Libro de notas

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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Jelly Baker para Romana

Tras todas las controversias de la temporada 14, la BBC, en la figura de su Jefe de Seriales, Bill Slater, decidió sacar a Philip Hinchcliffe como productor y sustituirle por alguien más manejable, Graham Williams, aunque Robert Holmes conservaría aún durante la mitad de la temporada su puesto como jefe de guionistas. Esto vino acompañado con la llegada de Graeme McDonald al puesto de Jefe de Seriales, un profesional decidido a distanciar ambas etapas y con las ideas muy claras. Es decir, con mucha tendencia a fiscalizar lo que Williams hacía y meter mano. Lo que no acabó de venirle mal a la serie porque, si algo demostró Graham Williams durante su mandato es que era un jefe débil, emparedado entre el enorme éxito al que se había elevado la serie, las constantes quejas de Mary Whitehouse y los suyos, las directrices de la cadena y un actor principal que se estaba desbocando por momentos.

Por si esto no fuera suficiente, la temporada 15 empezó de la peor de las maneras posibles, con un primer serial eliminado de un plumazo. Se trataba de The Vampire Mutations, obra del colaborador habitual y ex-jefe de guionistas Terrance Dicks, que tenía una temática vampírica que la BBC consideró no adecuada por tratar de apartar la idea de la época anterior y por la producción de una miniserie sobre Drácula que la cadena estaba preparando. De manera que hubo que encontrar una sustitución rápida.

Por suerte Holmes y Dicks tenían suficientes tablas como para solventar la papeleta, y de la misma manera que el segundo había obligado al primero a poner la acción en un castillo medieval hacía cuatro temporadas, aquí sería el segundo el que tendría que tomar como buena la idea de hacer un pequeño drama en un faro, con pocos personajes y una mortalidad enorme —basándose en el poema de Wilfrid Gibson Flannan Isle — e, incluso, se permitirían la humorada de usar a los mencionados peores enemigos de aquellos Sontaran del castillo medieval, los peligrosos Rutan. La situación les puso a todos a prueba, incluso a Tom Baker y Louise Jameson, la salvaje Leela, que se habían pasado enfrentados los tres seriales de la temporada anterior ante el convencimiento de Baker de que era un personaje demasiado agresivo y que la serie ganaría si fuera sólo de él, sin acompañantes, porque Leela era sólo algo puesto para endulzar a los padres el visionado conjunto de la serie. Así que Jameson, cansada de soportarle, decidió poner las cosas claras; algo que sirvió para ganarse su respeto. Aunque para ella las cosas siguieran sin ser fáciles.

— Éste sería, años más tarde, en una repetición de la PBS, el programa interrumpido por una emisión pirata que parodiaba Max Headroom. —

Para el siguiente serial no hubo tanto éxito. Mientras, McDonald buscaba un jefe de guionistas para sustituir a Holmes y acababa decidiéndose por Anthony Read, que aún tardaría un par de seriales en poder tomar el mando. De manera que ahora tocaba acercarse a la miniaturización en The Invisible Enemy, un serial en el que una extraña enfermedad ataca al Doctor, lo que hacía necesario un proceso de miniaturización —siguiendo los pasos de Viaje alucinante— que sería más recordado por incluir la primera aparición de un nuevo invento para infantilizar la serie: el compañero robótico canino K9. El tipo de personaje limitado y polarizador que, sin embargo, demostró ser un éxito con los niños. De manera que su éxito le consiguió un puesto entre los companions del Doctor, mientras que el equipo técnico y los actores tenían que soportar los problemas para conseguir que el ingenio funcionara como era debido.

Mientras este dog ex machina se iba mostrando, la historia se desarrollaba dejando claro lo que pensaban de Leela los guionistas, al establecer que ella no tendría problemas porque esta enfermedad sólo ataca a la gente inteligente. A lo que ella no da más importancia, afirmando que ella sabe bien quién es. A lo largo de la temporada, Leela se reafirmaría no en un barbarismo sino en una aproximación visceral y, también, más sentimental. Se iría viendo una relación afectuosa con K9 y la propia TARDIS que mostraría a su personaje, no como contrario al progreso, sino como convencido de que el instinto debía primar sobre la razón.

