Libro de notas

Edición LdN
De lo animal, lo humano y lo divino por José Fco Zamorano Abramson

Psicólogo y músico. Doctorando en comportamiento animal (Etología). Su trabajo se enfoca principalmente en el comportamiento social de los Cetáceos (ballenas y delfines) y otros mamíferos marinos. Tratará aquí, cada día 2, de cuáles son las “pautas que conectan” el comportamiento del ser humano con los demás animales, sustentando la idea de la “interrelación” entre todo lo vivo, a partir de una integración de diversas disciplinas tales como la Etología, la Psicología y la Ecología.

Esa fea y sana costumbre de estirarse en público

Muchos de ustedes que tienen o han tenido como mascotas a hámsteres, gatos o perros, ¿se han dado cuenta de lo primero que hacen después de dormir, estar echados o quietos durante mucho tiempo?

Pues se estiran y, lo más importante, lo hacen siempre a menos que la situación amerite actuar (huir o atacar) rápidamente. ¿Se han preguntado alguna vez por qué lo hacen o cómo es que lo aprenden?

La conducta de estirarse prepara el cuerpo para la acción, lo que significa que el cuerpo y sus sentidos estén en las mejores condiciones posibles para poder enfrentar los desafíos de cada día y, de esta manera, poder sobrevivir y reproducirse. Los animales hacen al menos dos movimientos: primero estiran las patas delanteras tirando de las caderas hacia atrás y hacia arriba y después realizan el movimeinto contrario, levantando la cabeza y bajando la cadera, estirándose así, las patas traseras.. De esta forma, su columna vertebral se estira realizando un arco hacia arriba y luego hacia abajo. Este arco se extiende por todo el cuerpo, desde los dedos, que se abren, y, algo muy importante, la lengua, la cual se estira por medio de un amplio bostezo. Al estirarse de esta manera abren los espacios intervertebrales de la columna en ambos sentidos de manera tal que las ramificaciones nerviosas que parten en la columna activan la circulación sanguínea por todo su cuerpo. Al estirar sus cuatro patas provocan el mismo efecto. El bostezo, por su parte, activa los músculos faciales provocando con ello mayor oxigenación al cerebro. El estiramiento de lengua, a su vez, produce un estiramiento de todo el estómago, ya que ésta es una prolongación de todo el sistema digestivo.

Si observan el comportamiento de sus mascotas y de otros animales domésticos y sobre todo de animales salvajes (no culturizados por el ser humano) se darán cuenta de estas y otra gran cantidad de conductas que los animales realizan para cuidarse a sí mismos, manteniendo así el correcto funcionamiento del cuerpo e incrementando en mayor grado las posibilidades de adaptarse a los desafíos del medio ambiente y sobrevivir. Así, se puede observar a los animales rascarse con sus extremidades o contra un árbol o una superficie rugosa o angulada o tenderse de espaldas para frotarse y masajearse toda la espalda y, por lo tanto, la columna vertebral. Muchas veces me entretengo mirando a las moscas lavarse o acicalarse las alas, la cara y el cuerpo, ¡y los gatos! ¡Qué belleza observar la prolijidad con que los gatos se lamen y se limpian a sí mismos! Es fácil observar a las aves estirar sus alas, darse baños de polvo y agua, acicalar y cuidar sus plumas y, algo sumamente importante tanto en aves como en mamíferos sociales, acicalarse entre ellos en parejas o en forma grupal, es decir, establecer y nutrir los vínculos sociales a través del tacto.

