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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Cierre infortaimentico sonrisista falso

Con el paso del tiempo y, sobre todo, la proliferación de plataformas de noticias, se busco darle una capa de entretenimiento para poder arrancar algo de audiencia a la cadena de enfrente, y como de costumbre la forma más sencilla de atraer gente no es mediante el trabajo bien hecho sino ofreciendo grandes dosis de sensacionalismo.

Quizá es mejor explicarlo un poco mejor: El sensacionalismo no se basa sólo en lo que se cuenta, en la elección de las noticias más sabrosas desde el punto de vista más escandaloso, también en la elección de la forma de darla, con muchos gritos —¡Horror! ¡Catástrofe! ¡Destrucción!— y de ofrecerlo tanto con colores brillantes — La FOX News es especialista en el trabajo de la golosina visual — como con imágenes… sugerentes.

Como decía al final de la anterior columna, la presencia y persistencia de una serie de lugares comunes, esos mismos que permitirían crear una Tarjeta de Bingo para ver las noticias. Elementos que quizá sirvan para atraer una audiencia abultada por el mismo método de siempre: Bajar el listón. Lo que, a la vez, supuso una fuga de gente por la parte de arriba, de en medio y, desde luego, entre los más jóvenes.

Lo que nos lleva a toda una tradición de mofarse de las noticias mediante la parodia, un asunto que tiene tantos años que Mark Twain lo hacía con cierta regularidad, y la razón de ser de todo tipo de revistas desde el siglo XIX era, precisamente, satirizar esa realidad. Pero hay una diferencia fundamental en el momento en que, además, se empieza a satirizar también a los medios.

El punto de inicio se suele poner de manera nebulosa en los periódicos satíricos de las universidades, especialmente los de Gran Bretaña. Algo que acabaría llegando luego a sus equivalentes americanas pero que no aparecería en los medios hasta más adelante, gracias a una revista. Pero no una revista de papel sino una revista… teatral.

A finales de los años ’50 Inglaterra ha dejado definitivamente de ser, tras la crisis de Suez, un Imperio. Lo que unos podría llamar el final de un sueño y otros joder, me he quedado sin puestecito colonial provocando, como siempre que pasan estas cosas, un ambiente de pesadumbre y pesimismo con su correlato a un humor incluso más ácido, cuyo único antecedente parecía ser The Goon Show y que abría la veda en muchos campos que antes parecían como ajenos provocando lo que fue conocido como el Boom de la Sátira en UK a principios de los sesenta cuyo inicio se pone en Beyond the Fringe (1960), revista creada para el Festival de Edimburgo cuyo éxito la llevó primero al West End londinense y luego a Broadway.

El principal mérito de la misma fue reunir a cuatro cómicos que estaban lejos de llevar un camino clásico en la comedia. Sólo Peter Cook escribía comedia regularmente y tenía experiencia previa, por contra Alan Bennett estaba preparando una vida centrada en el estudio de la historia dentro de la universidad, Jonathan Miller se enfocaba en la medicina y todo indicaba que el mundo de la música sería el destino final de Dudley Moore.

La experiencia de Cook unido a las ideas de Moore y algunas sugerencias de Bennett y Miller, en el caso de este último también varias ideas escénicas, se concentraron en una suerte de espectáculo de sketches con algunas canciones entreveradas que no dejaba estamento por tocar, ni los políticos —especialmente el Primer Ministro del momento Harold Macmillan — ni tampoco el ejército, los medios o la monarquía. Una expresión del descontento tan afilada como divertida que causó un impacto importante.

Tanto que convirtió a Cook en el cómico del momento, permitiéndole crear su propio club privado, The Establishment, en el que se podía representar con libertad y que supuso, por tanto, un punto de encuentro y campo de pruebas de enorme importancia, y dando la idea para una serie de programas para televisión.

Fundamentalmente uno que pretendía usar como base un noticiario para burlarse de todo y todos, medios incluidos, concebido en principio como una versión televisiva de Beyond the fringe, pero como la BBC no acababa de decidirse decidieron irse a América en donde tuvieron otro gran éxito con la versión para Broadway del espectáculo. Para cuando quisieron regresar ya se había lanzado con enorme éxito un programa que sería su heredero espiritual: That Was The Week That Was conocido familiarmente como TW3, presentado con enorme éxito por David Frost en un papel que Peter Cook afirmaba ser el mismo que había popularizado en la revista.

