Libro de notas

Edición LdN
De lo animal, lo humano y lo divino por José Fco Zamorano Abramson

Psicólogo y músico. Doctorando en comportamiento animal (Etología). Su trabajo se enfoca principalmente en el comportamiento social de los Cetáceos (ballenas y delfines) y otros mamíferos marinos. Tratará aquí, cada día 2, de cuáles son las “pautas que conectan” el comportamiento del ser humano con los demás animales, sustentando la idea de la “interrelación” entre todo lo vivo, a partir de una integración de diversas disciplinas tales como la Etología, la Psicología y la Ecología.

Conciencia animal de la muerte

Cuando era niño me quedaba horas contemplando cómo las hormigas transportaban los cadáveres de sus compañeras de regreso al hormiguero. Me preguntaba por qué lo hacían y fácilmente asumí que era porque deseaban llevar de regreso a sus congéneres a modo de duelo. Me imaginaba qué podrían sentir mientras lo hacían, e interpretaba que lo que ellas sentían era tristeza y dolor por sus compañeras mientras las transportaban. Aunque no podía ver sus lágrimas o escuchar sus lamentos llegaba a esta conclusión producto de mis experiencias humanas. ¿Por qué otra razón habrían de hacerlo?

Nunca se me olvidará tampoco un documental que vi siendo niño en el que se descubría y filmaba por primera vez el caso de una especie de termitas que depositan y cubren con piedras a sus muertos, hecho al que, por lo que tengo entendido, aún no se le encuentra ninguna explicación convincente.

Entre los recuerdos de mi niñez también se encuentran los tábanos, pesadilla de las vacaciones, que no dejaban de picarnos en todo el verano. Como la mayoría de los niños experimentaba con distintas formas de eliminarlos –un ensayo básico de supervivencia para defendernos de una especie programada a extraernos la sangre–. Lo que descubrí fue que los tábanos hacían caso omiso a la muerte o al posible sufrimiento de sus semejantes. Por más que sus cadáveres estuvieran esparcidos por el suelo, o por más que algunos agonizantes siguieran intentando moverse y seguir picando, los demás caminaban encima de los cadáveres y aún con media vida y mutilados seguían comportándose como si nada estuviera pasando a los demás o ningún peligro les acechara a ellos mismos. Me asombraba la gran diferencia que había entre éstos y las abejas, que se comportaban de una forma completamente distinta: como se te ocurriera matar o incluso asustar a una de ellas en defensa propia, le habías declarado la guerra a toda la colmena.

En el caso de los animales domésticos también encontré notables diferencias. Mientras que las gallinas podían seguir tranquilamente picoteando el maíz en frente de las compañeras que estaban siendo sacrificadas para la olla, los cerdos se ponían muy nerviosos e intentaban escapar. Para mí esto también era un claro indicio de que de alguna forma los cerdos “se daban cuenta” de que algo perjudicial les estaba pasando a sus compañeros y que quizá también les podía ocurrir lo mismo a ellos. Una vez me entrometí en un matadero y observé que las vacas también se alteraban e incluso intentaban retroceder cuando estaban siendo transportadas por la cinta mientras podían oler la sangre y ver como faenaban a sus compañeras. El caso es que así entendí en mi niñez que cada especie animal reaccionaba de forma distinta frente al mundo que le rodea, que tienen, en definitiva, realidades muy distintas ante la experiencia de la desaparición de sus semejantes y quizá sobre la conciencia de la muerte en sí misma.

Básicamente, llegué a entender que las reacciones ante la muerte de un semejante cambian bastante cuando se han establecido vínculos emocionales entre animales, animales sociales. Sorprendente es el caso de una especie de periquito llamados “inseparables”, quienes pueden llegar incluso a la muerte al dejar de alimentarse voluntariamente ante la muerte de su pareja. Konrad Lorenz describió numerosos ejemplos, entre sus parejas de gansos, de individuos que se apartaban del grupo y rehusaban a establecer una nueva pareja tras la muerte de su compañero o compañera.

