Libro de notas

Edición LdN
El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Revirtiendo polaridades flujoneutronales Pertweescas

El inicio de la décima temporada sirvió también para celebrar la primera década de Doctor Who y, además, para darle un giro a la serie que las últimas temporadas estaban reclamando. Además de ir explicando más cosas sobre la raza de los Time Lords.

Y todo empezó con la idea de hacer un homenaje a El séptimo sello. El Doctor, en sus tres encarnaciones hasta ese momento, se enfrentaría a la Muerte encarnada. Los anteriores problemas con pensamientos y localizaciones abstractas, además de la posibilidad de que la aparición resultara demasiada macabra para los niños —o, realmente, para los Guardianes de la Moral que se escudaban en los niños— les llevaron a cambiar la aproximación y a enfrentarle a otro Time Lord. Originalmente llamado Ohm —es decir, Who con un giro—, pasó a tener por nombre Omega.

Omega, tal y como se explica durante los cuatro capítulos del serial, fue uno de los gallifreianos que dio comienzo a la raza de los Time Lords junto con Rassilion —de quien ya habrá tiempo que hablar en estas columnas— , siendo el responsable del desarrollo de la energía que les permitiría viajar por el espacio y el tiempo. Algo que los gallifreianos no veían como algo posible o deseable hasta que estos dos decidieron ponerlo en marcha. Para hacerlo usaron los instrumentos de Omega con una estrella cercana a su explosión. Algo pasó y la explosión pareció llevarse por delante a Omega, dejando a Rassilion para comandar a los Time Lords mientras le convertía en un héroe de leyenda.

En realidad Omega había acabado en un universo de antimateria debido a una singularidad que había destrozado su cuerpo reduciéndole al traje de protección que llevaba durante el experimento. Allí descubrió que podía manipular a su antojo el nuevo universo, cosa que hizo convirtiéndolo en un paraíso mientras que esperaba a que los Time Lords fueran a rescatarle.

Cuando se dio cuenta, un par de siglos más tarde de lo lógico, de que no tenían intención alguna, empezó a trazar un plan para cambiar su cuerpo con alguien de fuera, motivo por el que necesitaba atrapar a algún Time Lord que hubiera estado trasteando con su TARDIS. Así que durante el clásico episodio de amenaza desconocida con UNIT al fondo el Tercer Doctor queda atrapado y los Time Lords decidieron que lo más sensato era enviar a sus anteriores encarnaciones. (Lo que, por cierto, deja bastante claro que no hay encarnaciones anteriores a las de William Hartnell o hubieran sido enviados al rescate también)

Como uno podía esperarse, los Time Lords tenían una estricta norma al respecto: La Primera Ley del Tiempo prohibe expresamente que cualquier Time Lord se cruce con versiones de su pasado o su futuro. Con el habitual éxito que las prohibiciones de los Time Lords tienen sobre el Doctor.

Reunir a Jon Pertwee con Patrick Troughton y William Hartnell fue problemático sólo por la salud de Hartnell, que no había dejado de empeorar, reduciendo su aparición a unas pocas escenas grabadas que dejaban sobre los dos últimos, a los que el primero llamaba con sus habituales malos modos “un dandy y un payaso”. Sería su última interpretación, dos años antes de su muerte. Troughton, por su parte, se lo pasaría en grande y aún tendría tiempo de volver a encarnar al segundo doctor en dos ocasiones más. Inauguraría, además, la tradición de que un doctor del pasado se queje de la redecoración de la TARDIS. Y, ya puestos, reconocerá a Benton, al que dará aún el cargo de Soldado al no haberle visto desde The Invasion.

El Brigadier, por su parte, interacciona con las diferentes encarnaciones sin acabar de entender muy bien qué está ocurriendo. Y eso sin saber que cuando el Segundo Doctor le ofrece unas jelly babies se anticipa una de las frases recurrentes del Cuarto.

Una vez terminado el problema con Omega, los Time Lords deciden levantar el castigo al Doctor y permitir que su TARDIS le deje viajar por el espacio y el tiempo de nuevo. Aunque Pertwee dijera que no había nada tan inquietante como encontrarse a un Yeti en el retrete, lo cierto es que las numerosas apariciones en la anterior temporada de algún tipo de recurso, generalmente un Time Lord Ex Machina para liberarle momentáneamente, demostraba que el Doctor necesitaba moverse de la Tierra.

