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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Finalidades

Uno de los temas recurrentes de esta temporada ha sido el capítulo final o Finale, por la avalancha de series importantes que han cerrado con la temporada. Han sido muchas, sin duda, aunque una merece destacarse especialmente por la circunstancia no sólo de la cancelación sino de la serie en sí, ejemplo y reinvención de un género, hito generacional y auténtico ejemplo hasta su finale. Me refiero, claro, a Ley y Orden, que ha estado realmente cerca de superar a Gunsmoke como serie dramática de mayor duración.

Ley y Orden deja tras de sí una casi incontable variedad de spin-off nacionales e internacionales, una vaga sensación de que podía haber sido renovada sin muchos problemas y un último capítulo que muestra una semi-normalidad que se lanza hacia el célebre otro día más que ha sido la premisa de la serie en muchos momentos y que de haber sido realmente concebido como final de trayecto de la serie la hubiera incluido en el círculo de las que creen que lo mejor es mantener el tono.

Quizá mi silente lector sea de los que crea que eso es lo habitual. Puede que, incluso, haya leído la columna que publicó en El País David Trueba al respecto. Déjeme decirle que he decidido reestructurar esta para que los ejemplos sean tan claros que hasta él pueda entenderlos, y —de paso— mostrar mi apoyo para que reciba todas las ayudas para la escritura que le sean necesarias, que no se limiten a las económicas.

En contra de lo que afirmaba el pasado jueves sobre Hill Street, Lou Grant, Enredo o Arriba y Abajo, no sólo no son episodios olvidados sino que casi podríamos establecer una teoría del finale sólo con esos cuatro. O por lo menos media. Enredo tiene el peor final de los cuatro y, a la vez, el más consistente con la propia serie, todo son cliffhangers y giros absurdos porque, vaya, cuando la cancelaron pensaban que aún habría por lo menos otra temporada, entra en los Inesperados. Hasta tal extremo que dejaron a la pseudo-protagonista Jessica Tate, en coma. Dentro de lo que era la parodia del culebrón y la disección de la sorpresa argumental que era esta serie casi parece la única alternativa lógica a un final.

El caso de Lou Grant es a la vez igual y distinto. Igual porque también es Inesperado la cortaron sin permitir un finale planificado. Distinto porque ese cierre fue un ejemplo de lo que les pasa a las series valientes. Meter un episodio centrado en el aborto en 1982, sacar a todos los personajes bajo una luz negativa o que tu estrella principal —la primera que ganó un premio a mejor actor dramático tras ganarlo a mejor actor cómico interpretando exactamente el mismo personaje— sea uno de los motivos de cancelación por decir que en El Salvador debería haber democracia aunque eso significara que ganasen las elecciones los comunistas, que todo esto sea motivo suficiente para que una serie entre las diez más vistas del momento sea cancelada resulta terriblemente metaficticio, el tipo de presión con la que Grant y los suyos tenían que lidiar cada vez y que en un supremo ejercicio de ironía se los llevó en esta ocasión por delante.

Tras estos dos los otros dos ejemplos de Trueba son episodios canónicos del tipo de finale Fin de una era. En el caso de Arriba y abajo incluye el desmantelamiento de la casa —recordemos que era el elemento realmente vertebrador de la serie, con las escaleras a las que hacía referencia el título original— iniciando así el truco nos mudamos que después veríamos usar en series tan dispares como Los problemas crecen o 3rd Rock , los problemas y las luchas de clases que habíamos visto ir evolucionando no terminan, sólo cambian y uno de esos cambios es que una casa como la de la serie ya no es factible de mantener tras ciertos giros del guión en su última temporada.

En Hill Street Blues la comisaría arde en un incendio. Tal cuál. Pese a lo que los personajes siguen entrando y saliendo de ella tratando de hacer su trabajo y ayudar a los que les llaman. Es de suponer que un simple incendio no hará que se cierre la comisaría, claro, pero sí sirve de imagen final para anunciar el final de una época y para resaltar, una vez más, la cualidad de infatigables de estos piesplanos. Como final casi perfecto entrarían también en la categoría de Homenaje e, incluso, gracias a ese intento de mantener la normalidad habrái pequeños ecos de Un día más.

Sí, categorías. Casi todo puede reducirse a ellas, incluidos los finales de las series, y tampoco es que haya que buscar mucho: Giro, Homenaje, Inesperado, Fin de una era, Un día más.

