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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Tristísimas posibilidades bibliográficas televisivas

Es difícil tomarse en serio todo este extraño movimiento para intelectualizar la televisión cuando va surgiendo de la nada un batallón de escritores, muchos de ellos con sorprendentes labores de profesorado, que parecen más ocupados hablando que aprendiendo sobre lo que hablan.

Si hace un par de semanas contaba en esta columna mi perplejidad y cabreo ante el infratexto, que el Festival de San Sebastián había incluido para ilustrar su sección de sitcoms de su Very Unfunny Things, hoy toca mencionar el especial de series de la Jot Down. Que no me he comprado. Y no me he comprado porque cada vez que le echo un ojo a un texto teórico español con pretensiones descubro que lo que más hay en él son las pretensiones. Pero si he logrado llegar hasta hoy sin hablar del … Teleshakespeare del … Jorge Carrión, seguro que puedo aguantar aún unos meses más, quizá un año.

El que picó con la revista fue Dani López , que entre otras muchas cosas es_blogguero_ y podcaster además de colaborador, como yo, de GenCómics y participante de una curiosa mezcla entre la televisión y la cocina sobre la que hablé a principios de año: Del sofá a la cocina . Pues bien, fue él quien leyó un artículo para la revista de Borja Ventura, se sorprendió de los errores y realizó un post para su blog , Freakscity, que es uno de los motivos de la cháchara de hoy. Porque este Ventura (profesor universitario, una vez más; de periodismo, como casi siempre) elabora una teoría sobre Homeland a partir de la cadena que la emite, la ultrarrepublicana FOX News, cadena que emite informativos furibundos “a la vez que Los Simpson o Homeland”. Y no, claro. Porque si se hubiera molestado en investigar un mínimo la idea que iba a proyectar, o si la tele realmente le importara lo suficiente como para considerarla más que una manera de cobrar por manchar las hojas en blanco, sabría las varias cosas que Dani le señala:

1) Que FOX News y FOX son dos cadenas separadas pertenecientes al mismo grupo.

2) Que FOX News es una cadena de noticias 24/7 en el paquete de cable básico, mientras que FOX es un canal generalista en abierto.

3) Que el grupo tras ambas cadenas, News Corporation, propiedad de Rupert Murdoch, gobierna las cadenas estadounidenses con su rama Fox Broadcasting Company, que incluye muchas otras cadenas diferentes como la también de cable FX (Justified, Louie …) .

4) Pero, sobre todo… Que FOX España es otra cadena distinta. Más aún, una cadena independiente. Que no sólo se alimenta de programar series que emite la FOX, sino también de series en las que la FOX poco tiene que ver. Por ejemplo, con series que emite Showtime, uno de los canales de cable básico de la compañía CBS, que es quien emite Homeland.

Y es que lo único que podría justificar englobar dentro de FOX Homeland es el salto de fe que supondría sobrevalorar que una de las cinco productoras que trabajan en la serie, fox21., no es sino otro de los tentáculos del conglomerado, una rama de producción para realities y series de bajo presupuesto que toca de lejos —Casi tan lejos incluso como FOX News — la serie entera.

Todo ello, además, sin considerar otro asunto: Estamos hablando de la adaptación de una serie israelí. Con más o menos cambios, como pasa siempre, sobre todo con los americanos, pero al fin y al cabo un trabajo que ya existía en buena medida desde el original.

No es que el autor del artículo tuviera que contarles todo esto, ni mucho menos, pero sí debería de haberlo conocido. Así, de haber sabido de verdad cómo funcionaba la televisión americana, su plan maestro de lectura de la serie podría haber, al menos, previsto las críticas o no haber usado el verbo emitir, urdiendo una explicación con estas unas posibilidades tan remotas que quizá incluso Carrie Mathison la hubiera pasado por alto.

Pero no nos centremos en esta anécdota. Miremos el conjunto porque ahí es donde podemos encontrar ese clima de confusión e interés que propicia este tipo de análisis y su segunda parte en forma de paso a artículos y libros. Incluso en las páginas web que buscan más la entrada rápida apelando no a un principio informativo, sino a un conocimiento común, tantas veces unido a la nostalgia, que ofrezca una satisfacción al lector.

Cuando uno mira nuestro panorama editorial centrándose en los libros que tratan de la televisión lo que encuentra tiende a encajar en uno de estos tres grupos y medio:

1) Libros puramente nostálgicos.

Aproximaciones a una edad, generalmente reciente, en forma de revista o revisión de novedades que suelen estar brevemente reseñadas por apelar, en realidad, al factor de teacuerdismo que llevan sus evocaciones.

2) Libros puramente prácticos.

Manuales de creación, uso o perfeccionamiento indicados fundamentalmente para aquellos que quieran —o deseen— dedicarse a la profesión de guionista más que a los que esperen encontrar historias o anécdotas. Al fin y al cabo para eso está el siguiente medio punto.

2 y Medio) Rememorias.

Repasos a la vida propia o a la de los programas que protagonizaron. Pueden incluir historias interesantes, bien es cierto, pero generalmente transitarán por una mezcla de biografía y nostalgia. Salvo aquellos que son, directamente, merchandising de la serie en sus distintas variantes: Adaptaciones, ampliaciones o libros que ofrecen un contexto. (A veces, incluso, libros de cocina)

3) Aquí deberían ir los libros de análisis.

