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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Sintiendo glorious food

Poco a poco vamos completando el puzzle de la cocina en televisión y, sin embargo, aún no le había dedicado un espacio propio a uno de los nombres que aparecen recurrentemente en estas columnas. Alguien que casi podría servir como metáfora de un estilo no ya de hacer cocina sino, incluso, hacer televisión.

Es decir, Jamie Oliver.

Podríamos incluso contraponerlo a la otra gran figura de la actualidad televisiva gastronómica, el siempre cabreado Gordon Ramsay. Un cocinero hosco con una larga carrera detrás y el respaldo del gran enfant terrible —y respaldo de los Tories, ¿quién les entiende?— de la cocina UK, Marco Pierre White, que pese a tener 12 estrellas Michelin sale en la tele pegando gritos y aterrorizando a gente por todo el mundo en una suerte de celebración del acoso laboral a gran escala. ¿He comentado ya que este verano empieza su cuarto programa, verdad? Esta vez le toca a los pobres hosteleros. Como acabe pasándose por Mallorca pueden acabar las cosas a tiros.

Frente a esto Jamie Oliver no tiene ni una sola estrella Michelin y, de hecho, su carrera en la cocina se vio truncada cuando empezó a trabajar en televisión a la tierna edad de 22 años. —Quizá por eso nunca aprendió que no se puede sobrecargar un plato acumulando unas cosas encima de otras. Quién sabe. — Su estilo, centrándose en los ingredientes naturales y en el huerto propio en la más pura tradición británica parecían convertirle en un apostol del buen rollo. Pero la realidad va un poco más allá.

No contento con sus programas de cocina desnuda y sus programas de viajes para acercarnos a la multiculturalidad que da la cocina de otros paises y su variedad —Puede que para justificar su uso y abuso de algunos ingredientes poco tradicionales— decidió ir más allá.

En 2002 unió un par de conceptos y preparó un documental que también era reality y hasta tenía una pizca de concurso. —Lo raro es que no le echara también jengibre— Se trataba de Jamie’s Kitchen, la historia de un grupo de chavales problemáticos a los que se daba la posibilidad de aprender un oficio en las cocinas si se esforzaban lo suficiente y así ofrecerles un futuro empleo en el nuevo establecimiento de Jamie que se llamaba, claro, Fifteen.

Un propósito más que loable, incluso suponiendo que los chavales problemáticos, como sus contrapartidas adultas, nunca han tenido demasiados problemas en encontrar su ruta hacia las cocinas. Pero, eh, la intención es lo que cuenta, el propósito era noble y, ya puestos, en 2003 pudieron hacer un repaso a lo sucedido con Return to Jamie’s Kitchen.

Para los que se lo pregunten, Fifteen sigue abierto, activo y dando empleo a jovenes con problemas. Como TeleCinco pero en noble.

Mientras tanto Jamie tenía otras ideas en las que centrarse. No sólo pensaba en los niños y en la comida. También pensaba en la comida de los niños. De manera que en 2005 presentó el documental en cuatro partes Jamie’s School Dinners en el que cuestionaba y sugería como mejorarlas.

Fue un éxito completo, claro. El gobierno del teórico laborista Tony Blair accedió a incrementar la partida para mejorar las condiciones dando aún mayor relieve a la labor movilizadora de Oliver. De manera que a partir de ahí empezaría a compatibilizar sus programas de cocinas y viajes con otros programas educativos y reformistas. Su idea de aprovechar su figura pública y fortuna personal para mejorar la comida de los demás parecía una manera de lograr expandir su imagen de chico bueno. O quizá de evitar que la fiscalía actuara contra él al descubrir el nombre de sus propios hijos. En cualquier caso las intenciones seguían siendo nobles incluso cuando se usaban para promover a pollos criados fura de jaulas como alternativa deseable a los actuales. De todas formas, cuando Jamie regresó a las escuelas públicas para ver cómo habían cambiado descubrió todo lo de fiar que pueden ser los políticos.

Dinero que no acababa de llegar o se perdía por el camino, comedores que se cerraban o pasaban a ser subcontratados a terceros que —faltaría más— pasaban del menú pactado con Olivier. En esta ocasión los políticos volvieron a prometer cosas y blablabla.

Si bien Jamie no ha hecho un tercer programa —aún— sobre el tema si ha habido periodistas que se acordaron y volvieron en 2009 a echarle un ojo. El resultado general parecía bueno, dentro de lo poco que se ha logrado cambiar y las mínimas que fueron las mejoras ya es un paso para lo que se pretendía. Todo un canto de amor hacia las victorias pírricas.

En lugar de eso, en 2008, presentó Jamie’s Ministry of Food, otro ejemplo de docu-reality en el que trata de convertir a todo una pequeña ciudad a la idea de la cocina sana, la agricultura sostenible y todas esas cosas que le gustan a él. Una lucha a favor de la comida y en contra de la vaguería de la cocina sin esfuerzo y el mal uso por abuso de los precocinados. No le fue mal pero, claro, no es como si lo hubiera intentado con Manchester.

Pero en lugar de regresas un par de años después o dar una tercera ronda a los comedores escolares Jamie se centró en otras cosas ¿Y por qué no ha habido aún un tercer programa? Pues porque Oliver había decidido aceptar el reto y enfrentarse a un problema aún más gord… grande. ¡¡¡Estadounidenses!!!

Ya en su segundo especial sobre granjas, dedicado al bacon, se había dado un paseo por América. Tras lo cuál grabó Jamie’s American Road Trip, otro de sus clásicos programas de viajes que, además, se centraba en la problemática de la granja, en la comida sana y natural y al producción honesta y… en fin, os lo podéis imaginar.

