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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Coralidad Steven

Cuando un creador televisivo dice venir de un ambiente artístico uno esperaría descubrir que sus padres eran actores, guionistas, directores o, en el mejor de los casos, cómicos. En el caso de Steven Bochco, reputado creador de series de policías, abogados y médicos, lo último que parece probable es la verdad: Steven Bochco es hijo de un violinista y una pintora, educado en la Escuela de Música y Artes de Manhattan, estudiante en Carnegie de Bellas Artes y, especialmente, de escritura de guiones y piezas teatrales.

En 1966, recién concluidos sus estudios, Bochco hizo lo que casi todos los demás jóvenes graduados: Buscarse un trabajo en una gran compañía. En su caso la afortunada fue la Universal que le puso a realizar guiones para policiales como Colombo, Ironside o El comisario McMillan y esposa entre otras, subiendo de puestos de simple guionista a responsable de guiones y de ahí a ocuparse en 1969 de su propia serie.

O casi. En realidad lo que le ofrecieron fue ocuparse de un segmento de la serie The bold ones —algo así como Los Intrépidos—, cada semana tocaba un grupo diferente que se iba turnando: Los abogados, Los protectores, El senador y, por supuesto, The New Doctors. En ella un grupo de médicos muy especializados capitaneados por el Dr. David Craig (E.G.Marshall) que cada episodio se ocupaban de un extraño caso, bien por la dificultad del mismo o por los problemas para diagnosticarlo correctamente. A lo largo de los cuatro años que duró el contenedor se emitieron un total de 45 capítulos y si bien no fue un desastre como El Senador ni logró la popularidad y respeto crítico de las otras dos sí consiguió que se fijaran en él y tras un par de años trabajando en telefilmes aceptó una oferta en 1978 para dejar la Universal e irse a la productora de Gary Tinker y su mujer, Mary Tyler Moore, MTM. En la que desarrolla su primera serie completa:

Paris, centrada en la vida de un capitán de policía, Woody Paris, y en cómo conciliaba su vida profesional y la formación de los jóvenes policías a su servicio con la vida familiar que compartía con su mujer Bárbara. No le fue muy bien a la serie gracias a una elección de horario especialmente calamitosa: Los sábados a las 10 de la noche es incluso peor que los viernes y la serie no fue capaz de llegar a los 13 capítulos, aunque si sirvió para dar a conocer a su actor principal, James Earl Jones.

Su siguiente idea, co-creada con Michael Kozoll, vendida a la NBC y desarrollada pese a todos los problemas que representada gracias a la buena conexión con Brandon Tartikoff que no dudó en acceder al reparto coral, a los arcos argumentales de varios episodios y a las tramas entrecruzadas que iban y volvían de lo profesional a lo privados. Es decir, todo lo que convirtió en un signo de identidad esta serie:

Quizá la mejor serie policíaca jamás filmada, extremadamente compleja e inteligente, alternando momentos de comedia con otros de drama y abriendo, cerrando en falso o cortando tramas, Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues) fue una historia difícil de armar, vender y poner en marcha y sólo la confianza de Tartikoff logró que la cadena no se rindiera en varios momentos complicados. La idea de llevar más allá las premisas de Barney Miller, las novelas de Ed McBain o el documental The Police Tapes dando un aspecto más sucio y realista a la serie. No tanto oscuro o desesperado como agridulce, mostrando victorias y derrotas como un todo y atrayendo talentos como Bob Woodward o David Mamet a escribir algún episodio.

