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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Silverman Tartikoff Greenblatt

La carrera del actual presidente de la NBC, Robert Greenblatt, está en la línea de las mejores tradiciones de la casa: Es un desastre tan grande que parecería guionizado por Tina Fey para 30 Rock. Y, siendo la NBC, además están alegres. Cuando trajeron a Robert Greenblatt desde Showcase la idea era que dejara de ser al cuarta cadena y, al terminar el pasado año, habían logrado ser… ¡la tercera!

Vale, gracias al magnífico trabajo de su rama de deportes, que más de una vez les ha salvado el culo, permitiendo que el éxito del Football Americano —Sí, lo he escrito así a posta. Jojo—, que ha sido el programa más visto por vez primera en décadas, y la emisión de la SuperBowl, que ha sido el evento más visto de la historia, les ayudara a subir… un puesto —a costa, por cierto, de una ABC que ofreció una de las más sólidas y coherentes nuevas temporadas en años. Pobres.—, de modo que ha podido salir bien librado de un primer año que apuntaba a desastre completo.

Ese previsto desastre ha hecho que casi ninguna serie logre una renovación completa y que muchas tengan su futuro más que dudoso. Movimientos tan estúpidos como conservar Community pero echar a Dan Harmon y decirle a sus sustitutos que mejor no compren muebles nuevos demuestran una forma de hacer las cosas bastante penosa. Tener preparada toda una batería de series para ir sustituyendo las que caigan tampoco ofrece mucha seguridad. Y eso por no entrar en la forma de manejar la ceremonia de apertura=, que incluye no permitir verla en directo por internet para tus espectadores o eliminar el homenaje a las víctimas del terrorismo.

Con alguien como Greenblatt a cargo es difícil estar actualizado, esta vez hablamos de las declaraciones que motivaron esta columnas y que están, a su vez, entroncadas con las que hizo durante la presentación del nuevo año, cuando aseguró que ninguna de las series tenían cerrada la continuidad. Fue preguntado expresamente por 30 Rock y respondió que tampoco… Lo que llevo a la NBC a tener que desmentir a su presidente al día siguiente para confirmar que 30 Rock se encontraba en su año final.

Todo lo cuál llevó a Greenblatt a hacer unas declaraciones a un grupo de periodistas, las primeras cara a cara tras la salida de Harmon, y en ellas dijo unas cuantas cosas, de las que la más destacable fue:

Esos programas, especialmente los de la noche del jueves, son grandes programas. Son programas ganadores de premios e increíblemente sofisticados e inteligentes y no podríamos estar más orgullosos de ellos.” Pero, lamentablemente “No podemos sacar una audiencia mayor de esos programas. Tienden a ser un poco más cerrados y un poco más sofisticados de lo que realmente quieres para logar una audiencia amplia.” De manera que han decidido pasar a hacer otro tipo de series, especialmente comedias, que serán “también inteligentes y también ingeniosas y os gustarán a los críticos pero, además, tendrán una audiencia mayor.

Lo que causó, obviamente, una conmoción inmediata y que todo el mundo corriera con pánico moviendo los bracitos porque el jefazo de la NBC decretaba el final de las comedias inteligentes en el canal, algo a lo que ya apuntaban algunas de las series elegidas para el nuevo año. De modo que con sólo unas palabras ha logrado poner en su contra a la mayor parte de críticos. Al fin y al cabo, eran a ellos a los que cree que iban dirigidas esas series que daban tan poca audiencia.

Lo más divertido es que podría haber sacado una gran lección sobre cómo funciona un canal —No digamos ya uno tan idiosincrático como la NBC— fijándose en cómo les fue a dos de sus más ilustres antecesores. El bueno y el malo. Brandon Tartikoff y Fred Silverman.

Que insista de nuevo en el malvado Fred Silverman debería demostrar lo importante que es, aunque sea como villano. Porque aún siendo la clase de persona que no dudó en dinamitar la línea entera de su cadena para reformarla por completo o enfrentar a programas que acababa de crear con otros que también había creado cuando estaba en la anterior no podemos dejar de lado que fue una persona fundamental para entender la televisión más allá de 1970.

Su llegada a la CBS ese mismo año provocó una pequeña revolución cuando decidió realizar la purga rural para favorecer series nuevas, urbanas, distintas, como El Show de Mary Tyler Moore (La chica de la tele) o All in the family, pegándole una patada al canal que la adelantó varios años en el tiempo; a continuación se largó a la ABC, en 1975, donde hizo eso mismo a costa muchas veces de lo que había puesto en marcha en la CBS —eh, es un villano por algo— y, a continuación, le llamaron a la NBC para que les ayudara con su magia. La NBC vivía una de sus crisis periódicas agravada por el revulsivo para su competencia —recordemos, en aquel entonces sólo había tres cadenas— que había supuesto el mandato de Silverman. Teniendo en cuenta, además, el gusto de la NBC por la innovación loca, parecía que en la NBC podría ser donde más diera de sí.