Y ¿qué ocurre con nosotros? Basta con que usted, fiel y legítimo representante de la especie, se observe y tome conciencia de lo primero que hace al despertarse, de qué conducta “le pide el cuerpo” hacer. ¿estirarse?, ¿rascarse?, ¿frotarse los ojos?, ¿bostezar?, ¿emitir sonidos?. Y eso ¿dónde lo aprendió? ¿Lo hace más bien en forma consciente o inconsciente? La verdad es que muchas de esas conductas podrían ser perfectamente universales a la especie humana. En este sentido, el cuerpo humano naturalmente sabe como autocuidarse y muchas veces lo hace sin que tomemos conciencia de ello, es decir, lo hace en forma casi automática o involuntaria (inconsciente). El cuerpo posee un conocimiento natural para muchas conductas, entre ellas, las de autocuidado, el cual proviene de la información genética acumulada a través de miles de años de evolución y es transmitido de generación en generación gracias a los mismos genes. A este aprendizaje evolutivo o conocimiento algunos lo denominan “sabiduría organísmica”. Si venimos dotados de esto ¿por qué hay tantos “cursos” sobre técnicas específicas de autocuidado? ¿Es que no sabe nuestro cuerpo, por naturaleza, igual que el de los animales, cómo autocuidarse? Creo que aquí se entremezclan dos factores. En primer lugar, la mayoría de las técnicas de autocuidado que provienen efectivamente de la información genética, es decir del aprendizaje evolutivo de la especie, también han sido profundizadas, refinadas e incorporadas cultural y racionalmente a través de la información que sanadores, médicos y demás hombres de conocimiento de todas las culturas han realizado a partir de la observación de la naturaleza, sus elementos, ciclos y el comportamiento de los animales. Técnicas orientales cómo el Yoga o el Tai Chi surgen de estas observaciones De hecho, una de las metas principales del Yoga y de la filosofía Taoísta, a la que pertenece el Tai Chi, es conectarse con esta sabiduría natural de cuerpo a través de estas técnicas. El Taoísmo dice que una vez que el flujo de Chi (circulación de la energía) se ha establecido saludablemente por el organismo en su totalidad, el cuerpo sabe lo que le hace bien o mal y uno ya no necesita reglas externas que nos digan sobre qué comer o no comer, cuándo dormir etc., sino que “la sensibilidad y el contacto” con este flujo de energía (o, en términos menos esotéricos, con las “sensaciones propias”) nos diría exactamente qué nos hace bien o mal en un momento particular. A modo de ejemplo, en occidente, la creadora de la llamada Eutonía desarrolló su arte en gran parte a partir de la observación del tono corporal de los gatos. Cuando Gerda Alexander, su creadora, contrajo de joven fiebre reumática y endocarditis se vio obligada, debido a las crisis de dolor que sufría, a crear formas de movimiento que no complicaran aún más sus afecciones. En estos largos períodos de reposo indagó en sí misma buscando una forma de movimiento más “económica” y espontánea, a partir del aprendizaje de la regulación tónica para lograr mayor bienestar. En sus propias palabras, la observación del movimiento y el tono corporal de sus felinos domésticos fueron uno de sus grandes aprendizajes en esta búsqueda. Curiosamente en su época esta intención era denominada: “la búsqueda del movimiento espontáneo” y solo 30 años después paso llamarse eutonía.

En segundo lugar, muchas de estas conductas naturales o “espontáneas” han sido excluidas de los “manuales de buenos modales” y, por lo tanto, han sido reprimidas a través de la sanción social. ¿Cuántas veces se les dice a los niños que no deben estirarse, bostezar ostensiblemente, oler las comidas (lo cual, por ejemplo, nos sirve para saber si está o no en buen estado el alimento antes de comerlo), emitir sonidos al desperezarse, rascarse, etc.? No digo con esto que haya que expresar todas las conductas que nos surjan naturalmente del cuerpo en cualquier momento, ya que obviamente las normas culturales y los buenos modales son paradójicamente también parte de “nuestra naturaleza de autocuidado”, pero creo que en la actualidad esta tendencia se ha extendido a niveles que van en contra de la función que tenían originalmente, y que vivimos en una cultura represora de la expresión de muchas de estas conductas naturales del cuerpo, que no necesariamente son inadecuadas y que por el contario su no manifestación puede tener consecuencias negativas en la salud física y mental.

La gran mayoría de los animales, si no todos, saben y practican diariamente conductas de autocuidado, las cuales, según se trate de la especie y la conducta, se aprenden tanto a través del aprendizaje genético (innato) como social. Conductas como estirarse, bostezar o rascarse y masajearse, tanto uno mismo como entre otros, son parte del un “paquete del autocuidado”. El ser humano parece haber olvidado o bloquear muchas de éstas. Recuperarlas servirá al reestablecimiento de un hábito natural practicado por la mayoría de las especies para su supervivencia y, por lo tanto, para la prevención de enfermedades de origen orgánico y psicosomático provocadas por sedentarismo, represión, estrés o sobrecarga emocional. El estado natural del cuerpo es que esté en conexión con su propia naturaleza, la cual tiene como uno de sus elementos básicos la expresión espontánea del comportamiento de autocuidarse.