Igual que la entidad de Pertwee hacía innecesario el acompañamiento de un joven ayudante para las partes de acción, como se suponía que iban a ser los chicos de UNIT, permitiéndole desarrollar ese Venusian Aikido que remitía directamente al Primer Doctor en The Roman y que responde a las personalidades de los dos aún responsables de las decisiones, el productor Barry Letts se oponía por su propio pacifismo a que el Doctor fuera agresivo, así que el jefe de guionistas, Terrance Dicks, propuso usar el Aikido, por ser un arte marcial eminentemente defensivo. Y coló, claro.

Liberado de su presencia en la Tierra, parecía obvio que tendría que seguir una historia abiertamente fantástica, y como tal se presentó Carnival of Monsters, obra de Robert Holmes en la que podremos encontrar dos líneas de lectura. La más obvia es la literal: El Doctor, acompañado de Jo, intenta mostrarle las maravillas del planeta Metabelis III, pero en su lugar viajan a un barco desaparecido en 1926 para ser atacados primero por un monstruo y desaparecer luego. Pronto descubren que se encuentran atrapados por un showman alienígena que ofrece un espectáculo en el que varias criaturas han sido miniaturizadas gracias a una tecnología robada a los Time Lords, el miniscope. Entre otros tienen a Ogrons, Cybermen, Tellurians y Drashigs. El Doctor y su acompañante pronto descubren que han sido trasladados a un mundo extraterrestre en el que el responsable, Vorg, trata de convencer a un tribunal de que les deje acceder a su mundo para mostrar estas maravillas de la naturaleza. Ni que decir tiene que al final de la aventura nuestros héroes habrán logrado regresar a su tamaño habitual, pero no sin antes proporcionar una aventura que tiene un trasfondo realmente jugoso.

Barry Letts decidió hacer uso de la prerrogativa de dirigir una historia cada año y ofrecer este serial, quizá por lo cuál hubo un exceso de metraje que debió ser limitado. En cualquier caso, la presencia de Vorg con sus monstruos, afirmando que los Drashing, fieros y temibles, eran los favoritos de los niños, la bronca del Doctor acusando a Vorg de no tener interés alguno por las personas dentro de su espectáculo siempre y cuando pudiera seguir sacándole dinero o a los alienígenas, o al tribunal de Inter Minor que pensaran en permitir que un entretenimiento basado en su sufrimiento tuviera un hueco en su planeta. Es decir, hacía un comentario meta sobre su propio programa, sobre la afición de los niños por los monstruos y lo grotesco de sus vivencias. Las discusiones en el tribunal, con Vorg defendiéndose, casi podrían pasar por declaraciones de Holmes / Letts sobre Doctor Who y su lugar en el imaginario colectivo.

Fuera de eso, podemos comprobar cómo Katy Manning había logrado dar de sí lo reducido de su personaje, logrando con su arrolladora simpatía hacerla un agente de campo más que competente, demostrando sus dotes para el escapismo en lo que venía siendo un running gag de su periodo como acompañante. Pequeños movimientos que servían para darle más profundidad a un personaje que parecía demasiado delimitado. Aunque estaba claro que no la iban a dejar expandirlo mucho más. Y que, de hecho, a Manning le quedaba poco aguante para seguir en la serie.

La siguiente historia estaba pensada para dar inicio a una trilogía que concluyera la décima temporada del Doctor por todo lo alto. Lamentablemente, los planes no se pudieron realizar como deseaban.

En Frontier in Space, de Malcolm Hulke, recuperamos al villano más característico de la etapa Pertwee, el Master. De nuevo, escondido tras una de esas tramas de manipulación que tanto le gustaban, manipulando a la Tierra a un conflicto armado contra Draconia, para lo que está usando nada menos que a los Ogrons, a los que vimos por última vez con los Daleks. La presencia de los Ogrons hace más extrañas aún las manipulaciones del Master, hasta que en el último capítulo se descubre que ha formado una alianza con los Daleks para destruir la Tierra y al Doctor. El enfrentamiento final lleva por un lado al Master y por otro a los Daleks, además de a un malherido Doctor retirándose a la TARDIS, rumbo a lo desconocido.

Originalmente pensado como parte de una historia mucho más larga, que incluía a los Daleks y al Master y terminaba con un eco de la relación que habían establecido entre el Doctor y su némesis Time Lord como una versión extraterrestre de Sherlock Holmes y el Doctor James Moriarty, ese serial definitivo se iba a llamar incluso The final problem. Por desgracia, durante la grabación de una película en Turquía, Roger Delgado muere en un accidente de tráfico. Un actor brillante que creó de la nada a uno de los villanos más perdurables de la historia del Doctor, que, debido a esto, no reaparecería hasta The Deadly Assassin, en la temporada 14.