Cuando Silverman llegó a la presidencia de la NBC en 1978 era la primera persona que pasaba por todas las grandes de manera consecutiva —a día de hoy lo sigue siendo— y eso era un crédito que parecía que podría aprovechar. Aunque no le sirvió de mucho: su primer programa estrella auténticamente suyo fue Supertrain, un intento de unir la premisa de Vacaciones en el mar con algo de acción y aventuras, para el que contaban con el buen hacer de los creadores de la serie, el gran guionista de westerns Earl W. Wallace y el magnífico escritor de novela negra Donald E. Westlake. Pero las cosas empezaron rápidamente a complicarse, las maquetas daban problemas y el presupuesto ya disparado pasó a ser disparatado. Todo lo cuál no hubiera sido demasiado problema si las audiencias hubieran acompañado, pero pasó justo lo contrario. Pese a encontrarse con la producción más cara para televisión hasta el momento, superando a la Galactica de Glen A. Larson, los espectadores no vieron mucho interés en lo que la crítica machacó llamando un Love boat de regional —no descarto que la posibilidad de hacer titulares con descarrilar les animara también— y la serie no pasó del capítulo 9, lo que causó un grave revés económico a la cadena.

Como estas cosas nunca vienen solas, el presidente Jimmy Carter decidió que se le haría boicot a las olimpiadas de Moscú de 1980. La NBC, tradicional emisora de olimpiadas, se encontró así con la necesidad de no retransmitir éstas, pese a que ya se habían gastado 87 millones de dólares y tenían comprometidos 170 en contratos publicitarios, además de la promoción para sus programas de ese otoño. De manera que el canal se quedó al borde de la bancarrota.

Algo a lo que no ayudó en absoluto la forma americana de funcionar para la televisión, similar a la que los españoles tenemos para la radio, con emisoras concesionarias que pueden decidir su afiiliación y cambiar la cadena a la que pertenecen. Y como la NBC iba cuesta abajo y sin frenos muchas de esas emisoras, incluidas varias de las mayores en Atlanta, Baltimore, San Diego o Indianapolis, decidieron cambiar… a la ABC; bueno, y alguna a la CBS.

La temporada del 80 no arregló nada, el intento de lograr repetir el éxito del SNL tras la enorme bronca que había terminado con la salida de Lorne Michaels de su creación, mediante el programa Pink Lady, centrado en el dúo pop japonés del mismo nombre, fue otro enorme fracaso. Se vio como algo extraño y alejado, las integrantes del dúo no parecieron suficiente y el añadido tardío del co-presentador americano sólo agregó más confusión. Pink Lady & Jeff podría ser muchas cosas pero no un programa de éxito.

En el verano de 1981, con una cadena en bancarrota, teniendo como mayores éxitos Gimme a Break!, Diff’rent Strokes y su spin-off The Facts of Life y la apariencia de haber acabado siendo víctima de una enorme broma, quizá debido a la saña con la que los propios trabajadores de la cadena habían parodiado su nuevo himno o a que los ataques más duros vinieron de Al Franken en el SNL, para agravarlo todo, dimitía Fred Silverman.

El elegido para sustituirle fue el responsable de Comedia, el jovencísimo Brandon Tartikoff, que ya había participado con Silverman en el desarrollo de Cheers. EL primer año se benefició, además, del éxito de uno de los últimos proyectos aprobados por Silverman: St. Elsewhere. Lo primero que hizo Tartikoff, como fan que era, fue convencer al responsable de deportes y factótum de la cadena, Dick Ebersol, para salvar el SNL, escapado Michaels y con Franken alejado tras la bronca con Silverman.

Lo siguiente que hizo fue cambiar de día de emisión Hill Street Blues (Canción triste de Hill Street), que había tenido buenas críticas pero poca audiencia. En lugar de cancelarlo decidió dejar que creciera la noche de los jueves. También puso en marcha tres series de divertimento como eran El Coche Fantástico, Remington Steele y, sobre todo, El equipo A, para atraer público y cambiar a David Letterman de su bajo en audiencia programa de mañanas al programa nocturno tras Johnny Carson.

La máxima de Tartikoff era tratar de sacar el mayor partido a las series y programas apreciados por la crítica dándoles los horarios más adecuados. De esa manera cuando llegó la desastrosa temporada 82-83, en la que no se renovó ningún programa, pudieron seguir adelante gracias al aumento de audiencia de las series que ya tenían y a que El equipo A logró meterse entre los 20 programas más vistos del año.

El éxito al año siguiente de El show de Bill Cosby, la segunda oportunidad dada al cómico negro en la televisión, sirvió para usarlo como lanzadera para la aún reciente Enredos de famila (Family Ties) y para Cheers logrando que las tres series mejoraran y subir de puesto. Para la temporada 85-86 era ya la cadena más vista. En los años siguientes llegarían Las chicas de oro, Corrupción en Miami, Juzgado de guardia, Autopista hacia el cielo, Hunter, ALF, Matlock, La ley de los Ángeles, Un mundo diferente o Nido vacío, entre muchas otras. De manera que en la temporada 88-89 fueron la cadena más vista las 52 semanas del año, un logro jamás antes ni después conseguido. Además, lograron otro récord poniendo 18 programas entre los 30 más vistos.