La última historia creada bajo supervisión total de Holmes sería una que podría haber entrado en la etapa High Gothic, que trataban de eliminar, más que en este High Camp que estaban construyendo. En Image of the Fendahl, Chris Boucher presentaría el enésimo reconocimiento a Quatermass & the pit con un grupo de científicos que descubren algo inesperable. En este caso una calavera en la que parece vivir alguna presencia —que, al ser esta la serie que es, se limita a ser extraterrestre— que les iría contagiando. Todo ello mientras Boucher se iba ocupando del cargo de una serie que estaban preparando para lanzar en ese mismo momento, Blake’s 7, de manera que, Holmes primero y a su marcha Read, tuvieron que darle un par de pulidas. Por cierto, el Jefe de Ficción de la BBC, Ronnie Marsh, prohibiría que en el futuro las dos series pudieran intercambiar guionistas. Así que Boucher nunca regresaría a la serie.

Robert Holmes, por su parte, entregaría su puesto como Jefe de Guionistas con el siguiente serial, The Sun Makers, uno de los mejores de le etapa Baker porque lograba evitar el tono gótico, que tantos problemas les había traído, cambiándolo por una aventura que traía el trasfondo metafórico propio de la época de Dicks y Letts, junto con el humor que en un par de años caracterízaría la serie. Todo ello porque el capítulo aludía a algo muy concreto: el alza de los impuestos que estaban viviendo en aquellos años los británicos.

En gran parte es, pues, una sátira sobre los burócratas de Hacienda, en el fondo aún más sutil por sus malvados, especialmente el Collector de la raza de los Usurianos , que ha encontrado una forma de esclavizar a otras razas no a través de la fuerza bruta sino de la economía, tal y como deja claro el que puede ser el su intercambio más directo con el Doctor.

Doctor: ¡Tú, sanguijuela chupasangres! No pararás hasta que no domines toda la galaxia, ¿verdad? ¿Es que no te parece que el imperialismo comercial es tan malo como la conquista militar?
Collector: Hemos probado la guerra, pero el uso del poder económico es mucho más efectivo.

El guión era satírico pero abría la puerta a un uso del humor en Doctor Who de manera general, algo que se llevaba evitando desde el final de la etapa Hartnell. De paso se servía una crítica con varias capas, pues se podría hablar también de una parodia en el trato de la Inglaterra imperial a sus colonias, un ejercicio de autocrítica que sirve también para contraponer al Doctor a estos extraterrestres, de manera que las habituales quejas por el paternalismo del personaje y su ejemplificación para justificar un clasismo entre los que saben y el resto, especialmente en estas aventuras con Leela teniendo que ser educada, se contraponía con las malas maneras de los invasores, que usaban un poder sutil para ahogar a los pueblos, explotándolos.

Hablando de Leela, Louise Jameson seguía sin estar contenta. Y con motivo. Puede que la actitud de Baker se hubiera relajado con ella, pero su papel seguía siendo poco menos que una excusa y, aun cuando lograba que le dieran un poco más de cancha o que su personaje pudiera tener razón en algunos casos —En The invisible enemy, por ejemplo, en un movimiento que evocaba a Barbara teniendo razón sobre el mal funcionamiento de la TARDIS y un reconocimiento a su instinto, pero no a su inteligencia —, y aunque al final no llegaran a matarla durante este serial, como inicialmente se pensó, sí que acabó convenciendo a Williams de que hacía falta un acompañante nuevo para el Doctor, a ser posible alguien de su mismo nivel, para tratar de bajar al actor de las alturas de sobreexposición y sobreactuación, además de cierta tendencia a la improvisación, que estaban empezando a causar fricciones entre ambos. Y a obligar a MacDonald a recordarle a Baker que, aunque fuera mayor que Williams, era este último el que estaba al cargo de la producción.

