Libro de notas

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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Terrestrizado UNITero Jon Pertwee

Lo último que habían visto los telespectadores del Doctor al final de su sexta temporada era esa escena, lo primero que vieron de él en la séptima fue esto otro:

¿Cómo se había llegado a un cambio tan radical? Y, sobre todo, ¿qué más había cambiado y por qué?

Los datos de audiencias de la temporada sexta habían sido un desastre, la salida de Innes Lloyd y la falta de dirección posterior por parte de Peter Bryant habían dejado a la serie en un punto incluso más bajo del que se encontraba al final de la tercera temporada, de modo que la salida programada de Patrick Troughton, que había logrado que le acompañara Frazier Hines hasta el final de la temporada, sirvió de excusa para realizar una reinvención completa de la serie cuya primera piedra se colocó con el final de esa sexta temporada, con Terrance Dicks ocupando el cargo de jefe de guionistas a mitad de la misma para rematar en The war games con una historia que explicaría ese nuevo punto de partida. Con Barry Letts ocupando el puesto de productor a partir de la segunda historia de la temporada, permitiendo que Derrick Sherwin hiciera de bisagra entre la etapa de Bryant y la de Letts.

La decisión era tratar de modernizar el concepto, meter al Doctor en los años ’70 y ponerlo en consonancia con lo que entonces se llevaba. Para ello se ofrecería por primera vez una emisión en color. Como medio de evitar que se disparara el presupuesto en exceso se decidió que la temporada durara la mitad, en vez de los cuarenta y pico episodios anuales se reducía a unos veinte. Además, se trataría de abaratar en costes aprovechando que con el color se podía usar la técnica del fondo azul para mejorar los efectos. También como parte de estas ideas está la sentencia al final de The war games, el Doctor pasaría a estar confinado en la tierra, con una TARDIS que no podría viajar y una mayor supervisión de los Time Lords.

Con un Doctor más terrestre llegaba también la posibilidad de acercarlo más aún a los registros de dos de los éxitos del momento, Los vengadores y James Bond. El Doctor pasaría a ser un hombre de acción, asociado a una organización gubernamental casi-secreta que le proporcionaría un ambiente propio con un reparto de secundarios y un par de companions. Y, pese a todos estos cambios, Doctor Who supo conservar su magia y aproximarse a temas contemporáneos ofreciendo una visión distinta y a un personaje con estilo propio.

Esto lo vemos desde el primer capítulo de la séptima temporada, la importancia de UNIT llega a ser total, apoyada por la posibilidad de un Doctor en periodo de aclimatación tras su cambio que les permite ese tiempo extra en pantalla durante el cuál pueden explicar sus funciones, separarse de las agencias de espionaje, refrescar la memoria sobre el Brigadier, presentar a la Doctora Liz Shaw y ofrecer algunos datos extras sobre la extraterrestricidad del Doctor como los famosos dos corazones o la sangre incompatible con los humanos.

En cuanto al elegido para esa Tercera Encarnación, el elegido fue propuesto por Bryan, de la misma manera que Troughton venía de hacer papeles de secundario con cierta seriedad aquí escogieron a un actor conocido por un serial radiofónico cómico, The Navy Lark, en el que interpretaba a múltiples personajes. Sus dotes cómicas eran tan conocidas que se pensó que intentaban hacer una aproximación al Segundo pero nada más lejos, aquí nos encontraríamos con un hombre originalmente sin companions a los que entretener y que jugaría la carta del aventurero aunque, ciertamente, sin perder nunca el sentido del humor.

El tono, por su parte, sería también más oscuro. Las amenazas se apartarían de la ciencia, de los Daleks y Cybermen, para centrarse en nuevos monstruos que permitieran dobles lecturas. Especialmente en la primera temporada de Pertwee.