El movimiento ambiental en USA debe su existencia en gran parte a las reflexiones y conclusiones de un cazador de lobos que durante el cumplimiento de su labor de eliminar a las poblaciones de lobos de Norteamérica persiguió por meses a la pareja reproductora líder del clan hasta que logró atrapar y dar muerte a la hembra. Llevó el cadáver a su rancho y la sorpresa fue que durante toda la noche escuchó aullidos que le parecieron distintos a los que el siempre había escuchado en el campo, aullidos que en sus propias palabras “estaban cargados de tristeza”. El cazador estaba seguro que el macho había viajado kilómetros en busca de su pareja, y, al día siguiente, descubrió las huellas del macho cerca del cadáver de su compañera. Ese día salió en busca del lobo a quien logro atrapar. Cuando se disponía a dar el tiro de gracia miro a los ojos de lobo y desde ese preciso instante, según relata, dejó de cazar para siempre lobos, dedicando su vida la protección de la naturaleza. De ahí nació el movimiento ambiental en USA y de alguna manera el movimiento ecologista mundial. Y todo, al menos según cuenta la leyenda, por un macho de lobo que se expuso a su propia captura y muerte por no abandonar a su hembra.

Esta fidelidad de los vínculos entre lobos y de lo que podría afectar para ellos la muerte de un compañero parece estar presente también en nuestros perros domésticos. Emblemático es el caso de Hachiko, un perro japonés en cuyo honor se erigió una estatua por esperar en el mismo lugar a su amo por más de diez años hasta que murió. O el yorkshire que tras la muerte de su amo nunca abandonó su tumba y vivió toda su vida hasta su propia muerte en el cementerio junto a su amo.

Ahora, y sin restar su importancia a todas estas reacciones ¿cuál es la explicación de las mismas? ¿“extrañan” los animales y sienten de alguna manera la ausencia del ser querido o estamos ante una simple reacción ante un cambio en su medio, en su rutina?

Mi realidad frente a la realidad de esos animales que transportaban sus muertos o que sufrían frente al sufrimiento se ha ido modelando desde mi infancia. Ahora sé, fruto del trabajo de los investigadores del comportamiento animal, que muchas de esas conductas podrían responder perfectamente a programas automáticos. Por ejemplo, en el caso de las hormigas, sería algo así como un programa barredor o limpiador de cadáveres de congéneres que se activa con claves del entorno específicas y cuyo fin, según la especie, es o bien limpiar el hormiguero de cadáveres, o bien construir un gran depósito de cadáveres que sirva materia orgánica al hormiguero. En el caso de las abejas, la reacción ante el daño a un semejante podría ser desencadenada por la liberación de feromonas específicas por parte del individuo afectado, señal de aviso de algún peligro para toda la colmena. ¿Es esto alguna forma de conciencia de la muerte o peligro de los semejantes?
Por otra parte, cuando nos preguntamos por la reacción de un animal ante la ausencia de otro con el que ha mantenido alguna clase de vínculo afectivo, vemos que ésta es muy distinta al hecho que el animal tenga una reacción frente al cuerpo muerto de dicho individuo, o que asocie, pasado un breve período de tiempo, dicho cuerpo al individuo con vida. Lo más habitual es que la mayor parte de los animales no muestren interés por sus parientes muertos, ignorándolos por lo general.

Los pocos casos en que al parecer existe algún grado de reacción, si se me permite decirlo, que pueda sugerir algún concepto o entendimiento del hecho de la muerte de un semejante, los encontramos en algunos de los mamíferos sociales que poseen los cerebros más complejos. Por ejemplo, se ha observado a madres chimpancés, gorilas y delfines transportar por días los cadáveres de sus hijos, quizás sin darse cuenta que están muertos o quizás simplemente rehusándo a abandonarlos. Se cuenta un caso de una madre gorila que pasados varios días, y cuando el cuerpo de su cría mostraba claros indicios de deterioro, llego al extremo de comérselo. Además, en todas estas especies los individuos han mostrado cambios de conducta asociados a la muerte de algún animal con el que estaban vinculados, como buscar a sus compañeros en los lugares que solía frecuentar o retirarse del grupo y dejar de participar por días en las dinámicas sociales. Estos comportamientos son, para muchos, claros indicios de que el animal recuerda y extraña al individuo que ha desaparecido. El hecho de no abandonar a los semejantes en problemas, enfermos o moribundos, es llevado al extremo en los cetáceos, quienes pueden morir en masa con tal de no abandonar a uno de los suyos. Esto es conocido por balleneros quienes, en el pasado, han arrastrado a veces a crías moribundas a un costado de la embarcación para hacer que la madre o el grupo los siguiera adonde ellos quisieran y se se sigue utilizando, por ejemplo, en las Islas Faroes, en Dinamarca, para atraer a todo el grupo a la costa donde estos animales son asesinados por el pueblo en una cruel tradición popular.

