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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Adaptación concursiva masterchefera hispana

Tras el tiempo y espacio dedicado el año pasado a la cocina en la televisión en estas mismas columnas, las preguntas sobre MasterChef se iban sucediendo, tanto en busca de opinión sobre la adaptación como para pedir dedicarle una columna.

El problema principal es que eso me suponía intentar soportar un episodio entero. Algo que al final he dejado por imposible. Me temo que hay algo en los realities a la española que me hace separarme incluso más que de los realities en general. Y precisamente aquí vuelven a unirse los problemas.

Dentro de los programas concurso los hay de muchos tipos diferentes; incluso limitándonos a los realities hay desde concursos de talento a concursos de resistencia, entre otros muchos. Dentro de los de talentos podemos separar entre multitud de posibilidades también e, incluso, centrándonos sólo en los de cocina, hay —como ya conté el año pasado— enormes diferencias entre los que enfrentan a grupos de cocineros. Especialmente si pasamos de los que se quedan sólo un programa — digamos Chopped— frente a los que van eliminando concursantes durante toda una temporada, hasta llegar a una final con su ganador.

Los tres más conocidos son, a su vez, distintas variaciones de esta misma idea. El estadounidense Top Chef enfrenta a cocineros ya formados, cada uno en un punto diferente de su carrera pero —salvo las ediciones Masters— que aún no han logrado renombre y prestigio; el formato neozelandés Hell’s Kitchen es más conocido gracias a la versión UK primero y USA después que Gordon Ramsay presenta. En ella los concursantes vuelven a ser cocineros profesionales que —generalmente— están en los escalones más bajos de la carrera. Por ello el premio es un puesto de importancia en uno de los restaurantes de Ramsay. El concurso, por tanto, es menos competición culinaria y más una mezcla en dos partes: La primera es la de entrenarles y prepararles para que puedan servir los platos de la carta de Ramsay, la segunda es que Ramsay les pueda gritar a gusto.

En cuanto al británico MasterChef, tras una década como un sencillo programa decidieron evolucionarlo: tras cuatro temporadas en el taller regresó con un estilo de competición que seguía usando a cocineros no profesionales, pero ya como un programa de larga duración que se emitía cinco días a la semana.

Sin embargo, sería la versión australiana la que lo convirtió no sólo en un concurso y espectáculo, también en un programa educativo en el que se enseñaba a a cocineros amateurs, o sin entrenamiento específico si lo preferís, a mejorar a la vez que el público iba viendo las formas y maneras de progresar con las pruebas, si bien el formato era difícilmente repetible: 6 programas semanales, de domingo a viernes, competición los 5 primeros, el viernes clase magistral a cargo de los jueces e invitados explicando y demostrando cómo superar los retos y de qué maneras podían haber sido más creativos. Una vocación que fue incluso más clara en las dos temporadas que tuvo la versión juvenil del programa.

Pronto en Estados Unidos decidieron aprovechar para hacer su propia versión del programa metiendo a Gordon Ramsay de por medio, sólo que en la versión más didáctica y menos dada a gritar a los concursantes que pudieron encontrar. No sé dónde la pudieron encontrar, pero la encontraron. De manera que, incluso aunque en ocasiones tengan enfrentamientos, lo habitual es que el jurado sea tan respetuoso con los concursantes —es decir, señalándoles dónde se han equivocado pero sin necesidad de ser agresivos o desdeñosos— como en el resto de concursos culinarios.

De modo que cuando me puse a ver la edición española esperaba algo así; entendía que no se podía esperar nada realmente original ni tampoco una adaptación real, así que fue ver a los jueces comportarse como matones y descubrir que estábamos ante una genuina españolización del concepto.

Aquí no hay respeto ni interés en lo didáctico, algo que podría haber imaginado viendo a Samantha Vallejo-Nájera —quizá una de las peores cocineras de todo Canal Cocina, por difícil que resulte eso de creer—en uno de los puestos destacados.

Por fortuna para el programa, los productores supieron reinventar los puntos necesarios, aprovecharse para crear un cierto dramatismo con los concursantes y tratar de que los jueces fueran un poco menos insufribles. Así que en lugar de matones, ahora había matones tratando de hacerse los graciosillos. Y una pésima cocinera que no recibió el memorándum.

La audiencia creció, se convirtió en el éxito que la cadena esperaba y, como siempre ocurre en estos casos, empezaron a discutirse los motivos del éxito y, más aún, hasta qué punto tenía influencia que el público fuera español. Sobre todo para los que aún recordamos el absoluto desastre que supuso Esta cocina es un infierno, llenando los fogones de famosetes de serie B en lugar de concursantes.

Aquí supieron llevarlo mejor usando a esos famosetes de medio pelo como jurados o cameos, porque nada gusta más al público televisivo español que un arròs si es
amb costra. Así que eso, junto al melodrama y los jurados pasados de rosca, lograron convertirlo en otro éxito televisivo; eso sí, uno que funcionaba como programa concurso, no como programa educativo. O, si lo preferís así, tan educativo como ese “Entre platos anda el juego” de Juanito Navarro y Doña Croqueta.

¿Será más formativa la proyectada adaptación de Top Chef con Chicote haciendo de Colicchio? Esperemos que sí. Al fin y al cabo este concurso, con todos sus problemas, fue mejor que el anterior… Quizá en otros 7 años logremos uno normal. Aunque para ello haya que esperar a la versión española de The Great British Bake Off.

Pero mi duda real es si eso se podrá lograr sin que primero haya un cambio en el público espectador. ¿Funcionaría si se le diera un programa como los que hacen en el resto del mundo? ¿O estamos condenados a ver “gente que se grita”?

Por si os han quedado dudas, aquí unos capítulos salteados para que podáis comparar.

MasterChef UK

MasterChef Australia


MASTER CHEF AUSTRALIA 5 EPISODE 29 por realitytvrules

MasterChef USA

MasterChef España

Jónatan Sark | 15 de julio de 2013

Comentarios

  1. josep m. fernández
    2013-07-16 01:40

    A mí la versión española me ha encantado, claro que es la única que he visto.

  2. Jónatan S.
    2013-07-16 21:06

    Precisamente por eso, para que la gente pudiera comparar más allá de lo que yo cuento, están esos capítulos del centro del recorrido del programa.

    Es una manera de ver parecidos —los más obvios, como el plató— y diferencias del programa.

    Y así poder comprobar y discutir si mi opinión sobre la versión española está fundada o no. ¡Aquí jugamos con las cartas a la vista!



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