Libro de notas

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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Iniciando doccuarto Tom Baker

La marcha de Jon Pertwee junto a la ya poco discreta marcha de Terrance Dicks como jefe de guionistas hizo necesario un nuevo recambio para la serie. Incluyendo la marcha del productor, Barry Letts. Robert Holmes, escritor de la serie desde su sexta temporada —con Troughton y Hines aún dando vueltas— había ido ocupándose de sus funciones a lo largo de la undécima temporada. A Letts le sucedería Philip Hichcliff, un joven profesional llevado como ayudante de Letts para que un día le sucediera. Y ese día ya había llegado.

A lo largo de la temporada tuvieron que tomar una serie de decisiones complicadas sobre el futuro del personaje pero la más compleja, como siempre, sería la del actor que le sustituiría. Sobre todo porque a estas alturas el Doctor empezaba a ser un papel importante en Inglaterra y, además, la marcha de Pertwee no correspondía ni iba acompañado de problemas de audiencia, muy al contrario, la popularidad de Doctor Who estaba llegando al nivel de la Dalekmanía. Los nombres barajados eran muchos, tantos y tan variados que antes de que terminara la temporada ya se había decidido contratar al actor Ian Marter para que interpretara al Teniente Harry Sullivan, que, además, era cirujano, pero como aprendimos con la pobre Doctora Liz Shaw, no se pueden tener dos Doctores a la vez. La función de Sullivan era servir de apoyo de acción en caso de que el seleccionado hubiera sido un actor de cierta edad, como ocurrió en los dos primeros casos, y como hubiera pasado de haber sido elegidos Michael Bentine, Graham Crowden, Fulton Mackay o, sobre todo, Richard Hearne. Por unos u otros motivos los actores iban pasando sin que ninguno acabara de encajar o bien sin lograr alcanzar un acuerdo. Algunos algo más jóvenes, como los excelentes Ron Moody o Jim Dale, lamentarían luego la oportunidad perdida, pero para entonces sería tarde, porque Letts se había decidido por un actor joven —Bueno, a punto de cumplir cuarenta, pero ya sabéis— al que había descubierto como villano de The Golden Voyage of Sinbad: Tom Baker.

Poco se imaginaba Baker que acababa de dar con el papel de su vida, sobre todo porque en esos momentos no encontraba ningún trabajo como actor y tenía que conformarse con sobrevivir magramente en un trabajo de albañil. Una historia que se cuenta es que esto llevaba a que a las conferencias de prensa le tuvieran que dejar ropa del vestuario, causando ese cómico efecto de acumulación, aunque ya veremos que el diseño de vestuario fue cuidado y buscado.

La siguiente decisión fue convertir la temporada 12 en una especialmente corta, con Terror of the Zygons, el final previsto, pasado a primer serial de la 13, para así poder terminar antes y volver a hacer que comenzara en otoño, como había sido antes, y así enfrentándola al debut de Space: 1999. Además, Holmes consideraba que los seriales de cuatro episodios funcionaban mejor y gustaban más al público.

Con Letts habiendo dejadas encargadas las historias de esta primera temporada de Baker y teniendo que buscarle acomodo a Marter, además de recibir en herencia a Sarah Jane Smith, el Brigadier y un UNIT que actuaba más como fondo que como parte fundamental, arrancó la temporada con un serial que se centraba en Sarah Jane Smith mientras el Doctor se acostumbraba a su regeneración y los espectadores nos hacíamos a Harry Sullivan. Quizá por ello es una de las historias más feministas de Doctor Who, aunque siempre con ese acercamiento mixto que producía Sarah.

La historia, escrita por el saliente Terrance Dicks, está ambientada en nuestro mundo y actualidad y tiene un subtexto político más que interesante: Parece que ha habido unos robos cometidos por robots, el último de los cuales de un arma secreta, y todo parece indicar que detrás está el National Institute for Advanced Scientific Research, conocido como Think Tank. Esta información se la da el Brigadier a Sarah dado que el Doctor no se encuentra en condiciones, y sirve para dejar claro el respeto que el militar siente por ella, lo que no significa que ella, como periodista, no vea inmediatamente la historia que puede salir de esta investigación.

