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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Descabezando culebrones

Esta semana se ha confirmado algo que venía rumoreándose desde hace tiempo y que demuestra los problemas actuales de la ficción televisiva. Y no me refiero a la renovación por dos temporadas más de Mujeres desesperadas.

Hablo de la cancelación de All my children y One life to live. Esta cancelación se une a la de finales del año pasado cuando As the world turns se despidió también de las pantallas americanas o Guiding light en 2009.

Aún quedan tres clásicos, uno más moderno, comenzado en los años ’80: The bold and the beatiful flamante campeón los dos últimos años del Emmy a mejor culebrón —o daytime drama llámenlo como quieran— así como el culebrón que mantiene mejor audiencia, The young and the restless y, por supuesto, el mejor culebrón del mundo: General Hospital.

Muchos de estos culebrones venían de los años setenta. Las radionovelas adaptadas a la televisión habían demostrado tener una vida relativamente larga, aunque nada comparada con sus primas inglesas. La apertura y revolución de los años setenta permitió una mejora frente a las relativamente timoratas historias. De las conocidas como Procter & Gamble Productions por haber sido creadas para los primeror modelos de programas — muchos de los cuales llevaban el nombre del patrocinados (Texaco, Ford, etc…) en su nombre— esponsorizando muchos, incluso en el cambio de los años setenta, aunque en estos momentos sólo The young and the restless permanezca.

La nueva década permite personajes como Erica Kane en All my children, quizá la más avanzada de las novelas al añadir un contexto y reflexión sobre temas calientes del momento; así, Erica pasaba de ser la princesita malcriada a una mujer independiente a lo largo de los años, permaneciendo al menos esa ruptura con la situación clásica en el guión de la novela.

Sin embargo la evolución del género ha ido deshaciendo su poder. Suele empezarse enumerando la multiplicación de canales como un motivo de la progresiva baja audiencia.

Podríamos incluso discutir sobre la existencia de SOAPnet, un canal por cable de Disney/ABC que repetía los culebrones diarios, incluía repeticiones de otros clásicos —e incluso de aquellos propiedad de la ABC cuyos episodios especiales emitía también— y que tenía un público constante y en crecimiento, aunque muy segmentado.

Pero resulta que lo van a cerrar. Se supo la noticia antes de que empezara a rumorearse el final de AMC y OLTL y en ese momento lo achacaron a que Disney/ABC consideraban prescindible su existencia para poder usar la frecuencia como lanzamiento en USA de una cadena pensada para alumnos de preescolar. Disney Junior tomaría la idea de alguno de los canales de fuera de USA como el Disney Playground, siendo las víctimas colaterales los espectadores y la serie canadiense Being Erica.

Being Erica tuvo tercera temporada, entre otras cosas, por que SOAPnet estaba emitiéndola y quería continuar con ella; ahora su continuidad parece más complicada. Yo, particularmente, no me preocupo en exceso. Pero es porque me vi los tres primeros capítulos.—

Sobre los espectadores, el conglomerado dijo que con tanta grabación digital y física en realidad había dejado de ser necesario un canal para que la gente pudiera ver las series de nuevo, obviando la redifusión de materiales antiguos y, por supuesto, ajenos.

El sector entregado se temió, obviamente, que eso pudiera significar la cancelación de alguna de las series de la cadena ABC, y acertó de pleno. La idea era que librarse de los culebrones causaría unos huecos que el canal por cable no estaba muy interesado en rellenar, y la posibilidad de añadir la frecuencia a la bola de nieve de Disney.

Pero, ¿qué significa realmente esto?

Podemos hacer varias lecturas. La más sencilla es que los fogueos televisivos tendrán que empezar a salir de otro lado. Y no me refiero a que esta fuera la mejor o la única escuela posible para la ficción, pero sí que era una forma sencilla de formar y baquetear a caras nuevas y no tan nuevas, así como un retiro dorado del que entraban y salían cientos de actores.

Cierto es que los culebrones americanos iban perdiendo espectadores en favor de las loquísimas telenovelas en español, que causan auténtico furor en Estados Unidos incluso entre aquellos espectadores que, literalmente, no entienden de lo que están hablando. Las tramas inexplicables de pasión desatada iban ganado a esas peleas de patios de vecinos a las que habían evolucionado los culebrones americanos. Pero eso, como en tantas otras ocasiones, se podría haber solucionado desde los guiones o lanzando un culebrón nuevo.

En lugar de eso, la ficción volverá a perder frente al reality y los magazines otra batalla, otro bastión perdido. La facilidad de ensamblaje, el coste notablemente menor y el progresivo desapego del público por la ficción ha permitido que la solución, para todos aquellos que no han pasado al mercado extranjero, sea este abandono total.

La búsqueda de lo real y lo creíble, ofrecida mediante porciones igual de cocinadas y guionizadas pero con unas posibilidades mucho menores, la apariencia de realidad conseguida mediante no la capacidad escritora sino la exposición mediática de baja calidad, como si el hecho de que alguien se interpretara a sí mismo —o a la versión de él que decidió que la tele podría querer comprar— fuera un sello de calidad.

El gancho de la actualidad, convertida en un sinfín de tonterías que difícilmente podrían pasar por noticias, truculentismos, ganchos sexuales y todo tipo de apelaciones a los más bajos instintos disfrazados de conocer la actualidad pero sin dejar que la actualidad se manifieste o que los auténticos temas se debatan.

Mirar atrás, a los años setenta, y comprobar que en un culebrón se podía discutir esto mismo, resultando creíbles e interesantes, es ver lo que hemos ido perdiendo en la ficción durante todos estos años de simplificación argumental.

Terminemos, en fin, recordando a alguno de esos actores surgidos del culebrón que después han saltado a otro campo. Sí, es hacer trampas, también muchos actores se han quedado o no han progresado desde el culebrón, pero hoy esto va de lo que va.

Nathan Fillion

Sarah Michelle Gellar

Christian Slater

Meg Ryan

Marcia Cross

Parker Posey

Kathy Bates

Amanda Seyfried

Josh Duhamel

Ryan Phillippe

Julianne Moore, Marisa Tomei

Todos ellos y, además: Martin Sheen, Tommy Lee Jones, Mischa Barton, Laurence Fishburne, Colm Meaney, Marissa Leo, Philicia Rashad, Dana Delany, Courtney Cox, Richard Thomas, Brandon Routh, Hayden Panettier

Jónatan Sark | 18 de abril de 2011


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