Libro de notas

Edición LdN

De lo animal, lo humano y lo divino por José Fco Zamorano Abramson

Psicólogo y músico. Doctorando en comportamiento animal (Etología). Su trabajo se enfoca principalmente en el comportamiento social de los Cetáceos (ballenas y delfines) y otros mamíferos marinos. Tratará aquí, cada día 2, de cuáles son las “pautas que conectan” el comportamiento del ser humano con los demás animales, sustentando la idea de la “interrelación” entre todo lo vivo, a partir de una integración de diversas disciplinas tales como la Etología, la Psicología y la Ecología.

El Gen Altruista

El altruismo, en términos básicos, implica pagar un costo personal para ayudar a otros, lo que popularmente se entiende por “hacer el bien” a los demás. Pero ¿cuál es el origen de esta bondad? ¿la razón? ¿un código moral impuesto desde el cielo? ¿o es más bien parte inherente a nuestra naturaleza?

El debate acerca del significado, origen y función del altruismo en los animales y en los seres humanos se ha mantenido por más de cien años en la comunidad científica, y en la actualidad dicha polémica y sus conclusiones continúan siendo muy relevantes porque de la manera en que veamos este problema dependerá en gran parte nuestro modo de entender el origen de la generosidad humana. Darwin mismo tuvo muchos problemas a la hora de integrar en su teoría los actos de cooperación o “bondad” que se observaban en la naturaleza tales como los de ciertas aves acuáticas que cuidan junto a sus propias crías a polluelos jóvenes que han perdido a sus padres, la crianza cooperativa en los monos titís, las guarderías de crías en los loros, elefantes, cachalotes y delfines, el comportamiento de cuidado de las cigüeñas hacia sus padres cuando ya están viejos, el caso del pájaro carpintero que cuando el cazador mata a alguno de ellos revolotea lanzando gritos a pesar de la posibilidad de también morir en el acto o de los varamientos masivos de ballenas piloto que mueren en grupo con tal de acompañar y no dejar morir en soledad a un individuo enfermo. Existen incluso numerosos ejemplos de altruismo entre especies, como el de los delfines que defienden a lobos marinos e incluso a seres humanos de los tiburones.

Según el famoso biólogo Richard Dawkins todos los casos descritos como altruismo se han interpretado erróneamente pues estos no se dan según la creencia popular de manera tal que un individuo se sacrifica por el bien de la especie sino que, por el contrario, lo hace realmente por el bien del “gen”, ya que el grupo, e incluso el “individuo”, serían para la selección natural unidades demasiado grandes y efímeras. Dawkins acuña el término “gen egoísta” como una metáfora para explicar el motor de los comportamientos en el reino animal: un gen permanecerá muchas generaciones si vela por sí mismo, si es, en último término, egoísta. Por lo tanto, el comportamiento está regido por el egoísmo de los genes de cada organismo, y no por el altruismo de cada individuo con respecto a los demás miembros de su especie. Así, los organismos son, en última instancia, meras máquinas de supervivencia para genes. Un gen puede ser considerado como una unidad que sobrevive a través de un gran número de cuerpos sucesivos e individuales. Un gen de un organismo sigue existiendo si dicho ser se reproduce y, puesto que los genes son la base de la herencia en la reproducción sexual, los genes que proporcionen ventajas reproductivas para el individuo al que pertenezcan tenderán a ser heredados en un número cada vez mayor de individuos. Según la metáfora del gen egoísta la gallina no es más que el medio en que los huevos se reproducen. Con estas premisas, ¿cómo se explica entonces el altruismo?

Primero hay que entender que bajo la teoría de la selección natural un gen que codifique un carácter que mejore la eficacia biológica (su capacidad de supervivencia y reproducción) de los individuos que lo porten debería aumentar su frecuencia en la población. Y, a la inversa, un gen que disminuya la eficacia biológica individual de sus portadores debería ser eliminado. En este contexto fue el biólogo evolucionista William D. Hamilton quien resolvió el problema del altruismo estudiando ejemplos del mismo en insectos sociales tales como el de las abejas y avispas, que se sacrifican en defensa de sus colmenas, o el de las hormigas estériles, que sacrifican su reproducción en pro de la de su reina. Hamilton concluye que el altruismo no es incompatible con la metáfora del gen egoísta ya que un gen que provoque un aumento de la eficacia biológica de los parientes y que disminuya la del individuo que porta el gen puede, no obstante, igualmente aumentar de frecuencia, ya que los parientes suelen portar los mismos genes. En términos más simples y tomando la famosa frase del evolucionista Haldane “daría mi vida por dos hermanos u ocho primos”, aludiendo al hecho de que si un individuo pierde su vida para salvar a dos hermanos, cuatro sobrinos, u ocho primos, es un “buen negocio” en términos evolutivos, ya que los hermanos son idénticos en un 50% por descendencia, los sobrinos un 25% y los primos un 12,5% (Hay que decir que el altruismo de Haldane no llegaba a los cánones establecidos por las leyes de la herencia: como dijo jocosamente él solo moriría para salvar a al menos dos gemelos idénticos o un mínimo de tres hermanos). Como ya comentábamos en el artículo anterior, el altruismo no solamente se da entre parientes si no también existe intercambio de favores entre individuos no emparentados e incluso entre individuos de distintas especies. De esta forma, el comportamiento “altruista” proporciona un beneficio al que lo realiza, beneficio que constituye el motor “egoísta” del comportamiento altruista.

