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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Siendo novedable

Es cierto, ya hay previas de casi todas las nuevas series que llegarán este otoño. La ABC, la NBC, la FOX e incluso la dupla de la CBS y The CW han sacado las galas para presentar al gran público sus propuestas.

Ahora podría realizar un post sobre lo que hay, lo que se espera y lo que ha cambiado pero, sinceramente, hay dos cosas que hacen falta antes. La primera es, obviamente, un Pilotos Deathmatch con todo lo que ha aparecido desde el último. No es que sea mucho, por motivos que ya comentaremos, pero es necesario hablar de ellos. Volved en quince días porque la semana que viene sigo repasando creadores —esta vez americano y sin el que los años ’80 serían muy distintos para todos los niños de entonces— y, antes también, conviene que tengáis cierta idea sobre todo el proceso de cómo se ha llegado hasta ahí, hasta ese momento en que se anuncian las novedades. Que es de lo que hablaré en la columna de hoy. En cuanto a ese repaso, y teniendo en cuenta cierto creador inglés no demasiado conocido que irás tras el Pilotos Deathmatch… ¿Qué tal si volvéis en un mes?

¿Que queréis ahora una columna? Bueno, enfoquémoslo por el lado contrario. ¿Cómo han llegado hasta ahí esas propuestas? En la televisión USA, digo. Cada vez que menciono la posibilidad de hablar de este tema en el mercado español alguien se me descojona. Lo más sencillo sería mandaros a leer este texto pero creo que se puede incluso extender un poco más, y en español.

Lo primero que hace falta es una idea. No digo una que sea nueva, claro, vale con pillarla de una serie anterior, de otro país o de otro medio. en cualquier caso hay que tener una idea y poder exponerla en unas tres líneas que es lo que son capaces de procesar los ejecutivos de estudio y la prensa.

Por supuesto lo primero no es enviárselo a una cadena, antes hace falta lo de siempre: Pasta. Así que uno se busca unos señores productores que pongan la pasta por si acaso. Para ese primer propósito se envían esos bonitos resúmenes: “Te quiero, ¿Me quieres?” a ver si cae la breva. Por supuesto hay formas de inclinar la balanza, es más fácil venderles el proyecto si te conocen de antes, por eso la mayor parte de proyectos aceptados vienen de guionistas de otros medios — cine o teatro— o de gente que ha empezado como guionista en una serie especialmente cuando ha hecho todo el camino de guionista a responsable de guiones o a jefe de guionistas y, sobre todo, si ha sustituido al creador de la serie cuando se ha largado a desarrollar otra idea.

La figura del showrunner entendida como el responsable de la buena marcha de la series —lo que en los tiempos antiguos era simplemente un producto— ha ido tomando fuerza, de manera que cuando una serie parece estable y se puede dejar a alguien a cargo para desarrollar nuevas ideas elegir a ese sustituto es fundamental. Este método de ascenso, el más común en las series actuales, es el que permitió sobresalir a David E. Kelly, por si quieren hacerse una idea del tiempo que se lleva usando.

También puede ser que el Estudio tenga en nómina o esté participado o poseído por el dueño de la idea en cuyo caso, ¿para qué darle más vueltas?

Ese es el primer filtro. Una vez que un Estudio parece interesado en producir la serie se puede empezar a dar la vara a las cadenas. De entrada se extiende el desarrollo, se sugieren actores, se hacen paralelismos con éxitos del presente o pasado. De nuevo el que el estudio conozca a la productora y al creador ayuda, si está trabajando con ellos en otra serie de —razonable— éxito o tienen algún acuerdo de colaboración —una de las situaciones más comunes que existen, recordad que ya en los sesenta vimos usar ese tipo de acuerdos— especialmente si es un acuerdo con la cadena. También si el Estudio y la Cadena pertenecen al mismo grupo aunque eso no es un fijo, existen casos en los que un estudio se ha centrado en su cadena y no ha sacado un mojón mientras otros como Universal o Fox tenían más éxito vendiendo a cualquiera que se les acercara. —Lo que hay que tener en cuenta a la hora de pensar en rescates de series, si al grupo le interesa que la serie dure más puede recomendar a su cadena que le haga un hueco—

