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El último partido de George Best por Javi Martín

Genial con el balón en los pies, ocurrente ante los micrófonos, seductor dentro y fuera del campo, George Best sigue jugando cada mes su último partido en Libro de Notas. Javi Martín, autor de esta columna, solía fantasear con emular las andanzas del genio de Belfast. Enfrentado con la cruda realidad, ahora se conforma con escribir apasionadas historias sobre el mundo del deporte. Su hígado lo agradece.

Hillsborough: la verdad, al fin

“Las familias han creído durante mucho tiempo que algunas autoridades intentaron tergiversar los hechos para culpar a los aficionados de lo ocurrido. Tenían razón”. Las palabras pronunciadas el pasado miércoles por David Cameron, primer ministro británico, tras ver definitivamente la luz un informe independente sobre la terrible tragedia sucedida en 1989 en el estadio de Hillsborough, en la que fallecieron 96 personas, venían a corroborar la tesis que hace tiempo se sospechaba. La revelación supone un desagravio para los hinchas que perdieron la vida aquella aciaga tarde de abril, a los que se culpó de haber ocasionado el desastre.

Sería injusto achacar la tragedia a una única razón. Un campo vetusto e inseguro, más preparado para la contención de los hinchas que para su seguridad, lleno de vallas que resultaron trampas mortales, una muchedumbre mayor de la esperada, una discutible planificación (la idea de alojar a los aficionados del Liverpool en el fondo más pequeño del estadio no fue idónea) y, sobre todo, una cadena de decisiones nefastas por parte de una policía que en todo momento se vio superada por la situación. Pero lo más vergonzoso fue lo que vino después: la ocultación por parte de policía y autoridades de los verdaderos hechos, el encubrimiento de los errores que se habían cometido, tratando de presentar a los fallecidos como vándalos ultras borrachos que habían provocado la catástrofe con su violenta actitud. Todo para liberar de responsabilidad a las fuerzas de seguridad.

Aquel 15 de abril Liverpool y Nottingham tenían que jugar en Hillsborough, el neutral campo del Sheffield, una de las semifinales de la Copa de 1989. Poco antes de comenzar el partido, aún había una muchedumbre de aficionados del Liverpool atestados en la puerta de acceso a la grada oeste del estadio, conocida como Leppings Lane. Ante el temor a que se produjeran disturbios en la calle, la policía tomó la nefasta decisión de abrir la puerta para que la multitud agolpada entrara en tromba al estadio. Con el fondo oeste ya repleto, los aficionados se precipitaron por el túnel más próximo que encontraron hacia las gradas, provocando la aglomeración y el desastre. La gente, enjaulada y cada vez más apretujada, empezaba a tener dificultades para respirar. Algunos afortunados eran rescatados en volandas por los aficionados de la grada superior.

Con la multitud hacinada y la gente muriendo por aplastamiento, la segunda decisión fatal fue no abrir inmediatamente las puertas de emergencia que comunicaban las gradas con el campo de juego. En su afán por impedir una invasión de campo, las fuerzas del orden propiciaron que se consumara la desgracia, lo cual da una idea de la demencial toma de decisiones que tuvo lugar aquella tarde. El tiempo que se tardó en abrir las puertas resultó fatal. Por último, con el césped sembrado de heridos, las ambulancias tardaron una eternidad en entrar. La descoordinación entre los diferentes servicios fue deplorable. Las imágenes de los aficionados arrancando las vallas de publicidad para usarlas como improvisadas camillas con las que evacuar a los heridos sobrecogen aún hoy.

Una catastrófica serie de acontecimientos había provocado una lamentable tragedia. Hasta aquí podemos hablar de errores, de ineptitud o negligencia por parte de la policía, pero lo más bochornoso vino después. La autoridad intentó ocultar sus fallos manipulando datos, cargando la culpa sobre los hinchas y tratando de presentar los hechos como un altercado causado por los belicosos hooligans del Liverpool. Lo ocurrido en Heysel, con los aficionados reds como tristes protagonistas, estaba demasiado cercano y la tentación de presentar lo sucedido como un nuevo acto de vandalismo resultó irresistible. El gobierno de Thatcher contribuyó al encubrimiento de la verdad dando por buena la versión de la policía e ignorando a los que pedían justicia. El diario sensacionalista The Sun publicó una infame edición titulada ‘The truth’ (La verdad), donde acusaba a los hooligans reds de haber provocado la masacre con su ebriedad, culpándolos de saquear los cadáveres y enfrentarse a la policía y los equipos de rescate. Ahora se ha revelado que la fuente de la información de The Sun fue la policía de Sheffield. El pasado jueves, tras la manifestación de Cameron, el periódico pidió excusas por su proceder 23 años atrás, reconociendo su error: “‘The real truth’.

Tras la tragedia, el gobierno británico encargó a Peter Taylor un informe sobre las causas de los ocurrido en Hillsborough, cuyas conclusiones atribuyeron a la policía fallos en el control de acceso al estadio, pero sin ir más allá. El informe Taylor no depuró responsabilidades pero sí sirvió, sin embargo, para cambiar prácticamente el modo de vivir el fútbol que existía hasta entonces en todo el mundo: desaparecieron las mal llamadas vallas de seguridad, se obligó a que todas las localidades fueran de asiento y los controles de acceso se volvieron más rigurosos. A raíz de Hillsborough, la seguridad pasó a ser una prioridad.

Desde entonces los familiares de las víctimas de Hillsborough no han dejado de clamar pidiendo el esclarecimiento de los sucesos ocurridos aquel día. Por fin, 23 años después, han tenido respuesta. “Mi madre murió pensando que su hijo era un hooligan, pero no lo era”, decía el hermano de uno de los fallecidos en el programa de Canal+ Fiebre Maldini el pasado mes de abril. Ahora la fiscalía debe decidir si abre una nueva investigación que depure responsabilidades, pero al menos el honor de los que allí perecieron está ya restañado. Ellos no fueron los responsables, sino las víctimas, y el mundo al fin lo sabe.

Más información:

Los 96 de Hillsborough piden justicia (El País)
Los hechos de la vergüenza (El País)
La declaración íntegra de David Cameron (The Independent)

Javi Martín | 15 de septiembre de 2012


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