Pese a lo cuál Cook acabaría siendo uno de los colaboradores del programa. De hecho el plantel de colaboradores resulta del todo impresionante habiendo reclutado como guionistas o cómicos a nombres tan destacados como entre otros Dennis Potter, Eric Sykes, David Nobbs, Richard Ingrams, John Betjeman, John Bird, Gerald Kaufman, Frank Muir, Bill Oddie, Kenneth Tynan, Keith Waterhouse, Graham Chapman, John Cleese o Roald Dahl.

El éxito fue tal que tras el éxito del programa durante sus dos temporadas en 1962 y ’63 fue uno de los principales programas, logrando una repercusión tal que la BBC decidió eliminarlo para que no influyera en el resultado de las elecciones de 1964. Sí, tal cual. ¿No es bonito el resultado de la ecuación Política + Televisión = – Sátira ?

EL programa tuvo suficiente repercusión como para ser importado por la NBC con Henry Morgan a la cabeza, allí sólo duraría una temporada (1964-65) pero causaría también honda impresión. De entrada en Canadá donde dio lugar casi de inmediato a una versión, This Hour Has Seven Days, más centrada en los aspectos controvertidos y menos en la sátira, siendo culpada en ocasiones de ser uno de los precursores del periodismo de tabloide en la televisión.

[Algo que no debería sorprender tanto si tenemos en cuenta que otro de los medios aparecidos durante el boom satírico fue el famoso Spy Eye, el tabloide satíricos por naturaleza, siempre en el borde del libelo por el lado de fuera, en el que Richard Ingrams jugaba un papel importantísimo y por el que Peter Cook sacó la cara y la chequera en más de una ocasión.]

También hubo versiones de TW3 en países como Alemania, Nueva Zelanda o La India, dando idea de lo popular que llegó a ser.

Y aunque para mediados de la década de los sesenta pudiera parecer que la ola de sátira había acabado la verdad es que sólo estaba mutando. Cierto es que Alan Bennett pasó a sus obras teatrales y a sus libros, mientras que Jonathan Miller se dedicó a programas documentales y la dirección de obras de teatro y de ópera. Por su parte Dudley Moore volvió a la tele con un progresivamente más problemático Peter Cook en la serie Not Only…But Also (1964-70) y también en el cine como secundarios en La caja de las sorpresas (1966) y en papeles principales en la película que mejor refleja su relación: Al diablo con el diablo (1967). Finalmente Moore decidió establecerse en Estados Unidos para convertirse en una estrella mientras que Cook… bueno, Cook se limitaba a disfrutar de lo que hacía en el momento y no preocuparse mucho de nada más.

David Frost, por su parte, intentó repetir el éxito con Not So Much a Programme, More a Way of Life (‘64-‘65) para lograr un nuevo éxito con The Frost Report (1966- ’67) en un programa del que ya hablamos en su momento y que reunió una de las cantidades de talento mayores que jamás se han visto en televisión, co un equipo de escritores y cómicos sólo igualable al Your Show of Shows de Sid Caesar (1950- ’54). El resto es historia, no sólo la de sus entrevistas con Nixon, también su aparición en el inicio del programa basura Inside Edition, en un programa de desayunos periodísticos o, más recientemente, en Frost Over the World, un programa de entrevistas a las más importantes personalidades políticas en el canal Al Jazeera English. Sí, eso es. Y ahí sigue trabajando aún. Por cierto, en 2010 realizó Frost on Satire, un programa especial sobre la sátira en televisión para la BBC.

Pero volvamos a Estados Unidos porque allí la TW3 había influido en la idea de los falsos noticiarios. No en la misma manera en la que se había hecho antes cuando Twain o Bierce ni en esos otros como los que en 1934 se incluían en el Wotaphony Newsreel de MGM o el trabajo de Dean Taylor en la radio. Y eso nos lleva a…

The Smothers Brothers Comedy Hour. ¿Qué? ¿Les echábais de menos? Una de las partes fundamentales del programa fue la sección de Pat Paulsen en la que en un perfecto estilo de deadpan se hacía burla de los editorialistas de las noticias, todos esos comentaristas y enteradillos que daban la noticia del día y se sentaban en su escritorio. El paso de los programas fue haciendo crecer su papel, expandiendo su sátira más allá de las noticias hasta la política, lo que llevó a los momentos más importantes de Paulsen con su candidatura a las elecciones de 1968.