Mientras tanto terminó el año 77 y el puesto de Anthony Read como Jefe de Guionistas se hizo efectivo, siendo el siguiente serial Underworld, el primero en el que aparecería propiamente acreditado, aunque Holmes aún estaba por ahí durante los primeros preparativos. En esta historia se pensaba buscar inspiración en textos antiguos, una idea que a Williams le parecía especialmente buena al cambiar todas las películas de terror que se habían usado en años anteriores por una mirada a la mitología clásica, un tema más para toda la familia —ya, bueno, obviamente era una de esas versiones de la mitología clásica—. De manera que fueron a por Jasón y los Argonautas, en un acercamiento cercano al de la gran película con Harryhausen, pero dotándola de un aspecto futurista, al estilo de lo que sería tres años después Ulysses 31, con guiones de Bob Baker y Dave Martin, que regresaban a la serie en muy poco tiempo tras escribir The invisible enemy.

El grado de sutileza en la adaptación no fue cero, como de costumbre, sino un par de números por detrás, incluyendo al Doctor confundiendo el nombre del jefe de los expedicionarios, Jackson, y diciendo en su lugar Jason para, a continuación, explicar la explícita referencia a los argonautas. Claro que en lugar del Argo aquí tienen una nave llamada R1, aparece P7E por Perséfone que está en el inframundo, el Underworld del título, y muchas más referencias directas que incluyen a los Myneans .

Durante la producción también tendría lugar otro hecho, en apariencia no relacionado pero que acabaría revolucionando el mercado de la fantasía: el estreno de Star Wars —de soltera, ahora A new hope— en USA, que llegaría a UK en diciembre de 1977. El éxito hizo que Williams temiera que la gente comparase los efectos y decorados de manera desfavorable para Doctor Who, sin caer en la falta de presupuesto. Como podéis imaginaros, tardaron muy poco en quedarse sin pasta y empezar a realizar cambios creativos del guión y las localizaciones. Incluso llegó a plantearse terminar con este serial la temporada para ahorrar.

Sin embargo Williams quería una última historia, a ser posible una en la que pudiera recuperar The Deadly Assassin y, de paso, conseguir algo más de tiempo para convencer a Jameson de que no se fuera a final de temporada, como deseaba. Puede que pareciera difícil una producción más complicada que la anterior, pero si algo caracterizó el periodo Williams / Head fue un sinnúmero de desastrosas producciones con todo tipo de imprevistos.

Williams comenzó pidiéndole a Robert Holmes que escribiera él este serial, puesto que The Deadly Assassin era obra suya. Holmes, recién abandonado el puesto, sugirió que se encargara David Weir, que les ofreció Killers Of The Dark. Un serial que causó que Graeme McDonald pusiera el grito en el cielo por la inversión que necesitaba, incluyendo un estado lleno de hombres-gato. De manera que Williams y Holmes reescribirían entero el serial, que pasaría a llamarse The Invasion of Time, y presentaron una extrañísima historia en la que el Doctor abandona a Leela y aparece para reclamar su puesto como Presidente del Alto Consejo, para mostrarse pronto como un dictador bastante pasado de rosca que, encima, está en colaboración con una raza extraterrestre, los Vardans, para invadir Gallifrey. De paso Leela descubre que los Time Lords no eran la raza original de Gallifrey y trata de ayudar a los galifreanos originales a que se enfrenten al Doctor.

