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	<title>Libro de Notas - El último partido de George Best</title>
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	<description>diario de los mejores contenidos de la red en español</description>
	<pubDate>Tue, 06 Sep 2022 17:49:23 GMT</pubDate>
	
	<item>
		<title>Colgar las botas</title>
		<description><![CDATA[<p>Hace un par de días anunciaba su retirada del baloncesto <strong>Amaya Valdemoro</strong>, una de las mejores deportistas españolas de la historia. Amaya superó una lesión gravísima hace dos años (fractura en ambas muñecas), pero regresó para ayudar a la selección el pasado verano a ganar el oro en el Europeo de Francia. En la rueda de prensa del adiós a duras penas pudo contener la emoción.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un par de días anunciaba su retirada del baloncesto <strong>Amaya Valdemoro</strong>, una de las mejores deportistas españolas de la historia. Amaya superó una lesión gravísima hace dos años (fractura en ambas muñecas), pero regresó para ayudar a la selección el pasado verano a ganar el oro en el Europeo de Francia. En la rueda de prensa del adiós a duras penas pudo contener la emoción. No debe de ser fácil para un deportista de élite el momento de colgar las botas, el momento de dejar todo aquello que fue su vida durante años, todo aquello que vivió tan intensamente.</p>

	<p>La misma emoción que embargó a Amaya hizo presa en su día de <strong>Ronaldo Nazario</strong>, otro deportista con el que las lesiones se cebaron más de lo razonable. Los que seguimos su trayectoria con admiración y cariño asistimos con el corazón encogido a las lágrimas en el momento de su adiós. Su cabeza deseaba seguir jugando, pero su cuerpo no podía más. Es curioso lo que les cuesta colgar las botas a los futbolistas más grandes. Recordemos a <strong>Maradona</strong>, que regresó a Argentina y estuvo en activo más allá de lo que el recuerdo de su leyenda quizás merecía. Recordemos a <strong>Pelé</strong>, que acabó en el Cosmos estadounidense, tratando de relanzar eso que allí llaman soccer. Recordemos a <strong>George Best</strong>, que se cansó pronto del fútbol de élite pero terminó dando tumbos por Estados Unidos y equipos de tercera y cuarta fila de Gran Bretaña antes de poner el punto final a los 37 años.</p>

	<p>Hay retiradas dulces, que dejan un gran sabor de boca, como la de <strong>Alberto Herreros</strong>. El alero madrileño colgó las botas justo después de meter la canasta más importante de su vida. “La primera que tengas, la tiras”, le había dicho su entrenador, <strong>Bozidar Maljkovic</strong>, justo antes de saltar a la cancha a 2:44 del final. Madrid y Tau disputaban el quinto partido de la final <span class="caps">ACB</span> de 2005 y la retirada de Herreros al término de aquel partido, aunque no era oficial, se daba por hecha. Después de un minuto de locura, en el que el Tau dejó escapar una renta de ocho puntos, Alberto recibió el balón en la esquina, más allá de la línea de 6,25, a 8 segundos del final, con su equipo dos puntos abajo. “La primera que tengas, la tiras”, probablemente volvió a escuchar el jugador en su cabeza en ese momento. Pocos minutos después, un Herreros con una sonrisa de oreja a oreja recibía la Copa de campeón de la Liga <span class="caps">ACB</span>.</p>

	<p>Pero <a href="http://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/24834/la-sonrisa-de-yelena">para sonrisa la de <strong>Yelena Isinbayeva</strong></a> cuando el pasado verano logró superar el listón de 4,89 metros para colgarse el oro mundial ante sus compatriotas moscovitas, superando a sus jóvenes rivales en el día de su adiós. Después de unos años difíciles, en los que la antaño invencible pertiguista rusa tuvo que acostumbrarse a perder, no pudo contener la euforia y acabó abrazada a Sparrow, la mascota del campeonato, celebrando un final de ensueño.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/4009t.jpg" alt="casa" /></center></p>

	<p>Estaba previsto que el adiós de <strong>Zinedine Zidane</strong> siguiera un camino similar al de Herreros o Isinbayeva. Había liderado a su selección hasta la final del Mundial y, una vez allí, su penalti a lo <strong>Panenka</strong> en la prórroga parecía el colofón perfecto a una carrera espléndida. La película iba según lo previsto hasta que al travieso guionista se le ocurrió que la cabeza de Zidane impacatara con el pecho de Materazzi. Se nos fastidió el happy end.</p>

	<p>El último partido de George Best cuelga hoy las botas. Nos gustaría hacerlo a lo grande, como Herreros, pero no somos tan ambiciosos. Por un momento nos asaltará la emoción, como a Ronaldo y Amaya, pero fuera de los focos, en la intimidad. Intentaremos contenerla, no obstante. Nos vamos cargados de buenos recuerdos y con una enorme sonrisa en la boca, como Yelena. Ella, tras ganar el oro en Moscú, dejó abierta la puerta de un posible regreso para los Juegos de Río. Quién sabe. La vida da tantas vueltas.</p>

	<p>Fue un placer. Gracias a todos.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/25242/colgar-las-botas</link>
		<pubDate>Fri, 20 Dec 2013 02:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	<item>
		<title>Jorge González: del draft de la NBA al &#39;pressing catch&#39;</title>
		<description><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/3867t.jpg" title="Jorge" /></div>Los 2,21 metros de <strong>Sabonis</strong> y <strong>Tkachenko</strong>, techos del baloncesto <span class="caps">FIBA</span> hasta entonces, palidecían frente a los 2,32 que presentaba el argentino Jorge González. Ya no digamos los 2,13 de Fernando Romay, torre española de la época. Ni siquiera en la <span class="caps">NBA</span> existía alguien así. El sudanés Manute Bol poseía una altura similar, pero su flaco cuerpo, con esas interminables extremidades de alambre, no tenía nada que ver.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La primera vez que en España se supo de <strong>Jorge González</strong> fue en diciembre de 1987, en el desaparecido Torneo de Navidad que el Real Madrid organizaba cada año. Se trataba de un torneo amistoso, pero de gran prestigio, que contaba cada año con una participación destacada. Aquel 1987, sin ir más lejos, se desplazaron a Madrid las dos selecciones que pocos meses antes habían disputado en Atenas <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Rui5NfPp5hI">una de las finales más vibrantes</a> de la historia de los Eurobaskets, Grecia y la Unión Soviética. Completaban el cuadro el anfitrión Real Madrid y la selección argentina.</p>

	<p>Argentina era entonces una selección modesta en el seno del baloncesto internacional. Un año antes no había pasado del duodécimo puesto en el Mundobasket celebrado en España. En 1990 organizarían el Mundial, terminando octavos. No fue hasta finales de los noventa, con la irrupción de la generación de <strong>Scola</strong>, <strong>Ginóbili</strong>, <strong>Nocioni</strong> y <strong>Oberto</strong>, cuando Argentina se convirtió en un equipo de primer nivel.</p>

	<p>Aquel torneo de Navidad de 1987 sirvió para que la <span class="caps">URSS</span> se tomara una revancha descafeinada contra una Grecia diezmada por las ausencias de sus estrellas <strong>Galis</strong> y <strong>Giannakis</strong>. Sirvió también para que el Madrid se anotara su 16ª edición, gracias a los 23 puntos de <strong>Biriukov</strong> ante sus excompatriotas soviéticos. Sirvió, por último, para presentar en sociedad a un chaval argentino de 21 años y físico desmesurado. Los 2,21 metros de <strong>Sabonis</strong> y <strong>Tkachenko</strong>, techos del baloncesto <span class="caps">FIBA</span> hasta entonces, palidecían frente a los 2,32 que presentaba el argentino Jorge González. Ya no digamos los 2,13 de Fernando Romay, torre española de la época. Ni siquiera en la <span class="caps">NBA</span> existía alguien así. El sudanés Manute Bol poseía una altura similar, pero su flaco cuerpo, con esas interminables extremidades de alambre, no tenía nada que ver.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3867.jpg" alt="Jorge" /></center></p>

	<p>Aunque su juego, torpe y poco coordinado, tenía un amplio margen de mejora, la presencia de González causó sensación en el Palacio de Deportes de Madrid. Dos puntos en el partido inaugural contra los anfitriones, ocho contra la <span class="caps">URSS</span> y cuatro puntos a Grecia fueron el balance del baloncestista argentino durante el torneo. La estancia en la capital española dejó una huella profunda en el jugador, <a href="http://elpais.com/diario/2007/02/16/eps/1171610810_850215.html">como afirmaría años después</a>: <em>“Fue la mejor Navidad de mi vida. La pasé solo, en el hotel, comida, champán. Por la ventana se veía el paseo de la Castellana, nieve, luces en los árboles”</em>.</p>

	<p>La historia de Jorge González guarda ciertas semejanzas en su origen con la de otro baloncestista, el español <strong>Roberto Dueñas</strong>: el cuerpo desproporcionado, el descubrimiento causal, el inicio tardío en la práctica del deporte. Si a Dueñas cuentan que lo descubrió un ojeador del Fuenlabrada en la parada del autobús cuando tenía 17 años, el argentino fue descubierto en un bar de El Colorado, el pueblo natal de González, ubicado en la región de Formosa, en el norte de Argentina. El viajante <strong>Oscar Rozanovich</strong> quedó impresionado con el físico de aquel chico que con 16 años ya medía 2,17 metros. Rozanovich utilizó sus contactos en el Hindú Club de Resistencia y un par de días después unos representantes del equipo le ofrecieron al chico realizar una prueba. Así fue como Jorge González, que no había jugado al baloncesto en su vida, empezó a aprender los fundamentos básicos del deporte de la canasta. Su altura compensaba con creces su torpeza y su falta de conocimiento del juego.</p>

	<p>Todo vino rodado a partir de ahí para el pívot argentino. Del Hindú Club pasó al Gimnasia y Esgrima de la Plata, y después al Sport Club Cañadiense. De la mano de <strong>León Najnudel</strong> debutó con la selección albiceleste en 1985, jugando el Campeonato Sudamericano con sólo 19 años. En mayo de 1988 formó parte de la selección que disputó el Preolímpico de Montevideo. Argentina no logró plaza para Seúl, pero la actuación de Jorge González no pasó desapercibida para los ojeadores de Atlanta Hawks, que ya le seguían la pista desde su participación en el Torneo de Navidad. El 28 de junio era elegido en la tercera ronda del draft, en el puesto 54, por el equipo de la capital de Georgia.</p>

	<p>Sin embargo, González no llegó a debutar en la <span class="caps">NBA</span>. Su lentitud y la dificultad para perder peso, además de los problemas en las rodillas, le impidieron vestir la camiseta de los Hawks. Pasado un año, <strong>Ted Turner</strong>, el dueño de la franquicia, le propuso participar en la lucha libre americana, en cuya organización el propio Turner estaba también involucrado.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3868.jpg" alt="Jorge2" /></center></p>

	<p>Fue así como Jorge González pasó de compartir entrenamientos con <strong>Dominique Wilkins</strong>, <strong>Doc Rivers</strong> y <strong>Moses Malone</strong> a pelear en el ring frente a <strong>Hulk Hogan</strong> y demás personajes participantes en esa mezcla de deporte, circo y espectáculo (que cada cual asigne los porcentajes que crea convenientes) que a España llegó de la mano de Telecinco con el nombre de Pressing Catch y la inconfundible voz de Héctor del Mar. En <a href="http://arogeraldes.blogspot.com.ar/2010/09/el-gigante-gonzalez.html">una entrevista concedida al periodista <strong>Pablo Aro Geraldes</strong></a>, al ser preguntado si en la lucha existía un componente circense, González dejó una respuesta tan escueta como elocuente: “No estoy autorizado a hablar de eso”</p>

	<p>A través de su actuación en los rings, con el sobrenombre de <em>The Giant</em>, el exbaloncestista alcanzó una considerable notoriedad. Llegó incluso a aparecer en un episodio de la exitosa serie Los vigilantes de la playa, junto a <strong>Pamela Anderson</strong> y <strong>David Hasselhoff</strong>. </p>

	<p>En 1995, al término de una pelea en Japón, González se desmayó. Se trataba de una simple lipotimia, pero los análisis realizados detectaron anormalidades. Se le diagnosticó gigantoacromegalia, enfermedad responsable de su anómalo crecimiento. Asociada a ella apareció la diabetes, que lo obligó a abandonar los rings y le ató de por vida a una jeringuilla de insulina.</p>

	<p>Deprimido, acabó refugiado en su pueblo natal, El Colorado, rodeado de su familia, pero enfermo, impedido y sin dinero. En la citada entrevista de Aro Geraldes, fechada en junio de 2006, González afirmaba haber superado la depresión pero pedía ayuda económica para costear el tratamiento de su enfermedad. Preguntado por sus perspectivas de futuro, contestaba: <em>“El promedio de vida de quienes sufren mi enfermedad es de 45 años. El que más vivió llegó a los 50, ¿qué puedo esperar entonces del futuro? Nada. Por eso vivo el presente”</em>. Jorge Gonzalez falleció el 24 de septiembre de 2010, a causa de complicaciones de la diabetes que padecía. Tenía 44 años.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/25006/jorge-gonzalez-del-draft-de-la-nba-al-pressing-catch</link>
		<pubDate>Fri, 15 Nov 2013 09:00:09 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>La sonrisa de Yelena</title>
		<description><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/3819t.jpg" title="papa" /></div>En los Juegos de Londres, Yelena volvió a sonreír. Se colgó el bronce, por detrás de Suhr y Silva. Fue extraño, y hermoso a la vez, ver a Isinbayeva, acostumbrada durante años a ganar una prueba tras otra, radiante en el podio, con la medalla de bronce al cuello, disfrutando como una novata, ella que acostumbraba a acumular oros y destrozar récords con normalidad rutinaria.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Caía la noche moscovita cuando cogió la pértiga para intentar superar el listón colocado en 4,89 metros. Se concentró, muy seria, con la mirada fija en su objetivo, manoseando la pértiga de manera ritual, recitando las ininteligibles palabras de costumbre. Entonces tomó carrerilla (dieciséis pasos), clavó la vara en el cajetín para propulsarse, se elevó en el aire (los pies al cielo), arqueó su estilizado cuerpo para superar el obstáculo y, mientras caía a la colchoneta, con sus ojos azul cielo fijos en el listón inmóvil, apareció, probablemente por última vez en competición, la sonrisa de Yelena.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3819.jpg" alt="Isinbayeva" /></center></p>

	<p>A esas alturas sólo quedaban en competición tres atletas, las únicas que habían franqueado los 4,82 metros: la estadounidense <strong>Jennifer Suhr</strong>, campeona olímpica en Londres; la cubana <strong>Yarisley Silva</strong>, plata en la cita olímpica y mejor marca de la temporada con 4,90, y <strong>Yelena Isinbayeva</strong>, el mito declinante. Por el camino había quedado la brasileña <strong>Fabiana Murer</strong>, campeona del mundo en Daegu dos años atrás, impotente ante los 4,75. También la alemana <strong>Silke Spiegelburg</strong>, habitual en las finales, que se quedó una vez más a las puertas del podio. Las medallas ya tenía dueñas, las mismas que se las habían colgado en Londres, pero quedaba lo mejor: efectuar el reparto.</p>

	<p>Y aquí fue donde emergió la zarina Yelena, la no favorita, la atleta legendaria venida a menos, inmersa en un mar de resultados mediocres durante el último lustro. Isinbayeva saltó los 4,89 a la primera y se sentó a esperar, con sus ojos desprendiendo un brillo especial, lanzándonos besos a través de la cámara de televisión. Sus dos rivales fallaron en su primer intento. También en el segundo. La favorita Suhr también hizo nulo a la tercera. Quedaba Silva y su último salto. El estadio entero contuvo la respiración con Isinbayeva. En cuanto la cubana derribó el listón, Yelena corrió a celebrarlo, exultante, brazos en alto, rodeada de fotógrafos, abrazándose a su entrenador de siempre, con el que volvió hace poco para superar la crisis. Isinbayeva era, de nuevo, campeona del mundo.</p>

	<p>Atrás quedaba la decepción de Berlín, hace cuatro años, donde se fue de la competición sin ser capaz de ejecutar un solo salto válido. Lo que parecía un incómodo traspié (sólo un mes después del Mundial saltaba 5,06 en Zúrich, batiendo nuevamente su récord, por última vez hasta hoy, aunque quién iba a pensar eso entonces) se convirtió en el principio del declive: el año sabático, la decepcionante sexta plaza en el Mundial de Daegu, la interrupción de su racha de récords que entonces no parecía tener techo. El ocaso de la estrella.</p>

	<p>En los Juegos de Londres, Yelena volvió a sonreír. Se colgó el bronce, por detrás de Suhr y Silva. Fue extraño, y hermoso a la vez, ver a Isinbayeva, acostumbrada durante años a ganar una prueba tras otra, radiante en el podio, con la medalla de bronce al cuello, disfrutando como una novata, ella que acostumbraba a acumular oros y destrozar récords con normalidad rutinaria. La mujer de las 28 plusmarcas (15 al aire libre y 13 en pista cubierta), la atleta que había dominado con exagerada superioridad la pértiga femenina, una especialidad recién nacida que de su mano había crecido y adquirido la mayoría de edad, se tenía que conformar con el bronce en Londres. Y era feliz.</p>

	<p>Nadie apostaba por un regreso a la cumbre, pero allí estaba Isinbayeva, en el Estadio Luzhniki de Moscú, arropada por un público insuficiente pero entusiasmado con ella, ganando su tercer Campeonato del Mundo. Tras el éxtasis, Isinbayeva recompuso el gesto, se dirigió a los jueces y les ordenó que situaran el listón en 5,07, un centímetro por encima de su récord mundial.</p>

	<p>En su primer intento sobre 5,07, Isinbayeva, tan concentrada habitualmente antes de cada salto, parecía relajada, pidiendo el ánimo del público. Le costó, pero logró ocultar su sonrisa, esconder su felicidad desbordante, y concentrarse.  El salto fue nulo; ni siquiera alcanzó el listón. En el segundo intento, la pértiga se venció hacia la derecha y su cuerpo se llevó por delante el listón. El reloj marcaba poco más de las diez en la noche de Moscú cuando Yelena cogió la pértiga para afrontar el último salto del concurso, acaso el último de su vida. Falló, pero se levantó de la colchoneta con los brazos en alto, saltando, corriendo, celebrando, dando volteretas. <a href="http://news.bbcimg.co.uk/media/images/69270000/jpg/_69270117_isinbaevatwo.jpg">El abrazo a Sparrow, el gorrión mascota del campeonato</a>, durante la vuelta de honor queda como la viva imagen de la felicidad.</p>

	<p>Dice que se va, que deja el atletismo. Dice que quiere ser madre y que, quién sabe, quizás vuelva para Río, dentro de tres años, donde tendría que competir con atletas una década más jóvenes que ella. Ojalá allí volvamos a ver la sonrisa de Yelena.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/24834/la-sonrisa-de-yelena</link>
		<pubDate>Sun, 15 Sep 2013 12:48:25 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>El verano en que perdimos la inocencia</title>
		<description><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/3737t.jpg" title="RV" /></div>Hasta el verano del 98 no fuimos plenamente conscientes de la magnitud del problema. El 17 de julio de 1998 la organización del Tour de Francia expulsó de la carrera al equipo Festina al completo, acusado de usar sustancias prohibidas. La imagen de <strong>Richard Virenque</strong> abandonando la carrera entre lágrimas aún permanece vívida en nuestra memoria.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Mentiríamos si dijéramos que no sospechábamos nada, pero fue en ese momento cuando se nos vino todo encima. Antes sabíamos que ese tipo de cosas existían, conocíamos casos puntuales, pero pensábamos que se trataba de excepciones, no la regla. Hasta el verano del 98 no fuimos plenamente conscientes de la magnitud del problema. El 17 de julio de 1998 la organización del Tour de Francia expulsó de la carrera al equipo Festina al completo, acusado de usar sustancias prohibidas. La imagen de <strong>Richard Virenque</strong> abandonando la carrera entre lágrimas aún permanece vívida en nuestra memoria.</p>

	<p>Como digo, no éramos tan inocentes como para desconocer el doping. Sabíamos lo que había pasado en los países del este de Europa, cuyas marcas habían quedado estancadas tras la caída del telón de acero. Habíamos vivido el caso del tramposo <strong>Ben Johnson</strong>, que se dopó para vencer al héroe <strong>Lewis</strong>. O eso creíamos entonces; hoy ya no sabemos qué pensar. También en el ciclismo había dopaje, claro. Casos aislados: <strong>Tom Simpson</strong>, fallecido en la cima del Mont Ventoux en 1967 con tres botes de anfetaminas en el bolsillo del maillot; <strong>Ángel Arroyo</strong>, desposeído de la Vuelta de 1982 por consumo de metilfenidato; <strong>Gert Jan Theunisse</strong>, positivo por testosterona en el Tour de 1988, el mismo año del probenecid de <strong>Perico</strong> y su positivo de quita y pon, aunque eso se debía sin duda a que los franceses nos tenían manía. Cabía la posibilidad de que que hubiera algunos ciclistas que hubieran burlado los controles, pero cómo pensar en lo que estaba pasando realmente, cómo imaginar lo que explotó aquel verano.</p>

	<p>Todo empezó el 8 de julio, cuando <strong>Willy Voet</strong>, masajista del Festina, fue detenido al cruzar la frontera entre Bélgica y Francia, cerca de Neuville-en-Ferrain, en una operación que fue posible gracias a un chivatazo. Voet transportaba en ese momento una gran cantidad de diversas sustancias dopantes: anfetaminas, <span class="caps">EPO</span>, hormonas de crecimiento y testosterona. Faltaban tres días para arrancar el Tour.</p>

	<p>El 15 de julio, ya con el Tour en marcha, eran detenidos <strong>Bruno Roussel</strong>, el director de Festina, y <strong>Eric Ryckaert</strong>, el médico del equipo. La noche del día 17 la organización del Tour expulsaba al Festina en bloque. El que todo el mundo consideraba mejor equipo del mundo, con Richard Virenque, <strong>Laurent Dufaux</strong>, <strong>Alex Zülle</strong>, <strong>Christophe Moreau</strong> y <strong>Laurent Brochard</strong> en sus filas, tenía que abandonar la carrera. Al día siguiente los corredores se presentaban en la línea de salida para proclamar su inocencia ante los medios. Fue entonces cuando las cámaras captaron la célebre imagen de un Virenque lloroso y encanecido, súbitamente envejecido, como si de pronto le hubiesen caído todos los años de abusos encima. </p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/3737.jpg" title="RV" /></div>Se barajó en ese momento la posibilidad de suspender el Tour, pero <strong>Jean Marie Leblanc</strong>, el director general de la carrera en ese momento, lo descartó. El Tour continuó en la carretera, pero fuera de ella se libraba una carrera paralela cuyo resultado era mucho más trascendente. Mientras <strong>Cipollini</strong> ganaba un par de sprints, <strong>Ullrich</strong> se vestía de amarillo en la contrarreloj de Corrèze y <strong>Pantani</strong> daba el zarpazo definitivo en Les Deux Alpes, el Tour paralelo avanzaba inexorable, con la policía efectuando registros y detenciones. Los ciclistas de Festina, a excepción de Virenque, reconocieron la existencia de dopaje sistemático en el equipo andorrano. Incluso el director Roussel admitió las acusaciones.</p>

	<p><p>El 23 de julio la policía registraba el hotel del equipo holandés <span class="caps">TVM</span> y detenía al director y al médico. Al día siguiente, el pelotón al completo, con <strong>Laurent Jalabert</strong>, <strong>Luc Leblanc</strong> y Pantani a la cabeza, realizó una sentada en la línea de salida de Tarascon-sur-Ariège, como protesta por el trato dado a los ciclistas. “Ya sabemos que el Tour es un circo pero tampoco somos enanos”, diría Laurent Jalabert, jefe de filas de la <span class="caps">ONCE</span> erigido en representante del pelotón. La etapa arrancó con más de dos horas de retraso.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3736.jpg" alt="Pantani" /></center></p>

	<p><p>El 29 de julio, en la etapa entre Albertville y Aix les Bains, el pelotón se plantó de nuevo. La noche antes seis corredores del <span class="caps">TVM</span> habían sido llevados por la policía a un hospital para ser sometidos a análisis de sangre, orina y capilares. El pelotón protestó corriendo los 149 kilómetros de la etapa a ritmo de paseo. La pantomima se completó con los ciclistas entrando en meta cogidos de la mano. La organización, lógicamente, anuló la etapa. La <span class="caps">ONCE</span> y el Banesto abandonaron la carrera, en protesta por el tratamiento de las autoridades a los ciclistas. Esa al menos fue la razón esgrimida entonces. Al día siguiente tomaron la misma decisión los otros dos equipos españoles Vitalicio Seguros y Kelme, donde corría Fernando Escartín, claro candidato al podio. Los italianos Riso Scotti y Saeco también se marcharon mientras continuaban los registros policiales y las detenciones. Terminarían la carrera 96 de los 189 ciclistas que habían tomado la salida en Dublín.</p>

	<p>Aquel Tour lo ganó Marco Pantani, con una portentosa exhibición subiendo el Galibier entre la lluvia. Al año siguiente, cuando era líder del Giro, fue descalificado por superar el índice permitido de hematocrito en sangre. Por detrás de Pantani quedó Jan Ullrich, cuyo nombre apareció años después en la Operación Puerto, aunque él siempre negó haberse dopado.</p>

	<p>Después vendría la Operacion Puerto, la Operación Galgo y un incesante rosario de casos:  <strong>Dario Frigo</strong>, <strong>Garzelli</strong>, <strong>Vinokourov</strong>, <strong>Roberto Heras</strong>, <strong>Iban Mayo</strong>, <strong>Contador</strong>&#8230; podríamos seguir llenando páginas y páginas de nombres. Lo de <strong>Armstrong</strong> fue la puntilla, pero para entonces ya estábamos prácticamente inmunizados.</p>

	<p>Hace unos días se preguntaba Carlos Zúmer <a href="http://www.martiperarnau.com/firma/escribir-de-ciclismo-en-los-tiempos-de-la-epo/">cómo escribir sobre ciclismo en los tiempos de la <span class="caps">EPO</span></a>: “El dilema es complejo. ¿Cómo cubrir un deporte atravesado por dudas constantes de limpieza? ¿Cómo repartir justicia escrita en un ciclismo remendado todos los días, con tantos héroes de cartón y nuevos asteriscos?”. Yo voy aún más allá: lo difícil ya no es escribir sobre ciclismo, que también; lo realmente complicado es seguir disfrutando de un deporte cuyo presente está en cuarentena y el pasado en continua revisión. Lo doloroso es repasar las clasificaciones de los últimos veinte años, llenas de tachones y asteriscos, de desengaños y sospechas. Lo triste es recelar de todo y de todos, del presente y del pasado. Lo imposible es seguir emocionándonos como antes de aquel verano de 1998.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/24574/el-verano-en-que-perdimos-la-inocencia</link>
		<pubDate>Mon, 15 Jul 2013 09:00:49 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>La Copa Artemio Franchi, precursora de la Confederaciones</title>
		<description><![CDATA[<p>El objetivo de esta Copa Confederaciones, tratar de designar al mejor equipo entre todos los continentes, de forma paralela al Mundial, ya fue en cierta forma ensayado anteriormente en otro efímero campeonato: la Copa Artemio Franchi.<br />
Aquel trofeo, también conocido como campeonato intercontinental de selecciones, llevaba el nombre del que había sido presidente de la <span class="caps">UEFA</span> desde 1972 hasta 1983, fecha en que murió en un accidente de tráfico. La primera edición de la Copa Franchi se disputó en 1985.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Comienza hoy la Copa Confederaciones, una competición que disputan cada cuatro años los seis campeones de cada una de las confederaciones de la <span class="caps">FIFA</span> más el campeón del mundo y el país organizador. El torneo lleva disputándose desde 1992. Las primeras ediciones se jugaron en Arabia Saudí con el nombre de Copa Rey Fahd, en honor a <strong>Fahd bin Abdelaziz</strong>, entonces jefe de estado del país islámico. Él fue el impulsor del torneo, contando pronto con el apoyo de la <span class="caps">FIFA</span>, atraída por el olor del dinero y la posibilidad de expandir el fútbol más allá de sus fronteras históricas, siguiendo el ejemplo de la Copa Intercontinental, que venía jugandose en Tokio desde 1980.</p>

	<p>Aquel primer trofeo lo disputaron los campeones de la Copa América (Argentina), la Copa de Oro de la Concacaf (Estados Unidos) y la Copa de África (Costa de Marfil), más Arabia Saudí como país anfitrión, con victoria para la selección sudamericana.</p>

	<p>Fue en la tercera edición, jugada en 1997, cuando adquirió el definitivo nombre de Copa Confederaciones y se estableció el actual sistema de ocho equipos repartidos en dos grupos. En 2005 se terminó de asentar la competición tal y como hoy la conocemos, con periodicidad cuatrienal y ubicación en el país que un año después ha de albergar el Campeonato del Mundo, algo que ya se había ensayado en la edición de 2001, que tuvo lugar en Corea y Japón.</p>

	<p>El objetivo de esta Copa Confederaciones, tratar de designar al mejor equipo entre todos los continentes, de forma paralela al Mundial, ya fue en cierta forma ensayado anteriormente en otro efímero campeonato: la Copa Artemio Franchi.</p>

	<p>Aquel trofeo, también conocido como campeonato intercontinental de selecciones, llevaba el nombre del que había sido presidente de la <span class="caps">UEFA</span> desde 1972 hasta 1983, fecha en que murió en un accidente de tráfico. La primera edición de la Copa Franchi se disputó en 1985. Dado que entonces el fútbol africano y asiático se encontraban en pañales, y que Europa y América del Sur eran los dos continentes con verdadera dimensión futbolística, se diseñó el torneo como un enfrentamiento directo entre el campeón de la Eurocopa y el de la Copa América, copiando en cierto modo el formato de la Copa Intercontinental, que enfrentaba a los clubes campeones de ambos continentes desde 1960.</p>

	<p>Así que Francia, como campeón de Europa en 1984, y Uruguay, que había vencido en la Copa América de 1983, se enfrentaron el 21 de agosto de 1985 en el Parque de los Príncipes parisino, a partido único, para dilucidar cuál era el mejor equipo de ambos continentes, y por ende, del fútbol mundial.</p>

	<p>El equipo francés era, en esencia, el mismo que había derrotado a España un verano antes en la final de la Eurocopa, a pesar de la lesión de <strong>Tigana</strong>. <strong>Platini</strong> seguía siendo la gran estrella y <strong>Giresse</strong>, <strong>Luis Fernández</strong> y <strong>Rocheteau</strong>, sus escuderos. Por parte uruguaya, la referencia era <strong>Enzo Francescoli</strong>, el joven mediapunta de 23 años que militaba en River Plate.</p>

	<p>El encuentro fue dominado por el equipo galo, que a los cuatro minutos de juego ya se había adelantado, con gol de Rocheteau. A los doce minutos del segundo tiempo, el delantero del Nantes José Touré marcó el 2-0 definitivo. Francia inauguraba así el palmarés de la flamante Copa Artemio Franchi, un campeonato nacido con voluntad de continuidad y periodicidad cuatrienal, cuyas ediciones se deberían disputar alternativamente en suelo europeo y americano.</p>

	<p>Sin embargo, a pesar de lo planeado, hasta 1993 no volvió a disputarse. Los problemas de fechas, las dificultades económicas y el hecho de que la Copa América se empezara a jugar cada dos años a partir de 1987, mientras que la Eurocopa lo hacía cada cuatro, complicaron la viabilidad del proyecto. Estaba prevista una segunda edición en 1988, a disputar en tierras uruguayas entre el equipo charrúa, campeón americano en 1987, y la selección que resultara campeona en la Eurocopa de 1988, a la postre Holanda. Sin embargo, aquello no prosperó.</p>

	<p>En 1989 se disputó un partido entre la selección brasileña, campeona de la Copa América aquel mismo año, y Holanda, campeona europea en 1988. La <span class="caps">FIFA</span> no concedió carácter oficial al partido, por lo que la victoria de Brasil en aquel duelo intercontinental ante una Holanda lastrada por las bajas de Rijkaard, Van Basten y Gullit, a los que el Milan no permitió viajar, no acarreó título alguno.</p>

	<p>Por tanto, la segunda Copa Artemio Franchi se disputó oficialmente el 24 de febrero de 1993 en el Estadio José María Minella de Mar del Plata. Argentina, campeona de América en 1991, recibía a Dinamarca, sorprendente triunfadora en la Eurocopa disputada en Suecia en 1992, a la que había llegado con una invitación de última hora por la exclusión de Yugoslavia. La selección de <strong>Alfio Basile</strong> acudió con su equipo de gala, donde se incluian <strong>Simeone</strong>, <strong>Batistuta</strong>, <strong>Caniggia</strong> y un <strong>Maradona</strong> que desafió al Sevilla para poder jugar el partido. En las filas danesas no estaba <strong>Michael Laudrup</strong>, que había renunciado a la selección un año antes, siendo su hermano <strong>Brian</strong> y el guardameta <strong>Schmeichel</strong> las máximas figuras.</p>

	<p>Empezó marcando Dinamarca, con un autogol del defensa argentino <strong>Néstor Craviotto</strong> en el minuto 12, pero en la segunda parte Claudio Caniggia igualó el marcador. Así se consumieron los 90 minutos y la posterior prórroga. En la tanda de penaltis se impuso Argentina, con actuación destacada del portero <strong>Goycoechea</strong>, que, atajando dos lanzamientos, confirmó su fama de especialista en parar penaltis ganada en el Mundial de Italia 90.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/NUPCwX8UxGY" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Se puede considerar el amistoso que Brasil y Alemania jugaron en el Estadio Gottlieb-Daimler de Stuttgart (actual Mercedes Benz Arena) en marzo de 1998 como el epílogo de este torneo, aunque, al igual que había sucedido en 1989, careció de oficialidad. En algún palmarés de la Copa Artemio Franchi se incluyen ambos partidos, con su correspondiente asterisco. En 1998 un gol de <strong>Ronaldo</strong> dio la victoria al campeón sudamericano sobre el campeón europeo. Para entonces la Copa Confederaciones ya estaba rodada y creciendo, con tres ediciones disputadas. De la Copa Artemio Franchi nunca más se supo. Quedó para la historia como una anomalía, una idea de tantas, interesante pero fallida. Francia y Argentina pueden presumir de poseer un trofeo exclusivo.</p>

	<p>Documentación:<br />
Copa Artemio Franchi &#8211; <a href="http://it.wikipedia.org/wiki/Coppa_Artemio_Franchi">Wikipedia</a><br />
Hemerotecas <a href="http://hemeroteca.abc.es"><span class="caps">ABC</span></a> y <a href="http://hemeroteca.mundodeportivo.com">El Mundo Deportivo</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/24432/la-copa-artemio-franchi-precursora-de-la-confederaciones</link>
		<pubDate>Sat, 15 Jun 2013 09:30:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Theodoros Papaloukas, el baloncesto en su cabeza</title>
		<description><![CDATA[<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/3640t.jpg" title="papa" /></div>El de Papaloukas siempre fue un caso extraño. No es usual que la estrella de un equipo no salte a la cancha nunca en el cinco inicial. Tanto en el <span class="caps">CSKA</span> como en el Olympiakos o la selección griega, Papaloukas empezaba el primer cuarto sentado en el banquillo, desde donde estudiaba cómo respiraba el partido antes de pisar el parqué con las ideas claras.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Sería muy sorprendente que <strong>Theodoros Papaloukas</strong> no emprendiera, ahora que abandona las canchas, una carrera como entrenador. Él, que lleva años diseccionando el baloncesto, siendo una prolongación en la cancha de <strong>Giannakis</strong>, <strong>Ivkovic</strong> y, sobre todo, <strong>Messina</strong>, aguardando en el banquillo durante los primeros minutos de cada partido para analizar la situación y salir con las soluciones en su prodigiosa cabeza. Papaloukas se retira del baloncesto, pero no nos cabe duda de que dentro de poco lo veremos a pie de pista, habiendo cambiado tirantes y pantalón corto por traje y corbata, analizando los partidos como siempre ha hecho, sintiendo una punzada de impotencia por no poder salir al campo a administrar clase y sensatez. El Papaloukas entrenador necesitará un jugador que sea su voz en la cancha, alguien que signifique para él lo que él significó para Messina.</p>

	<p>A los 36 años, Papaloukas ha dicho basta. Se retirará al término de esta temporada, cuando finalice la <span class="caps">VTB</span>, competición que reúne las ligas de varios países del este y donde el <span class="caps">CSKA</span> se encuentra en cuartos de final. <a href="http://www.eurohoops.net/2013/05/one-on-one/25270">Lo anunció al término</a> de la Final Four de Londres. El año pasado sufrió en el Maccabi, relegado por <strong>David Blatt</strong> a un papel de reparto. Este año volvió al <span class="caps">CSKA</span> junto a Ettore Messina, hijos pródigos ambos, pareja ideal, ejemplo inigualable de compenetración durante tanto tiempo, para devolver al <span class="caps">CSKA</span> la Euroliga que el año pasado dejaron escapar cuando la tocaban con la punta de los dedos. No pudo ser y Theodoros debió de pensar que ya está bien, que con 36 años ha llegado el momento del adiós.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3640.jpg" alt="Papaloukas" /></center></p>

	<p>El de Papaloukas siempre fue un caso extraño. No es usual que la estrella de un equipo no salte a la cancha nunca en el cinco inicial. Tanto en el <span class="caps">CSKA</span> como en el Olympiakos o la selección griega, Papaloukas empezaba el primer cuarto sentado en el banquillo, desde donde estudiaba cómo respiraba el partido antes de pisar el parqué con las ideas claras.</p>