Por su puesto en el programa que crearon para contrarestarlos, el siempre maligno Rowan & Martin’s Laugh-In también se preocuparon por las noticias, pero con un estilo más flojo, más cercano al de los lates.

La evolución de esto llegó cuando en 1975 Chevy Chase se puso delante de las cámaras de la NBC para comenzar un segmento que parodiaba noticiarios y noticias, tardaría cuatro programas en soltar su famoso Yo soy Chevy Chase y ustedes no. rompiendo con el personaje de presentador pomposo que había interpretado en los anteriores y limitándose a su propia pomposidad. Desde entonces hasta ahora sigue en emisión el segmento de mayor recorrido y fama del programa, que ha llegado a contar con programas especiales en momentos de alta intensidad política. Me refiero, por supuesto, al Weekend Update.

Hacer un repaso por todo lo que significó podría llevarnos una columna entera, incluso sin contar en todas las veces que ya hemos hablado de ellos tanto en sus propias columnas temáticas como en otras secciones, incluida estas últimas sobre información en televisión, por lo que no me extenderé. [Aunque la sección de comentarios está ahí para que, si hace falta, pidáis que expanda explicaciones, conceptos o referencias. No están ahí sólo para que os preguntéis si nadie se lee esto antes de publicarlo.]

Para 1979 podemos volvernos a UK porque ya tenían un nuevo programa de noticias sin noticias, un programa enorme en el que, la verdad, la parte de noticias era muy muy pequeña, fuera de su famosísimo título: Not the Nine O’Clock News. Programa cuyo inicio en la BBC2 —como opuesto a las Noticias de las 9 de la BBC1; sí, he explicado el chiste, así soy— fue retrasado de nuevo para no coincidir con las elecciones generales, por ser demasiado político. De nuevo. Una vez más, ya hablamos del programa y sus estrellas —especialmente Rowan Atkinsonen el pasado pero es importante porque será también parte de lo que tendrán en mente los cómicos de la siguiente generación cuando decidan retomar esto.

Por algún extraño motivo no hubo mucha presencia de este tipo de programa durante los años ochenta. Quién lo podría haber imaginado. Como si el Reino Unido de Margaret Thatcher y los EEUU de Ronald Reagan esas cosas hubieran estado mal vistas y, por tanto, apartadas de la televisión en favor de las periferias del humorismo. —Se podría hablar de nuevo de la importancia de los Spitting Image y sus variantes multinacionales pero no tienen tanto que ver con las noticias—

Su excepción fue un programa de cable, en la HBO, una adaptación del Not the Nine O’Clock News que llevaba por nombre Not Necessarily the News. En ella, de 1983 a 1990, se seguía el original en la mezcla de sketches con algunas parodias de noticias aunque lo más importante que aportaron fueran los sniglets de Rich Hall.

Entrando en los años noventa el cómico inglés Chris Morris consiguió su propio programa radiofónico, se trataba de On The Hour (1991-‘92) y parodiaba el clásico estilo de los programas matinales de noticias en la radio. Entre los participantes estaban el experto en deportes Alan Partridge magníficamente compuesto por Steve Coogan y que siguió a Morris cuando le dieron un programa en televisión The Day Today, creado con el apoyo de otro creador más: Armando Iannucci.

The Day Today tuvo una única temporada en 1994 pero no solo siguió y aumentó los noticieros humorísticos, también presentó muchas otras ideas como una serie de falsos documentales que se ocupaban de explicar mundos extraños como el de una piscina pública llamada The Pool o una oficina… Sí, 4 años antes de que The 11 O’Clock Show si quiera apareciese y con él Sacha Baron Cohen, Charlie Brooker o Ricky Gervais

Morris, por su parte, fue más lejos aún en su siguiente proyecto: Brass Eye. Auténtico repaso de los temas más candentes y las formas torticeras en las que la prensa los cubre, los seis capítulos que tuvo fueron una auténtica explosión tanto en popularidad como por las reacciones desatadas. Especialmente su segundo capítulo, sobre la Guerra contra las drogas llamado literalmente Drogas en el que lograron, entre otras cosas, entrevistando a una serie de personajes, incluyendo un camello callejero o convenciendo a un parlamentario de que existía una droga llamada Cake y que debería preguntar al gobierno sobre el asunto. —Y lo hizo, claro— logrando que la proverbial tormenta de mierda cayera sobre todos los lados. Fundamentalmente los implicados que aparecían en él y, por supuesto, el programa. El día que los medios comprendan el concepto de autocrítica nevará fuego.

