Otro ejemplo que sugiere algún tipo de comportamiento inteligente, de proceso de pensamiento en las hormigas, es el de dos especies de hormigas, una diurna y otra nocturna, que comparten exactamente los mismos pulgones, pero, curiosamente, en forma alternada. Cuando las nocturnas empiezan a ordeñarlos mandan un destacamento al nido de las diurnas y no permiten que ninguna más salga del nido, ¡pero sí que entren! Otras especies de hormiga tiran piedras para cerrar la entrada de los hormigueros de hormigas formicinas agresivas y más grandes que ellas, no les hacen daño pero sí evitan que salgan, pudiendo forrajear a los pulgones sin interferencias. ¿Cómo es que las hormigas nocturnas discriminan o “comprenden” que si las diurnas entran no hay problema pero sí lo hay si es que salen? ¿Es automático o existe cierto grado de proceso “pensante” en esta conducta? Yo me inclino a pensar que el hecho de que las hormigas puedan aprender fácilmente a acudir a cierta hora a cierto sitio donde van a encontrar comida a modo de cebo apoyaría la existencia de algún proceso cognitivo en ellas.

Una investigación publicada recientemente en Nature sugiere que existe entre las hormigas una gran capacidad de “entendimiento”, y que incluso pueden aprender comportamientos a través de la observación de los actos de otros miembros del hormiguero. Si esto fuese cierto, estos insectos sociales son posiblemente la primera especie animal en la que se comprueba que existe la enseñanza en una relación bidireccional el tipo “profesor-alumno”. Habrá que estudiar más profundamente si realmente existe enseñanza activa en las hormigas (tal cual se ha sugerido en algunos primates y cetáceos), y comprobar qué tipo de mecanismo existe tras estos comportamientos. En todo caso, para mi, sea “entendimiento” o sea el caso de que todas estas sorprendentes conductas en las hormigas hayan surgido por mero azar a través de la selección natural, y sean realizadas de manera automática y prácticamente sin ningún tipo de aprendizaje o inteligencia “pensante”, no deja de ser igualmente interesante.

Si bien en la inteligencia no todo es tamaño, sino que lo relevante es la complejidad del cerebro, el cerebro de una hormiga parece estar lejos de poseer esta facultad, posee solamente 250.000 neuronas, por lo que se necesitaría una colonia de 40.000 hormigas para obtener un cerebro tan grande como el del ser humano. Son muchas hormigas sí, pero pensando en esta cantidad, me viene a la mente el caso de la supercolonia de hormigas argentinas que se extendía a lo largo de 6.000 kilómetros de costa, desde Italia hasta Galicia, y que forma el mayor superorganismo colectivo viviente conocido, compuesto por millones de hormigueros cuyos miembros están, de alguna manera, interconectados. No es difícil pensar en esta colonia como un supraorganismo que supera con creces el tamaño de las interconexiones neuronales de varios cerebros humanos.

Así que no es de extrañar que las hormigas se hayan convertido en modelos de estudio del comportamiento y la comunicación de las neuronas, en la fabricación y comunicación de las neuronas artificiales, y en estudio de los “sistema emergentes” en general, ya sean neuronas, ciudades y o software que a partir de la interacción simple entre sus elementos (microconductas) crean un patrón complejo en una escala superior (macroconducta). Esto es, la suma de programas automáticos de conductas muy simples que generan finalmente conductas complejas.

Así, las hormigas son capaces de crear colonias “inteligentes” que se autorregulan en función de sus necesidades al igual que los habitantes de una ciudad crean barrios y estructuras para gestionar la información que circula en ellas o un software es capaz de “aprender” por sí mismo. Es interesante el trabajo de unos investigadores de Granada que han diseñado un sistema para la movilidad de las tropas militares dentro de un campo de batalla siguiendo los mecanismos que emplean las colonias de hormigas para desplazarse, desarrollando un software que permitiría a las tropas del ejército definir el mejor camino dentro de un campo de batalla militar, considerando que dicho camino lo recorrerá una compañía y que ésta deberá tomar en cuenta criterios de seguridad (llegar al destino con el número menor de bajas posibles) y rapidez (llegar al destino lo más rápidamente posible). El simulador podría servir también para resolver otros problemas de la vida cotidiana tales como problemas de planificación, optimización de combustible, distribución de mercancías en forma eficiente o ayudar a servir al mayor número de clientes partiendo de un almacén central considerando el menor número de vehículos posibles.

Sean individuos inteligentes o un macroindividuo inteligente, en un mundo de hormigas no sorprende que todos los lenguajes humanos tengan una palabra para denominar a las hormigas, lo que las convierte en uno de los animales más nombrados por todas las culturas humanas. Su estudio ha creado y derrumbado grandes teorías sobre la cooperación, el altruismo y la selección de grupo. Así, han sido objeto de ejemplo de nuestra propia organización y de la naturaleza humana, en lo que se refiere a la estratificación social en sistemas de castas claramente diferenciadas o como modelos utópicos de sociedades humanas cooperativas basadas en el beneficio del grupo por sobre el del individuo. Y también han servido para asumir que incluso ellas, símbolos de la cooperación y el beneficio grupal, pueden llegar a moverse también por motivos individuales y egoístas. Pero una de las razones fundamentales por las que considero a las hormigas como paradigmáticas es que nos permiten cuestionar el tópico del supuesto “alejamiento de la naturaleza” por parte del ser humano, ya que su éxito, en gran parte, se debe a muchas conductas que vemos como “no naturales” en nuestra especie, tales como el esclavismo, las guerras, las conquistas y las reconquistas o el maquiavelismo y, sin ir más lejos, la administración y utilización de animales y vegetales para nuestro beneficio. Creo las hormigas suponen, además, una lección de humildad para nuestra especie. Nos guste o no, estos diminutos insectos, a los que muchas veces tratamos de insignificantes, son igualmente exitosos e influyentes en los ecosistemas en los que habitan y comparten con nosotros atributos que siempre hemos creído exclusivos de nuestra especie o de mamíferos que se nos parecen. Si nuestra especie desapareciera, los insectos sociales como las hormigas seguirían adelante, pero si fuera a la inversa, dado el impacto y la importancia que tienen en la ecología del planeta como dispersadores de semillas y polinizadores, nuestra capacidad de supervivencia sería más cuestionable. Quizá lo que perduraría de nosotros serían, gracias a ellas, muchas de nuestras características conductuales evolucionando, eso sí, en un mundo de hormigas.

José Fco Zamorano Abramson | 02 de julio de 2009

Comentarios

  1. Paco
    2009-07-05 19:03

    ¿Y qué es el cerebro, sino una colonia de neuronas? ¿O el cuerpo una colonia de células? Individuos que hace millones de años se unieron y perdieron la movilidad, pero sin perder la comunicación.

    ¿Podría emerger una conciencia a partir de la interacción de individuos móviles igual que emerge de la interacción de esos individuos simples que son las neuronas? Es la conciencia un fenómeno que surge a partir de la mera agregación de neuronas o hay un componente cualitativo en la arquitectura del cerebro.

    ¡Qué poco sabemos aún!

  2. José FZA
    2009-07-06 04:06

    Occidente dice que la conciencia es un epifenómeno de la materia, y que surge o “emerge” en algún momento en el transcurso de la evolución, oriente en cambio, diría asumiendo una perspectiva por decirlo “platónica” que la conciencia es la “cualidad” que precede al cerebro y de ahí que un monje podría ver perfectamente una “mente colectiva” en un hormiguero. Está claro que aún no tenemos el conocimiento suficiente como para poder conciliar ambas perspectivas.



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