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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Tiempos modelnos

Hay cosas que escapan de nuestro control, cosas sobre las que símplemente no tenemos capacidad de decisión. Otras, en cambio, sólo requieren una determinación y una dedicación tan constante y centrada que resulta más sencillo considerarlas imposibles.

Cambiar la opinión de lo que consideramos evidente aunque rara vez sea más que algo consensuado pertenece al asegundo grupo. La serie de columnas sobre las series pretéritas y sus creadores pertenecen a un esfuerzo continuado por desterrar una de las ideas más estúpidas que existen: Que hemos pasado de una caja tonta a una caja lista gracias a un incremento notable —y reciente—de calidad en las mismas.

Hubiera sido más sencillo —qué duda cabe— demostrar que, en realidad, ahora las series están lejos de ser tan inteligentes como se supone, bien demostrando la vacuidad de propuestas de vacas sagradas como Allan Ball o con simples enumeraciones, tú dices Community yo respondo Better with you, Perfect couples y Mad love. Al fin y al cabo que sea el presente no significa que no se cumpla la ley de *Sturgeon.

Sin embargo consideré que la mejor cura para la estupidez es el conocimiento. Existe una notable ceguera en lo que al pasado televisivo se refiere. Peor aún, existe una notable nostalgia que une los recuerdos televisivos sólo con lo que veíamos y cuándo lo veíamos, como si fuera más importante recordarnos a nosotros que recordar la obra. Cierto es que no se puede esperar que la gente recuerde todo su pasado pero, por eso mismo, es bueno ayudar a recordar.

El punto a demostrar tras todas las anteriores divagaciones es que el desconocimiento —por encima de las ganas de autoafirmarse como los más brillantes, los mejores telespectadores de la historia televisiva— es lo que permite perpetuar la idea, así como escribir grandilocuentes charlatanerías, y que es la divulgación lo que nos permitirá exorcizarlo.

Porque, la verdad, la televisión siempre ha tenido un nivel medio. Siempre ha habido malos programas v siempre hemos tenidos grandes referentes, creadores que ponían su sello personal a sus productos, gente que comercializaba su imagen como Lucille Ball o que tenía un molde propio, de éxito, como Jack Webb —y eso sólo en los años ’50— para contrarrestar los programas rutinarios, las aplicaciones de clichés a la pequeña pantalla que se limitaban a una rutinaria regurgitación de las historias clásicas y los clichés básicos.

Algo que se notaría más con la popularización de canales de los años ’80. No eran ya sólo las tres grandes las que competían en USA, UK o cualquier otro mercado que se os ocurra. Empieza a multiplicarse la competencia, los canales, los distintos sellos por los que distribuir nuevas creaciones de ficción. Más canales, más obras, más purria. Pero, además, más trabajo.

Porque cuando se incrementa el número de novedades se incrementa también las posibilidades de una mayor cantidad de productos de ficción salvables, de creadores y, por supuesto, de grandes obras.

Ese será el motivo de que, empezando la próxima semana, las columnas se centren aún más en los creadores, olvidando —externamente, internamente trataré de seguir una cronología— la agrupación por décadas.

Mientras tanto, recordad mis silentes lectores, la próxima vez que os digan que la televisión vive ahora una edad dorada de las series pensaréis que como en los ’90 con Twin Peaks, Urgencias, Prime Suspect o Frasier; en los ’80 con Canción triste de Hill Street, Murphy Brown, El enano rojo o Las chicas de oro; en los ’70 con M*A*S*H, Monty Python’s Flying Circus, Lou Grant y, por supuesto, Yo, Claudio; en los ’60 con El prisionero, Los defensores, Los vengadores o Los Picapiedra e, incluso, en los primeros años de la tele ficcional, en los ’50, con I love Lucy, Dragnet o los diferentes Quatermass.

Siempre ha habido buena televisión, también ahora, que no se nos olvide ninguna de las dos cosas.

Jónatan Sark | 04 de abril de 2011

Comentarios

  1. EFE
    2011-04-05 00:08

    La diferencia fundamental entre esta década y las precedentes es que internet nos permite filtrar ese 90% de basura que hace veinte años entreveíamos en los zápines y que ahora sólo sabemos que existe por referencias de bar.

    Y que, sin embargo, es lo que ve todo el mundo menos NOSOTROS, LOS CHIPIS.

  2. Jónatan S.
    2011-04-05 00:56

    En realidad es complicado decir taxativamente que una serie es mala.