Obviamente Jamie Oliver ya era conocido allí, al fin y al cabo salía en el Food Network —Imagino que para equilibrar el karma del canal tras cada programa de Paula Deen— pero tanto estos programas como sus esfuerzos por mejorar la alimentación era cuestión de tiempo que acabaran atrayendo la atención de algún canal. Así que para 2010 la cadena ABC, siempre tan familiar, decidió que si la FOX podía tener sus programas de Gordon Ramsay gritando a cosas con gran éxito ellos podían usar el buenrollismo de Oliver en un sitio que lo necesitaba incluso más. Los comedores escolares de América. —Del norte. Pero no muy al norte.—

El resultado fue… bueno… el esperado. Los americanos se tomaron a mal que un inglés viniera a decirles cómo criar a sus hijos, como comer correctametne, qué comer correctamente, que estaban gordos, que estaban jodidamente gordos, y que la culpa de todo lo anterior era suya. De ellos.

Mientras en el programa se podían ver imágenes espeluznantes como esta:

En la que unos chavales son incapaces de reconocer un alimento no-procesado. El problema es que se explica claramente que gran parte del problema viene de los altos precios de la comida fresca frente a los precocinados y la comida rápida; a la vez que en los medios locales se hacía arder Troya contra las interferencias ya no de sus gobiernos sino, incluso, de ese maldito extranjero que quiere venir aquí a decir cómo tenemos que hacer las cosas. ¡U-S-A! ¡U-S-A!

Al segundo año de emisión fue cortado por el dinero que costaba y, sobre todo, por la baja audiencia. Poco a poco había, sin embargo, empezado a lograr resultados. Con todo lo malo que podemos decir de ellos su familiaridad para los mecanismos de la acción política facilitó que se hicieran acciones políticas para oponerse a los grandes lobbies de la comida precocinada y para darle visibilidad tanto al problema como a sus defensores. Quizá sin él nunca hubieran saltado a los titulares casos como los de los distritos escolares que contaban la pizza como un vegetal porque, bueno, llevaba tomate. De hecho, la Primera Dama actual, Michelle Obama, ha decidido hacer campaña por la salud, incluyendo una alimentación sana y responsable.

Hubiera estado bien que la Primera Dama se preguntara por qué es más caro un alimento fresco que uno procesado o impulsara alguna ley para vigilar las normas sanitarias que deben cumplir los procesados pero, en fin, no se puede tener todo y debemos suponer que hacer sentadillas en los late s es más…ahm… realista.

Mientras tanto Jamie Oliver ha puesto en marcha otro programa buenrollista en la televisión inglesa, Jamie’s Dream School , en el que no se contenta sólo con el comedor y quiere llegar hasta las aulas. De una gran cantidad de temas, oigan:





Y podría pasarme el día enlazando pero casi mejor os pasáis por esta especie de TEDtalks juveniles.

Sinceramente, me parece una buena iniciativa porque mete a los profesionales en las clases, para tratar de entender qué ocurre en ellas desde dentro y no por constructos, imaginando formas de mejorarlas. Y también porque aparta a Jamie de la cocina.

Esa es, en realidad, el resultado de todos estos programas. Jamie puede que no sea la persona más adecuada para hacer caso en la cantidad de especias que puede tolerar una comida, pero sí sabe una cosa: Sale en la tele y puede convertir eso en una manera de hacer palanca y mejorar los aspectos de la sociedad que realmente conoce. Y, a partir de ahí, ir construyendo y buscando soluciones a otros problemas relacionados. También puede traer una cámara que se fije en los problemas y problemáticas reales, desde el auge de la comida procesada al alza de precios y, sin embargo, que las explotaciones de carne pueden ser incluso más insanas que las que nos hacen subir los precios sin que parezca que exista una solución sencilla.

Así que, a veces, a donde no llegan los documentales de verdad se puede usar el sensacionalismo de los docu-realities. ¡Vivir para ver! El resultado más cercano lo tendréis muy pronto. Ha convocado para el 19 de Mayo un Revolution Day para difundir sus pensamientos. Por todo el mundo, España incluida. ¿Qué repercusión tendrá? Habrá que esperar y ver.

Mientras tanto, si pudiera alejarle alguien de la raíz de jengibre…

Jónatan Sark | 14 de mayo de 2012

Comentarios

  1. Silvia
    2012-05-15 17:11

    Vaya curriculum¡¡ yo sólo he visto sus comienzos, es un gran comunicador, conseguía no bostezar ante el Canal Cocina, porque buenos cocineros habrá, pero es como los profes puedes saberr mucho pero no tener idea de transmitirlo¡¡¡
    Thank you Jamie¡¡¡ mis hijos se engancharon a tus programas (y el papi) también, y han probado muchas muchas cosas que jamás comerían¡¡ aguacates, o guacamole, espinacas (los canelone de espinacas sin bechamel fáciles, rápidos y buenísimos ah y son más ligeros de digerir.
    Ah y la crema de calabaza con las tostadas de pan con parmesano, en nuestras cenas se ha convertido en un clásico.
    Podría seguir… sus libros tampoco están mal yo tengo el de la huerta.
    Incluso le dediqué una entrada porque no sólo ha hecho pasta (de la que no se come), sino que hasta ha encontrado un tesoro.
    http://silvitainwonderland.blogspot.com.es/2012/02/jamie-oliver-finds-joy-division-and-new.html
    bai bai



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