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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Cancelando rápidos hachazos

Kerry Packer era, hasta su muerte en 2005, uno de los magnates de la información en Australia; controlaba la PBL que incluía la cadena Nine, la más vista de Australia durante décadas. Así que imagina lo que debió pensar el responsable de atender a los teléfonos cuando descolgó una noche de 1992 y se encontró a su superjefazo al otro lado de la línea, muy muy enfadado porque había tenido que dejar una cena en la que se encontraba al empezar a recibir llamadas de conocidos por culpa del programa que estaba emitiendo su canal en ese momento. Peor aún, había logrado una televisión y había visto unos minutos, los suficientes como para descolgar y llamar exigiendo, según cuenta la historia: “Get that shit off the air!”. “Esa mierda” era Australia’s Naughtiest Home Videos, que en su minuto 34 entró en anuncios y, cuando estos terminaron, comenzó un capítulo de Cheers. Packer no lo sabía pero acababa de hacer historia.

Ésa que acabáis de leer, a mitad de emisión, es la cancelación más rápida de la historia, al menos de la que se tenga conocimiento. El programa en cuestión no dejaba de ser una recopilación de vídeos al estilo de los Vídeos de Primera que tan de moda estuvieron en los años ’90 y que tenían en esta ocasión un marcado cariz sexual, junto con algunas otras imágenes calificadas como ofensivas; eso y un presentador, el cómico Doug Moulray animando los vídeos con voces —en fin— mientras en pantalla dos animales se lo montaban, un señor se quedaba en paños menores o una niña jugaba con el escroto de un canguro. Como resultado de este ataque de ira, Moulray fue vetado (baneado, en moderno) de por vida de Nine y el programa desapareció dejando tras de sí una leyenda propia… hasta que en 2008, aprovechando que el dueño llevaba tres años muerto y que una copia acababa de aparecer, el canal decidió volver a emitirlo. Incluso trataron de contar con Moulray que, obviamente, se negó.

El resultado fue editado mínimamente y, una vez visto, no ofrece nada que no pudiera triunfar en las noches españolas. Si tienen curiosidad aquí está:

No tenía yo mucha intención de hablar de programas rápidamente cancelados pero parece justo, tras la columna de hace quince días, dedicar un pequeño apartado a los que no sólo no lo consiguieron sino que no lo consiguieron demasiado deprisa. Tanto que o la audiencia fue espantosa o algún otro motivo —como en el caso que acabamos de ver— llevó a que los retiraran de pantalla.

Para nuestro número dos encontramos, precisamente, esa misma motivación, sólo que unos veinticinco años antes. Todo a cuenta de algo que había empezado dos años antes y que sería uno de los grandes programas de la televisión americana.

En 1967 se emitió el primer especial Rowan & Martin’s Laugh-In, un programa cómico, casi de variedades, en el que los títulares Dan Rowan y Dick Martin encabezaban a un grupo de cómicos y artistas que realizaban sketches con fuerte acento en el vodevil e, incluso, en lo burlesco. Un exitazo tal que en el 68 la NBC reemplazaba The man of U.N.C.L.E., convirtiendo Laugh-In en un programa habitual. Y ante su éxito sus creadores no tardaron en decidir sacarle más rendimiento, darle un spin off propio, algo más… descarado, más… picante… Sólo que ni la ABC ni la CBS lo quisieron, así que terminó en la ABC. Turn-on tendría un cast propio, distinto del de Laugh-In y un primer invitado de impresión, Tim Conway. Y no tendría mucho más.

Mezclaba los temas sexuales con alguna alusión política perdida y con referencias a la contracultura del momento —incluso a otros ilustres eliminados de la parrilla, los Smothers Brothers— y algunas ideas que podrían haber funcionado en algún otro programa, incluso en el aún no imaginado SNL. Pero la controversia por los temas e interpretaciones hizo que durara mucho menos; en algunos estados no llegó ni a terminar de emitirse tras un sketch con una joven tratando de hacer funcionar a una expendedora de píldoras del día después. Conway llegó a declarar que la noticia de la cancelación llegó después de su emisión en la costa este, pero cuando aún no había terminado en la oeste. Aunque oficialmente tardaría algunos días en hacerse público y, ya puestos, pedir perdón a los ofendidos espectadores que estuvieron quejándose a las distintas emisoras asociadas de todo el país. Algunas malas lenguas sugirieron que esperaban a tener los resultados de audiencia fiables para comprobar cómo de rentables les sería mantenerlo.

