Libro de notas

Edición LdN
Cartas desde el exilio guineano por José Eburi Palé

Cartas desde… es un intento por recuperar el espíritu de las corresponsalías epistolares de la prensa decimonónica, más subjetiva, más literaria, y que muestre una visión distinta y alternativa a la oficial de Agencias.

Memoria histórica de una deshonra. Febrero-junio de 1968

José Eburi Palé

Cuestiones de interés

Hay aspectos importantes en la cuestión de Guinea, para entender los trágicos avatares posteriores a su independencia y como fue posible llegar a la deplorable situación consecuente
En la caprichosa división política que Europa hizo de África en el siglo XVIII, a España le correspondió un territorio minúsculo, selvático y virgen, en pleno corazón del continente y que por su ecosistema de espesa selva ecuatorial era contenedor de etnias dispares pero muy próximas entre si geográficamente y en muchos casos declaradamente hostiles desde tiempo inmemorial. Solamente en la parte continental de Guinea existen varios grupos tribales cuyas únicas cosas compartidas son unas fronteras naturales más o menos definidas y un tronco étnico e idiomático común, solo a grandes rasgos.

Para completar el panorama, las poblaciones autóctonas isleñas, aisladas durante siglos de la parte continental, constituían grupos tribalmente antagónicos con estos, de rasgos físicos diferenciados, idioma, costumbres, religión e idiosincrasia absolutamente diferentes.

Etnias de la región continental de Rio Muni:
Fangs, Ndowes, Combes, Bujebas, Okaks, Ntumus y otros

Etnias de las regiones insulares:
Bubis en Fernando Poo, Annoboneses en Annobón y Corisqueños en Corisco

No se trata de demonizar a unas etnias guineanas frente a otras. Se trata simplemente de aceptar el hecho cierto y asumir que a pesar de ello, se abandonó Guinea sabiendo que el enfrentamiento y las hostilidades serian inevitables, sin que se tuviera previsto nada al respecto. La pésima independencia concedida a Guinea, condenó a las etnias más débiles por su desproporción demográfica- Bubis básicamente- a una represión sanguinaria en toda regla por parte de la etnia Fang continental, dominante.

España debió programar, a pesar de la presión de la ONU-EEUU, una independencia progresiva, por fases y seguramente separada, aunque solo fuera por un mínimo sentido del deber hacia los guineanos y su diversidad, con quienes había adquirido dos siglos antes un compromiso moral de tutela.
(Por cierto, EEUU no parece tener reparos ante las apetencias marroquíes acerca del Sahara ex español y si Dios no lo remedia “autorizará” su anexión.
Marruecos ha jugado astutamente sus cartas, sopesado sus fuerzas y calibrado con inteligencia la situación, mientras la ONU mira para otro lado como de costumbre, excepción hecha curiosamente del caso de Guinea, ante la pusilánime actitud española entonces.
La autodeterminación del Sahara ex español, lleva 30 años bloqueada en base a la presión de una dictadura feudal y las trágicas consecuencias para el pueblo saharaui son más conocidas en España que las de Guinea, por una simple cuestión de cercanía geográfica).

En Guinea, y con diez o quince años más, se podía y debía:
Haber continuado potenciando unos cuadros profesionales y técnicos de guineanos negros, formados en España en todas las disciplinas profesionales.
Haber dotado a Guinea de una “Constitución”, bien adaptada a su modo de vida y válida para todas las etnias.
Haber potenciado la creación de unas fuerzas de seguridad tuteladas temporalmente y conjuntas de transición.
Haber creado una infraestructura Bancaria y una paridad de moneda seria, puesta en práctica gradualmente, operativa y avalada por la Peseta española —los réditos inesperados a día de hoy serían espectaculares por cierto—.
Haber potenciado un mercado para y con los guineanos.
Haber diseñado un marco jurídico en el cual, el derecho a la propiedad entre otros muchos, de los guineanos blancos y negros, hubiera quedado salvaguardado.
Haber informado con suficiente antelación y claridad a la población de todos los colores, de las fases y procesos previstos con la suficiente antelación en tiempo y forma.
Haber continuado potenciando una clase política autóctona, con una entrega de responsabilidades gradual y progresiva.
Haber dado a esa clase política, la opción real del conocimiento de los foros internacionales, proporcionándoles experiencia y conocimiento del planeta.
Haber considerado la opción de independencias separadas para la parte continental y la insular.
Haber considerado los derechos de la población de etnia blanca, al mismo nivel que cualquier otra del territorio, por derecho propio.

España, de haber actuado con más inteligencia en el caso de Guinea y el Sahara, seria desde luego “otra” España, moralmente mejor, más fuerte, con mas amigos y más respetada con toda seguridad a todos los niveles. Para tranquilizar su conciencia, España se limitó a entregar a Guinea durante décadas, después de la independencia, un montón de millones de pesetas a fondo perdido durante años, que fueron a engrosar directamente la cuenta bancaria de Francisco Macías Nguema.