Una vez allí con el Doctor Sarah se encontrará con Hilda Winters, a la que inicialmente tomará por la ayudante del director y no por el director mismo —algo que podríamos considerar un comentario en si mismo—, evidentemente sera Hilda la villana principal de la historia, usando el Think Tank para tratar de controlar el mundo, de nuevo una referencia sólo moderadamente críptica teniendo en cuenta todo lo que vamos viendo de ella:

El National Institute for Advanced Scientific Research sirve como eco del Centre for Policy Studies, en ambos casos son mujeres que parecen más que contentas de apoyarse en el feminismo para el desempeño de su cargo, pero no para tender una mano al resto de mujeres —algo que queda patente en el intercambio entre las dos en el que Hilda parece intentar hacerla de menos— y, aunque en ese momento no fuera más que una ya polémica Ministra de Educación estaba claro que iba para arriba, además, claro, ambas compartían nombre. O segundo nombre en el caso de Margaret Hilda Thatcher.

Por otro lado está el personaje de Harry Sullivan, que ante la juventud de Baker sirve como contrapunto casi cómico y como personaje de creencias antiguas, lo que le llevará a enfrentarse al feminismo de Sarah, y a servir para que diga “Debes ser el tipo de chica que le pone a los coches nombres de mascota “, en lo que sirve como guiño de la subversión de papeles que acaba de comenzar al traernos a la memoria a Bessie, el coche del Doctor en UNIT.

Por lo demás, una historia sencilla que acaba degenerando en una versión de King Kong con las obvias restricciones que el limitado presupuesto permitía. Pero, en cualquier caso, serviría como ejemplo de lo que iba a ser esta minitemporada que procuró interconectar las tramas, siendo las más conocidas las de la Estación Espacial Nerva que comenzaron a partir de la siguiente con otras de las grandes historias de la serie.

The Ark in Space tuvo muchas manos pasando por ella, Philip Hinchcliffe quería una historia más adulta, una aproximación al Doctor más cercana al terror —algo que marcaría toda su etapa como productor— así que aceptó de inmediato la historia de una estación espacial en peligro que le presentó Christopher Langley, pero no quedando contentos ni él ni Robert Holmes, recurrieron para reescribirlo al guionista de la era Harnell John Lucarotti, responsable de seriales históricos como Los Aztecas o Marco Polo, aún así Holmes decidió que se debían realizar algunos cambios y, ante la imposibilidad de contactar con Lucarotti —que se encontraba viviendo en el Mediterraneo— pasó a reescribirla él, en lo que se acabaría convirtiendo en casi una costumbre de la etapa Hinchcliffe/Holmes . En esta historia el Doctor, Sarah y Harry aparecen en la Estación Espacial Nerva, conocida también como El Arca por ser un refugio de la humanidad, una nave de humanos en suspensión después de que la Tierra resultara inhabitable por culpa de las tormentas solares. El problema es que no todo está dormido dentro porque una forma de vida alienígena se ha colado dentro y está dispuesto a repoblar a su manera la nave, lo que mete esta historia de 1974 dentro del circuito de antecedentes que demuestra, además, la fortaleza de un guión por encima de los pobres medios que tenían que emplear, con unos alienígenas, los Wirrn, que inicialmente son creados con papel burbujas y pintura verde, mientras se nos va contando la historia de estos humanos, del monstruo que puede meterse dentro de ellos y de una mujer que se ve forzada a convertirse en líder a su pesar, en este caso Vira, la primera oficial médico, que debe asumir el mando de la nave. (Como nota lateral, el papel de Vira estaba originalmente pensado para una mujer de color, a ser posible haitiana, pero el director decidió cambiar de actriz)

El éxito fue absoluto, y aún hoy sigue siendo uno de los preferidos de los aficionados —Esta temporada tiene varias historias fanfavorites y suele contarse entre las más aclamadas de la historia del personaje, por otro lado — hasta el punto de que su segundo capítulo logró el record de share de la serie que mantendría hasta el especial navideño de 2007, 32 años más tarde.