De entre las series que merecen ser destacadas entre las que terminaron este año la mayoría eligió la coherencia entre lo que contaban y su final. Series basadas en los giros como 24 o Lost terminaron con ellos, por mínimos que fueran. En el primer caso casi una tontería para lo que ha sido la serie, en el segundo un auténtico ejemplo de cómo no hacer las cosas. No, tranquilos, no es el inicio de una digresión: Lo que está mal en el final de Lost. Me refiero a que si sacas personajes a que hablan y cuenten lo que ha pasado en el más puro estilo “Soy médico y esto es lo que le pasa a Norman Bates procura que los muñecos-calcetín de la explicación vocalicen y vayan lo suficientemente despacio para que hasta la presentadora de un magazine diurno pueda entender lo que pasa, no vaya a soltar un “En Twin Peaks el asesino de Laura Palmer fue el búho” . Total, ya has tirado por la borda cualquier intento de fingir que confías en la inteligencia de tus espectadores, si ni por esas se enteran es que algo falla.

Reconozcamos que los finales con Giro tienen casi todos un mismo problema: El giro. La lógica de meter una vuelta de tuerca suele tener más que ve con lograr que la gente recuerde el final que con la coherencia respecto a lo narrado. Incluso cuando una serie recurre a los giros con frecuencia el último de ellos no puede salirse de madre. Dos ejemplos clarísimos en este campo: Roseanne y Dallas. El primero es un caso de manual, una comedia que había tenido siempre una pretensión de cercanía y que en su última temporada incluía un billete de lotería que les hacía millonarios entre otros cambios en la vida de los protagonistas. Todos ellos a mejor. Hasta el último capítulo, en el que se descubría que el final de la temporada anterior era muy distinto de lo que se nos había mostrado durante la nueva. Toda la última temporada era una terapia que seguía la figura central para tratar de arreglar y reorganizar su vida. Eso contado en los últimos quince minutos por medio de un monólogo interior hace que uno se pregunte cuales eran las otras opciones.

Dallas, por su parte, parecía que tendría difícil superar la famosísima escena de la ducha y el todo fue un sueño así que pusieron toda la carne en el asador, un misterioso personaje repasaba con J.R. : su vida y lo que había hecho con la gente de su alrededor animándole de manera sutil a suicidarse y mostrando finalmente unos ojos rojos de fuego. Sí, queridos lectores, Satán en persona o el representante local de Satán llama eran los responsables directos del final de Dallas.

Al lado de esto terminar como St. Elsewhere, mostrando que todo era la imaginación de un niño autista, o como Bob Newhart que cerró sus segunda serie, Newhart, convirtiéndola en un sueño del protagonista de su primera serie The Bob Newhart Show. Como si Resines se hubiera despertado en la cama haciendo que Los Serrano fueran un sueño de su personaje Smith en Los Ladrones van a la oficina.

Otro ejemplo en la misma línea de hacer la gracia es el de Will & Grace, con un salto temporal que muestra a los personajes casados cada uno por su lado, a Will adoptando un niño, a Grace teniéndolo y, finalmente, la boda de los retoños. El final favorito de las adolescentes que quieren ser BFF.

En cuanto a los Inesperados, este año los hubo como el ya mencionado de Ley y Orden o los de Entre berzas fantasmas, Flashforward o Heroes. En el último caso era más un acto de fe que de razón pero la cancelación de Entre fantasmas tiene algo de ejemplar, de llevarse por delante el programa más por la protagonista que por sus datos. Sí, obviamente si los datos fueran millonarios y el dinero entrara a raudales sería más complicado, pero aún con la caída de audiencia, la sindicación conseguida y el plus de no tener que soportar a Jennifer Love Hewitt sigue resultando una elección complicada.

A veces Inesperado parece más bien una excusa para decir Abierto. Con esa frase sabéis que nos enfrentamos a Los Soprano. Las escuelas de pensamiento sobre su final se centran claramente en si hay o no una muerte. personalmente considero que si algo no está explícito y realmente no se nos han dado pistas sólidas es difícil sacar al gato de la caja. Al fin y al cabo también tiene derecho a existir un Final Schrödinger.

