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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Cannell Topic

Stephen J. Cannell fue uno de los pilares de la televisión americana en los ochenta. Su figura es comparable a la de creadores tan conocidos como Steven Bochco y Aaron Spelling por un lado y, a la vez, con gente tan alejada como Glen A. Larson y Donald Bellisario.Cannell era tremendamente popular y a la vez iba centrándose y perfeccionado lo que mejor se le daba: El género de acción, habitualmente centrado en una pareja o grupo de detectives de caracteres opuestos. Una vuelta de tuerca casi predecible para alguien que empezó como guionista para It takes a thief, Ironside o Colombo.

El éxito le llegó de inmediato, tras probar suerte con Chase —sí, hace 37 años ya hubo una Chase con poca vida— crea The Rockford Files o Los Casos de Rockford o como sea que los llaméis vosotros. La historia nace del interés del co-creador de la serie, Roy Huggins, de volver a trabajar con James Garner. Ambos habían hecho historia con Maverick y querían repetir la experiencia localizándola en el presente, para dar el paso convirtiendo al jugador en un detective necesitaban a alguien que pudiera dar ese salto conservando el carisma del personaje. Ahí entraba Cannell que seguía los esquemas de las series en las que había trabajado. El resultado: un investigador desastroso, con un pasado de ex-convicto —por un error, claro—, que cada semana resolvía un caso de poca monta, generalmente crímenes dormidos. Fue un grandísimo éxito, influyó en multitud de series posteriores y este mismo año se ha intentado hacer un remake para televisión.

No de es de extrañar, este mismo año hemos visto una película basada en una de sus series y los —tristes— intentos de varias series novatas de acercarse a lo que él había hecho.

Pero quizá no hayáis aún ubicado a la persona. Tranquilos, le habéis visto en múltiples ocasiones. Quizá no os suene tanto de los finales de sus primeras series, una de un escuadrón de combatientes llamado Oveja Negra, o de su primera serie en la siguiente década, Tenspeed & Brownshoe, en 1980, sobre dos investigadores, muy diferentes entre ellos, uno un ex timador, el toro un contable con ganas de vivir la vida policíaca. Mucha comedia y un esquema naciente que sería marca de la casa. Quizá os suene alguno de sus protagonistas.

Dúo investigador, diferencia racial, comedia… Sí, esa ola que llega ahora parece en parte conjurada por el reflejo de las producciones de Cannell en la televisión actual de la cual Psych es una de sus más afortunadas bastardizaciones. Pero el caso es que ahí se pudo ver ya a Cannell en acción.

Aunque los grandes éxitos de este sello empezarían al año siguiente cuando su fórmula de pareja enfrentada con trasfondo policíaco decidiera dar un giro espectacular. Vale, tenemos a un agente del FBI old school total que tiene que compartir misiones con un pardillo profesor que parece tener horchata y nunca está muy seguro de nada, ponemos acción, aventuras y —de paso—- una novia para el profesor metido a detective.

Y todo por un traje.

La incursión de Cannell en un cierto tipo de ciencia ficción respetando su fórmula magistral logró dos cosas, ser un hito importante de lo que podríamos considerar una televisión de culto fan y marcar además su primera colaboración con Frank Lupo, un ayudante y productor que estará por la televisión echando una mano hasta la actualidad.

Según se iba terminando la suerte de la serie a Cannell se le ocurrió una idea incluso mejor, ¿por qué no cogemos la idea de Black Sheep y le añadimos la idea de las personalidades antagónicas doblándola hasta lograr así cuatro protagonistas bien diferenciados que resuelvan casos de baratillo? Incluso podría tirar de las enseñanzas de Rockford para buscarse a un actor conocido en horas bajas y hacerle un poco más protagonista que al resto.

No, no son Las Chicas de Oro, es…

Efectivamente, su último crédito ha sido como asesor de la película adaptativa —es un decir— de la famosísima serie.

Un éxito que no le hizo dar de lado su fórmula favorita de investigadores diferentes. Hardcastle & McCormick con un juez —sin retirarse ni nada— y un ladrón de coches que tiene un prototipo especial de coche deportivo —y rojo, claro— que accede a actuar como su mano derecha para atrapar a los malos.

Pese a lo que pudiera parecer los puntos en común con la serie estrenada el año anterior El Coche Fantástico son menores que con otros clásico como Starsky & Hutch o, incluso, Los Dukes de Hazzard —o El Sherriff chiflado o como sea que se titule ahora esta serie— y sirvió para que Cannell lo intentara con vehículos más grandes.

Concretamente el barco Riptide en el que la consabida pareja de investigadores operaban con —signo de los nuevos tiempos— un nerd experto en informática. En Riptide no sólo había barcos, también tenían helicópteros, lanchas rápidas e, incluso, un robot. Sí, este es el tipo de locuras que hace que esté en desarrollo la idea de un remake.