Pese a todo la MTM pide a Bochco que siga trabajando y cree alguna serie nueva, algo que pueda seguir con la idea de Hill Street lo que nos lleva a:

Decir que Bay City Blues no fue exactamente como la MTM esperaba —o la NBC, pero la NBC está acostumbrada a estas cosas— es el eufemismo equivalente a El Vesubio dejó olor a humo en algunas cortinas, pese a estar realizado con alguno de los actores de confianza de Bochco como Dennis Franz esta mezcla de drama con comedia centrada en un equipo de las ligas bajas de baseball emitió sólo 4 de los 8 capítulos que tenía en producción y causó el despido de Bochco de MTM. —Pese a lo cuál Canción triste de Hill Street duró aún dos años con la NBC y MTM

Bochco contaba aún con Tartikoff como valedor dentro de la NBC así que pudo venderle otra idea, esta vez co-creando junto a Terry Louise Fisher y como productor asociado a la 20th Century Fox. Ya habíamos tenido médicos y policías así que estaba claro el siguiente paso:

Durante 12 años La ley de Los Ángeles (L.A. Law) marcó el estándar de calidad de las series de abogados aplicando ideas similares a las de Canción triste de Hill Street para mover personajes y tramas. Y si bien en esta ocasión había menos variedad racial aún se notaba la formación de Bochco en los ’60 y ’70 por la inclusión de grandes temas que se debatían en la serie.

Cantera de toda una idea de entender la abogacía gracias al lavado de cara que pegaba a viejas series como The Defenders, sin ella es imposible comprender los pasos de creadores como David E. Kelly que empezó allí como guionista y no tardó en ascender hasta responsable de guiones.

Este nuevo éxito en la NBC sirvió para lo de siempre: Hizo apetecible a Bochco para el resto de cadenas, lo que facilitó que la ABC le ofreciera un trato por 10 series. ¿Cómo iba Steven a dejarlo pasar?

La primera serie del paquete demostró las ideas extrañas que Steven Bochco, deseoso de innovar, iba a llegar a probar transitando por los límites del género para reinventarlo.

Hooperman colocaba a John Ritter_ —dos años después del final del Spin-off de Apartamento para tres— como protagonista de una serie mezcla de drama con comedia sobre un policía que, además, heredaba un edificio de apartamentos. El bajón de calidad de la segunda temporada condenó a la serie pese a los esfuerzos de Bochco para que la cadena le permitiera intentar una tercera temporada.

Por suerte para todos —incluyendo David E. Kelly, acreditado como su co-creador— su siguiente proyecto sí que fue un completo éxito, gracias al giro que daba a uno de los géneros más clásicos logrando unir las series para adolescentes con las de médicos, es decir:

Con Doogie Houser, M.D (o Un médico precoz como se la conoció en España) dio a conocer a Neil Patrick Harris y ofreció una visión diferente y fresca de las series de médicos.

Así pudo prepara a la cadena para una de las mayores debacles de la televisión. De cualquier televisión:

Sí, ese era Randy Newman. Es difícil añadir nada a lo que ya he dicho en varias ocasiones sobre Cop Rock, una idea tan extraordinaria como extraña, que trató de unir el policíaco con el musical con canciones creadas ex-profeso y que marcaría un punto en la trayectoria de Bochco del que parecía que jamás podría volver.

Solo que su siguiente proyecto fue a peor aún. Puede que la idea no fuera necesariamente mala pero el momento no era decididamente el adecuado; da igual que en 1992 Los Simpsons fueran ya un éxito: nadie estaba preparado para algo como Capitol Critters

Una serie centrada en las ratas, cucarachas y demás animales de alcantarilla del capitolio en el que no se ponía el acento tanto en el humor como en el debate de grandes temas logró horrorizar lo suficiente a audiencia y productores como para que el primer episodio fuera casi el último, emitiéndose el resto de los producidos durante los dos años siguientes. Ni las reminiscencias a Bakshi pudieron levantar la pinta de Fievel va a la Casa Blanca y tiene problemas con el alcohol, las drogas y el dinero ni el trabajo vocal de Neil Patrick Harris como el protagonista, Max, sirvió de gran cosa en lo que parecía, ahora sí, la última palada de tierra en la tumba de Bochco.