El programa, que incluía no solo a Chris Morris sino a otros jóvenes talentos como Simon Pegg, logró para 2001 que le dejaran hacer un especial. Centrado en la Pedofilia.

Sí, os lo podéis imaginar. Sobre todo porque lo que satirizaba por encima de todo era la manera en que los medios trataban las noticias, creaban enormes bolas de nada sobre el tema, prejuzgaban u organizaban ridículos debates, ridiculizados en este especial con Pegg como portavoz de una organización pro-pedofilia. Las organizaciones que estaban atizando el alarmismo pedófilo —perdón, antipedófilo— se lo tomaron muy mal, la mayor parte de ellas sin haberlo visto. A Morris los tabloides le llamaron de todo y estuvo durante años en su objetivo. También a su colaborador en el especial, Charlie Brooker. Claro que sus ataques eran tan burdos que no dudaban en sacar al lado de las quejas sobre la información otros artículos con fotos de diferentes celebridades infantiles con fotos de lo más discutible. [Algún día me extenderé más sobre el tema] Como decía antes, la autocrítica es algo que los medios esperan de los demás.

También en los años’90 empezó el concurso humorístico Have I Got News for You que con la excusa de las noticias repasa y hacen chanza de los acontecimeintos recientes con dos equipos que tienen que responder a una serie de preguntas de actualidad, ambos grupos están compuestos por cómicos e invitados que pueden ser tanto otros cómicos como personajes relevantes por alguna noticia reciente. El éxito de este tipo de programas se debe sobre todo a este (bueno, y al posterior QI ) y propiciaría la continuación de otros similares como Mock the week (2005) que aún continúa.

En 1999 Michael Moore emitió en el Channel 4 su Michael Moore Live, continuación de The Awful Truth, un programa que unía al canal inglés con el americano Bravo, que a su vez seguía con la serie de NBC y BB2 Tv Nation menos interesada en cuestionar a los medios que en cuestionar a las noticias en si.

Llegamos así a donde imagino que muchos supondrían que empezaríamos. El programa que ha cambiado muchas cosas en la televisión estadounidense empezando, desde luego, por su propio presentador: The Daily Show

En 1996 Lizz Winstead y Madeleine Smithberg presentaron un proyecto de programa satírico sobre las noticias al canal Comedy Central. Su idea era ocupar el lugar del desaparecido Politically Incorrect de Bill Maher que había pasado a emitirse en el canal ABC. La idea era lanzar un programa más conducido por la actualidad y menos centrado en el debate de temas. Pero el canal no acababa de ver claro que pudiera funcionar, de manera que se sucedieron las reuniones y acabó saliendo un formato híbrido, más ligero, con muchas entrevistas a gente de la calle y con un presentador bastante impresentable: Craig Kilborn, un antiguo presentador de programas deportivo que iba de gallito y que arrastraba al resto con él. Por suerte tras una bronca con Lizz Winstead, que terminó con su dimisión, la cadena decidió prescindir también de Kilborn y colocar en su lugar a un joven cómico: Jon Stewart.

Con Stewart al mando desde 1999 el programa pasó a centrarse más en la actualidad política, en la forma en la que se daban las noticias y, más aún, en cómo se contaban en los medios. Con un sistema de corresponsales y análisis de noticias, la llegada de las elecciones del año 2000 primero y, posteriormente, de los ataques del 11S permitieron centrar más la parte de crítica y análisis cuando Stewart pasó a convertirse en la voz crítica de la administración Bush Jr. y a señalar las cosas que el servilismo del resto de los medios ocultaba.

Una posición que que creciendo hasta establecerse en las elecciones de 2004. El éxito se multiplicó hasta el punto de permitir al año siguiente un spin off con uno de los corresponsales más interesantes, reconvertido desde la llegada de Jon Stewart en un personaje más cercano a las tesis republicanas. Ese es el punto de vista adoptado en Stephen Colbert’s The Colbert Report.