Por liado que estuviera Cannell encontró un momento para escribir un par de episodios para una serie ajenas producida por su compañía: Hunter, serie de largo recorrido sobre un policía del tipo heterodoxo; aunque su siguiente creación llegaría con Stingray, otra serie en la que un vehículo da nombre y que presenta esta vez a un sólo investigador, de pasado misterioso e increíbles capacidades. Una serie extraña que duró dos temporadas.

De manera que para 1987 pudo crear una serie nueva y diferente. Esta vez usó su idea de los investigadores diferenciados metiéndose en terreno de Bochco, en una comisaría de policía, pero como era la primera serie para un canal recién aparecido estos policías tenían que ser, además, jóvenes. Así se creó la serie para FOX conocida como… No, hombre, no, Jóvenes policía no. Ese es el título español, yo prefiero 21 Jumpstreet todo un exitazo gracias a las caras nuevas como Richard Grieco, Holly Robinson y este chico…

Johnny Deep. La cadena pronto se dio cuenta del gran talento que tenía entre manos y le ofreció un rápido spin-off … a Grieco, primero le introdujeron en esta y luego le mandaron a la suya propia… que logró hundir su serie propia incluso antes de que se cerrara la serie madre —que, no obstante, cayó ese mismo año— aunque antes de llegar a su cierre en 1990 a Cannell le había dado tiempo de lanzar otra serie más.

Wiseguy es importante por muchas cosas. Porque fue la última serie creada por Cannell antes de que terminara su mágica década de los ochenta —Su productora pondría en marcha un par de series más, pero no serían creadas por él. De hecho, dos de estas novedades estarían creadas por Mario Van Peebles — , porque permitió desarrollar personajes a actores como Fred Thompson, Tim Curry, Paul Guilfoyle, Stanley Tucci, Robert Davi o Kevin Spacey, y por último, por el particular formato de la serie.

Años antes del estreno de Twin Peaks cada temporada de esta serie se componía de dos arcos con un pequeño número de capítulos —de 10 a 12 habitualmente— en el que el protagonista se infiltraba en una familia mafiosa u organización criminal para destruirla desde dentro. Esta estructura de arco argumental largo permitía trabajar mejor a los actores episódicos que podían construir mejor sus personajes, también permitía profundizar en sus relaciones y explicar con cierta tranquilidad —toda de la que un producto Cannell podía gozar— las tramas. Por cierto que el extraordinario trabajo de Spacey en su arco como villano máximo fue tan bueno que inspiró una serie posterior de Cannell. Pero ya llegaremos a eso. De momento digamos que esta serie, menos conocida que el resto de producciones ochenteras de Cannell, es quizá la más importante al lograr un cambio no sólo respecto al resto de producciones de la casa sino, incluso, en lo que se solía realizar en la televisión de aquel momento. Si bien el formato algo extraño y los continuos problemas con la estrella —que acabó siendo reemplazada en la última temporada— no la convirtieron en algo muy popular entre el gran público sí que lo fue entre la crítica y los creadores.

Pero llegada la década de los noventa las cosas no le salieron como antes, ciertamente logró algún éxito importante pero ensombrecido siempre por las continuas bajas de series producidas por su compañía, títulos como Street Justice —protagonizada por Carl Weathers—, Las 100 vidas de Jack Savage para Disney o la adaptación a la pequeña pantalla de La brigada del sombrero, por no mencionar un nuevo vehículo creado para esa estrella llamada Richard Grieco, dieron en la cancelación con rapidez.

Incluso una de las series creadas por el propio Cannell, Cobra, una serie marca de la casa —investigador independiente, vehículo molón, casos de perfil bajo— con Michael Dudikoff en el papel central, se la pegó con rapidez.

Durante esta década Cannell creó cinco series, cuatro más la de Dudikoff, y de nuevo tendría que ver cómo la más innovadora era la que peor suerte corría.

La primera en llegar fue The Commish que presentaba al comisario de una pequeña ciudad del estado de Nueva York resolviendo los problemas, pequeños y no tan pequeños, que se le iban presentando. Un giro hacia lo Bochco que expuso por primera vea a Michael Chiklis en un papel protagonista, y ahí le mantuvo durante cinco temporadas.

Ese mismo año creó su serie emblemática de los años noventa, que atravesó toda la década: Medias de seda. Crímenes con un aspecto sexual importante pero sin enseñar más carnaza de lo necesario, junto con una pareja policíaca que, pro fin, establece un papel de igualdad hombre / mujer e introduce algo poco habitual en las series de Cannell, la tensión sexual no resuelta, si bien siguiendo la forma típica de crear series de la productora los detectives Lance y Lorenzo tienden a comportarse como un par de muchachotes amistosos.

Finalmente, en el año ’92 produjo una serie de gran éxito que duró, por difícil que sea de creer, cinco temporadas. Me refiero a esa pieza maestra en la que un policía acusado de un crimen que no cometió trabaja por el país a salto de mata como caza recompensas mientras espera poder limpiar su buen nombre algún día, hablo, claro, de…

Renegado. Una serie tan difícil de creer que si no la recordáramos perfectamente pensaríamos que es una parodia de lo que fueron los años noventa. Con una curiosidad en lo que a Cannell se refiere ya que, quizá por diversión, quizá por notar que su tiempo se acababa, el caso es que se reservó un pequeño papel como antagonista principal del héroe que iba apareciendo de cuando en cuando. Todo un auto-homenaje y demostración del sentido del humor que le caracterizaba.

