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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Iconismo mediático dickclarkiano

Las figuras icónicas y mediáticas, antecedentes de programas o detonantes de cambios, suelen llevar una carga importante, despertar pasiones o, cuando menos, causar conmoción en el público al saberse su muerte.

Sin embargo es una versión retorcida de eso lo que hemos podido ver en estos últimos meses con la muerte de Don Cornelius primero y Dick Clarck más recientemente. Dos nombres de enorme importancia y trascendencia en la televisión americana —y, por carambolas obvias, de rebote para todos los demás— que por sus particularidades, su situación de agradables bisagras han tenido diferentes tratamientos.

Que el primero en morir —el pasado 1 de Febrero— fuera Don Corneluis permitió fijar la nota superior. Cornelius presentó con enorme éxito por 22 años, de 1971 a 1993, el programa Soul Train. Cabecera icónica de la música negra en la televisión americana, durarái aún hasta 2006, ya sin Cornelius ante las cámaras, y aún dos años más tarde se vendería el formato a una gestora audiovisual. La época de mayor éxito fue, sin embargo, la de su primera década. Durante los años setenta Cornelius, un periodista implicado con el movimiento de los derechos civiles que venía de presentar en una televisión de Chicago el programa de información A Black’s View of the News, decidiría tomar cartas ante la falta de presencia de la música negra en la televisión.

Soul train vendría a cubrir ese hueco, primero en esa misma emisora y luego —mediante la sindicación— cubriendo poco a poco todo Estados Unidos. Durante esa primera década, e incluso su segunda, los espectadores afroamericanos pudieron conocer y descubrir artistas y modas. Sólo la popularización del rap primero y posteriormente del hip hop, géneros que Cornelius no apreciaba y contra los que no le importó cargar en más de una ocasión por considerarlos contraproducentes para la cultura negra, socavó la popularidad de su programa. Obviamente la brecha generacional estaba abierta, mucho, tanto que tampoco los nuevos movimientos, más violentos, no dudaban en despreciar a Cornelius del mismo modo que toda la época de la blaxplotation —Aunque de esto seguro que os podría hablar más y mejor Absence — y el programa fue objeto de todo tipo de burlas por parte de esos nuevos duros. Pero que esa actitud no nos ciegue, Soul Train fue muy importante. Tanto que fue considerado como la versión negra de America Bandstand.

¿De qué?

El 18 de Abril moría Dick Clark, una figura fundamental de la música en la televisión. De entre los muchos programas de los que se encargó sería America Bandstand el que mayor fama le diera, junto con sus especiales de música y baile para nochevieja, los New Year’s Rockin’ Eve. Referencias a estos programas y su presentador se encuentran por todos los rincones de la cultura popular estadounidense, desde Friends a Los Simpsons pasando por Sabrina, Pinky y Cerebro o El príncipe de Bel-Air.

Clark empezó su carrera en la radio, fue uno de los primeros DJ que hablaron y comentaron los discos, fue de emisora en emisora hasta llegar al momento en que una de esas emisoras le proporcionó la entrada en su cadena de televisión asociada, primero en un breve papel de presentador en TV Teen Club y luego en America Bandstand primero como productor al empezar el programa en 1952, para pasar a presentarlo en 1956. El programa duraría hasta 1989, siendo emitido por la ABC del ’57 al ’87 logrando así una cobertura nacional que le hizo el más popular de los programas musicales emitidos.

Múltiples artistas aparecieron allí por primera vez, aunque siempre cuesta saber la trascendencia real que su aparición pudo suponer para Prince, Jon Bon Jovi o Madonna

Del mismo modo que en sus especiales de nochevieja aquí los actores actuaban en playback y eran acompañados por bailarines, muchas veces jovencitos apelando así a los adolescentes al otro lado de la pantalla.

Pero el asunto aquí no es tanto la extensa popularidad como la figura de su presentador. Dick Clark presentaba una imagen amable y trabajadora, un tipo encantador con facilidad para borrar sus contornos, para desaparecer al servicio del programa. Y quizá ese fuera el gran problema.