	<p>Nunca ha sido Papaloukas un gran anotador. No posee un tiro demoledor ni es un portento físico. Apenas se despega del suelo. No es demasiado rápido ni especialmente fuerte. No tiene nada que a priori le hiciera destacar sobre los demás. Solamente una cosa: una inteligencia superlativa para el baloncesto, una capacidad fuera de lo común para entender el juego, para desentrañar las claves de este deporte. Eso le ha bastado para ser uno de los mejores jugadores continentales de la última década y ser elegido por la <span class="caps">FIBA</span> como mejor jugador europeo en 2006, por encima de <strong>Pau Gasol</strong> y <strong>Dirk Nowitzki</strong>. También tiene un tremendo carácter, ganador y a veces problemático. Que se lo pregunten a la afición del Buesa Arena, que nunca olvidó aquel gesto mafioso (el dedo pulgar deslizándose por el cuello en señal de degüello) que dedicó al banquillo vitoriano en un partido de cuartos de final de la Euroliga de 2004.</p>

	<p>Fue el Panionios el primer club de la máxima categoría en que militó Papaloukas, entre 1999 y 2001, antes de dar el salto al poderoso Olympiakos. En el club del Pireo sólo estuvo una temporada. Una oferta del <span class="caps">CSKA</span> de Moscú le hizo cambiar de aires en 2002. En la capital rusa vivió Papaloukas, entre 2002 y 2008, su mejor etapa, sobre todo a partir de 2005, con la llegada al banquillo de Messina, su media naranja baloncestística, el entrenador con el que llegó a tres finales de Euroliga en tres años, ganando dos y perdiendo una contra el Panathinaikos, y siendo nombrado <span class="caps">MVP</span> de la competición en 2007. Fueron años del mejor baloncesto en Moscú, con el italiano dirigiendo desde el banquillo y el griego desde el parqué.</p>

	<p><iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/O0lgt7Oj3l8" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>En 2008 los dos cerebros mediterráneos partieron de Moscú. El entrenador, rumbo a Madrid, donde le esperaban más sinsabores que alegrías, y el base de vuelta a casa, al Olympiacos. Ninguno consiguió por su cuenta los éxitos que habían logrado juntos. Este año ambos volvieron a reunirse en Moscú, como en los viejos tiempos, cuando no había nadie mejor que ellos. Seguramente echarían de menos a <strong>Smodis</strong>, <strong>Holden</strong>, <strong>Pashutin</strong> o algún otro de aquel invencible grupo salvaje. Regresaban más veteranos y curtidos ambos; con más partidos en las rodillas uno, con alguna decepción a cuestas el otro. El Olympiacos, el otro club de la vida de Theodoros, les chafó la reunión con una defensa tremenda y una determinación espectacular en las semifinales de la Final Four. Esta vez Papaloukas, fuera de foco, no brilló como antaño. Jugar un papel secundario en una Final Four no debe de ser fácil para quien ha sido el mejor. Quizás eso le ayudó a tomar la determinación.</p>

	<p>Se retira el tercer vértice de ese extraordinario trío exterior del baloncesto griego, que formó junto a <strong>Diamantidis</strong> y <strong>Spanoulis</strong>. Tres talentos enormes, diferentes y complementarios que llevaron a Grecia a la victoria en el Eurobasket 2005 y derrotaron a los Estados Unidos de <strong>Dwayne Wade</strong>, <strong>Chris Paul</strong> y <strong>LeBron James</strong> en las semifinales del Mundial de Japón en 2006. Difícil será que Grecia, o cualquier otra selección, reúna en el perímetro una tripleta de un talento tan especial. De Diamantidis (33 años) y Spanoulis (30) seguiremos disfrutando aún, quién sabe durante cuánto tiempo. Papaloukas se va, pero soñamos con verlo pronto a pie de pista, muriéndose de ganas de saltar al parqué, botar la pelota con parsimonia y ordenar jugada una vez más.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/24279/theodoros-papaloukas-el-baloncesto-en-su-cabeza</link>
		<pubDate>Wed, 15 May 2013 09:24:23 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Pietro Mennea, el gran velocista blanco</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/3586t.jpg" alt="Pietro Mennea" /></div>Un italiano blanco, de encrespados rizos negros, escaso metro setenta y nueve y cuerpo enjuto acababa de lograr la mejor marca de la historia en una prueba cada vez más dominada por los musculados atletas de raza negra. Mennea, que tenía entonces 27 años, realizó en México una carrera prodigiosa por la calle 4, con un segundo cien fantástico, recorrido en 9,38s. La marca se había visto beneficiada por las mismas peculiaridades que ayudaron a las de Beamon y Smith en los Juegos de México: la altitud de la capital centroamericana y una pista rapidísima.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Sucedió el 12 de septiembre de 1979, en la pista del Estadio Olímpico de Ciudad de México, la misma donde once años antes <a href="http://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21234/persiguiendo-el-record-de-beamon"><strong>Bob Beamon</strong> había impulsado hacia el futuro</a> un par de generaciones el récord mundial del salto de longitud, situándolo en unos inalcanzables 8.90 metros. Allí, en la altitud de Ciudad de México, se disputaba la Universiada de 1979. Allí el italiano <strong>Pietro Mennea</strong> conseguía batir el récord del mundo de los 200 metros, parando el reloj en 19.72s. Mennea rebajaba así la marca del estadounidense <strong>Tommie Smith</strong>, que en ese mismo Estadio Olímpico mexicano había parado el cronómetro en 19.83 <a href="http://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/20884/peter-norman-el-tercer-hombre">el día que el black power se hizo carne</a>. Pocos días antes, Mennea había logrado el récord europeo de los 100 metros, colocándolo al borde de los diez segundos: 10.01s.</p>

	<p>Un italiano blanco, de encrespados rizos negros, escaso metro setenta y nueve y cuerpo enjuto acababa de lograr la mejor marca de la historia en una prueba cada vez más dominada por los musculados atletas de raza negra. Mennea, que tenía entonces 27 años, realizó en México una carrera prodigiosa por la calle 4, con un segundo cien fantástico, recorrido en 9,38s. La marca se había visto beneficiada por las mismas peculiaridades que ayudaron a las de Beamon y Smith en los Juegos de México: la altitud de la capital centroamericana y una pista rapidísima. Incluso las condiciones meteorológicas, con la atmósfera cargada de electricidad presagiando tormenta, recordaban a la situación en que se había producido el salto de Beamon. El viento de 1,8 m/s, cercano al límite permitido para homologar el récord (2 m/s), también jugó a su favor. La marca de Smith había durado 11 años. La de Mennea se estiraría hasta 17.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/qlWZuloYVxQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Pietro Mennea había nacido en 1952 en Barletta, una ciudad del sur de Italia, situada en la orilla del mar Adriático. Sus inicios en el atletismo fueron como marchador, pero pronto se decantaría por la velocidad. Su primera gran participación internacional tuvo lugar en el Campeonato de Europa de 1971, donde logró el bronce con el relevo italiano de 4&#215;100. Tenía 19 años. Un año más tarde participó en sus primeros Juegos Olímpicos. En Múnich se colgó la medalla de bronce en los 200 metros. El oro fue para el soviético <strong>Valery Borzov</strong>, uno de los acompañantes de Mennea en un hipotético podio que coronara a los mejores velocistas blancos de la historia. El otro podría ser el escocés <strong>Allan Wells</strong>, su rival ocho años después en los Juegos de Moscú. Mennea disputó muchas grandes carreras en su vida, pero solamente dos inmortales, solamente dos pasarán a la historia con mayúsculas del deporte. La primera fue en México; la segunda, en Moscú. La primera le dio el récord del mundo; la segunda, el oro olímpico.</p>

	<p>En la final de los Juegos de Moscú realizó Mennea una carrera progresiva, de menos a más. Por la calle 7, el británico Alan Wells realizó una salida magnífica y a mitad de la curva ya había alcanzado a Mennea, que corría por la 8. Al enfilar la recta ya le aventajaba en un par de metros. Sin embargo, la remontada del italiano en la recta fue formidable, con unos fantásticos 50 metros finales en los que adelantó a cinco rivales. Mennea entró primero, con 20.19, dos centésimas menos que Wells. El bronce fue para el jamaicano Don Quarrie. El bronce logrado con el relevo italiano de 4&#215;100 redondeó unos magníficos Juegos para Mennea.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/V9gZL5qapBo" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Entre Borzov y Wells, entre Múnich y Moscú, Mennea triunfó en el campeonato de Europa de 1974 disputado en casa, en Roma; sufrió un bajón de forma que lo tuvo al borde de la renuncia para los Juegos de 1976; acudió finalmente a Montreal, quedándose a un pasito del podio (fue cuarto en los 200 metros), fue doble campeón (100 y 200) en el Campeonato de Europa de Praga 78, y batió el récord del mundo en una tormentosa tarde de septiembre en la capital de México.</p>

	<p>Poco después de Moscú, en marzo de 1981, Mennea sorprendía a todos anunciando que dejaba el atletismo, aduciendo cansancio psicológico y falta de motivación: “No puedo ya dar el máximo rendimiento y cuando uno sabe esto, es el momento de retirarse. No es un problema físico sino una cuestión psicológica”. Regresó para ganar dos medallas (plata en 4&#215;100, bronce en 200) en el Mundial de Helsinki y para disputar su cuarta final olímpica en el doble hectómetro de Los Ángeles en 1984, donde quedó séptimo. Volvió a retirarse y retornó para disputar sus quintos Juegos, ya con 36 años. En la ceremonia de inauguración de Seúl, Mennea paseó portando la bandera italiana. En competición pasó la ronda inicial, pero se retiró aquejado de molestias. Era lo de menos.</p>

	<p>Tras su retirada, ya sí definitiva, terminados los Juegos de Seúl, Pietro Mennea ejerció de abogado y se dedicó a la política. Entre 1999 y 2004 fue diputado del Parlamento Europeo por Los Demócratas.</p>

	<p>El récord de Mennea aguantó durante años los embates de los mejores velocistas negros, con <strong>Carl Lewis</strong> a la cabeza. Sería <strong>Michael Johnson</strong>, en las pruebas de selección para los Juegos de Atlanta, el encargado de batir la marca del italiano en 1996, colocándola en 19.66s. Habían pasado 17 años.</p>

	<p>Hoy, sólo dos hombres corrido los 200 metros por debajo de la marca de Johnson: <strong>Usain Bolt</strong> y <strong>Yohan Blake</strong>. Solamente otros cinco (<strong>Walter Dix</strong>, <strong>Tyson Gay</strong>, <strong>Xavier Carter</strong>, <strong>Wallace Spearmon</strong> y <strong>Frankie Fredericks</strong>) han rebajado, 24 años después, la marca de Pietro Mennea, que aún sigue siendo el récord de Europa. El único atleta blanco en acercarse, no demasiado, ha sido el francés <strong>Christophe Lemaitre</strong>, con 19.80s.</p>

	<p>El gran velocista blanco, Pietro Mennea, conocido como “la flecha del sur”, falleció el pasado 21 de marzo. Tenía 60 años.</p>

	<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;-</p>

	<p><a href="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/search.html?fromISO=true&amp;q=pietro%2520mennea&amp;aux=pietro+mennea&amp;bd=01&amp;bm=02&amp;by=1906&amp;ed=01&amp;em=12&amp;ey=2013&amp;x=-640&amp;y=-231">Hemeroteca El Mundo Deportivo</a><br />
<a href="http://www.sports-reference.com/olympics/athletes/me/pietro-mennea-1.html">Pietro Mennea en Sports Reference</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/24122/pietro-mennea-el-gran-velocista-blanco</link>
		<pubDate>Mon, 15 Apr 2013 09:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2013-04-15:77c262b7562572606450a68115f67ab6/ec95d56b78f3eef3e25f940a67740821</guid>
	</item>
	<item>
		<title>El día que perico salió tarde</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/3532t.jpg" " /></div>Delgado ya nos tenía acostumbrados a su ciclotimia. Un día asombraba al mundo bajando el Peyresourde y otro sufría una pájara y perdía 25 minutos. Un día se dejaba una minutada contra el reloj y al otro recuperaba con una prodigiosa exhibición en las cumbres pirenaicas o alpinas. Perico era así y así había que aceptarlo. Pero lo de Luxemburgo resultaba excesivo hasta para él. Y lo peor estaba por venir.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Un extraño revuelo se estaba formando en torno a la plataforma de salida de la etapa prólogo del Tour de 1989. Se trataba de la típica contrarreloj corta, de sólo 7,8 kilómetros, que suele abrir las grandes vueltas, un mero trámite apenas útil para tomar contacto con la carrera y marcar mínimas diferencias de pocos segundos. Los ciclistas iban saliendo con un minuto de lapso entre ellos. El penúltimo en salir, con el maillot del <span class="caps">PDM</span>, el irlandés <strong>Sean Kelly</strong>, lo hizo a las 17:16. Un minuto más tarde debía partir <strong>Pedro Delgado</strong>, con el maillot amarillo y el número uno a la espalda que acreditaba su victoria en el Tour de 1988. Delgado acababa de ganar la Vuelta a España y era el favorito para lograr victoria en la ronda francesa por segundo año consecutivo.</p>

	<p>Sin embargo, 30 segundos después de la partida de Kelly, Delgado aún no había comparecido en la rampa de salida. Instantes de desconcierto. Miradas nerviosas alrededor. Cuando se cumplió un minuto de la salida del irlandés, el reloj echó a andar. Pedro Delgado aún no había dado señales de vida.</p>

	<p>El reloj seguía corriendo y el ciclista segoviano no aparecía. Nadie entendía nada. <strong>Carlos Vidales</strong>, el mecánico del equipo Reynolds, que había estado a su lado pocos minutos antes, se volvía loco buscándolo en las inmediaciones. <strong>José Miguel Echávarri</strong> se bajaba del coche, nervioso, sin poder creerse lo que estaba viviendo. Los fotógrafos se arremolinaban en torno a la salida.</p>

	<p>Los segundos iban cayendo. Un minuto. Minuto y medio. Dos minutos.</p>

	<p>Pasados los dos minutos compareció Delgado, con semblante tranquilo, ajeno a todo el trasiego. Todos le gritaban para que se apresurara, pero él parecía más asombrado que otra cosa. El ciclista se subió a la rampa, perdiendo un tiempo innecesario, aún sin terminar de entender a qué venía tanto alboroto. Cuando al fin rodó sobre el asfalto ya se había percatado de todo.</p>

	<p>Habían pasado 2 minutos y 40 segundos.</p>

	<p>No hizo mala contrarreloj Perico, invirtiendo solamente 14 segundos más que <strong>Breukink</strong>, el ganador, en completar el recorrido. Pero los 2 min 40 s pesaban como una losa y salió del primer día último en la general, a 2 min 54 s del líder holandés. Su rostro al cruzar la meta era un poema. Se habló de que Delgado se había perdido por las calles de Luxemburgo. La realidad, como él mismo se encargó después de aclarar, es que, a falta de unos minutos para su salida, decidió calentar en su bicicleta por los alrededores y perdió la noción del tiempo. Se cruzó con el ciclista francés Thierry Marie, que ya había completado el recorrido, y éste le estuvo comentando detalles del mismo. Cuando volvió a la línea de salida, convencido de que iba sobrado de tiempo, se encontró la escena comentada.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/PVTtk3JMqoM" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Delgado ya nos tenía acostumbrados a su ciclotimia. Un día asombraba al mundo bajando el Peyresourde y otro sufría una pájara y perdía 25 minutos. Un día se dejaba una minutada contra el reloj y al otro recuperaba con una prodigiosa exhibición en las cumbres pirenaicas o alpinas. Perico era así y así había que aceptarlo. Pero lo de Luxemburgo resultaba excesivo hasta para él. Y lo peor estaba por venir.</p>

	<p>Al día siguiente se disputaban dos sectores. Por la mañana, un trazado en ruta; por la tarde, una contrarreloj por equipos de 46 kilómetros. En la prueba matinal, Delgado atacó al afrontar un repecho. Fue una muestra de orgullo y coraje, pero un gasto de fuerzas inútil, quizás poco inteligente. En la contrarreloj de la tarde, el Reynolds empezó bien, marcando unos tiempos correctos hasta el kilómetro 30. Pero a falta de 15 kilómetros a Perico se le vino todo encima: la tensión de las últimas 24 horas, la falta de sueño de la noche anterior, el gasto inútil en la prueba matinal. El segoviano era incapaz de seguir el ritmo del resto del equipo. Hundido física y moralmente, Delgado se quedaba una y otra vez y sus compañeros tenían que disminuir la marcha para esperarlo. Los últimos kilómetros fueron una agonía. El Reynolds marcó el último tiempo en la prueba, a 4 minutos y 32 segundos del vencedor, el Super U de <strong>Laurent Fignon</strong>.</p>

	<p>El ganador del Tour de 1988 salía del primer fin de semana con casi 10 minutos de retraso con respecto al líder, el portugués <strong>Da Silva</strong>, vencedor del sector matinal. Los principales favoritos estaban todos por encima de los 6 minutos. 7 min 20 s separaban a Delgado de Fignon y seis minutos y medio de <strong>Lemond</strong> y Kelly. <strong>Charly Mottet</strong>, <strong>Andrew Hampsten</strong> y <strong>Steven Rooks</strong> estaban a poco más de 6. La carrera estaba perdida cuando casi no había echado a rodar.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3531t.jpg" alt="Perico" /></center></p>

	<p>El resto del Tour fue para Perico un desesperado intento por recortar distancias, una esquizofrénica carrera a la contra donde cualquier día era bueno para arañar unos segundos, cualquier repecho, por nimio que fuera, era apto para atacar y cualquier aliado coyuntural era adecuado. En Cauterets atacó y redujo 30 segundos. Camino de Superbagneres, con el Tourmalet de por medio, se escapó  junto a Mottet y <strong>Millar</strong> para recortar tres minutos y medio a Lemond y Fignon. Unos segundos más en la contrarreloj de Orcieres Merlette. En las rampas de Alpe d’Huez se marchó junto a Fignon y le quitó 1 min 20 s al norteamericano. Pedro Delgado se convirtió en el gran animador de la carrera, en el tercero en discordia entre el arisco Fignon y el chuparruedas Lemond.</p>

	<p>Todo fue inútil. No había Tour suficiente para tanta remontada. Delgado terminó tercero, a 3 minutos y 34 segundos de Lemond, que ganó el Tour a Fignon por 8 segundos en la famosa contrarreloj final de París. Aun descontando el tiempo perdido por el despiste de Luxemburgo, no habría ganado aquel Tour. Pero si tenemos en cuenta la terrible pájara sufrida en la contrarreloj por equipos&#8230; mejor no pensarlo.</p>

	<p>Entonces todos imaginamos que habría más ocasiones. Delgado tenía sólo 29 años, al fin y al cabo. Al año siguiente, una inoportuna colitis lo dejó fuera de combate. En 1991, Indurain se escapó con Chiapucci bajando el Tourmalet y Delgado se convirtió en gregario de lujo. Ya saben lo que pasó después.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/23951/el-dia-que-perico-salio-tarde</link>
		<pubDate>Fri, 15 Mar 2013 09:08:52 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Tres segundos</title>
		<description><![CDATA[<p>Tres segundos. Un tiempo muy corto, apenas un instante, que en ocasiones se puede hacer eterno. El tiempo que transcurre mientras el balón golpeado por un futbolista ceutí afincado en Zaragoza surca el cielo de París en una parábola que busca la portería defendida por un inglés bigotudo. Tres segundos en los que una ciudad entera y buena parte de un país contienen el aliento. Tres segundos eternos, inolvidables.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Tres segundos. Un tiempo muy corto, apenas un instante, que en ocasiones se puede hacer eterno. El tiempo que transcurre mientras el balón golpeado por un futbolista ceutí afincado en Zaragoza surca el cielo de París en una parábola que busca la portería defendida por un inglés bigotudo. Tres segundos en los que una ciudad entera y buena parte de un país contienen el aliento. Tres segundos eternos, inolvidables.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3493t.jpg" alt="Bikila" /></center></p>

	<p>Pero para llegar a esos tres segundos tuvieron que pasar antes algunas cosas. Un club tuvo que confiar en un entrenador novel, un chaval más joven que algunos de los jugadores bajo su mando. <strong>Víctor Fernández</strong> tenía solamente 30 años cuando fue requerido para ocupar el banquillo del Real Zaragoza en marzo de 1991, en sustitución del uruguayo <strong>Ildo Maneiro</strong>, con el equipo coqueteando con el descenso. Víctor entrenaba entonces al Aragón, filial zaragocista, y había sido segundo de <strong>Radomir Antic</strong> durante su estancia en el equipo maño. Nadie podía sospechar entonces que con esa decisión se iniciaba una etapa dorada que culminaría una noche de mayo en París, cuatro años después. Lo que parecía el típico parche de la casa, un recurso de urgencia, terminó en idilio.</p>

	<p>En su primera temporada completa, Víctor logró la clasificación para la Copa de la <span class="caps">UEFA</span>. Al año siguiente, el Zaragoza jugó la final de la Copa del Rey, cayendo ante el Real Madrid. Pero fue en la temporada 1993/94 cuando el equipo se asentó definitivamente en la élite del fútbol nacional, maravillando con su ágil fútbol de toque. El Zaragoza se volvió a colar en la final de la Copa, esta vez para ganarla. El Celta de Vigo fue el rival, en un partido sin goles que se decidió en la tanda de penaltis. Alejo marró el quinto lanzamiento y el gol de Higuera dio el título al Zaragoza. La tercera posición en la Liga, solamente por detrás del Dream Team de <strong>Cruyff</strong> y <a href="http://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21771/cuando-el-depor-era-super">el Súper Depor</a>, redondeó una temporada fantástica.</p>

	<p>En tres años, Víctor había logrado montar un gran equipo, atractivo y competitivo. En la portería estaba el veterano <strong>Andoni Cedrún</strong>. Los laterales eran <strong>Belsué</strong> y el exmadridista <strong>Solana</strong>, con <strong>Aguado</strong> y el argentino <strong>Cáceres</strong> como fiable pareja de centrales. <strong>Santi Aragón</strong> era el eje del centro del campo, el arquitecto del juego. <strong>Nayim</strong>, <strong>Poyet</strong> y <strong>Pardeza</strong> completaban el rombo de la medular. Los dos últimos eran delanteros reconvertidos. El uruguayo se convirtió en un llegador imponente desde segunda línea y el integrante de <a href="http://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/23193/la-quinta-del-buitre">la Quinta del Buitre</a> encontró en Zaragoza la tranquilidad y los minutos que le habían sido esquivos en el Madrid. El ataque lo formaban <strong><em>Paquete</em> Higuera</strong> y <strong>Juan Eduardo Esnáider</strong>, otro descarte madridista. <strong>García Sanjuán</strong>, <strong>Óscar</strong> o <strong>Gay</strong> eran los recambios habituales de un once que cualquier zaragocista recita de carrerilla.</p>

	<p>Si la Copa de 1994 había sido un éxito, la siguiente temporada supuso la culminación. El Zaragoza se plantó en la final de la Recopa, dejando en el camino a Feyenoord y Chelsea. Era la primera final europea desde que en los años 60 jugara dos de la Copa de Ferias con el inolvidable equipo de los Magníficos. Entonces ganó la de 1964 al Valencia y perdió la de 1966 contra el Barça. Habían pasado casi treinta años de aquello. Enfrente estaba el Arsenal de <strong>Seaman</strong>, <strong>Tony Adams</strong>, <strong>Ian Wright</strong> y <strong>Parlour</strong>, un equipo entrenado por el escocés <strong>Stewart Houston</strong>, sustituto accidental de <strong>George Graham</strong>, despedido en febrero por cobrar comisiones ilegales de fichajes. El equipo inglés defendía titulo, tras haber logrado la Recopa de 1994, derrotando en la final al Parma. Era aquel Arsenal un equipo sólido y correoso, de fútbol directo, al más puro estilo del clásico fútbol inglés. Aún no había aterrizado en el banquillo gunner <strong>Wenger</strong>, que llegaría a Londres en 1996 para cambiar para siempre la historia del club.</p>

	<p>Aquella noche París fue una fiesta, con las dos hinchadas que atestaban el Parque de los Príncipes animando sin descanso, adornando una jornada inolvidable. Los dos equipos respondieron con más fe que fútbol elaborado, como mandan los cánones de las finales. Esnáider adelantó al Zaragoza mediado el segundo tiempo y Hartson equilibró el marcador poco después. La final se encaminó hacia la prórroga. No cabía más emoción.</p>

	<p>Con el tiempo suplementario casi cumplido, cuando todos daban por inevitable la incierta tanda de penaltis, Nayim recogió un balón rebotado en el centro del campo, escorado a la derecha, unos metros dentro del campo inglés. El ceutí levantó la vista, vio al meta Seaman un poco adelantado y, sin pensárselo, golpeó la pelota, que trazó una parábola interminable. Fueron los tres segundos más largos de la historia del zaragocismo. Tres segundos durante los cuales algunos viejos aficionados quizás vieran pasar por su mente, a modo de película, estampas del pasado: el gol de <strong>Rubén Sosa</strong> en la Copa del 86, los Zaraguayos de los años 70, el Zaragoza de Los Magníficos que jugó cuatro finales de Copa con la mítica delantera formada por <strong>Canario</strong>, <strong>Santos</strong>, <strong>Marcelino</strong>, <strong>Villa</strong> y <strong>Lapetra</strong>. Tres segundos de expectación, anhelo y esperanza. Y al cabo de esos tres segundos, algo parecido a la felicidad.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/cJAW2a_a_3U" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/23805/tres-segundos</link>
		<pubDate>Fri, 15 Feb 2013 09:11:09 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	<item>
		<title>Cuando no pasábamos de cuartos</title>
		<description><![CDATA[<p>Esto de los cuartos comenzó en el Mundial de México, en 1986. Dos años antes, España había logrado su mayor éxito desde que en 1964 la cabeza de <strong>Marcelino</strong> consiguiera la Eurocopa en el Bernabéu ante la Unión Soviética. Otro cabezazo, el de <strong>Maceda</strong> contra Alemania, cuando el árbitro estaba a punto de llevarse el silbato a la boca para pitar el final del partido, condujo a España a las semifinales de la Eurocopa en 1984.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Puede parecer que fue hace mucho, pero hace sólo un lustro España era un país de segunda fila en el concierto futbolístico internacional de selecciones. No hace tanto que afrontábamos cada competición con una mezcla de ilusión y escepticismo, conscientes de que muy probablemente los cuartos de final volverían a ser la eliminatoria maldita, el muro infranqueable una vez más. Tal era la desconfianza, rayana en la mofa, que una gran superficie de electrodomésticos decidió hacer un descuento si España superaba los cuartos de final. Probablemente un niño de diez años, que ha crecido en el ciclo triunfal iniciado en 2008 y no ha conocido más que victoria tras victoria, no pueda entender el complejo con el que otras generaciones crecimos.</p>

	<p>Esto de los cuartos comenzó en el Mundial de México, en 1986. Dos años antes, España había logrado su mayor éxito desde que en 1964 la cabeza de <strong>Marcelino</strong> consiguiera la Eurocopa en el Bernabéu ante la Unión Soviética. Otro cabezazo, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Uf7083M80Kk">el de <strong>Maceda</strong> contra Alemania</a>, cuando el árbitro estaba a punto de llevarse el silbato a la boca para pitar el final del partido, condujo a España a las semifinales de la Eurocopa en 1984. Arconada fue el héroe esas semifinales al parar todo lo parable, y casi lo imparable, a los delanteros daneses, pero en la final se le escurrió el balón tras el saque de una falta que había botado Platini sin excesiva mala baba. Desde entonces a Arconada se le recuerda más por ese fallo que por sus múltiples paradas. Nadie dijo que el fútbol fuera justo.</p>

	<p>Ir más atrás en el tiempo, hasta el Mundial organizado en casa en 1982, ya es hacer sangre de forma innecesaria, así que dejémoslo. Además, aquí hemos venido a hablar de los cuartos. Volvamos a México.</p>

	<p>Aquel Mundial empezó regular, <a href="https://www.youtube.com/watch?v=BYCwnaqHVpE">con un gol fantasma de <strong>Míchel</strong></a> que el colegiado no otorgó, y terminó mal, fatal. Al partido de cuartos contra Bélgica, España llegó <a href="http://www.youtube.com/watch?v=0msdRuZp6ig">tras golear en Querétaro a Dinamarca por 5-1</a>, la noche que <strong>Butragueño</strong> se consagró como estrella mundial, al marcar cuatro goles. En realidad, como él mismo ha reconocido en alguna ocasión, ese no fue el mejor partido de la carrera de Butragueño. Tampoco fue tan buen partido de España, que se vio dominada durante el primer tiempo y tuvo la suerte de empatar al borde del descanso en un error de bulto de la zaga danesa, pero lo diremos en voz baja; a las leyendas conviene dejarlas estar.</p>

	<p>Entre la goleada a Dinamarca, revelación de la primera fase mundialista, y que el equipo belga tampoco asustaba en exceso, pese a contar con <strong>Pfaff</strong>, <strong>Ceulemans</strong> y <strong>Scifo</strong>, España se plantaba en cuartos como favorita. Pero Bélgica marcó pronto y el equipo de <strong>Miguel Muñoz</strong> fue siempre a remolque, empatando <strong>Señor</strong> a poco del final del encuentro. La prórroga sin goles desembocó en una tanda de penaltis donde ya se sabe lo que pasó: todos marcaron salvo <strong>Eloy Olalla</strong>, el menudo delantero del Sporting de Gijón, que había saltado al campo en el segundo tiempo. Un fallo que, como a Arconada, le perseguiría de por vida. El mismo día que <strong>Maradona</strong> dejaba el pasto sembrado de jugadores ingleses para <a href="http://www.youtube.com/watch?v=6Emtw0TH_9I">marcar el mejor gol de la historia de los Mundiales</a>, nacía la maldición de los cuartos que había de perseguir a España durante más de dos décadas.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/EwOlyTJNv9g" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>En el siguiente Mundial, Italia 90, ni siquiera se alcanzaron los cuartos. Un lanzamiento de falta de <strong>Stojkovic</strong>, con la cabeza de Míchel encogiéndose mientras el balón volaba, <a href="http://youtu.be/ItJuZKyjcbM">nos mandó a casa en octavos de final</a>. Fue en 1994, en Estados Unidos, donde empezó a consolidarse la maldición. Allí España tenía un equipo, con Clemente al mando, que mezclaba solidez y talento. Estaban <strong>Nadal</strong>, <strong>Alkorta</strong> y <strong>Abelardo</strong>, pero también <strong>Hierro</strong>, <strong>Guardiola</strong>, <strong>Caminero</strong> y el mejor <strong>Julen Guerrero</strong>, el de los 18 años. El cruce en cuartos fue contra la Italia del excepcional <strong>Roberto Baggio</strong>, y allí hubo que recurrir a la frase que sería una constante en años venideros: jugamos como nunca y perdimos como siempre. Aquel partido tuvo de todo, pero podemos resumirlo en un mano a mano que <strong>Pagliuca</strong> paró a <strong>Salinas</strong>, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=qdm0QBmUfLs">una nariz rota de <strong>Luis Enrique</strong></a> y un mano a mano donde <strong>Baggio</strong> superó a <strong>Zubizarreta</strong>.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/Sh7yMfjdmJ4" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Dos años más tarde, en la Euro 96, la leyenda terminó de coger cuerpo. El rival entonces en la ronda fatal fue la anfitriona Inglaterra y, aunque España lo intentó y fue superior durante la mayor parte del partido, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=yGn_ljpRpgI">ningún equipo fue capaz de marcar durante los 120 minutos</a>. En la tanda de penaltis, Hierro y Nadal escribieron su nombre junto al de Eloy, dejando aún un par de huecos para lo que estaba por llegar.</p>

	<p>El ridículo en la primera fase del Mundial 98 impidió sufrir una nueva derrota en cuartos, pero dos años después, en la Euro 2000, un nuevo penalti &#8212; <a href="http://www.youtube.com/watch?v=VlAkBLx21C0">esta vez <strong>Raúl</strong></a> &#8212;, mandado a las nubes ahondaba en la herida. A esas alturas, lo de los cuartos ya empezaba a ser algo más que una asignatura pendiente.</p>

	<p>Muchas esperanzas había fijadas en el Mundial 2002. El equipo entrenado por <strong>Camacho</strong> había realizado una notable fase de preparación y el plantel contaba con la veteranía de Hierro, la madurez de <strong>Mendieta</strong>, <strong>Helguera</strong>, <strong>Morientes</strong> y Raúl, más la juventud de <strong>Casillas</strong>, <strong>Valerón</strong>, <strong>Puyol</strong> y el pujante <strong>Joaquín</strong>. Costaba ocultar la satisfacción cuando el cuadro emparejó a España y Corea en cuartos. La selección entrenada por <strong>Hiddink</strong> ya había llegado suficientemente lejos y su supuesta ventaja por ser anfitriones quedaba sobradamente compensada por la gran diferencia de talento entre las dos escuadras. Además, la maldición de los penaltis ya había quedado conjurada en octavos contra Irlanda, con un enorme Casillas. Sin embargo, España no fue capaz de marcar en 120 minutos y en la tanda de penaltis se repitió la historia de México e Inglaterra, con Joaquín como triste protagonista. Otra vez los cuartos, otra vez los penaltis.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/GzLxZqMVK04" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>El de Corea fue, estrictamente hablando, el último capítulo de la maldición de los cuartos de final. En la Eurocopa de 2004 ni siquiera se pasó de la primera fase, mientras que, en el Mundial de 2006, España cayó en octavos ante Francia el día que al diario Marca <a href="http://a31.idata.over-blog.com/0/16/69/71/vamos-a-jubilar-a-zidane.jpg">se le ocurrió jubilar a <strong>Zidane</strong> anticipadamente</a>. En aquella selección de Luis Aragonés ya existía el embrión de lo que acabaría cuajando un par de años después, pero aún inmaduro y poco definido. Todo lo contrario que la veterana Francia de Zidane, <strong>Thuram</strong>, <strong>Makelele</strong>, <strong>Henry</strong> y <strong>Vieira</strong>, un equipo veterano y curtido. Aquel día perdimos como siempre, pero no jugamos como nunca. Eso vendría después. Lo segundo, quiero decir; de lo primero apenas volvería a haber noticias.</p>

	<p>Y llegamos a la Eurocopa de 2008. Otra vez Italia en cuartos, como en el 94; otra vez la tanda de penaltis, como en el 86, el 96 y el 2002. Nada que ver, sin embargo. <strong>Güiza</strong> coqueteó por un momento con los fantasmas de Eloy y Joaquín, pero <strong>Cesc Fàbregas</strong> los desterró lejos para siempre de un zapatazo.</p>

	<p>Ahora que somos los mejores, los más guapos y elegantes, ahora que todos nos envidian, no viene mal mirar atrás, sólo un instante. Conozco gente a la que le cuesta disfrutar de la victoria y echa de menos aquello. Añoran los tiempos en que éramos unos simpáticos perdedores, eternos aspirantes a todo y ganadores de nada. La nostalgia puede ser muy canalla, puede hacernos creer que cualquier tiempo pasado fue mejor, aunque fuera objetivamente peor. Disfrutemos de Eurocopas y Mundiales porque llegará el día, seguro que no muy lejano, en que volveremos a no pasar de cuartos. Y entonces la nostalgia volverá cargada de razones.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/23644/cuando-no-pasabamos-de-cuartos</link>
		<pubDate>Tue, 15 Jan 2013 09:03:37 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Abebe Bikila, la película</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/3396t.jpg" alt="Guttman" /></div>La película no se detendría demasiado en los primeros años del pequeño Abebe, una infancia austera en el seno de una familia humilde, ayudando a su padre en labores de pastoreo. Con 20 años, el joven Abebe se despediría de su familia y dejaría su ciudad natal para viajar a la capital, Addis-Abeba, con el objetivo de ingresar en la Guardia Imperial de Haile Selassie.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Si esto fuera una película, empezaría con un primer plano de unos pies desnudos corriendo sobre el asfalto, mientras los últimos títulos de crédito se resisten a dejar paso a la acción. El foco de la cámara iría tímidamente abriéndose, dejando ver unas piernas oscuras y nervudas. Descubriríamos entonces que la oscuridad de los pies no sería fruto solamente de la mugre acumulada en el trotar descalzo: las extremidades pertenecerían a un hombre de raza negra. La cámara seguiría alejándose y nos mostraría unos pantalones cortos rojos, después una camiseta verde, en el pecho una gran pegatina blanca con el número 11. Seguiría ampliándose el plano y aparecería una tez negra y enjuta, de bigote ralo y pelo rizado y corto. Una cara que apenas trasluce el esfuerzo que su cuerpo está realizando. Veríamos entonces que nuestro hombre no corre sólo. Mientras la cámara se aleja aparece una nube de corredores que lo rodean. Se trata de un grupo de decenas de atletas corriendo por las calles de una ciudad. Un cartel en la parte baja de la pantalla indicaría: “Roma, 10 de septiembre de 1960”.</p>

	<p>La acción se trasladaría entonces 28 años atrás y asistiríamos al nacimiento de un pequeño bebé en la aldea de Jato, situada a 130 kilómetros de Addis-Abeba, la capital de Etiopía. “Es un niño”, afirmaría quizás la comadrona al romper a llorar el bebé; y la parturienta, rebosante de felicidad ya con el niño entre sus brazos, anunciaría: “se llamará Abebe”.</p>

	<p>La película no se detendría demasiado en los primeros años del pequeño Abebe, una infancia austera en el seno de una familia humilde, ayudando a su padre en labores de pastoreo. Con 20 años, el joven Abebe se despediría de su familia y dejaría su ciudad natal para viajar a la capital, Addis-Abeba, con el objetivo de ingresar en la Guardia Imperial de Haile Selassie.</p>

	<p>Si este artículo fuera una película, estaría basada en hechos reales y el nombre de su protagonista sería <strong>Abebe Bikila</strong>.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3396.jpg" alt="Bikila" /></center></p>

	<p>Ya enrolado en el cuerpo militar, Abebe comenzó, de forma bastante tardía, a practicar atletismo. En una de las competiciones organizadas por el ejército fue descubierto por Onni Niskanen, el entrenador sueco responsable del equipo etíope de atletismo. De la mano del preparador europeo, Abebe se preparó para un reto apasionante: participar en unos Juegos Olímpicos.</p>