Pero de todos los ejemplos, el de los elefantes es el que más nos suele impresionar, quizás por su semejanza con algunos de los duelos humanos. Los elefantes, al encontrarse con los restos de otro elefante muerto se muestran agitados, tensos y excitados. Con sus patas y trompa los escudriñan, huelen y tocan los restos óseos de otros semejantes. ¿Tendrán los elefantes además del apego afectivo a su pariente algún concepto de la muerte o solamente actúan por curiosidad al encontrar objetos inusuales?

Para intentar esclarecer este problema se estudiaron 19 grupos distintos de elefantes de una reserva en Kenia y sus reacciones ante la presencia de cráneos y huesos de elefantes dejados a propósito a su paso. Se realizaron tres experimentos. En el primero, se investigó la respuesta de los animales a los cráneos, los colmillos y trozos de madera. En el segundo, se investigó la respuesta de los elefantes frente a una variedad de cráneos de rinoceronte, búfalo y elefante. En el tercero, se estudió la reacción de grupos de elefantes que habían perdido a su matriarca ante la presencia del cráneo de la misma frente a la de otros procedentes de elefantes no emparentados.

Lo que se encontró es que los animales mostraron mucho más interés por las piezas de marfil que por los objetos de madera, mucho más por los craneos de elefante que por los de otros animales y, sobre todo, mayor interés por los de parientes frente a los de no parientes.

Si bien su interés por los colmillos probablemente se deba a sus experiencias con elefantes vivos, lo que no se sabe realmente es cómo los elefantes eran capaces de distinguir los huesos de los elefantes con los que están emparentados, ya que supuestamente su olor ya se había extinguido. (No obtante, si hubiera sido por el olor podría no ser muy distinto a nuestro reconocimiento visual de nuestros parientes). Los resultados y conclusiones de estos experimentos se han visto reforzados por observaciones de campo de conductas naturales en las que se ha visto a los elefantes detenerse ante el cadáver y permanecer hasta varios días silenciosos, y aparentemente entristecidos, olfateando y acariciando el cuerpo o los huesos de sus parientes, e incluso defender estos restos ante cualquier intruso como si se tratra de un familiar con vida. Uno de los comportamientos que más impresiona es que además muchas veces los cubren con tierra y hojas, como una especie de tumba del cuerpo sin vida.

Al igual que los chimpancés o los delfines, los elefantes son especies en las que sus individuos viven durante mucho tiempo y tienen fuertes relaciones sociales tanto entre familiares como entre los distintos miembros de una manada, con presencia de actos altruistas, es decir, con la ayuda a otros miembros del grupo, comprometiendo incluso la seguridad personal. En el caso de los elefantes, estas características podrían explicar, en parte, su gran interés por los restos de otros elefantes. ¿Son acaso estos ritos semejantes en algún grado a los ritos de duelo que prácticamos los humanos?

Como diría Blas Pascal “no es conveniente enseñarle al hombre su parentesco con el animal sin señalarle al mismo tiempo su grandeza”. Ahora sabemos, gracias a las excavaciones en la sierra de Atapuerca, que por lo menos hace 300.000 años que los seres humanos despedían a sus muertos de forma consciente mediante un ritual. A partir de entonces la especie humana ha continuado elaborando una gran diversidad cultural de rituales, se ha planteado innumerables preguntas y ha desarrollado diferentes visiones o concepciones de lo que es la muerte. Ahora, salvo todos estos envases culturales, y salvo la compleja elaboración de ritos, creo que aún permanecemos, en términos de contenidos, bastante ignorantes a qué significa realmente y qué ocurre en el proceso de morir. En la base de todos nuestros rituales y explicaciones estamos tan presos como los elefantes, los chimpancés, el gorila, los delfines y demás animales al dolor provocado por la ausencia y la pérdida de un ser querido, el cual solamente puede ser paliado con representaciones, si se me permite, ”creaciones” mentales y, por lo tanto, imaginarias, de lo que nos ocurre después de la muerte. En cuanto a lo que realmente ocurre, y salvo unos cuantos “iluminados” que supuestamente han regresado de ésta (pero que no nos pueden transmitir la experiencia al igual que no se puede transmitir el sabor de una manzana a quién no la haya probado), creo que aún estamos en el mismo nivel de ignorancia que las demás especies, salvo por la diferencia, abismal, en todo caso, de que nos hacemos la pregunta y nos inventamos las respuestas.