Así que, estírese y bostece cuando se lo pida el cuerpo, a no ser que se encuentre ante el rey o el embajador, aunque… ¡quizá en esos casos sea incluso más necesario!

José Fco Zamorano Abramson | 02 de noviembre de 2008

Comentarios

  1. Cayetano
    2008-11-02 19:26

    ¡Cuanta razón tienes!. Me encanta observar a los gatos y a los niños aún no “desnatutalizados”. No es casualidad que el Tai Chi Chuan y los ejercicios físicos del Hatha yoga denominen a algunas de sus posturas y movimientos con nombres de animales.

  2. Iru
    2008-11-05 00:38

    Super interesante!!! tengo una inquietud que quizas tú me puedes aclarar, tienes idea de por qué los bostezos parecen contagiarse, he observado que también con los perros se contagian, puede ser? También el artículo me recuerda El Principito:
    “—le dijo el rey— te ordeno que bosteces. Hace años que no veo bostezar a nadie. Los bostezos son para mí algo curioso. ¡Vamos, bosteza otra vez, te lo ordeno!”
    “Me da vergüenza… ya no tengo ganas… —dijo el principito enrojeciendo.”
    “—¡Hum, hum! —respondió el rey—. ¡Bueno! Te ordeno tan pronto que bosteces y que no bosteces…”

  3. Emi
    2008-11-06 11:35

    Es un comportamiento de manada, en la cual se sincronizaria la actividad y el sueño.

  4. cami
    2008-11-25 13:46

    Mientras leía no he parado de bostezar…y estirarme. Además de los beneficios es tremendamente placentero, o no?

  5. José F.Z-Abramson
    2008-11-25 23:06

    Bostezar y estirarse son conductas que permanecen morfológicamente idénticas en todas las clases de vertebrados y se asocian con estados de transición entre las fases de ritmos biológicos que sostienen el estilo de vida de los animales, como por ejemplo la alternancia vigilia-sueño, la regulación de la saciedad y las regularidades reproductivas. Interesante es que en la mayoría de los mamíferos, son los machos los que más bostezan y sólo en la especie humana ambos sexos bostezan con igual frecuencia. Además solamente los humanos, y quizás algunos antropoides, somos receptivos a que se nos contagie el bostezo. Las razones para esto aún no están muy claras. Algunas teorías sugieren que el bostezo sirve para sincronizar el comportamiento anímico entre animales gregarios de forma similar al aullido de una manada de lobos durante la luna llena. El bostezo entonces emitiría una señal de cansancio hacia otros miembros del grupo para sincronizar los patrones de sueño y períodos de actividad. En este sentido el bostezo humano juega un rol en la vida social, por su poder de sincronizar los niveles de vigilia entre varios individuos y su contagio refleja nuestra capacidad de ser influenciados por el comportamiento de otro de manera automática e involuntaria.

  6. José F.Z-Abramson
    2008-11-25 23:14

    Justamente la sensación de placer es la forma en que el cuerpo generalmente nos indica lo que nos hace bien y a los estímulos que tenemos que acercarnos y la sensación de dolor y disgusto es la forma en que el cuerpo nos indica lo que nos hace mal o de los estímulos que debemos alejarnos.

  7. José FZA
    2010-04-29 23:01

    Cita del abuelo de Darwin : «Las fibras musculares mismas constituyen el órgano de sentir que siente su estirarse… de ahí que el sistema muscular entero pueda considerarse como un órgano de sentido, y las múltiples actitudes del cuerpo como las ideas que pertenecen a este órgano, de muchas de las cuales tenemos conciencia continuamente, mientras que, tal como los contenidos ideales estimulatorios de los otros sentidos, muchas otras son ejecutadas sin nuestra atención.»
    Erasmus Darwin, Zoonomia (1801).



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