	<p>Así fue como Bikila, con 28 años, se presentó en Roma &#8212;y aquí sería donde la película volvería al principio, a los pies desnudos, los pantalones rojos y el bigote escueto de (ahora sabemos su nombre) Abebe Bikila, al enjambre de atletas recorriendo las calles romanas el 10 de septiembre de 1960&#8212; para disputar el maratón de los Juegos de la <span class="caps">XVII</span> Olimpiada de la era moderna.</p>

	<p>La carrera se disputó al atardecer y, conforme caía la noche sobre la ciudad eterna, el pelotón se iba disgregando y el grupo de cabeza quedaba reducido a unos pocos integrantes. Superados los 20 kilómetros se quedaron solos al frente Abebe Bikila y el marroquí <strong>Radhi Ben Abdesselam</strong>. Ambos atletas avanzaban por la noche romana, encarando la Vía Apia, en un recorrido flanqueado por antorchas, que otorgaban a la carrera un aroma romántico y un punto fantasmagórico. A falta de 500 metros, Bikila y Radhi pasaron por el obelisco de Aksum, que había sido expoliado por Mussolini a Etiopía 23 años antes, durante <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Segunda_Guerra_%C3%8Dtalo-Et%C3%ADope">la invasión italiana de Abisinia</a>. Entonces, quién sabe si azuzado por el paso junto al significativo monumento o por simple casualidad, Bikila aceleró el paso y dejó atrás al marroquí. El atleta etíope cruzó en solitario bajo el Arco de Constantino, donde estaba situada la línea de meta, batiendo el récord mundial de la especialidad, que poseía el soviético <strong>Sergei Popov</strong>, con un tiempo de 2 horas, 15 minutos y 16 segundos. Bikila se convertía en el primer atleta africano en colgarse un oro olímpico.</p>

	<p><iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/0Dppdcy1pyM" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>“Quería que el mundo supiera que mi país, Etiopía, ha ganado siempre con determinación y heroísmo”, afirmó el atleta africano después de cruzar la meta descalzo. Aunque hay fuentes que afirman que corrió de esa forma porque era así como se entrenaba en su país, la realidad parece ser más prosaica: Bikila padecía de ampollas en los pies debido al entrenamiento durante los días previos. Esa es la razón por la que prefirió correr sin zapatillas.</p>

	<p>Si estas torpes líneas fueran celuloide, éste se estaría consumiendo cuando Bikila recogiera su medalla de oro. Entonces, con la imagen congelada de Bikila sonriente en el podio, con los brazos en alto, unas cuantas frases sobreimpresionadas surcarían de abajo a arriba la pantalla a modo de epílogo:</p>

	<p>Abebe Bikila fue recibido al volver a Etiopía con honores de héroe y recibió un anillo de diamantes como premio.</p>

	<p>El atleta etíope se preparó para los siguientes Juegos Olímpicos, disputados en Tokio. A pesar de tener que ser operado de apendicitis 40 días antes de la carrera, llegó a tiempo para competir y, esta vez con los pies calzados, volvió a ganar el oro olímpico.</p>

	<p>En 1968, Bikila buscó en México su tercer oro consecutivo. La altitud, unida a una lesión sufrida un año antes, acabó pasándole factura y tuvo que abandonar la prueba. Tenía 36 años.</p>

	<p>En 1969, Bikila sufrió un accidente de circulación que le dejó postrado en una silla de ruedas. El 23 de octubre de 1973 moría, a los 41 años, víctima de una hemorragia cerebral, originada por complicaciones derivadas del accidente.</p>

	<p>Abebe Bikila continúa siendo ídolo y referencia para sus sucesores africanos, que hoy dominan las pruebas de fondo del atletismo.</p>

	<p>&#8220;Bikila hizo que nosotros, los africanos, pensáramos: Mira, él es uno de nosotros, si él puede hacerlo, nosotros podemos hacer lo mismo&#8221;. <strong>Haile Gebrselassie</strong>, doble campeón olímpico, cuádruple campeón mundial y explusmarquista mundial de Maratón.</p>

	<p><span class="caps">FIN</span>.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/23498/abebe-bikila-la-pelicula</link>
		<pubDate>Sat, 15 Dec 2012 08:55:23 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Cuando el Atlético de Madrid metía canastas</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/3380t.jpg" alt="Guttman" /></div>A caballo entre los ochenta y los noventa, el baloncesto aún era un deporte de moda, aprovechando los últimos rescoldos del ardor ochentero que, impulsado por los éxitos de la selección española, había llegado a convertir los triples y los tiros libres en seria alternativa a los penaltis y los córners. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>A caballo entre los ochenta y los noventa, el baloncesto aún era un deporte de moda, aprovechando los últimos rescoldos del ardor ochentero que, impulsado por los éxitos de la selección española, había llegado a convertir los triples y los tiros libres en seria alternativa a los penaltis y los córners. Eran tiempos de proliferación de canastas en patios de colegio y de carruseles baloncestísticos radiofónicos los sábados por la tarde. Los niños soñaban con emular los triples de <strong>Epi</strong> y los contraataques de <strong>Iturriaga</strong> tanto como los goles de <strong>Butragueño</strong>. <strong>Jesús Gil y Gil</strong> había llegado en 1987 a la presidencia del Atlético de Madrid, con <strong>Paolo Futre</strong> bajo el brazo, y en un par de años destituyendo y contratando a entrenadores como si no hubiera un mañana no habían brotado los frutos deseados en forma de títulos. Fue entonces cuando se encaprichó del nuevo juguete de moda. Aunque los conocimientos de Gil sobre baloncesto no iban más allá de saber que había que meter una pelota por un aro, el presidente rojiblanco decidió que su club tendría una sección de baloncesto.</p>

	<p>Construir un equipo desde abajo, ascendiendo categoría a categoría, año a año, con paciencia y tesón, no era una opción para el impaciente Gil. El primer intento, en 1989, fue comprar la plaza del CB Oviedo, que jugaba en Primera División, la segunda categoría del basket español. El objetivo era conseguir cuanto antes el ascenso a la Liga <span class="caps">ACB</span>, pero aquel equipo, entrenado por <strong>Mateo Quiros</strong> y comandado por el americano <strong>Terence Rayford</strong> y el veterano <strong>Quino Salvo</strong>, se estrelló estrepitosamente y descendió a Segunda División, tras caer en el playoff ante el Lagisa Gijón.</p>

	<p>El camino del ascenso resultaba demasiado tortuoso. Era preciso abreviar trámites. Así lo entendió Gil, que en el verano de 1990 llegó a un acuerdo con el club de baloncesto de Collado Villalba, una localidad de la sierra madrileña situada a 39 kilómetros de la capital. El CB Collado Villalba militaba en la <span class="caps">ACB</span> y pasaba por dificultades económicas tras el abandono de su patrocinador, el <span class="caps">BBV</span>. La idea era montar un conjunto que se mantuviera sin problemas en la máxima categoría y que pudiera pelear, más a corto que a medio plazo, si no con los dos grandes gigantes, Madrid y Barcelona, sí con los que estaban un escalón por debajo: Joventut de Badalona, Estudiantes o <span class="caps">CAI</span> Zaragoza. Acababa de nacer el Atlético de Madrid Villalba.</p>

	<p>El intento de Gil por montar una sección del Atlético para el deporte de la canasta no era el primero de la historia. Hay que remontarse hasta 1922 para rastrear las primeras huellas baloncestísticas del club rojiblanco, aunque la iniciativa apenas duró un año. Posteriores intentos, en las décadas de los 30, 40 y 50 tampoco terminaron de arraigar. La última tentativa se había producido en 1983, cuando el Atlético se asoció con el Fortuna, club que militaba en Primera B. Deportivamente, la campaña fue un éxito, con el logro del ascenso a la <span class="caps">ACB</span>, pero al término de la temporada la directiva de Vicente Calderón disolvió la sección por motivos económicos.</p>

	<p>Parecía, sin embargo, que en 1990 la cosa iba en serio. Aunque con Gil nunca se sabía, daba la impresión de que estaba decidido a que la nueva aventura no fuera fuera flor de un día. Para ello resolvió armar un plantel competitivo, manteniendo el bloque de jugadores nacionales que ya militaban en el CB Villalba (<strong>Ruiz Paz</strong>, <strong>Carlos Gil</strong>, <strong>Rementería</strong>, <strong>Antón Soler</strong>, <strong>Gorroño</strong>), reforzando el equipo con algún hombre solvente con pasado <span class="caps">ACB</span> (<strong>Javier García Coll</strong>) y culminando el proyecto con una rutilante pareja de estrellas americanas que marcaran la diferencia: <strong>Shelton Jones</strong> y <strong>Walter Berry</strong>.</p>

	<p>Ambos americanos se conocían bien, pues habían coincidido en la Universidad de St John’s de Nueva York, donde Berry había sido una auténtica estrella juvenil, obteniendo la distinción de mejor jugador universitario en 1986. Sin embargo, ninguno de los dos terminó de cuajar en la <span class="caps">NBA</span>. Berry tuvo un par de buenos años en San Antonio antes de que <strong>Larry Brown</strong> llegara al banquillo y le enseñara la puerta de salida. Jones jugó en tres equipos la temporada de su debut, aunque su mayor logro fue quedar cuarto en el concurso de mates del All Star de 1989. Ese mismo año los dos jugadores cruzaron el océano en busca de oportunidades. Walter Berry se convirtió en una de las estrellas de la Lega en las filas del Paini Napoli, mientras Jones utilizaba el Levallois de París como escaparate para el baloncesto europeo.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3380.jpg" alt="Quinta" /></center></p>

	<p>No había duda de que dos estrellas como Shelton Jones y Walter Berry era lo que el Atlético necesitaba para dar espectáculo, arrastrar aficionados y afianzarse en la <span class="caps">ACB</span>, así que Gil les realizó sendas ofertas irrechazables. 120 millones de pesetas para Jones y 180 para Berry fueron las cifras que se barajaron en su día.</p>

	<p>La táctica del equipo que entrenaba <strong>Clifford Luyk</strong> era simple. Ruíz Paz o Gil subían el balón, se lo pasaban a Berry o Jones y éstos se la jugaban. Dicho así puede resultar exagerado, pero los números no mienten. En el primer partido de Liga, disputado contra el Pamesa Valencia, con Walter Berry lesionado por un esguince de tobillo, Jones arrancó en plan estelar. Con sus gafas a lo Kareem, encestó 41 de los 71 de su equipo y recogió 14 rebotes. En el siguiente partido se fue hasta los 36 puntos contra el <span class="caps">DYC</span> Breogán. Walter Berry debutó en la jornada 4, frente al Real Madrid. La derrota ante los madridistas (99-107), en un emocionante partido que necesitó una prórroga para decidirse, no impidió que Berry diera una auténtica exhibición que aún recuerdan los presentes aquel día en el Polideportivo Municipal de Collado Villalba y los que lo vieron por <span class="caps">TVE</span>. 52 puntos y 15 rebotes fueron los números del americano aquella mágica noche. Jesús Gil se frotaba las manos.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/3-ci4rxewzo" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Pese a ser un anotador impenitente, Berry no era un gran tirador. Tenía una aceptable muñeca desde media distancia, pero su punto fuerte era, sin lugar a dudas, la penetración a canasta, donde su potencia y habilidad lo hacían imparable. Poseedor de un reverso prácticamente indefendible, la mayoría de sus puntos los conseguía en las inmediaciones del aro; de ahí sus altísimos porcentajes.</p>

	<p>El caso es que, a pesar de que Berry seguía dando exhibiciones (40 puntos al Estudiantes y al Huesca La Magia, 36 al Montigalá Joventut, 38 al Taugrés), el equipo no terminaba de arrancar. La entrada de Walter en el equipo había supuesto pérdida de protagonismo de Shelton Jones, que no se terminaba de adaptar a su rol secundario. Las características demasiado similares de los dos jugadores tampoco ayudaban. Tras la derrota en casa frente al Joventut en la novena jornada, Gil aplicó la receta futbolera y prescindió de los servicios del entrenador, Clifford Luyk. El equipo había ganado solamente 2 de los primeros 9 encuentros.</p>

	<p>Con el norteamericano Tim Shea en el banquillo, el Atlético fue paulatinamente cogiendo confianza y las victorias llegaron. En enero, Shelton Jones fue apartado del equipo. Sus celos hacia Berry iban en aumento y la incompatibilidad entre ambos se hacía cada vez más patente. En aquellos tiempos &#8212;y aún hoy sigue siendo así&#8212;, al baloncesto se jugaba con un solo balón. Su sustituto fue <strong>Howard Wright</strong>, un pívot serio y cumplidor, con un perfil mucho más gris, pero cuya labor se adaptaba más a lo que requería el equipo. Lejos de quitar protagonismo a Berry, su presencia serviría para abrir huecos que el astro norteamericano podría aprovechar.</p>

	<p>El Atlético de Madrid Villalba, con Berry de estrella absoluta (promedió 33 puntos y 11,7 rebotes), terminó la temporada regular como quinto clasificado del grupo impar (aquel año la competición se dividió en dos grupos: par e impar), logrando el objetivo de clasificarse para los playoffs por el título. En octavos de final se enfrentaron al Valvi Girona de Quim Costa y Margall, con Alfred Julbe en el banquillo, al que derrotaron en dos partidos. En cuartos, el Joventut de Lolo Sáinz, a la postre campeón, fue un hueso demasiado duro y el Atlético terminó su temporada con la clasificación para la Copa Korac del año siguiente y la satisfacción del objetivo cumplido.</p>

	<p>En el verano de 1991, desavenencias de Jesús Gil con el club y el alcalde de Villalba provocaron que el presidente atlético abandonara la nave, después de amenazar con llevarse el equipo a Marbella. El juguete le había durado un año. Así era Gil. Ya sin patrocinio atlético y sin Walter Berry, que se marchó al Aris de Salónica, el Collado Villalba afrontó la temporada 1991/92, cayendo en la segunda ronda de la Copa Korac ante el Iraklis griego y quedando en último lugar en la temporada regular Liga <span class="caps">ACB</span>. Aunque consiguió la permanencia en el playoff contra el Gran Canaria, el club, ahogado económicamente, terminó desapareciendo ese verano de 1992. Desde entonces no se ha vuelto a ver baloncesto <span class="caps">ACB</span> en la localidad de Collado Villalba. Desde entonces el Atlético de Madrid no ha vuelto a meter canastas.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/23349/cuando-el-atletico-de-madrid-metia-canastas</link>
		<pubDate>Thu, 15 Nov 2012 09:14:02 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	<item>
		<title>La quinta del buitre</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/3343t.jpg" alt="Guttman" /></div>Todo empezó con un artículo de <strong>Julio César Iglesias</strong> en el diario El País. En dicho texto, publicado el 14 de noviembre de 1983 bajo el titular <a href="http://mediapunta.es/reportajes.php?id=693"><em>Amancio y la Quinta del Buitre</em></a>, Iglesias hablaba de una generación de jugadores que maravillaban en el Castilla líder de Segunda División, entrenado entonces por <strong>Amancio Amaro</strong>. Esos futbolistas eran <strong>Miguel Pardeza</strong>, <strong>Emilio Butragueño</strong>, <strong>Rafael Martín Vázquez</strong>, <strong>Manolo Sanchís</strong> y <strong>Miguel González del Campo</strong>, <em>Michel</em>. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Todo empezó con un artículo de <strong>Julio César Iglesias</strong> en el diario El País. En dicho texto, publicado el 14 de noviembre de 1983 bajo el titular <a href="http://mediapunta.es/reportajes.php?id=693"><em>Amancio y la Quinta del Buitre</em></a>, Iglesias hablaba de una generación de jugadores que maravillaban en el Castilla líder de Segunda División, entrenado entonces por <strong>Amancio Amaro</strong>. Esos futbolistas eran <strong>Miguel Pardeza</strong>, <strong>Emilio Butragueño</strong>, <strong>Rafael Martín Vázquez</strong>, <strong>Manolo Sanchís</strong> (hijo del defensa del Real Madrid ye-ye que ganó la Copa de Europa en 1966) y <strong>Miguel González del Campo</strong>, <em>Michel</em>. El título del artículo, que hacía mención a la <em>Quinta del Buitre</em>, tenía varias lecturas. Por un lado, la palabra quinta tenía un obvio significado generacional. Por otro, aludía a la quinta marcha de uno de esos jugadores, aquel apodado <em>El Buitre</em> (de ahí el nombre que inventó Julio César para bautizar a ese grupo de futbolistas). Ese jugador especial, como cualquiera que esté leyendo estas líneas ya sabe, no era otro que Emilio Butragueño.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3343.jpg" alt="Quinta" /></center></p>

	<p>Dedicarle una página de un diario de información general a un grupo de jugadores de Segunda División, por mucho que jugaran en el líder de la categoría, filial de todo un Real Madrid, resultaba bastante sorprendente. Sin embargo, no tardó mucho el tiempo en demostrar el buen ojo del periodista. En la parte final del artículo, Iglesias conminaba amablemente a <strong>Alfredo Di Stefano</strong>, entrenador entonces del primer equipo del Real Madrid, a que convocara sin tardanza a esos jóvenes jugadores con el primer equipo. Apenas 20 días después de publicada la ya célebre pieza periodística, dos de los jugadores citados aparecían en una convocatoria de Di Stefano. El 4 de diciembre, en el estadio de La Condomina, debutaban Martín Vázquez y Sanchís. El Madrid venció al Murcia por 0-1 y Sanchís fue el autor el tanto de la victoria.</p>

	<p>Unos días más tarde era Pardeza quien se estrenaba con el primer equipo. El 5 de febrero de 1984, Butragueño jugaba en Cádiz su primer partido, sustituyendo a Santillana en el descanso, cuando el equipo perdía 2-0. 45 minutos después, el Madrid salía del Carranza con una victoria por 2-3, después de que Butragueño marcara dos goles y diera el pase del último. Había nacido una estrella. El último de los integrantes, Míchel, tuvo que esperar hasta el inicio la temporada 1984/85, ya con Amancio en el banquillo del primer equipo, para debutar.</p>

	<p><strong>Cinco jugadores diferentes y complementarios</strong></p>

	<p>La Quinta del Buitre supuso un soplo de aire fresco para un Real Madrid que llevaba años sin el brillo de sus mejores años. A pesar de que el Madrid de los Garcías había jugado la final de la Copa de Europa contra el Liverpool en 1981, aquel equipo de los primeros ochenta, que perdía ligas contra los dos colosos vascos, no andaba sobrado de talento. La aparición de este grupo de chavales intrépidos, talentosos y desacomplejados fue una bendición para el club blanco y, por ende, para el fútbol español.</p>

	<p>Con el mínimo común denominador del talento, los cinco chicos de la Quinta eran bastante diferentes entre sí. Sus posiciones en el campo cubrían prácticamente todo el rectángulo de juego, lo cual los hacía complementarios. Sanchís era un centrocampista de pulcra conducción, siempre con la cabeza arriba, que pronto retrasó su posición al centro de la defensa, donde su inteligencia, su colocación y su elegante salida de balón le convirtieron en fijo en el once madridista durante más de tres lustros. Míchel podía jugar en la derecha o en el centro, pero era en la banda donde sus centros precisos se convertían en letales. Butragueño era la chispa y la magia, el tiempo detenido dentro del área ante la impotencia del defensa, los dibujos animados antes de <strong>Romario</strong>. De Martín Vázquez se decía que era el más técnico de la camada. Dominaba las dos piernas, se asociaba con facilidad, tenía buen disparo y se movía con soltura por toda la medular. Pardeza era un compendio de potencia y habilidad. El onubense fue el primero en abandonar el club en 1987 rumbo a Zaragoza, en busca de minutos. “No puedo luchar contra un mito” fueron sus palabras de despedida. El mito, claro, era Emilio Butragueño.</p>

	<p><strong>El miedo escénico y las remontadas históricas</strong></p>

	<p>El 12 de diciembre de 1984, el Madrid recibía en el Santiago Bernabéu al Anderlecht en el partido de vuelta de octavos de final de la Copa de la <span class="caps">UEFA</span>. Era la primera temporada con la Quinta al completo asentada en el primer equipo. El resultado en el partido de ida (3-0 a favor de los belgas) invitaba poco al optimismo entre los blancos. Sin embargo, un equipo poseído de una febril actividad ofensiva desde el primer minuto, empujado por un público entregado, consiguió lo impensable. A la media hora de partido, los goles de Sanchís, Butragueño y <strong>Valdano</strong> ya habían enjugado la diferencia. Poco después, el tanto de <strong>Hansen</strong> volvía a dar vida a los belgas, pero el Madrid estaba aquella noche imparable, como en trance. Otro gol de Valdano y otros dos de Butragueño, coronado aquella noche como crack del fútbol europeo, sellaron un partido que pareció una alucinación.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/r0ruiZfGE5U" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Fue entonces cuando Jorge Valdano acuñó el término “miedo escénico” para referirse a la mezcla de respeto, parálisis y angustia que sentían los equipos rivales al pisar el Bernabéu en las grandes noches, con el estadio entero empujando y once camisetas blancas avasallando a su contrincante. La comunión entre público y equipo era tal que cualquier cosa parecía posible. Cualquier remontada estaba al alcance en aquellas noches. Cualquier resultado adverso en campo contrario era superable.</p>

	<p>La del Anderlecht fue la primera de muchas remontadas europeas que el Madrid logró en aquellos años. En las semifinales de aquella misma Copa de la <span class="caps">UEFA</span> 1984/85 superó un 2-0 encajado en el Giuseppe Meazza contra el Inter de Milan, venciendo en la vuelta por 3-0.</p>

	<p>Tras superar al Inter, el Madrid venció al Videoton húngaro en la final, logrando su primera Copa de la <span class="caps">UEFA</span>, un título importante porque significaba romper varios años de sequía. El pistoletazo de salida de una etapa de éxitos para el Real Madrid, en la que aquellos imberbes que Julio César Iglesias había sacado a la luz en su célebre texto serían los principales protagonistas.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3344t.png" alt="UEFA" /></center></p>

	<p>Las remonatadas no acabaron con la temporada 1984/85. Al año siguiente, también en Copa de la <span class="caps">UEFA</span>, el equipo levantó un 5-1 contra el Borussia Monchengladbad, venciendo en Madrid por 4-0. En semifinales, de nuevo el Inter. 3-1 en Milan y nueva hazaña en el Bernabéu. 3-1 al cabo de los 90 minutos y 5-1 al fin de una prórroga extasiante. El Colonia fue la víctima en la final que dio la segunda Copa de Europa en la historia del club. Ya en Copa de Europa, en la temporada 1985/86, el Estrella Roja fue víctima de una nueva remontada, al comprobar como el 4-2 de Belgrado era insuficiente en el Bernabéu, donde los goles de Butragueño y Míchel dieron el pase al Madrid.</p>

	<p><strong>La Quinta de los Machos</strong></p>

	<p>En 1985 <strong>Ramón Mendoza</strong> accedía a la presidencia del Real Madrid, sustituyendo a <strong>Luis de Carlos</strong>. Con él llegaron tres jugadores para complementar a la Quinta. <strong>Antonio Maceda</strong>, <strong>Hugo Sánchez</strong> y <strong>Rafael Gordillo</strong> serían futbolistas clave durante el siguiente lustro blanco. “La Quinta del Buitre es importante, pero en el Madrid ha habido y hay otras quintas, como la Quinta de los Machos, que formamos Mendoza, Maceda, Gordillo, <strong>Fernando Mata</strong>, el preparador físico, y yo”. <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1991/11/11/093.html">La declaraciones de Hugo Sánchez al diario <span class="caps">ABC</span></a> en 1991 sonaban a fanfarronada, pero encerraban una indiscutible certeza: la Quinta del Buitre no habría sido lo que fue sin todo lo que la rodeó.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3345.jpg" alt="Hugo" /></center></p>

	<p>Los tres fichajes de Mendoza se unieron a la Quinta, unos cuantos veteranos (<strong>Santillana</strong>, <strong>San José</strong>, <strong>Juanito</strong>, <strong>Camacho</strong>), Valdano como segundo extranjero (luego llegarían <strong>Jankovic</strong> y <strong>Schuster</strong>) y algún otro canterano (<strong>Gallego</strong>, <strong>Chendo</strong> &#8212;al que generacionalmente casi se le podría considerar el sexto miembro de la Quinta&#8212;, <strong>Salguero</strong>, <strong>Solana</strong>) para formar un equipo que devolvió al Madrid la hegemonía en España. Futbolistas como <strong>Buyo</strong>, <strong>Tendillo</strong> o <strong>Paco Llorente</strong> llegarían en los años sucesivos para apuntalar un ya de por sí extraordinario plantel.</p>

	<p><strong>La espina clavada</strong></p>

	<p>El Madrid ganaba una Liga tras otra durante la segunda mitad de los 80. La primera en 1986, con <strong>Luis Molowny</strong> en el banquillo. Las de 1987, 1988 y 1989 llevarían la firma de <strong>Leo Beenhakker</strong>. <strong>John Benjamin Toshack</strong> dirigió al equipo en la última Liga, la de 1990, en la que el equipo batió récords de puntos y goles. El club volvía a ser el gran dominador del fútbol español y había vuelto a la élite continental, pero aún quedaba un detalle para quedar refrendado como un equipo de época. La Copa de Europa, el torneo que había dominado el club blanco durante las primeras ediciones, se había resistido durante las últimas dos décadas. Ya era hora de volver a hacer historia.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3342.jpg" alt="Quinta2" /></center></p>

	<p>En 1987 el Bayern de Munich de <strong>Pfaff</strong> y <strong>Matthaus</strong> se cruzó en semifinales. Un equipo serio y potente que no dio opción en la ida, imponiéndose por 4-1 en el Olímpico de Munich. Por una vez, la remontada en el Bernabéu no fue posible.</p>

	<p>El camino del Real Madrid en la Copa de Europa 1987/88 parecía conducir inevitablemente al título. El Nápoles de <strong>Maradona</strong>, <strong>Giordano</strong> y <strong>Careca</strong> fue la víctima en dieciseisavos de final. En octavos y cuartos cayeron Oporto y Bayern, los dos finalistas de la temporada anterior. El sorteo se empeñaba en colocar a los rivales más incómodos en el camino del Madrid y éste se los iba quitando de encima con soltura. Superados tres gigantes, el camino hacia la final parecía expedito. El <span class="caps">PSV</span> de Eindhoven no debía ser rival en semifinales.</p>

	<p>Sin embargo, los holandeses arañaron un valioso empate a uno en la ida jugada en el Bernabéu, en un partido espeso de los madridistas. En Eindhoven, el Madrid dominó insistentemente pero, atenazado por los nervios, se mostró incapaz de crear las ocasiones necesarias para resolver la eliminatoria. El 0-0 otorgaba el pase a la final al <span class="caps">PSV</span> de <strong>Guus Hiddink</strong>, que se había defendido con uñas y dientes. El Real Madrid había desaprovechado una oportunidad de oro, pero en el ambiente flotaba la impresión de que habría más.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/IApY56bDAT0" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Impresión equivocada. Al año siguiente, la irrupción del arrollador Milan de <strong>Arrigo Sacchi</strong> barrió al equipo blanco. El 5-0 en San Siro fue el principio del fin de la Quinta. Tuvieron que pasar diez años para que el Madrid rompiera la maldición y volviera a ganar una Copa de Europa, con el gol de <strong>Mijatovic</strong> a la Juventus en Amsterdam. Manolo Sanchís, último representante de la Quinta del Buitre, jugó aquel partido como titular en el centro de la defensa. Él, como capitán fue el encargado de levantar la Copa. Al alzar el trofeo, Sanchís tuvo un recuerdo para sus compañeros de generación. Puede que en ese momento pasaran por su mente las remontadas, las cinco Ligas, la aciaga noche de Eindhoven, quizás se acordó de todos los compañeros que se retiraron sin abrazar el trofeo que él agarraba en ese momento. De alguna manera, la Quinta podía descansar tranquila al fin: uno de los suyos lo había logrado.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/23193/la-quinta-del-buitre</link>
		<pubDate>Mon, 15 Oct 2012 09:00:17 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Hillsborough: la verdad, al fin</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/3293t.jpg" alt="Onischenko" /></div>Sería injusto achacar la tragedia a una única razón. Un campo vetusto e inseguro, más preparado para la contención de los hinchas que para su seguridad, lleno de vallas que resultaron trampas mortales, una muchedumbre mayor de la esperada, una discutible planificación (la idea de alojar a los aficionados del Liverpool en el fondo más pequeño del estadio no fue idónea) y, sobre todo, una cadena de decisiones nefastas por parte de una policía que en todo momento se vio superada por la situación.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>“Las familias han creído durante mucho tiempo que algunas autoridades intentaron tergiversar los hechos para culpar a los aficionados de lo ocurrido. Tenían razón”. Las palabras pronunciadas el pasado miércoles por <strong>David Cameron</strong>, primer ministro británico, tras ver definitivamente la luz <a href="http://www.liverpoolecho.co.uk/2012/09/12/read-the-hillsborough-independent-panel-report-in-full-plus-the-original-taylor-report-100252-31821081/">un informe independente</a> sobre la terrible tragedia sucedida en 1989 en el estadio de Hillsborough, en la que fallecieron 96 personas, venían a corroborar la tesis que hace tiempo se sospechaba. La revelación supone un desagravio para los hinchas que perdieron la vida aquella aciaga tarde de abril, a los que se culpó de haber ocasionado el desastre.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3294.jpg" width="500" height="281" alt="" /></center></p>

	<p><p>Sería injusto achacar la tragedia a una única razón. Un campo vetusto e inseguro, más preparado para la contención de los hinchas que para su seguridad, lleno de vallas que resultaron trampas mortales, una muchedumbre mayor de la esperada, una discutible planificación (la idea de alojar a los aficionados del Liverpool en el fondo más pequeño del estadio no fue idónea) y, sobre todo, una cadena de decisiones nefastas por parte de una policía que en todo momento se vio superada por la situación. Pero lo más vergonzoso fue lo que vino después: la ocultación por parte de policía y autoridades de los verdaderos hechos, el encubrimiento de los errores que se habían cometido, tratando de presentar a los fallecidos como vándalos ultras borrachos que habían provocado la catástrofe con su violenta actitud. Todo para liberar de responsabilidad a las fuerzas de seguridad.</p>

	<p>Aquel 15 de abril Liverpool y Nottingham tenían que jugar en Hillsborough, el neutral campo del Sheffield, una de las semifinales de la Copa de 1989. Poco antes de comenzar el partido, aún había una muchedumbre de aficionados del Liverpool atestados en la puerta de acceso a la grada oeste del estadio, conocida como Leppings Lane. Ante el temor a que se produjeran disturbios en la calle, la policía tomó la nefasta decisión de abrir la puerta para que la multitud agolpada entrara en tromba al estadio. Con el fondo oeste ya repleto, los aficionados se precipitaron por el túnel más próximo que encontraron hacia las gradas, provocando la aglomeración y el desastre. La gente, enjaulada y cada vez más apretujada, empezaba a tener dificultades para respirar. Algunos afortunados eran rescatados en volandas por los aficionados de la grada superior.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3293.jpg" width="500" height="281" alt="" /></center></p>

	<p>Con la multitud hacinada y la gente muriendo por aplastamiento, la segunda decisión fatal fue no abrir inmediatamente las puertas de emergencia que comunicaban las gradas con el campo de juego. En su afán por impedir una invasión de campo, las fuerzas del orden propiciaron que se consumara la desgracia, lo cual da una idea de la demencial toma de decisiones que tuvo lugar aquella tarde. El tiempo que se tardó en abrir las puertas resultó fatal. Por último, con el césped sembrado de heridos, las ambulancias tardaron una eternidad en entrar. La descoordinación entre los diferentes servicios fue deplorable. Las imágenes de los aficionados arrancando las vallas de publicidad para usarlas como improvisadas camillas con las que evacuar a los heridos sobrecogen aún hoy.</p>

	<p>Una catastrófica serie de acontecimientos había provocado una lamentable tragedia. Hasta aquí podemos hablar de errores, de ineptitud o negligencia por parte de la policía, pero lo más bochornoso vino después. La autoridad intentó ocultar sus fallos manipulando datos, cargando la culpa sobre los hinchas y tratando de presentar los hechos como un altercado causado por los belicosos hooligans del Liverpool. Lo ocurrido en Heysel, con los aficionados reds como tristes protagonistas, estaba demasiado cercano y la tentación de presentar lo sucedido como un nuevo acto de vandalismo resultó irresistible. El gobierno de Thatcher contribuyó al encubrimiento de la verdad dando por buena la versión de la policía e ignorando a los que pedían justicia. El diario sensacionalista The Sun publicó una infame edición titulada ‘The truth’ (La verdad), donde acusaba a los hooligans reds de haber provocado la masacre con su ebriedad, culpándolos de  saquear los cadáveres y enfrentarse a la policía y los equipos de rescate. Ahora se ha revelado que la fuente de la información de The Sun fue la policía de Sheffield. El pasado jueves, tras la manifestación de Cameron, <a href="http://www.thesun.co.uk/sol/homepage/news/4535743/23-years-after-Hillsborough-the-real-truth.html" title="La verdadera verdad">el periódico pidió excusas por su proceder 23 años atrás, reconociendo su error: “‘The real truth’</a>.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3295.jpg" width="500" height="281" alt="" /></center></p>

	<p>Tras la tragedia, el gobierno británico encargó a Peter Taylor un informe sobre las causas de los ocurrido en Hillsborough, cuyas conclusiones atribuyeron a la policía fallos en el control de acceso al estadio, pero sin ir más allá. El informe Taylor no depuró responsabilidades pero sí sirvió, sin embargo, para cambiar prácticamente el modo de vivir el fútbol que existía hasta entonces en todo el mundo: desaparecieron las mal llamadas vallas de seguridad, se obligó a que todas las localidades fueran de asiento y los controles de acceso se volvieron más rigurosos. A raíz de Hillsborough, la seguridad pasó a ser una prioridad.</p>

	<p>Desde entonces los familiares de las víctimas de Hillsborough no han dejado de clamar pidiendo el esclarecimiento de los sucesos ocurridos aquel día. Por fin, 23 años después, han tenido respuesta. “Mi madre murió pensando que su hijo era un hooligan, pero no lo era”, decía el hermano de uno de los fallecidos en el programa de Canal+ Fiebre Maldini el pasado mes de abril. Ahora la fiscalía debe decidir si abre una nueva investigación que depure responsabilidades, pero al menos el honor de los que allí perecieron está ya restañado. Ellos no fueron los responsables, sino las víctimas, y el mundo al fin lo sabe.</p>

	<p><iframe width="560" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/ixMNgcBSNzc" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Más información:</p>

	<p><a href="http://elpais.com/diario/2007/02/11/deportes/1171148408_850215.html">Los 96 de Hillsborough piden justicia</a> (El País)<br />
<a href="http://deportes.elpais.com/deportes/2012/09/12/actualidad/1347475697_347010.html">Los hechos de la vergüenza</a> (El País)<br />
<a href="http://www.independent.co.uk/news/uk/politics/david-camerons-hillsborough-statement-in-full-8130555.html" title="inglés">La declaración íntegra de David Cameron</a> (The Independent)</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/23039/hillsborough-la-verdad-al-fin</link>
		<pubDate>Sat, 15 Sep 2012 09:29:49 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-09-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/50de00e3bca9d9bd7b50ec1611de14f4</guid>
	</item>
	<item>
		<title>¿El último tango en Londres?</title>
		<description><![CDATA[<p>El fallido asalto al bronce frente a Rusia en Londres fue la enésima batalla librada por esta maravillosa generación de baloncestistas (basquetbolistas los llaman allá) argentinos. La generación de los que resisten (<strong>Emanuel Ginóbili</strong>, <strong>Luis Scola</strong>, el <em>Chapu</em> Nocioni, <strong>Pablo Prigioni</strong>, <strong>Carlos Delfino</strong>, <strong>Leonardo Gutiérrez</strong>) y de los que quedaron por el camino (<strong>Pepe Sánchez</strong>, <strong>Oberto</strong>). La generación que ha dado al baloncesto argentino una década de gloria sin precedentes.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Un triple fallado por <strong>Andrés Nocioni</strong> desde la esquina a falta de pocos segundos impidió a la selección argentina conseguir el bronce olímpico el pasado domingo frente a Rusia. El final <a href="http://www.youtube.com/watch?v=og_ZTfO7oAU">recordó al de la semifinal mundialista</a> que jugaron los argentinos en 2006 contra España. El mismo protagonista (Nocioni), el mismo lanzamiento desde el mismo lugar de la pista, similar diferencia en contra (dos puntos entonces, un punto el domingo) y parecidos segundos por jugar. Idéntico resultado final: el aro escupiendo el balón y los argentinos lamentando su suerte.</p>

	<p>El fallido asalto al bronce frente a Rusia en Londres fue la enésima batalla librada por esta maravillosa generación de baloncestistas (basquetbolistas los llaman allá) argentinos. La generación de los que resisten (<strong>Emanuel Ginóbili</strong>, <strong>Luis Scola</strong>, el <em>Chapu</em> Nocioni, <strong>Pablo Prigioni</strong>, <strong>Carlos Delfino</strong>, <strong>Leonardo Gutiérrez</strong>) y de los que quedaron por el camino (<strong>Pepe Sánchez</strong>, <strong>Oberto</strong>). La generación que ha dado al baloncesto argentino una década de gloria sin precedentes.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3273.jpg" width="500" height="281" alt="" /></center></p>