Decididos a hacer seriales cortos acabaron haciendo un de sólo dos capítulos, The Sontaran Experiment, obra de Bob Baker y Dave Martin, el más corto de los seriales de los setenta que sirvió para traer de vuelta a los Sontaran dentro de otra de las ideas de Hinchcliffe: Recuperar enemigos monstruosos clásicos. Aquí con una nueva colonia humana perdida y acercamiento tipo diez negritos, con un ejemplo de lo que pronto se convertiría en otra de las señales de la etapa, la mad science no porque las cosas vayan mal como en el caso del robotokong del primer serial sino entendida como ciencia usada para el mal. Aquí como parte de un informe sobre la humanidad, previo a la conquista de la Tierra, que requiere de realizar todo tipo de pruebas y autopsias a humanos.

Pero esta extrema reducción serviría para que el siguiente serial tuviera 6 partes, algo muy de agradecer al ser el regreso de Terry Nation a la serie para hablar de sus criaturas. Genesis of the Daleks sería, además, otra de las grandes historias del Doctor y un punto de inflexión fundamental para los bichos al presentarnos a su creador: Davros.

Nation regresa a su primera aparición para mostrarnos un punto anterior, con los Kaleds y los Thal aún en guerra por Skaro y sin que los Kaleds sean aún unos monstruos, en su lugar —y como solía suceder con ellos— se nos muestran como unos émulos de los nazis, una sociedad fuertemente autoritaria que busca una mejora mediante la selección científica y en la que los disidentes y los débiles son… bueno… exterminados.

La ciencia de Davros se utiliza no ya para el mal sino con propósitos que incluso en su punto de partida son reprobables. Y el Doctor, haciendo una versión sutil del clásico viajar en el tiempo para matar a Hitler regresa a este punto con la idea de acabar de una vez por todas con su viejo enemigo. Sin embargo, la dimensión moral del crimen, la posibilidad de acabar con toda una raza, acaba siendo demasiado para él, la discusión ideológica le lleva a decidir no acabar con ellos sino retrasar su desarrollo. (También por permitir de manera colateral la supervivencia de Davros que pasaría a ser una presencia recurrente en las historias con Daleks y un motivo de disensión entre ellos).

Para concluir la temporada con otros enemigos clásicos llegaría Revenge of the Cybermen, con Gerry Davis escribiendo su regreso, aunque fuera sólo breve.
Encontrándose los protagonistas en mitad de un conflicto entre la humanidad y los Cybermen que están más que dispuestos a acabar con Voga, el planeta de oro del que procede en buena parte el suministro para acabar con ellos, y sirve, además, para regresar años después al Nerva Beacon, que había sido mencionado en el episodio doble Sortaran tras dejarlo en Ark in the space. Los cybermen han evolucionado poco, aunque tienen ahora un Cyber-leader y nuevos cybermats.

La historia concluía con el Doctor afirmando haber una comunicación del Brigadier rogándoles que acudieran con rapidez para solucionar un grave problemas. Esto, que debería haber llevado al serial final de temporada pasó a convertirse en un cliffhanger para el año siguiente.

El inicio de la temporada 13, con Terror of the Zygons marcaría el final definitivo de la etapa Letts, cuya última historia encargada sería esta, y también la desaparición de los personajes de la era UNIT, con la última aparición durante casi una década del Brigadier Lethbridge-Stewart.

En cualquier caso, tenemos aquí una historia con el monstruo del Lago Ness y unos nuevos alienígenas invasores, todo un regreso a las historias de la primera mitad del Tercer Doctor. Y serviría también para que Harry Sullivan desaparezca y con él las confrontaciones con Sarah Jane, todos sus old lady y old thing que llevaron a que ella llegara a decirle Llámamelo otra vez y te escupo en un ojo.

