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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Barnabasadas

Willie Loomis, antiguo recluso, dolor de cabeza para gran parte de la población de Collinsport y no digamos ya para los habitantes de la señorial mansión de Collinwood, tenía el rastro de las largamente perdidas joyas de los Collins, había localizado un plano y resuelto las instrucciones con tal pericia que sólo unos candados y cadenas le separaban del ansiado tesoro. Hasta que un brazo salió del sepulcro, agarrándole por el cuello y haciéndole perder el conocimiento. Suave destino para el culpable de haber traído de nuevo a la vida a Barnabas Collins. Al vampiro Barnabas Collins.

Es normal que no acabéis de situar la anterior escena. Ocurrió en uno de mis fetiches, el culebrón sesentero Dark Shadows, con revamp a principios de los noventa en una serie semanal de vampiros que no acabó de alzar el vuelo. Pero ya estaba exteriorizada la idea. Regresando a la serie, Dark Shadows pretendía ofrecer algo distinto al espectador de telenovelas viendo la popularidad que las novelas románticas de corte gótico tenían. Victoria Winters era una gobernanta que llegaba a Collinwood, la mansión familiar de los Collins, para encargarse de demasiados problemas domésticos. El primero de los cuales fue un cadáver. Un chantaje que termina en asesinato y cuyos sospechosos son en su mayoría miembros de la familia pasa de ser uno de tantos asesinatos en la tele —especialmente en los culebrones, Desperate Housewives debería tener su propio reloj de Body Count— lo que permite a los guionistas a meter fantasmas para darle un poco más de vidilla a la serie, pero los espectadores no se enganchan. Tampoco cuando la ex-mujer del señor de la casa regresa… como seguidora de un culto de Ra decidida a inmolarse junto a su hijo en nombre del Fénix para renacer. Y, como última oportunidad, metieron a Barnabas. A partir de ahí tendrían más fantasmas, hombres lobos, criaturas devueltas a la vida, viajes en el tiempo y tantas otras ideas locas que sus resúmenes parecen más cercanos a Dr. Who que a Los días de nuestras vidas. Por poner un ejemplo de la importancia, la serie —el serial— fue emitido en sindicación durante años por el canal SciFi —ahora SyFy— del 92 al 03. Empezando, siempre, por el capítulo 210, el que culmina con la mano de Barnabas agarrando al pobre Loomis.

Pero a nosotros nos interesa Barnabas como arquetipo del que surgirá el Paranormal romance —o, al menos, culpable de popularizarlo— porque, claro, según se despertó se dio de bruces con una muchacha, Maggie Evans, que era la viva imagen de su difunto amor eterno. Pero no se parará ahí, tendrá sus más con la teórica protagonista, Victoria Winters, haciendo de tercero en el triángulo central de la serie. Dejará con las ganas, aunque convertida en su mejor aliada, a la Doctora Julia Hoffman; se encontrará con antiguos amores y coqueteará con las nueva generaciones de los Collins. Un caso este Barbanbas.

Lamentándose de cuando en cuando por su condición pero capaz de matar a sangre fría, de rechazar sin planteárselo y siendo desvelado en los viajes temporales que antes de su transformación no era mucho más humano.

A partir de ahí tendríamos un arquetipo montado que pasaba Drácula por el filtro de los culebrones. El vampiro que lleva años aislado del mundo exterior y que a su vuelta se redime por el amor de una mujer –o de varias- y que, por pura lógica publicitaria, no es tanto el malo como una víctima de su maldición. Posición que tradicionalmente ocupaba el Hombre Lobo pero que frente a su animalidad resultaba menos glamourosa. Barnabas, eso sí, estaba lejos de ser uno de esos pochos personajes de la Rice, su huella está más clara en dos de los más importantes personajes masculinos de Buffy; notablemente en Angel pero más cercano aún en la transformación de Spike, ambos presentados como ambiguos seres del mal que se van dulcificando sin perder la ferocidad que permite a nuestro Barnabás a asesinar a sangre fría cuando considera que es lo más adecuado para sus intereses. Pese a lo cual en la peli que parece que se prepara el elegido ha sido otro blandito, Johnny Depp.

De momento tenemos el punto de partida de los vampiros superestrella televisivos, ya iremos viendo qué es lo que salieron de estas cenizas. Drácula Yeyé no incluido.

Jónatan Sark | 02 de noviembre de 2009


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