	<p>Sería justo decir que todo empezó hace diez años, en el Mundial de Indianápolis de 2002, aunque bien pudiéramos situar el germen en el Torneo de las Américas ganado en 2001. En Indianápolis ya formaban, bajo la dirección de <strong>Rubén Magnano</strong>, la mayoría de los jugadores que habían de acompañar a la selección albiceleste durante la mejor década de su historia. Ahí estaban Pepe Sánchez, Ginóbili, Scola, Leo Gutiérrez, Nocioni y Oberto. Todos eran ya estrellas emergentes en Europa. Junto a ellos, <strong>Alejandro Montecchia</strong>, <strong>Hugo Sconochini</strong> y <strong>Rubén Wolkowyski</strong>, a caballo entre la generación de los 90 de <strong>Nicola</strong> y <strong>Espil</strong>, que fue preparando a Argentina para lo que estaba por llegar, y la generación dorada del nuevo siglo.</p>

	<p>Argentina poseía un prometedor equipo, pero se hacía difícil confiar en una selección que históricamente nunca había estado en la élite, excepción hecha del lejano Mundobasket de 1950 disputado en casa. Sin embargo, el equipo sudamericano se clasificó primero en su grupo, derrotando a la Alemania de <strong>Dirk Nowitzki</strong> y a unos Estados Unidos que presentaban a <strong>Paul Pierce</strong> y <strong>Reggie Miller</strong> como principales baluartes. Las victorias en cuartos de final ante Brasil y en semifinales, de nuevo, contra Nowitzki y compañía situó a los argentinos en la final. Allí esperaba Yugoslavia, la gran favorita tras <a href="http://www.youtube.com/watch?v=qifB_EU9Ymw">eliminar al combinado estadounidense en cuartos</a> y a Nueva Zelanda en semifinales. En el cuadro balcánico jugaban <strong>Divac</strong>, <strong>Stojkovic</strong>, <strong>Jaric</strong>, <strong>Vujanic</strong>, <strong>Bodiroga</strong>, <strong>Gurovic</strong> y <strong>Tomasevic</strong>. Casi nada. Se confirmó el favoritismo y ganó Yugoslavia, pero necesitó de una prórroga y alguna decisión arbitral bastante dudosa. Los argentinos perdieron, pero su soberbia final fue un grito al mundo: estaban en la élite y de ahí no había quien los moviera.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/JWRxoihamJw" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Atenas fue la confirmación y la cima. Los Juegos Olímpicos volvían al lugar donde nacieron y Argentina llegaba más lejos que nunca, a lo más alto. Para entonces ya se había incorporado al equipo Carlos Delfino, el más joven de esta generación, el más frío también. Quedará para la historia que Argentina <a href="http://www.youtube.com/watch?v=9FE_4DX8m_o">ganó la final a Italia por 84-69</a>, pero el oro se ganó en realidad en semifinales, donde, de la mano de un imperial Ginobili, tumbaron en 40 minutos memorables a los Estados Unidos de <strong>Tim Duncan</strong>, <strong>Allen Iverson</strong>, <strong>LeBron James</strong>, <strong>Dwayne Wade</strong>, <strong>Carmelo Anthony</strong> y <strong>Lamar Odom</strong>. Argentina era el mejor equipo de baloncesto del mundo.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/vbAM9hOZAps" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>En 2006, en el Mundial de Japón, ya se sabe lo que pasó: el triple errado por Nocioni en semifinales y la derrota ante otra generación que ascendía imparable, la de <strong>Navarro</strong>, <strong>Gasol</strong> y <strong>Calderón</strong>, que también peleaba a dentelladas su espacio en lo más alto. El cuarto lugar, tras caer en la lucha con el bronce con Estados Unidos, dejaba un regusto agridulce en los aficionados albicelestes.</p>

	<p>El cuadro argentino se mantenía en la élite conservando prácticamente el mismo bloque. El inevitable declive fruto de la edad fue dictando la paulatina desaparición de las convocatorias de Montecchia, Wolkowyski, Schonocioni y Pepe Sánchez. En Japón se incorporó al grupo Prigioni, perteneciente a la misma quinta de Ginóbili pero de explosión tardía. En los Juegos de Pekín, el cruce con una selección estadounidense que ya no estaba para bromas los relegó a la medalla de bronce, compartiendo podio con norteamericanos y españoles. Tras el quinto lugar en el Mundial de Turquía de 2010, con las ausencias de Ginóbili y Nocioni, muchos quisieron ver el final de este grupo, que ya sobrepasaba la treintena. Sin embargo, en Londres han vuelto todos juntos de nuevo (salvo Oberto, debido a sus problemas cardíacos), han competido con esa mezcla de empuje y talento que los ha caracterizado durante durante una década, y sólo un triple que se negó a entrar los apartó del podio. Como en la última escena de Grupo Salvaje, los viejos amigos se han lanzado a tumba abierta, quizás por última vez, hacia una meta imposible. Pero Ginóbili y compañía se han logrado mantener en pie, trastabillados pero erguidos.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/3274.jpg" alt="" /></center></p>

	<p>El drama es que los años caen como losas y el relevo no llega. En Londres sólo el joven y menudo <strong>Facundo Campazzo</strong> (21 años) supuso un soplo de aire fresco. Dentro de dos años se celebrará el Mundial en España. Para entonces, Luis Scola y Andrés Nocioni tendrán 34 años. Ginobili y Prigioni, 37. Cuesta imaginárselos de nuevo defendiendo la albiceleste y compitiendo, una vez más, al más alto nivel, pero quién sabe si el viejo grupo salvaje no se volverá reunir para un último proyecto suicida, para bailar un último tango. A ver quién se atreve a apostar un euro en contra. A ver quién se atreve a quitarle las interrogaciones al titular de este texto.</p>

	<p>Partidos completos en youtube:</p>

	<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=qZjuUtZxpDk">Alemania &#8211; Argentina / Semifinal Indianápolis 2002</a><br />
<a href="http://www.youtube.com/watch?v=og_ZTfO7oAU">Yugoslavia &#8211; Argentina / Final Indianápolis 2002</a><br />
Argentina &#8211; Estados Unidos / Semifinal Atenas 2004 <a href="http://www.youtube.com/watch?v=jO_ZD2AN0eE">parte 1</a> <a href="http://www.youtube.com/watch?v=ZRnw-P2JZnM">parte 2</a> <a href="http://youtu.be/uBwuGEfG1Cs">parte 3</a> <a href="http://youtu.be/KsrnpV0Cl1s">parte 4</a> <a href="http://youtu.be/0pKCf1IvoEM">parte 5</a> <a href="http://www.youtube.com/watch?v=TBvtbwBIlrg">parte 6</a><br />
<a href="http://www.youtube.com/watch?v=wmvH0toLEQA">Argentina &#8211; Italia / Final Atenas 2004</a><br />
<a href="http://www.youtube.com/watch?v=Fe1u4sv9mZ8">Argentina &#8211; España / Semifinal Japón 2006</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/22894/el-ultimo-tango-en-londres</link>
		<pubDate>Wed, 15 Aug 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>La final de Los Ángeles</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2970t.jpg" alt="Onischenko" /></div><strong>Antonio Díaz Miguel</strong> colocó a sus tres bases a la cancha &#8212; <strong>Solozábal</strong>, <strong>Llorente</strong> y <strong>Corbalán</strong>&#8212; para jugar <a href="http://www.youtube.com/watch?v=D-EWKaIfAeA">el último tramo de la semifinal contra Yugoslavia</a>. Con franca ventaja en el marcador, el seleccionador español buscaba control, anestesiar el encuentro para que muriera lenta y dulcemente. No todos los días se gana una semifinal de Juegos Olímpicos y España estaba derrotando al equipo de <strong>Mirko Novosel</strong> en una segunda parte memorable.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
		<p>Mira como gana la selección,<br />
España está aplastando a Yugoslavia<br />
por 20 puntos arriba</p>
	</blockquote>

	<blockquote>
		<p><a href="http://www.youtube.com/watch?v=rS-_EZgRb0w">El imperio contraataca &#8211; Los Nikis</a></p>
	</blockquote>

	<p><strong>Antonio Díaz Miguel</strong> colocó a sus tres bases a la cancha &#8212; <strong>Solozábal</strong>, <strong>Llorente</strong> y <strong>Corbalán</strong>&#8212; para jugar <a href="http://www.youtube.com/watch?v=D-EWKaIfAeA">el último tramo de la semifinal contra Yugoslavia</a>. Con franca ventaja en el marcador, el seleccionador español buscaba control, anestesiar el encuentro para que muriera lenta y dulcemente. No todos los días se gana una semifinal de Juegos Olímpicos y España estaba derrotando al equipo de <strong>Mirko Novosel</strong> en una segunda parte memorable. Al fondo, en la gran final, aparecía ya Estados Unidos.</p>

	<p>El equipo español había llegado a los Juegos de Los Ángeles con la ilusión de conseguir una medalla. La ausencia, por motivos políticos, de la selección de la <span class="caps">URSS</span> y las actuaciones de la selección nacional en los últimos años (cuarta en los Juegos de Moscú 80, cuarta en el Mundial de Cali 82, finalista en el Europeo de Nantes 83) alimentaban la fundada esperanza. Con Estados Unidos inalcanzable, España tendría que pelear las otras dos medallas presumiblemente con Yugoslavia, Italia, Australia, Brasil y Canadá. El equipo lo formaban Solozábal, Corbalán, Llorente (bases), <strong>Epi</strong>, <strong>Iturriaga</strong>, <strong>Margall</strong>, <strong>Beirán</strong>, <strong>Fernando Arcega</strong> (aleros), <strong>De la Cruz</strong>, <strong>Fernando Martín</strong>, <strong>Romay</strong> y <strong>Andrés Jiménez</strong>. A última hora Díaz Miguel había prescindido del talento de un jovencísimo <strong>Jordi Villacampa</strong> para apostar por la veteranía de José Manuel Beirán.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2969.jpg" alt="España" /></center></p>

	<p>La selección comenzó el campeonato con una sufrida victoria ante Canadá (82-83). Después, tres victorias claras frente a Uruguay, Francia y China, antes de afrontar el intrascendente último partido del grupo contra la poderosa selección de Estados Unidos. España aguantó muy bien durante la primera mitad (46-41), pero se desfondó definitivamente en la segunda (101-68, resultado final).</p>

	<p>En cuartos de final esperaba una selección australiana donde, a sus 19 años, ya empezaba a despuntar <strong>Andrew Gaze</strong>. Aunque el partido fue competido, la pareja Epi &#8211; Martín (25 puntos cada uno) lideró a España a la victoria por 101-93. El rival en semifinales sería Yugoslavia, selección que teóricamente era superior pero a la que ya se había vencido un año antes en el Europeo de Nantes. Los yugoslavos, que habían ganado el oro cuatro años antes en Moscú, ya no contaban con <strong>Slavnic</strong>, <strong>Delibasic</strong> o <strong>Cosic</strong>, pero aún tenían un gran equipo que combinaba la veteranía de <strong>Dalipagic</strong> con la madurez de <strong>Knego</strong>, <strong>Nakic</strong> y <strong>Radovanovic</strong> y la juventud de los hermanos <strong>Petrovic</strong>. Con 19 años, <strong>Drazen</strong> ya empezaba a hacer de las suyas.</p>

	<p>Mientras al otro lado del Atlántico la selección española iba avanzando en la competición, a este lado cada vez eran más los aficionados que trasnochaban para seguir las evoluciones de los de Díaz Miguel a esas intempestivas horas. Los que se quedaron frente a la tele para contemplar el partido contra Yugoslavia asistieron a uno de los mejores partidos de la historia del baloncesto español. El resultado final fue 74-61.</p>

	<p>La final contra Estados Unidos, disputada en el mítico Forum de Los Ángeles, escenario de tantas noches de gloria con protagonistas como <strong>Elgin Baylor</strong>, <strong>Wilt Chamberlain</strong>, <strong>Kareem Abdoul Jabbar</strong> o <strong>Magic Johnson</strong>, ya era un premio para los españoles. El equipo norteamericano estaba formado por jugadores universitarios (hasta 1992 no compitieron baloncestistas <span class="caps">NBA</span> en el equipo de Estados Unidos) que en breve se convertirían en estrellas de la mejor liga del mundo. Destacaba la tripleta formada por <strong>Michael Jordan</strong>, <strong>Chris Mullin</strong> y <strong>Pat Ewing</strong> (los tres repetirían experiencia olímpica ocho años después en Barcelona), tres superestrellas de la <span class="caps">NBA</span> durante la siguiente década y media. Completaban el equipo, bajo la dirección de <strong>Bobby Knight</strong>, <strong>Sam Perkins</strong>, <strong>Steve Alford</strong>, <strong>Vern Fleming</strong>, <strong>Joe Kleine</strong>, <strong>Jon Koncak</strong>, <strong>Alvin Robertson</strong>, <strong>Wayman Tisdale</strong>, <strong>Jeff Turner</strong> y <strong>Leon Wood</strong>, al que recordarán los aficionados de la <span class="caps">ACB</span> por su paso por el <span class="caps">CAI</span> Zaragoza.</p>

	<p>Hay que recordar, para los aficionados más jóvenes, que el baloncesto americano universitario (ya no digamos la <span class="caps">NBA</span>) y el baloncesto <span class="caps">FIBA</span> habitaban entonces en dos universos completamente diferentes, que apenas se cruzaban. Se trataba del mismo deporte, pero jugado de manera diferente. La intensidad con que podían jugar los americanos era desconocida en Europa y el físico estaba a años luz. Acudiendo siempre con jugadores universitarios, Estados Unidos había vencido en todas las ediciones olímpicas, salvo en la polémica final de Munich, donde fueron vencidos por los soviéticos. Así pues, la victoria española en la final de Los Ángeles era algo que ni siquiera se contemplaba. Sólo Díaz Miguel repetía a quien quisiera escucharle que aquello no era una utopía, pero es de suponer que ni siquiera sus jugadores creían en ello.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2970.jpg" alt="España" /></center></p>

	<p>Estados Unidos había despachado la primera fase con derrotas contundentes (ninguna por debajo de los 20 puntos y alguna, como contra Francia, superando los 50 puntos). En cuartos de final habían derrotado a Alemania y en semifinales a Canadá, en dos victorias cómodas pero sin resultados excesivamente abultados (78-67 contra Alemania y 78-59 frente a Canadá). El objetivo de los españoles debía ser aguantar un resultado parejo un poco más que en el encuentro de la fase previa, donde hasta el descanso se había mantenido una relativa igualdad. Sucedió al contrario. España, excesivamente acomplejada y falta de garra y ambición, fue desarbolada en el primer tiempo. Al término de los primeros 20 minutos ya perdía por 23 puntos (52-29). El segundo periodo fue más igualado y el marcador definitivo resultó 96-65. Tampoco importaba demasiado el resultado: pocos minutos después, los 12 baloncestistas españoles se colgaban la medalla de plata, flanqueando en el podio a los Jordan, Ewing, Perkins y Mullin. Se trataba del mayor logro en la historia del baloncesto español.</p>

	<p>24 años después de la final de Los Ángeles, España y Estados Unidos se volvieron a cruzar en otra final olímpica, esta vez en Pekín. En 2008 los complejos hacía tiempo que habían quedado atrás y los <strong>Navarro</strong>, <strong>Gasol</strong>, <strong>Ricky</strong> y <strong>Rudy</strong>, sucesores de Epi, Martín y Corbalán, plantaron cara y a punto estuvieron de sorprender a un equipo formado por superestrellas de la <span class="caps">NBA</span> como <strong>Kobe Bryan</strong>, <strong>LeBron James</strong>, <strong>Dwayne Wade</strong>, <strong>Jason Kidd</strong> o <strong>Carmelo Anthony</strong>. Los tiempos habían cambiado.</p>

	<p>A rebufo de la medalla de Los Ángeles, el baloncesto en España experimentó un rápido crecimiento. Aquellas madrugadas insomnes de agosto habían servido de caldo de cultivo para una nueva afición. Mientras los patios de los colegios se iban llenando de canastas, las paredes de los niños ochenteros compartían a Butragueño con Fernando Martín y a Zubizarreta con Epi (más tarde, de la mano de <strong>Ramón Trecet</strong> y su <em>Cerca de las estrellas</em> en <span class="caps">TVE</span>, llegarían los pósters de Magic, Jordan y <strong>Bird</strong>). El baloncesto se situó como indiscutible segundo deporte del país e incluso, durante un breve espacio de tiempo, hubo quien pensó que podría alcanzar en popularidad al fútbol. Eran tiempos en que las canastas rivalizaban con las porterías, tiempos de carruseles radiofónicos dedicados exclusivamente al baloncesto. Como todas las burbujas, la del baloncesto también se pinchó. Mientras duró fue bonito.</p>

	<p>&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;&#8212;<br />
<a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/londres-en-juego/londres-juego-angeles-1986-baloncesto/1445020/">Partido completo en <span class="caps">RTVE</span>.es a la carta</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/22747/la-final-de-los-angeles</link>
		<pubDate>Sun, 15 Jul 2012 09:29:25 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Goles que valen Eurocopas</title>
		<description><![CDATA[<p>El de Ponedelnik fue el primer gol decisivo marcado en una final continental de selecciones. Este tipo de torneos pasan a la historia por actuaciones brillantes de tal equipo o cual jugador, por jugadas fantásticas, por partidos vibrantes y, sobre todo, por los goles, que al fin y al cabo son el objetivo del juego.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Faltaban solamente siete minutos para que la prórroga finalizase cuando <strong>Viktor Ponedelnik</strong> se elevó, a la altura del punto de penalti, con la mirada puesta en el balón que su compañero <strong>Mikhail Meskih</strong> le acababa de centrar con exquisita precisión desde la izquierda. Sin oposición, su cabeza impactó en la pelota y ésta se coló en la puerta ante la impotente mirada del meta yugoslavo <strong>Vidinic</strong>. El 2-1 subió al marcador del Parque de los Príncipes de París y poco después el colegiado inglés <strong>Arthur Edward Ellis</strong> señalaba el final del partido. Era el 10 de julio de 1960 y la Unión Soviética del legendario <strong>Lev Yashine</strong> ganaba la primera Eurocopa de la historia, <a href="http://youtu.be/WxG15qv6--Q">derrotando a Yugoslavia en la final</a>.</p>

	<p>El de Ponedelnik fue el primer gol decisivo marcado en una final continental de selecciones. Este tipo de torneos pasan a la historia por actuaciones brillantes de tal equipo o cual jugador, por jugadas fantásticas, por partidos vibrantes y, sobre todo, por los goles, que al fin y al cabo son el objetivo del juego. Goles de jugada individual o colectiva, goles exquisitos o torpes, goles previsibles o inesperados, goles elaborados o directos. Y, sobre todo, goles decisivos que permanecerán para siempre en la memoria de protagonistas y aficionados. Como el de Ponedelnik.</p>

	<p>El relevo del futbolista soviético fue tomado cuatro años después por <strong>Marcelino</strong>. En 1960 España debía haberse enfrentado a la selección de la comunista Unión Soviética en cuartos de final del Campeonato de Europa, pero la política se interpuso en el deporte y una orden de Franco, comunicada en <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1960/05/26/069.html">una escueta nota de prensa</a>, impidió el duelo. En 1964 la fase final se disputaba en Madrid y tanto españoles como soviéticos se clasificaron para la final tras derrotar a Hungría y Dinamarca respectivamente. Esta vez Franco no pudo oponerse y en el Estadio Santiago Bernabéu 80.000 espectadores asistieron al gol más importante en la historia de la selección española hasta hace cuatro años. El tanto de Marcelino en el minuto 84, que desniveló el empate a uno, fue similar al logrado cuatro años antes por Ponedelnik: centro desde la derecha de <strong>Pereda</strong> (aunque <a href="http://www.youtube.com/watch?v=-Ja5xFcGEUs">el No-Do hizo creer durante años a los españoles</a> que el pase había sido obra de <strong>Amancio</strong>) y cabezazo inapelable del delantero del Real Zaragoza. En aquellos tiempos de delanteros potentes y extremos pegados a la raya de cal este tipo de goles eran bastante comunes.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2939t.jpg" alt="Erbe" /></center></p>

	<p><p>En 1968 Yugoslavia volvía a la final, esta vez contra la anfitriona Italia. <strong>Dzajic</strong> adelantó a los balcánicos en el minuto 39 en el Estadio Olímpico de Roma. Cuando el partido estaba agonizando ante la impotencia de la <em>squadra azzurra</em>, el delantero interista <strong>Angelo Domenghini</strong> <a href="http://www.youtube.com/watch?v=Hy8ZLOSqKM8">empató en el minuto 80</a> en un lanzamiento de falta. Los 30 minutos de prórroga no sirvieron para mover el marcador y se tuvo que jugar un nuevo partido para dilucidar el campeón de Europa (aún no estaban contempladas entonces las rondas de penaltis). En el desempate los tempranos goles de <strong>Riva</strong> y <strong>Anastasi</strong> dieron <a href="http://youtu.be/pHtkJo_tnLY">una victoria relativamente cómoda a Italia</a>. Una victoria que se empezó a cimentar en el gol de Domenghini.</p>

	<p>Los cuatro goles que marcó <strong>Gerd Müller</strong> entre la semifinal y la final de la Eurocopa de 1972 fueron decisivos en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=IfMiYTSCU-Y">la aplastante victoria de Alemania</a> (3-0 ante la <span class="caps">URSS</span> en la final), pero cuatro años más tarde, en su intento de repetir título, los germanos se chocaron con la genialidad de un futbolista diferente. Un hombre que osó lanzar el penalti decisivo de la tanda que decidía la final con la sangre fría de los genios. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=LYAocv3VWKU"><strong>Panenka</strong> impulsó el balón</a> con un toque sutil y éste se coló por el centro de la portería, a media altura, mientras el meta alemán <strong>Maier</strong> se vencía a un costado, dando a Checoslovaquia la victoria en la Eurocopa. Había nacido una estrella y una nueva suerte en los lanzamientos de penaltis, que sería explotada, con mayor o menor fortuna, por muchos futbolistas hasta el día de hoy.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2938t.jpg" alt="Erbe" /></center></p>

	<p><p>La del 80 fue la Eurocopa en que un juvenil <strong>Schuster</strong> encandiló a toda Europa, pero también pasó a la historia por el gol del tanque alemán <strong>Hrubesch</strong> cuando <a href="http://www.youtube.com/watch?v=G-JEtezcqcE">la final ante Bélgica</a> estaba a punto de expirar con empate a uno. El cabezazo de Hrubesch en el minuto 88, tras un saque de esquina de <strong>Rummenigge</strong> y una deficiente salida del guardameta belga <strong>Pfaff</strong>, otorgaba al equipo alemán el título que Panenka les había negado cuatro años antes.</p>

	<p>Platini fue el hombre del campeonato de 1984. Sus nueve goles y su liderazgo condujeron a Francia al título, pero en la final se encontró con un aliado inesperado. <a href="http://www.rtve.es/alacarta/videos/programa/error-supuso-eurocopa/623153/">Un lanzamiento directo de falta botado por el francés</a> en el minuto 12 de la segunda parte se le escapó a Arconada cuando parecía tener el balón atajado. Era el 1-0. A partir de ahí, un infructuoso quiero y no puedo de una España diezmada por las sanciones y el 2-0 de <strong>Bellone</strong> con el tiempo ya cumplido. Aún hoy se recuerda al portero vasco por su fallo en la final, sin caer en en la cuenta de que antes había evitado con sus excepcionales paradas la derrota de España en las semifinales ante Dinamarca.</p>

	<p>Si Platini había sido el héroe en 1984, <strong>Marco Van Basten</strong> lo fue en 1988. Por sus cinco goles, por su juego y por liderar a su selección junto a sus inseparables <strong>Rijkaard</strong> y <strong>Gullit</strong>. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=-J_DwsO9bIY">Su inverosímil gol</a>, batiendo a Dassaev en un remate sin apenas ángulo, en la final contra la Unión Soviética forma parte de la historia del fútbol.</p>

	<p>En 1992 tuvo lugar una de las mayores sorpresas de la historia del fútbol. Los integrantes de la selección danesa estaban de vacaciones, repartidos por medio mundo, cuando fueron llamados urgentemente para sustituir a Yugoslavia, que había sido excluida de la competición a causa de la Guerra de los Balcanes. Dinamarca ya no era la potente <em>dinamita roja</em> que había sorprendido al mundo sólo 6 años antes en México, hasta que se cruzaron con <strong>Butragueño</strong> en Querétaro. Contaban además con la baja de su estrella, <strong>Michael Laudrup</strong>, enfrentado con el seleccionador <strong>Richard Moller Nielsen</strong>. Sin expectativas y sin presión, fueron a Suecia y, ronda tras ronda, se plantaron en la final, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=WRg428nAuEo">donde derrotaron por 2-0 a los alemanes</a>, vigentes campeones del mundo. El decisivo 2-0, obra de <strong>Kim Viltford</strong>, encierra una historia agridulce. Vilfort volvía después de cada partido a Dinamarca, donde su hija de 7 años se encontraba hospitalizada, muy enferma, víctima de la leucemia. A la final acudió prácticamente desde el hospital y, aun así, Moller Nielsen no dudó en alinearlo. Poco después de que Dinamarca ganara aquella Eurocopa gracias al gol de Vilfort, su hija falleció.</p>

	<p>Una Alemania venida a menos y una pujante República Checa, llena de jóvenes talentos aún desconocidos (<strong>Nevdev</strong>, <strong>Poborsky</strong>, <strong>Smicer</strong>, <strong>Berger</strong>, <strong>Bjbel</strong>), disputaron la final de 1996 en el estadio de Wembley londinense. Allí tuvo lugar <a href="http://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21051/el-sueno-checo-roto-por-el-gol-de-oro">un desenlace emocionante y dramático</a>. El empate a uno al cabo de los 90 minutos abocó al encuentro a la prórroga y, cuando se llevaban disputados 5 minutos de la misma, <strong>Bierhoff</strong> marcó el inamovible 2-1 que puso punto final al partido. El tanto del delantero alemán era el primer <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gol_de_oro">gol de oro</a> de la historia, por lo que Chequia no tuvo opción a réplica.</p>

	<p>Similar fue el desenlace del torneo de 2000. <strong>David Trezeguet</strong>, cuya aportación dos años antes en el Mundial que coronó a Zidane había sido secundaria, fue en la Eurocopa de Holanda y Bélgica protagonista decisivo, sobre todo en la final contra Italia. Con el tiempo de la prórroga prácticamente cumplido y los penaltis ya en la mente de todos, Trezeguet recibió un centro de <strong>Pirès</strong> y enganchó <a href="http://www.youtube.com/watch?v=SAJSlvFm0Rk">un zurdazo que se coló por la escuadra</a> ante la mirada impotente de <strong>Toldo</strong>.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2940t.jpg" alt="Erbe" /></center></p>

	<p><p>En 2004 la <span class="caps">UEFA</span> había sustituido el gol de oro por el <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Gol_de_plata">gol de plata</a>, modalidad <em>light</em> que apenas cambiaba la esencia. Pese a haber desplegado el mejor juego del campeonato, los checos fueron de nuevo víctimas, al caer contra Grecia en semifinales por mor del <a href="http://www.youtube.com/watch?v=hRH5ZQXtHc8">gol de plata del griego <strong>Dellas</strong></a> a la salida de un córner. En la final, la anfitirona Portugal, el equipo de <strong>Figo, Rui Costa, Carvalho, Deco</strong> y un jovencísmo <strong>Cristiano Ronaldo</strong>, fue incapaz de superar la barrera defensiva de Grecia, que terminó dando la sorpresa merced a <a href="http://www.youtube.com/watch?v=xJBeByW0rKA">un cabezazo de <strong>Charisteas</strong></a>. En Grecia no olvidarán fácilmente ambos tantos.</p>

	<p>Nuestro último protagonista tiene nombre español. <a href="http://youtu.be/FgdHraj_hu0">De más está recordar</a> el pase de <strong>Xavi</strong> para la carrera de <strong>Fernando Torres</strong>, la pugna de éste con el lateral <strong>Lahm</strong>, el balón picado del delantero madrileño ante la salida de <strong>Lehmann</strong> y el estallido de júbilo en un país acostumbrado a fracaso tras fracaso.</p>

	<p>Goles y más goles. La actual Eurocopa que se está disputando en Polonia y Ucrania aguarda a su héroe. Al club de Ponedelnik, Marcelino, Platini, Van Basten, Bierhoff, Trezeguet y compañía se unirá en breve un nuevo socio, llámese <strong>Benzema, Ribery, Özil, Mario Gómez, Van Persie, Ronaldo, Silva, Iniesta</strong> o <strong>Cassano</strong>. El único en condiciones de repetir (sería el primero en la historia) es el español Fernando Torres. El 1 de julio, pasadas las diez y media de la noche (media hora larga después si hay prórroga y algo más si hay penaltis), saldremos de dudas.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/22595/goles-que-valen-eurocopas</link>
		<pubDate>Fri, 15 Jun 2012 09:00:11 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	<item>
		<title>Boris Onischenko, de héroe a villano</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2872t.jpg" alt="Onischenko" /></div>Boris Onischenko había nacido en 1937 en una pequeña localidad de la región ucraniana de Poltava (cabe recordar que entre 1922 y 1990 Ucrania formó parte la Unión Soviética). Siendo adolescente empezó a practicar diferentes deportes. Empezó con la natación, pero finalmente sus pasos se encaminaron hacia el pentatlón moderno, una disciplina olímpica que consta de cinco pruebas: tiro con pistola, esgrima, natación, salto ecuestre y carrera.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<blockquote>
		<p>En nombre de todos los competidores, yo prometo que tomaré parte en estos Juegos Olímpicos, respetando y cumpliendo con las reglas que los gobiernan, en verdadero espíritu de deportividad, para la gloria del deporte y el honor de nuestros equipos.</p>
	</blockquote>

	<blockquote>
		<p>Juramento Olímpico <strong>(Barón de Coubertain)</strong></p>
	</blockquote>

	<p>“Algo no va bien”, pensó el británico <strong>Jim Fox</strong> al comprobar que el punto subía al marcador pese a estaba seguro de que la espada de su contrincante, el soviético <strong>Boris Onischenko</strong>, no había llegado a alcanzar su cuerpo. Era extremadamente raro que el sensor dispuesto para contabilizar los tocados fallara, más si cabe en una competición del nivel de unos Juegos Olímpicos, pero el atleta británico no tenía duda de que algo anormal acababa de suceder.</p>

	<p>No era la primera vez que Fox y Onischenko, practicantes ambos del pentatlón moderno, se veían las caras. Al contrario: ambos eran dos veteranos asiduos de las competiciones internacionales y se habían enfrentado en un gran número de ocasiones. Se puede decir que incluso el roce había despertado en ellos una relación, si no de amistad, sí al menos de cierto cariño, respeto y admiración mutua. En más de una ocasión habían incluso compartido algún trago y un rato de conversación durante las concentraciones de los campeonatos.</p>

	<p>Boris Onischenko había nacido en 1937 en una pequeña localidad de la región ucraniana de Poltava (cabe recordar que entre 1922 y 1990 Ucrania formó parte la Unión Soviética). Siendo adolescente empezó a practicar diferentes deportes. Empezó con la natación, pero finalmente sus pasos se encaminaron hacia el pentatlón moderno, una disciplina olímpica que consta de cinco pruebas: tiro con pistola, esgrima, natación, salto ecuestre y carrera. Fue instaurada por el propio barón Pierre de Coubertain (creador de las Olimpiadas modernas) en los Juegos de Estocolmo en 1912, inpirándose en las cinco modalidades que un soldado debe dominar.</p>

	<p>En 1968, Boris Onischenko disputó, con 31 años recién cumplidos, sus primeros Juegos Olímpicos. En México, en los Juegos que vieron a <strong>Bob Beamon</strong> volar hasta 8,90, Onischenko se colgó su primer metal olímpico, la medalla de plata en la prueba masculina por equipos del pentatlón moderno. Cuatro años más tarde, en Múnich, el equipo soviético, con Onischenko en sus filas, alcanzó la medalla de oro, pero en esta ocasión el atleta de Poltava hizo doblete, ganando el plata en la competición individual. Al volver de Múnich , Onischenko fue agasajado y galardonado con la <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Orden_de_la_Bandera_Roja_del_Trabajo">Orden de la Bandera Roja del Trabajo</a>.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2872.jpg" alt="Onischenko" /></center></p>

	<p><p>En 1976 Onischenko se presentó en Montreal, con 38 años, con el objetivo de reeditar el éxito logrado en Múnich. Sus tres medallas olímpicas le convertían en uno de los atletas más respetados de la especialidad y uno de los grandes favoritos, tanto en la prueba por equipos como en la individual. Al terminar la primera jornada, dedicada al salto ecuestre, la Unión Soviética se encontraba en octavo lugar y Onischenko en un discreto vigésimo tercero. Nada excesivamente preocupante, si tenemos en cuenta que se trataba de la disciplina en la que peor se desenvolvían los soviéticos. En 1972, cuando Onischenko y la <span class="caps">URSS</span> habían ganado plata y oro, su clasificación en salto había sido aún peor: 42º y 13º, respectivamente. Quedaba por delante mucha competición y las pruebas favoritas del equipo soviético estaban por llegar.</p>

	<p>El segundo día se disputaba la modalidad de esgrima, consistente en combates de tres minutos donde cada deportista pelea contra el resto de participantes, siendo adjudicado automaticamente el punto a aquel que logra tocar al adversario. Si al cabo de los tres minutos ninguno de los contendientes ha conseguido alcanzar al otro, no puntúa ninguno de ellos. Onischenko era el gran favorito con la espada, por lo que a nadie le extrañó que sus primeros cuatro combates se saldaran con victoria. También el quinto, contra Jim Fox.</p>

	<p>Antes de enfrentarse a Fox, Onischenko había derrotado al también británico <strong>Adrian Parker</strong> y al equipo británico ya le había parecido que la espada de Boris no había llegado a rozar a Parker. Por esa razón, al confirmar Fox en carne propia la misma sensación, la delegación británica pidió que fuera revisara la espada, pensando que existía algún fallo técnico en la misma que provocaba tocados arbitrariamente. La realidad fue más sorprendente aún.</p>

	<p>Los jueces requisaron el arma de Onischenko y al examinarla descubrieron un intrincado mecanismo electrónico consistente en un cable oculto y un botón que al ser accionado por el pentatleta soviético marcaba tocados a voluntad. En un principio, Onischenko negó que el arma utilizada fuera suya, pero el débil argumento no convenció a los jueces, que inmediatamente lo descalificaron a él y al equipo soviético. A sus dos compañeros, <strong>Pavel Lednyov</strong> y <strong>Boris Mosolov</strong>, sí se les permitió continuar en la prueba individual, donde Lednyov terminó colgándose la medalla de plata. El oro por equipos acabaría en manos británicas.</p>

	<p>Esa misma noche, Onischenko abandonó la Villa Olímpica en dirección al aeropuerto y al día siguiente la Federación Soviética de Pentatlón Moderno publicó una nota condenando su acción y expulsándolo del equipo. Jamás sabremos qué es lo que empujó a un campeón olímpico, a una leyenda del deporte que a sus 38 años participaba en sus últimos Juegos, a recurrir a la trampa, cuando su demostrado talento le hubiera valido seguramente para luchar por los puestos de honor. Rivales, compañeros y analistas coincidían en que era el mejor con la espada. Tampoco conoceremos si diseñó él solo el ardid, sin conocimiento de ningún otro miembro del equipo soviético. De Onischenko poco más se supo después. Al volver a la <span class="caps">URSS</span> fue desposeído de todos sus honores deportivos y expulsado del ejército. Según algunas informaciones, acabó trabajando de taxista en Kiev. Otra leyenda, de veracidad más que dudosa, apuntaba que había sido enviado a purgar su pecado trabajando en unas minas de sal en Siberia.</p>

	<p>Un día después de que el Olimpismo viviera uno de sus días de mayor gloria, con la rumana <strong>Nadia Comaneci</strong> logrando el primer 10 en la historia de la gimnasia olímpica, tenía lugar uno de los momentos más aciagos de la historia de los Juegos. La grandeza y la miseria del deporte se daban cita en unas pocas horas. Lo sublime y lo mezquino.</p>

	<p>Más información:</p>

	<p><a href="http://www.guardian.co.uk/sport/london-2012-olympics-blog/2012/mar/14/50-stunning-olympic-moments">50 stunning Olympic moments No18: Boris Onischenko cheats, GB win gold</a><br />
<a href="http://web.archive.org/web/20110629071717/http://www.times-olympics.co.uk/historyheroes/stgbo04.html">Great British Olympians: Jim Fox</a><br />
<a href="http://www.sports-reference.com/olympics/athletes/on/borys-onyshchenko-1.html">SR &#8211; Olympic Sports: Boris Onischenko</a><br />
<a href="http://olimpia.galeon.com/verano/pemod/pemod.htm">Pentatlón Moderno</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/22425/boris-onischenko-de-heroe-a-villano</link>
		<pubDate>Tue, 15 May 2012 08:40:41 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Bela Guttman y la maldición del Benfica</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2843t.jpg" alt="Guttman" /></div><em>“Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una final europea”</em>. Esa fue la fatal sentencia pronunciada por <strong>Bela Guttman</strong> justo después de abandonar el puesto de entrenador del Benfica por desavenencias con la directiva. Evidentemente, la frase de Guttman no fue tomada en serio por nadie. ¿Cómo iba a serlo si el club lisboeta acababa de ganar su segunda Copa de Europa consecutiva y contaba con un plantel extraordinario, con <strong>Eusebio</strong>, la inolvidable <em>Pantera Negra</em>, como líder con tan sólo 20 años?</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><em>“Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una final europea”</em>. Esa fue la fatal sentencia pronunciada por <strong>Bela Guttman</strong> justo después de abandonar el puesto de entrenador del Benfica por desavenencias con la directiva. Evidentemente, la frase de Guttman no fue tomada en serio por nadie. ¿Cómo iba a serlo si el club lisboeta acababa de ganar su segunda Copa de Europa consecutiva y contaba con un plantel extraordinario, con <strong>Eusebio</strong>, la inolvidable <em>Pantera Negra</em>, como líder con tan sólo 20 años? Hace ya medio siglo de aquello.</p>