En cualquier caso, Sarah pasa a ser durante esta temporada, el único acompañante del Doctor y casi la única mujer. Mientras las ideas de Philip Hinchcliffe para hacer más interesante la serie, y más adulta, se van desarrollando por el medio de usar como antecedente de las historias del Doctor no sólo la scifi clásica, en su variante más fantástica, sino por un acercamiento al estilo de la Hammer.

Empezando por Planet of Evil, una historia sobre un planeta alejado y una tripulación que se enfrenta a lo inesperado que logra unir ecos tanto de Doctor Jekyll y Mr. Hyde como de Forbidden Planet(lo que, por su parte, incluiría reconocer las resonancias de La tempestad de Shakespeare) con monstruos de antimateria al estilo de los de Omega aunque con una realización diferente. Su parte de jungla se realizó como de costumbre dentro de un estudio, pero quedaron tan sorprendidos y agradados en la BBC por su creación que le hicieron fotos esquemas para usarlo como ejemplo de creación de set.

Por fin regresa el interior de la TARDIS que había estado tan dejada de lado como la propia máquina durante los últimos seriales, desde Death to the Daleks, y lo haría con una nueva consola.

El estilo Hinchcliffe / Holmes se puede ver del todo desarrollado ya en Pyramids of Mars, una historia que debía haber tenido raíces en la egiptología encargada a Lewis Greifer que fue, una vez más, reescrita por Holmes casi por completo para adaptarlo a la idea llena de tópicos que consideraban no sólo sería su referencia sino, además, lo que su público esperaba . Lo que, a su vez llevaría a filmarlo con el nombre Stephen Harris. La ambientación victoriana, las grandes mansiones góticas, múltiples muertes misteriosas, —pero que muy múltiples— y todo el pack llegaban con ellas en esta extraña versión de La Momia, mientras se une la idea de las deidades egipcias con extraterrestres y estos con el progreso de la humanidad venían de las ideas clásicas de la serie.

Para la siguiente historia regresaría Terry Nation, esta vez sin Daleks de por medio, y en la que sería la última aparición de Harry Sullivan —en lo que podríamos considerar el primer regreso de un ex- acompañanate y John Benton. Esta historia podría recordar a las de los Autons o a las que The Avengers habían popularizado. En lugar de eso tenemos a Kraals, en una historia que, además, tiene referencias a La invasión de los ladrones de cuerpos.

Más claro aún será en The Brain of Morbius, obra de Robin Bland, es decir otro de los alias de Robert Holmes, esta vez junto con Terrance Dicks, que ofrece una mezcla con mucho de Frankestein y las películas de los cuarenta y cincuente de cerebros malvados, como El cerebro de Donovan o El cerebro del planeta Arous y, desde luego, con más ciencia usada para hacer el mal, esta vez por Mehendri Solon en el papel de científico. El cerebro, además, resultará ser de un Time Lord, Morbius. También fue uno de los seriales que agotaron la paciencia, escasa de por si, de Mary Whitehouse, cabeza de la National Viewers’ and Listeners’ Association, asociación cristiana pro-decencia que se dedicó a quejarse todos los setenta y más. De momento empezó a quejarse del giro tétrico y oscuro que había tomado la serie, considerándola no apta para la niños. Como Philip Hinchcliffe diría después de su siguiente embate, Mary Whitehouse parecía pensar que Doctor Who era un programa “ para niños, para niños pequeños, y no lo era… así que se acercaba al programa desde el punto de partida equivocado