Sólo que aún le quedaban series comprometidas con la ABC y tenía el último recurso a mano: Back to the basic. (Por favor, suban el volumen antes de disfrutar del siguiente opening)

El excepcional trabajo de Mike Post vuelve a brillar en la cabecera como ya lo hiciese en Canción triste de Hill Street, y no es el único parecido gracias a la troupe de actores que Bochco arrastra de serie en serie logrando que Dennis Franz luzca especialmente mientras le va dando oportunidades a otros habituales como Jimmy Smits o Mark Paul Gosselar. Un retorno por todo lo alto, ahora con más grandes temas y mayor capacidad de ofender. Porque el espectador de ahora se ofende con nada, claro.

En cualquier caso, sirve este éxito para que la ABC pase por alto una sucesión de series poco acertadas que vinieron a continuación: Brooklyn South (1997), City of Angels (2000), Philly (2001) y Over There (2005) que llegaría al mismo año en que terminó NYPD Blue. Entre medias sólo un acierto parcial, la enorme mezcla de serie de abogados con misterio siguiendo las líneas de Twin Peaks o los seriales británicos:


GENERIQUE : MURDER ONE por artemis181

Lamentablemente la marcha de su estrella, Daniel Benzali, tras la primera temporada, acabó con la serie en una segunda temporada renqueante y perdida que hundió el buen arranque de la primera.

De manera que en 2005, tras el fracaso de Over there y el cierre de Policías de Nueva York concluía la colaboración de Steven Bochco con la cadena ABC.

En esa misma época era fácil encontrarse que sus entrevistas giraban sobre dos temas, la falta de un público interesado para ver la tele en las cadenas generalistas, que en opinión de Bochco se habían pasado al cable para poder ver programas interesantes, inteligentes y complejos dejando las generalistas con la necesidad de rellenar con contenidos que no ofendieran demasiado a nadie ni dieran muchos quebraderos de cabeza, y la sensación de que su tiempo había pasado por la falta de profesionales apasionados y competentes como Brandon Tartikoff que apoyaran a los creadores y estuvieran dispuestos a probar con series novedosas.

Irónicamente su siguiente proyecto sería coger una de las series más exitosas del arranque de la temporada de 2005 y, siendo amables con él, desmontarla. Tras las sucesivas broncas entre la ABC y el escritor Rod Lurie la cadena decide prescindir de él para continuar desarrollando Señora Presidenta (Commander in chief) después de que el estilo polémico, intelectual y descuidado con plazos y fechas de entrega de Lurie cansara a la cadena que prefirió intentar tirar de un profesional competente. El resultado fue que tras su magnífico inicio la serie se convirtió en plana y predecible hundiéndose en las audiencias y cerrando rápidamente en el episodio 18.

Así que Bochco hizo lo más sensato, se pasó a los canales de cable y allí presentó en 2007 una nueva serie de abogados Raising the bar. de nuevo con Gosselar, a quien ya había introducido en Commander in chief, y de nuevo con una forma tan formulaica y cansada de hacer las cosas, tan esto ya lo he visto que en dos temporadas estuvo fuera.

Podríamos pensar que en 2009, con el cierre de Raising the bar, Bochco se habría rendido a participar sólo como consultor, supervisando y escribiendo novelas, alejándose de la televisión de combate.

Pero la verdad es que en estos momentos se encuentra desarrollando una idea para Showtime, un proyecto ultrasecreto a medias con Chris Gerolmo llamado Church of Rock de la que poco se sabe y mucho se especula. Parece que aún tardaremos toda una temporada en descubrirlo pero mientras nos quedamos con una idea, y es que los viejos rockeros de la creación televisiva nunca se retiran.

Jónatan Sark | 09 de mayo de 2011

Comentarios

  1. Manuel Haj-Saleh
    2011-05-10 05:01

    No seré tan osado de decir que Bochco es el Rey, pero sí es uno de ellos (hay varios) dentro de la tele de los 80 y 90. De hecho, estoy casi seguro de que David E. Kelley no habría sido nadie de no ser por Bochco, a quien sustituyó como productor ejecutivo al menos dos veces antes de volar por su cuenta.