	<p><strong>Un trotamundos</strong></p>

	<p>Guttman, nacido en Hungría cuando el siglo <span class="caps">XIX</span> agonizaba, formó a principios de los años 20 en las filas del <span class="caps">MTK</span> Budapest de su ciudad natal, con el que logró dos ligas en 1920 y 1921 jugando de centrocampista. Dado su origen judío en 1922 decidió trasladarse a Viena, huyendo del creciente antisemitismo del régimen del almirante <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Mikl%C3%B3s_Horthy">Miklos Horthy</a>, para enrolarse en el <a href="http://quefuede.blogia.com/2010/030401-quien-fue...-el-hakoah-viena.php">Hakoah Viena</a>, un club fundado en 1909 y formado exclusivamente por futbolistas judíos con el fin de difundir el sionismo.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2843.jpg" alt="Guttman" /></center></p>

	<p>En aquellos tiempos, el Hakoah realizaba giras enfrentándose en cada lugar a equipos autóctonos y suscitando gran interés en las colonias judías locales. En uno de esos viajes, Guttman y sus compañeros jugaron contra el West Ham, endosándoles en Londres un humillante 0-5, en la que se dice fue la primera derrota de un equipo inglés en su país. En abril de 1926, el equipo de Guttman cruzó el charco para jugar una serie de diez partidos en Estados Unidos. Terminada la gira, el futbolista austrohúngaro, junto a algunos de sus compañeros, decidió quedarse en Estados Unidos. Allí jugó con los Brooklyn Wanderers, los New York Giants y los New York Hakoah, un equipo formado por antiguos jugadores del Hakoah Viena. En 1932 colgó las botas y regresó a Europa para emprender su carrera como entrenador.</p>

	<p>Si como jugador Guttman había ejercido de trotamundos, su carrera como entrenador resultó aún más movida. Sus primeros pasos en el banquillo los dio en el Hakoah vienés, donde había pateado balones una década antes, para viajar después a Holanda a dirigir al Sportsclub Enschede (germen del actual Twente tras fusionarse con el Enschedese Boys). Volvió a su Budapest natal para, al mando del Ujpest, vivir sus primeros éxitos al ganar en 1939 la Liga y la <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Mitropa_Cup">Mitropa Cup</a> (competición donde participaban equipos de Europa central y precursora en cierto modo de la Copa de Europa). En ese momento estalló la II Guerra Mundial y la carrera de Guttman, como casi todo en el Viejo Continente, se vio paralizada. Se dice que Guttman escapó a Suiza, pero no está claro su paradero durante los años que duró la contienda.</p>

	<p>Terminada la guerra, entrenó al Vasas húngaro, al Dinamo de Bucarest rumano y de nuevo al Ujpest, para terminar fichando por el Honved, club en el que jugaba Ferenc Puskas y que estaba dirigido por el padre de éste. Tras un roce en un partido con Puskas hijo (se dice que Ferenc se opuso a un cambio ordenado por Guttman y éste no realizó la sustitución pero se pasó el resto del partido fumando y leyendo tranquilamente una revista), el entrenador abandonó el club húngaro y recaló en Italia. Allí entrenó al Padova y a la Triestina antes de tomar en 1953 las riendas del gran Milan de <strong>Schiaffino</strong>, <strong>Liedholm</strong> y <strong>Nordahl</strong>. El técnico húngaro fue cesado en su segunda temporada siendo el equipo líder de la Serie A, dando lugar a otra de sus famosas y polémicas frases: “He sido cesado a pesar de no ser un criminal ni un homosexual. Adiós”.</p>

	<p>Tras un efímero regreso al Honved y un breve paso por Brasil, donde entrenó al Sao Paulo, Guttman aterrizó en 1958 en Portugal para hacerse cargo del Oporto, equipo al que condujo a la victoria del campeonato de Liga 1958/59. Para entonces el entrenador de Budapest ya era reconocido por haber instaurado el 4-2-4, una revolucionaria táctica que sería llevada a la perfección por el arrollador Brasil del 58. El buen trabajo de Guttman en el banquillo portuense no pasó inadvertido para los directivos de su máximo rival, el Benfica, que lo ficharon con el objetivo de recuperar el título de Liga, algo que conseguiría en su primer año.</p>

	<p><strong>La edad dorada del Benfica</strong></p>

	<p>La Liga obtenida daba derecho al club lisboeta a competir en la Copa de Europa en la siguiente temporada, la 1960/61. Creada en 1955, la máxima competición continental no había conocido otro vencedor que el Real Madrid en las cinco ediciones celebradas. Era la segunda ocasión en que el Benfica iba a disputarla, tras la derrota en primera ronda frente al Sevilla en la campaña 1957/58.</p>

	<p>El equipo portugués se coló en la final de la competición despues de deshacerse con facilidad del Hearts escocés, del Ujpest, club viejo conocido de Guttman, del Aarhus noruego y del Rapid de Viena. En la final, a disputar en Berna, se enfrentarían al poderoso F.C. Barcelona, que había derrotado al pentacampeón Real Madrid en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=QJHi_mdpI1c">un intenso y polémico duelo</a> en octavos de final. El cuadro catalán contaba con una temible tripleta húngara formada por <strong>Kubala</strong>, <strong>Kocsic</strong> y <strong>Czibor</strong>, amén del brasileño <strong>Evaristo</strong> y el gallego <strong>Luis Suárez</strong>, que acababa de ser galardonado con el Balón de Oro y estaba a punto de emigrar a Italia para vestir la camiseta <em>nerazurri</em> del Inter.</p>

	<p>Fruto del mayor dominio azulgrana durante el inicio del encuentro llegó en el minuto 20 el tanto de Kocsis, neutralizado pronto con dos goles consecutivos de Aguas (minuto 30), aprovechando una defectuosa salida del meta <strong>Ramallets</strong>, y <strong>Gensana</strong> en propia puerta (minuto 31), tras un desdichado cabezazo que cogió desprevenido al portero blaugrana. En el minuto 9 de la reanudación, un zapatazo raso de <strong>Coluna</strong> desde fuera del área puso el 3-1 en el marcador y obligó a los blaugranas a un ataque continuo aunque infructuoso. El gol de Czibor en el 75 no fue suficiente y el 3-2 definitivo envió la Copa camino a Lisboa.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/CChGf_DQ9Eg" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>La segunda temporada de Guttman en el Benfica había resultado extraordinaria, sumando a la Copa de Europa ganada en Berna el título de Liga, logrado con cuatro puntos de ventaja sobre el Sporting de Lisboa. El reto para el año siguiente era aún mayor y para ello el Benfica se reforzó con un entonces desconocido futbolista africano que habría de marcar una época en el fútbol portugués y europeo. <a href="http://historiadefutbolmundial.blogspot.com.es/2007/06/bauer-el-gigante-del-maracan.html"><strong>José Bauer</strong></a>, que había jugado bajo las órdenes de Guttman en el Sao Paolo, había quedado impresionado de un joven futbolista mozambiqueño al que había conocido en una gira por el país africano entrenando al <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Associa%C3%A7%C3%A3o_Ferrovi%C3%A1ria_de_Esportes">Ferroviária de Araraquara</a>. Bauer recomendó al Sao Paolo el fichaje, pero el club brasileño lo desestimó. La leyenda habla de un encuentro casual en una barbería de Lisboa entre Guttman y Bauer, donde éste le hablaría a aquél de su prodigioso descubrimiento. Sea o no verdadera la anécdota de la barbería, lo que sí parece cierto es que Bauer compartió su hallazgo con Guttman, que no tardó en ordenar localizar a aquel jugador. Así fue como el mozambiqueño de 19 años Eusebio da Silva Ferreira se trasladó a Portugal y fichó por el Benfica.</p>

	<p>La incorporación del jugador africano potenciaba a un equipo que ya contaba con jugadores extraordinarios como <strong>José Augusto</strong>, el angoleño <strong>José Aguas</strong> y los mozambiqueños <strong>Mario Coluna</strong> y <strong>Costa Pereira</strong> . Aunque la temporada 1961/62 no fue tan brillante para el Benfica en el campeonato doméstico, finalizando en tercer lugar tras Sporting y Oporto, en la Copa de Europa se volvieron a plantar en la final, donde esperaba un Real Madrid que volvía a su hábitat natural tras el traspié del año anterior. En el conjunto blanco aún jugaban algunos de los héroes que habían participado en la victoria de las cinco Copas consecutivas (<strong>Di Stefano</strong>, <strong>Puskas</strong>, <strong>Gento</strong>, <strong>Santamaría</strong>), reforzados con la sangre fresca de <strong>Vicente Miera</strong> y <strong>Luis Del Sol</strong>. En el Estadio Olímpico de Amsterdam se iban a enfrentar los dos únicos campeones de Europa hasta el momento: el pentacampeón contra el vigente poseedor del título. La expectación era máxima.</p>

	<p>El partido no pudo empezar mejor para el Madrid, pues a los 23 minutos ya había perforado la meta lusa en dos ocasiones, ambas por mediación de Puskas. No se hizo esperar la reacción del Benfica, que recortó distancias en el minuto 25 con un gol de Aguas e igualó la contienda nueve minutos después por mediación de <strong>Cavem</strong>. La primera parte se extinguía y las cosas estaban como al principio.</p>

	<p>De nuevo fue Puskas quien, al filo del descanso desniveló el marcador, colocando el 2-3. El Benfica salió en el segundo tiempo convencido de la remontada y pasado el cuarto de hora un disparo seco y potente de Coluna desde fuera del área volvía a igualar el partido. Poco después, un penalti señalado por el árbitro holandés <strong>Horn</strong> era transformado por Eusebio, adelantando por primera vez a los portugueses. Para entonces el Real Madrid ya jugaba mermado por una inoportuna lesión del defensa <strong>Casado</strong>, que aguantó en el campo visiblemente cojo, reubicado por <strong>Miguel Muñoz</strong> en la posición  de extremo derecho (en aquellos tiempos aún no se contemplaban los cambios). El Benfica estaba lanzado y a 12 minutos del final una falta desde el exterior del área era sacada en corto por Coluna y pateada por Eusebio al fondo de la red. El definitivo 5-3 enriquecía las vitrinas del club lisboeta con una segunda Copa de Europa.</p>

	<p><iframe width="480" height="360" src="http://www.youtube.com/embed/BOAIYoxYp3Y" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p><strong>La maldición</strong></p>

	<p>Fue entonces, con el Benfica en el paraíso del fútbol europeo, cuando sucedió lo impensable. Las negociaciones de Bela Guttman con el Benfica para prolongar su contrato no llegaron a buen puerto y el técnico decidió marcharse. Parece ser que el club no accedió a las peticiones económicas del entrenador y el diálogo se rompió, propiciando que éste pronunciara su famosa frase, la <em>boutade</em> que entonces nadie tomó en serio.</p>

	<p>Marchó Guttman a Uruguay a entrenar al Peñarol y el Benfica entregó la dirección al chileno <strong>Fernando Riera</strong>, con el que volvió a jugar la <a href="http://www.youtube.com/watch?v=FXe447ITr1k">final de la Copa de Europa al año siguiente</a>, esta vez ante el Milan del gran <strong>Gianni Rivera</strong>. A pesar de que Eusebio adelantó con un tiro cruzado a su equipo cuando apenas se habían disputado 18 minutos, el Milan remontó con dos goles de su delantero <strong>Altafini</strong>, rompiendo así el duopolio Madrid-Benfica.</p>

	<p>En la temporada 1963/64 el equipo portugués cayó con estrepito en los octavos de final de la Copa de Europa contra el Borussia de Dortmund, tras encajar un 5-0 en tierras germanas. Un año después, en cambio, volvió a clasificarse para la final, en esta ocasión ante el otro equipo de la ciudad de Milan, el Inter de <strong>Suárez</strong>, <strong>Mazzola</strong>, <strong>Peiró</strong> y <strong>Facchetti</strong>, con <strong>Helenio Herrera</strong> en el banquillo. El resultado fue una nueva derrota de los portugueses <a href="http://www.youtube.com/watch?v=J94DvYKG1nA">por un escueto 1-0</a> en un campo anegado por la lluvia. La mala suerte se cebó con el cuadro portugués, que tuvo que jugar casi toda la segunda parte con 10 jugadores por la lesión del meta Costa Pereira, ocupando el defensa <strong>Germano</strong> su lugar bajo los palos. No fueron mejor las cosas tres años después, en la final de la campaña 1967/68, esta vez <a href="http://www.youtube.com/watch?v=B-miJBBb5eA">ante el Manchester United</a> de <strong>Bobby Charlton</strong> y <strong>George Best</strong>. El empate a uno al término de los 90 minutos fue roto por el equipo inglés en la prórroga. El resultado final, 4-1 y un nuevo fracaso del Benfica.</p>

	<p>El equipo lisboeta, con Eusebio como gran estrella, estaba viviendo una etapa dulce en la década de los 60, ganando prácticamente año tras año la Liga portuguesa y alcanzando cinco finales de Copa de Europa en sólo ocho años, pero el resultado en las tres últimas de esas finales había sido adverso. Justo tras la salida de Guttman, justo desde que éste emitiera su sentencia. Había quien empezaba a tomarse el asunto en serio.</p>

	<p>Tardó 15 años el Benfica en volver a disputar una final europea, en este caso la Copa de la <span class="caps">UEFA</span>. Fue en 1983 contra los belgas del Anderlecht en una final disputada a doble vuelta. El 1-0 en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=u6UZdz1775U">el partido de ida en Heysel</a> no pudo ser contrarrestado en la vuelta en Lisboa, donde <a href="http://www.youtube.com/watch?v=0Kw_zo-Wl6Q">un empate a uno</a> volvió a dejar al Benfica, entrenado entonces por Sven-Göran Eriksson, con la miel en los labios.</p>

	<p>Dos finales de Copa de Europa más disputaría el Benfica en los siguientes años. La primera, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=5AddEFqEiqk">jugada en 1988 contra un <span class="caps">PSV</span></a> que venía de eliminar el Madrid de la Quinta del Buitre en semifinales, terminó sin goles tras los 120 minutos de partido. El sueño de alcanzar la tercera Copa de Europa se esfumó tras el fallo de <strong>Antonio Veloso</strong> en la tanda de penaltis. Dos años después, fue el potente  Milan de <strong>Sacchi</strong> el que <a href="http://www.youtube.com/watch?v=7qoHq2AiH8I">dinamitó las ilusiones lusas</a>, merced a un tanto de <strong>Rijkaard</strong>. En la previa de la final, aprovechando que ésta se disputaba en Viena, ciudad donde se encontraba enterrado Bela Guttman, fallecido en 1981, una delegación del club comandada por Eusebio llevó flores a su tumba, en un desesperado e inútil intento de conjurar la maldición.</p>

	<p>Aquel partido contra el Milan era la sexta final europea (última disputada hasta hoy) perdida por el equipo lisboeta desde la victoria en Amsterdam contra el Madrid en 1962. La sexta final que se esfumaba desde que Guttman abandonara el club y enunciara la frase que resuena desde entonces en la cabeza de todos los aficionados del Benfica: “Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una final europea”.</p>

	<p>Información:</p>

	<p><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/B%C3%A9la_Guttmann" title="Wikipedia">Béla Guttman</a><br />
<a href="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/search.html?fromISO=true&amp;q=bela%2520guttman&amp;aux=bela+guttman&amp;bd=01&amp;bm=02&amp;by=1906&amp;ed=01&amp;em=12&amp;ey=2012&amp;x=0&amp;y=0">Hemeroteca El Mundo Deportivo</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/22267/bela-guttman-y-la-maldicion-del-benfica</link>
		<pubDate>Sun, 15 Apr 2012 08:54:35 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-04-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/b9a6b56d5ce7cedd9d56d9345c1578a0</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Arvydas Sabonis</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2807t.jpg" alt="Laser Squad" /></div>El boicot soviético a los Juegos de Los Ángeles nos privó de comprobar si una selección con <strong>Valters</strong>, Sabonis, <strong>Iovaisha</strong>, Homicius y Tkachenko hubiera podido hacer frente a los <strong>Jordan</strong>, <strong>Perkins</strong>, <strong>Ewing</strong> y <strong>Tislade</strong>. Cualquier aficionado lamenta el hecho de no haber podido contemplar el probable duelo entre un Sabonis de sólo 19 años, pero convertido ya en jugador determinante, y un Patrick Ewing que, con 22 años, estaba a un paso de convertirse en estrella de la <span class="caps">NBA</span>.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Los más jóvenes lo recordarán con la camiseta de los Portland Trail Blazers, moviéndose con dificultad sobre la cancha, soportando el peso de su maltratadas articulaciones, supliendo con suma inteligencia allá donde el físico ya no alcanzaba. Los que tengan más años guardarán en su memoria la imagen de un gigante esbelto, de bigote rubio y agilidad inusitada, con la camiseta verde del Zalgiris de Kaunas o la roja de la extinta Unión Soviética, maltratando a los pívots españoles, más bajos, más lentos, invariablemente más torpes. Seguramente alguno se acuerde de aquella vez que, jugando con su selección el Torneo de Navidad del Real Madrid, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=8hVVR5QQ9nc&amp;t=1h1m25s">destrozó el tablero</a> al colgarse del aro, ante la inútil y pueril resistencia de <strong>Alfonso Del Corral</strong>. Otros recordarán su cuerpo, ya castigado por las lesiones, enfundado en la purpúrea camiseta del Fórum Valladolid, recibiendo asistencias de <strong>Corbalán</strong> y doblando el balón para el tiro exterior de <strong>Homicius</strong> o <strong>Tikhonenko</strong>. Y muchos, seguro, se acordarán de la temible pareja interior que formó con <strong>Joe Arlauckas</strong> en el último Real Madrid campeón de Europa, justo antes de iniciar su tardía aventura americana. A buen seguro que todos lo recordarán como uno de los mejores jugadores que hayan visto jugando al baloncesto, un prodigio de potencia, elegancia, técnica e inteligencia.</p>

	<p>El baloncesto mundial conoció a <strong>Arvydas Sabonis</strong> en el Mundial de Cali, donde la Unión Soviética ganó la medalla de oro. Entonces Sabonis era un enorme y espigado chaval de 17 años y poco más de 2,10 de estatura (aún estaba creciendo hasta los 2,20 que llegaría a alcanzar) que empezaba a despuntar en las filas del Zalgiris. Su aportación en Cali no fue excesiva, relegado al final de la rotación de pívots de <strong>Aleksander Gomelski</strong> tras <strong>Tkachenko</strong>, <strong>Mishkin</strong>, <strong>Tarakanov</strong> y <strong>Belostenny</strong>. Jugó minutos residuales en algunos partidos y ni siquiera saltó a la cancha en otros. Sólo frente a Colombia, la selección anfitriona, Gomelski concedió tiempo a Sabonis y en 23 minutos consiguió 28 puntos, 13 rebotes y 5 asistencias. El joven lituano no estaba en Cali para ser protagonista &#8212;aún no&#8212; sino para crecer y aprender, pero ya dejó la carta de presentación de su inmenso talento.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2808.jpg" alt="arvydas" /></center></p>

	<p><p>Poco después del Mundial disputado en Colombia, la selección soviética <a href="http://foros.acb.com/viewtopic.php?f=1&amp;t=413600&amp;hilit=sabonis+cali&amp;sid=c47bb785ad760a5cf11e9b642f29593d">participó en una gira</a> de 12 partidos por Estados Unidos, jugando contra diferentes equipos universitarios. En esos encuentros, ante la ausencia de Mishkin y Tkachenko, Sabonis formó pareja titular con Belosteny. Obtuvo una media de 18 puntos y 9 rebotes en toda la gira y se enfrentó a Ralph Sampsom, el pívot de la Universidad de Virginia que un año después sería elegido por Houston Rockets como número 1 del draft. El norteamericano se quedó en 13 puntos mientras Sabonis se iba hasta los 21. Los periodistas americanos que lo vieron quedaron asombrados. Empezaba a fraguarse la leyenda.</p>

	<p><strong>Ha nacido una estrella</strong></p>

	<p>En 1983 Sabonis hizo doblete con su selección. Por un lado, participó en el Mundial junior disputado en Palma de Mallorca. A pesar de sus 31 puntos y 8 rebotes en la final, no pudo evitar la derrota contra Estados Unidos y la <span class="caps">URSS</span> se tuvo que conformar con la plata. Por otra parte, formó parte del equipo senior que participó en el Eurobasket de Nantes. Allí Sabonis se hizo con un puesto en el quinteto titular y comenzó a convertirse en el eje de los esquemas de Gomelski. Su participación no era ya testimonial, como un año antes en Cali, sino que comenzaba a resultar decisiva, siendo el máximo anotador del equipo y uno de los más destacados del campeonato. Aunque Sabonis consigue 26 puntos y 13 rebotes en la semifinal ante España, la Unión Soviética cae derrotada (95-94) en <a href="http://youtu.be/8QwKUlZ2Ano">un partido memorable</a> de los <strong>Corbalán</strong>, <strong>Epi</strong>, <strong>Sibilio</strong>, <strong>Martín</strong> y compañía.</p>

	<p>El boicot soviético a los Juegos de Los Ángeles nos privó de comprobar si una selección con <strong>Valters</strong>, Sabonis, <strong>Iovaisha</strong>, Homicius y Tkachenko hubiera podido hacer frente a los <strong>Jordan</strong>, <strong>Perkins</strong>, <strong>Ewing</strong> y <strong>Tislade</strong>. Cualquier aficionado lamenta el hecho de no haber podido contemplar el probable duelo entre un Sabonis de sólo 19 años, pero convertido ya en jugador determinante, y un Patrick Ewing que, con 22 años, estaba a un paso de convertirse en estrella de la <span class="caps">NBA</span>. La formidable actuación del equipo de la Unión Soviética en el Preolímpico, donde sí participa y arrasa a todos sus rivales, animan a pensar que el duelo entre norteamericanos y soviéticos hubiera resultado apasionante.</p>

	<p>A pesar de su juventud, Sabonis se iba afianzando en su club y en el equipo nacional y convirtiéndose en uno de los jugadores dominantes del baloncesto europeo. En el campeonato soviético el Zalgiris había formado en los últimos años un equipo poderoso, con <strong>Vladimir Garastas</strong> en el banquillo y <strong>Kurtinaitis</strong>, Iovaisha, Homicius y el propio Sabonis en la cancha. En aquellos años, mediados de los 80, el Zalgiris vivió una época dorada, con victorias en la liga soviética en 1985,1986 y 1987. Fueron épicos <a href="http://www.youtube.com/watch?v=lKHKm5D-drg">los duelos con el <span class="caps">CSKA</span> de Moscú</a>, el equipo del ejército soviético y tradicional dominador del baloncesto doméstico, entrenado por Aleksander Gomelski, responsable también de la selección. En aquellos partidos destacaba la lucha debajo de los tableros entre Sabonis y Tkachenko, los dos techos del basket europeo de la época. A pesar de no ser un prodigio de velocidad y agilidad, Tachenko se había convertido, gracias a su altura (2,23 <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Vladimir_Tkachenko">según la wikipedia</a>) y a su tremenda envergadura, en el gran dominador bajo el aro del baloncesto soviético y europeo. Su sola presencia hacía temblar a sus rivales, convertidos en endebles pigmeos a su lado. Hasta que llegó Sabonis. Arvydas era un poco más bajo y menos corpulento, pero le ganaba en agilidad, técnica, coordinación, rapidez de movimientos y visión de juego.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2809t.jpg" alt="Tachenko" /></center></p>

	<p><p>La feroz pugna entre Sabonis y Tkachenko &#8212;amigos, por otra parte, fuera de la pista&#8212; se transformaba cada verano en una sociedad invencible. En su selección ambos formaron durante algún tiempo una pareja interior imponente e irrepetible.</p>

	<p><strong>Esplendor en el parquet</strong></p>

	<p>En el Europeo de 1985, disputado en Stuttgart, Sabonis es ya la indiscutible referencia de su selección. La Unión Soviética realiza un campeonato impecable, perdiendo solamente el partido contra España en la primera fase. En la final <a href="http://www.youtube.com/watch?v=nVMoPLSK8_E">pasan por encima de Checoslovaquia</a> (120-89), que había derrotado contra pronóstico a Yugoslavia en cuartos de final y a España en la semifinal. La colosal actuación de Arvydas Sabonis a lo largo del torneo le sirve para ser nombrado mejor jugador del Eurobasket.</p>

	<p>El fantástico campeonato del pívot del Zalgiris enciende las alarmas de los ojeadores de la <span class="caps">NBA</span> que ya llevaban tiempo siguiendo sus pasos. Hablamos de una época en que las franquicias de la liga norteamericana empezaban a abrir los ojos y <a href="http://belfast-boy.blogspot.com/2011/12/europeos-en-la-nba-los-pioneros.html">mirar hacia el baloncesto <span class="caps">FIBA</span> en busca de perlas</a>. No es raro pues que fueran varios los equipos que se fijaran en un jugador tan apetecible. Porque Sabonis no sólo era un pívot dominante debajo de la canasta, sino que también era capaz de asistir o tirar desde lejos. Desde su posición en el poste bajo dominaba los partidos a su antojo, como si de un base se tratara. Hoy estamos acostumbrados a pívots altos y ágiles pero, a mediados de los 80, un gigante de 2,20 que corriera el contraataque, botara el balón con destreza y se aventurara a lanzar desde la línea de 6,25 era una hermosa y estimulante anomalía.</p>

	<p>En el draft de 1985, el mismo en el que Phoenix Suns eligen al bulgaro <strong>Georgi Glouchkov</strong> (a la postre el primer europeo en aterrizar en la <span class="caps">NBA</span> sin pasar por la universidad) y Cleveland Cavaliers al gigante alemán <strong>Gunther Benkhe</strong>, Arvydas Sabonis es seleccionado por Atlanta Hawks en cuarta ronda, aunque la <span class="caps">NBA</span> anularía la elección a posteriori por no tener cumplidos los 21 años. Al año siguiente, ya con la edad necesaria, es escogido por Portland Trail Blazers, pero la política obliga a retrasar su marcha a la <span class="caps">NBA</span>. La Unión Soviética, en las postrimerías de la Guerra Fría, se resiste a dejar marchar a sus deportistas.</p>

	<p>A la espera de poder obtener el permiso para jugar en la mejor liga del mundo, Sabonis participa en el Mundobasket disputado en España en 1986, un hito más en su ascendente trayectoria. Su selección pierde con Estados Unidos (87-85) en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=grY9EFwntC8">una vibrante y apretada final</a> disputada en Madrid, pero Sabonis vuelve a dar lecciones de baloncesto en cada partido.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/06usV6451ik" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Sabonis tenía 22 años y se encontraba en la cúspide de su carrera. Era la estrella de la selección más potente de Europa y la gran figura del baloncesto continental junto a <strong>Drazen Petrovic</strong>. La <span class="caps">NBA</span> suspiraba por incorporarlo a sus filas. Su evolución parecía no tener techo. Fue entonces cuando vino a visitarlo el infortunio en forma de rotura del tendón de Aquiles. Es posible que tantos años al alto nivel, jugando en invierno con el Zalgiris y en verano con la selección, 40 minutos por partido, sin apenas descanso, pasaran factura demasiado pronto. Lo cierto es que tuvo que pasar por el quirófano y estuvo muchos meses retirado de las canchas. “Sabonis ahora está al 10% de su antigua capacidad física, pero no va a mejorar&#8221;, fue el negro presagio del médico que lo operó. Parecía una quimera que volviera a jugar al más alto nivel. La opción <span class="caps">NBA</span> ya ni se contemplaba.</p>

	<p><strong>Volver a empezar</strong></p>

	<p>Sabas volvió, aunque ya no era el mismo. Mermado físicamente, hubo de aprender a potenciar sus virtudes. Casi se podría decir que tuvo que aprender a jugar de nuevo. Tras un año y medio inactivo, participa en los Juegos de Seúl y, a pesar de sus evidentes limitaciones físicas, su aportación en <a href="http://www.youtube.com/watch?v=AGtUnczIdbE">la victoria de la <span class="caps">URSS</span></a> resulta inestimable. Los soviéticos eliminan en semifinales los Estados Unidos de <strong>David Robinson</strong>, <strong>Danny Manning</strong>, <strong>Hersey Hawkings</strong>, <strong>Dan Majerle</strong> y <strong>Mitch Richmond</strong>, lo cual significó que los estadounidenses empezaran a plantearse seriamente la opción de enviar jugadores <span class="caps">NBA</span> a las competiciones internacionales. En la final, <a href="http://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/20575/el-dream-team-que-la-guerra-destrozo">la poderosa Yugoslavia</a> de Petrovic, Kukoc, Divac y Radja sucumbe ante Sabonis (20 puntos) y compañía, que vencen por 63-76. La Unión Soviética conseguía su segundo título olímpico, tras <a href="http://www.youtube.com/watch?v=w9COEbgjvOI">la polémica victoria de 1972</a>.</p>

	<p>En 1989, los vientos de cambio más allá del telón de acero permiten a Sabonis abandonar la Unión Soviética. Mientras la primera camada de jugadores europeos (<strong>Marchulenis</strong>, <strong>Volkov</strong>, <strong>Divac</strong>, Petrovic y <strong>Paspalj</strong>) aterriza en la <span class="caps">NBA</span>, Sabonis hace lo propio en España. El Fórum Valladolid, que intentaba formar entonces una escuadra que compitiera con los grandes del baloncesto español, hace una oferta al lituano y éste acepta, buscando en tierras castellanas superar el calvario de las lesiones y reencontrar el placer por el juego. Junto a Sabonis llegan a Valladolid su compatriota Valdemaras Homicius (sustituido un año después por Tikhonenko) y <strong>Juan Antonio Corbalán</strong>, retirado dos años antes y rescatado para el proyecto vallisoletano.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2806t.jpg" alt="arvydas" /></center></p>

	<p><p>En sus tres años con la camiseta del Fórum Valladolid, Sabonis consigue liderar al equipo hasta los playoffs. El club pasa de pelear en la parte baja de la clasificación a luchar en los puestos de cabeza. En Valladolid, Sabonis va restañando heridas y recuperando sensaciones, dosificando sus minutos en la cancha. Ya no posee la velocidad y explosividad de antaño, pero suple sus carencias físicas con una inteligencia superlativa y un conocimiento del juego cada vez más profundo.</p>

	<p>En 1992, después de conseguir la medalla de bronce en los Juegos de Barcelona con la recién constituida selección lituana, Sabonis fichó por el Real Madrid. El club blanco, sumido en una etapa depresiva desde la marcha de Petrovic a la <span class="caps">NBA</span> y el fallecimiento de Fernando Martín, buscaba recuperar la hegemonía perdida en España y Europa.</p>

	<p>Formando pareja interior con Ricky Brown primero y con Joe Arlauckas después, la contribución del pívot lituano fue fundamental para que el club blanco volviera a ingresar en la aristrocracia baloncestística continental. En su primera temporada de blanco (1992/93) el Madrid gana la Liga <span class="caps">ACB</span>, después de siete años, y la Copa del Rey. La siguiente temporada los blancos repiten título de Liga y en 1995, con Obradovic en el banquillo, vencen en la Final Four, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=r61ZrQuj3F0">consiguiendo la Copa de Europa</a> quince años después.</p>

	<p>En su periplo español, Sabonis había conseguido volver a la élite del baloncesto europeo. Había vuelto a resultar decisivo, a sentirse importante y a ser feliz jugando. Entonces tomó una decisión controvertida y arriesgada: marchar a la <span class="caps">NBA</span>.</p>

	<p><strong>Todo por un sueño</strong></p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2807.jpg" alt="arvydas" /></center></p>

	<p><p>Con 30 años, una década después de su primera elección en el draft, Sabonis por fin se iba a codear con los mejores jugadores del mundo. La mayoría, para qué engañarnos, pensamos entonces que era demasiado tarde, pensamos que imposible que triunfara, que su maltratado cuerpo no resistiría el ritmo de competición de la <span class="caps">NBA</span>. Pensamos que Sabas no pasaría, en el mejor de los casos, de ser un accesorio actor de reparto durante un par de años, antes de volver a Europa con el rabo entre las piernas. Cuánto nos equivocábamos.</p>

	<p>Durante su primera temporada en Portland Trail Blazers, Sabonis jugó 73 partidos y promedió 14,5 puntos y 8,1 rebotes en 23,8 minutos por partido, siendo elegido en el quinteto de mejores rookies del año. Un debut sobresaliente. Ese verano participó en sus terceros Juegos Olímpicos. En Atlanta ganó un nuevo bronce con el combinado lituano.</p>

	<p>Hasta 2003 militó Sabonis en las filas del equipo de Oregón (con un breve paréntesis en la campaña 2001/02, en la que se tomó una especie de año sabático, retirado en Torremolinos), enfrentándose de tú a tú con los mejores pívots de la liga (<strong>David Robinson</strong>, <strong>Tim Duncan</strong>, <strong>Hakeem Olajuwon</strong>, <strong>Shaquille O’neal</strong>, <strong>Dikembe Mutombo</strong>, <strong>Alonzo Mourning</strong>). Jugadores más jóvenes y en plenitud física a los que el lituano les buscaba las cosquillas con su talento e ingenio. En 2003, con 38 años, regresó al Zalgiris de Kaunas, donde jugó una temporada más antes de abandonar el baloncesto. Si alguno pensaba que buscaba un plácido retiro dorado, se equivocaba: con 39 años, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=AY7zZaMLLFg">fue nombrado <span class="caps">MVP</span></a> tanto de la temporada regular de la Euroliga como del Top 16, donde promedió 18,2 puntos y 11,5 rebotes.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/zxO9VZyfawU" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Aunque es un ejercicio inútil, resulta inevitable elucubrar con lo que pudo haber sido y no fue. Cualquier amante del baloncesto mentiría si negara que no ha fantaseado alguna vez con un Sabonis en plenitud, a mediados de los 80, peleando contra Pat Ewing, Hakeem Olajuwon, <strong>Robert Parish</strong>, <strong>Moses Malone</strong> o <strong>Kareem Abdoul Jabbar</strong>. Mejor quedarnos, en cualquier caso, con lo que Sabonis sí fue: un jugador extraordinario (sin duda, uno de los mejores europeos de todos los tiempos) que supo adaptarse a las circunstancias y deleitarnos con su juego durante más de dos décadas. Un deportista capaz de ganarlo todo con las dos selecciones en que jugó (tres medallas olímpicas, campeón del mundo y de Europa) y los cuatro clubes cuya camiseta vistió (dos ligas soviéticas, dos ligas españolas y una Euroliga). Un jugador que tuvo la virtud de hacer mejores a todos los equipos que tuvieron la suerte de contar con él. Un mito.</p>

	<p>El pasado mes de septiembre lo vimos por la tele, sonriente y con unos cuantos kilos de más, presenciando en directo partidos del Eurobasket que se celebraba en su Lituania natal. Poco después supimos que, mientras disputaba una pachanga de baloncesto, había sufrido un infarto del que, afortunadamente, se recuperó. El percance no le impide realizar vida normal, pero los médicos le prohibieron seguir practicando el baloncesto. No debe de ser algo fácil para alguien que vivió durante tantos años por y para este deporte. Por suerte, como él mismo bromeaba a la salida del hospital, <a href="http://www.marca.com/2011/10/04/baloncesto/nba/1317728254.html">aún le queda el sexo</a>.</p>

	<p>Fuentes de información:</p>

	<p><a href="http://foros.acb.com/">El Foro <span class="caps">ACB</span></a><br />
<a href="http://www.arvydassabonis.com/archive/articles/index.html">The Sabas Network</a><br />
Hemerotecas de <a href="http://hemeroteca.abc.es/"><span class="caps">ABC</span></a> y <a href="http://www.mundodeportivo.com/hemeroteca/">El Mundo Deportivo</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/22095/arvydas-sabonis</link>
		<pubDate>Thu, 15 Mar 2012 09:02:23 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2012-03-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/05d8fa5f5145ef5d3bc915dbd6efdb8b</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Katia y Sergei: amor y muerte en la pista de hielo</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2788t.jpg" alt="Katia y Sergei" /></div>Los inicios de Sergei no habían sido muy diferentes a los de Katia (diminutivo con que se conocía a Ekaterina). Natural, como su compañera, de Moscú, Grinkov había nacido cuatro años antes que ella y había comenzado a patinar con cinco años. La primera gran victoria que Katia y Sergei lograron como pareja fue el Campeonato del Mundo Junior disputado en 1985 en Colorado Springs. Para entonces llevaban ya cuatro años de entrenamiento conjunto.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Como cualquier otro ámbito laboral, el deporte es un terreno apto para que surja el amor en cualquier momento. Horas y horas de entrenamientos, largos días de concentraciones, meses y años coincidiendo en cualquier rincón del mundo&#8230; No es extraño que, cuando uno menos se lo espera, Cupido haga acto de aparición sobre los tacos de salida del tartán, a caballo entre las barras paralelas, botando al otro lado de la red o deslizándose sobre cuchillas en el gélido hielo.</p>

	<p><strong>Ekaterina Gordeeva</strong> nació en Moscú, capital de la entonces Unión Soviética, en mayo de 1971. Su padre era operador de teletipos del Ejército y su madre, bailarina. Con apenas cuatro años empezó a practicar patinaje sobre hielo. Al no encontrar en Moscú patines para sus diminutos pies, la pequeña Ekaterina se veía obligada a utilizar varios calcetines de relleno para llevar a cabo su afición. Fue así como empezó a desarrollar su pasión por el patinaje, el primer gran amor de su vida.</p>

	<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2787.jpg" alt="Katia y Sergei" /></div>A la vista de su talento, a los 10 años fue reclutada por las autoridades deportivas del país. El método selectivo del deporte soviético era una maquinaria bien engrasada. Seleccionaban a los deportistas más cualificados desde niños, los entrenaban y los encaminaban hacia la disciplina más adecuada a sus características. Los preparadores, a la vista de la endeblez de Gordeeva para el ejercicio individual, emparejaron a la joven con <strong>Sergei Grinkov</strong>, un prometedor patinador de 14 años. Partidarios de volar libres, ninguno de los dos atletas estaba, en principio, muy convencido de la unión, pero aquella decisión supuso el principio de una feliz y fructífera relación.</p>