Pero cuando se trata del ser humano muchos se resisten a aceptar esta visión altruista “utilitaria”, por así decirlo, y frente a esto defienden que es propio de la especie humana actuar sin esperar una recompensa a cambio, en parte por el mero “placer” de hacerlo. Y es precisamente a esto a lo que se denomina “verdadero altruismo”. Si bien se conocen algunos casos en primates y delfines de conductas altruistas en los que el beneficio (al menos a corto plazo) no está tan claro, tales como el caso de una gorila que rescató a un niño de tres años que cayó dentro de su jaula en el zoológico o el de los delfines que han rescatado a náufragos y los han regresado a la costa sanos y salvos, pocos hablarían de verdadero altruismo en los animales, considerándola una capacidad genuina del ser humano. Nosotros cedemos el asiento en el autobús a una persona anciana o embarazada o hacemos donaciones anónimas a obras de caridad sin otra gratificación que una mera sensación de placer. Pero, ¿de dónde nos viene esto?, ¿es fruto de nuestra educación moral, religiosa, o de valores personales adquiridos en nuestra historia personal? o ¿forman, quizá, parte de nuestra biología, de nuestra propia naturaleza?

En un experimento llevado a cabo recientemente por F. Warneken y colaboradores, se presenta evidencia sobre el desarrollo de la “facultad altruista” en el ser humano alrededor de los 18 meses de edad. El experimento que llevó a cabo consistía en situar a niños ante la siguiente escena: el experimentador realizaba una tarea cotidiana tal como colgar ropa mojada en una cuerda y dejaba caer accidentalmente una pinza de la ropa. Los niños a partir de los 18 meses, pero no antes, miraban la cara del experimentador que miraba a su vez a la pinza caída, gateaban rápidamente y tomaban el objeto, poniéndose de pie torpemente para finalmente entregárselo. Una y otra vez, cuando al experimentador, que ni pedía ni agradecía el gesto de los niños, se le caía cualquier objeto, derribaba sin querer una pila de libros o perdía el lápiz con el que iba a escribir, cada uno de los niños respondió en pocos segundos. Ahora bien, si esto mismo le ocurría al experimentador de forma intencionada: tiraba la pinza o la pila de libros, los niños dejaban de prestar ayuda. Parece, por tanto, que para ser altruista, el bebé debe poseer la capacidad de comprender los objetivos ajenos, además de la “motivación prosocial”, es decir, el deseo de mantener relaciones sociales. Estos mismos experimentadores sometieron a chimpancés de 3 o 4 años a un estudio similar en el que también tenían que hallar y devolver objetos “perdidos” por un ser humano. A diferencia de los niños, los simios solamente ayudaron si se les pedía que recogieran un objeto caído, y no con la prontitud ni espontaneidad exhibida por los niños y tampoco si la tarea era más compleja como, por ejemplo, si había que buscar el objeto en una caja. Parece, por tanto, que los chimpancés pueden exhibir una conducta de colaboración hacia otros pero no por las mismas razones “solidarias” que motivan a los bebés humanos.

El descubrimiento por psicólogos israelíes del primer gen vinculado al comportamiento altruista, sustenta el hecho de que el acto de ayudar y la sensación de placer que sentimos asociada a esta acción vienen influenciados genéticamente. Parece ser que este gen es responsable, entre otras cosas, de sensibilizar los receptores del neurotransmisor dopamina, lo que genera en el cerebro la sensación de bienestar. La dopamina podría jugar, de esta forma, un papel esencial en el comportamiento social: las personas predispuestas genéticamente al altruismo harían buenas obras porque se sienten mejor a través de sus actos positivos.