También sería todo un cambio el personaje de la doctora Elizabeth Liz Shaw, interpretado por Caroline John, una mujer profesional y con ideas propias que será la primera companion en seguir el modelo de Barbara Wright, llevándolo incluso más lejos, pues será seleccionada para trabajar en UNIT por tener todos los doctorados posibles y no dudará en enfrentarse a sus superiores cada vez que cree tener razón. Contratada originalmente para el departamento científico, acabará actuando como ayudante del Doctor. Bueno, ayudante, Liz chocaría con él en ocasiones, pese a lo cuál existía un respeto intelectual mutuo. Como señala Mags l. Halliday en su artículo para Chicks Unravel Time, la Doctora Shaw puede ser punzante, especialmente con el Brigadier, por ejemplo, cuando este le asegura que no puede ir a las cuevas con los Silurians ella dice: ¿Ha oído usted hablar de la emancipación femenina? , cuando le pide que conteste al teléfono le responde: Soy un científico, no un chico de los recados, y cuando el Brigadier le sugiere un tratamiento para un comatoso Doctor le pregunta si recuerda que resulta que soy médico. A lo largo de la temporada demostrará que no es un doncella en apuros que se dedica a gritar y a pedir que alguien haga algo por ella sino una científica que al enfrentarse a un problema busca una manera de abordarlo para resolverlo. Y, en contra de otras críticas que surgieron al personaje por ser demasiado arisca, hay que decir que cuando cree que el Brigadier o el Doctor tienen razón también se la da, tratará de convencer al otro, e incluso manipularle si fuera necesario, para que se haga lo que ella considera correcto. Por cierto, serán pocas las veces que se refieran a ella como Doctor, teóricamente no por hacerla de menos sino para evitar la juerga que sería tener a dos Doctor a la vez.

Todas la piezas empezarán a juntarse en Spearhead from Space, primer serial y aún de transición. En el que veamos como el Doctor llega a una especie de acuerdo con UNIT, y es que frente al Bond o Steed aquí se trabajaría junto a pero no para, el puesto será de entera libertad —facilitando también que cuando lo desearan pudieran cerrar esta colaboración— y presentando una rebeldía habitual en el Doctor frente a la forma de comportarse de la organización. Se pasará toda la temporada tratando de hacerse a la idea de que está atrapado en la Tierra, pero no habrá un arco argumental propio aunque sí la presentación de numerosos enemigos por tratarse de la primera vez en que no hay ningún enemigo que vuelve a hacer aparición. Todos serán nuevos y algunos llegarán para quedarse. Como los que están detrás de esta primera historia, de fuertes lazos con Los vengadores, pues junto a la llegada del Doctor nos presentaba la amenaza de la Consciencia Nestene que controlaba mentalmente a las formaciones plásticas conocidas como los Autones. Una historia de agentes infiltrados y extraños maniquíes y muñecas asesinas, con sustituciones y secretos que sirve como presentación perfecta de lo que sería la temporada.

También tiene la peculiaridad de que, debido a una huelga, fue filmada en su totalidad en rollo de película, dándole un aspecto más cinematográfico. Por cierto, la explicación que da el Brigadier a Liz durante su primera entrevista para justificar que los extraterrestres hayan sentido cada vez más interés por la Tierra es prácticamente la misma que daría el Décimo Doctor a Harriet Jones años después, igual que repetiría la respuesta a la pregunta que la Dra. Shaw le hace sobre en qué es Doctor: Prácticamente en todo .

Curiosamente la siguiente historia, con el espantoso título Doctor Who and the Silurians —Nombrando al Doctor por la serie en un fallo poco habitual. Tan poco que no se volverá a repetir… en la serie de televisión— no sólo nos presentaría a otra nueva especie, los Silurios, además procuraría buscar un nuevo giro al decirnos que se trata de una civilización que estaba antes, mucho antes, y que sale ahora para tratar de recuperar lo que es suyo tras ser despertados por unas pruebas nucleares. Esto llevará a un enfrentamiento que acabará con el Brigadier destruyendo la base siluria para espanto del Doctor, y aunque Liz sugiera que pudieron ser órdenes directas del Ministro, el Doctor no puede perdonarle con facilidad ni justificar el cumplimiento ciego de las órdenes.