	<p>Los inicios de Sergei no habían sido muy diferentes a los de Katia (diminutivo con que se conocía a Ekaterina). Natural, como su compañera, de Moscú, Grinkov había nacido cuatro años antes que ella y había comenzado a patinar con cinco años. La primera gran victoria que Katia y Sergei lograron como pareja fue el Campeonato del Mundo Junior disputado en 1985 en Colorado Springs. Para entonces llevaban ya cuatro años de entrenamiento conjunto.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/1AeOkEdvTQc" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Un año después, en 1986, la joven pareja participó en su primera gran competición senior, el Campeonato Mundial de Patinaje Artístico sobre hielo disputado en Ginebra. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=i9ldMxmT33M">Katia y Sergei consiguieron la victoria</a>, relegando a la plata a sus compatriotas <strong>Elena Valova</strong> y <strong>Oleg Vasiliev</strong>, vencedores un año antes en el Campeonato Mundial de Tokio y oro en los Juegos de Sarajevo en 1984.</p>

	<p>Grinkov y Gordeeva <a href="http://www.youtube.com/watch?v=LjMQKE5Gj24">repitieron título mundial en 1987</a> en Cincinnati, imponiéndose de nuevo a Valova y Vasiliev. En el horizonte estaban los Juegos Olímpicos que se iban a disputar un año después en Calgary, donde serían los máximos favoritos en la modalidad de pareja.</p>

	<p>El camino hacia los Juegos, no obstante, fue más espinoso de lo esperado. Un par de meses antes de la competición, Gordeeva cayó sobre el hielo, golpeándose la cabeza, y tuvo que ser hospitalizada. Sergei, que se sentía culpable por no haber podido asir su menudo cuerpo y evitar la caída, le llevaba flores todos los días. Ella le instó a que siguiera entrenando para mantener la forma. Dos semanas después de el incidente, Sergei y Katia volvían a entrenar juntos y poco después vencían en el Campeonato de Europa, disputado sólo un mes antes de la celebración de los Juegos.</p>

	<p>En febrero de 1988 se disputaron en Calgary los XV Juegos Olímpicos de Invierno. En las montañas canadienses el saltador finlandés <strong>Matti Nykänen</strong> ganaba tres medallas de oro, la patinadora holandesa <strong>Yvonne van Gennip</strong> conseguía tres títulos olímpicos en pruebas de velocidad y el italiano <strong>Alberto Tomba</strong> se imponía en las pruebas de eslalon y eslalon gigante del esquí alpino. También en Calgary, Ekaterina Gordeeva y Sergei Grinkov conseguían la medalla de oro en la modalidad de parejas del patinaje artístico, por delante de Valova y Vasiliev, sus sempiternos rivales.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/0B0tSnQKzwo" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Dicen los entendidos que su patinaje era elegante, grácil y espectacular, que sus delicados movimientos y su exquisita compenetración rozaban la perfección. Comentan que su exacto entendimiento sobre la superficie helada era el perfecto reflejo de su amor fuera de la pista. Uno, que está lejos de ser un experto en estas lides pero que aún conserva cierta sensibilidad, no puede evitar estremecerse viendo las impecables evoluciones sobre el hielo de la pareja. Puro deleite estético. Llámenlo belleza.</p>

	<p>La sociedad Grinkov y Gordeeva avanzaba viento en popa. Mientras los triunfos deportivos no cesaban (<a href="http://www.youtube.com/watch?v=JSSfZlJNkGE">Campeonato Mundial de 1989</a> y <a href="http://www.youtube.com/watch?v=pCAkTpc6xZE">1990</a>, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=gSL-hpsFAtw">Campeonato Europeo de 1990</a>), entre giros y saltos surgió el amor. En 1989 su idilio era un hecho y en abril de 1991 contraían matrimonio.</p>

	<p>Sergei y Katia formaban una pareja insólita pero encantadora. Él, tan alto, tan fornido y esbelto, tan apuesto. Ella, tan menuda, tan delicada, tan aparentemente frágil con su escaso metro y medio y sus 40 kilos de peso, con esa belleza vaporosa, dulce y etérea, esa cautivadora sonrisa y esos ojos profundos y levemente melancólicos. Sobre el hielo solían lucir una sonrisa natural, nada forzada, que mostraba su placer. Se les veía felices en la pista y se les adivinaba aún más felices fuera. Eran dos deportistas jóvenes, que transmitían fuerza y vitalidad. La pareja perfecta.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2788.jpg" alt="Katia y Sergei" /></center></p>

	<p>En 1991 decidieron abandonar el patinaje amateur y pasarse al mundo profesional. Eso les reportaría beneficios económicos, pero significaría no poder volver a competir en unos Juegos Olímpicos. Después de un lustro en la alta competición, con cuatro Campeonatos Mundiales, dos Campeonatos Europeos y un oro olímpico en su palmarés, Grinkov y Gordeeva pensaron que era el momento del cambio, la ocasión de buscar tranquilidad y seguridad de cara al futuro. Él tenía 24 años; ella, 20.</p>

	<p>Empezaron entonces a girar por Estados Unidos y Canadá con <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Stars_on_Ice">Stars on Ice</a>, un espectáculo itinerante muy famoso en Norteamérica. En septiembre de 1992 nacía <strong>Daria Sergeyevna Grinkova</strong>, la hija de Katia y Sergei.</p>

	<p>Para los Juegos Olímpicos de Invierno 1994, que se habían de disputar en la localidad noruega de Lillehammer, el C.O.I. decidió permitir la reconversión de los deportistas profesionales en amateurs. De esta forma, Grinkov y Goordeva pudieron volver a participar en unas Olimpiadas y <a href="http://www.youtube.com/watch?v=VFTQBMkiOjw">ganar un nuevo oro</a>. Conseguida la segunda medalla olímpica que redondeaba su palmarés, Ekaterina y Sergei resolvieron volver al profesionalismo, enrolándose de nuevo en la gira <em>Stars on Ice</em>. La vida transcurría plácida para ellos hasta un aciago día de noviembre de 1995.</p>

	<p>La pareja se encontraba realizando uno de sus rutinarios ensayos en Lake Placid (Nueva York) cuando Sergei elevó al cielo el cuerpo de Katia como había hecho cientos, miles, acaso millones de veces antes. Fue entonces cuando el patinador ruso perdió el conocimiento y su cuerpo cayó sobre el hielo. Las maniobras de reanimación fueron infructuosas. Sergei Grinkov fallecía víctima de un ataque al corazón a la edad de 28 años. La autopsia del cadáver reveló que sus arterias se encontraban obstruidas. Un posterior análisis de sangre reveló una anomalía congénita que lo hacía propenso a sufrir un infarto.</p>

	<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2789.jpg" alt="Katia y Sergei" /></div>Tras unos meses en los que no tuvo ánimos para calzarse los patines, Katia, animada por sus compañeros, decidió volver a la actividad. Había perdido a su gran amor, pero aún le quedaba el refugio del hielo: &#8220;Me di cuenta de que el trabajo es lo único que puede curar a la gente. Al menos era lo que me podía ayudar a curarme. Todavía tenía el patinaje. Yo era siempre primero una patinadora, y perder ambos, a Sergei y el patinaje, era más de lo que podía soportar&#8221;.</p>

	<p>La patinadora moscovita volvió a participar en el espectáculo <em>Stars on Ice</em>, pero, salvo en contadas ocasiones, no volvió a patinar acompañada. &#8220;Al principio estaba perdida en el hielo sin él. Tan sola. Estaba acostumbrada a agarrarme a él todo el tiempo, apoyarme en él, sentirlo cerca. Ahora tengo que sentir mis pies debajo de mi todo el tiempo porque no hay nadie ahí para agarrarme&#8221;.</p>

	<p>Ekaterina Gordeeva siguió girando regularmente con <em>Stars on Ice</em> hasta el año 2000. Después lo volvió a hacer de forma puntual. En 2001 dio a luz a su segunda hija, <strong>Elizaveta Ilinichna Kulik</strong>, hija del también patinador y campeón olímpico <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ilia_Kulik">Ilia Kulik</a>, con el que contrajo matrimonio en 2002.</p>

	<p>Más información:</p>

	<p><a href="http://www.gordeeva.com/english.shtml">Ekaterina Gordeeva y Sergei Grinkov</a><br />
Wikipedia (<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Ekaterina_Gordeeva">Ekaterina Gordeeva</a> y <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Sergei_Grinkov">Sergei Grinkov</a>)<br />
<a href="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/1988/02/18/pagina-35/1160903/pdf.html?search=gordeeva%20grinkov">La perfección existe&#8230; al menos en el patinaje</a><br />
<a href="http://sandriscu.blogspot.es/1270052580/">La triste historia de Katya y Sergei</a><br />
<a href="http://www.youtube.com/results?search_query=Gordeeva+Grinkov&amp;oq=Gordeeva+Grinkov&amp;aq=f&amp;aqi=g1&amp;aql=&amp;gs_sm=3&amp;gs_upl=182515l185675l0l186540l3l3l0l0l0l0l262l727l2-3l3l0">Vídeos de Ekaterina Gordeeva y Sergei Grinkov en youtube</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21937/katia-y-sergei-amor-y-muerte-en-la-pista-de-hielo</link>
		<pubDate>Wed, 15 Feb 2012 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Cuando el Dépor era súper</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2760t.jpg"  alt="Superdepor" /></div>Esta historia, este sueño, que culmina con el yerro de Djukic, arranca el 9 de junio de 1991. Aquel día el Deportivo de La Coruña se jugaba en Riazor el ascenso a la Primera División contra el Real Murcia. 18 años penando en categorías inferiores empezaban a ser excesivos para un equipo histórico, fundado en 1906. Era la última jornada de la temporada en la Segunda División y Deportivo y Murcia se jugaban en enfrentamiento directo una plaza de ascenso.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>La escena la hemos visto repetida mil veces. <strong>Miroslav Djukic</strong> coloca cuidadosamente el balón en el punto de penalti y se aleja dando pasitos hacia atrás, sin dejar de mirar la portería. Se detiene a la altura de línea frontal del área. Ahora se toca la nariz, después coloca los brazos en jarra, luego se lleva la mano nerviosamente a la boca. Respira hondo, como queriendo capturar en sus pulmones todo el aire de A Coruña. En su rostro se adivina la tensión, el miedo a fallar, el peso de la responsabilidad. Bajo palos, <strong>González</strong>, el guardameta valencianista. Djukic comienza la carrera. Uno, dos, tres, cuatro, cinco pasos y el pie derecho golpeando el balón demasiado flojo, demasiado centrado, demasiado inocente, demasiado mal. La siguiente imagen es la de González, sujetada la pelota con su brazo izquierdo y puño derecho al aire. Es el final de un sueño.</p>

	<p>Esta historia, este sueño, que culmina con el yerro de Djukic, arranca el 9 de junio de 1991. Aquel día el Deportivo de La Coruña se jugaba en Riazor el ascenso a la Primera División contra el Real Murcia. 18 años penando en categorías inferiores empezaban a ser excesivos para un equipo histórico, fundado en 1906. Era la última jornada de la temporada en la Segunda División y Deportivo y Murcia se jugaban en enfrentamiento directo una plaza de ascenso. Al Murcia le bastaba salir de Riazor con un empate, mientras que los gallegos necesitaban la victoria. Dos goles de <strong>Zoran Stodajinovic</strong> mandaron al Deportivo a la máxima categoría. En el equipo que formó aquella tarde ya estaban jugadores importantes en los siguientes años, como <strong>Albístegui</strong> y los hermanos <strong>Fran</strong> y <strong>José Ramón</strong>. También un joven central yugoslavo, sobrio, elegante y talentoso, que había llegado al equipo a mitad de temporada. Su nombre, claro, Miroslav Djukic.</p>

	<p>En el banquillo de aquel equipo se sentaba el gallego <strong>Arsenio Iglesias</strong>, un veterano entrenador curtido en mil batallas que ya había entrenado al Deportivo en otras etapas (había sido el responsable del anterior ascenso a Primera del equipo, en 1970). Una vez alcanzado el objetivo del ascenso, Arsenio decidió buscar sosiego apartándose de los banquillos, pasando a ocupar un cargo de asesor del presidente, <strong>Augusto César Lendoiro</strong>. Su puesto fue ocupado por <strong>Marco Antonio Boronat</strong>.</p>

	<p>Para afrontar el reto de la Primera División Lendoiro refuerza el equipo con jugadores como el delantero <strong>Claudio Barragán</strong>, procedente del Mallorca; el lateral <strong>López Rekarte</strong>, que apenas contaba para Cruyff en el Barça; el guardameta <strong>Paco Liaño</strong>, tras una formidable temporada en Segunda con el Sestao; el central <strong>Ribera</strong>, que había destacado en el Burgos; y los bulgaros <strong>Kiriakov</strong> y <strong>Kikov</strong>. Se pretendía alcanzar un equilibrio entre jóvenes talentosos y veteranos con experiencia en Primera, con el objetivo de intentar salvar los típicos apuros de cualquier equipo recién ascendido.</p>

	<p>No pudo evitar el Dépor, sin embargo, andar toda la temporada coqueteando con la parte baja de la tabla. A mediados de abril, tras una derrota contra el Albacete de <strong>Benito Floro</strong>, Boronat fue cesado, con el equipo en puestos de promoción. La directiva, buscando un revulsivo, decidió recurrir de nuevo a Arsenio como solución emergencia. El equipo finalmente terminó la campaña en el puesto 17º, obligado a jugar una promoción a doble vuelta contra el Betis para mantener la categoría. Un 2-1 en la ida en Riazor y un empate sin goles en el Benito Villamarín certificaban el objetivo. El Deportivo continuaría una temporada más en Primera.</p>

	<p>El verano de 1992 es crucial para el futbol coruñés. Lendoiro, decidido a cumplir la advertencia enunciada en forma de cántico ante miles de seguidores recién logrado el ascenso (“¡Barça, Madrid, ya estamos aquí!”), realizaba dos fichajes que habrían de cambiar el signo del equipo y, por ende, del fútbol español de la época: los brasileños <strong>Mauro Silva</strong> y <strong>Bebeto</strong>. Junto a ellos también llegaron <strong>Aldana</strong>, buscando las oportunidades que escaseaban en el Real Madrid, y el valencianista <strong>Nando</strong>. En el banquillo continuaría Arsenio.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2760.jpg" width="400" height="293" alt="Superdepor" /></center></p>

	<p>Un gran comienzo de temporada colocó al Dépor líder en la segunda jornada tras derrotar al Sevilla en el Sánchez Pizjuán. En la quinta jornada los deportivistas recibían como líderes al Real Madrid, entrenado entonces por Benito Floro. Dos goles de <strong>Hierro</strong> y <strong>Zamorano</strong> dejaban encauzado el partido para los blancos en el minuto 25. Sin embargo, el Deportivo no se rindió y Bebeto, por dos veces, perforó la portería de <strong>Jaro</strong>. A falta de ocho minutos para el final, y con el empate como un mal menor para ambos, un balón colgado al área madridista encontró un cabezazo inapelable de <strong>Ricardo Rocha</strong>, ante el que nada pudo hacer el meta blanco.</p>

	<p>El autogol de Rocha supuso el principio del fin como madridista del central brasileño, poco apreciado en la grada del Bernabéu, y un espaldarazo importante para el Deportivo, que empezaba a creerse que podía competir con los grandes. Acababa de nacer el Súper Dépor.</p>

	<p>El equipo gallego aguantó el pulso a los dos colosos, Madrid y Barcelona, hasta las últimas jornadas, en las que se desinfló. La Liga la acabaría ganando el Barça tras la segunda debacle consecutiva del Madrid en Tenerife y el Deportivo terminaría en el tercer puesto, con Bebeto como máximo goleador del campeonato.</p>

	<p>En su segunda temporada en la Primera División, el Deportivo había conseguido no sólo asentarse en la categoría sin pasar apuros, sino situarse en la élite, codeándose con Madrid y Barça. Un éxito rotundo, pero había que intentar subir un peldaño más. Para ello se fichó a <strong>Voro</strong>, <strong>Paco</strong>, <strong>Donato</strong>, <strong>Alfredo</strong>, <strong>Manjarín</strong> y <strong>Pedro Riesco</strong>, buscando dotar a la plantilla de la profundidad necesaria para afrontar Liga, Copa y Copa de la <span class="caps">UEFA</span>. </p>

	<p>Durante la temporada 1993/94 los aficionados deportivistas vivieron en una nube. El equipo fue líder durante gran parte de la campaña y llegó a la última jornada con un punto de ventaja sobre el Barcelona. Una victoria en Riazor frente al Valencia daría la victoria a los gallegos, mientras que el Barça sólo podía ganar al Sevilla en el Camp Nou y esperar el pinchazo del Deportivo.</p>

	<p>Pese a que el Sevilla se llegó a adelantar por dos veces en el marcador, los de Cruyff hicieron los deberes y terminaron ganando por 5-2. Mientras, en Riazor, el Deportivo se mostraba impotente y los minutos iban avanzando sin que el marcador se moviera. Cuando el árbitro señaló el final del encuentro en Barcelona todas las miradas se dirigieron a Riazor, con el balón aún en juego.</p>

	<p>Es entonces cuando este relato alcanza su cénit. Bebeto controla el balón dentro del área, de espaldas a portería, y se lo cede a Nando, que viene de cara. El rubio lateral se adentra en el área y tropieza con el pie del valencianista <strong>Serer</strong>. Penalti claro, que el colegiado no duda en señalar. Todo parece encajar como un cuento de hadas. En el último minuto la Cenicienta tiene en sus manos convertir el sueño en realidad. En Barcelona se comen las uñas, expectantes e impotentes, pendientes de la radio. Donato, el encargado habitual de lanzar los penaltis, había sido sustituido pocos minutos antes. Los ojos se posan entonces en Bebeto, la estrella del equipo, pero éste, huidizo, rehuye todas las miradas. En su cabeza pesan algunos penaltis fallados en jornadas recientes. Es Djukic entonces quien da el paso al frente. El resto es historia: desolación en Riazor y estallido de júbilo en el Camp Nou.</p>

	<p>El triste final de temporada no pesó en el ánimo deportivista la siguiente temporada. El equipo continuó en la misma línea, discutiéndole la Liga hasta el final a aquel Real Madrid de <strong>Valdano</strong> que ilusionó efímeramente a la afición blanca. Además, los de Arsenio fueron superando rondas en la Copa del Rey, plantándose en la final contra el Valencia. Aquel partido, disputado en el Santiago Bernabéu, tuvo que ser suspendido en el minuto 79 con empate a uno debido a una impresionante tromba de agua. Tres días después se jugaron los 11 minutos que restaban. Apenas se habían disputado un par de minutos de la reanudación del encuentro cuando un centro de Manjarín fue controlado con el pecho por Alfredo dentro del área, batiendo de cabeza a <strong>Zubizarreta</strong>. El Deportivo conseguía así el primer título de su historia y se desquitaba de la Liga perdida la temporada anterior. En 12 meses la tristeza se había tornado en felicidad. La Copa era el premio al esfuerzo de un club pequeño que se había atrevido a mirar de tú a tú a los grandes del fútbol español durante los últimos tres años.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/Y06gt-yVQUU" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Tras la victoria en la Copa, Arsenio abandonó la dirección del equipo, siendo el galés <strong>John Benjamin Toschak</strong> su sustituto. En las siguientes temporadas el Deportivo se consolidó como uno de los equipo potentes de la Primera División, alternando buenas temporadas con otras en las que se mantenía en la zona media de la tabla, a pesar de que Lendoiro seguía invirtiendo grandes cantidades en estrellas mundiales. Cada vez parecía más lejana la posibilidad de volver a rozar el título de Liga, hasta que en la temporada 1999/2000, seis años después del aciago penalti de Djukic, se consiguió. En el banquillo estaba <strong>Jabo Irureta</strong> y en el campo jugadores como <strong>Valerón</strong>, <strong>Djalminha</strong> y <strong>Makaay</strong>. También Fran, Mauro Silva y Donato, tres supervivientes de aquel Súper Dépor. Dos años después, en la campaña 2001/02, se repetía título de Copa, ganando en el Bernabéu al Real Madrid en el célebre <a href="http://www.youtube.com/watch?v=xkdfMyYTyvA">centenariazo</a>.</p>

	<p>Después de 20 años en la élite del fútbol español, el pasado mes de mayo el Deportivo, inmerso en problemas económicos, descendía a Segunda División. Quizás, <a href="http://www.abc.es/20110530/deportes-futbol/abci-entrevista-lotina-deportivo-201105300814.html">como apuntaba Lotina</a>, fuera ese el precio por aquellos felices días de vino y rosas, viviendo acaso por encima de sus posibilidades. Mientras tanto, seguro que en A Coruña los aficionados sueñan con otro ascenso, con otro penalti que decida la Liga en el último minuto, con otra Copa jugada bajo un diluvio con final feliz. En definitiva, con un nuevo Súper Dépor.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21771/cuando-el-depor-era-super</link>
		<pubDate>Sun, 15 Jan 2012 10:45:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>Kokichi Tsuburaya, el atleta que se cansó de correr</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="https://librodenotas.com/images/2706t.jpg" title="Franco Gemma" /></div>Los Juegos de Tokio, por tanto, suponían una oportunidad ideal para demostrar al mundo que Japón, superadas las dificultades, estaba preparada para llevar a cabo un evento de ese calibre. Si a nivel organizativo era importante demostrar la capacidad nipona, también lo era desde el punto de vista competitivo. Los deportistas japoneses tenían que estar a la altura del acontecimiento y exhibir ante el mundo la pujanza del país. Uno de esos atletas era <strong>Kokichi Tsuburaya</strong>.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>El 26 de mayo de 1959 el Comité Olímpico Internacional se reunía en Múnich para designar la sede de los <span class="caps">XVIII</span> Juegos Olímpicos que se habrían de disputar en 1964. La elegida, por amplia mayoría, por delante de Detroit, Viena y Bruselas, fue Tokio. La elección de la capital japonesa suponía un espaldarazo a un país que intentaba salir a flote tras una dura posguerra. Un pueblo herido y vencido que intentaba recuperar su orgullo y mirar hacia el futuro, dejando atrás tiempos dolorosos.</p>

	<p>Los Juegos de Tokio, por tanto, suponían una oportunidad ideal para demostrar al mundo que Japón, superadas las dificultades, estaba preparada para llevar a cabo un evento de ese calibre. Si a nivel organizativo era importante demostrar la capacidad nipona, también lo era desde el punto de vista competitivo. Los deportistas japoneses tenían que estar a la altura del acontecimiento y exhibir ante el mundo la pujanza del país. Uno de esos atletas era <strong>Kokichi Tsuburaya</strong>.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2706.jpg"  alt="Tokyo" /></center></p>

	<p><p>Tsuburaya tenía 24 años recién cumplidos cuando participó en los Juegos Olímpicos celebrados en su tierra natal. Había nacido en 1940 en Sukaguawa, una ciudad situada en el centro de la prefectura de Fukushima. Después de graduarse en la escuela secundaria, se alistó en 1959 en las filas de las <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Fuerzas_de_Autodefensa_de_Jap%C3%B3n">Fuerzas de Autodefensa de Japón</a>. Es en esa época cuando empieza a practicar el atletismo de forma profesional, a pesar de los problemas lumbares que le aquejaban y que serían constantes a lo largo de su carrera. Pronto mostró un talento especial para las carreras de fondo, por lo que comenzó a correr pruebas de 5.000 y 10.000 metros, para más tarde probar suerte en el maratón, que se reveló como su distancia idónea. Tsuburaya se convirtió en uno de los mejores fondistas de Japón y fue seleccionado para participar en las Juegos de Tokio, compitiendo en los 10.000 metros y el maratón.</p>

	<p>El 10 de octubre de 1964, <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Yoshinori_Sakai"><strong>Yoshinori Sakai</strong></a>, un muchacho de 19 años nacido en Hiroshima el mismo día que una bomba atómica arrasaba la ciudad, encendía el pebetero del Estadio Olímpico de Tokio, dando por inaugurados los Juegos.</p>

	<p>Cuatro días después de iniciada la competición, el 14 de octubre, se disputaba en Tokio la final de los 10.000 metros. Los favoritos eran el plusmarquista mundial <strong>Ron Clarke</strong>, el campeón en los Juegos de Roma <strong>Pyotr Bolotnikov</strong> y el neozelandés <strong>Murray Halberg</strong>, campeón de los 5.000 metros cuatro años antes. Tsuburaya aguantó en el grupo de cabeza hasta el kilómetro 6 y terminó sexto en una carrera que terminó ganando sorprendentemente el estadounidense <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Billy_Mills"><strong>Billy Mills</strong></a>, un indio sioux que era un completo desconocido en el atletismo mundial. La victoria de Mills se considera aún hoy una de las mayores sorpresas en la historia del atletismo y el olimpismo.</p>

	<p>Tsuburaya había realizado un papel más que digno en su primera actuación y aún tenía por delante el maratón, su displicina predilecta. No obstante, él no era la opción japonesa que contaba con más opciones de subir al podio, lugar reservado a <strong>Toru Terasawa</strong>, que un año antes había ostentado durante unos meses el récord mundial de la prueba.</p>

	<p>Los días se sucedían y las medallas iban cayendo para el país anfitrión. Lograron preseas en gimnasia, voleibol femenino, lucha, judo, halterofilia, boxeo, natación&#8230; Al último día de competición llegó Japón con 28 metales, pero con la espina clavada del atletismo. Desde los Juegos de Berlín, disputados en 1936, ningún atleta japonés se había subido al podio en el deporte rey de las Olimpiadas. Quedaba la última prueba del calendario, la disciplina olímpica por excelencia, el maratón, una especialidad en la que Japón siempre había sido una potencia.</p>

	<p>Los candidatos para la victoria eran el estadounidense <strong>Buddy Edelen</strong>, el británico <strong>Basil Heatley</strong>, que poseía la plusmarca de la especialidad, y <strong>Abebe Bikila</strong>, el atleta etíope que había asombrado a todo el mundo cuatro años antes ganando el maratón de los Juegos de Roma tras correr descalzo los 42 kilómetros y 195 metros. Sin embargo, Bikila era un incógnita, pues había sido operado de apendicitis sólo 40 días antes de la competición, cortando así su preparación. Esto abría el abanico de favoritos, donde entraban los ídolos locales <strong>Kenji Kimihara</strong>, Kokichi Tsuburaya y, sobre todo, Terasawa.</p>

	<p>A pesar de la convalecencia, Abebe Bikila, que esta vez sí corrió con zapatillas, no tuvo rival durante la carrera, demostrando una superioridad indiscutible. Pronto se destacó en solitario y entró al Estadio Olímpico, pasadas las tres de la tarde, aún con ritmo alegre y sin rictus de esfuerzo en su rostro. Su extraordinario tiempo fue de 2:12:12, batiendo el récord de Heatley en más de un minuto.</p>

	<p>Habían pasado más de cuatro minutos desde que Bikila entrara en el Estadio Olímpico cuando las 70.000 personas que lo abarrotaban se enardecieron al ver salir del túnel a uno de sus compatriotas. No era el favorito Terasawa, sino Kokichi Tsuburaya, con el número 77 en el pecho, el que pisaba en segundo lugar el tartán del estadio, mientras sus entusiasmados compatriotas le empujaban hacia la meta con sus gritos de ánimo. Inmediatamente detrás del atleta japonés hacía acto de presencia el británico Basil Heatle. La distancia entre ambos era de apenas unos pocos metros. Tsuburaya, jaleado por la afición, se esforzaba por mantener la ventaja. Entonces, en la última curva, el fondista británico cambió el ritmo, sacando fuerzas de sabe Dios dónde, y superó al japonés. Cuando enfilaron la recta final, Heatley ya le sacaba unos metros a un Tsuburaya exhausto, incapaz de remontar.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2707.jpg"  alt="Meta" /></center></p>

	<p><p>Kokichi Tsuburaya había ganado la medalla de bronce en el maratón olímpico, un hito para un país que volvía a pisar podio en el atletismo olímpico después de 28 años. Se convirtió en un héroe para el pueblo japonés, pero él no compartía aquella sensación.</p>

	<p>Su rostro circunspecto al cruzar la meta reflejaba el cansancio del momento, pero también la decepción por haber sido superado en la última curva, por no haber sido capaz de mantener esa medalla de plata que tenía al alcance de su pecho. Para su país y para el mundo había realizado una proeza, pero él no podía evitar sentirse frustrado y humillado, al haberse visto rebasado por un rival delante de su gente. Sentía que no había estado a la altura, que había defraudado a su pueblo. &#8220;He cometido un error imperdonable ante todo el país, me he confiado demasiado, y sólo obtendré el perdón si gano el oro en México 68&#8221;, le confesó a su compañero <strong>Kenji Kimihara</strong>.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2705t.jpg"  alt="Tokyo" /></center> </p>

	<p><p>Desde ese momento, Kokichi sólo tenía un objetivo en mente: el maratón de los Juegos de México. Las autoridades japonesas, conscientes del potencial del atleta, le impusieron un meticuloso entrenamiento y una férrea disciplina. Tuvo que alejarse de su familia y de su novia, con la que tenía previsto casarse en 1966, para dedicarse durante cuatro años en cuerpo y alma a una misión: ser campeón olímpico</p>

	<p>Fueron tiempos duros de preparación, sacrificio y reclusión. Todo marchaba conforme a lo previsto hasta que, a mediados de 1967, Tsuburaya empezó a ser víctima de problemas físicos. Su lumbago crónico se acentuó. Puede que fuera por la excesiva carga de ejercicios, puede que por el exceso de tensión y responsabilidad, el caso es que que Kokichi tuvo que pasar un par de meses en el hospital faltando menos de un año para la disputa de los Juegos. Cuando volvió a los entrenamientos, las sensaciones no podían ser peores. Había perdido la forma y su cuerpo no le respondía como él esperaba. Cada vez quedaba menos tiempo para el gran día y sus piernas, bloqueadas, se negaban a obedecer. Tanto tiempo de sacrificio podría haber sido en balde.</p>

	<p>El 9 de enero de 1968, Kokichi Tsuburaya no acudió a desayunar en el comedor de la concentración. Sus compañeros, extrañados por la ausencia, acudieron a su habitación. Lo que encontraron allí no lo olvidarán jamás. Kokichi yacía muerto, tras haberse seccionado la carótida con una cuchilla de afeitar. Una de sus manos inertes aferraba la medalla de bronce que había ganado tres años y medio atrás. Su nota de suicidio contenía un mensaje a a sus compañeros y entrenadores: “Siento mucho crear problemas a mis instructores. Os deseo éxito en México”. También recogía una confesión terrible: “Estoy demasiado cansado para correr más”.</p>

	<p>Apenas nueve meses antes de competir en los Juegos de México, Tsuburaya se cansó de correr. Se cansó de vivir. Se cansó de una presión excesiva y de unas expectativas desmedidas. Se cansó acaso de luchar contra un fantasma que le adelantaba en cada curva del tartán, ante una multitud expectante y entusiasta. Tenía sólo 27 años.</p>

	<p><strong>Fuentes de información:</strong></p>

	<p><a href="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/1968/01/10/pagina-17/940602/pdf.html" title="10/1/1964">Hemeroteca El Mundo Deportivo</a><br />
<a href="http://www.sports-reference.com/olympics/summer/1964/ATH/mens-marathon.html">Sport Reference</a><br />
<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/1964_Summer_Olympics">Wikipedia</a><br />
<a href="http://es.paperblog.com/honor-maraton-y-muerte-673244/">Honor, maratón y muerte</a><br />
<a href="http://blogs.as.com/carros-de-fuego/2010/10/tsuburaya-el-suicidio-de-un-bronce-ol%C3%ADmpico.html" title="Carros de Fuego">Tsuburaya: el suicidio de un bronce olímpico</a>”<br />
<a href="http://youtu.be/fN8D48UOlsI">Vídeo del Maratón de Tokio 1964</a></p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21596/kokichi-tsuburaya-el-atleta-que-se-canso-de-correr</link>
		<pubDate>Thu, 15 Dec 2011 08:37:47 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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		<title>El niño que dejó a España sin Mundial</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="https://librodenotas.com/images/2676t.jpg" title="Franco Gemma" /></div>Muchos aficionados al fútbol, sobre todo los más veteranos, conocerán la historia, pero es posible que a otros el nombre de <strong>Franco Gemma</strong> no les diga demasiado. Aunque no fallara un gol a puerta vacía, ni fracasara en su intento de atajar un escurridizo balón, ni errara un penalti decisivo, ni anulara incomprensiblemente un gol legal, hay una página dedicada a Franco Gemma en la historia negra de la selección española.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Muchos aficionados al fútbol, sobre todo los más veteranos, conocerán la historia, pero es posible que a otros el nombre de <strong>Franco Gemma</strong> no les diga demasiado. Aunque no fallara un gol a puerta vacía, ni fracasara en su intento de atajar un escurridizo balón, ni errara un penalti decisivo, ni anulara incomprensiblemente un gol legal, hay una página dedicada a Franco Gemma en la historia negra de la selección española, junto a las de <strong>Cardeñosa</strong>, <strong>Arconada</strong>, <strong>Eloy</strong>, <strong>Salinas</strong>, <strong>Raúl</strong>, <strong>Al-Ghandour</strong> y <strong>Joaquín</strong>. Una historia negra que hasta hace bien poco era el pan nuestro de cada día. Ahora que España es campeona del mundo y de Europa, envidia de todo el orbe futbolero, no conviene olvidar tiempos peores.</p>

	<p>Situémonos en antecedentes. En el Mundial de 1950, disputado en Brasil, la selección española había conseguido una meritoria cuarta plaza. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=pqiTZaG5fAs">El famoso gol de Zarra</a> contra Inglaterra clasificó a España para la segunda fase del campeonato, asegurando un lugar entre los cuatro mejores del mundo. Aunque en la ronda final se encajaría un 6-1 ante Brasil y sólo se lograría arrancar un empate contra Uruguay (a la postre campeona), la hazaña ya estaba lograda. El éxito del equipo de <strong>Zarra</strong>, <strong>Panizo</strong>, <strong>Gaínza</strong>, <strong>Basora</strong> y compañía significó una efímera alegría para un pueblo que intentaba salir de una dolorosa posguerra y andaba necesitado de ilusiones. Tampoco fue desaprovechada <a href="http://www.abc.es/blogs/mundial-2010/public/post/excelencia-hemos-vencido-a-la-perfida-albion-3832.asp">la victoria ante <em>la perfida Albión</em></a> por la dictadura franquista, que la utilizó para hacer un canto patriótico a la excelencia de la raza española.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2674.jpg"  alt="Zarra" /></center></p>

	<p><p>España no había participado en un Campeonato del Mundo desde 1934, cuando cayó ante la anfitriona Italia en cuartos de final. Debido a la Guerra Civil no jugó en 1938 y después la II Guerra Mundial interrumpió la celebración del torneo hasta 1950. La vuelta a la máxima competición, por tanto, se podía considerar todo un éxito.</p>

	<p>El siguiente Mundial se disputaría en 1954 en Suiza y había esperanzas en emular lo logrado cuatro años antes en Brasil. Para jugar la fase final, la selección española, entrenada por Luis Iribarren, debía primero superar una ronda de clasificación a doble partido contra Turquía, un equipo, en teoría, bastante inferior. En el cuadro español ya no estaban figuras como Zarra y Panizo, pero sí una de las estrellas del fútbol mundial del momento, <strong>Laszlo Kubala</strong>. El húngaro había llegado al F.C. Barcelona en 1951 y, tras un par de años de espera, había logrado la nacionalidad española. Era la tercera camiseta que Kubala defendía como internacional, puesto que ya había jugado con la selección de su Hungría natal y con la de Checoslovaquia, la patria de sus antepasados.</p>

	<p>El primer partido de la eliminatoria contra Turquía, disputado el 6 de enero de 1954, tuvo como marco el madrileño estadio de Chamartín (que poco después pasó a llamarse Santiago Bernabéu). Por problemas burocráticos, Kubala no pudo ser de la partida. La <span class="caps">FIFA</span> había acordado aceptar la alineación de jugadores nacionalizados en partidos oficiales siempre que llevaran al mínimo tres años en el país de acogida (como era el caso de Laszlo), pero la norma no entraría en vigor hasta el mes de febrero. Por tanto, el debut oficial del futbolista del Barcelona, que ya había jugado tres partidos amistosos con la camiseta roja contra Argentina, Chile y Suecia, tendría que esperar al partido de vuelta en tierras turcas, fechado para mediados de marzo.</p>

	<p>Cuentan las crónicas de la época que el partido de Chamartín fue aburrido y de fútbol rácano, con una selección turca encerrada atrás, dispuesta a mantener su puerta a cero para intentar decidir en el partido de vuelta en Estambul, y una España roma y sin chispa. A pesar de ello, no tardó en abrir el marcador la escuadra española en un remate del veterano jugador del Athletic Venancio, tras un centro de su compañero Gaínza. Corría el minuto trece. El gol fue contrarrestado en el minuto 31 por el turco <strong>Recep</strong>, batiendo de disparo cruzado al guardameta oviedista <strong>Argila</strong>, que jugó aquel día su único partido internacional.</p>

	<p>Nada más reanudarse el encuentro, dos goles de Gaínza y <strong>Miguel</strong> decidían prácticamente el partido. De ahí hasta el final, poca historia. Un tanto más, obra de <strong>Alsua</strong>, certificaba una victoria contundente pero poco convincente en cuanto al juego. 4-1 y a pensar en el partido de vuelta.</p>

	<p>Dos meses después, la selección viajó a Estambul dispuesta a firmar la clasificación para Suiza en un partido que ya sí podría disputar Kubala. España necesitaba al menos un empate para conseguir el pase, puesto que entonces la F.I.F.A. no contemplaba el <em>gol average</em>. Por tanto, una victoria turca, fuera cual fuera la diferencia de goles, enviaría la eliminatoria a un desempate en campo neutral. Aunque los turcos habían demostrado en la ida ser un grupo animoso, duro y resistente, la evidente superioridad técnica de España hacía inevitable seguir considerándola favorita indiscutible.</p>

