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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Expositivas formas mutantes

Cuando uno se encuentra con las clásicas iniciativas inglesas de emitir algunos pilotos como si fuera una serie de antologías para que la respuesta del público sea la que decida las novedades se suele sorprender.

En mi caso porque, despistado como soy, pienso que me he visto por error otra serie. Como normalmente no me informo de los pilotos que voy a ver me pasan esas cosas. Además, cada país tiene su forma de funcionar y esta idea es notablemente inglesa. Creo que ya lo he comentado un par de veces a lo largo de esta columna, regularmente algunos canales organizan una serie contenedora antológica en la que emiten el piloto. Eso significa, habitualmente, que el que es escogido aún puede tardar dos años en verse desarrollado. Y eso si no existen otros problemas, pero mejor no hablemos de BBC Four que me deprimo.

En cualquier caso, los americanos también lo han intentado en ocasiones, aunque de una forma menos sistemática. Usando pilotos como telefilmes en ambos sentidos. Es decir, preparando auténticos telefilmes que luego pudieran pasar por pilotos de las series —y ahí tenemos ejemplos tan poco probables como el de Los vigilantes de la playa empezando como una peli de dos horas en la NBC, pero con las mismas fue el movimiento fundamental para que Babylon 5 o la nueva Galactica consiguieran serie— o reciclando pilotos rechazados en forma de telefilmes, que no tienen un final claro, que no desarrollan personajes y que dan la sensación de que algo falla. En realidad no se nota tanto la diferencia.

Por supuesto también puede haber pilotos pensados para salir como TV Movie, tener éxito y de ahí hacer serie. El SyFY está lleno de ellos, aunque debo decir que siento cierta predilección por ese encantador desastre de USA Network que fue Frankenstein

Ay, sí, en España se estrenó en DVD. Para eso estamos. De hecho, aquí se intentó el truco de hagamos un piloto y de ahí la serie con una trama de asesinatos, barajas y juegos de rol mortales —ah, el dulce regreso del slasher como género de moda— pero como lo montó todo Antena 3 se pegó un batacazo y nada hubo después. La cosa en cuestión, llamada Demium se estrenó con declaraciones de que si al público le gustaba se haría serie.

Os he buscado un algo, aunque fuera una escenita, pero no he encontrado ni rastro. Una lástima porque en su momento en Dreamers nos dio para muchas risas. Digo, perdón… Es una lástima que no queden recuerdos de los grandes profesionales patrios en su intento por innovar. Si alguien sabe de dónde sacarla —aún teniendo en cuenta que como iba a ser una serie no tenían intención de decir quién era el asesino, así que en realidad no tenía final— que avise.

Y, en medio de esto, la forma de mutar las series. Fuera de España, claro. Aquí seguimos a lo nuestro.

Mientras en UK puedes tener el piloto hoy y luego ya veremos cómo se emiten las series — Luther ha tenido una temporada de 6 capítulos, otra de 4 y la próxima de 2; si llega a haber 4 imagino que será una peli— en USA van probando a recortar sus locas ideas de 24 capítulos por temporada. Desde la aparición de las emisoras de cable se han ido haciendo más habituales las temporadas cortas y su posterior inmersión en la ficción propia, junto con menos medios para producir, ha hecho que busquen alternativas.

Parte de lo cuál se aplica también a las grandes, que dejaron de hacer pedidos de 22/24 a hacerlos de 13 y luego de 9 y ahora de 6. Y en cualquier momento empezaran a ir renovando cada semana. Siempre considerando que luego pueden “pedir más”. Pero, claro, eso no es exacto.

Dan Harmon, creador de Community, comentaba cómo la petición de dos capítulos más casi al final de la temporada les hizo sacar deprisa y corriendo dos guiones y rodajes para poder servirlos resintiéndose la calidad de los mismos. Algo que no habría pasado con una petición cerrada.

Por cierto, Harmon está metido en una de esas otras muestras de que las cosas están cambiando. Con la aparición del crowfunding en Kickstarter para lograr que se haga la película de animación Anomalisa, con guión y dirección de Charlie Kaufman y producción del propio Harmon y algún otro sospechoso habitual como Dino Stamatopoulos o Duke Johnson.