El Homenaje se lo dio esta temporada Monk —técnicamente terminó en diciembre, pero no deja de estar dentro de la temporada 2009/2010— resolviendo finalmente la trama principal de la serie y celebrando la rareza de su personaje central. Similar a esto fue el de Nip/Tuck, con repaso a los personajes y lo que eran o querían ser, una celebración de lo que les unía. Algo así como el final de Friends sin ser aburrido. Reconozcamos que estos finales, que suelen incluir o repartirse la idea de Final de una era, tienden a poner el ñoñómetro por las nubes. Incluso cuando la serie lo ha merecido, como Seinfield, ver tanta vuelta sobre los personajes y los mejores momentos puede acabar saturando, sobre todo cuando no deja de ser la constatación de que una serie ya estaba moribunda.

El Fin de una era puede ser incluso peor, al fin y al cabo reúne lo mejor —o lo peor— de los dos anteriores. Lo haces bien y tienes Mary Tyler Moore con todo el mundo siendo despedido por los nuevos dueños de la cadena, excepto el personaje incompetente; lo haces mal y tienes La casa de la pradera con, por este orden, lucha contra los ricos, drama legal, expropiaciones, explosiones, una única casa medioderruida resistiendo y, finalmente, conejos. Si hubieran hilado con Mad Max no nos hubiese sorprendido más el final.

Hay que concederle el crédito por ser siempre el más lacrimógeno. Como decía más arriba tanto Hill Street como Arriba y abajo seguían este esquema, también era el del final de M*A*S*H en el celebérrimo Goodbye, Farewell and Amen que mostraba a Hawkeye marchándose de la 4077 tras un largo y embrollado capítulo de despedida que no es sólo un clásico de los finales y el episodio más visto de cualquier serie sino que, hasta el pasado febrero, era el momento más visto de la historia de la televisión. Sigue siéndolo en Ratings y Share pero en número total de espectadores ganó finalmente la Superbowl de este año tras 27 años de imbatibilidad.

Y si bien os sospecho esperando a que mencione a David el Gnomo me temo que vamos por un camino completamente diferente: Alf. Ya sé que a esas altura Alf no la veía nadie pero el caso es que terminaba… con el alienigena siendo descubierto y capturado por la autoridades. Es tal el, digamos, pánico infantil desatado que acabaron haciendo una TV Movie en la que el Alf de siempre daba paso a algún tipo de extraña versión de Los héroes de Logan. El lado positivo es que no decidieron rematarlo como los efectos de la anestesia de una vivisección. Para ver morir gente mejor irse al anime El perro de Flandes o al canal Disney.

Uno no puede crear una de las series favoritas del público infantil, llenarla de mala leche adulta y esperar que su cancelación sea tomada de una manera justa y razonable por los guionistas. Por eso cuando se cargaron Dinosaurios había cierta expectación por ver por dónde salían. Pero, claro, eran Dinosaurios, ¿tú ves alguno a tu alrededor? Así que la llegada de una nueva glaciación se cernía sobre ellos matándolos de frío. ¡Alegría, diversión, entretenimiento familiar!

Frente a tanta tragedia los Un día más, de verdad, no efecto secundario de los Inesperados, resultan casi un bálsamo de sensatez. Si no tienes anda que mostrar más que lo cotidiano, no te quieres rebajar a un momento ñoño y consideras que lo mejor es seguir en lo tuyo, esto es lo que hay que hacer. En los procedimentales — los policíacos de toda la vida del señor— es algo sencillo de hacer, un Mistery of the week más o menos y, con suerte, algún día alguien hará una TV Movie, como les paso a Colombo, Rockford o Fletcher. Pero cuando hay un componente de continuidad narrativa ya tienes que tomar un pequeño giro, en el caso de Policías de Nueva York vemos a Sipowicz convertido en jefe del grupo adaptándose a su nuevo puesto. Porque, nos parece decir, no importa tanto esa perfecta excusa para hacer un final de una era que hubiese sido cambiar al bronco Sipowicz en un policía respetable, él sigue igual y su manera de tratar los casos, ahora con más responsabilidad, no va a variar, la labor de la policía es contante, sostenida y requiere más de trabajo que de una posibilidad real de cambio por arte de birlibirloque. Sí, las cosas cambian. Pero para seguir igual.

Idea similar a la que presenta Urgencias, siempre tan amiga de los paralelismos, que trae la excusa de Carter abriendo una clínica para indigentes para reunir a algunos antiguos personajes —en el pequeño Homenaje que se dan en el final— mientras utilizar el resto del capítulo como ejemplo de un día más en el hospital, sin helicópteros malvados ni plagas bíblicas, un día que recuerda al piloto de la serie sólo que en un guiño el papel de Carter es ocupado aquí por Rachel, la hija del Doctor Green, que está preparándose para ser médico —recordemos que fueron 15 años de serie— de manera que cuando se produce la inevitable emergencia todos tienen que dejar la fiesta y ayudar porque, al fin y al cabo, son médicos. Así que ya lo veis, el Un día más venciendo al Homenaje. Algo que esta temporada hemos visto en la despedida, ¡por fin!, de Scrubs, cuando empezábamos a sospechar que nunca dejarían que se acabara esa serie.