Por cierto, Jo vuelve a demostrar su hartazgo cuando le hacen llevar el té con pastas al personal de UNIT, lo que ella aprovecha para quejarse de que cuando la enchufaron ella pensaba que viviría una vida de misiones secretas al estilo James Bond, al que termina comparando con el Brigadier —obviamente, también el acerado militar de la primera temporada de Pertwee ha terminado convertido en una suerte de Papá Comandante—, por lo que no sorprende saber que al comenzar la grabación del siguiente serial, Manning avisó al equipo de producción de que tenía intención de largarse al final de temporada.

Pero lo importante en ese momento era saber qué pasaba con el malherido doctor, pues así continuaba el cliffhanger del anterior serial, con la persecución de los Daleks y un argumento posterior que recaía en su creador, Terry Nation, que modelaría este Planet of the Daleks a partir de la primera aparición de los saleros malignos, funcionando como una suerte de secuela directa de lo que allí pasó al recuperar a los Thals después de que el Primer Doctor les hubiera dejado. Al fin y al cabo era la primera vez que Nation regresaba a sus criaturas desde el episodio navideño de la tercera temporada. No era el único punto en común con la etapa clásica, pues su director, David Maloney, llevaba sin colaborar con Doctor Who desde el final del Segundo Doctor, con The War Games.

En esta ocasión el Doctor y Jo se encuentran con los Thal, que les avisan de que ahora los Daleks también pueden hacerse invisibles. Esta vez usan una plaga en lugar de la famosa bomba y, de nuevo, los Daleks terminarían atrapados en su ciudad al final de la misma. Muchas son, la verdad, las coincidencias entre esa primera historia y esta continuación.

A los tres Daleks usados habitualmente se añadió la creación de varios más, completamente estáticos, además de alguna de las réplicas de juguete de la marca Louis Marx que ya habían utilizado durante el Segundo Doctor. Con todo, el jefe sería uno de los Daleks propiedad de Nation, usado para la película Daleks: Invasion Earth 2150AD y que se pintaría aquí de dorado para aparecer como Dalek Supremo.

Para la discusión sobre las ideas feministas de Letts y Dicks, obligaron a Nation a incluir a una Thal, Rebec, en uno de los papeles principales. Le convencieron diciendo que así se daría más variedad a la raza y permitiría a los telespectadores distinguirles mejor, pero es difícil saber si era sólo eso o realmente estaban presionando a favor del cambio. El otro cambio, a petición suya, que tuvo que realizar Nation fue una planeada masacre Dalek que acabaría con todos los Thal, algo que quisieron evitar, dadas las quejas sobre la violencia que manejaba la serie. Y quedan dudas sobre hasta qué punto Nation buscaba que las secuencias en la jungla fueran una referencia a la Guerra de Vietnam, algo que tanto Letts como Dicks negaron que fuera idea suya. Por cierto, no están en esta ocasión en Skaro sino en otro planeta en le que la lucha entre Daleks y Thals continúa aún. E incluso el Doctor hace notar las similitudes con lo que le ocurrió en Spiridon durante The Dalek Invasion of Earth.

Tras lo ocurrido con Delgado y ante la marcha de Katy Manning, hizo falta improvisar un poco en el final de temporada, así que eligieron la historia The Green Death de Robert Sloman y Barry Letts le hizo un par de cambios.

Es notable la marcha de Jo Grant porque su personaje, habitualmente menospreciado por llegar como una enchufada y por venir detrás de la enorme Dra. Liz Shaw, explica desde el principio que ha decidido dejar UNIT. De manera que todo lo que ocurre después, incluida la aparición de un hombre con el que terminará casándose, no es sino una muestra del esquizofrénico tratamiento que sufrió el personaje. Con una parte pugnando para funcionar como mujer liberada mientras el otro se empeña en reconducirla por las representaciones clásicas de la mujer en la televisión.

Todo comienza con una mina abandonada, sigue con gente pintada de verde fosforito, continúa con larvas gigantes y muestra una inclinación por los temas del conservacionismo y la ecología que incluyen vertidos de una empresa llamada Global Chemicals y un villano en las sombras conocido como BOSS.