En ese momento pasamos de los 500 Pitches, esas locas ideas para series, a unos 70 guiones solicitados. Una vez decidido el desarrollo se prepara una biblia, un documento con personajes, tramas y desarrollos posibles además de una indicación de actores disponibles. Como la gente no es tonta este tipo de documentos está más cerca de ser de “buenas intenciones” que de algo a lo que hacer realmente caso pero, eh, puede que convenzas a tu cadena y entonces de luz verde para el piloto.

La verdad es que está fase es casi la más sencilla de pasar, de cada 7 guiones se ruedan 2 pilotos, un tercio, con lo que empiezan las vueltas para conseguir actores, localizaciones y lograr la doble imposibilidad de realizar un episodio espectacular pero que tampoco implique una serie de presupuesto disparatado. Algunas veces hay inyecciones secretas de capital para meter secuencias imposibles de rodar en la serie principal que hacen del piloto el capítulo más caro que se verá… en toda la historia de la serie.

A partir de ahí tenemos como el Street Fighter, rondas. La primera es de la gente del estudio, normalmente aún durante el desarrollo, para ir ajustando cosillas. una vez el Estudio está razonablemente contento, o la cadena suficientemente harta, se les envía una copia. Ahí puede acabarse el asunto. Con algo de suerte habrá cosas que les gusten y tratarán de cambiar el resto para lograr una mejora. Hay series que han tenidos varios pilotos sucesivos, como All in the family, actualmente hay una serie llamada Friends with benefits que lleva dos años probando cosas a ver si sale algo decente. Con una suerte aún mayor les encantará. Tanto que envían a las hordas contra ellos. Perdón, no se llaman hordas, se llaman test audiences o audiencias de prueba —o de pega — que están formados pro gente común —sob— y serán los responsables del éxito y de los cambios.

Teniendo en cuenta que el 80% de las nuevas series —aproximadamente— se cancelan antes de pasara a su segunda temporada podéis comprobar lo útiles que son sus consejos.

Las diferencias entre una serie para una cadena generalista y una de cable están, precisamente, en cómo encaran los grupos de audiencia — y a los críticos— pues un pez gordo como el jefe de ficción de la ABC tienen que plegar sus deseos a lo que le digan — y no elegir Poe— mientras que una cadena de cable puede rechazar cuatro series que entusiasmaron a críticos y audiencias.

En este punto puede pasar casi de todo, sobre todo si las cadenas hacen caso a las sesiones de grupo que suelen pedir cosas estúpidas y contrapuestas. Sobre todo porque hay que tener en cuenta que los pilotos pueden — y suelen— cambiar, por un lado porque los actores no tienen por qué continuar del piloto a la serie —bien porque tengan otros compromisos, bien por decisiones del productor— por el otro porque frente a la facilidad para cambiar el piloto —es un decir— normalmente se entregan enlatados de una vez cuatro capítulos con lo que cualquier cambio o desarrollo no pasará hasta después de ese inicio.

En cualquier caso, de los 20 pilotos encargados se acaban emitiendo entre 4 y 8 pilotos, según las cadenas. Es decir, según la cantidad de shows que necesiten repuesto para la nueva temporada y lo desastroso que sea su forma de programar las series —es decir, cuánto estés cerca de las NBC— así como la previsión que tengas. Normalmente se deja alguna serie para cubrir huecos —especialmente si eres la FOX— que en el mejor e improbable de los casos pueden reciclarse a serie de mitad de temporada.

En cualquier caso las series que han logrado llegar, incluso aquellas que han sido derivadas de un canal a otro o que han logrado un rebote tras la fallida compra —lo que suele significar ir a una cadena de cable que tiene menos presupuesto como el SyFy— están preparadas para causar esa primera impresión.

Pero eso ya es un asunto para otra columna.

De manera que ya hemos reducido el número de posibilidades, de

Jónatan Sark | 30 de mayo de 2011


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