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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Asados jugotones

La comedia es una de las muchas cosas a las que soy adicto, como Scooby Doo o el Cacaolat, y jamás me canso de descubrir todas las formas diferentes en las que se puede presentar, incluso cuando aparece brevemente en televisión. Me parece especialmente interesante la relación que la televisión establece con lo que se ha llamado Insult Comedy, y su aplicación práctica en los Roast.

La Insult Comedy trata, evidentemente, de llegar al humor mediante comentarios aparentemente ofensivos, críticas realizadas con tono destemplado en las que los cómicos podían quejarse sobre alguien en particular o sobre el público en concreto. No me refiero, claro, a lo que podía suceder con Lenny Bruce, Groucho o Bill Hicks. La sátira, la abrasión o el humor político o ideológico son una cosa, y pueen participar, pero el insulto como humor es algo distinto.

Los Roast son el reverso tenebroso de los Homenajes. Si allí hay una larga mesa de invitados dispuestos a cantar las bondades del invitado de honor aquí tenemos esa misma mesa llena de gente dispuesta a despedazar humorísticamente al hombre del momento. Y, de paso, a soltar algún pulla a sus compañeros.

¿De dónde viene todo esto? Os estaréis preguntando. Oh, santo cielo, otra de esas columnas interminables de historia. Os estaréis temiendo.

Pues lo único que realmente tenéis que recordar es que la culpa de todo la tienen los Agentes de Prensa.

Ya está. Nada más.

Bueno, quizá un dato… o dos…

En 1904 varios agentes de prensa del mundo del espectáculo de Nueva York. Once de ellos decidieron reunirse para realizar una lista sobre los periodistas honrados y aquellos que pedían entradas para espectáculos garantizando resonancia en un periódico para una obra o actor y no cumpliendo su parte. Dedicaron al tema varias reuniones —buscando un periodista que sí las cumpliera, sospecho— y una vez solventado el tema decidieron que se lo habían pasado tan bien que tenían que seguir en contacto. Así que crearon la Asociación de Agentes de Prensa pero, claro, cuando las sonoras reuniones, las cenas y todo lo demás seguían celebrándose pronto quisieron unirse cómicos, actores, músicos y todo tipo de gente del mundillo del espectáculo así que dejaron de lado la Asociación para el trabajo real y decidieron fundar otro club, con la temática de hermandad y de asociación por un bien común decidieron fundar el Friars (esto es: Frailes) con la divisa Prae omnia fraternitas: sobre todo hermandad.

Con tantas ganas de sano cachondeo y tanto talento cómico era de esperar que las cenas pronto evolucionaran hacia algo mayor, y así fue, junto a otras actividades propias de club como recogidas de fondo o simple comilonas empezaron a celebrar también unas cena para roastizar a sus preminentes miembros, cenas institucionalizadas desde los años ’50 en que los miembros se burlaban unos de otros.

—Miembros masculinos exclusivamente, por cierto, hasta el año 88. Lo que no les impidió invitar a mujeres como Lucille Ball para alguna de sus ceremonias anuales. —

Tanto talento y tanta gente reunida por el buen humor no podía pasar desapercibido así que en 1973, coincidiendo con el languidecer de su programa de televisión, Dean Martin comenzó a hacer especiales con roasts en los que intervenían muchos de sus famosos amigos.

Y es que en esos roast, prorrogados luego durante una década, iba apareciendo todo el mundo:

Según fue pasando el tiempo se fueron espaciando los especiales hasta llegar al último, en 1984, que cerró esta etapa dorada del roast televisivo. Aún me pregunto qué pudo fallar:

Por supuesto lo único en común que tenían los roast de los Friars y los de Dean Martin era la cantidad de alcohol consumida y la mezcla de amigos del homenajeado con cómicos populares, pero la Insult comedy quedaba aún lejos…

— Bueno, estaba Don Rickles ya por allí

pero creo que nos entendemos—

…pero los roast televisados eran inofensivos, construidos sobre la idea de un espectador familiar y siguiendo la estela de las intervenciones humorísticas en los _Late shows- además, claro, de tener mujeres.

Los roast de los Friars se siguieron celebrando, y también otros independientes a imitación gracias a la popularidad del programa de Dean Martin

Sería el 11-S lo que traería al ojo del huracán este tipo de celebraciones. Durante uno dedicado a Hugh Heffner el cómico y ex-SNL Gilbert Gottfried contó el primer chiste público sobre los atentatos. Hubo gran revuelo , Gottfried salió del paso gracias a Los Aristócratas y los roast ganaron cierta notoriedad que hizo que Comedy Central se animara a emitir algunos.

De hecho, del primero que emitió, a mayor gloria de Chevy Chase, siempre nos quedará en la memoria la intervención de Stephen Colbert

Pero la estructura del roast del friar era demasiado para el canal, así que decidieron montar los suyos propios con muchos menos invitados que podían estar más tiempos, con un ratio mayor de cómicos —especialmente de los dedicados a la Insult Comedy como Lisa Lampanelli o Greg Giraldo_ que de amigos del homenajeado.