Por otro lado, además de la presencia de Paul Darrow, que sería Avon en Los siete de Blake, destaca los cameos del equipo de producción, incluyendo a Barry Letts y Terrance Dicks pero, sobre todo Trevor Ray como uno de los infectados por un virus silurio utilizado para deshacerse de la humanidad. Sí, pruebas nucleares, bioterrorismo, debate sobre la pertenencia de la tierra y sobre obedecer órdenes, este es otro serial clásico. Y por introducir a Bessie, el coche clásico que el Brigadier Lethbridge-Stewart le consigue al Doctor para que se desplace mientras su TARDIS no pueda moverse.

Más oscuro aún es el siguiente serial, The Ambassadors of Death, escrito por David Whitaker en teoría pues una vez entregado tuvieron que retocarlo Trevor Ray y Malcolm Hulke, lo que también contribuyó a que decidiera dejar de escribir para la serie. Una de las novedades es que, pese a incluir alienígenas los villanos de esta historia son todos humanos. Más aún, son humanos en posiciones de alto nivel. Un general, un jefe científico e, incluso, un ministro. La idea detrás vuelve a mostrarnos esa faceta oscura y remite, además, a la primera serie de Quatermass en la que un astronauta regresaba a la tierra remplazado por una forma de vida alienígena, salvo que aquí el engañado es el público. El encuentro con esos extraterrestres es utilizado por los mandos de Reino Unido para preparar una guerra con la que enriquecerse y subir puestos en sus respectivas secciones. Una guerra pública preparada por poderes secretos que nos gobiernan públicamente. Esto sirve también para poner en perspectiva a UNIT como una agencia necesaria y útil, puede que el Doctor no le perdonara al Brigadier la destrucción de la base Siluria pero, desde luego, pero está claro que es una persona íntegra que lo hizo por considerarlo lo correcto. No es el único miembro de UNIT que tenemos, Benton aparece ya con el rango de sargento, y también aparecen nuevos uniformes conformes con una idea de dar a la serie una ambientación en un futuro cercano.

Todo esto nos lleva al último serial de la primera temporada de Pertwee, y una de las historias fundamentales de esta etapa: Inferno. Una historia especial por muchos motivos pero, sobre todo, por introducir el concepto de multiverso, el Doctor viajará a un universo espejo en el que el Brigadier es el malvado líder de un UNIT autoritario con muchas resonancias a 1984, en el que, además, se presentan versiones que han ido mal de las anteriores aventuras conjuntas, además, permitía a los actores interpretarse en versiones malvadas de los mismos, algo que divirtió tanto a Caroline John, que aseguraba que era mucho más divertido interpretar a la Liz Malvada que a la normal. En cuanto a Nicholas Courtney, su versión del Brigadier sin bigote y con una cicatriz que le surca la cara pero, sobre todo, con parche. Un parche que se convirtió en toda una seña de identidad de estos episodios, y un motivo de homenaje a la muerte de Courtney por el equipo de producción del Undécimo Doctor. Sin embargo las características oscuras fueron tan pronunciadas que se decidió darle un giro para la siguiente temporada. Un giro que se venía preparando desde el anterior serial en el que se había decidido que había que reemplazar a Liz Shaw, ni Caroline John estaba disfrutando especialmente de su estancia, con varios choques con el equipo técnico y artístico sobre el personaje en los que necesitaba apoyarse en Jon Pertwee o convencer a Terrance Dicks, que tenía una aproximación ambivalente al feminismo, o incluso a Barry Letts, a quien todo eso le daba un poco lo mismo mientras se pudiera sacar adelante el programa. Que podría parecer sencillo pero la BBC no estaba muy convencida de renovarla por una octava temporada, así que hubo que prometer un cambio general.

Pero el problema de darle un cuerpo de secundarios de su nivel es que se perdía la figura juvenil a la que el Doctor explicaba las cosas, que metía la pata facilitando una extensión de la historia, alguien que se mostrara más agradable, además, para que el público pudiera sentirse más cercano. Y así, la afilada lengua de la Doctora Liz Shaw tenía que decidir volverse a Cambridge.