El resultado de la historia es interesante, sobre todo por los aspectos de la sociedad gallifreana que nos ofrecen, y que va acusando los diversos problemas de rodaje según pasan los episodios. Porque, por si no tenían suficientes problemas pese al recorte que había supuesto repetir sets antiguos de Gallifrey y de los corredores de la TARDIS, no contaban con la tradicional huelga de los trabajadores técnicos sindicados de la BBC; algo que era ya casi una tradición, pero que antes había tenido una incidencia menor en las grabaciones. Aquí se unió al encadenado de problemas, como que sólo se les concediera un día de grabación, algo que forzó a tener que hacer uso de los fondos de emergencia de la serie para realizar unas grabaciones extra en el reformado Hospital de St. Anne, con algunos decorados que lograron sacar de los estudios habituales. Por si fuera poco, el K9 usado como prototipo se terminaría de estropear. Y el ánimo de Baker ante todos estos problemas fue empeorando, algo que hacía que cada vez se desatara más en su interpretación. Sobre todo cuando el método decidido para solventar el final del serial fue separar los seis episodios en cuatro y dos, y que esos dos sirvieran no sólo para desvelar que el auténtico criminal tras la invasión era, en realidad, la raza Sortaran, sino que lo hicieron en un estilo cercano al slapstick en el que terminó de desmelenarse. Baker aprovechó, además, para repetir su idea de que le quitaran a los companions. Pero Williams no iba a darse por vencido. Decidió que al final de la historia tanto Leela como K9 se quedaran en Gallifrey. Incluso que Leela se casara con un Time Lord, el jefe de los guardias. En cuanto a K9, el original se quedaría con ellos mientras que al Doctor le facilitarían un K9 nuevo, el Mark II.

Dado que Jameson no quería regresar, Williams decidió aproximarse a Elisabeth Sladen, que aseguró estar muy ocupada para volver; así que decidió realizar una aproximación diferente, invirtiendo los papeles de esta temporada y sacando a Baker de la zona de confort habitual del Doctor: Su siguiente acompañante sería una Time Lord.

Se ha hablado en varias ocasiones de que sería Radan, la Time Lord que aparece durante Invasion…, la llamada a sustituir a Leela, un personaje fuerte durante los primeros cuatro capítulos e inexplicablemente —ahm— desmoronado a partir de ahí. Sea por esto, porque la actriz no podía o porque Graham Williams se lo pensó mejor, sería otra la llamada a acompañar al Doctor durante una temporada realmente particular.

Habiendo superado en audiencia a las etapas anteriores, Williams decidió asegurarse una manera de empujar a los espectadores a que siguieran los seriales, dándole un tema central a toda la temporada. La trama elegida sería la persecución de las diferentes partes de la Key to Time —que, por cierto, fueron construidas de forma distinta para que luego se pudieran juntar, en una reconstrucción al unirlas, haciendo que Williams tuviera que guardar las partes separadas para sacar cada día la que tocara y así no confundirlas—; esto proporcionó una unión temática en una manera mucho menos discreta de lo que había sido la aún reciente Temporada de The Master, aunque presentando también a un contendiente y, ya de paso, a un aliado. Aunque no tendrían por qué ser así.

Se trata de los Guardianes, el Blanco y el Negro, que representan el Orden y el Caos mientras se encuentran en una lucha eterna por el equilibrio. Eso es lo que le dice al Doctor al encontrarle durante el primer serial, The Ribos Operation, en la que le encomendaría esta tarea, le advertiría contra el Guardián Negro y le facilitaría la ayuda de la Time Lord Romanadvoratrelundar, conocida como Romana.

Romana sería interpretada por Mary Tamm, una actriz notablemente elegante —y, si se me permite, atractiva— que daba perfectamente la idea de una Time Lord que deja por primera vez Gallifrey para ayudar al Doctor. Originalmente concebida bajo el tropo de la Ice Queen, a lo Grace Kelly, rubia y vestida de blanco, lo primero se terminó con el casting y lo segundo lo destruyó Baker que, pese a llevarse razonablemente bien con Tamm, se quejaba de la excesiva luminosidad de su vestidos blancos. A pesar de esto, la idea de su superioridad frente al Doctor se mantenía, teniendo en cuenta que, además, la preparación de ella es muy superior a la de él, como se nos dice en varias ocasiones. De manera que ése era el reto: ponerle una acompañante que no sólo es una igual desde un punto de vista intelectual, sino que además es de su misma raza y posee, por tanto ,unos recursos y conocimientos que no podría tener una acompañante humana, ni siquiera la Doctora Liz Shaw.