El resultado fue toda una serie de versiones de estas ideas principales, ya fuera en los programas británicos Bremner, Bird and Fortune (1999 – 2010), Broken News (2005), News Knight with Sir Trevor McDonald (2005-2007), The Late Edition (2005-2008) como los estadounidense Infomania (2007 – 2011), Chocolate News (2008) (Centrada en el público negro, en serio), D.L. Hughley Breaks the News (2008- 2009), y, por supuesto, la adaptación de la web excelsa y pionera The Onion, el lugar del que salieron el productor Ben Karlin y el guionista (y pronto jefe de guionistas) David Javerbaum para ayudar a Stewart a reformar para mejor The Daily Show, tam*_Onion News Network_* / Onion SportsDome (2011) aunque la mención especial va para el programa de corta duración de FOX News que trataba de ser una respuesta a estos programas. The Half Hour News Hour(2007). Aún deben estar preguntándose qué pudo fallar.

[Por cierto que las nuevas tecnologías también pueden ofrecer nuevas alternativas como la periodista de YouTube Citizen Kate (2007 -) que se dedicó a cubrir la campaña electoral estadounidense siguiendo los pasos de Obama y montar su propio programa alternativo.]

En cuanto a lo que el público en español puede mostrar, posiblemente lo mejor sería el informativo chileno con marionetas 31 Minutos (2003 – 2008) que se apartaba del formato clásico de los guiñoles que se había exportado a todo el mundo creando un híbrido satírico de su realidad televisiva con los muñegotes de latex y los siempre interesantes teleñecos de Henson.

En cuanto a la española, quitando secciones internas como en Si yo fuera presidente (1983 – ’85) de Tola los momentos más interesantes vinieron de la mano del Gran Wyoming, primero en CQC en su primera etapa de Tele5 (1996-2002) —Curiosa trayectoria la de este programa. De 2005 a 2008 revivido en el mismo canal, ese mismo 2008 huyó a La Sexta y en 2010 probó suerte en Cuatro, pero nunca volvió a ser lo mismo— y después en La Sexta con El Intermedio (2006 ) en el que aún continúa analizando la actualidad y a los medios.

Tanto él como Jordi Évole y su programa Salvados suelen citarse entre los más informativos de la televisión. Imagino que por lo poco probable que resultaba que nadie pudiera sacar algo en claro de Este país necesita un repaso (1993 – ’95) pero en ambos casos se da la misma situación que rodea y causa polémica con el programa de Stewart y, por extensión, de Colbert. Son programas de entretenimiento, no de información.

Ante las críticas de falta de dureza en las entrevistas o de que se queda corto o frivoliza en exceso en ocasiones, incluso de que existe una orientación que sale de los criterios periodísticos, Stewart responde siempre que son un programa de entretenimiento. Y, sin embargo, su público habitual es más joven que el de los noticieros tradicionales, su honestidad y credibilidad están fuera de cualquier duda y, en consecuencia, las encuestas muestran periódicamente que hay una muchedumbre que le escucha y reverencia como antes se oía a Murrow o Cronkite. Así que quizá la pregunta sea: ¿Cómo ha ido degradándose y hundiéndose tanto la presentación periodística en medios para que sea un cómico el que tenga la confianza de los espectadores?

Cierto es que el propio Stewart reconoce que su programa sirve también en esas encuestas como toque de atención a los periodistas reales, como demostración de que algo va mal. Pero, a la vez, cuando el congreso decidió no ratificar una ley para que los que colaboraron en tareas de salvamento en un primer momento durante el 11S tuvieran derecho a sanidad gratuita fue él quien se movilizó y dedicó todo un programa al tema hasta lograr que se aprobara si no esa ley sí otra parecida. Así que al final parece que quizá sea eso, esa crítica que va más allá del medio al que se representa, esa sensación de que pese al aparente cinismo se trata de hacer del mundo un lugar mejor, lo que ha ayudado al programa a convertirse en un éxito de audiencia. Así que quizá la próxima vez que quiera realizar un programa sobre política, uno que realmente importe e interese, y que tenga a Olivia Munn para algo más que hacer bonito, es en The Daily Show en el que debe fijarse, sr. Sorkin.

Porque en un mundo en que la información es sólo parte del espectáculo ya va siendo hora de que alguien demuestre que ser espectacular no está reñido con la información que importa de verdad. Aunque para escucharla haga falta, como en la Edad Media, recurrir a los bufones.

Jónatan Sark | 10 de diciembre de 2012


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