No es sólo un asunto de género, el Brigadier dejaría de ser un militar con visión de futuro, algo cuadriculado pero capaz de establecer planes de acción, a ser poco menos que un Papá Comandante que enfrentarse al Doctor, mientras que el Sargento Benton pasaría a un papel de buen muchacho al que se añadiría el Capitán Mike Yates, todos ellos con un nuevo uniforme de un color menos espantoso, un verde militar. Eh, incluso el gran enemigo parecería más cómico. Si en la temporada séptima Doctor Who había dado un paso adelante en la siguiente decidió explorar la faceta más cómoda.

De hecho, la octava temporada empezó con Terror of the Autons, de nuevo los Autones y la Consciencia Nestene, de nuevo Robert Holmes a los guiones, como una suerte de remake del inicio de temporada anterior. Solo que esta vez UNIT sería una familia feliz con el Brigadier, el Capitán Yates y el Sargento Benton. La nueva asistente del Doctor sería Jo Grant, una jovencita muy newagera, todo sonrisas, positivismo y algo de cabeza hueca… que ha sido enchufada ahí por su tío. Algo que hace que el Doctor proteste ante Lethbridge-Stewart por su falta de preparación y que lleva a este a dar una de las definiciones de sus acompañantes más cierta y, a la vez, descorazonadora, una suerte de disculpa que sirve también como ruptura de la cuarta pared: “Tonterías, lo que necesita, Doctor, como Miss Shaw solía señalar, es alguien que te pase los tubos de ensayo y te diga lo brillante que eres.”, poco a poco Katy Manning iría mejorando el personaje, pero de eso también iremos hablando.

La otra novedad en este primer serial era Roger Delgado interpretando a un nuevo Time Lord renegado, The Master, que serviría como contrapunto al Doctor toda esta temporada, generalmente trabajando entre bambalinas. Pese a lo cuál pronto llegarían las primeras confrontaciones porque para eso aparecería un Time Lord sin nombre a contarle que su antiguo amigo y habitual enemigo estaba ahora en la Tierra. E, incluso, introduce la ciudad de Tarminster. Delgado interpretaría a poco menos que un villano de tebeo, de tira de prensa, con sus ojos que hipnotizan, sus planes locos y argucias maquiavélicas pura Guerra Fría sobre todo en lo que a corromper a otros se refiere. Algo que está más claro aún en The Mind of Evil.

En ese serial se nos muestra no sólo a UNIT más como equipo de seguridad que como investigadores de lo desconocido, también como una rama más bondiana —incluyendo el uso innecesario de todo tipos de máquinas, como helicópteros, que hicieron que el director de los mismos, Timothy Combe, se pasara tanto de presupuesto que nunca más fuera llamado por la serie— sobre todo porque aquí el Master presenta una máquina maligna e invención propia la Máquina Keller que se nutre de los impulsos más oscuros de la gente que se supone que debería servir para corregir a aquellos que se hayan comportado mal, una curiosa referencia a La naranja mecánica, pero que tiene uno propósito oculto y puede llegar a proyectar sus propios miedos.

Pero el planeta Tierra estaba empezando a quedarse pequeño, de modo que para la siguiente historia, The Claws of Axos, los guionistas Bob Baker y Dave Martin cuentan la historia de la llegada de los Axos, una raza de alienigenas de aspecto humano y caras doradas que resultan ser, en realidad, unos peligrosos extraterrestres decididos a dragar la energía de la Tierra, eso pretenden hacerlo creando duplicados de destacadas figuras políticas para ponerlas a su servicio, al más puro estilo de los Ultracuerpos, y pactando con un poco convencido Master, que preferiría quedar como único jefe. Además, pronto se descubre que esa imagen proyectada por los Axos esconde en realidad a una raza de extraterrestres que parece estar compuesta por… spaghetti a la boloñesa antropomórficos. Unos villanos memorables que, pese a sus poderes y duplicidad no han sido aún usados de nuevo en televisión. Por cierto, esta historia muestra al Doctor aliándose con el Master para deshacerse de los Axos, engañándole para que repare su TARDIS y así poder ir al planeta de los alienígenas para destruirlos, para después descubrir que los Time Lords han hecho que la TARDIS regrese siempre a la Tierra, como si fuera un yoyo. La acción conjunta de las TARDIS del Master y el Doctor logra encerrar a los Axos en una espiral temporal