Podéis poner pasta a cambio de recompensas — o por el placer de ponerla— aquí: Anomalisa

Volviendo al tema: Si se hubiera tratado de una serie cerrada no se hubieran podido añadir capítulos pero, por las mismas, habrían tenido que saber cuántos se iban a emitir para poder darle un final. Que no pasara como con Reunion, esa serie de la FOX sobre un grupo de amigos y un asesinato en el pasado en que cada capítulo representaba un año desde el 86 hasta su presente en el año 2006 de manera que veías su evolución — sí, ya, como Our friends in the North pero con asesinatos y capítulos anuales— y también flashbacks e información que iba rellenando la trama. Lamentablemente la cadena sólo había pedido 13 y, como en realidad no emitió más que 9, no consideró necesario concluirla con los 7 episodios que faltaban, así que nos quedamos sin conocer el final.

Claro que, precisamente, esas son las ideas que hacen avanzar la forma de organizar la duración y forma de una serie. Cuando sus creadores decidieron ponerse con Harper’s Island partieron de un pedido de 13 episodios y a eso se ciñeron para contar la historia, sin esperar que luego les fueran a pedir mas. Y menos mal, porque se hubieran quedado en 6 con toda justicia.

De modo que primero se fueron a 13, luego han empezado a variar por necesidad; si SMASH tenía que ir detrás de The Voice tenía que ser de 15 capítulos, hacer temporadas de 10 — o Kevin Bacon diciendo que no hará más que esos 15 para The Following. Del mismo modo se pueden recortar a 10 como ha estado haciendo la HBO, y que lo hagan con The Newsroom puede no ser muy acertado, pero obligando a Choque de reyes a ceñirse a esa cantidad frente a 13 ó 15 —o cualquier otra cantidad— estás obligando a recortar y resumir.

La locura inglesa de las series, que tienden a primar la historia y a obligar al canal a encajarla, es la más sensata cuando se trata de contar una historia. Es decir, si el arco es más importante que historia del día en sí. Porque con los años lo que se está logrando es que la gente entienda la diferencia entre el contenido por encima del continente. Quizá en algún momento podamos ver también dramas que duren menos de 40 minutos. De momento ya los tenemos de más, incluso del triple de duración, igual que tenemos comedias de menos.

Uno de los temas candentes, al hilo del final de temporada de diversas series y el comienzo de otras como True Blood o la recentísima regresada Breaking Bad, es lo que llaman los americanos binge watchin y nosotros, claro, atracón. Resulta que olvidaste cómo terminó la anterior temporada, o quieres revisarla antes de que empiece la nueva o has esperado a que termine para poder vértela del tirón. En USA están discutiendo si es bueno, si es malo, si habría que respetar la pausa para cumplir con la forma original para la que estaba diseñada…

¿Os parecería normal que os pusieran una hora para leer un libro? ¿UN capítulo por vez? ¿Y todas las historias tienen que ser de 25 páginas?

Eso podía pasar en los tiempos del pulp, cuando el editor tenía que sacar historias más para rellenar que por motivos internos, y salían grandes obras; ahí está la recopilación de cuatro volúmenes ¡Bang! ¡Bang! ¡Estás muerto! en Akal para dar fe de que también así podían salir obras memorables.

Pero cuando dejaron a los autores decidir, entonces la calidad creció —no toda, no seamos ridículos, pero sí fue más fácil para ellos hacerlo bien— y en eso estamos ahora.

Cierto es que, al verlo desde un país extranjero, hace años que sabemos que no sería tan importante cuando empezaron a vender sus series para que se repitieran a razón de un capítulo al día, mucho menos si llegan a pasarse por España y ven que se programan de cualquier manera, incluso en días consecutivos y grandes cantidades de capítulos por vez, como la realidad constatable de que la carta de ajuste de nuestra televisión, con sus colores o esas fotos volantes de la Familia Real, han sido sustituidos por capítulos de Los Simpson o Lo que se avecina.

Más lejos aún, porque ya la revolución actual no es tanto de calidad o de capacidad; además hay algo que han perdido: ya no están al mando.

Ahí eran ellos, ahora somos nosotros con nuestros dispositivos reproductores multimedias, nuestros medios de almacenamiento cada vez más etéreos, nuestra facilidad para adaptarles a ellos a nuestras necesidades, tiempos y horarios y, sobre todo, el ser consciente de que el mando es nuestro.

Ahora está claro que es nuestro, sólo queda empezar a reivindicar que podamos ver las series con él en la mano. Para repetir escenas. Para darle a la marcha rápida si nos aburrimos o rebobinar —ja, bobinas— si algo nos hemos perdido. Para poder darle el uso intensivo que se merece. Porque quizá así quedaría claro, por fin, que lo último que es deseable es convertir esto en un ejercicio pasivo.

Jónatan Sark | 16 de julio de 2012


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