Cuando Tartikoff decidió abandonar la NBC en 1991 dejó en marcha series como Mad About You y Frasier, preparada para ponerse en marcha Seinfeld y en conversaciones Urgencias y Friends. Sus sucesores aprovecharon el dinero y la buena racha para comprarse todos los eventos deportivos importantes (baloncesto, football, béisbol… además de los Juegos Olímpicos) que pudieron, garantizando así un colchón de seguridad que se benefició del buen momento que vivían los americanos en ellos, como la época de Michael Jordan en los Bulls.

Luego ya se fueron terminando estas series, perdiendo derechos, volviendo, en fin a dejar el primer puesto para acabar de nuevo en el cuarto. Y Robert Gleenblatt se supone que pretende devolverles arriba.

Sin embargo, junto con los clásicos desastres propios de la NBC, parece que no ha entendido las máximas de Tartikoff: reforzar las series buenas, no esconderlas ni podarlas, y tener paciencia para que crezcan.

En lugar de eso ha pedido sólo media temporada de casi la totalidad de sus series y encargado un número sin precedentes de novedades. Para la 12-13 hay encargadas nada menos que doce series: Los dramas Revolution, Chicago Fire, Do No Harm, Infamous y Hannibal y las comedias The New Normal, Animal Practice, Save Me, Guys with kids, 1600 Penn, Go On y Next Caller.

Me gustaría equivocarme y que fueran todos éxitos pero no parece que eso vaya a suceder. Porque al leer las declaraciones de Greenblatt de quién me acordaba era de otros dos creadores.

Uno era el guionista Ernest Chambers que dijo:

Uno de los problemas con la televisión es que tienes una audiencia televisiva. (…) Pero hay otra audiencia allá fuera (…) si sólo te dejaran en el aire lo suficiente para que oyeran hablar de ti.

El otro es el productor y agente George Shapiro que comentaba los problemas que tuvo una serie porque “ Sam Weisbord [Director de la agencia William Morris] nos aconsejó rotundamente no hacerla, porque el tema era demasiado elitista (…) No tendría un interés suficientemente amplio, especialmente para el medio oeste y en el sur, porque a la gente no le importa el negocio del espectáculo fuera de Nueva York y Los Ángeles.

Ambos se refieren a los problemas que hubo para poner en marcha The Dick Van Dyke Show en 1961 y cómo llegó a parecer que no podrían lograrlo para luego, una vez en antena y tras su primer año, convertirse en una gran éxito que recibió numerosos premios y lanzo al estrellato, no sólo a su protagonista sino, también, a secundarios como Mary Tyler Moore igual que ayudó a cimentar reputaciones como la del creador de la serie, Carl Reiner.

Las series inteligentes pueden funcionar incluso mejor que las de amplio espectro por el público que atraen, pueden servir incluso para ayudar a la marca de la cadena, y no se trata de una cuestión de audiencia porque algo en apariencia tan complicado como Seinfeld acabó siendo la serie más vista de Estados Unidos.

Quizá se trate de seguir a Tartikoff antes que a Silverman. Y no pretendo disminuir el valor o la importancia histórica del segundo, sin él All in family quizá no hubiera existido ni con él la revolución posterior, igual que con el programa de Mary Tyler Moore que tanto se apoyó en su éxito precedente para lanzarlo o la aparición y difusión de series centradas y protagonizadas por afroamericanos que no volverían a tener tanto tiempo en pantalla hasta el juicio de OJ.

Así que quizá sea todo la forma en que manejas lo que ya tienes y que tratas de ir más allá. Cierto es que cuando estos dos titanes vivieron la televisión tenía sólo tres megacanales, que la televisión sólo empezaba a cambiar y aproximarse a lo que es ahora pero, ¿y el público?. Lo veremos de aquí a un año.

[Como decía al principio, es difícil estar al día tal y como va la NBC, a lo que comentaba de la inauguración de las olimpiadas —y más os vale pinchar en el enlace— se ha unido este fin de semana una nueva bronca por decidir emitir en diferido la prueba de natación entre Phelps y Lochte y varios señores más. La NBC se ha defendido esgrimiendo que, pese a saberse el resultado ya, la audiencia ha sido mejor que la de hace cuatro años. Los descontentos afirman que si no se hubiera sabido el resultado hubieran tenido incluso más, que aunque la prueba sea la misma lo que la rodea no lo es y que es ridículo actuar como si internet o las otras cadenas no existieran. Como decía, la NBC jamás deja de dar motivos que justifiquen su fama.]

Jónatan Sark | 30 de julio de 2012


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