Todos estos temas quedan ensombrecidos por la auténtica trama importante, la marcha de Jo, que deja a un perplejo Doctor que exclama: “I’m offering you the universe” sin entender por qué le abandona. De hecho, se irá a trabajar para el Profesor Cliff Jones —interpretado, por cierto, por Stewart Bevan, el novio de Manning en aquel momento—, del que antes de conocerlo ya sabemos que es un experto en hongos y que ha ganado el premio Nobel. De esa forma es mayor la sorpresa al descubrir que es un joven de unos veinticinco. Más aún, es un sabio un poco excéntrico y muy inteligente de forma que, como señala Emma Nichols en Chicks unravel time, nos están dejando bastante claro que Grant deja al Doctor por su versión joven —y humana—. Una vez salvado el mundo, el Doctor querrá hacer las paces con ellos regalándoles un cristal del planeta Metebelis III, el planeta al que parecía que nunca conseguían viajar, otro running gag de la temporada.

La salida de Jo ofrece también una idea del tratamiento del romance entre el Doctor y su companion. Frente a las situaciones post-relanzamiento en 2005 aquí tenemos un uso más sutil de ese compañerismo con complicidad malinterpretable que evoca, a su vez, a otro de los referentes de esta etapa: Los Vengadores, donde sacaron a Diana Rigg, la siempre memorable Mrs. Peel de la serie, despejando su falsa viudedad al traer de vuelta a Peter Peel, que tenía una pinta sospechosamente similar a la de Mr. John Steed / Patrick Macnee.

De manera que Grant cuenta entre los personajes que abandonan al Doctor por una boda pero, como vemos, no es esa una interpretación exacta sino, más bien, la forma de encerrar dentro del cliché una salida de la serie para un personaje femenino que, de nuevo, estaba cansada de servir para pasar tubos al Doctor y decirle lo listo que era. Tardaríamos casi cuarenta años en volver a ver a Jo Grant actuar en el whoniverso.

Esto implicaba que para la siguiente temporada hacía falta una nueva companion, especialmente dada la progresiva pérdida de relevancia de UNIT en la serie. La elegida para el papel fue Elisabeth Sladen, para que interpretara a un personaje que iba a estar entre la Dra. Shaw y Jo y que mostraría un interés por el feminismo y serviría, a la vez, como elemento de debate. Pero expliquemos antes cómo la introducen en la serie.

Será en The Time Warrior, la primera historia de la temporada en la que, por cierto, se dirá por primera vez que el nombre del planeta del Doctor se llama Gallifrey. También será la primera vez que veamos el famoso logo con forma de diamante que caracterizaría la etapa Baker en el personaje. Finalmente, serviría para presentar a otra de esas razas alienígenas que se han ido manteniendo a lo largo de la historia del Doctor, los Sontaran, obra de nuevo de Robert Holmes, que tendría que situarlos en un castillo medieval por idea de Terrance DicksHolmes se la devolvería cuando los papeles se invirtieran en la temporada 15, haciéndole escribir una historia en un faro—. Durante los cuatro capítulos de The Time Warrior comenzaríamos con UNIT encomendándole al Doctor la investigación de unos científicos desaparecidos en un instituto de alta seguridad, con la inestimable colaboración como acompañante del Brigadier; el culpable resulta ser otro viajero temporal. En su persecución hasta la Edad Media no se da cuenta de que Sarah se ha colado en la TARDIS buscando escribir una enorme historia, al más puro estilo de Lois Lane. El alienígena, un sortaran, está tratando de arreglar su nave espacial aunque para ello tenga que manipular la historia de la Humanidad, alterando su futuro.

La siguiente historia, Invasion of the Dinosaurs, conocida en su primer capítulo como Invasion para no chafar la sorpresa, es otra de las historias medioambientales del Doctor, obra en este caso de Malcolm Hulke y que comienza, teóricamente, con el final de la anterior, ya que al regresar a Londres desde la Inglaterra medieval, el Doctor y Sarah descubren que están apareciendo dinosaurios debido, en esta ocasión, a una máquina que revierte el estado de la ciudad a tiempos prehistóricos como parte de un plan ludita. Se tata de un serial simpático en el que lo más destacable son los efectos especiales, particularmente la simpática animación de los dionsaurios, y a que se presenta el comúnmente conocido como Whomobile que, a diferencia de Bessie, no es un coche sino un hovercraft. Quizá lo más sorprendente del serial sea descubrir que uno de los hombres de UNIT, en un arrebato de conciencia ecológica, ha decidido traicionar a la unidad facilitando este plan. No hay giros a enemigos exteriores, sólo gente que cree estar haciendo lo mejor y que es tratada en consecuencia.