Este descubrimiento parecería ir en contra de la metáfora del gen egoísta: genes altruistas que nos movilizan a actuar en beneficio de los demás con la única recompensa del placer y sin ningún tipo de recompensa que de alguna manera beneficie a la expresión de nuestros genes. Dawkins, por su parte, considera que “sólo el hombre puede rebelarse contra la tiranía de los replicadores egoístas, gracias al poder de la razón y a los valores creados y reforzados por la cultura”. En esta reflexión, acuña el concepto de meme o agente responsable de la transmisión cultural humana, análogo al concepto de gen, y sujeto, pues, a las mismas reglas básicas evolutivas y, por ende, al egoísmo entre ellas. Pero si la cultura en sí misma es también un producto posibilitado por los genes, no solamente el egoísmo, sino los valores morales, como el ayudar al prójimo, podrían tener una raíz biológica. Parece existir evidencia de que los actos de generosidad humana no son necesariamente productos netos de una moralidad de origen consensual o religioso, sino que pueden tener profundas raíces biológicas en la información almacenada por miles de años en nuestros genes. Por lo tanto, más que ser productos de la razón humana, muchas veces están sustentadas en mecanismos que operan inconsciente y hasta automáticamente. Quizás algunos de ellos puedan ser compartidos con otras especies. Si el comportamiento, tanto el egoísta como el altruista, es el producto de la interacción de genes y ambiente, habrá individuos genéticamente más dispuestos a comportamientos altruistas que otros, pero finalmente la cultura, a través de la educación, tendrán un peso determinante, dando fuerza y expresando nuestros genes y memes egoístas o potenciando la información genética de nuestros genes y memes altruistas.

02 de octubre de 2008

Comentarios

  1. Cayetano
    2008-10-03 09:19

    Aprovechando que el río Pisuerga pasa por Valladolid. En mi opinión ser altruista es tambien una forma de egoismo, en la medida que colaboramos en hacer la vida más agradable a los demás ayudamos a crear un entorno y un ámbito más agradable.

    Pongo un ejemplo personal, estoy empeñado en que se ponga un centro de rehabilitación cardiaca en mi comarca para ello se requiere que los afectados se asocien, hay ley y partida presupuestaria para ello, disposición de cardiólogos y personal sanitario a colaborar. ¿Porqué estas cosas son tan dificiles?.

    Algo que beneficiaría a muchas personas y tambien a mí. Me han dicho que soy altruista y tal, por trabajar en bien de un colectivo, yo no lo creo siempre hay en ese “altruismo” algo de egoismo ¿Un egoismo positivo?.

    Yo gano, los demás también y es por eso que llevo más de cuatro años dando la tabarra. Digo esto porque acaba se salir el asunto en la prensa local ¿Soy un ególatra o es que alguien tiene que tirar siempre del carro? ¿Porqué es todo tan dificil? ¿Por qué no se entiende que el altruismo es una forma elegante de egoismo?

  2. José FZA
    2008-10-05 18:58

    Es interesante que el “egoísmo positivo” del que hablas ya se aludía de alguna forma en frases como “no le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti mismo” o más aún en “ama a tu prójimo como a ti mismo”. No digo con esto que haya que necesariamente ser un religioso para tener esta actitud, sino que el hecho de sentirse bien al ayudar a los demás y el entendimiento de que el bien que uno le hace a los demás en última instancia y de alguna manera uno se lo hace a sí mismo, es parte de nuestra propia naturaleza, la cual ha sido moldeada por la evolución e incluso por el mecanismo de selección natural que explicó Darwin.

  3. Cayetano
    2008-10-05 21:21

    Hola José, quería explicar ahora otra cosa. Me preguntaba

    ¿Porqué es todo tan dificil? ¿Por qué no se entiende que el altruismo es una forma elegante de egoismo?

    Hasta hoy no he podido mostrar las evicencias. Advierto que ahora interpreto el papel de un activista repartiendo octavillas, Y servirá para ilustrar desde una “anécdota” local (ya se que estos cotilleos de pueblo interesan poco a los lectores cosmopolitas de este blog, pero es lo que hay).

    Los datos: Esta es la versión web del diario y esta otra la versión original recuperada de la versión impresa

    Se justifica, educadamente, como un error técnico (y me lo dicen precisamente a mí que conozco el CMS de dicho diario). Aceptemos pulpo como animal de compañía.

    Sin embargo hay un problema de fondo, los centros de rehabilitación cardiaca cuentan con una partida presupuestaria importante, dentro de la ley de dependencia aprobada por el Parlamento Vasco,

    Ahora viene el chiste, han visto negocio, y ya han empezado a financiar programas de financiación a entidades privadas (La Policlínica de Gipuzkoa por ejemplo es la primera) para que monten chiringos privados y sacar estos centros fuera del sistema de salud pública. Es decir nada nuevo: montar negocios privados usando dinero público.