Puede que alguno de mis teóricos lectores crea que hay más maneras de terminar una serie, al fin y al cabo hay gran cantidad de series y cualquier reduccionismo termina pareciendo absurdo. En la práctica las cosas suelen ser más sencillas. Cada vez que los medios de comunicación —periódicos, radios, televisiones o internet— se ponen a abrasarnos con noticias sobre la temporada final o el último episodio de una serie acabamos viendo que no es para tanto, que reproduce momentos ya vistos en otros finales y, a la postre, puede entrar en alguna de las categorías, aunque sea hibridándolas.

Pero si algo debíamos haber aprendido de esta época de sobre-exposición mediática es que rara vez el Finale justifica a los Medios.

Jónatan Sark | 31 de mayo de 2010

Comentarios

  1. Guillermo Zapata
    2010-06-01 04:16

    Tremendo, preciso y precioso. Peeeero, digo yo una cosa sobre la percepción de las series por parte del público (Bueno, dos)

    1.- ¿No habría sido un final de Lost SIN giro final tambien decepcionante?

    2.- ¿No es el final de Los Soprano un intento un poco premeditado por ser trascendente y “artístico”? El final de Los Soprano, por esa vocación de cripticismo ha llegado a darme igual.

    Se le ha olvidado el de The Wire, que me parece EJEMPLAR en la mezcla entre “un día más” y “repaso de personajes y situaciones”. y a la vez “pequeña evolución.

  2. Jónatan S.
    2010-06-01 19:41

    1. Sin duda. El final de Lost, como el final de cualquier serie “con Giros” exigía que hubiera una gran sorpresa final.

    De hecho, el final de Lost está cerca de ser el mejor que se le puede pedir, el problema es que el giró era tan complicado de dar de sopetón que tuvieron que hacer el equivalente en sorpresa narrativa a explicar un chiste. Y ni con esas lograron que la gente se enterara. Ese es, para mí, el problema del final. No el giro en sí sino la incapacidad para hacerlo comprensible.

    2. El problema del final de Los Soprano —para mí- no es tanto una cuestión estética como de inconcreción. Durante el capítulo se habla de la muerte y se van dando ideas que pueden ser interpretadas de una manera. Pero no está tan cerrado como para que sea la única posible. Digamos que está menos claro que el final de Dos hombres y un destino , más cercano —sin embargo— al de Angel . Y es ese absolutamente abierto final el que produce la desazón. Si los títulos hubieran entrado SIN el fundido a negro no hubiéramos llegado ni a pensar en el asunto.

    Aunque sospecho que el problema con el final es que cuanto más nos ha gustado una serie más intenso esperamos que sea el finale y rara vez se puede estar a la altura.

    3. El de THe Wire es para mí Un día más como tiene que ser de acuerdo con el espíritu de la serie. El repaso es similar al del último de ER, más cercano a la categoría Homenaje y lo de la evolución en realidad está implícito en ese día más, es un ejemplo similar al de Sipowicz porque las coas pueden cambiar poco a poco pero lo fundamental está ahí.

    3.b. El que sí se me pasó, pese a tenerlo en mente, fue el de Six Feet Under, un Homenaje perfectamente en sintonía con la serie en tono y forma que sólo peca de un exceso de sensibilidad. Pero, claro, ese es uno de los rasgos de un Homenaje.

    En fin, en este tipo de columnas siempre termina faltando algo.

  3. E. Martín
    2010-06-11 21:03

    Yo diria que falta el final WTF? como el de Los Colby con la protagonista siendo abducida por extraterrestres.

    http://www.youtube.com/watch?v=ju8YH6ewoqQ&feature=related

    Pero también moklaba mucho Los Heroes de Logan, esa serie donde Lobezno intentaba escapar de un campo de prisioneros durante la Segunda Guerra Mundial. ¿O te referías a esa otra serie de ciencia ficción distópica donde un grupo de treintañeros intenta fugarse de la prisión subterránea en la que han sido condenados a muerte por viejos?



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