    Estoy seguro de que Kath y Kim o John de Cincinatti tienen sus seguidores y defensores igual que los pueden tener Hot in Cleveland o Traffic Lights —Para mi mucha sorpresa—

    De la misma manera siempre habrá gente que ponga peros a los incontestables de cada temporada. A mí me pasa con series teóricamente irreprochables como Mad Men o Breaking Bad.

    Luego ya podemos tener años de más o menos suerte tanto por la cantidad o confluencia de series buenas como por el desarrollo — HIMYM ha bandeado de lo mejor a lo peor de la tele con facilidad, ahora está en un punto medio— pero como haber siempre ha habido buenas series.

    Yo creo que la existencia de internet —foros, twitter, blogs— ha facilitado la comunicación y la difusión de las series buenas pero es el desconocimiento lo que ha favorecido que no se valoren en relación con las de su pasado.

    Ya sabes No está mal, pero no es The Wire cuando también The Wire podría sufrir en comparación con Canción triste de Hill Street —por poner una— no porque CTdHS sea el máximo exponente —pensemos en series de médicos: Urgencias es magnífica pero eso no invalida St. Elsewhere ni ambas anulan Marcus Welby — sino porque nos pilla más cerca en el tiempo, la tenemos más al día, la recordamos mejor.

    Ya sabes, el dedo es más grande que la montaña. Lo triste es cuando ves algo así publicado.

  3. el justiciero ajusticiado
    2011-04-06 01:24

    Pues es una pena que dejes la ordenación por decadas y paises, estaba deseando de que llegaras a España en los 90-00 ( si soy asi de morboso y sí, lo digo en serio)

  4. Jónatan S.
    2011-04-06 12:01

    No te preocupes, lo de la cronología es porque la multiplicación de series hacía prácticamente imposible hablar con el cuidado necesario de creadores y series en una sola columna, si ya en las de los años ’60 fue un numerito en la de los ’70 fue — directamente — una locura.

    Así que en lugar de una columna extralarga e imposible de abarcar he decidido ir centrándome en creadores, pero no por ello olvidar el orden —de hecho, existe la posibilidad de que al decidir que la década no da más de sí haga una columna-escoba — así que hablaré largo y tendido de la tele española en los ochenta e, incluso, en los noventa, con el ascenso del Antípodo a los cielos de la audiencia.

    Hay una pregunta clásica que se hacen —nos hacemos— los espectadores españoles: ¿Cómo pudimos pasar de Turno de oficio, Anillos de oro o Segunda enseñanza a Hermanos de leche, Café con leche y —todo sea dicho, en menor medida— Canguros?

    Sin duda una pregunta que hay que tratar de responder. No digo que pueda, digo que lo intentaré.

    Por cierto, parece que no ha quedado clara mi postura sobre si vivimos una Edad de Oro de las series o no. Aparentemente no he sido lo suficientemente claro.

    Mi voto es a Edad de bronce, para mí la de Oro estaría entre los ’60 y los ’70 fuera de España, los ’80 dentro. Luego ya podríamos discutir si fueron más importantes los inicios de los ’50 o el breve intento de hacer buena ficción en los ’90 —década que tiene en su contra la auténtica explosión de canales y a su favor que aún recordamos muchas de sus series y vemos, por tanto, su impronta en lo que ahora se emite— pero vais a tener que ser muy convincentes para explicarme por qué esta década —la actual, la anterior, como queráis verlo— es mejor.

    Y recordad, llevo años viendo todos los pilotos, aún puedo enseñar las cicatrices emocionales del de Sons of Tucson, así que más os vale traerlo argumentado.

  5. el justiciero ajusticiado
    2011-04-07 01:46

    Jónatan, estoy deacuerdo contigo en cuanto a en lo que a la television española se refiere su edad dorada serian, sin lugar a dudas, los 80, prolongandose hasta la como dices la llegada de los audimetros.

    En el caso de las decada de los 90 y los 00 yo es que pienso que todo es la misma mierda, nuestro particular Reinado Oscuro empezaria bajo mi punto de vista con la llegada de las privadas (aunque yo por fecharlo,escogeria la llegada de la nueva (ya vieja) A3 y de Alfredo Landa). Para mi ese reinado Oscuro si ha terminado (o al menos se va aclarando) marcando su fin la llegada de las segunda tanda de privadas, no por lo que ellas han aportado al panorama televisivo, (que en general ha sido poco) sino porque coincidió (que no es lo mismo que ser responsable) de una caida en las audiencias de las series que obligó a exprimirse un poco mas las meninges a los creativos televisivos y que han hecho que pasemos de la dictadura del dramamedia a que se habra el abanico de generos del que podemos disfrutar/ hemos podido disfrutar estos ultimos años.



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