Aunque los amigos solían ser los más efectivos, claro:

Este formato es ahora el más conocido, copiado por alguna otra cadena como los especiales de Shaquille O’Neall o la A&E para su roast a Gene Simmons:

E, incluso, se usó esa misma fórmula para otros menesteres como cuando pidieron a Stephen Colbert decir unas palabras durante la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca con George W. Bush delante.

Quizá esta fuera la auténtica cumbre de los roast a la que difícilmente se pueda volver.

También se trató de exportar el formato a otros países como Reino Unido que tuvo A celebrity roast, un programa centrado en rostizar a las estrellas propias, más como programa especial que como programa regular y —de hecho— llevan cinco sólo, uno por trimestre aproximadamente.

Pero volvamos a los Estados Unidos, donde los especiales de Comedy Central se esperan con expectación por su capacidad para trasgredir alguna de las normas televisivas. De hecho hay roast que ganan tanto metraje cuando sacan la versión sin censura para DVD que parece que lo de la tele era un trailer.

También es un habitual el roastmaster del Friars, Jeffrey Ross, especialista en montar estos eventos y en sacar las castañas del fuego cuando algo va mal, función propia del presentador del asunto pero que muchas veces queda descuidada en favor de los elementos más golosos de la misma: Ser el primero en hablar presentando al invitado de honor y al resto de la jauría, hablar entre turnos —permitiéndole dar alguna contestación si su agilidad mental se lo permite— y ser el último en hablar para presentar el speech final del invitado. A cambio cuando alguien mete la pata o hay que echar una mano deberían estar ahí par ayudar, aunque eso rara vez sucede y cuando ocurre — pienso en el comportamiento de Jamie Foxx ante el poco divertido parlamento del quaterback Doug Williams en uno de los de Shaq, ejemplo de lograr que el invitado no quede tan mal quedando uno mismo peor , es difícil decir si fue correcta su actuación—

Lo que nos lleva a Comedy Central de nuevo porque durante el último de los suyos, dedicado al magnate Donald Trump, se vivió una escena interesante. El… bueno… protagonista de reality —no tiene mucha más ocupación— Mike The Situation Sorrentino tuvo su turno el público se puso al borde de la revolución.

Los intentos de humor de la estrella de Jershey Shore eran recibidos con más incomodidad primero, con murmullos después y con abiertos abucheos finalmente que sólo la providencial intervención del cómico Jeffrey Ross. A la gente que piense que esto de los roast va solo de insultar y soltar barbaridades ya se le puede poner un ejemplo de claro de todo lo que puede salir mal. Si alguien no se lo cree que pase por aquí bajo su propia responsabilidad.

Ser simplemente insultante no es divertido, salvo que se esté buscando desconcertar o enfurecer a la audiencia de nada servirá hacer comentarios tabernarios , eliminar cualquier tipo de interpretación de los mismos puede servir si el material está bien y el lugar es un bar en el que estás contando a los amigos lo que viste ayer en la tele, si vas a hacerlo en serio más te vale controlar las funciones básicas: Si logras no soltar los esfínteres estarás en el primer paso, aunque si es el único que logras dar habrás perdido tu único elemento cómico real, necesitas tener preparado el arsenal y distribuirlo: a todos los blancos —por lo menos a los importantes— , dedicándole más tiempo al homenajeado que para eso está, y utilizando el tempo para que vayan acumulando las risas: Si vas muy rápido no se entiende nada, si vas muy lento parece que te has perdido, si te limitas a leer el papel pareces definitivamente idiota. Y hacer todo lo anterior no es lo más recomendable.

Pero mirémoslo por el lado bueno, es precisamente ver al aficionado frustrarse con algo que parece sencillo lo que demuestra al público que hace falta talento para todo. Incluso los chistes de Situation que podrían haber superado el corte — Por ejemplo, dirigiéndose a Snoop Dog, dijo que tenía algo en común con Trump: Sus antepasados estaban en la propiedad inmobiliaria, los de Snoop eran propiedades. — se cuentan de una manera tan atroz que fallan miserablemente.

No hace falta decir que no es necesario ser profesional de los roast para hacerlo maravillosamente bien, fijáos en la actriz Cloris Leachman durante el roast a Bob Saget.

¿ Veis? Se reparte para todos, incluyendo el propio speaker, y aunque los chistes puedan ser flojos — “Tú, el gordo” no pasará a los anales, me temo — el timing y la expresividad física y facial mas la organización logran que sea un gran discurso.

Otro tema que descubre es lo poco preparada que está la televisión para el humor. Y me gustaría saber si es la tele o el público.

No ya que un suceso como este tuviera avisos de contenido fuerte o pitidos, también la eliminación de comentarios por completo, ¡hay tantas cosas sobre las que no se puede ser divertido hoy día!

[Y ustedes pensaran, mis silentes lectores: ¿Es que no a a hablar de España? Francamente… ¿Se os ocurre no ya los invitados sino, simplemente, la posibilidad siquiera de que alguien aceptara para esto? ]

Jónatan Sark | 21 de marzo de 2011

Comentarios

  1. E. Martín
    2011-03-22 20:29

    ¿Qué alineación planetaria tuvo que acontecer para que sucediera el roast de Colbert a Bush? O_o

    Y claro que serían posibles en España. ¿No ves cómo los políticos dan todos los días ruedas de prensa en las que responden a preguntas de los periodistas?



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