Que los hay. No muchos, eso sí. Y casi todos más centrados en el actual problema de las series. Perdón, el actual problema del ensayismo sobre series. Que es el completo convencimiento de que vivimos en una edad de oro —que es algo discutible— y, por tanto, podemos prescindir de cualquier conocimiento sobre la historia de la ficción televisiva —que es algo tan común como ridículo—. De ahí la producción seriada de textos sobre lo que tenemos ahora como si fuera una extraña burbuja surgida de la nada, despreciando —más por desconocimiento que por maldad, bien es cierto— lo que sucedía antes de que el autor de turno tuviera oportunidad de sentarse ante una pantalla de televisión.

Esto acaba resultando en una comparación con los anglosajones: estadounidenses, canadienses o británicos, entre otros, tienen la disciplina de los Estudios Culturales, que estudia y analiza desde hace años todos los aspectos de la cultura popular, dentro de lo cuál cabe lo emitido por televisión y dentro de ello, con especial importancia, las ficciones y su papel en la sociedad. Eso que sirve para que Los Simpson o Buffy sean analizados en profundidad y extensión mientras aquí esa tarea queda reducida a algunas webs voluntariosas o a ciertos foros.

Claro que tampoco en el terreno anglo existe ninguna historia enciclopédica de la televisión —y es una lástima, en serio, si algo me aburre es escribir sin necesidad— aunque sí acercamientos amplios que ofrecen visiones complejas de épocas, repasos extensos a géneros y, en muchos de los casos, profundos análisis de un género —o movimiento, o modalidad, o… — en una época concreta.

Lo más sorprendente es que muchos de ellos son críticos. No profesores universitarios pluriempleados, ni redactores ocasionales —que también los hay, no vayamos a idealizar en exceso— sino auténticos expertos en televisión que ejercen el periodismo y la crítica en periódicos, revistas o sitios web.

Creo que a nadie sorprenderá la mención a Todd VanderWerff , auténtica cabeza pensante tras la sección televisiva del mil veces grande A.V. Club o a Alan Sepinwall, que lleva más de una década con su columna What’s Alan whatching? desde el periódico The Star-Ledger en Newark hasta su paso al sitio HitFix y en todo este tiempo su reiterado conocimiento y buen juicio ha ido convirtiéndole en un referente entre la crítica televisiva, posiblemente el más importante.

Y lo mejor es que ambos han influido y cambiado, modificando la percepción sobre la ficción y la televisión, limitándose a hacer su trabajo lo mejor posible. Uno puede estar más o menos de acuerdo con lo que dicen ambos, con lo que se puntúa en el A.V. Club o con el enfoque de una reseña… pero la forma de hablar del material reseñado, de enfrentarse a los capítulos, eso es impecable.

Precisamente de Sepinwall es uno de los libros más interesantes que se pueden leer sobre el papel de la televisión moderna: The Revolution Was Televised . Publicado en noviembre de este mismo año, y que entra en esa sección de los Estudios Culturales en los que deciden centrarse en esa nueva edad dorada, que Sepinwall afronta hablando de sus raíces y completando el repaso histórico y sus análisis con entrevistas a los creadores de las series.

La verdad es que sigo esperando que se atreva con algo más extenso y profundo que permita una comprensión más global. Claro que también espero algo bueno, o al menos interesante, del libro que ha anunciado Planeta para enero.

Televisores cuadrados, ideas redondas de Mikel Lejarza y Santiago Gómez Amigo promete en su sinopsis repasar la historia de la televisión por medio de anécdotas e intrahistorias. Si tenemos en cuenta que Lejarza fue director general de Tele5 de 1996 a 2000, cuando emitieron series como Periodistas, Médico de familia, 7 Vidas, Al salir de clase, El Comisario u Hospital Central. —series sobre las que tendremos una opinión, pero que demuestran una apuesta por la ficción y el género— y luego estuvo en Antena 3 o FDF entre otras, y Santiago Gómez Amigo es un experto en audiencias de Tele5, y autor de algunas monografías sobre el tema, espero que cuando dentro de un mes esté en esta columna hablando del libro —incluso si es para bien— no tenga motivo para quejarme de la falta de rigor.

Con un poco de suerte se tratará de un primer paso para que comencemos a ver un rigor mayor y unos recursos y honduras a la hora de tratar sobre la televisión que pueda ser continuada por otros textos, olvidándonos de los libros circunstanciales y el ombliguismo generacional. Algo que nos permita dejar atrás esas dos grandes escuelas críticas e informativas que podríamos llamar Abuelos en Obras y Abuelos en Arte Abstracto, los primeros de los cuales mirarán desde la barrera diciendo por qué están fallando las cosas en lo que ven, contando batallitas e, incluso, elogiando algún movimiento torero; mientras que los otros tratan de explicar tras una visita lo que han visto llevándolo a comparaciones con aquello que conocen.

Quizá sea culpa de nuestra corta cultura audiovisual o de la menor atención que ha recibido la televisión frente a, por ejemplo, el cine. O un snobismo cultural mal entendido que busca afirmar que ahora sí merece la pena justificándose en que antes no lo hiciera. Y, sin embargo, tan ridículo resulta considerar que se puede analizar el Ulises sin conocer la Odisea como creer que sin Lou Grant existiría The Newsroom.

Jónatan Sark | 17 de diciembre de 2012


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