Como la TARDIS ya ha logrado cierta autonomía se justifica que en Colony in Space, tras otra aparición del servicio de avisos de los Time Lords van a contarle que el Master tiene los planes de su Arma del día del juicio y que está dispuesto a usarlo en un planeta, así que le dejan viajar hasta allí para impedirlo y, a la vez, mediar entre los miembros de una explotación agraria y una malvada empresa minera en la que sería la primera referencia setentera a la situación de los mineros. Una aproximación a uno de los grandes problemas candentes del Reino Unido de la década que sería tratada con más extensión en los seriales de Peladon. La segunda parte de la referencia, según Malcolm Hulke, autor del guión, era la forma en que las empresas de los colonos americanos trataban a los indios nativos americanos. Como vemos había mucho tema social que utilizar.

El final de la octava temporada y, de alguna manera, de este arco del Master que se había inventado Barry Letts para mantener enganchados a los espectadores durante toda la temporada. Y lo hizo con una auténtica rareza, The Dæmons, en el que se unía una historia de cultos religiosos paganos escondidos en la Inglaterra rural, la idea de la influencia demoniaca que más tarde sería figura central del cine fantástico setentero, y la idea ya presente en Quatermass and the pit de que los ángeles y demonios pudieron ser razas extraterrestres que intereactuaron con los humanos hace siglos. En este caso el Master se hacía pasar por un vicario que podía convocar a un poderoso demonio, Azal, cuando la verdad es que sólo era un miembro de los Daemons que se traía a la Tierra para ejecutar sus planes. Toda la parte religiosa causo cierta controversia, con el canal prohibiendo que se mencionara explícitamente a Dios en los diálogos pero permitiendo hablar del Demonio. También la destrucción final de la iglesa —mediante una maqueta— llenó el canal de llamadas que pensaban que se había hecho volar una iglesia de verdad. Y, hablando de explosiones, aquí los puntos de unión con James Bond llegan al máximo pues para mostrar la explosión de un helicóptero se utiliza una escena de Desde Rusia con amor. También la frase del Brigadier ordenando disparar “Al tipo con alas, cinco rondas rápidas” se convirtió en una expresión popular. La aparición de la BBC 3, aún inexistente, para demostrar que era el futuro cercano sirvió también para crear una cierta apariencia extraña vista hoy en día.

Durante toda la temporada las audiencias habían seguido subiendo y la situación parecía estable, Letts, Dicks y Pertwee estaban cómodos así que comenzaron a preparar la novena temporada que iba a dar paso a algo realmente especial. De manera que decidieron empezar la novena temporada por todo lo alto y así, cinco años más tarde, llegó…

Day of the Daleks. Sí, los Daleks volvían, aunque el resultado de ese regreso no le gustaría al equipo artístico, con Jon Pertwee y Katy Manning citándolo como uno de sus peores trabajos, a los espectadores suele entusiasmarle —como demuestra que es la historia del Doctor que más versiones domésticas ha tenido— por lograr reunir los anteriores motivos de las apariciones Dalek dentro del contexto de los años UNIT, añadiendo una subtrama política y otrade viajes temporales. Bien es cierto, como señalaba Pertwee, que había pocos Dalek como para crear terror, tanto que en 2011 se volvieron a filmar las escenas del ataque a Auderly House para hacerlas más creíbles.

El uso del viaje en el tiempo por parte de una entidad diferente a los Time Lords como desencadenante de la acción le dio también un encanto especial. La historia de cómo una conferencia de paz mundial sufre el ataque de un grupo de guerrilleros que se desvanecen en la nada. Esa es la excusa para que UNIT sea elegida para defenderles. Y cuando estén allí, con el Doctor y Jo, no sólo reaparezcan los guerrilleros sino, además, una raza de gorilas humanoides, los Ogrons para enfrentarse a ellos. El Doctor logra descubrir que la guerilla viene del futuro, de uno al que logra viajar gracias al mismo procedimiento suyo, en el que los Daleks han esclavizado —una vez más— a la raza humana y les tienen confinados en algo cercano a los campos de trabajo, con uno de los suyos, el Controller, como enlace entre los dos. Este personaje trata, desde el principio, de minimizar su papel en la existencia del imperio Dalek. Tratando de explicar el contexto que lo justifica.