Este episodio también significa la llegada extraoficial de Robert Holmes al puesto de jefe de guionistas, si bien Terrance Dicks no dejaría de manera efectiva el puesto hasta el final de la temporada. Holmes, que llevaba años colaborando esporádicamente, se enteró de que Dicks planeaba dejarlo y se autopostuló ante Letts y la oficina de producción, que no dudaron en aceptarle. También tras las cámaras había otro dato curioso, pues estamos ante el primer serial dirigido por una mujer desde 1965, Massacre of St Bartholomew’s Eve, en ambos casos por la misma Paddy Russell.

El final de la historia marca, además, el punto en que podemos decir realmente que Sarah Jane Smith comienza a ejercer como acompañante, pues en el anterior serial era sólo una polizona y todo éste se lo pasa más por las circustancias de su regreso a Londres que por interés por parte del Doctor. No será hasta el final de la historia, con el Doctor ofreciéndose a enseñarle las maravillas de Floriana, que quedará establecido su nuevo papel. Un truco que pasaría a utilizar en el futuro en sus encarnaciones novena o décima. La excursión a Floriana acabaría llevándoles a la siguiente aventura.

Death to the Daleks está guionizada por Terry Nation y no creo que haga falta que os diga quiénes son los villanos de esta historia. Aquí el Doctor saca por primera vez fuera de la tierra a Sarah, aunque sea sólo para que acaben junto a una expedición del Cuerpo de Marines Espaciales y un escuadrón de Daleks atrapados en el planeta Exxilion, rodeados de nativos furiosos y con una misteriosa ciudad perdida como única solución posible.

Como parece demostrar esta sinopsis, en un primer momento no estaba prevista la presencia de daleks en la historia, pero Barry Letts y un aún flotante Terrance Dicks consideraron que había que aprovechar la popularidad de los bichos, ya que Nation iba a encargarse del guión. Y siguiendo la progresión de mujeres interesantes, la experta científica de los Marines, Jill Tarrant, tendría un papel pequeño pero decisivo. También se trata del último serial que tuvo episodios perdidos en la historia de Doctor Who. A partir de aquí se guardarían sin problemas. También es la última vez que aparecerían los daleks sin estar de por medio Davros durante todo lo que durara la serie clásica.

Enfilando ya el final de la temporada, los dos seriales que quedan son ejemplos magníficos del buen nivel de esta etapa, comenzando por The Monster of Peladon, con guión de Brian Hayles y que funciona en parte como secuela de The Curse of Peladon, con el Doctor decidiendo comprobar cómo le va a la gente cincuenta años después de su última visita para descubrir que están en mitad de un conflicto minero. La historia demuestra ser toda una parábola de múltiples lecturas y que funciona en espejo con la época en la que se creó, sirviendo como clarísima metáfora de los problemas mineros, la brutalidad policial, el desconcierto de los gobernantes, así como un alegato pro-sindical y pro-feminista. Casi nada.

A su regreso a Peladon, el Doctor encuentra en el trono a la Reina Thalira, hija del difunto Rey Peladon. La nobleza de Pel está en negociaciones tensas con los mineros y, de nuevo, su deidad/monstruo Aggedor está atacando y matando gente, mineros en este caso. En el sindicato las cosas no están mucho mejor, con un pro-negociación, Gebek, y un exaltado, Ettis, disputándose el control del sindicato. Todos estos bandos acabarán uniéndose a regañadientes cuando la Federación Galáctica, necesitada del trisilicato que sacan los mineros, decida enviar tropas para garantizar la producción, tropas que tendrían aquí la función de antidisturbios pero que resultan ser encomendadas a los Ice Warriors. Lo que casa con los antidisturbios tradicionales, por otro lado.

El enfrentamiento ente los mineros y los Ice Warriors preocupa ala reina aunque complace a los nobles, que notan demasiado tarde que a estos alienígenas su seguridad o comodidad le da bastante lo mismo. Todo ello mientras el Doctor trata de descubrir qué hay detrás de las apariciones de Aggedor, mientras Sarah convence a la Reina Thalira de que debe imponerse a los nobles, con un discurso a favor de la liberación femenina y una frase que será citada frecuentemente al hablar del personaje:

“No hay ningún “sólo” en ser una chica.”



