Cartas desde… es un intento por recuperar el espíritu de las corresponsalías epistolares de la prensa decimonónica, más subjetiva, más literaria, y que muestre una visión distinta y alternativa a la oficial de Agencias.
José Eburi Palé
EEUU ambicionó desde siempre el control de los yacimientos mundiales de crudo fuera de sus fronteras, por una elemental estrategia de dominio.
En el caso de Guinea española y a mediados de los sesenta, una petrolera americana estuvo unos años en Fernando Poo realizando prospecciones durante un tiempo.
Tenían una plataforma mar a dentro y un lujoso yate, el “Stella Maris”, que rondaba por el puerto de Santa Isabel con frecuencia.
España concedió permiso en su día para hacer prospecciones a un consorcio formado por Gulf y Minas de Rio Tinto, y más tarde a otro formado por Mobil y Cepsa
Por tanto se tenía constatación desde entonces de la existencia de una considerable bolsa de petróleo en Fernando Poo y lo sabíamos centenares de miles de españoles-guineanos.
Parece que quien no lo sabía eran los españoles peninsulares, que siguen sin saber que no lo sabían.

Los gobiernos de una nación ostentan la representación solo temporal del Estado de la misma y tienen la obligación de velar por sus intereses, y el humillante abandono de Guinea a su suerte por el chantaje de terceros no parece que fuese uno de ellos. Cobijados en el silencio mediático permanente sobre Guinea, nuestros gobiernos posteriores hasta nuestros días, continúan con la misma postura kafkiana de desinterés en sus relaciones con ella y repitiendo los mismos errores del pasado.
Alguna prensa libre debería explicar a la ciudadanía porqué no se ha aprovechado el ofrecimiento reciente de Guinea “ex española” a España para explotar una parte de su petróleo, cosa que al parecer se ha desestimado: Nuestros diplomáticos por lo visto son incapaces de mantener con el gobierno de Guinea una relación inteligente en la que tendríamos evidentes ventajas por nuestra historia común.
No conformándose con eso y en la debacle del absurdo, nuestros gobiernos recientes deniegan sistemáticamente el visado a los guineanos que desean visitar España. Totalmente ajenos a otro tipo de inmigraciones más problemáticas, ellos vendrían a visitar familiares que llevan en España varias décadas, a sus madres, a sus hermanos, primos, abuelos e hijos y por tanto con un techo fijo garantizado, vendrían para trabajar o estudiar y como no, a perpetuar el vínculo con lo español.

En aquellos tiempos en España sufríamos una dictadura; ahora no, aunque en ciertos hábitos adquiridos como la gratuita falta de información y de servicio a los ciudadanos se observan vicios muy poco democrácticos.

Unas buenas relaciones con Guinea son una de las deudas y asignatura pendiente de nuestra política exterior. El amplio abanico de posibilidades no hay más que estudiarlo y para eso pagamos a nuestros políticos.
Nosotros, después de 500 años como Estado, apenas llevamos 30 de democracia prendida con alfileres, por tanto no nos asiste el derecho inalienable de exigirles a los guineanos más en ese sentido que a nosotros mismos.

El control mundial del precio del petróleo es un arma capaz de ser usada por quien la posee con total eficacia y Europa, sin petróleo en su territorio en cantidad digna de mención, es especialmente vulnerable a esa arma, esto no es casual.
Guinea es hoy el décimo país productor del mundo de petróleo y el tercero del continente africano, eso tampoco es casual, cabía preverlo por cualquier mente mediocre.

Esa actitud victimista, ese complejo de inferioridad y ese servilismo en las relaciones exteriores de nuestro país, comenzaron tal vez en esas fechas y aún hoy no hemos sido capaces de desprendernos de ellos[,]: el exterior nos asusta.
Entonces la desinformación consistió en la maldita materia reservada. Hoy en día no es necesario porque demasiados medios del “cuarto poder” están tan participados por los otros poderes, que no tienen el más mínimo criterio. Para el poder en España Guinea no existe, entre otras cosas porque su existencia supondría la necesidad de explicar muchas cosas y hacer un examen de conciencia que nuestros gobiernos desde 1977 no están dispuestos a hacer. Es una patata caliente que hay que ocultar. Empiezo a sospechar que casi todo lo que tiene que ver con nuestra inoperante política exterior, tampoco existe.
Entiendo ahora muchas cosas que durante muchos sospechaba aun faltando piezas del puzzle encima de la mesa, como el hermetismo del gobierno de entonces a la hora de hablar de Guinea.
El régimen de Franco que originariamente era de extracción militar, tenía aún entonces entre sus ideales manifiestamente declarados de actitud vital, el honor, la lealtad y la defensa del territorio, al menos en las letras de molde y consignas de dominio público.
Pensaban aquellos genios de la intuición y la estrategia política, que a cambio de semejante chapuza de independencia, Inglaterra, nada menos que Inglaterra, nos iba a devolver Gibraltar, ahora que el Tío Sam era “amigo nuestro”. No cabe mayor despropósito, ineptitud mental e ingenuidad política.
El entramado militar del régimen, asumió una actitud en Guinea diametralmente opuesta a sus convicciones castrenses al decidir la sumisión a una gran potencia a precio de saldo.
Corrían el riesgo de que esa forma de actuar contraria a sus convicciones llegara a saberse en la calle y no pudieran explicar aquellos patrioteros militares un comportamiento cobarde y pusilánime en Guinea, falto de la más elemental dosis de ética, moral y virtudes de las que tanto se pavoneaban.
La solución encontrada fue declarar los asuntos guineanos como materia reservada
A partir de las apetencias de EEUU por el petróleo guineano, cualquier plan anterior sobre la independencia de Guinea seguramente más justo —y me consta que lo había—, fue abandonado. España se comprometió a abandonar Guinea por la puerta falsa a la mayor brevedad posible y así mismo a no intervenir en cualquier suceso posterior que pudiera acaecer en territorio guineano, incluyendo la defensa y salvaguardia de los españoles que allí continuaron en principio, que se vieron sorprendidos por unos hechos cuya gravedad nadie esperaba y que una vez producidos, quedaron indefensos y con peligro inminente para sus vidas.