Controller : No lo entienden. Nadie que no haya vivido estos horribles años puede entenderlo. Hacia el final del Siglo XX, una serie de guerras empezaron. Fueron cien años en los que no hubo nada sino destrucción y muerte. Cerca de siete octavos de la población mundial murieron. El resto vivía en hoyos en el suelo, hambrientos, reducidos prácticamente a ser animales…


Esta nueva referencia a los Nazis sirve para que el Doctor discuta con el Controller sobre lo correcto de su proceder, y que el Doctor discuta con él sobre la situación a la que han llegado a acostumbrarse.


DOCTOR: Bien, mejor que saltar al restallar de un látigo de un guardia de seguridad. ¿Dirige todas las fábricas como esta, Controller ?

CONTROLLER: Esto no es una fábrica, Doctor. 


DOCTOR: Ah… ¿Qué es entonces? Then what was it? 


CONTROLLER: Un centro de rehabilitación. Un centro de rehabilitación para criminales peligrosos.

DOCTOR: ¿Incluyendo viejos y mujeres e incluso niños?

CONTROLLER: Siempre hay gente que necesita disciplina, Doctor

DOCTOR: Vaya, ese es un punto de vista anticuado, incluso para mis standards .

CONTROLLER: Puedo asegurarle que este planeta nunca ha sido más eficiente, mejor dirigido en lo económico. La gente nunca ha sido más feliz o más próspera.

DOCTOR: ¿Entonces por que tienes que tener a tanta gente bajo control? ¿No les gusta a ellos ser felices y prósperos?



Y más adelante, cuando pregunta por la utilidad de los Ogrons y su presencia en la Tierra vuelve a hablarse de la animalidad:


DOCTOR: Cuando encuentro un régimen que necesita importar a formas de vida extraterrestre salvaje como guardias de seguridad comienzo a preguntarme quienes son los auténticos criminales.

JO: Esas criaturas no son salvajes en realidad.

CONTROLLER: Exactamente. Sólo son perros guardianes. Solo hacen lo que se les dice.

DOCTOR: ¿Quiere decir que no hay suficientes humanos por aquí que no seguirían sus órdenes ciegamente?

CONTROLLER: Eso no es lo que estoy diciendo.

DOCTOR: ¿No lo es? Entonces lo que está diciendo es que la completa población humana, con unas pocas excepciones remarcables como usted mismo, no valen más que para llevar una vida similar a los perros. ¿Por qué?



Tal y como vemos el Controller sigue la pauta de los lugareños que colaboraban con los Nazis, está claro y bien establecido que los Daleks son el equivalente a los Nazis en Doctor Who, pero aquí queda claro que le interesa no examinar a estos villanos; y de hecho, se cuenta que originalmente no iban a aparecer , que iban a estar sólo los Ogrons como una especie belicosa y autoritaria que iba a someter a la humanidad pero que luego Barry Letts pensó que sería buen momento para recuperar a estos villanos— sino a los que están a su alrededor. Como demuestra la otra parte, centrada en la guerrilla.

Porque esa guerrilla, ese trío guerrillero al mando de Anat, otra de las mujeres fuertes que veremos en estas temporadas, están tratando de acabar con las conversaciones de paz por considerar que será a partir de estas de lo que se creará la posibilidad de que sean invadidos por los Daleks sin caer en que lo que destrozará las negociaciones e iniciará esas guerras será la propia acción de la guerrilla, una cinta infinita de la que sólo podrá salvarles que el Doctor se haga cargo de la situación.

Igual que el Controller acaba reconociendo su error, y dando su vida para que se puedan cambiar las cosas, también los miembros de la guerrilla comprenden que son en parte responsables de esto que ahora se ve, incluso aunque ellos sean los primeros en haberlo sufrido. Logrando finalmente enfrentarse a los Daleks y Ogrons y lograr así que las conversaciones continúen rompiendo con el futuro del que vinieron.