Acerca delas colonizaciones

Primer Gobernador
de Guinea – Ampliar
Las colonizaciones fueron un hecho histórico, de eso España no fue responsable y el fenómeno fue consecuencia del desigual desarrollo del planeta debido a la condición humana.
En el caso de Guinea española la colonización fue globalmente correcta, no por la actitud de un gobierno u otro a lo largo del tiempo-hubo muchos y el del general Franco solo fue el último- si no fundamentalmente por la actitud de la personas concretas que a lo largo de ese tiempo vivieron allí y la influencia de esas actitudes en el resultado final.
Fue una colonización enigmáticamente buena en su conjunto y de una alta calidad sobre todo en el siglo XX, etapa de su desarrollo más espectacular.

La clave tal vez estuviera en la absorbente política interna española de ese periodo, que le abstraía quizá de un intervencionismo mas activo en el territorio. De esa forma y una vez establecidas las directrices básicas en la metrópoli, las decisiones prácticas eran conducidas por los españoles blancos y negros que la habitaban, con sus voluntades personales y decisiones de gestión, puestas al servicio de aquella tierra como “sociedad civil organizada”. Había conciencia de tarea común y por añadidura el territorio y sus gentes oriundas causaron un impacto tan profundo en los que allí arribaron, que propició una entrega al servicio de una tierra que hicieron suya como actitud existencial, aspiración legítima y necesidad vital. La geografía, las ciudades, los edificios, las huellas históricas, los sentimientos, las actitudes del pueblo llano, los hechos perdurables y el idioma común, son descripciones tan válidas como el más concienzudo de los análisis y esas cosas perduran hoy en Guinea en grandes dosis para el que quiera verlas


Los imporvisados preparativos de la independencia

Día de la Independencia – Ampliar
Finalmente España “se obliga”, a decidir la concesión a Guinea de la independencia el día 12 de Octubre de 1968. Esa decisión se fragua en el lapso de tiempo que va desde octubre del 1967 a junio de 1968 y para ello se convoca la Conferencia Constitucional sobre la independencia guineana. Tan solo unos meses para tirar por la borda dos siglos de presencia en Guinea y traicionar a todo el pueblo guineano con la deshonra de un abandono innoble, por lo oculto y premeditado de la intención decidida de abandono. Hubo muchas rencillas internas en el gobierno de Franco para tomar esa decisión y había dos posturas: por un lado de Carrero Blanco que proponía una independencia progresiva, contemplando tanto la posibilidad de una independencia separada del continente y la isla de Fernando Poo, como la de una permanencia estable de vínculos comerciales. Realista postura pero oscurecida por connivencias de intereses familiares privados y comerciales inconfesables, de nuestro almirante. Por otro lado la de F. Maria Castiella que apoyaba la independencia inmediata y conjunta de la isla y el continente. Su idea era agilizar también la independencia del Sahara español y crear una especie de “grupo” de países amigos de cara al futuro. Ingenuidad loable pero estéril por su inexperiencia, pusilanimidad y desconocimiento profundo de Guinea y de los foros de poder político del mundo. Conociendo la fuerte relación entre Franco y Carrero, parece razonable pensar que la postura de Castiella triunfó al fin, solo por la garantía de este a Franco de que la devolución a España de Gibraltar estaría a cambio garantizada.

Se celebra en Madrid la mencionada Conferencia Constitucional, en dos fases, para diseñar la estructura política de la futura nación Guineana. Ese simple hecho demuestra la voluntad de abandono tácito e implícito de aquella tierra, puesto ya en práctica por España al no conceder al asunto más que ese mísero tiempo de estudio. Por si las rencillas y divisiones en el gobierno de Franco, no fueran suficientes, la Conferencia Constitucional se convierte en un caos, como era de esperar: De un lado, los novatos, escasos y extremadamente inexpertos políticos guineanos, a los que les venia grande semejante reunión y que al menos esperaban escuchar a gentes que conocieran mínimamente las costumbres e idiosincrasia guineanas; de otro los políticos españoles, con un gobierno a sus espaldas dividido, dictatorial, vigilante y censor; de otro al fin, personajes novedosos que vieron en esta conferencia una especie de parque temático profesional para potenciar actitudes de oposición intelectual al régimen de Franco. Ese es el caso del Sr. A. G. Trevijano, que sin haber puesto un pié en Guinea en su vida, iguala la osadía del resto de actores del drama y asume el derecho de redactar para ella nada menos que una constitución.

Los guineanos autóctonos se organizan social y antropológicamente en función de costumbres antiquísimas tan válidas como cualquiera otras. Sus concepciones sobre la estructura familiar, el reparto de roles sociales, las creencias religiosas e incluso su adaptación al clima, son suyas por derecho y por adaptación evolutiva de millones de años. No conozco un mayor desprecio y mejor ejemplo de xenofobia en estado puro, que la soberbia pretensión de dotar al pueblo guineano de una Constitución diseñada en Madrid por gentes del talante descrito, en cómodos despachos urbanos, al resguardo del frío invernal, en cuatro escasos meses y sin tener ni remota idea de la idiosincrasia del pueblo guineano, de sus costumbres, necesidades, aspiraciones y sin haber puesto un pie en Guinea en su vida.