Un último dato: en la década de los sesenta la renta “per cápita” de Guinea española era la más alta de todos los países de África. Hágase el ejercicio de incluir a Egipto, Sudáfrica, Argel, Túnez y cualquier otro, el dato habla por si mismo.
Todo eso se barrió de un plumazo y de improviso.
¿Cómo es posible que tras una herencia como esa, las relaciones entre Guinea y España en el presente, estén bajo mínimos?
Una pregunta: si un determinado gobierno comanda unos sucesos abominables como los que nos ocupan y veremos más tarde, ¿el Estado de la nación como ente intemporal no es responsable de los perjuicios en el futuro, por el presunto delito de omisión de sus deberes con ciudadanos españoles? ¿y por el presunto delito de omisión de sus obligaciones de salvaguardia de la seguridad física de sus ciudadanos? ¿y por el presunto delito de abandono de sus funciones de custodia de los bienes de los ciudadanos y de las familias, complicidad en genocidio y otros?
Y he aquí que tras un breve periodo impuesto a modo de cuña improvisada y que se llamó “autonomía”, al que no se dio tiempo suficiente de desarrollo ni medios por la precipitación de las decisiones finales, se convocan en Guinea Ecuatorial unas elecciones libres en las cuales resulta electo Francisco Macias Nguema Mbasogo, sin que ningún genio del gobierno español lo hubiera imaginado ni de lejos y creándose con ello una situación que tampoco supieron ni quisieron manejar.
Siempre me pareció el mejor paradigma del cinismo político que soy capaz de recordar, el hecho de que España convocara en Guinea las únicas elecciones verdaderamente libres y democráticas del territorio español en plena dictadura.
Las circunstancias que llevaron a ese hombre a convertirse posiblemente en el mayor asesino de masas de la reciente historia de España, serán contadas sin duda, así como las complicidades de algunos de nuestros políticos de entonces en la barbarie que como consecuencia de ello se desató, con los agravantes de ser previsible y evitable.
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La mayoría de las fotos aportadas provienen del fondo fotográfico de:
http://www.raimonland.net
2006-06-27 17:44
Entre febrero y junio de 1968, se celebró en Madrid la conferencia constitucional preparatoria de la independencia guineana.
Jamás trascendió a los medios de comunicación la existencia de petróleo en Guinea, ni absolutamente ninguna otra información sobre ella.
Me gustaría poder decir que el abandono de Guinea y el Sahara reportó al Estado español alguna ventaja, pero no consigo encontrarla.
España habría entrado en la ONU en cualquier caso.
Las bases americanas en España ya estaban y siguen estando aquí.
Gibraltar sigue siendo inglés y lo seguirá siendo.
Los saharauis llevan 30 años de calvario, abandono, penalidades y miserias, bloqueados por una dictadura como la marroquí, con el beneplácito de EEUU y la pasividad de la ONU, definitivamente ninguneada.
Guinea está pseudo-colonizada por una compañía privada americana en el más puro estilo de los bucaneros del siglo XVIII y cuya acción en el territorio no tiene la más mínima trascendencia a nivel de mejora de las condiciones de vida de sus habitantes, si no todo lo contrario.
La mortalidad infantil ha aumentado a pasos agigantados, mientras dentro de las instalaciones americanas se vive al estilo de Beverly Hills.
La pregunta en este caso es:
¿De que sirvió todo aquel despojo de nuestros territorios y de nuestra influencia exterior?
Podíamos haber mantenido unos vínculos comerciales y unas áreas históricas de influencia, trabajadas durante siglos, con unos países de habla y cultura españolas.
¿Dónde están las grandes contraprestaciones de todo aquél bodrio?
¿Fue culpa de Franco?, y de ser así, ¿Nos excusamos con saberlo?
2006-06-29 12:42
Extracto de las memorias diplomáticas del primer embajador español en Guinea tras la
– - – - – - – - – - – - – - – - – - – -Independencia
D. Juan Duran Loriga
Escritas en 1999.
El proceso descolonizador de la Guinea Ecuatorial marchaba hacia su culminación. “Puesto que había que seguir adelante”, Castiella quiso que se hiciese de manera ejemplar. El nuevo Estado contaría desde el primer momento con una Constitución democrática aprobada por sus dirigentes y más tarde por el pueblo guineano en referéndum. Se empleó para ello la fórmula británica de una Conferencia Constitucional, que se abrió en octubre de 1967 con un discurso de don Fernando Castiella en el que se anunciaba que España daría la independencia a su colonia ecuatorial en 1968.