De esta manera se obligaba a Baker a trabajar de una forma diferente, y además se ofrecía otro punto de vista sobre el clasismo del Doctor y su situación como una figura contestataria. Así, ambos quedan claramente retratados una vez más como una suerte de überaristócratas galácticos, gente con los recursos suficientes para no tener que preocuparse por el día a día, pudiendo dedicarse a viajar despreocupadamente por el espacio. También con un conocimiento y una formación superior a la media, que le permitiría mirar desde su elitismo al resto de razas de la galaxia. Este sería el papel inicial de Romana, el de una aristócrata fría que no acaba de entender qué es todo esto o por qué debería respetar al Doctor, que siempre ha sido un excéntrico entre los suyos. Y un rebelde: El Doctor se había largado de su planeta en cuanto tuvo la oportunidad y, aunque agente de los suyos si la situación lo requería, no había dudado en oponerse a sus planes si así lo veía necesario.

Las mismas historias que habían permitido profundizar en la civilización de los Time Lord nos los habían mostrado como gente con las mismas debilidades de los humanos, y no ya sólo aquellos Time Lords que el Doctor se había ido encontrando a través del tiempo como The Monk, Omega, The War Chief o The Master, sino la globalidad, tal y como se demostraba en The Deadly Assassin. No significa esto que sea una raza maligna ni indudablemente corrupta, pero sí que es una visión menos halagüeña de la misma de lo que podía esperarse siendo la del héroe.

Así que ahora tenemos a dos miembros de la misma especie —y al K9 Mark II— en una búsqueda a lo largo del tiempo y el espacio de las seis partes de una poderosa arma que lleva al equilibrio entre el Caos y el Orden y del que depende el destino del Universo. Algo que permitía a la vez darle un estatus moral al Doctor en lugar de depender de su propia moralidad y su libre albedrío, de la misma manera que compararle con un compatriota servía para poner de relevancia su rebeldía. Una de las primeras ideas de Graham Williams al llegar al cargo que, por falta de tiempo, tuvo que dejar para su segunda temporada al mando.

Williams también acordó con Head que fuera un serial limitado: Una vela iría derritiéndose para indicar el tiempo que faltaba para que el Caos se apoderara del Universo. Eso dejaba claro que su función como agente del Guardián Blanco no sería un nuevo estatus, como lo fue su encierro en la Tierra con Pertwee, sino algo temporal —nunca mejor dicho— a lo que, además, ponía presión el que se fuera consumiendo la vela.

El primer serial, en el que todo esto sería expuesto, se nos presentarían varios nuevos personajes — Romana, El Guardián Blanco, K9 II— e incluso alguno sólo mencionado — El Guardián Negro — a la vez que desarrollaban una historia completa que terminara con la consecución del primer fragmento. Por todo esto necesitaban un guionista que conociera al personaje, que tuviera muchas tablas y que entendiera los problemas de producción. Así que no pararon hasta lograr que Robert Holmes volviera a escribir para la serie, menos de un año después de haber dejado el puesto de Jefe de Guionistas, con lo que seguiría en la órbita del programa sin abandonarlo del todo, como ya había hecho Terrance Dicks.

Mientras tanto Williams recibía la primera advertencia de MacDonald: quería que redujera el nivel bufo de la serie tras el final cómico de la anterior temporada, con esas persecuciones dentro de la TARDIS al más puro estilo Scooby Doo. Le pidió que buscara un punto intermedio entre toda esa comedia y el horror gótico de Hinchcliffe.

Para añadir más problemas, Baker estaba tratando que el perro de uno de los actores hiciera un truco y acabó siendo mordido por éste —el perro, no el actor— en la cara, por lo que tenía que llevar maquillaje para ocultar la herida.

Pese a todo lograron grabar este The Ribos Operation, que era la primera parte de la búsqueda, con un planeta que tomaba la ambientación de la Rusia medieval para contar una historia de timadores.

