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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Haciéndose lenguas

Llámenlo esnobismo, deformación profesional o monomanía. No puedo dejar de pensar en el lenguaje cuando veo la tele. No sólo por la manera maravillosa en que pueden usarlo para definir personajes, situaciones y épocas; también por las nuevas y sorprendentes formas de destrozaron que idean semana tras semana.

La gente, siguiendo con el esnobismo, el pueblo llano y abrupto, tira del lenguaje que conoce en su vida cotidiana. Por eso antes hablaban sin engolamiento ni artificio y ahora, influidos por lo que ven y escuchan, repiten retóricas de baratillo vacías de utilidad y significado.

Frente al inglés BBC nosotros tenemos el español beodo, mascullado por nuestros poco vocalizantes actores y claramente desestructurado por los locutores, esos profesionales que a estas alturas son los únicos a los que se entiende todo.

Aún y con esas no parecemos haber descubierto aún la caracterización en nuestras ficciones, bien seriadas, bien magazineras, de manera que poco más que ponerle acento andaluz a los cómicos —especialmente si son secundarios, y si son clase baja mejor aún— llevamos.

Todos los demás hablan una especie de charleta madrileña tan propia de bar que no es de extrañar sea difícil encontrar una serie sin su cantina. Aunque es difícil plantearse cómo quedaría una serie con acentos, sobre todo tras ver lo ocurrido con el doblaje español de Kung Fu Hustle. Pienso en la posibilidad de, digamos, Imanol Arias poniendo acento gitano en Brigada Central y se me hiela la sangre.

Pero dejemos de lado los doblajes, dejemos también cualquier comparación con la ficción extranjera no vayamos a hacernos daño. Vayamos a la otra difusión: Los subtítulos. No ya los subtítulos alegales que corren por la red sino, incluso, los que traen —cuando los traen— las series y películas, que en ocasiones se limitan a transcribir la pista de audio en español, con todos sus problemas y errores, y en otras se permiten ser incluso más creativos. Ver Buffy en inglés con los subtítulos en español, pongamos por caso, es descubrir tres series distintas: la original, la subtitulada, y esa turbia zona gris en la mente del encargado de la traducción. Sin embargo, por negra que sea la situación —pienso en Clerks 2 — no es tanto el lenguaje propio el que se deforma como el camino recorrido desde el ajeno. Lo conseguido puede ser perfectamente válidos aunque carezca de sentido.

Pero vamos a por los otros subtítulos. Los que aparecen colgados misteriosamente por mágicos duendes en la red. Ahí sí que podemos verlo todo. Tenemos pistas sobre las formas e ideas a la hora de traducir de otro idioma, proporcionándonos horas de entretenimiento con frases y expresiones que engrandecen nuestro idioma por contagio, los subtítulos han hecho más por la difusión de americanismos que la RAE con su Panhispánico.

Traducir subtítulos debería ser una asignatura de instituto, no sólo se aprende inglés con la traducción, también se puede llegar a aprender español, desde descubrimientos como que You’re welcome no es siempre Eres bienvenido hasta la posibilidad de crearlos en inglés para series española —porque se agradecerían los subtítulos en nuestras series, en cualquier idioma— de manera que De nada no fuera traducido como Of nothing . Una buena instrucción idimática, más allá de las faltas ortográficas, permitiría comprender el significado real de la frase inglesa, en vez de limitarse a lo literal. Lo que no está reñido en absoluto con ese pintoresco —Por desacostumbrado— léxico que habla de Mariscales de campo o Jala la manija.

Piensa, silente lector, en ello. Y después dime desde hace cuanto puedes emplear correctamente en una conversación la palabra porrista.

Jónatan Sark | 29 de noviembre de 2010

Comentarios

  1. Miguel A. Román
    2010-11-30 05:33

    Y mucho más. Las acometidas al idioma por parte de guionistas y traductores de guion superan con creces a las que pueda cometer el gremio de cabreros.

    Hombre, eso no está tan mal, porque la gente común (que es la que se intenta representar en las series) también suelta alguna cancaburrez de vez en cuando (yo mismo entre los que más).

    Pero algunas veces me hace increible el argumento, especialmente cuando un profesional utiliza rematadamente mal el lenguaje técnico propio de su profesión.

    Hay una serie ya paradigmática: CSI “Las Vegas” (rechace imitaciones), donde impecablemente se traduce “crime scene” por “escenario del crímen”, es decir, “lugar en que ocurre o se desarrolla un suceso”, en este caso el degüello a investigar.

    Pues bien, hubo un malhadado “remake” íbero, llamado RIS científica donde el bucéfalo del guionista jamás utilizó el término correcto, introduciendo en su lugar un espantoso “escena”, luego “acto o manifestación en que se descubre algo de aparatoso, teatral, y a veces fingido”.

    A mí siempre me sonaba como si un endocrinólogo dijera “diabetis”.

    (¿Alguien ha notado que he escrito “guion” sin tilde?)



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