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Cuadernos de Ciencia Ficción por Alfonso Merelo

Los días 3 de cada mes repasaremos lo que ha sido y es la ciencia ficción en España y española: los autores, las mejores novelas y los hechos significativos de la literatura de ciencia ficción patria. Alfonso Merelo Solá es ensayista y conferenciante, ha publicado dos libros en colaboración (La ciencia Ficción Española y Franco: una historia alternativa) y uno en solitario (Fantástica Televisión en 2007). Mantiene dos bitácoras: memorando y Desde Tartessos.

Enrique Gaspar el creador de la primera máquina del tiempo

El viaje en el tiempo es uno de los iconos que la ciencia ficción ha usado hasta la saciedad. La posibilidad de este tipo de viajes, el observar de primera mano lo ocurrido o, incluso, la tentación de poder modificar un suceso histórico determinado han cautivado a los escritores en casi todos los tiempos. Ya Samuel Clemens —Mark Twin— trasladaba a su yankee a la corte del Rey Arturo y Don Juan Manuel describía un cuento moralizante en el título XI de su “Conde Lucanor” donde un Deán viajaba a su propio futuro, idéntico recurso usado posteriormente en el famosísimo “Cuento de Navidad” de Dickens.

Enrique Gaspar
Uno de los primeros en experimentar literariamente el viaje temporal en España fue el escritor Enrique Gaspar y Rimbau. Gaspar, que nació en Madrid en 1842 y murió en 1902, fue fundamentalmente un autor teatral de relativo éxito. Entre sus obras mas destacadas se encuentra “El estómago” o “La lengua”. Muchas de estas obras eran denuncias de la burguesía y de la sociedad de la época.

El teatro no era suficiente para mantener a su familia y Gaspar entra en el cuerpo diplomático en 1868 al amparo del ministro de Ultramar, Adelardo López de Ayala. Su trabajo de cónsul español lo llevará a viajar por Francia y Grecia, En 1878 es designado cónsul de España en China y durante siete años vive entre Hong Kong y Macao. Ante la imposibilidad de escribir obras teatrales, ya que la lejanía hacía que todas fueran rechazadas para su estreno, se refugia en la escritura novelesca. “El Anacronópete” es creada durante su estancia en oriente, concretamente en 1881 aunque sería publicado seis años después al retornar a España (“El Anacronopete; Viaje a China; Metempsicosis” Barcelona: Daniel Cortezo y Cª, 1887).

La novela tiene un antecedente, en forma de zarzuela en tres actos titulada “Viaje hacia atrás verificado en el tiempo desde el último tercio del siglo XIX hasta el caos”. Esta zarzuela nunca se estrenó, cuyo manuscrito se conserva en la Biblioteca Nacional, sería una vez reelaborada la pieza que nos ocupa (1).

El Anacronópete
La historia comienza en la exposición mundial de París en 1878. El científico español Don Sindulfo García presenta una máuina que es capáz de viajar por el tiempo y a la que denomina “Anacronópete”. El significado de la palabra es descrito por el propio autor por medio del protagonista de la novela: «El Anacronópete [...] debe su nombre a tres voces griegas: Aná, que significa hacia atrás; crono, el tiempo, y petes, el que vuela, justificando así su misión de volar hacia atrás en el tiempo; porque en efecto, merced a él puede uno desayunarse a las siete en París, en el siglo XIX; almorzar a las doce en Rusia con Pedro el Grande; comer a las cinco en Madrid con Miguel de Cervantes Saavedra —si tiene con qué aquel día— y, haciendo noche en el camino, desembarcar con Colón al amanecer en las playas de la virgen América».

La novela es deudora de varios autores contemporáneos y mas concretamente está influenciada por los escritos de Camille Flammarión, al que conoció personalmente dada su condición de vice-cónsul en Saint Nazaire en 1874, y por la novelística de Jules Verne conocida y traducida al español ya en esta época.

Como novela de viajes tiene de todo: acción, aventura, romance y un marcado humor negro en el que el autor se recrea para destacar los defectos de la sociedad decimonónica. La experiencia de sus repetidos viajes por el mundo, le permiten refelejar fielmente los lugares a los que va llegando la fantástica máquina del tiempo. En ella viajan el citado Don Sindulfo, acompañado de su amigo Benjamín –con notable parecidos al Picaporte de “La vuelta al Mundo en ochenta días” de Verne-, su sobrina Clara, 17 húsares que se introducen como polizones en la máquina (su Capitán es el ferviente enamorado de Clara) y una serie de prostitutas a las que el gobierno francés quiere rehabilitar al hacerlas retroceder en el tiempo y recuperar así su lozanía perdida, lo que ocurre al no estar protegidas por un fluido especial que preserva a los pasajeros de rejuvenecer.

El viaje temporal conduce a los anacronautas a diversos periodos de la historia. Así visitarán la batalla de Tetuán en 1860, la rendición de Boabdil en la Granada de 1492, la ciudad de Rávena en 696, la China imperial de 220, la destrucción de Pompeya para llegar finalmente al origen del universo para intentar alcanzar la inmortalidad.

Gaspar es un narrador ágil que sabe camuflar perfectamente las “áridas” explicaciones científicas del principio de la obra (los tres primeros capítulos) con una narración aventurera clásica. Estos temas científicos demostrarán su importancia al final de la obra, por lo que no podemos considerarlos superfluos. Los diálogos son chispeantes la mayoría de las veces y queda patente la habilidad teatral del autor al hacer hablar a sus personajes con un lenguaje muy asequible para todos los lectores. Cada personaje posee una personalidad muy diferenciada y así se refleja en las maneras de hablar de los mismos.

Hasta el momento de la aparición del Anacronópete, en la literatura se habían producido mas viajes en el tiempo, como ya hemos narrado. Sin embargo todos esos viajes eran siempre inexplicados, o bien se producían por medios mágicos o mediante simples sueños. Gaspar es el primer autor mundial que se permite el lujo de usar la tecnología para producir el efecto de viaje temporal. Sin duda su máquina Anacronópete es la primera que funciona mediante la ciencia, inventada y chusca si se quiere, pero ciencia al fin y al cabo.

La novela se editó con ilustraciones del dibujante Francesc Gómez Soler. La ilustración que acompaña a estas líneas es un reflejo exacto de la descripción que hace el autor acerca de la máquina Anacronópete. Como dice Nil Santiañez en el prólogo a la edición de Círculo de Lectores “Casi con toda seguridad puede decirse que esas ilustraciones, tanto de su aspecto exterior como del interior, así como de las peripecias del trayecto, son la primera visualización, en la historia del arte, de una máquina del tiempo.

Podemos afirmar sin ningún género de dudas que el inventor de la máquina del tiempo fue un español y se llamó Enrique Gaspar.

PD. Se pueden encontrar ediciones de la novela en Círculo de lectores (2000) y en Minotauro (2005).


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Notas

1 Nil Santiáñez. Prólogo al Anacronópete. Circulo de lectores. Barcelona 2000

Alfonso Merelo Solá | 03 de enero de 2007


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