Para terminar la temporada el adiós cuasi-definitivo del Doctor a UNIT. The Seeds of Doom aun cuando ninguno de los habituales de la familia UNIT llegue a aparecer. Estaba pensado que fuera un serial de la siguiente temporada, siendo esta la última aventura de Sarah Jane, al no estar preparado se decidió rellenar con esto y dejar para la siguiente temporada, dos seriales después dado el interés que Sladen tenía en realizar The Masque of Mandragora, la salida de Sarah que durante esta temporada había ido viendo reducido su papel y acercándose la situación de dama en apuros aunque quedara claro en todo momento que el respeto entre ella y el Doctor era total y mutuo. Inesperadamente este serial vuelva a usar como inspiración Los ladrones de cuerpos, esta vez en una versión más… biológica… uniéndose en esta ocasión con El enigma de otro mundo, una de las películas que más veces habría influido a la serie desde sus inicios. Lo mismo valdría para ¿Qué sucedió entonces?, la historia final de la saga Quatermass.

La temporada siguiente, la 14 ya, tuvo la particularidad de seguir un estilo más cercano al estadounidense —donde estaba triunfando gracias a la emisión en la PBS — emitiéndose en dos bloques diferentes. El primero desde septiembre hasta mediados de Noviembre y la segunda pasado Año Nuevo. The Face of Evil, pensada para introducir a la nueva acompañante, tuvo que pasar al año siguiente permitiendo primero la marcha de Sarah Jane, pero antes que eso…

The Masque of Mandragora, de Louis Marks, primera serie pseudohistórica no ambientada en Inglaterra desde The Gunmen lo que les obligó a explicar que la TARDIS permitía a sus viajeros entender y ser entendidos por la gente con la que se encontraban. En este caso, la Italia del S XV. La historia de un culto secreto en el que parece estar incluida la misma Muerte así como la ambientación remite en este caso a La máscara de la muerte roja, yéndonos así de la Hammer a Poe y Corman, aunque dándole una aproximación más cercana a la ciencia ficción con la energía sí como la aparición de la Energía Helix, auténtico villano de la trama.

Una vez cumplido con esto llegaría la marcha de Elisabeth Sladen, Sarah Jane Smith, cansada por fin de tanto viaje, con una partida un tanto abrupta en The Hand of Fear, una historia de extraterrestres ocupando cuerpos obra de Bob Baker y Dave Martin. Si bien la partida podría haber sido peor pues se pensó en un primer momento en matarla. Sladen se negó a ser asesinada y no digamos ya a que se la quitaran de en medio casándola, así que se llegó a este acuerdo, tras lograr que Sarah decidiera dejarlo por un enfrentamiento después de que el Doctor decidiera no llevarla a Gallifrey por su propia seguridad, y decidir centrarse en su trabajo. Si bien también pidió que el centro del serial no fuera su partida al considerar que la serie debía centrarse no en los companions sino en el Doctor. La escena de la partida, por cierto, la escribió a parte Robert Holmes dejando además que Sladen y Baker improvisaran un poco.

Pero ya habrá tiempo de seguir hablando de ella en el futuro. De momento centrémonos en el último serial de 1986 que tiene, además, la característica de ser el único en el que va sin acompañante alguno. No sólo eso, abandona los registros anteriores para convertirse en un thriller centrado en Gallifrey y que debería servir para que conociéramos mejor el mundo y cultura de los Time Lords aunque en realidad tenemos más una parodia de la cultura terrestre en una forma de república sin religión oficial. El Doctor llega a Gallifrey convencido de la existencia de una conspiración contra el Lord Presidente. Con lo que se encuentra es con un Presidente decidido a dimitir, un sinnúmero de Time Lords dispuestos a despedazarse por el cargo y una mano detrás de todo. Una mano inesperada por tratarse nada menos que The Master que regresaba aquí tras la muerte de Roger Delgado a través de una versión casi moribunda del mismo ya que había terminado su ciclo de regeneraciones y trataba de encontrar una forma de burlar a la muerte y volver a iniciar su ciclo. El fin de la tercera parte, con el Doctor siendo ahogado, animó a Mary Whitehouse a iniciar una campaña que acabaría causando que cuando la BBC lo publicara para el mercado doméstico lo editara, si bien la versión internacional permanecería inalterada. Por cierto, estamos en la primera historia protagonizada solo por galifreianos, un cast exclusivamente masculino.