	<p>Habían pasado 15 minutos desde que el balón echara a rodar en el estadio Midhat Pachá de Estambul cuando llegó el gol turco, en un remate del interior izquierdo <strong>Burham</strong>. A pesar del jarro de agua fría que había supuesto el tanto, el equipo de Iribarren tenía una hora y cuarto por delante para intentar recuperarse e igualar el marcador. España, sin embargo se vio desbordada durante el primer tiempo y, aunque en la reanudación se hizo con el control del juego, fue incapaz de crear peligro ante unos turcos que suplían con ardor su carencia de talento. La prensa no escatimó críticas ante el decepcionante juego de la selección. &#8220;Una derrota vegonzosa&#8221;, <a href="http://hemeroteca.lavanguardia.com/preview/1954/03/16/pagina-22/32786446/pdf.html">titulaba La Vanguardia su crónica</a>. “Solo los defensas cumplieron como futbolistas y como españoles”, <a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1954/03/16/027.html">subtitulaba elocuentemente <span class="caps">ABC</span></a>, dejando claro que centrocampistas y delanteros no se habían comportado como españoles de bien. Tampoco se libró el seleccionador: “Iribarren, sumido en un mar de confusiones”.</p>

	<p>La victoria turca hacía necesario un partido de desempate, que la F.I.F.A. decidió que tuviera lugar tres días después en Roma.</p>

	<p>Con el ánimo decaído por la derrota, la delegación española viajó al día siguiente directamente a la capital italiana desde Estambul, previa escala en Atenas. La superioridad presupuesta ya no era tan evidente, aunque España continuaba siendo favorita. Jugadores y cuerpo técnico tenían 90 minutos por delante para sacar el pasaporte a Suiza e intentar mejorar el logro que Zarra y compañía habían conseguido cuatro años antes. La alternativa era quedarse en España conociendo los resultados del Mundial por la radio o el <span class="caps">NODO</span>.</p>

	<p>Poco antes de comenzar el encuentro de Roma sucedió algo que aún hoy no se ha esclarecido por completo. La delegación española recibió un telegrama remitido por la F.I.F.A. con un enigmático texto: <em>“Attention equipe espagnole situation jouer Kubala”</em>. La Federación Española interpretó el escueto mensaje como una prohibición de alinear al futbolista hispano-húngaro y éste, que ya se encontraba vestido de corto y presto para saltar al campo, tuvo que presenciar el partido desde la grada, ocupando su lugar en el once el valencianista <strong>Pasieguito</strong>.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2675.jpg"  alt="Kubala" /></center></p>

	<p><p>Mucho se ha escrito sobre aquel telegrama y nada hay claro. Parece que existía una denuncia sobre la situación de Kubala por parte de la federación húngara, que años antes había suspendido al jugador a perpetuidad. Por parte de Turquía no hubo protesta alguna y la F.I.F.A., más tarde, negó que ese telegrama hubiera sido obra suya. Un asunto turbio que, mucho nos tememos, jamás verá la luz. Posteriormente Kubala no tuvo problemas para seguir jugando con la selección, cuya camiseta defendió hasta 1961.</p>

	<p>Lo cierto es que el equipo español saltó al campo del Olímpico de Roma sin su jugador más determinante, lo cual, merma futbolística aparte, suponía un golpe psicológico importante. No obstante, los jugadores empezaron dominando el partido, decididos a solventar cuanto antes, y a los 11 minutos Arteche adelantaba a España en el marcador. A partir de ese momento Turquía fue ganando la iniciativa, hasta que un tanto de Burham devolvió las tablas en el minuto 26.</p>

	<p>A los 17 minutos de iniciarse la segunda parte se adelantó Turquía por mediación de Suad. Los otomanos habían dado la vuelta al marcador y la sombra de la eliminación empezaba a planear sobre el combinado español, que tenía algo menos de media hora para arreglar el desaguisado. Era preciso igualar la contienda cuanto antes y España inició un ataque angustioso contra el reloj que culminó con el gol de <strong>Escudero</strong>, aprovechando un rechace tras un saque de esquina. El 2-2 no se movió hasta el minuto 90 y el partido se fue a los 30 minutos de prórroga, que tampoco sirvieron para alterar el marcador.</p>

	<p>En aquellos tiempos la F.I.F.A. aún no contemplaba la posibilidad de recurrir a una ronda de penaltis para resolver los empates, por lo que la decisión quedó en manos del azar, en un desenlace lleno de emoción y dramatismo. Los federativos españoles intentaron forzar un segundo partido de desempate, pero el reglamento de la <span class="caps">FIFA</span> en este caso era tajane: “Si el tercer encuentro, con prórrogas de dos tiempos de quince minutos cada uno, no decide el resultado, el vencedor será designado por sorteo al terminar el partido, en presencia de un delegado de la Comisión organizadora”. Media hora después de concluida la prórroga, mientras los jugadores aguardaban expectantes la resolución en los vestuarios, en la sala de prensa del Estado Olímpico tenía lugar el sorteo: dos papelitos bien doblados, un recipiente de cobre a modo de urna y una mano inocente, la de un niño que pasaba por allí, hijo de un trabajador del Estadio Olímpico. El <em>bambino</em>, de nombre Franco Gemma, con los ojos vendados, introdujo la mano en la improvisada urna y sacó uno de los papeles. En él había escrita una palabra: Turquía.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2676.jpg"  alt="Franco Gemma" /></center></p>

	<p><p>Las críticas ante la inesperada derrota frente a una selección de segunda fila aceleraron la marcha, pocos días después, de Sancho Dávila, presidente de la Federación, y del seleccionador Iribarren, cuyo pobre papel al frente de la selección había sido muy censurado.</p>

	<p>La mano inocente de Franco Gemma había dejado a España sin Mundial. No volvería a disputar uno hasta 1962, en Chile. El cuarto puesto de 1950 fue durante décadas la mejor actuación lograda en un Campeonato del Mundo. Hasta que una noche de julio en Johannesburgo un tal Andrés Iniesta mandó de un zapatazo al limbo una historia negra que ya olía a rancio.</p>

	<p><em>Nota</em>: Para la elaboración de este texto he contado con la inestimable ayuda de las hemerotecas de los diarios <a href="http://hemeroteca.abc.es/"><span class="caps">ABC</span></a>, <a href="http://www.lavanguardia.com/hemeroteca/">La Vanguardia</a> y <a href="http://hemeroteca.mundodeportivo.com/">El Mundo Deportivo</a>, así como de la web de estadísticas <a href="http://futbol.sportec.es/">Sportec</a>.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21424/el-nino-que-dejo-a-espana-sin-mundial</link>
		<pubDate>Tue, 15 Nov 2011 09:00:22 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	<item>
		<title>Persiguiendo el récord de Beamon</title>
		<description><![CDATA[<p>Así se llegó al 30 de agosto de 1991. Ese día se disputaba en Tokio la final del concurso de longitud del Mundial de atletismo. Lewis era el indiscutible favorito, por más que sus compatriotas Larry Myricks y <strong>Mike Powell</strong> intentaran ponérselo difícil. Myricks era un veterano de 35 años acostumbrado a escoltar a Lewis en el podio, mientras que Powell era un gran saltador, con una mejor marca de 8,66, pero sus prestaciones en la alta competición nunca eran las mejores.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Una atmósfera enrarecida se respiraba la tarde del 18 de octubre en el Estadio Olímpico Universitario de Ciudad de México. Una atmósfera cargada y húmeda que amenazaba con descargar tormenta en cualquier momento. Eran las cuatro menos cuarto de la tarde y <strong>Bob Beamon</strong> se disponía a realizar su primera tentativa en la final del concurso de salto de longitud de los Juegos Olímpicos de 1968. El día anterior, en la ronda de clasificación, Beamon se había colado a última hora en la final con un último salto de 8,19 metros, después de dos nulos que lo habían puesto contra los cuerdas. En el tercer y último salto ni siquiera pisó la tabla, temeroso de arriesgar y quedarse fuera de la final. Demasiados nulos: ese era el gran problema de Beamon, saltador físicamente privilegiado pero con ciertos problemas en la técnica de salto.</p>

	<p>A pesar de estas dificultades y de no poseer el récord del mundo &#8212;en poder simultáneamente de <strong>Igor Ter Ovanesian</strong> y <strong>Ralph Boston</strong>, dos de sus rivales en la final de México, con 8,35 metros &#8212;, Beamon era el favorito en aquel concurso. Su mejor marca era de 8,33, pero, pese a su irregularidad, era el saltador más dotado y había vencido en 22 de las 23 competiciones en las que había participado en la temporada. En cualquier caso, nadie podía presagiar lo que estaba a punto de ocurrir.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2592.jpg" alt="Beamon"></center></p>

	<p><p>Beamon inició la carrera para su primer salto. Tras diecinueve zancadas y una batida perfecta se mantuvo en el aire durante un tiempo que pareció interminable y cayó lejos, muy lejos. Demasiado lejos. Beamon se incorporó del foso sabiendo que había realizado un magnífico salto. Todo el estadio era consciente de ello. Ahora sólo cabía esperar para conocer la magnitud real. Primer requisito: el salto había sido válido. Beamon, tantas veces negado a la hora de coger tabla, lo había hecho esta vez a la perfección. Segundo requisito: el viento, favorable, estaba en el límite de lo permitido para que la marca pudiera ser reconocida: 2 metros por segundo. El sistema óptico utilizado para la medición no estaba preparado para un salto tan largo y hubo que recurrir a un sistema manual, la típica cinta. Los jueces midieron, durante unos interminables instantes, una y otra vez, asegurándose de que el dato que la cinta arrojaba no era erróneo. Cuando por fin apareció la cifra en los marcadores el estadio entero quedó boquiabierto y Beamon estalló en un ataque mezcla de júbilo y nervios. No sólo había superado el récord mundial, algo relativamente esperable, sino que lo había hecho en nada menos que 55 centímetros. 8,90 era la prodigiosa marca.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/GPzm1u5vzVM" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Después del impresionante salto, Beamon sólo volvió a realizar otro intento esa tarde, un discreto 8,04. Apareció la lluvia y deslució el resto de la final. Daba igual. El Estadio Olímpico de Ciudad de México acababa de ser testigo de uno de los momentos cumbres de la historia del deporte.</p>

	<p>Una serie de factores probablemente irrepetibles &#8212;la altitud de Ciudad de México, unas condiciones atmosféricas idóneas, un viento favorable justo en el límite de lo legal, la tremenda rapidez de la pista mexicana (durante los Juegos se batieron todos los récords mundiales de velocidad posibles), un gran atleta en un momento dulce&#8212; habían propiciado un salto inimaginable que agotó los adjetivos. Estratosférico, sideral, prodigioso. “Comparado con este salto, nosotros somos niños”, declaró el ruso Igor Ter Ovanesyan, cuarto en aquella final, tras ver cómo se esfumaba su récord. “Un salto del siglo XXI”, convenían todos los especialistas. No hubo que esperar hasta el cambio de siglo para ver a un atleta saltar tan lejos como Beamon, pero no faltó demasiado. </p>

	<p>Lo cierto es que durante muchos años el récord de Beamon fue una inalcanzable cifra en el lejano horizonte. Ni el propio Beamon –8,22 fue su mejor salto después de México&#8212;, ni ningún otro atleta pudo acercarse durante largo tiempo. Hubo que esperar once años para que un hombre sobrepasara el metro y medio. Fue el estadounidense <strong>Larry Myricks</strong> en la Copa del Mundo de Montreal de 1979. La marca, 8,52, aún estaba a una distancia enorme del récord. Un año después, en los Juegos de Moscú, el alemán oriental *Lutz Dombrowski* sobrepasaba en un par de centímetros el salto de Myricks. Marcas de púberes aún, según el baremo de Ovanesyan.</p>

	<p>De no haber sido por el boicot estadounidense a los Juegos de Moscú, en aquella final que coronó a Dombrowiski podría haber participado un prometedor atleta estadounidense de 19 años, que compaginaba las pruebas de velocidad con el salto de longitud. Aunque <strong>Carl Lewis</strong>, que ese era el nombre del joven saltador, aún tenía una mejor marca de apenas 8,11 metros, había sido seleccionado en el equipo estadounidense de salto de longitud que debía viajar a Moscú. La renuncia de Estados Unidos evitó que el atleta de Santa Mónica disputara su primera competición de alto nivel.</p>

	<p>Lewis era un saltador con un gran potencial en 1980, pero aún una incógnita. Sin embargo, su estallido no tardó en producirse. El 20 de junio de 1981, un salto de 8,62 lo convirtió en el segundo hombre que más lejos había volado en la historia. Tenía solamente 20 años. Un año después mejoró en 14 centímetros su marca, propulsándose hasta los 8,76 metros, y en 1983 un nuevo bocado de tres centímetros situaba su récord personal en unos extraordinarios 8,79.</p>

	<p>Con 22 años, Lewis se había acercado a sólo 11 centímetros de la plusmarca de Beamon. Dado su talento, su juventud y su meteórica evolución parecía evidente que el mítico récord estaba al caer. Sólo era cuestión de tiempo. </p>

	<p>1984 fue el año triunfal de Lewis, el año en que emuló a Jesse Owens ganando cuatro oros en Los Ángeles. Su mejor salto al aire libre aquel año fue precisamente el 8,71 de la final de los Juegos, aunque es pista cubierta saltó 8,79, marca que aún hoy permanece como récord mundial bajo techo. Sin embargo, en los siguientes años su progresión se detuvo. Aunque Lewis seguía coleccionando medallas de oro en la especialidad (Mundial Helsinki 83, <span class="caps">JJOO</span> Los Ángeles 84, Mundial Roma 87, <span class="caps">JJOO</span> Seúl 88), sus marcas se quedaron estancadas.</p>

	<p>No es fácil diagnosticar la causa del bloqueo de Lewis en el salto de longitud cuando parecía que no existía techo para él. Puede que hubiera encontrado su límite en la especialidad a una edad temprana. Puede que, a falta de rivales de carne y hueso, la lucha contra un fantasma no le motivara lo suficiente. Quizás le hubiera hecho falta en la longitud un Ben Johnson que le aportara una motivación extra.</p>

	<p>¿Realmente no tenía rival? Si bien es cierto que en competición directa así era (no perdió un concurso desde 1981 hasta 1991), sí hubo un atleta que le hizo sombra, aunque fuera sólo puntualmente. El entonces soviético &#8212;después armenio&#8212; <strong>Robert Emmiyan</strong> logró en 1987 un salto de 8,86, superando así a Lewis y quedándose a sólo cuatro centímetros de la plusmarca. El salto, ejecutado en la altitud de la desconocida ciudad armena de Tsakhkadzor, aún hoy sigue rodeado de un halo de sospecha.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/ykekeh90IXg" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Los años pasaban y Lewis no lograba superar los 8,79 logrados en 1983. El récord de Beamon cada vez parecía más lejano. Así se llegó al 30 de agosto de 1991. Ese día se disputaba en Tokio la final del concurso de longitud del Mundial de atletismo. Lewis era el indiscutible favorito, por más que sus compatriotas Larry Myricks y <strong>Mike Powell</strong> intentaran ponérselo difícil. Myricks era un veterano de 35 años acostumbrado a escoltar a Lewis en el podio, mientras que Powell era un gran saltador, con una mejor marca de 8,66, pero sus prestaciones en la alta competición nunca eran las mejores.</p>

	<p>Aquella tarde, sin embargo, Lewis no competía contra Powell, y mucho menos contra Myricks. Su verdadero rival hacía muchos años que se había retirado de la pista. Lewis competía contra un mito, Bob Beamon, y contra un salto portentoso de 23 años de edad. La cita de Lewis era con la historia del deporte. O al menos ese era el guión que parecía estar escrito. Sucede que al travieso guionista de esta historia se le ocurrió cambiar el final y el desenlace no fue exactamente el imaginado.</p>

	<p>La atmósfera que se respiraba en la capital japonesa recordaba en cierta medida a la de Ciudad de México 23 años antes. Cuando los participantes en la final saltaron a la pista, parecía que la tormenta podía desatarse en cualquier momento. Aunque las condiciones de la capital nipona &#8212;situada a nivel del mar, a diferencia de los 2.240 metros de la capital mexicana&#8212; no eran las ideales para pensar en plusmarcas, en las jornadas precedentes se había demostrado la extraordinaria rapidez de la pista donde se disputaba el Mundial. El propio Lewis había batido el récord del mundo de los 100 metros lisos cinco días antes. Por tanto, la ecuación que se adivinaba de cara a la final de salto de longitud era fácil de formular. A un lado, dos sumandos: una pista rapidísima y un Lewis en un estado de forma óptimo. Al otro lado de la igualdad debía aparecer la cifra soñada: 8,90.</p>

	<p>Carl Lewis mostró pronto sus intenciones. Su primer salto ya se fue hasta los 8,68 metros. Una marca notable, que le habría bastado para ganar en Helsinki, Los Ángeles, Roma o Seúl. Tras un nulo en su segundo intento, realizó un salto impresionante, el mejor de su vida hasta ese momento: 8,83. Sólo faltaban siete centímetros para el récord. En el ambiente flotaba que algo grande estaba a punto de suceder. </p>

	<p>Lewis se dispuso entonces para su cuarto intento. Un vuelo larguísimo, en el que se fue hasta 8,91. Por fin había superado la marca de Beamon, pero el viento a favor por encima de lo legal (+2,9 m/s) invalidaba la marca. Dado que los saltos ventosos no contabilizan para el ranking pero sí para competición, Lewis tenía el oro asegurado con el 8,91. A no ser que ocurriera algo realmente extraordinario.</p>

	<p>Y extraordinario fue que Mike Powell, el convidado de piedra al festín de Lewis, se rebelara contra su destino. Hasta ese momento, Powell se había mantenido en el concurso a la sombra de Lewis, ocupando un discreto segundo plano. Su bagaje era un pobre 7,85, un considerable segundo salto de 8,54, un discreto 8,29 en el tercero y un nulo en el cuarto. Fue entonces cuando se sacó de la manga un salto estratosférico, en el que se voló más allá de lo que Lewis había hecho jamás, más allá de lo que Beamon voló en México, más allá que cualquier otro hombre en la historia. 8,95 era la nueva plusmarca mundial.</p>

	<p>El mazazo para Lewis había sido tremendo, pero le quedaban dos saltos para intentar la proeza. Atendiendo a lo acontecido hasta entonces, no parecía en absoluto una utopía. En su quinta tentativa, Lewis volvió a hacer un salto formidable, impulsándose hasta 8,87, esta vez con viento ligeramente contrario. Toda la emoción y la atención del mundo se concentraban sobre el foso de saltos del Estadio Olímpico de Tokio antes de que Lewis realizara su sexto y último intento. La estampa de Powell, resoplando, con el rostro descompuesto y la mano en el pecho, como queriendo contener a un corazón que latía desbocado, era estremecedora. El salto de Lewis fue, una vez más, tremendo, pero insuficiente: 8,84.</p>

	<p><iframe width="420" height="315" src="http://www.youtube.com/embed/qvseUEAVLlw" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>El concurso de Lewis, con cuatro saltos extraordinarios por encima de 8,80, fue impecable, pero Powell había realizado el salto definitivo. Mirándolo con perspectiva, el concurso de Tokio se puede ver como un resumen de la carrera de Lewis como saltador. Capaz de volar muchas veces muy lejos, a Lewis le faltó un salto concluyente que lo mandara definitivamente al olimpo. Todos los entendidos consideraban que ese salto estaba a su alcance, pero cuando éste se presentó fueron otras piernas las que eligió como compañeras de por vida. </p>

	<p>Beamon y Powell hicieron sendos saltos extraordinarios en dos momentos cumbres de sus respectivas carreras, pero carecieron de la regularidad que durante más de una década tuvo Carl Lewis. Por cantidad de grandes saltos, por constancia en la élite, no cabe duda de que Lewis es el mejor saltador de longitud de la historia. Durante años persiguió el récord de Beamon, pero éste le fue esquivo. Nunca lo tuvo más cerca que aquella tarde de agosto en Tokio, en el mejor concurso de longitud de todos los tiempos. Debe de ser devastador comprobar cómo otro, delante de tus narices, conquista aquello que tú llevas largo tiempo cortejando. Carl Lewis aún seguiría unos cuantos años en la élite de la longitud &#8212;ganaría el oro en Barcelona 92 y Atlanta 96, éste último ya con 35 años &#8212;, pero ya no se acercaría a las sensacionales marcas conseguidas en Tokio, ya nunca volvería a rozar la plusmarca mundial. El tren había pasado por la capital nipona y él se había quedado en el andén en el último momento, viendo como otro ocupaba su asiento en el vagón de la historia.</p>

	<p>Más información:</p>

	<p><a href="http://blogs.diariovasco.com/index.php/airelibre/2011/07/01/carl_lewis_volador" title="Al aire libre">Carl Lewis volador</a></p>

	<p><a href="http://blogs.diariovasco.com/index.php?blog=1577&amp;p=26016&amp;more=1&amp;c=1&amp;tb=1&amp;pb=1" title="Al aire libre">Quién mató a Bob Beamon</a></p>

	<p><a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Carl_Lewis">Wikipedia: Carl Lewis</a></p>

	<p><a href="http://www.elatleta.com/foro/showthread.php?109943-Bob-Beamon" title="foro elatleta.com">Bob Beamon</a></p>

	<p><a href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/LEWIS/_CARL/POWELL/_MIKE_/ATLETA/BEAMON/_BOB/Powell/acaba/23/anos/leyenda/Beamon/elpepidep/19910831elpepidep_10/Tes" title="El País">Powell acaba con los 23 años de leyenda de Beamon</a></p>

	<p><a href="http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1991/08/31/071.html" title="ABC">Mike Powell borró de la arena del tiempo la mítica marca de Beamon en el salto de longitud</a></p>

	<p>Vídeo completo de la final Powell – Lewis en Tokio 91. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=iG3y9IU8M5U">Parte 1</a>. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=RJ5Rmjr2Ew0">Parte 2</a>. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=u2fFZ8TSaTU">Parte 3</a>. <a href="http://www.youtube.com/watch?v=qSkZyyY5GUA">Parte 4</a></p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21234/persiguiendo-el-record-de-beamon</link>
		<pubDate>Sat, 15 Oct 2011 09:00:53 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>El sueño checo roto por el gol de oro</title>
		<description><![CDATA[<p>“Fotball&#8217;s coming home”, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=4QIAv2EoIP0">cantaban Lightning Seeds</a> en el estribillo de <em>Three Lions</em> hace quince años. Y así era: el fútbol, cual hijo pródigo, volvía a casa después de muchos años. Desde el lejano Mundial de 1966 no se había celebrado una competición futbolística de selecciones de alto nivel en la tierra donde el balompié vio la luz. Inglaterra era una fiesta en junio de 1996. </p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>El hijo pródigo</strong></p>

	<p>“Fotball&#8217;s coming home”, <a href="http://www.youtube.com/watch?v=4QIAv2EoIP0">cantaban Lightning Seeds</a> en el estribillo de <em>Three Lions</em> hace quince años. Y así era: el fútbol, cual hijo pródigo, volvía a casa después de muchos años. Desde el lejano Mundial de 1966 no se había celebrado una competición futbolística de selecciones de alto nivel en la tierra donde el balompié vio la luz. Inglaterra era una fiesta en junio de 1996. El país se disponía a recibir a las mejores selecciones del continente para la disputa de la Eurocopa y la estupenda canción del grupo de Liverpool serviría como himno oficial para animar al equipo local.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2578.jpg" alt="Black Power"></center></p>

	<p><p>La selección anfitriona, dirigida por <strong>Terry Venables</strong>, era una de las grandes favoritas del torneo. Tras 30 años de sequía, era el momento de que los fundadores reivindicaran el lugar de privilegio que les debía corresponder. Jugadores como <strong>Paul Ince</strong>, <strong>David Platt</strong>, un prometedor <strong>Steve McManaman</strong>, el goleador <strong>Alan Shearer</strong> o el genial e imprevisible <strong>Paul Gascoigne</strong> avalaban la candidatura local. En el mismo grupo de Inglaterra estaba encuadrada la talentosa selección holandesa, formada por la base del formidable Ajax de <strong>Louis Van Gaal</strong> que deslumbraba en Europa a mediados de los 90. Entre las favoritas también contaban Francia, pese a la controvertida decisión de <strong>Aimé Jacquet</strong> de dejar fuera a dos enormes talentos como <strong>Cantona</strong> y <strong>Ginola</strong>; la compacta España de <strong>Clemente</strong>, siempre a la espera del salto definitivo; Croacia, con <strong>Prosinecki</strong>, <strong>Boban</strong> y <strong>Suker</strong> supurando talento a chorros; y Portugal, que acudía con la maravillosa generación de <strong>Figo</strong>, <strong>Rui Costa</strong>, <strong>Fernando Couto</strong>, <strong>Paulo Sosa</strong> y <strong>Joao Pinto</strong>. Y, por supuesto, había que contar con Italia y Alemania, sempiternas potencias europeas y aspirantes al máximo allá donde jueguen.</p>

	<p>Entre todos estos gigantes futbolísticos aparecía una modesta selección que debutaba en una competición de alto nivel. Tres años antes, en 1993, se había producido la división de Checoslovaquia, resultando de ella la aparición de dos repúblicas: Chequia y Eslovaquia. La Eurocopa de Inglaterra suponía el estreno a nivel internacional de la débil selección de fútbol checa, que se presentaba como víctima propiciatoria dentro del temible grupo C, donde estaban encuadradas las inaccesibles Italia y Alemania. Si alguien había de dar la sorpresa en el grupo, ese lugar estaba reservado a la Rusia de <strong>Karpin</strong>, <strong>Onopko</strong> y <strong>Mostovoi</strong>, nunca a los desconocidos checos. Todo lo que fuera no quedar eliminados a las primeras de cambio sería considerado una sorpresa.</p>

	<p><strong>La sorpresa checa</strong></p>

	<p>La selección que entrenaba el veterano <strong>Dusan Uhrin</strong> estaba configurada en su mayoría por futbolistas muy jóvenes que jugaban en la liga de su país, principalmente en las filas de los dos grandes equipos de la capital, el Sparta (<strong>Nedved</strong>, el guardameta <strong>Kouba</strong>) y el Slavia de Praga (<strong>Poborsky</strong>, <strong>Bjbel</strong> , <strong>Smicer</strong>). De este club había salido un año antes, camino del Borussia Dortmund, <strong>Patrik Berger</strong>, la más firme promesa entonces del fútbol checo a sus 22 años. Un par de años más tarde todos estos jugadores estaban diseminados por todo el continente y eran sobradamente conocidos en el concierto internacional, pero en 1996 aún eran perlas por descubrir.</p>

	<p>Completaban el plantel, arropando a esta cuadrilla imberbe, aportando veteranía y galones, había algunos hombres curtidos en la Bundesliga: el interior <strong>Jiri Nemec</strong> (30 años), enrolado desde 1993 en las filas del Shalke 04; el central <strong>Miroslav Kadlec</strong> (31), en el Kaiserlautern desde 1990, y el delantero <strong>Pavel Kuka</strong> (27 años), también en el Kaiserslautern desde 1994.</p>

	<p>El debut checo, frente a los alemanes, no se salió del guión previsto. En media hora los germanos ya habían marcado dos goles y matado el partido ante los tímidos checos. En el otro partido del grupo Italia ganaba a Rusia. Todo parecía en orden. El siguiente encuentro enfrentaba al equipo de Uhrin con Italia, uno de los favoritos de la competición, con el mítico <strong>Sacchi</strong> en el banquillo. Una previsible derrota dejaría a los checos sin opciones y convertiría el postrero partido contra Rusia en intrascendente. Apenas habían pasado cuatro minutos desde el pitido inicial cuando Nedved adelantaba a su equipo. Un espejismo, pensaron sin duda en ese momento todos los que presenciaban el encuentro. Un accidente, debió de pensar Sacchi, que había reservado a su estrella <strong>Zola</strong>. En el minuto 18, Chiesa devolvía tablas y cordura al marcador, pero a 10 minutos del descanso Bejbl volvía a desatar la locura checa. A partir de ahí, un infructuoso quiero y no puedo de una Italia mermada por la temprana expulsión de <strong>Apolloni</strong>. La victoria infundía esperanzas en el bloque de Uhrin y ponía en serios aprietos a los de Sacchi.</p>

	<p>La última jornada del grupo fue de infarto. Para pasar a cuartos, Chequia debía vencer a Rusia, virtualmente eliminada. El empate incluso bastaba, siempre que los italianos no ganaran su partido frente a Alemania. Los dos encuentros, jugados a la misma hora, tuvieron desarrollos opuestos. Mientras Italia veía pasar los minutos sin ser capaz de perforar la meta alemana, a pesar de su manifiesto dominio, la República Checa cobraba rápidamente una renta notable (2-0 en el descanso) y la desperdiciaba con la misma facilidad (2-2 a los 9 minutos de la reanudación). Así las cosas, a cinco minutos del final, <strong>Beschastnykh</strong> adelantaba a los rusos (2-3) en lo que parecía el desenlace definitivo. Las manecillas del reloj se acercaban inexorables al minuto 90 cuando Smicer, que había saltado al campo unos minutos antes, lograba el empate, mandando a su selección a cuartos y a los italianos de vacaciones.</p>

	<p><strong>La boda</strong></p>

	<p>Con su gol, Smicer se había convertido en héroe nacional, pero le había surgido un problema personal. No debía de tener el delantero checo mucha confianza en el futuro de su selección, pues había fechado su boda para el día 21 de junio, justo después de concluida la primera fase y antes de los cuartos de final. Ante los nuevos acontecimientos, la fecha tuvo que ser pospuesta una semana.</p>

	<p>El rival en cuartos sería Portugal, un equipo tan desbordante de talento como escaso de pegada. Una deliciosa vaselina de Poborsky a los 8 minutos de la segunda parte fue suficiente para sellar el pasaporte a semifinales, donde esperaba Francia. El partido con los galos fue discreto, con más control que fútbol y más miedo que audacia. 120 minutos no bastaron para alterar el 0-0 y se llegó a la tanda de penaltis. Ahí todos los lanzadores fueron cumpliendo con su cometido hasta que, en el sexto lanzamiento, <strong>Pedrós</strong> falló. <strong>Zidane</strong> y compañía tendrían que esperar dos años para triunfar, mientras Chequia, contra todo pronóstico, estaba en la final de Wembley. La cenicienta estaba a punto de convertirse en princesa.</p>

	<p>Una semana después, Smicer se encontraba con el mismo problema, pues había retrasado la boda hasta el 28, justo dos días antes del gran partido. El jugador, antes de la semifinal, había instado a su seleccionador a que, en caso de superar el partido contra Francia, le dejara volar a Praga para casarse y volver para disputar la final. Uhrin accedió y, una vez superada la semifinal, no tuvo más remedio que cumplir su promesa y permitir a su jugador el viaje relámpago. Smicer, con los cinco puntos de sutura en la cabeza que <strong>Thuram</strong> le había dejado como regalo de bodas en la semifinal, voló la noche previa hasta Praga, contrajo matrimonio el viernes 28 por la mañana y volvió a Londres para disputar la final del domingo. La noche de bodas y el viaje de novios tendrían que esperar un par de días.</p>

	<p><strong>El gol de oro</strong></p>

	<p>Aunque no era ya el temible equipo de los 70 y 80, Alemania era clara favorita en la final, más aún tras derrotar a los anfitriones en semifinales. No era una selección sobrada de talento, sobre todo tras la baja para la final del sancionado <strong>Möller</strong>, pero sí más experimentada. La jerarquía en defensa de <strong>Sammer</strong>, el olfato de gol de <strong>Klismann</strong> y el talento de <strong>Hässler</strong> y el juvenil <strong>Mehmet Scholl</strong> en el centro del campo debían de alcanzarle para lograr la victoria. Sin embargo, los animosos checos empezaban a creer en el milagro. Dos antecedentes invitaban al optimismo. Por un lado, la final de la Eurocopa disputada 20 años antes en Yugoslavia, donde los alemanes eran también favoritos y una genialidad de <strong>Panenka</strong> destrozó las quinielas. Por otro, la sorpresa danesa de 1992, ganando el campeonato casi sin entrenar, con victoria en la final precisamente ante Alemania.</p>

	<p>Como casi todas las finales, el encuentro tuvo altas dosis de emoción pero un juego espeso y vulgar. Empezaron dominando los alemanes, con Chequia agazapada atrás, buscando un contragolpe certero. Con la cercanía del descanso, los checos se empezaron a estirar y a los 14 minutos del segundo tiempo un empujón de Sammer a Poborsky fue sancionado con penalti. Las protestas alemanas, que consideraban que el derribo se había producido fuera del área, no sirvieron para cambiar la opinión del colegiado y Berger convirtió el lanzamiento. El sueño checo estaba a media hora de materializarse. En el minuto 72, cuando nubes negras se cernían sobre el combinado alemán, un cabezazo de <strong>Oliver Bierhoff</strong>, que acababa de sustituir a Scholl, empató el partido. Alemania apretó en los minutos restantes pero no pudo evitar la prórroga.</p>

	<p>Allí estaban, checos y alemanes, después de 90 minutos de partido, de 23 días de competición, de meses de preparación, jugándoselo todo en 30 minutos. O quizás menos, puesto que la <span class="caps">UEFA</span>, con el fin de fomentar el fútbol ofensivo en las prórrogas, había instaurado en aquella Eurocopa un nuevo invento denominado <em>gol de oro</em>. Según la nueva norma, llegada la prórroga, en el momento en que un equipo marcara un gol, el árbitro señalaría el final del partido, sin opción de réplica por parte del rival. Cuatro partidos habían llegado al tiempo suplementario en la Eurocopa, pero en todos ellos la especulación había vencido al atrevimiento y habían acabado decidiéndose desde el punto de penalti.</p>

	<p>Apenas se habían jugado 5 minutos de la prórroga cuando Bierhoff recibió un balón en el interior del área, de espaldas a la portería. El delantero alemán se giró y encontró un resquicio para pegarle con la izquierda. El guardameta Kouba, mal colocado, rozó la pelota con sus guantes pero no puedo evitar contemplar cómo ésta se colaba mansamente botando dentro de la portería, haciendo añicos el sueño que había ido cristalizando lentamente durante las últimas tres semanas. Gol de oro y final del partido. La extrema alegría alemana contrastaba con la desolación de los checos, constatando la crueldad del nuevo invento de la <span class="caps">UEFA</span>.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2579.jpg" alt="Black Power"></center></p>

	<p><p>Todavía siguió vigente el gol de oro durante algún tiempo, pero acabó sepultado al demostrarse contraproducente: el miedo de los equipos a recibir un tanto que terminara de golpe con el partido los hacía más temerosos y precavidos en la prórroga. Durante un breve tiempo la <span class="caps">FIFA</span> ensayó el <em>gol de plata</em>, una fórmula mixta que permitía al receptor del gol empatar el partido hasta el final de la primera parte de la prórroga. El experimento tuvo aún menos éxito y se abolió tras la Eurocopa de 2004. En aquel campeonato, <strong>Dellas</strong> marcó el último gol de plata de la historia, clasificando a su selección para la final. El rival de Grecia en aquella semifinal era, curiosamente, una República Checa en la que aún jugaban Nedved, Poborsky y un Smicer que para entonces ya lucía anillo de bodas.</p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/21051/el-sueno-checo-roto-por-el-gol-de-oro</link>
		<pubDate>Thu, 15 Sep 2011 09:14:07 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2011-09-14:77c262b7562572606450a68115f67ab6/f96d43c66278444c8af5cd02663d7216</guid>
	</item>
	<item>
		<title>Peter Norman, el tercer hombre</title>
		<description><![CDATA[<p>Situémonos en octubre de 1968, fecha en que se celebran en Ciudad de México los Juegos de la <span class="caps">XIX</span> Olimpiada de la era moderna. En abril de ese mismo año había muerto <strong>Martin Luther King</strong>, asesinado a tiros. La tensión en Estados Unidos era cada vez mayor debido al creciente clamor a favor de los derechos civiles y la muerte de Luther King no había hecho más que avivar el fuego.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Todos los aficionados al deporte &#8212;y muchos que no lo sean tanto&#8212; guardan la imagen en un rincón de su cerebro. <strong>Tommie Smith</strong>, atleta estadounidense de raza negra, en lo más alto del podio, descalzo, calcetines negros, cabeza gacha, el brazo derecho levantado al aire con el puño cerrado enguantado en negro. A su izquierda, en el tercer escalón del podio, su compañero <strong>John Carlos</strong>, también descalzo, la mirada fija en el suelo, el puño izquierdo enguantado en alto. Los dos atletas norteamericanos protestaban así, en la entrega de medallas de los 200 metros de los Juegos Olímpicos de México, contra el racismo y a favor de los derechos de los ciudadanos negros en su país.</p>

	<p>La instantánea, una de las más célebres y representativas del siglo XX, se convirtió al instante en un símbolo del <em>black power</em>. Smith y Carlos pasaron a la historia &#8212;no ya a la historia del deporte, sino a la historia de la humanidad&#8212; por este reivindicativo gesto. Pero en esa imagen aparece, acompañando a ambos, en el segundo escalón del podio, un tercer atleta, de raza blanca, que, a primera vista, parece un simple convidado de piedra en el episodio. ¿Quién era este tercer hombre y qué papel jugó en toda esto? ¿Se limitó a aguantar estoicamente en el podio durante la escenificación de los estadounidenses o intervino de alguna manera? Hagamos un poco de historia.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2559t.jpg" alt="Black Power"></center></p>

	<p><p>Situémonos en octubre de 1968, fecha en que se celebran en Ciudad de México los Juegos de la <span class="caps">XIX</span> Olimpiada de la era moderna. En abril de ese mismo año había muerto <strong>Martin Luther King</strong>, asesinado a tiros. La tensión en Estados Unidos era cada vez mayor debido al creciente clamor a favor de los derechos civiles y la muerte de Luther King no había hecho más que avivar el fuego. El cambio que promulgaba en 1964 <strong>Sam Cooke</strong> en su canción <a href="http://www.youtube.com/watch?v=JkWZjTPlQhc"><em>A change is gonna came</em></a> parecía cada vez más cercano, pero aún eran muchos los americanos que se resistían a otorgar a los negros los mismos derechos que tenían los blancos.</p>