En el segundo se enfrentarían, dentro de The Pirate Planet, a un grupo de piratas que usaban un planeta movible para saquear las reservas minerales de otros planetas. Mientras el Doctor y Romana buscan en el planeta la segunda pieza, los piratas se plantean asaltar la Tierra. Pero no os preocupéis, porque éste es otro capítulo que, pese a las quejas de MacDonald, tiene un trasfondo humorístico. Y es que no podía ser de otra manera.

Interesado desde pequeño por la escritura y la comedia, colaborador brevemente del Monty Python’s Flying Circus, guionista en donde podía, el escritor de este capítulo había empezado a enviar guiones hacía años, pero el entonces Jefe de Guionistas, Robert Holmes, le había respondido que no encontraba adecuado el tono o la historia, pero le animaba a seguir enviando material por el buen nivel de su escritura. Y eso hizo: incluso después de haber logrado su propio radioserial en la BBC enviaba material, ahora para Anthony Read, que encontró no solo un material muy sólido sino más adecuado con la dirección en la que él y Graham Williams querían enviar al Doctor. Así fue como se convirtió en guionista de la serie Douglas Adams, sin abandonar su Guía del autoestopista galáctico.

Adams llegó con un montón de ideas, desde aventuras sencillas como esta diversión con piratas a creaciones más complejas que incluían alegorías sobre la adicción o exploraban las relaciones exteriores de los Time Lords. De momento empezaría por ésta, que reuniría algunas de las ideas anteriores, aunque todas sus obligaciones hicieron que se retrasara la entrega del guión. Si tenemos en cuenta que la escritura de Adams estaba especializada en la radio, podemos imaginar la clase de ideas sin reparar en el presupuesto que incluía su guión y que, junto a todo el humor, hicieron reaccionar a Graham MacDonald, quien recomendó desecharlo. Pero Graham Williams estaba de baja tras partirse la pierna en unas vacaciones en Madeira y había dejado a Read al cargo. Él, junto al director del serial, Pennant Roberts, que había sido director también de The Sun Makers —y aprovecho para disculparme por no prestarle más atención a los directores y la parte más visual de los seriales—, se aliaron para modificar el serial y convencer a MacDonald de que lo aprobara, incluyendo la falta de recambio para tenerlo en la fecha requerida, hasta que acabó cediendo.

Mientras las huelgas seguían y la producción tenía que usar técnicas paralelas para continuar, aprovecharon para buscar una justificación a la herida de Baker dentro de la historia, logrando así un serial de éxito moderado pero que les permitió empezar a colaborar con Douglas Adams.

Para complacer a MacDonald, el equipo pasó a un tercer serial que recordaba los tiempos de Hinchcliffe —no, Williams parecía no entender que se buscaba un punto medio— en The Stones of Blood. Una historia más oscura que mezclaba la búsqueda del tercer fragmento con un culto aparentemente druídico, idea de un nuevo guionista: David Fisher. Se decidió incluir un par de personajes femeninos fuertes más —algo que habían hecho ya en alguna vez antes, en The invasion of time, por ejemplo, con el resultado que todos conocemos— y le daba un par de vueltas a los agentes de destrucción, especialmente la raza extraterrestre de la semana, los Ogri, que junto a la Megara sirven de enemigos principales del serial. Para evitar problemas se decidió filmarlo en localizaciones, en Warwickshire.

La aventura, por cierto, suponía la número 100 para el Doctor, por lo que se pensó en una escena en la que K9 y Romana le llevaban una tarta para celebrar su 751 aniversario y le hacían regalos —fundamentalmente una bufanda idéntica a la que ya llevaba—. Pero al final Williams decidió eliminarlo por verlo como un añadido innecesario. Eso no impidió que la tarta, que ya estaba encargada, llegara al rodaje, recién acabado, para alegría de todo el equipo, que pudo celebrar ambas cosas.