La Conferencia Constitucional avanzó lentamente entre escollos. Contribuyeron a la cacofonía las discrepancias entre los guineos y también el hecho, al que ya me he referido y sobre el que volveré a insistir, de que el Gobierno español estuviese profundamente dividido. Esta confusión fue aprovechada por quienes quisieron, lográndolo, complicar aún más el difícil proceso. El señor García Trevijano respaldó un llamado Secretariado Conjunto que al tiempo que saboteaba la Conferencia “ponía en primer plano al político guineano de mayor potencial demagógico y destructor, Francisco Macías”.
Uno de los primeros problemas con que me encontré fue “el temor de la población aborigen de Fernando Póo a una independencia en la que temían llevar, por su inferioridad numérica, la peor parte”. Esto los llevó a votar contra la Constitución en el referéndum. No puedo olvidar la ayuda que recibí de mi amigo Enrique Gori, asesinado más tarde como tantos otros por orden de Macías
“En uno de mis viajes a Madrid fui recibido en audiencia en el Pardo. Al contar a Franco que Macías lo llamaba “colega” le entró una risa convulsa que tardó algún tiempo en amainar”.
Aconsejé a Madrid que, puesto que había sido elegido el candidato que no deseábamos —ni en la Presidencia ni en Exteriores—, hiciésemos de tripas corazón con los gestos necesarios para atenuar, en lo posible, sus recelos. Pero hubo poco que hacer porque prevalecía la idea de que, obtenida la independencia, “la Guinea había dejado de ser un tema español”. – - – - – - – - – - – - – - – - – - – -
No tiene desperdicio desde la primera frase, “Puesto que había que seguir adelante”.
¿Por qué había que seguir adelante con tal urgencia?
¿Quién exigía tal celeridad?
Desde luego, no los guineanos y mucho menos los bubis.
Los entrecomillados merece la pena retenerlos.
Un embajador, es siempre diplomático y desde ese punto de vista hay que saber leer entre lineas las confesiones de sus memorias.
Lombé
2008-05-02 23:39
La verdad es que anoche leí la primera carta y acabo de leer esta segunda y no sabría ni explicar lo que siento ahora mismo.
Para empezar, no deja de asombrarme que pertenezco a esa gran masa de españoles, como bien decía la primera epístola, que desconocían totalmente la historia de Guinea (afortunadamente empiezo a ver algo de luz). Y es que por más que me esfuerzo por recordar los ya lejanos años del colegio, no consigo recordar ningún detalle más allá de la vaga idea de que Guinea había pertenecido a España, como Filipinas y poco más.
Y por otro lado el sentimiento que me embarga ahora mismo cabría describirlo como una mezcla entre pena, nostalgia, asco, indignación…. No sé, de verás que me ha impactado profundamente esta nueva ventana de conocimiento que se abre ante mis ojos.
Seguiré leyendo el resto con gran interés y con cierta reticencia por los tristes acontecimientos que se entreven (a pesar de que ha son pasado)
2008-05-04 12:41
no encuentro las ventajas que proporcionan, el hurgar siempre sobre el pasado franquista de este pais.
el petróleo de guinea era nuestro?
también las colonias y parte de américa del sur.¿y qué?
no remuevan más las miserias partidistas, o el odio al franquismo fenecido.
en la españa de hoy día, además de petróleo hace falta un bién común y mucho mas económico y necesario para la susbsistencia.
EL AGUA.
y hay españoles que la niegan a otros españoles, parece ser además que con el beneplácito del gobierno actual.
y vd, me sale con lo del petróleo de guinea.
dime de que presumes y te dire…..........
2008-05-04 22:39
Estimado new:
La idea del texto, no era, ni es, hurgar siempre acerca del pasado franquista.
Siempre, en el caso de Guinea, es absolutamente inadecuado y falso. De Guinea se ha hablado siempre muy poco en la prensa española, sistemáticamente.
Respecto del pasado franquista, en el caso de Guinea no es más que una circunstancia histórica, inseparable de los hechos que se cuentan, ¡que le vamos a hacer!
Que las colonias en América del sur, fueran españolas y se perdieran, no es un referente asimilable al caso de Guinea. Estamos halando de una independencia en el año 1968, antes de ayer, en términos históricos.
Efectivamente, su razonamiento acerca del agua, la desidia de nuestros gobiernos al respecto, y nuestras luchas anodinas entre españoles, es correcta, pero:
Efectivamente también, no acabo de hilar el paralelismo con el petroleo, ni entender porqué una cosa excluye a la otra.