    Obviamente, el error técnico, tiene un tufillo particular … hablamos de un diario que se llama Deia

    Pongo este ejemplo para ilustrar la idea de un “gen egoista” que expande el mal rollo y beneficia a un 0,2% de la especie (un suponer) en contra de ese otro “gen egoista” que favorece a un 99,8 de la especie (otro suponer).

    En mi opinión sería interesante realizar un estudio estadístico de este tipo de comportamientos. En los EEUU, son muy aficionados a este tema, serviría para explicar ese fenómeno por el cual no hay dinero para sanidad pública universal y gratuita y si lo hay para salvar a un sistema financiero culpable del desastre en el que nos quieren meter a todos.

    Me temo que lo “local” funciona tambien en lo “global” ;-). Los etólogos dedicados al estudio de los humanos creo que tienen que deprimirse un poco. Solo un poco, porque estudiar a ese animal debe ser algo apasionante.

    Saludos

  4. José FZA
    2008-10-10 06:00

    En mi artículo pasado me referí al gran logro de la evolución al crear la estrategia de cooperación en los animales. Está claro que muchos tienden a cooperar en los grupos a los que les “conviene” cooperar, es decir aportan a los grupos o individuos de los que extraen algún beneficio a corto o largo plazo, pero lo importante es que muchas de estas especies que cooperan son animales que se reconocen individualmente y el que no retorna la moneda con la que se le ayudó recibe el castigo social del grupo no recompensándole con más beneficios. Pongo el sorprendente ejemplo de lo vampiros que una vez alimentados de sangre retornan al grupo y la comparten con algunos compañeros. Estos animales se reconocen individualmente y los vampiros a los que se les ofreció sangre permiten que el vampiro que comparte sangre acceda al centro del grupo (todos están muy cerca juntos el uno del otro) y por lo tanto acceda a la zona de más calor. Los vampiros que no comparten son reconocidos y excluidos a la periferia del grupo y por lo tanto no reciben este beneficio social. Algunos científicos argumentan que en el origen del cotilleo (o el rumor) e incluso del lenguaje justamente esta a la base de la función de identificar y sancionar socialmente a quién se aprovecha de recibir favores del grupo pero sin embargo no aporta beneficios a cambio. Creo que Internet es un gran paso en esparcir esta información a muchas personas y es un hito en la evolución cultural y “ultrasocial” de nuestra especie por lo que espero que este y otros sitios web sirvan a personas afectadas como tu y muchísimos más de esta “injusticia social” para indicar al mundo entero quienes son los que se aprovechan de los demás.

  5. Magdalena Faludi
    2008-10-10 06:02

    Hola Francisco:

    De pura ocupada (y/o floja) no te he escrito antes para expresar mi absoluto embelesamiento al leer cada uno de tus artículos. Es que yo soy una entusiasta “fan” de todos los temas en los que tú eres experto.

    Fijate que en 1976 al leer el libro de R.Dawkins y también la crónica que apareció en la revista Time (“Why do we do what we do”) abrí la boca, los ojos y mi mente y seguí de cerca el fascinante asunto de los genes. De paso te cuento que fue entre las primeras periodistas que divulgaba en una serie de artículos el tema en El Mercurio, La Tercera, y como miembro de la Soc.Chilena de Ciencia (por méritos de artículos científicos el p.president Frenk me invitó a integrar el grupo , no pretendo ser científica – (¿con qué ropa?!), dí una charla sobre este novedosa rama de la ciencia. Puchas, lo que se armó!!! A raíz de los artículos y la charla, sendos (seudo)científicos se rieron a mandíbula batiente de la postulación de Dawkins! Inevitablemente pasó por mi mente la reacción de la esposa del obispo anglicano de Worchester al escuchar la conferencia de Darwin en 1859: “Oh, my God! ¡Descendientes de monos! ¡Espero que no sea cierto! Pero si lo fuera, ¡hago votos para que no llegue a divulgarse nunca!”

    Resulta que – entre otros quisquilloso asuntos – el asunto de las ratas las que en extrema necesidad dejan morir algunos vástagos y alimentar unos pocos para asegurar la propagación de genes .- casuó harto escozor.

    Bueno, otra vez felicitaciones!

    Cordiales saludos

    Magda Faludi
    Revista Uno Mismo

    P.s. Desde chica me asombra lo que hacen las moscas: porqué vuelan en círculo en el centro del techo?!! PORQUE?

  6. Cayetano
    2008-10-11 21:16

    Este es un comentario de “justa” cortesía: El gen altruista ;-)

    Saludos

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