En resumen, una historia interesante que usa a los Dalek para encontrar una nueva manera de hablar no sólo de la Guerra Fría, también una que hable de los problemas del autoritarismo y se pueda relacionar con la actualidad británica. Incluso aunque los Daleks entraran en el último minuto y Terry Nation se quejara de que no se había contado con él. Aunque las pruebas documentales de la BBC digan lo contrario, claro.

Ese centrarse en un giro a los problemas actuales será incluso más obvio en la siguiente historia. Como decía hace un rato The Curse of Peladon de Brian Hayles sería el siguiente punto de acercamiento a lo británico y si bien sería la siguiente aparición del planeta la que trataría del tema de las minas continuando lo visto en Colony in the space , aquí, en su lugar se hablaría de otro tema del momento.

El Doctor y Jo llegan al planeta Peladon siguiendo otro de los chivatazos de los Time Lords —como curiosidad, es el primer capítulo en mucho rato en el que no se ve la Tierra—, allí se juntan dos situaciones importantes, la coronación del Rey Peladon y la presencia de los delegados de la Federación Galáctica que están examinando la idoneidad del planeta para unirse a ellos. El Doctor reconoce a Ice Warrior entre los delegados y aprovecha para investigar. También demuestra el desarrollo de Jo, que ha ido mostrándose como una mujer de acción capaz de actuar como un miembro más de UNIT, y confía en ella para hacerse pasar por una princesa de la Tierra. En una historia bien llevada y con múltiples recovecos, se presenta una aventura de acción a la El prisionero de Zenda —salvo por la falta de un juego de dobles— a la que unir una historia en la que los malvados no son los enemigos tradicionales del Doctor como parece en un primer momento sino la propia gente de Peladon, alguno en sus más importantes cargos, que han decidido sabotear la llegada del joven rey y la entrada en la Federación Galáctica. Y eso remite directamente para los espectadores ingleses a la entrada en el Mercado Común Europeo, poniéndose muy claramente a favor de los que creían que era necesario crear lazos, incluso con los que parecían enemigos imperecederos.

Por su parte The Sea Devils fue la contribución de Malcolm Hulke al imaginario del Doctor a petición de Barry Letts y Terrance Dicks que querían una aventura relacionada con el mar. También querían el regreso del Master y de los Silurian en una historia similar a la de la anterior temporada. El que Letts hubiera logrado el apoyo de la Royal Air Force para The Mind of Evil le llevó a intentar lo mismo con la Royal Navy, aunque se mostraran más reacios e, incluso, enviaran a unos oficiales a investigar si un submarino que se mostraba se había realizado siguiendo unos planos secretos. Por lo visto a Delgado no le hacía demasiada gracia, bien por tener cierto temor al mar o a arruinar su traje, en cualquier cosa se nota que no estaba cómodo en estas escenas.

Pese a todo la historia continuó, aunque se les ocurrió que en lugar de sacar a los silurios se podía buscar a una raza smilar de criaturas del mismo periodo pero de vida submarina, ahí nacieron los Sea Devils, la nueva raza que sería manipulada por el Master para otro de sus locos e infructuosos planes. Curiosamene la historia, como solía pasar con Hulke, tenía un trasfondo de dilema moral al atrapar a la especie entre varias partes, con el Master, el Doctor y los humanos, cada cual presionando en su dirección. De manera irónica, aunque los tres traicionaran eran al final los humanos los que acababan causando una mayor destrucción.

Por cierto, esta sería la primera vez que Pertwee usara la que sería su muletilla “revertir la polaridad del flujo de neutrones”, aquí la dice al completo, algo que no volvería a suceder durante décadas limitándose en las siguientes apariciones a decir sólo parte de la frase, sabiendo, además, que el público sabría completarla.