	<p>En esta situación llegan los Juegos de México y el equipo de atletismo de Estados Unidos está formado en su mayoría por atletas de raza negra. Hombres que no son ajenos a la situación social que se está viviendo en su país. Personas que son considerados ídolos cuando vuelan sobre la pista, pero se convierten en ciudadanos de segunda en cuanto abandonan el tartán. Gente que no se conforma con ganar medallas para un país que no los considera ciudadanos de pleno derecho. Era necesario gritar al mundo esta vergonzosa situación. Durante meses se especuló con la posibilidad de un boicot a los Juegos por parte de los atletas negros, pero esta opción terminó descartada por falta de consenso. En cualquier caso, estaba claro que algo había que hacer. Alguien tenía que hacerlo.</p>

	<p>16 de octubre de 1968. Se disputa la final de los 200 metros. Los máximos favoritos son John Carlos y Tommie Smith, que habían ganado sus respectivas semifinales, sin excesivos problemas, pocas horas antes. La extraordinaria salida de Carlos en la calle 4 le sitúa en cabeza a los 50 metros, mientras a Smith le cuesta seguir su estela desde la calle 3. A la salida de la curva, Carlos se destaca en cabeza mientras Smith recupera distancia. En los últimos 50 metros, Smith alcanza a su compatriota y lo supera. Va lanzado a por el oro. Carlos se da cuenta y parece que se deja llevar un poco, resignado a colgarse del pecho la medalla de plata. Entonces irrumpe un atleta blanco, con la camiseta de Australia y, en un tremendo sprint final, adelanta a Carlos sobre la misma línea de meta. Tommie Smith se proclama campeón olímpico con un tiempo de 19.93 segundos, batiendo así el récord del mundo que él mismo poseía y siendo el primer hombre en bajar de los 20 segundos. Su compañero John Carlos se tiene que conformar con la medalla de bronce, mientras el australiano <strong>Peter Norman</strong> se sube al segundo cajón del podio con un tiempo de 20.06, batiendo el récord de su país.</p>

	<p><iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/CVFWEhqUAPw" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Los dos velocistas norteamericanos habían decidido dejar patente su queja en la ceremonia de entrega de medallas. Se lo comentan a Peter Norman y éste, ante el asombro de los dos estadounidenses, les comenta que no sólo le parece bien el gesto, sino que tienen todo su apoyo. El velocista australiano entiende que no es un gesto local, sino universal, ya que en su propio país los aborígenes son excluidos sociales. Es el propio Norman quien les sugiere que, puesto que Carlos ha olvidado sus guantes en el hotel, utilicen un guante cada uno. Además, les pide a los norteamericanos una insignia del <span class="caps">OPHR</span> (<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Olympic_Project_for_Human_Rights">Olympic Project for Human Rights</a>) igual a la que ellos llevaban, para portarla en su pecho durante la entrega de medallas, uniéndose así formalmente a la protesta.</p>

	<p>Es entonces cuando llega el momento para la eternidad, el gesto que todos tenemos en mente: la entrega de medallas, el himno, la mirada al suelo, los puños al aire y los abucheos del público.</p>

	<p>El hecho de que un australiano de raza blanca se solidarizara con sus dos rivales encerraba una importancia simbólica crucial. Ya no se trababa sólo de una reivindicación interna del pueblo negro estadounidense, sino que incumbía a cualquier persona &#8212;fuese cual fuese su origen&#8212; que creyera en un mundo más justo y libre. Tommie Smith lo resumió en una frase: “aunque él no levantó el puño, nos echó una mano”.</p>

	<p><div class='fotoldn'><img src="https://librodenotas.com/images/2560.jpg" title="Cave story" /></div>Peter Norman había crecido en Coburg, un suburbio de Melbourne y fue educado bajo la rígida moral del <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Ej%C3%A9rcito_de_Salvaci%C3%B3n">Ejército de Salvación</a>.  Trabajó como aprendiz de carnicero y posteriormente se convirtió en profesor y compaginó el atletismo con la práctica del fútbol.</p>

	<p><p>El gesto tuvo consecuencias tristes para todos los participantes en aquella ceremonia. El presidente del C.O.I., el reaccionario Avery Brundage, consideró inaceptable la protesta, argumentando, hipócritamente, que la política no tenía lugar en los Juegos Olímpicos. En 1936, siendo miembro del C.O.I. y presidente del  U.S.O.C. (<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/United_States_Olympic_Committee">Comité Olímpico Estadounidense</a>) no había tenido problema con permitir los saludos nazis. Smith y Carlos fueron expulsados de la Villa Olímpica al día siguiente, mientras que Norman recibió una reprimenda pero pudo continuar en los Juegos.</p>

	<p>La vuelta a casa de Smith y Carlos no fue dulce. Aunque fueron recibidos como héroes dentro de la comunidad negra, pronto comprobaron que su vida no iba a ser fácil después de lo ocurrido. Problemas para encontrar trabajo, amenazas de muerte, ruptura de sus familias… ambos pagaron caro su valiente acción. No volvieron a competir a alto nivel.</p>

	<p>Norman, por su parte, también fue fuertemente criticado en su país. La opinión pública australiana conservadora no entendió por qué se sumó a una protesta que no le incumbía. No entendieron que él solamente defendió algo que le parecía justo. “Creo que todos los hombres nacen iguales y deben ser tratados como tales”, explicó el velocista australiano.</p>

	<p>Norman fue marginado en Australia. Aunque su marca le permitía acudir a los Juegos de Munich en 1972, Norman no fue seleccionado, siendo poseedor entonces de la quinta mejor marca mundial. Australia no envió ningún velocista a aquellos Juegos. Se cree que la fama de problemático que arrastraba desde el suceso de México tuvo que ver con ello. Después de esto apenas volvió a competir. Su compromiso, finalmente, le había pasado factura. Se dedicó al fútbol, primero como jugador y más tarde como entrenador. En 1985, corriendo una prueba benéfica, sufrió una lesión muy grave en el tendón de Aquiles. Estuvo a punto de perder el pie y finalmente quedó en una silla de ruedas. A partir de entonces, la depresión y el alcoholismo hicieron mella en él. </p>

	<p>Norman fue el gran olvidado en la los Juegos de Sidney. A pesar de celebrarse en su país, no fue invitado por las autoridades australianas. Sí acudió, sin embargo, homenajeado por la delegación de Estados Unidos.</p>

	<p>Peter Norman murió de un ataque al corazón el 3 de octubre de 2003. Portando su féretro, mientras sonaban los acordes del tema central de <a href="http://www.filmaffinity.com/es/film129212.html">Carros de Fuego</a>, estuvieron Tommie Smith y John Carlos, sus dos rivales en la pista aquella tarde de septiembre en Ciudad de México, y amigos desde entonces.</p>

	<p>Tuvieron que pasar 11 años para que alguien batiera la plusmarca de Smith. Fue el italiano <strong>Pietro Mennea</strong>, que detuvo el cronómetro en 19.72, también en la altitud de Ciudad de México, en 1979. El récord nacional que Norman batió permanece 33 años después. Algún día también caerá, pero lo que perdurará para siempre será el gesto de tres hombres &#8212;dos norteamericanos negros y un australiano blanco&#8212; que ayudó, sin duda, a alterar el estado de las cosas. Un gesto que probablemente sirviera para remover más conciencias que centenares de discursos. Un importante grano de arena en la inestimable e inacabada lucha por la libertad y la igualdad.</p>

	<p>Más información:</p>

	<p><a href="http://homoludens.us/quo-vadis-deporte/deporte-y-derechos-humanos/%C2%A1black-power-tres-hombres-dignos/">¡Black Power! Tres hombres dignos</a><br />
<a href="http://www.historylearningsite.co.uk/peter_norman.htm">Peter Norman</a><br />
<a href="http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/magazine/7674157.stm">The other man on the podium</a><br />
<a href="http://www.guardian.co.uk/news/2006/oct/05/guardianobituaries.australia">Obituary: Peter Norman</a><br />
<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Peter_Norman">Wikipedia: Peter Norman</a><br />
<a href="http://en.wikipedia.org/wiki/1968_Olympics_Black_Power_salute">1968: Olympics Black Power Salute</a></p>]]>
</content:encoded>
		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/20884/peter-norman-el-tercer-hombre</link>
		<pubDate>Mon, 15 Aug 2011 09:26:38 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
		<guid isPermaLink="false">tag:librodenotas.com,2011-08-12:77c262b7562572606450a68115f67ab6/d363e59d410e1744b78cf27d0df7a6af</guid>
	</item>
	<item>
		<title>El arte de subir</title>
		<description><![CDATA[<p><div class="fotoldn"><img src="http://librodenotas.com/images/2548t.jpg" alt="Pantani" /></div>En mitad de una meteorología infernal, con frío, lluvia y niebla, después de haber coronado el menguado pelotón La Croix de Fer y con el final en alto en Les Deux Alpes en el horizonte, Pantani se jugó el órdago de su vida. El italiano lanzó un incontestable ataque en las rampas más duras del Galibier que dejó a <strong>Jan Ullrich</strong>, líder hasta ese momento e indiscutible favorito, sin respuesta. Nadie pudo resistir el endiablado ritmo del italiano y en la cima del puerto la diferencia respecto al alemán ya era de casi tres minutos.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Moto 1</strong></p>

	<p>De pie sobre los pedales, las manos en la parte baja del manillar. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince pedaladas. Sentado en el sillín. Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince. De nuevo de pie. Una, dos, tres… Como una metódica locomotora, sin pausa, a ritmo infernal, esta era la manera de ascender los puertos del ciclista italiano <strong>Marco Pantani</strong>. Así se mostró ante el mundo <a href="http://www.youtube.com/watch?v=SZwPBPJR4Bo">subiendo al Mortirolo</a> en el Giro del 94 el día en que Indurain <a href="http://mirrall.blogspot.com/2009/07/giro-94-merano-aprica.html">demostró ser mortal</a> y así se impuso a Ullrich en el Tour del 98, dando una portentosa exhibición en el ascenso al Galibier.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2548.jpg" width="450" height="338" alt="Pantani" /></center><br />
<center>(Foto: Pantani. Fuente: <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Marco-pantani-1216669690.jpg">Wikipedia</a> Licencia CC)</center></p>

	<p>En mitad de una meteorología infernal, con frío, lluvia y niebla, después de haber coronado el menguado pelotón La Croix de Fer y con el final en alto en Les Deux Alpes en el horizonte, Pantani se jugó el órdago de su vida. El italiano lanzó un incontestable ataque en las rampas más duras del Galibier que dejó a <strong>Jan Ullrich</strong>, líder hasta ese momento e indiscutible favorito, sin respuesta. Nadie pudo resistir el endiablado ritmo del italiano y en la cima del puerto la diferencia respecto al alemán ya era de casi tres minutos. En la meta final en Les Deux Alpes un asfixiado Ullrich se dejaba nueve minutos y, con ellos, el Tour. Pantani no sólo había enjugado los tres minutos de desventaja en la clasificación general con que arrancó la jornada, sino que salía de la etapa reina de los Alpes con seis minutos de ventaja respecto a su gran rival. Una proeza histórica. La diferencia obtenida le bastó para coronarse campeón en París seis días después.</p>

	<p><center><iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/2c7R5hV0hFw" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center></p>

	<p>Aquel día, en el Galibier, resucitó un estilo de ciclismo que parecía enterrado tras los años de dominio de ciclistas fuertes y potentes como <strong>Lemond</strong>, <strong>Indurain</strong>, <strong>Rijs</strong> y Ullrich. Camino del Galibier, Pantani reivindicó a esa estirpe de ciclistas que sufren lo indecible en las primeras semanas de las grandes vueltas, cuando el pelotón camina agrupado a lo largo de interminables llanos. Unos corredores a los que la solitaria lucha contra el reloj se les hace eterna, pero que encuentran su hábitat natural cuando el asfalto tropieza con un desnivel. Cuanto mayor sea el porcentaje, mejor. Se trata de corredores que han convertido el ciclismo en un espectáculo inigualable, haciéndonos a muchos amar este bello deporte, emocionándonos y sacándonos del sopor en muchas tardes estivales. Es por ello que cada vez que se acerca una gran carrera por etapas (la Vuelta, el Giro y, sobre todo, el Tour), nuestros cerebros rescatan del olvido estampas borrosas y amarillentas de cuerpos retorciéndose en épicas subidas a los Lagos de Covadonga, el Mortirolo, el Tourmalet o Alpe d’Huez.</p>

	<p><strong>Moto 2</strong></p>

	<p>Años 80. Ascensión a un duro puerto alpino o pirenaico (pongamos que se trata de Alpe d&#8217;Huez, aunque bien podría ser el Tourmalet o Luz Ardiden). <strong>Pedro Delgado</strong> necesita distanciar a su rival en la clasificación general (pongamos que se trata de <strong>Stephen Roche</strong>, aunque podría tratarse de Lemond y/o <strong>Fignon</strong>) de cara a la contrarreloj final. Queda un grupo de corredores reducido a los ocho o diez más fuertes, entre los que se encuentra el segoviano. De pronto, Perico empieza a perder posiciones y se sitúa al final del grupo. Parece que atraviesa un momento de debilidad. Un rictus de sufrimiento se adivina en su rostro. Entonces, en un momento determinado, Perico echa mano al cambio, se levanta súbitamente de la bicicleta y, a golpe de riñón, inicia un demarraje seco que deja clavados a sus acompañantes, que contemplan cómo se aleja hasta perderse por una curva.</p>

	<p><center><iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/eQXci6R4bxU" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center></p>

	<p>Esta es una típica imagen del Pedro Delgado que peleaba verano tras verano en las cumbres francesas contra rivales más grandes, más fuertes y mejores rodadores que él. Perico era genial, imprevisible e irregular, tan capaz de deslumbrar en las cumbres más pronunciadas como de quedarse cortado en un abanico o despistarse y <a href="http://www.elpais.com/articulo/deportes/salgas/vez/elpepidep/20020706elpepidep_5/Tes">llegar casi dos minutos tarde</a> a la salida del prólogo en el Tour del 89. Un corredor capaz de hacer vibrar al espectador en una etapa para exasperarlo al día siguiente, pero nunca de dejarlo indiferente.</p>

	<p>Sucesor de los <strong>Bahamontes</strong>, <strong>Fuente</strong> y <strong>Ocaña</strong> y precursor de <strong><em>Chava</em> Jiménez</strong>, <strong>Escartín</strong> y <strong>Beloki</strong>, Delgado convivió en el pelotón con otros grandes escaladores españoles, como <strong>Angel Arroyo</strong>, <strong>Marino Lejarreta</strong>, <strong>Álvaro Pino</strong>, <strong>Anselmo Fuerte</strong> o <strong>Lale Cubino</strong>. Después de Perico llegó Indurain, y después <strong>Olano</strong>, pero hasta ese momento hablar de ciclista español era hablar de un  tipo pequeño, liviano, enjuto y escalador. Combativo y <em>currorromerista</em>. Como Perico.</p>

	<p><strong>Moto 3</strong></p>

	<p>Ascensión a los Lagos de Covadonga en la Vuelta a España de 1987. El colombiano <strong>Lucho Herrera</strong> ya había enseñado los dientes en las llegadas a Andorra y Cerler, arañando tiempo a <strong>Sean Kelly</strong>, Pedro Delgado, <strong>Reimund Dietzen</strong>, Laurent Fignon y demás favoritos, pero la subida a los Lagos en la undécima etapa era el momento propicio para asestar un golpe definitivo de cara al triunfo final. Así lo entendió Lucho, que arrancó en las primeras estribaciones del puerto, dejando a todos atrás, y no paró hasta cruzar en solitario la meta en los Lagos, consiguiendo el maillot amarillo.</p>

	<p><center><iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/bkM53ziSQ7A" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></center></p>

	<p>Herrera formó parte de la legión de ciclistas colombianos que desembarcó en los años 80 en las grandes rondas europeas a bordo de equipos como el Postobón o el Café de Colombia. Se trataba de corredores pequeñitos &#8212;fueron denominados con el apelativo de escarabajos&#8212; a los que se les atragantaban las contrarrelojes y las etapas llanas pero que montaban zafarrancho a la menor pendiente. Corredores como <strong>Patrocinio Jiménez</strong>, <strong>Edgar _Condorito_ Corredor</strong>, <strong>Pacho Rodríguez</strong>, <strong>Martín Ramírez</strong>, <strong>Abelardo Rondón</strong>, <strong>Oscar de Jesús Vargas</strong>, <strong>Oliverio Rincón</strong> o <strong>Martín Farfán</strong> se convirtieron en protagonistas en las cimas míticas de Vuelta, Tour y, en menor medida, Giro. Pero por encima de todos ellos dos ciclistas representaron como nadie el auge del ciclismo colombiano: Lucho Herrera y <strong>Fabio Parra</strong>.</p>

	<p>Si Parra era el más atípico de los colombianos al defenderse decentemente en todos los terrenos (llegó a ser tercero en el Tour de 1988), Herrera era el típico escalador sudamericano, genial en las cumbres y endeble en el llano. A pesar de ese hándicap se convirtió en el primer (y único hasta el momento) colombiano en ganar una gran vuelta por etapas tras adjudicarse la Vuelta a España de 1987. Una victoria que empezó a fraguarse aquella tarde camino de los Lagos de Covadonga.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/20748/el-arte-de-subir</link>
		<pubDate>Fri, 15 Jul 2011 08:00:00 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	</item>
	<item>
		<title>El Dream Team que la guerra destrozó</title>
		<description><![CDATA[<p>Es difícil encontrar más talento reunido que en aquella selección que se coronó en el Mundobasket de 1990. El cinco inicial estaba formado, ahí es nada, por <strong>Jure Zdovc</strong>, <strong>Drazen Petrovic</strong>, <strong>Toni Kukoc</strong>, <strong>Zarko Paspalj</strong> y Vlade Divac. En el banquillo, veteranos como <strong>Cutura</strong> y <strong>Obradovic</strong> se mezclaban con jóvenes promesas como <strong>Perasovic</strong>, <strong>Savic</strong> y <strong>Komazec</strong>.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p><em>Dream Team</em> sólo ha existido uno. Aquel imponente equipo de baloncesto, formado por <strong>Michael Jordan</strong>, <strong>Magic Johnson</strong>, <strong>Larry Bird</strong>, <strong>Charles Barkley</strong>, <strong>Karl Malone</strong>, <strong>John Stockton</strong>, <strong>Scottie Pippen</strong>, <strong>Patrick Ewing</strong> y compañía, que participó en los Juegos Olímpicos de Barcelona en 1992, es el único y genuino merecedor de tal apelativo. Todas las escuadras estadounidenses que vinieron después, hasta el día de hoy, no han sido sino meros sucedáneos descafeinados. No obstante, poco antes de la existencia del equipo de ensueño americano, hubo, al otro lado del océano, una selección que reunió a una colección de enormes talentos, hasta el punto de que se podría considerar a aquel equipo como el <em>Dream Team</em> europeo.</p>

	<p>El 19 de agosto de 1990, en el estadio Luna Park de Buenas Aires, la selección yugoslava de baloncesto se proclamaba campeona del mundo al derrotar en la final, por <a href="http://youtu.be/PeVypcUvxK0">un incontestable 92-75</a>, a una Unión Soviética diezmada por la ausencia de sus jugadores lituanos &#8212;los <strong>Sabonis</strong>, <strong>Homicius</strong>, <strong>Marciulonis</strong> y <strong>Kurtinaitis</strong>&#8212;, debido a la renuncia de estos por la aspiración independentista de Lituania. En semifinales los balcánicos habían eliminado a Estados Unidos, cuyo equipo estaba formado todavía entonces por jugadores universitarios, con <strong>Alonzo Mourning</strong>, <strong>Christian Laettner</strong>, <strong>Billy Owens</strong> y <strong>Kenny Anderson</strong> como hombres más destacados. Los yugoslavos ratificaban así su hegemonía en el baloncesto mundial, ya apuntada un año antes con la <a href="http://www.youtube.com/watch?v=HMbeN6gDkH8">victoria en el Eurobasket</a> disputado en Zagreb. <a href="http://2.bp.blogspot.com/-Z4NGJNlhIRU/TY8QCaWjj4I/AAAAAAAAB8c/6geifPfKzJI/s1600/ept_sports_nba_experts-550520923-1286915181.jpg">El abrazo</a>, nada más finalizar la final, entre <strong>Drazen Petrovic</strong> y <strong>Vlade Divac</strong>, las dos grandes estrellas de aquella selección, representaba el triunfo de una extraordinaria generación que jugaba al baloncesto con una naturalidad y una brillantez asombrosa y además se divertía haciéndolo, transmitiendo ese placer al espectador.</p>

	<p><center><img src="https://librodenotas.com/images/2526.jpg" title="Yugoslavia"/></center></p>

	<p><p>Es difícil encontrar más talento reunido que en aquella selección que se coronó en el Mundobasket de 1990. El cinco inicial estaba formado, ahí es nada, por <strong>Jure Zdovc</strong>, Drazen Petrovic, <strong>Toni Kukoc</strong>, <strong>Zarko Paspalj</strong> y Vlade Divac. En el banquillo, veteranos como <strong>Cutura</strong> y <strong>Obradovic</strong> &#8212;buen jugador entonces y mejor entrenador después&#8212; se mezclaban con jóvenes promesas como <strong>Perasovic</strong>, <strong>Savic</strong> y <strong>Komazec</strong>. Si sumamos a <strong>Dino Radja</strong>, titular habitual en aquella selección pero ausente ese verano por culpa de una inoportuna lesión, amén de jugadores a punto de eclosionar como <strong>Djorjevic</strong> o <strong>Danilovic</strong>, no resultaba difícil pronosticar un dominio yugoslavo durante la década recién estrenada, teniendo en cuenta la juventud de sus mejores jugadores. Petrovic, el mayor de todos ellos, apenas contaba entonces con 25 años.</p>

	<p>Con una Unión Soviética en declive, lejos de la todopoderosa selección dominadora de los 80, lastrada por la ausencia de sus jugadores lituanos; con España e Italia en horas bajas, sin encontrar relevo generacional a los <strong>Riva</strong>, <strong>Magnifico</strong>, <strong>Epi</strong>, <strong>Fernando Martín</strong>, <strong>Andrés Jiménez</strong> y demás estrellas de la década anterior; con <strong>Gallis</strong>, <strong>Giannakis</strong> y <strong>Fassoulas</strong>, los grandes astros de Grecia, enfilando la recta final de su carrera; con el debate abierto en Estados Unidos acerca de la conveniencia de la asistencia de jugadores profesionales de la <span class="caps">NBA</span> a los torneos internacionales; con todo ello, los yugoslavos tenían todo a favor para dominar el baloncesto europeo e incluso mundial durante la década de los 90. Sólo una desgracia podía alterar el curso de los acontecimientos, sólo un hecho extraordinario podía malograr el futuro de una generación llamada a la gloria.</p>

	<p>Unos segundos después del referido abrazo entre Petrovic y Divac, el gesto que sellaba el triunfo del talento, la amistad y el compañerismo, sucedió algo irrelevante a priori, pero muy significativo de lo que estaba por venir. Mientras los jugadores celebraban en la cancha la victoria, un aficionado saltó a la cancha con una bandera de Croacia, uno de los estados que entonces formaban la Yugoslavia unida. El serbio Divac, molesto con aquella presencia inesperada, se dirigió hacia el aficionado y le arrancó la bandera croata de las manos con gesto airado, al considerar que la única bandera que unía a todos era la yugoslava. Un gesto que no gustó nada al croata Petrovic, hasta el punto de que su relación con Divac se enfrió a partir de aquello. La estrecha amistad entre ambos sufrió un súbito deterioro a raíz del incidente, como narra de manera extraordinaria el imprescindible documental de <span class="caps">ESPN</span> <a href="http://youtu.be/D5W4a3BqgS8"><em>Once Brothers</em></a> (traducido al castellano como <em>Hermanos y enemigos</em>). Los dos amigos que unos instantes antes se abrazaban efusivamente se convirtieron casi en dos extraños en un instante. Las frecuentes y extensas conversaciones telefónicas entre ambos cesaron y la relación cercana y cordial se convirtió en prácticamente inexistente. La prematura muerte de Drazen en junio de 1993 impidió la posible reconciliación.</p>

	<p><iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/X6HLVJq4VBg" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>La anécdota ocurrida durante la celebración en Luna Park no fue más que un indicativo de la situación de las cosas en esos momentos y un presagio de lo que estaba por venir. Los vientos de cambio en la república yugoslava estaban a punto de llegar, arrastrando con ellos, como un vendaval, todo lo que se pusiera a su paso. La caída del Muro de Berlín había servido de catalizador a las ansias independentistas de las distintas repúblicas que formaban Yugoslavia en un proceso que ya resultaría imparable.</p>

	<p>Aunque la tensión en la zona cada vez era mayor, Yugoslavia aún acudió al Eurobasket de 1991 disputado en Roma, aunque con la ausencia de Petrovic, no está muy claro si por motivos políticos, por diferencias con el seleccionador <strong>Ivkovic</strong> o por el interés del jugador en preparar la siguiente temporada en la <span class="caps">NBA</span>. Mientras el equipo maravillaba con su juego en Italia, arrasando a todos sus rivales, el país estaba a punto de saltar por los aires. La medalla de oro conseguida en la final contra Italia se vio empañada por la triste ausencia del esloveno Zdovc. El 25 de junio Eslovenia proclamaba la independencia, originando la denominada <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerra_de_los_Diez_D%C3%ADas">Guerra de los 10 días</a>, y reclama el abandono de la selección yugoslava de Zdovc, único esloveno del equipo, justo antes de jugarse las semifinales, bajo la amenaza de ser considerado traidor.</p>

	<p><iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/oAWU7yYWJzk" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>El Eurobasket disputado en Italia fue la última competición que jugó la Yugoslavia unida. Poco después Croacia también proclamó su secesión y los Balcanes se vieron sumidos en <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Guerras_Yugoslavas">una trágica e interminable guerra</a>. La <span class="caps">ONU</span> estableció una sanción para Yugoslavia que le impidió competir a nivel mundial hasta 1995, mientras las repúblicas independizadas iniciaban su andadura deportiva, cada una por su lado.</p>

	<p>La quiebra de aquella fantástica selección es, obviamente, una anécdota al margen en el contexto de los terribles acontecimientos ocurridos en los Balcanes durante los años 90. Un hecho menor, pero acaso simbólico. El distanciamiento entre jugadores croatas y serbios, el muro invisible levantado entre ellos, compañeros y amigos hasta entonces, independientemente del origen, puede ser representativo de lo inútil e inexplicable de una guerra fraticida y cruel que enfrentó a vecinos, amigos y familiares y que destrozó durante una década la zona.</p>

	<p>En los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992, el equipo americano, formado por primera vez por jugadores <span class="caps">NBA</span>, no tuvo rival. Aquel maravilloso <em>Dream Team</em> dio un recital en cada partido, venciendo a todos sus rivales por más de 30 puntos de ventaja. Los pases de Magic, las penetraciones de Jordan y los lanzamientos de Bird no encontraron réplica ni siquiera en la Croacia de Petrovic, Radja y Kukoc, que cayó en la final por un contundente 117-85. Es estéril pensar lo que podría haber pasado si junto a los baloncestistas croatas hubieran formado sus antiguos compañeros Divac, Paspalj, Zdovc y demás. Es casi seguro que el poderoso <em>Dream Team</em> norteamericano hubiera vencido de igual forma, pero también que los balcánicos unidos habrían ofrecido sin duda más resistencia. Se trata, en cualquier caso, de inútiles elucubraciones. Baloncesto ficción.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/20575/el-dream-team-que-la-guerra-destrozo</link>
		<pubDate>Wed, 15 Jun 2011 08:55:29 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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	<item>
		<title>De George Best a Ryan Giggs</title>
		<description><![CDATA[<p>Si <strong>Alex Ferguson</strong> lo cree conveniente, <strong>Ryan Giggs</strong> jugará el próximo 28 de mayo su cuarta final de Liga de Campeones. Un extraordinario colofón a una sobresaliente carrera en el fútbol de élite desde que debutara, hace más de veinte años ya, contra el Everton en un partido de Premier League el 2 de marzo de 1991.</p>]]></description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Si <strong>Alex Ferguson</strong> lo cree conveniente, <strong>Ryan Giggs</strong> jugará el próximo 28 de mayo su cuarta final de Liga de Campeones. Un extraordinario colofón a una sobresaliente carrera en el fútbol de élite desde que debutara, hace más de veinte años ya, contra el Everton en un partido de Premier League el 2 de marzo de 1991. Veinte años de regates y goles, de carreras por la banda izquierda, centros precisos y pases en profundidad, de abundantes éxitos y algunas decepciones, siempre fiel a la camiseta roja de su querido Manchester United.</p>

	<p><center><img src="http://librodenotas.com/images/2515.jpg" /></center><br />
<strong>Foto</strong>: <a href="http://www.flickr.com/photos/chuffy/1447828191/">Ryan Giggs licencia CC</a></p>

	<p><p>Para los aficionados al fútbol más jóvenes, Ryan Giggs siempre ha estado ahí. Cuando él debutó en la liga inglesa, <strong>Chicharito Hernández</strong>, la flamante estrella de los <em>red devils</em>, no había cumplido los tres años. Cuando Giggs jugó su primer partido todavía no existía la Premier League (fundada en 1992) como tal y la Champions League aún era la Copa de Europa y era jugada solamente por los campeones de Liga, mediante sistema de eliminatoria a doble vuelta desde la primera ronda. En estos veinte años, el galés ha convivido en el vestuario con varias generaciones de futbolistas, desde <strong>Paul Ince</strong> y <strong>Mark Hughes</strong> hasta <strong>Wayne Rooney</strong> o los jovencísimos Chicharito y <strong>Nani</strong>. Giggs vio pasar por el vestuario a estrellas como <strong>Cantona</strong>, <strong>Keane</strong>, <strong>Beckham</strong>, <strong>Van Nistelrooy</strong>, <strong>Tevez</strong> y <strong>Cristiano Ronaldo</strong>. Mientras todos ellos llegaban, triunfaban y se marchaban, él se mantenía ahí, sin hacer demasiado ruido, cediendo a otros el protagonismo, siempre en un discreto segundo plano, pero siendo tan importante como el que más.</p>

	<p>12 Ligas &#8212;la última conquistada ayer mismo tras empatar con el Blackburn Rovers&#8212;, 2 Ligas de Campeones, 4 Copas de Inglaterra, 4 Copas de la Liga, 1 Supercopa Europea y 1 Intercontinental. 159 goles marcados en 875 partidos oficiales disputados. Son solamente datos, fríos números que apenas sirven para intentar explicar la magnitud del jugador, el poso que dejará el mito cuando el futbolista se extinga. Un vano esfuerzo intentar condensar en simples guarismos dos décadas de fútbol puro, de talento desbordante, veinte años de lealtad a unos colores.</p>

	<p>Cuando Giggs debutó, con sólo 17 años, lo primero que llamó la atención de aficionados y periodistas fue su regate, su velocidad y su descaro. Pertenecía a esa raza de futbolistas, cada vez menos frecuente, que, pegados a la cal de la banda, hacen del regate y del desborde un arte. Las inevitables comparaciones no tardaron en surgir: Giggs era el nuevo <strong>George Best</strong>, el sucesor de la última gran estrella que se había paseado por el césped de <em>Old Trafford</em>.</p>

	<p>Como Giggs, Best también debutó con los <em>red devils</em> a los 17 años. Pronto causó sensación por su enorme habilidad corriendo con el balón pegado al pie. Al igual que Giggs, la posición de partida del norirlandés era la de extremo, derecho o izquierdo indistintamente, pero Best, incontrolable, se movía por todo el frente del ataque, haciendo estragos en las defensas rivales y siendo más incisivo de cara al gol que el galés.</p>

	<p>Pese a ser dos de los más grandes en sus respectivas épocas, tanto Best como Giggs se quedaron con las ganas de disputar una gran competición de selecciones. El hecho de jugar para dos selecciones débiles como Irlanda del Norte y Gales explica esta carencia. No disputaron un Mundial, ni una Eurocopa, aunque sí brillaron, y de qué modo, en la máxima competición continental de clubes, la Copa de Europa.</p>

	<p>La primera final de Copa de Europa que disputó el equipo mancuniano tuvo lugar en 1968 contra el Benfica. Allí estaba Best. No sólo eso, sino que resultó la estrella de aquel emocionante y tenso partido. Los 90 minutos terminaron con resultado de empate a uno y a los tres minutos de iniciada la prórroga Best recogió un saque largo del guardameta <em>red</em> <strong>Stepney</strong>, se introdujo en el área rival y, tras driblar al portero del Benfica, empujó el balón a la red con la pierna izquierda. El desempate estaba roto y el partido se inclinaba del lado inglés. Los posteriores goles de <strong>Bobby Charlton</strong> y <strong>Kidd</strong> no hicieron sino certificar la victoria, la primera Copa de Europa que conseguía un equipo inglés. Trece años habían tardado los inventores del fútbol en lograr al máximo galardón continental. Gracias a Best, el ídolo del momento. Campeón de Europa y Balón de Oro a los 22 años, su carrera se encontraba en la cima del fútbol internacional, pero a partir de ese momento comenzó un lastimoso declive. Lo que debería haber sido solamente un escalón más en la subida al olimpo deportivo se convirtió en un sorprendente punto de inflexión.</p>

	<p><iframe width="425" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/bAcjk9mAdAQ" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Para entonces George Best ya era toda una celebridad, no sólo por su desempeño en el césped, sino también por sus andanzas fuera de él. Conocido como <em>El Quinto Beatle</em>, era un habitual en la vida social inglesa. Su imagen y su carácter lo convirtieron en lo más parecido a una estrella del rock y, poco a poco, el ícono pop fue devorando al jugador de fútbol. Su rendimiento en el campo iba cayendo en picado mientras que sus correrías nocturnas eran cada vez más frecuentes. El talento no se había extinguido, pero las dosis en que aparecía eran cada vez más exiguas. A los 27 años, edad de la madurez para la mayoría de los jugadores, Best era ya una sombra de sí mismo y abandonó el Manchester, empezando su peregrinaje por equipos y ligas menores. Durante tres o cuatro años, Best había deslumbrado al mundo, había brillado como nadie, pero su llama se extinguió demasiado pronto.</p>

	<p>Si hay algo que diferencia radicalmente a nuestros dos protagonistas es precisamente su carácter y profesionalidad. Best era extrovertido, arrojado y ocurrente; Giggs, adusto, responsable y parco en palabras. Si los excesos de Best acabaron prematuramente con su carrera, la extraordinaria longevidad de la de Giggs se explica por su plena dedicación al deporte. Ese mismo temperamento se traslada dentro del campo. El de Belfast era frecuentemente expulsado por sus protestas y sus malos modos, mientras que Giggs no ha visto jamás una tarjeta roja en estos veinte años.</p>

	<p>Tres finales más de la Copa de Europa ha disputado el Manchester United después de aquella victoria frente al Benfica con George Best en papel estelar. En las tres estuvo presente Ryan Giggs. La primera, en Barcelona en 1999 contra el Bayern de Munich, célebre por la asombrosa remontada lograda por los mancunianos en el descuento del partido, con dos goles de <strong>Sheringham</strong> y <strong>Solsksjaer</strong> tras el bote de sendos córners. </p>

	<p>En la final de 2008, que enfrentó a United y Chelsea, Giggs parecía un convidado de piedra, pero se terminó convirtiendo en protagonista. Para entonces el galés ya no era el jugador incisivo de antaño. A medida que perdía velocidad, Giggs se iba reciclando para ocultar sus defectos y explotar sus virtudes. Fue centrando su posición en el campo, abandonando la banda para aprovechar su visión de juego y experiencia, supliendo con inteligencia la pérdida de explosividad. Aquella final la comenzó Giggs en el banquillo y saltó al campo en el minuto 87, cuando el marcador señalaba empate a uno y el horizonte de la prórroga se atisbaba con nitidez. En los 30 minutos suplementarios Giggs tuvo la ocasión de cerrar el partido con un remate a puerta vacía que la cabeza de Terry repelió. Daba igual, la historia había reservado al galés otro papel, también estelar. Se llegó a la famosa tanda de penaltis donde <strong>Chech</strong> detuvo el lanzamiento de Ronaldo, <strong>Terry</strong> se resbaló en la lluvia moscovita y <strong>Van der Sar</strong> atajó el disparo de <strong>Anelka</strong>. Cuando la tanda alcanzó el séptimo lanzamiento llegó el momento de Giggs y este no falló, regalando así la tercera Copa de Europa a las vitrinas de su club.</p>

	<p>La tercera &#8212;y última hasta el momento&#8212; final de Giggs no tuvo un desenlace tan dulce. Fue hace dos años, en Roma, contra el Barcelona y el equipo de Guardiola ganó siendo superior. El galés fue sustituido por <strong>Paul Scholes</strong> (otro incombustible) a falta de 15 minutos para el final cuando su equipo ya perdía por 2-0. Dos años después, a sus 37 primaveras, Giggs jugará, Ferguson mediante, su cuarta final de Champions. A pesar de lo que su edad pueda sugerir, sería demasiado aventurado afirmar que esta será su última gran final europea, puesto que el jugador y el club acordaron hace unos meses la renovación por una temporada más. Todavía le quedan, por tanto, unos cuantos partidos que disputar. Por eso, entre otras razones, esta columna que hoy ve la luz no lleva por título ‘El último partido de Ryan Giggs’.</p>]]>
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		<link>https://librodenotas.com/elultimopartidodegeorgebest/20414/de-george-best-a-ryan-giggs</link>
		<pubDate>Sun, 15 May 2011 09:02:36 GMT</pubDate>
		<dc:creator>Javi Martín</dc:creator>
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