José Fco Zamorano Abramson | 02 de enero de 2009

Comentarios

  1. Celebes
    2009-01-03 03:30

    Miles y miles de millones de sentimientos por explorar …

  2. Cami
    2009-01-26 02:20

    Hace unos días las hormigas comenzaron a invadir mi departamento. Nos quedamos muy curiosos y asombrados cuando vimos una fila que entraba muy campante por la ventana del baño, entre ellas venían tres hormigas grandotas ¿Eran esas las llamadas reinas? Bueno, a mi amigo se le ocurrió matar a las grandotas dejando el cadaver arrollado contra el azulejo, fue impresionante ver la reacción de las demás hormiguitas, como vueltas locas comenzaron a rodear los cuerpos inertes y chocar sus antenitas. Nos aburrimos de mirar…
    Al días siguiente no había ni rastro de hormigas, ni vivas ni muertas, ni grandes ni chicas…nada.
    Me quedé con la sensación que algo de humano tienen las hormigas y fue una sorpresa leer este artículo.
    Gracias

  3. José FZA
    2009-01-26 08:47

    ¡O de que algo de hormigas tenemos los seres humanos!

  4. Ángel
    2009-02-12 01:12

    Aun más interesante es el comportamiento de los humanos.
    Son capaces de ser un pura masa ignorante y sin embargo no darse cuenta de ello.

  5. José FZA
    2009-02-15 06:36

    Sí, pero también son capaces de reflexionar sobre sí mismos y darse cuenta de ello tal cual tu lo haces.

  6. akze
    2009-03-08 01:21

    :O woOOoo comparto la opinión de angel je ai kozaz ke nunka entendermoz, kizaz zea mejor dejarlas ai, para no llegar al extremo de dar rezpueztas tontaz.
    buen artikulo!!!

  7. Antonio Abellan
    2010-06-06 12:25

    La conciencia es un indicio de la mente y a la vez uno de sus problemas, una cosa es la conciencia de si, y otra la consciencia de los demas, del entorno y sus fenomenos, tal vez justificado por un principio general de sobrevivencia con una raiz, probablemente genetica o producto de la evolucion natural. Su articulo me parece maravilloso, porque parece indicar un camino naturalista para entender mejos el problema que se plantean los filosofos de la mente ante la existencia y razon de ser de la conciencia.

  8. RespuestasVeganas.Org
    2010-08-04 10:43

    Hay una cosa que se llama falacia ecológica:

    “La falacia ecológica es un tipo de falacia o error en la argumentación basado en la errónea interpretación de datos estadísticos, en el que se infiere la naturaleza de los individuos a partir de las estadísticas agregadas del grupo al que dichos individuos pertenecen. Esta falacia da por supuesto que todos los miembros de un grupo muestran las mismas características del grupo.”

    http://es.wikipedia.org/wiki/Falacia_ecológica

    Falacia ecológica en el “Diccionario ilustrado de términos médicos”:

    http://www.iqb.es/diccio/f/fa.htm

  9. Francisco.
    2011-12-19 01:52

    Para todas las personas que creen en un Dios soberano, es facil la respuesta. Lea la Biblia en los primeros capitulos y encontrara la respuesta a todas las preguntas sobre la creacion. Si no cree en Dios no le va ser facil.

  10. José FZA
    2012-09-20 19:22

    Descubren que los pájaros realizan funerales:
    Cuando los arrendajos azules hallan a uno de los suyos muerto se llaman unos a otros y detienen las actividades de forrajeo. Los científicos han descubierto que los arrendajos se congregan alrededor del cuerpo del fallecido.

    Continuar leyendo en:
    http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/09/120901_ciencia_pajaros_funerales_cch.shtml



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