La siguiente historia fue una idea de Fisher y Head para trabajar juntos según terminó el anterior serial, así que se pensaba en éste para el quinto serial, pero después de que el previsto Shield Of Zarak de Ted Lewis se cayera por motivos personajes tuvieron que adelantarlo. Esta rapidez en la producción volvió a enfrentar a MacDonald con Williams por el tono paródico y por la falta absoluta de sutileza que suponía The Androids Of Tara, una adaptación bastante descarada de El prisionero de Zenda, especialmente en una primera versión que pretendía llamar así el planeta. El nombre fue lo único que logró cambiar MacDonald, porque con las prisas se mantuvo el estilo ruritano, que esperaba haber cambiado a un art decó o cualquier otro que remitiera lo menos posible al libro y la película.

La quinta historia sería igualmente problemática en inicio. Había desde el principio un hueco en el quinto serial sin que Williams o Read se decidieran por nada. Para colmo, la idea de adelantarlo con The Androids Of Tara para darle tiempo a que Ted Lewis completara la cuarta aventura acabó siendo igual de problemática porque Lewis era incapaz de actuar. Así que tuvieron que recurrir una vez más a Robert Holmes para que creara una aventura rápidamente, advirtiéndole de que MacDonald estaba muy enfadado tras el serial anterior, que además de poco original estaba lleno de humor, aconsejándole que tuviera cuidado con el tono. También le sugirieron algún tipo de enorme bicho que fuera algo no visto antes en Doctor Who. De ahí salió The Power Of Kroll.

En esta ocasión el problema lo dieron los actores contratados para la historia, quienes, por diversas razones, iban cayéndose de la producción. E incluso Graham Williams volvió a enfermar y durante semanas tuvo que delegar el mando en Read y el jefe de producción, John Nathan-Turner. Y eso incluso antes de que el equipo de producción se diera cuenta de que habían encargado una pintura especial resistente al agua para caracterizar a los Swampies pero se les había olvidado encargar el desmaquillador específico para eliminarla.

Como si no hubiera suficiente, Mary Tamm se quejaba de que su personaje no tenía suficiente relieve, que no evolucionaba, y se negó a renovar para la siguiente temporada. No era la única del equipo en querer distanciarse: el propio Anthony Read estaba cada vez más harto, pese a haber pasado sólo un año y medio en el cargo, y acariciaba ya la posibilidad de dejar el cargo de Jefe de Guionistas en otras manos. Sobre todo con todas las veces que había tenido que suplir a Williams y sufrir a MacDonald. Todo lo cuál se acabó combinando cuando Baker empezó a quejarse más de los intentos de contenerle que hacía Williams, facilitando una escalada en la guerra entre el actor y el productor. Esto terminó con Baker yendo a hablar directamente con MacDonald y el jefe de éste, el controller de la BBC Bill Cotton, para exigirles control total en todos los aspectos artísticos y técnicos, así como la destitución de Williams.

El enfado de MacDonald fue —se cuenta— épico. Harto de la actitud de Baker, de sus sobreactuaciones y los problemas con acompañantes y equipo técnico y artístico, le ordenó a Williams que le despidiera de una vez. Parecía que había llegado el momento de empezar a buscar a otro Doctor, sólo que… cuando Williams pasó a comunicarle su despido a Baker, se encontró con que el actor se había largado del rodaje dejando una nota en la que anunciaba que dimitía.

Y aún quedaba un serial para concluir la historia.

Que no es que yo diga que fueron unas temporadas complicadas, es que les pasó de prácticamente todo.

Así que… nos queda un serial para terminar la temporada pero ya podéis imaginar que esta historia, pensada desde el inicio y concebida para cerrar el arco, con prácticamente todo el mundo decidido a largarse mientras las cifras de audiencia decían que era una locura no continuar con la serie. Así que… ¿qué pasó? La respuesta era… The Armageddon Factor.

Qué apropiado, ¿verdad?