Si hubiera que señalar algún punto álgido de la temporada en cuanto a relevancia, más allá de este universo, posiblemente el honor correspondería a The Mutants de Bob Baker y Dave Martin, con un punto de partida similar al de Colony in Space, salvo que la discusión sobre mineros/indios americanos pasa aquí a otra sobre el Apartheid y el final del Imperio Británico, centrándose tanto en la política segregacionista como en narrativas más antiguas como la de la historia del Primer Doctor The Savages. Y aunque el director Christopher Barry tratara de acentuar los elementos de ciencia ficción por encima de la alegoría e, incluso, produjera un capítulo con un inicio que parecía un homenaje al It’s… de los Monty Python, la potencia de la historia, de nuevo con el Doctor y Jo al servicio de los Time Lords, esta vez para llevar un mensaje al planeta Solos. Allí descubrirán que el Marshal se encuentra enfrentado a uno de los los solonios por la integración de una raza de mutantes, algo a lo que el Marshal se niega pese a que estos sean en realidad los pobladores originarios. La fama de la historia fue tan grande que Salman Rushdie la mencionó en Los versos satánicos como ejemplo de actitudes racistas marcadas por el aspecto, olvidando todos los otros aspectos para juzgarlo y quedando al descubierto, especialmente entre las élites en el poder —una vez más— una cortedad de miras a la que es necesario oponerse.

A su vez la otra historia es la de la independencia. El Marshal se muestra contrario a que se le conceda a los solonios la autogestión de su planeta, juzgándoles aún no preparados para poder llevarlo. La identificación con los pueblos tuteleados por los británicos y por la idea de que hay que conceder la libertad incluso aunque se esté aún verde formará otro de los ejes de los capítulos. Añadamos a esto la aparición de Cotton, interpretado por Rick James, un ayudante del Marshal que sería posteriormente traicionado por él y que sí cree en esa necesidad de permitir que se pongan al cargo. Tras acabar con el Marshal será a él a quien se ofrezca reemplazarlo aunque ahora actuando más como un embajador y consejero. Todo ello sin que nadie mencione ni una sola vez que Cotton es de raza negra. Una muestra de normalización e integración racial que permite dar aún más peso a la historia.

Finalmente The Time Monster sería una forma sencilla de terminar la temporada, con el Master regresando para utilizar a una creatura de más allá del tiempo con su habitual capacidad. Una historia que, además, explicaría la creación de una grieta en el tiempo y otras historias sobre su infancia que luego se usarían. Lo único destacable es la presencia de un personaje científico fuerte, la doctora Ruth Ingram, que demuestra un conocimiento científico y una capacidad para enfrentarse a los problemas que recuerda a la doctora Liz Shaw. Una de las escenas más sorprendentes del serial llegará precisamente de la mano del Master que decidirá disculparse ante ella por su comportamiento. Por lo demás, una historia menor, sin la carga de las demás ni las alegorías, más centrada en ofrecer un un divertimento con el que sería el villano principal de esta primera parte de la estancia de Jon Pertwee en la serie.

Algo que estaba cerca, muy cerca de cambiar…

Jónatan Sark | 01 de abril de 2013

Comentarios

  1. E. Martín
    2013-04-02 01:56

    >El encuentro con esos extraterrestres es utilizado por los mandos de Reino Unido para preparar una guerra con la que enriquecerse y subir puestos en sus respectivas secciones

    Hay que ver lo fantasiosa que es la ciencia ficción. ¡Algo así jamás podría pasar en el mundo real!

    >pronto se descubre que esa imagen proyectada por los Axos esconde en realidad a una raza de extraterrestres que parece estar compuesta por… spaghetti a la boloñesa antropomórficos. Unos villanos memorables que, pese a sus poderes y duplicidad no han sido aún usados de nuevo en televisión

    No es cierto, aparecen en el tuparter de Espacio 1999 de la supuesta nave de rescate que llega de la tierra pilotada por conocidos y familiares :D

  2. Jónatan S.
    2013-04-09 02:23

    Emilio,

    Sí, bueno… ya verás las risas cuando lleguemos en Doctor Who a los años Thatcher, aunque algo de eso ya lo avancé en una columna muy anterior

    Los bichos, bueno, ya sabes, se va uno taquionizando cuando puede.



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