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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Variantes

Según el calendario hemos regresado al trabajo, algo que puede ser o no cierto pero que en la temporada televisiva se finge con completa naturalidad y desparpajo. En realidad lo que hemos tenido de fin de fiesta es una gala de los Emmy adelantada un par de semanas y que, francamente, no ha dado ningún motivo para añadir algo a lo ya comentando en su día, el olvido de Justified y Community hablaría por sí solo si no lo hubieran redondeado todo con los premios logrando la paradoja de continuar con el seguidismo en varios de los premios gordos y, a la vez, premiar novatos en las áreas que demostraban ser más tradicionales. Esto es, gran éxito de Modern Family desde un punto de vista relativo —más premios con menos candidaturas— y poco más. Bueno, sí, que resulta que Nurse Jackie es una comedia, fíjense ustedes.

En cuanto a las series que dejamos al cargo durante el verano… decir que ha sido un desastre es, quizá, quedarse corto. Las audiencias han sido tan crueles que en la mayoría de los casos han decidido eliminarlas para poner reposiciones que han sido este año las reinas del mambo en USA. Mención especial para la abracadabrante Persons Unknown, auténtica serie de culto en ciernes, que lograba llevar el desastre argumental, la falta de caracterización y —en general— cualquier error que se pudiera cometer, con la ligereza de una comedia de situación. El que la cadena decidiera emitir un capítulo exclusivamante en internet y todas las vueltas de su destino televisivo final —que incluyen refundiciones, capítulos especiales y media docena de ideas fantasmas más—no hacen más que mostrar un problema claro. ¿Qué se hace cuando las cosas no salen cómo se espera?

Mientras los americanos corrían como gallinas sin cabeza preparando un regreso tempranero de las series más importantes en Inglaterra era la cabeza la que no encontraba gallina. No ya por las minis de seis capítulos —que a veces son minis y a veces temporadas— sino por la proliferación de miniminitemporadas de tres capítulos de duración telefilme — Vexed o Sherlock por poner dos con razonable éxito— juntados con series de mayor número de episodios o la declaración de Moffat, actual productor de Dr. Who de que se pasaban a la temporada partida 7 + 6 al estilo americano, americanos que, además, le iban a producir al antiguo productor del Doctah una nueva serie de Torchwood.

En cuanto a España… Es curioso comprobar cómo los nuevos canales, Nitro o
Boing sin ir más lejos, se han incorporado con total tranquilidad a la rutina diaria. El extraño resultado viene de la cercanía en el trato sin tener un aumento en los presupuestos generales. La paradoja pues de la gente rechazando un aumento en el número de canales a su disposición desde un principio de “Son más de lo mismo, ¿para qué queremos más?” en vez de reclamar una subida en la calidad media de los canales, o incluso un enfrentamiento por ello. Pero ya habrá habido el roce entre los representantes de uno y otro método.

Quizá la solución hubiera sido diferente de seguirse otros métodos por parte de las cadenas, o si existiera una mayor cultura del castigo más que una idea de utilización de lo que nos ofrecen para adaptarlo a nuestras necesidades. Este último giro, tan común entre el telespectador español, ha ido creciendo hasta dar lugar a auténticos giros del tipo telenovelero en determinadas series que no deberían ir por esos, llamémoslo así, rieles pero esa ruptura del espectador juvenil que ya está afectando en Estados Unidos de manera sinificativa. Aquí Internet está convirtiéndose más en una plataforma para el marujeo que en una localización efectiva de los gustos. Parecemos condenados a esperar que alguien aproveche el material creando un primer gran canal con protección en internet, incluso suponiendo que alguno de los implicados no acabara llamando a la SGAE para que reparta suertes.

La constante aparición de nuevas sintonías, o de cabeceras nuevas en viejas sintonías, ha servido para revisar algunas viejas ideas inútiles como las que dejaban fuera de juego al público infantil, culpable de la desaparición de los programas para niños ahora, incluida la hora de la siesta, que se ha invertido al ver los excelentes datos de Clan y de Disney Channel que les ha hecho replantearse alguna idea inamobible. Pero, como siempre, la presencia de más posibilidades favorece una nichificación que está abierto a unas formas de ocio distintas permitiéndonos explorar recovecos más interesantes de nuestras preferencias, una demostración clara de la vieja idea de que en España debería haber facilidades para abrir nuevos canales.

Lo que nos llevaría, claro, a Internet. El lugar donde se puede planificar cualquier estrategia que les lleve a consumir lo que nos ofrecen y, sin embargo, son las públicas las que más juego están dando. Aún las cadenas no se fía y parecen no querer poner en peligro espectadores o teóricos compradores del material explotado —dentro del común aspecto de temporadas de DVD— haciendo que, paradójicamente, la presencia marginal de webseries vaya ganando importancia incluso si luego no son capaces de mantenerse dentro de la televisión tradicional.

En resumen, un panorama general que nos habla de los inicios del cambio y de cómo nadie parece tener muy claro cómo son o cómo serán las cosas. Excepto, es inevitable, los opinadores/críticos televisivos.

Jónatan Sark | 06 de septiembre de 2010


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