    Los dos grandes éxitos de Bochco se apuntalan, a mi entender, en sus repartos: no sólo por la dificultad de llevar adelante a un reparto coral tan grande y heterogéneo, y hacerlo bien, sino también por conseguir que ese reparto tenga una química sostenida a lo largo de tantos años. Y esto lo consiguen, de manera distinta, tanto “Hill Street Blues” como “L.A. Law”. En la primera, ese reparto tenía el punto en común de que eran “gente muy normal”. O, por decirlo de otra manera, protagonistas “casi feos”, gente que se parecía mucho a la que te podías encontrar en los alrededores de una comisaría de barrio. Era la tele de ficción bajando al día a día de la calle. No se podía tener ni un ápice de glamour, pero a la vez no podías espantar a tu audiencia, y este reparto conseguía unir ambas condiciones.

    En el caso de la segunda, era todo lo contrario: pasamos a la clase media-alta y al bufete de abogados que cobran una pasta por casos cotidianos. Y lo hacen con un reparto que tiene química desde el principio, incluso cuando introducen (y me da que a regañadientes) a Blair Underwood como la nota racial de la firma. Es que no sobra ninguna pieza ahí, incluso en el montaje de escenas de la sintonía inicial parece que se han llevado toda la vida trabajando juntos. Y, de hecho, cuando meten a John Spencer y Amanda Donohoe en las últimas temporadas, esa química se quiebra (John Spencer era un señor actor, pero aquello fue un error de reparto bestial). Aunque creo que Bochco ya no era productor ejecutivo por entonces.

    Yo diría que cada espectador tenía un favorito dentro de esa pléyade de personajes, pero mis preferidos eran Alan Rachins y Richard Dysart, en ese juego de “poli malo/poli bueno” que se traían como socios de la firma.

    En cuanto a “Murder One”, la primera temporada es sencillamente redonda desde la sintonía del principio hasta la resolución final. Un concepto semi-novedoso (el caso único que ocupaba toda la temporada, como en Twin Peaks, pero aquí mucho más prominente sobre las tramas secundarias), un reparto absolutamente exquisito, con un Stanley Tucci en el que creo que es el mejor papel de su vida y una narrativa bestial, que para mantener durante veinticuatro episodios la tensión sobre si el acusado es inocente o culpable hay que tenerlos muy gordos.

    A Bochco le acusaron muchas veces, creo que con razón, de empeñarse en meter a su mujer a toda costa en los repartos. Y Barbara Bosson era una de esas actrices a las que la cámara sencillamente odiaba, por lo que sus papeles no podían ser de otro carácter (ex-mujer de Furillo, fiscal irritante en Murder One…). Una vez leí que ella, o mejor dicho, la insistencia de Steven por defenderla a toda costa, fue una de las principales razones por las que siempre se peleaba con sus jefes y le acababan echando de la producción. Aunque puede que esto sólo fuesen rumores.

    Magnífico texto, Sark :-)

  2. Jónatan S.
    2011-05-15 00:21

    Es que la coralidad es el punto fundamental de Bochco, junto con una forma de hacer cercanas y accesibles, una familiaridad que se da a los personajes pero que se consigue sin necesidad de sacarles en casa en pantuflas. Van sacando pequeños detalles de su vida cotidiana, la gente tiene familias, hablan de sus hijos o recuerdan sus pequeños problemas. Es un aproximación prácticamente europea a este tipo de historias frente a los héroes de una pieza o desapegados de la sociedad que suelen tener los americanos.

    Sin esa forma de entender la televisión, que bebe también de referentes, mencioné a McBain o Barney Miller pero no a la serie coral cuya huella es más presente, M*A*S*H , que influyó en la coralidad de Bochco del mismo modo que luego ambos influirían en St. Elsewhere o Urgencias.

    Que ahora Bochco no esté en el mejor de los momentos no significa que no sea uno de los creadores más importantes y personales en la historia de la televisión.

    Lo que pasa es que a los de no hay televisión como la de ahora les cuesta recordar estas obviedades.



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