En cualquier caso este programa, no tan lejano a Laugh-In y tantos otros programas de sketches de antes y después (hasta el punto de que el programa padre recicló alguno de ellos sin mayores problemas) tenía el problema, según Harlan Ellison, de ser “más incómodo que malo”. En cualquier caso parece que escarmentaron, porque decidieron pasar de un piloto de comedia sobre un tipo con propensión a enfadarse y a tocar temas controvertidos, por suerte para la CBS que se hizo así con All in the family.

Poco hay mostrable del programa pero sí la opinión de dos de los que estuvieron allí implicados:

Para nuestro tercer seleccionado vamos a algo más complejo. Estamos ahora en 1979, el SNL había sido el programa de referencia los últimos años y Desmadre a la americana (National Lampoon’s Animal House) había sido un exitazo, tanto que todas las cadenas parecían decididas a estrenar una serie sobre fraternidades: La ABC tenía Delta House —adaptación directa de la película y que presentaba a una jovencita Michelle Pfeiffer antes incluso que Grease 2—, la NBC contaba con Brothers & Sisters y la CBS contaba con Co-Ed Fever. Contaba y poco más.

La serie vivió este estreno especial como parte de una estrategia de presentar las nuevas series a la audiencia antes de su estreno real. La audiencia dejó claro que no iban a estar allí —de hecho, de las tres series sólo Delta House llegaría a emitir 13 episodios—, de manera que el estreno se pospuso hasta eliminarse, directamente, dejando los cinco episodios rodados fuera de juego —bueno, los acabaron emitiendo… en Canadá—. Así pues, ¿aceptamos que se eliminó tras un capítulo o antes del estreno o cómo?

No fue el único caso ese año para la CBS; anunciaron una serie cómica sobre un congresista negro, Mr. Dugan e incluso dijeron que la estrenarían durante esa semana de presentación, pero las quejas de un congresista negro real llevaron a la cadena a un movimiento arriesgado: presentar el programa a los congresistas negros para que vieran que no había nada malo.

La serie era un producto de Norman Lear, el creador (o adaptador) de clásicos como All in the family y Maude. De hecho este programa pensaba reutilizar los decorados dejados cuando Bea Arthur decidió no seguir con la serie tras sólo un par de capítulos en su nuevo puesto como senadora. ¿Si no les gustaba el creador de Maude, quién iba a gustarles?

Respuesta: Aparentemente nadie. No lo querían. No lo aceptaban. Y se negaron con todas sus fuerzas. Dio igual el dinero y esfuerzo realizado en las series o en autopromoción, incluso el tener una fecha para el estreno. Mr. Dugan jamás vio la luz.

Con los restos se cocinó una ropavieja llamada Hanging-In que reutilizaba actores, algunos escenarios y algunas ideas del guión. Duró cuatro capítulos, que ya fueron muchos con lo condenado que partía el proyecto. ¿Cómo consideramos Mr. Dugan, que no llegó ni a estrenarse?

Como decía, ejemplos como éstos de rapidez con el hacha pueden servirnos para entender el gatillo fácil que pueden llegar a tener las cadenas y cómo muchas veces no tiene que ver tanto con las audiencias como con algunos hechos de su contexto.

Otras veces la cancelan ellos, como Emily’s Reasons Why Not, con una Heather Graham popular que vio cómo en USA sólo se emitía el primer capítulo, teóricamente porque los ejecutivos habían dado el visto bueno al proyecto sólo por la presencia de Graham, sin haber leído el piloto, y que después mandaron a boxes y, por lo menos, endilgaron la serie a canales de todo el mundo usando de gancho a la estrella —recordad, 3 de cada 4 veces: “Exito en USA” es mentira— y recuperando algo de pasta.

Uno casi agradecería la indudable motivación para eliminar una serie de la parrilla que vivió Heil Honey I’m Home! debido a que iba de… Pero estoy pensando que lo podéis ver:

Efectivamente, una sitcom protagonizada por Hitler y Eva Braun con sus nuevos vecinos judíos, los Goldberg, a los que tratan de ocultar que viene a cenar Neville Chamberlain, todo ello presentándolo como una serie perdida de los años 50 que acaban de reencontrar.

No coló y, en mitad de una tormenta de mierda —la típica de los que tienen más de cincuenta mil followers—, decidieron retirarla, quitar de en medio el resto de capítulos y fingir que nunca se les había ocurrido.

Lamentablemente no es tan divertida como para reivindicarla, para que luego digan que Hitler es comedia.

Yo pretendía terminar aquí para que la columna fuera corta, pero veo que aún en el reino de un sólo capítulo me dejo cosas… Bueno, así tendré la posibilidad de hacer otra el año próximo. Incluso puede que meta alguna serie española, si es que a alguien se le ocurren programas españoles a los que sólo hayan dado una oportunidad.

Jónatan Sark | 24 de octubre de 2011


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