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El receptor por Jónatan Sark

Televisión hay, aún, por todas partes. Mientras avanza el siglo, e Internet la remplaza, queda como el electrodoméstico más importante. El que expulsa información sin parar. Información que debe ser sopesada. Esta columna tiene como finalidad y motor reflexionar sobre lo que se emite por televisión y considerar críticamente lo que en ella se ve y expone. Y lo hacía cada lunes. Sigue en elreceptor.com.

Piloteras

No me gustan las columnas de “Hola, me llamo Blas y soy columólico. Si me acompañan durante los próximos meses les hablaré de los procesos reproductivos mamíferos e, incluso, del ornitorrinco.” ¿Será que la gente no es capaz de notar de qué van las columnas que leen? Uno nunca debe minusvalorar la estupidez de sus lectores, claro, pero tampoco pasa nada por ir demostrando lo que se van a encontrar en lugar de explicarlo.

En esta columna, por ejemplo, lo que primará será la reflexión crítica. O la crítica reflexiva, que también. Lo más fácil sería explicarlo con una serie, ahora que se ha hecho sencillo permanecer al día de la actualidad en otros países. El problema con la crítica de series tiende a ser el tan común “gustismo”. Las críticas suelen limitarse a “magustao” y “nomeguta”. Si hay suerte quizá explique las sensaciones que le provocó. Con aún más fortuna tendremos alguna razón. Pero, ¿qué hay de lo que nos ha hecho reflexionar la serie? Porque en algo tendrán que estar pensando, que no es música de ascensor.

Pongamos por caso la excelente recreación histórica de la BBC Desperate Romantics en la que se nos muestra la vida cotidiana y las reflexiones artísticas de los llamados Pre-Rafaelitas. Indudablemente bien documentada y primorosamente producida, ¿qué es lo que tenemos en ella? Pues una forma de acercamiento a unas vidas con ese aire melodramático que siempre tienen las biografías de artistas. Puede entenderse como una forma de acercar la cultura a las masas, como cuando aquí se adaptaban obras de Blasco Ibáñez. Y esa es la reflexión. ¿Por qué aquí no? Cierto, es el reduccionismo de siempre pero: ¿Es menos cierto? Con todas las corrientes y los artistas que tenemos, ¿cómo es que a nadie se le ha ocurrido? Y por nadie me refiero, claro, a las públicas.

También se hará comentarios sobre la actualidad. No, por favor, no el clásico comentario de la actualidad que usa a la tele de coartada utilizada para que los periodistas favoritos tengan la primera columna de los que se leen el periódico desde el final. Me refiero a las noticias del medio en sí. Mejor las noticias relacionadas con el medio. Un ejemplo: Tom DeLay participará en el equivalente americano a Mira quién baila. DeLay es un congresista republicano, el más duro de ellos durante varias legislaturas, por lo menos hasta que se vio envuelto en un escándalo sobre financiación ilegal del partido. Ahora ha sido fichado para bailar después de un –hipotético- rechazo de Clinton. Bill. No es el primer caso de político llamado por la telerrealidad. Y no me refiero al aquello de Jesús Gil. Blagojevich, el infame exgobernador demócrata de Illinois, el que se metió en líos por intentar vender el escaño de Obama, estuvo muy cerca de participar en el Supervivientes americano. Sólo la intercesión de la justicia –por los temas pendientes, no por conmiseración al telespectador- evitó que fuera el primero. Aquí, que también tenemos en la tele a políticos todos los días no nos queda más que esperar. Pero si me aceptan la sugerencia; no los lleven a bailar, ni a sobrevivir, ni a responder preguntas de cultura general. Hagan una versión de Gran Hermano. Todos juntos, sentados y sin dar golpe en apariencia. Que lo llamen Parlamento. Mejor, que usen el espacio y los medios para debatir lo ocurrido en el Parlamento. También ahí tenemos broncas, dimes, diretes y emoción. Puestos a sacar políticos, ¿no sería bonito que pudiéramos divulgar lo que allí se hace y acercar la política al ciudadano? Cuando algo tan importante es emitido sólo por La 2 es cuando sabes que al pueblo le interesa casi tanto la forma de realizar una ley como la reproducción de los escarabajos.
Habrá más, claro —¿habéis notado la desaparición progresiva de coleccionables útiles y divulgativos sin cacharrerío?— con mayor profundidad —espero— y sin perder el buen humor —deseo— pero eso ya será en otra ocasión. Si aún os apetece.

Jónatan Sark | 14 de septiembre de 2009

Comentarios

  1. Marcos
    2009-09-14 19:36

    Yo llevo años esperando por una crítica de Pueblo de dios.

    Bienvenido.

    Saludos

  2. Alberto
    2009-09-16 07:36

    Bienvenido, caballero. Pueblo de dios fue siempre una mierdaca comparado con Últimas preguntas, por cierto.

  3. Jónatan S.
    2009-09-16 08:51

    Gracias por el recibimiento.

    Los programas religiosos católicos son para estudiarlos a parte. Lo anoto para una próxima columna pero apunto una idea ya, ¿ quienes se anuncian en esos programas?



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