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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Sobran muertos

Un género que tradicionalmente ha contado con el favor del público desde su misma creación es el negro. Bien fuera en su aspecto más cerebral al estilo británico o más barriobajero americano, en libros, cómics o radionovelas, siempre ha sido popular y seguido. Era lógico, por tanto, que la aparición de la televisión y, más aún, la aparición de la ficción televisiva viniera acompañada por la aparición de las series de género negro o policíaco para la misma.

Establezcamos algunos puntos de partida. Dentro de esas diferencias entre Europa y América vamos a ir haciendo algunas precisiones:

Por un lado tendríamos el Mistery, que es la forma original inglesa en lo que lo más importante es resolver el caso, propuesto en algunas ocasiones más como un juego que como un auténtico suceso , de extremada popularidad, muchas veces se usa como base clara de las series mediante los Mistery of the Week o Misterios Semanales, cada semana un cadáver y un grupo de sospechosos entre los que hay que descubrir al culpable. Si bien han sido muchas —y lo son aún— las series que siguen este esquema, la más conocida es sin duda Se ha escrito un crimen, que sólo faltaba de ser británica.

En el extremo opuesto del género estarían las series De comisaría, que siguen las vidas de los que en ella trabajan como podrían seguirla en cualquier otra profesión, algo similar a lo que pasa en muchas series de médicos, bien hechas suelen incluir entreverados de crimen pero la verdad es que si el caso queda sin resolver, o se resuelve fuera de plano y se comenta su solución en un diálogo entre personajes tampoco pasa nada: Habituales funambulistas entre el melodrama y el auténtico policial, alguna de ellas, especialmente canción triste de Hill Street, están entre lo mejor del género.

Luego tenemos una gran cantidad de series que van tocando el resto de palos, desde las de espías a las de acción que disfrazan de intriga lo que no es sino aventura, pasando por las antologías de relatos de suspense o las series más cercanas al estilo hardboiled americano sobre los bajos fondos. Por haber incluso ha habido series de organización criminal con gran éxito.

La evidente evolución del género a través de las décadas servía también para identificar algunos usos y costumbres de las mismas de forma que los ’50 son Dragnet mientras que los ’00 serían de CSI. No voy a tratar de predecir por dónde avanzará el género en la próxima década pero sí hay algo que se está poniendo cada vez más de relieve: Los muertos estorban.

Comparando CSI con cualquiera de las series policiacas que lideran ahora los rankings como Bones o Castle descubrimos que las características asociadas a las series de comisaría han ido superando al misterio en sí de manera que frente a —por ejemplo— Luz de luna o Remington Steele, que armaba una trama sobre un argumento criminal semanal con el que se desarrollaban las historias propias de los personajes. El centro de atención puntual eran esas historias presentadas como meros alivoos cómicos o apuntes melodramáticos para aliñar el misterio de la semaa.

Ahora, sin embargo, parece que estos apuntes son lo realmente relevantes. Los personajes hacen la serie no por su forma de enfrentarse a los casos para resolverlos sino por su interacción con los demás. La clásica Tensióm Sexual No Resuelta en Bones es un ingrediente más en unas historias con tantos secundarios, tantas tramas paralelas, hijas del paso a lo coral por la via de la la bellirazicación de los policías a a boscho que pueblan lo que antes eran sencillos misterios semanales.

Podríamos decir que las patatas fritas han arrinconado al filete.

Si lo consideráramos como la evolución natural del género en este medio no habría problema alguno pero parece que el motivo real sería más darle un motivo a la gente para que vuelva ahí la semana siguiente por motivos culebronescos antes que por la mecánica propia de la serie, de modo que se camina hacia esa inexplicable situación de las series de médicos en las que los pacientes pueden no ya ser simples adornos sino, directamente, no aparecer más que de fondo en todo el capítulo.

No digo que no haya habido algunas series en las que esto haya podido parece que sucedía, el género es amplio y completo de manera que un repaso a fondo llevaría meses, pero sí que empieza a haber una tendencia clara: Si no se puede atraer al público mediante la construcción del capítulo o el carisma de sus personajes creemos un gran follón a ver si vuelven. Porque lograrlo es lo que parece un misterio para las cadenas hoy en día.

Jónatan Sark | 10 de enero de 2011

Comentarios

  1. Marcos
    2011-01-10 20:28

    Sí, CSI ha dado pasa a una serie de series (perdón) tan parecido entre sí que a veces no sabes en cuál estás. Pero bueno, supongo que obvias conscientemente otras grandísimas series policíacas de esta década, como “The Wire”, sin ir más lejos.

    Saludos

  2. patan
    2011-01-24 09:26

    Por esto House mola y Anatomia de Grey da grima



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