La reacción contra Cornelius por no entender los cambios llevaba escuchándola décadas Dick Clark, su falta de personalidad más allá de lo amable, su nulo interés por lo que no fuera la música más prefabricada y comercial, su compleja relación de negación ante cualquier cosa que pudiera parecer arriesgada desvelaba su situación real como bisagra integeneracional. Los jóvenes difícilmente podían confiar en él, en alguien que anteponía a Pat Bonne antes que Elvis o Chuck Berry, pero sí entendían a todos esos jóvenes artistas menos… peligrosos. Por su parte los padres encontraban tranquilizador a este chico que presentaba a artistas mucho más adecuados para escuchar en familia. Dick Clark era, antes que un descubridor, un puente.

Con la llegada de los movimientos civiles se empezaron a introducir cambios en el programa aunque no sería hasta el éxito de Soul Train que se atrevieran a ir más allá e, incluso, a crear un programa para competir, Soul Unlimited, que fue un gran fracaso, durando a penas la temporada de su estreno en 1973 debido, principalmente, a que el más blanco que pan mojado en leche Dick Clark no parecía haber entendido nada de los problemas y artistas afroamericanos. O quizá porque el gran público aún estaba asimilándolo. El asunto se resolvió estableciendo una colaboración con Don Cornelius para sacar adelante algunos especiales y secciones. Todo por la integración y, claro, por el negocio.

Espero que a estas alturas hayáis captado ya otra de las imágenes proyectadas en la cultura popular. Efectivamente, en Hairspray el gran John Waters se permitió parodiar y recrear este tipo de programas y la figura de su presentador all american en tiempo de graves conflictos.

— Todo sea dicho, el film original y sus versiones se inspiraban en The Buddy Deane Show, con mayor sensibilidad hacia la integración… lo que le acabó valiendo ser retirado de antena.—

Resultaría temerario decir que esas tensiones raciales se han terminado ya, al menos mientras existan casos como el de Trayvon Martin o la demanda recién puesta contra la NBC por discriminación racial al no haber seleccionado aún ningún protagonista negro para The Bachelor causando un auténtico terremeto al tener que discutirse abiertamente si a Estados Unidos, al menos a unas zonas, le molestaría ver a un candidato de color saliendo con mujeres de otras razas.

Los programas de música en televisión pronto fueron arrinconados. Acabaron siendo mínimos ejemplos de programas de videoclips. De ahí fueron a los canales temáticos e incluso ahí fueron arrinconados por los realities. Tanto american Bandstand como Soul train o incluso el heredero británico Top of the pops, con sus playbacks, sus Top 10 y toda esa parafernalia de infomercial de lo que las productoras quieren vender acabaron quedando tan anticuadas como el propio Dick Clark, no odiados por lo que son sino por lo que no fueron.

Uno de los más rendidos admiradores, habitual elogiador e incansable defensor de Dick Clark es, precisamente, Ryan Seacrest. Sucesor al frente de los especiales de nochebuena, siempre ha defendido que la forma de ser y actuar, así como su famoso programa musical, ha sido en lo que se ha basado para que su propio programa llegue a lo más alto. Ese es, según Seacrest, el motivo del éxito de American Idol.

En efecto, el programa más visto durante muchos años—Todo apunta a que 2012 será el año que lo vea destronado— reconoce su deuda con Clark y con el programa que creara en 1952, hace ya 60 años.

Así que, al final, la muerte de estos dos presentadores, Cornelius y Clark quizá debería llevarnos a reflexionar sobre la televisión. Porque cada vez se registra una mayor bajada de audiencia en los programas más populares —como American Idol— sin que parezca surgir otros en su lugar, el público está desertando y por mucho que parezcan haber avanzado las series… ¿Realmente lo han hecho? Más aún, ¿la no ficción no estará aún viviendo en el pasado? ¿O será que nosotros estamos tratando de vivir en el futuro? Así que ya veis, a veces estas muertes marcan el final de una época, otras simplemente representan la época de un final.

[Lo que me ha costado no llamar a esta columna Dick in a box no lo sabe nadie]

Jónatan Sark | 23 de abril de 2012


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