Las novedades que sí incluyen son la existencia de Matrix, el sistema informático de Gallifrey que les permite meterse dentro para luchar. Y también la mayor prominencia aún de la personalidad de Rassilon, un personaje que será progresivamente más utilizado.

La nueva acompañante del Doctor no llegaría hasta The Face of Evil, una historia en la que visita un planeta con dos culturas enfrentadas, sí, de nuevo, y otra vez una tribu es salvaje y otra es técnicamente avanzada. Sólo que la tribu salvaje parece tener un Dios del mal con una cara más que curiosa: La suya propia. Una explicación temporal poco creíble, la verdad, pero que le permite explorar las culturas que visita y su impacto en ellas. Ya puestos, eso le llevará a conocer a Leela, miembro de la tribu de los salvajes o ya no, pues fue apartado de la misma. Leela saldría de una mezcla de la siempre imparable Ms. Emma Peel, la fiera terrorista Palestinian Leila Khalid y la nada educada Eliza Doolittle, crearían con ella la primera de una larga lista de mujeres guerreras que todo lo que demostraban de fieras y capaces de ser funcionales por su cuenta y patear culos lo cargan con una parte negativa por que esa misma fiereza parece ser parte de la lo indómito del personaje, incapaz de comprender los conceptos de urbanidad o de comportarse en sociedad, y, además, era una gran excusa para sacarla en un atuendo que era poco menos que un taparrabos y top. Louise Jameson consiguió, sin embargo, exprimir todo el jugo posible a esta acompañante indómita.

Para la siguiente historia, The Robots of Death, volveríamos al esquema de los mineros y de las versiones de Diez negritos si bien el misterio principal lleva a un escritor de ciencia ficción tan conocido como Isaac Asimov cuya serie de historias protagonizadas por Elijah Bailey y R Daneel Olivaw sería la inspiración para D84 y Poul, que sin duda tomó el nombre de Poul Anderson. de hecho la Primera Ley de la Robótca se mencionaría en un par de ocasiones, sin contar con los parecidos entre los mineros de la arena y los que aparecen en Dune.

Sin embargo sería el serial del final de temporada, el más largo de la temporada, The Talons of Weng-Chiang, culpa de Robert Holmes sería el más recordado de la temporada, y lo será por los motivos buenos y malos. Aunque quizá sean más los malos. Porque los buenos son los siempre memorables recursos pulp siendo este uno de los seriales en los que más se explotaría, mitad Sherlock Holmes, mitad Fu Manchú, lo que llevaría a su vez a las críticas no ya por el excesivo tono de cartón piedra, también por el racismo intrínseco de las representaciones y de los actores ingleses haciéndose pasar por asiáticos, incluso teniendo en cuenta que esa sería parte de la trama, mostrando las diferentes maneras de fingir ante los ajenos y, además, no mostrando ningún personaje asiático positivo. Tampoco ayudaría que las ropas victorianas de Leela no tardaran mucho en convertirse en —sus tradicionales— girones de tela.

Se trató, además, del último serial que produciría Phil Hinchcliff y en el que Robert Holmes ostentaría el cargo de jefe de guionistas lo que facilitó que ambos se soltaran el pelo tanto en lo argumental como en el dinero gastado, usando varias localizaciones y rodando tomas nocturnas. El sucesor de Hinchcliffe, Graham Williams decidió a partir de este serial que Jameson*debía de quedarse, en contra de la opinión de *Baker que consideraba a Leela * demasiado violenta para la serie y hubiera preferido un cambio o volver a actuar solo. Sin embargo la intervención de *Williams aseguró que la joven, que no acababa de llevarse bien con Baker aparecería durante la temporada quince, y que no sería ese el único cambio que había, empezando por eliminar o rebajar todo este tono gótico y oscuro que Hinchcliffe y Holmes habían dado a la serie.

Corrían nuevos aires para Doctor Who

Jónatan Sark | 29 de abril de 2013


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