En cuanto al fracaso… ¿ Recordáis el papel de villano que Kevin Spacey tuvo en Wiseguy? Pues bien, a partir del villanesco Mel Profitt que tan brillantemente encarnó decidió moldear a Jim Profit, el personaje central de la serie Profit centrada en las despiadadas luchas internas en el seno de una megacorporación con un personaje central algo más que oscuro y mucha mala leche nada contenida. Al comienzo de cada episodio Profit hablaba a la cámara para comentar la jugada por venir o impartir una lección de su particular ética. Todo un ejemplo de televisión anti-familiar que le valió una rápida cancelación pro parte de FOX —ese canal— al estar aún lejos de popularizarse el tener a auténticos villanos como centro de la serie.

Dos intentos de innovar, dos fracasos, así que cuando cerraron Medias de Seda en el ’99 se terminaron también sus producciones.

Siguió apareciendo en la pequeña pantalla, sí, en cameos y pequeños papeles con una notable carga cómica, tal y como había sucedido antes en Magnum o en Santa Barbara y como pasaría después en series como Diagnóstico asesinato o Los bicipolis, perdón, Pacific Blue, hasta llegar al que sería su último papel en la pequeña pantalla, interpretándose a si mismo junto a James Patterson en la partida de poker de Richard Castle, el protagonista de una de esas series que tratan de recupera el mojo de Cannell para la pequeña pantalla.

Un mojo que muchos perseguían en remakes, reinvenciones, imitaciones o revisiones y que se basaba en una fórmula tan sencilla como efectiva: Investigadores algo excéntricos y mucho contraste con toques de humor, acción y aventuras pero sin muertos ni malos dilemas, que eso hace que te cierren series, todo inspirando ganas de sonreír y de actuar. La familia no era el centro de sus series, ni el amor que muchas veces no aparecía —y cuando lo hacía tenía más de elemento coartador — porque aquí lo que importaba sobre todas las cosas eran las aventuras disfrutadas siempre en un contexto de amistad viril glorificada.

Así era Stephen J. Cannell como productor y así deberíamos de recordarle.

Jónatan Sark | 11 de octubre de 2010

Comentarios

  1. Manuel Haj-Saleh
    2010-10-11 17:14

    Qué grande eres, Sark. Gracias.

  2. E. Martín
    2010-10-11 19:42

    Renegado contiene una de las pocas apariciones de Al Leong como actor secundario que dura todo un episodio ¡y hasta tiene diálogo! La otra es una de las películas de Andy Sidaris.

  3. Anónimo Vallesano
    2010-10-20 03:43

    Gran artículo, gracias, he aprendido un montón de cosas. A mí me hizo gracia lo de verle en las partidas de póker de Castle, y también me has recordado el Comisari al que veía a veces creo recordar que merendando y que tenía ya olvidado (ni idea que fuera también Vic Mackey, joder qué cambios de registro puede pegar un buen actor).

    Sobre lo del amor, qué quieres que te diga, a mí Connie Sellecca me suliveyó sobremanera durante el verano del gran héroe americano. Ahí hay un tema para el estudio: durante los 80 (o tal vez antes, mis recuerdos catódicos veraniegos empezarían por ahí) en TVE se aprovechaba cada verano para pasar una serie a capítulo diario a primera hora de la tarde, después del telediario. Ejemplos fueron the Greatest American Hero, Verano Azul o QED, un científico steampunk de la época victoriana del que me costó encontrar información en internet y al que al parecer hoy ya no vería con tan buenos ojos (esa bisoñez perdida…)

    Otro ejemplo de “buena” programación (creo recordar que veraniega, pero no estoy seguro) fue el de Antena 3 cuando empezaron a echar dos episodios diarios del Príncipe de Bel-Air a la hora de la comida. En cambio cuando echaban uno semanal el domingo por la tarde no la debía ver casi nadie (yo empecé porque leí en un periódico que la producía Quincy Jones). Posiblemente hoy las machacadas publicitarias tipo Tierra de Lobos consigan que la gente les eche un vistazo e incluso traguen durante una temporada, pero tal vez una parrilla más rígida facilitaría la labor del televidente. A saber.

    Para los programadores de TVE debe haber un matadero especial en el infierno, aunque hoy en día se puede ampliar a los de todos los canales públicos: el último episodio de MASH que en los States fue récord de visionado durante no sé cuantos años en Spain se pasó … un lunes a las dos de la mañana dentro de Estrenos TV. Me da igual que oposiciones aprobaste hijo de puta, vas a arder por toda la eternidad si es que aún sigues vivo. Y como ésta, mil-lones.

  4. Vuarnet
    2011-06-07 20:32

    Si no lo pregunto reviento.
    El Dustin Nguyen de 21 Jumpstreet es el mismo que haria comics años mas tarde?



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