En la serie aparece el Black Guardian, que había estado acechando al Doctor antes de que éste, Romana y K9 logren encontrar la última pieza de la Key To Time. El lugar es el planeta Atrios, en guerra con sus vecinos de Zeos, pese a los intentos por parte de la Princesa Astra para acabar con ella.

Bob Baker y Dave Martin, los Bristol Boys, habían sido llamados de nuevo para escribir el gran final. En éste un nuevo planeta aparecido entre los dos mundos, con un extraño dentro llamado The Shadow, había sido la más reciente causa de bronca interplanetaria. Y no era la única bronca, porque Bob Baker y Dave Martin habían decidido separarse tras escribir este último guión.

Pero, como siempre, había que retocar cosas, hacer más asequible el resultado, y para ello tuvieron que ponerse Anthony Read y la persona a la que había elegido para sustituirle como Jefe de Guionistas, que vería esto como un entrenamiento intensivo para empezar con el cargo a partir del año siguiente: Douglas Adams.

Para interpretar a la Princesa Astra se buscó a una actriz de origen aristocrático, Lalla Ward, la Honorable Sarah Ward, hija del séptimo Vizconde de Bangor. Inmediatamente cayó bien a todo el equipo, incluso a Tom Baker. Parecía el único descanso que el armagedón interior se iba a tomar, porque sonaban anuncios de otra huelga que tenía visos de acabar destruyendo el final de la temporada.

Graham Williams, el único que no tenía intención de marcharse, empezó a reunirse con gente. Logró que Baker accediera a completar la serie, se reunió con Tamm para que clarificara su partida, dio el visto bueno a Adams como nuevo Jefe de Guionistas y a los cambios al guión de Baker y Martin y se reunió también con Ward para hacerle ciertas proposiciones.

Baker empezó a buscar también una solución y comenzó aceptando la posibilidad de volver el año siguiente, sobre todo si se marchaba Tamm y le dejaban solo. En su defecto, admitía un acompañante del estilo de un loro o un robot. Cuando le recordaron que ahí estaba K9 volvió a echarse hacia atrás… Hasta que Williams le reveló lo que había estado hablando con Ward, con la que Baker tenía una química indudable: Podían hacerla su nueva companion.

Sin embargo Baker quería poder. Más aún, volvió a ponerse en contacto con Graham MacDonald para decirle que quería más poder y quejarse de Williams. Esta vez el que se hartó fue Williams, que pidió la destitución inmediata de Baker, quien al fin y al cabo acababa de igualar la larga estancia de Jon Pertwee en el papel. MacDonald decidió realizar una reunión entre los tres, al final de la cuál se llegó a un acuerdo de una tregua momentánea. Baker no consiguió nada. Williams tampoco, pero empezó a pensar en irse él. Y al final la solución fue…

El Guardián Negro había estado detrás de todo. Pero el Guardián Blanco no era mucho más de fiar, dado que parecía ser el Guardián Negro disfrazado. Quizá desde el mismo principio. Tener la Key to Time era tener demasiado poder. Sobre todo porque la sexta parte era la propia Princesa Astra. Destrozando la llave las seis partes vuelven a separarse; Astra regresa para dirigir a su pueblo. Allí se quedaría.

Mientras, el Doctor, para burlar al Black Guardian, había puesto la TARDIS en modo aleatorio, nadie sabría a donde iban. Él incluido. Como casi siempre. Y mientras Romana entraría en regeneración tomando, quizá por toda esta historia vivida, la forma exterior de la Princesa Astra. Y así volvían a ser Ella, Él y el Perro.

Jónatan Sark | 13 de mayo de 2013

Comentarios

  1. E. Martín
    2013-05-17 03:34

    Mi única duda es ¿las historias de Claremont del Capitán Britania con Roma(na) y la rubia Ópalo Luna Saturnina son de antes o despues de esto?

  2. Jónatan S.
    2013-05-17 03:47

    La primera aparición de Romana es en 1978 y yo diría que Excalibur es de finales de los ’80, ¿no?

    Pero acuérdate del Club del Fuego Infernal y Los Vengadores UK.



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