O en inglés: “ There’s nothing “only” about being a girl “. Curiosamente, esta misma defensa sirvió para que se dijera que es una feminista de papel sólo, que lo proclama pero luego no lo cumple, que no hacía falta que a la gente de Pel le tuviera que ser recordado esto, mucho menos a los ingleses —en serio, por lo visto tener una reina durante unas cuantas décadas sirve para algunos para convertir a sus súbditos en concienciados—. Y es que la trama minera no es más que una evolución de las tramas de “enemigo exterior influyendo en los honrados mineros”, sugiriendo que, si los mineros se rebelaban, no era por las malas condiciones sino por la influencia de los comunistas. Una afirmación cuanto menos discutible: los mineros dejan de trabajar, no por explotación laboral habitual, sino porque los nobles insisten en que sigan trabajando pese a haber una bestia suelta que les está matando. Eso es lo que provoca el conflicto entre las partes. Si no es una muestra de insensibilidad por parte de la nobleza/patronal enviar a morir a sus trabajadores, no se me ocurre qué puede serlo. Y si bien son extranjeros traidores los responsables de lo sucedido, tampoco parece que destruir a los mineros pudiera ser una finalidad en sí para ninguno de los grupos implicados. Desestabilizar el trono para ocuparlo o hacerse con el control del sindicato minero, incluso quitárselo de en medio, son ideas posibles y manejadas, pero que palidecen en el contexto de guerra fría que Peladon ha evocado siempre.

Y si Sarah Jane llega a decir, creyendo muerto al Doctor, que “eso es lo que el Doctor solía decir. Siempre hay una oportunidad. Porque mientras hay vida…” el siguiente iba a terminar incluso con eso.

Planet of the Spiders será la última historia de la época Pertwee / Letts / Dicks. Pese a lo cómodos que parecían los tres, ya hemos visto que Dicks se estaba desvinculando a favor de Robert Holmes. Además, Pertwee había pedido un aumento en navidades del año anterior que había sido rechazado, decidiéndole a abandonar la serie y poniendo en marcha el clásico mecanismo renovador de ésta, en este caso permitiendo tejer una historia con retales del pasado.

El cristal azul de Metebelis III que el Doctor regalara a Jo por su boda resultará ser el último componente que una raza de arañas gigantes necesita para dominar el universo. Conocemos al viejo mentor del Doctor, del que ya se nos había hablado durante el año del Master, y veremos un repaso a muchos de sus temas, desde los ambientales hasta la cercanía con James Bond en una persecución que le llevará a usar a Bessie, el Whomobile, un coche de policía, un girocóptero y una lancha.

También los monstruos gigantes, que aquí serán representados de una manera deliberadamente falsa; las arañas —que remiten muy claramente a la aracnofobía, además de a los clásicos cincuenteros de animales gigantes— están realizadas de una manera que no puedan parecer realistas sino risibles, sin voluntad alguna más allá de la de maravillarse ante su misma existencia. Evitando, así, las previsibles quejas ante una nueva creación monstruosa que ya hubo con las larvas gigantes de The green death, de la que se toman tantas ideas y conceptos que casi podríamos decir que ambos finales de temporada están conectados entre si.

No sólo eso; con su previsible partida, Barry Letts decidió que Planet of the Spiders sirviera también para recordar sus propias ideas budistas, que aparecerían incorporadas mediante un centro de meditación que forma parte de la trama y que servirá para recuperar al personaje de Mike Yates. A su vez, Sarah Jane Smith tiene una aproximación a la historia completamente independiente y ejerciendo de periodista, como un complemento de lo que sería la línea argumental del Doctor. Quien, a su vez, nos mostrará no sólo su fobia a las arañas, sino también la interpretación psicológica detrás de toda esta historia, con las arañas como elemento del subconsciente y el ansia de conocimiento del Doctor como aquello que acabará causando su muerte. O, como se dirá por primera vez en pantalla, su regeneración. Y es que ya lo dice el Brigadier: “Allá vamos de nuevo.”

Jónatan Sark | 15 de abril de 2013

Comentarios

  1. E. Martín
    2013-04-18 20:14

    Así que los Time Lords esos son inmortales y a raiz de un accidente por un experimento que los demás no aprobaban uno de ellos quedó prisionero en un universo de antimateria y acabó convertido en su archienemigo ¿eh?

    Pues no, no me suena a nada que haya leido en ningún lado ni antes ni después. Y no se me caen los anillos por reconocerlo…



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