Como siempre, los guineanos fueron las víctimas de todo el proceso, y hablo de seres humanos españoles, nacidos en territorio español, inmersos en la cultura española y para su desgracia, orgullosos de ello.


Pre-independencia y elecciones democráticas

Se habían celebrado final y aceleradamente, unas elecciones en las que resultó vencedor Francisco Macías Nguema, hombre procedente de la parte más profunda y cavernaria de la Guinea Continental —del poblado de Mongomo— ya cerca de la frontera con el Congo. Esto no lo esperaba nadie en el gobierno español y pesar del desinterés general por Guinea, fue una sorpresa.

El candidato “preferido” de Carrero Blanco era Bonifacio Ondó Edú, que había sido presidente de Guinea durante la fase de “autonomía” y el de Fernando María Castiella, ministro de asuntos exteriores, era Atanasio Ndongo.

Ondó Edú – Ampliar
A raíz de plantear unas elecciones democráticas y libres en Guinea en 1968, cualquier análisis previo medianamente lúcido hubiera descartado a Bonifacio Ondó Edú como ganador, entre otras razones porque era el “candidato oficial” y eso irrita a cualquiera.
A nuestro gobierno de entonces le importaba ya un bledo ese asunto y por tanto pasó por alto la necesidad de hacer ese análisis lúcido, aún estando claro que la batalla electoral se dirimiría en el continente por una simple cuestión matemática – 300.000 fangs frente a 25.000 isleños.

Bonifacio Ondó Edú adolecía de falta de carisma, no pertenecía a un “clan tribal” temido y respetado ancestralmente como era el caso de Macías (clan de Mongomo), argumento primordial en África; era un hombre moderado y que había sido presidente del gobierno autonómico guineano en los últimos cuatro años, por lo cual tenia cierta experiencia. Francisco Macías en cambio era un hombre con dominio del poder de comunicación verbal y sobre todo no-verbal, demagogo delirante y con perfecto conocimiento de los puntos débiles de sus oponentes.

En las elecciones guineanas, los candidatos mas moderados como Atanasi Ndongo y Bonifacio Ondó Edú, obtuvieron una proporción de votos considerable y suficiente como para superar juntos ampliamente a los de Francisco Macías. Hubiera sido perfectamente legítimo asesorar a los guineanos y sugerir unos pactos post-electorales tal y como hacemos aquí y ahora, que hubieran cambiado el rumbo de los acontecimientos. A esas alturas España ya conocía el carisma enfermizo de Macías y estaba claro cual sería el destino de una Guinea en sus manos.

Fraga y Macías – Ampliar
Las razones por las que no se hizo nada de eso son absolutamente viles. Debido a las rencillas y rencores internos en el gabinete de Franco a raíz del asunto guineano, Carrero Blanco no quiso saber nada de pactos porque él apoyaba desde el principio a Bonifacio Ondó Edú y consideraba que Atanasio Ndongo “era rojo”. No encuentro palabras para calificar tamaña estupidez intelectual, calificar a Atanasio Ndongo de rojo es uno de los mayores desatinos mentales que he oído en mi vida y una demostración palpable de que nuestro gobierno no tenia ni remotamente, conocimiento de la idiosincrasia de los guineanos.
Otra razón fue la adulación servil a EEUU y la ONU, de forma que no se quiso tomar ninguna posición al respecto ni asesorar a un pueblo neófito en esos asuntos, para aparecer como inmaculados paladines de la democracia y la imparcialidad. Descubrir que todo el genocidio, caos y años de terror posteriores en Guinea, se debió en gran parte a la tozudez, soberbia e ineptitud personal de individuos como Carrero Blanco y Castiella, es cuando menos, lamentable.

Bubis manifestándose – Ampliar
El tiempo del verano de 1968 en Santa Isabel, supuso el periodo más completo y maduro de mi vida en tierra guineana, también mis últimas vivencias allí, aunque en esos momentos yo no lo sabía. Se organizó con motivo de la llegada de un grupo de observadores de la ONU, “el comité de los 24”, una manifestación en Fernando Poo, algarabía inédita desde que tengo uso de recuerdo en las tranquilas calles de la capital. Había pancartas de todos los poblados conocidos, elevadas con largos palos y acompañadas con eslóganes apenas inteligibles entre el griterío. Los observadores de la ONU se alojaban en el Hotel Bahía y hacia allí se dirigía la cabeza de la manifestación, una auténtica masa humana sin principio ni fin visible en movimiento y enfervorizada. Era una manifestación de la gente Bubi exhortando, exigiendo a los observadores de la ONU, que contaran con sus deseos y opiniones, “No querían la independencia”, y mucho menos conjunta con Rio Muni.

Los actos de celebración de la independencia, el 12 de Octubre de 1968, fueron una de las páginas más vergonzosas de la reciente memoria histórica de España.

Celebración de la Independencia – Ampliar
La representación de España en los actos aludidos la ostentó D. Manuel Fraga Iribarne, que por aquel entonces solo era ministro de Información y Turismo, y nadie por tanto, ni el propio Francisco Macías Nguema, comprendía que pintaba allí. Ya en ese momento Francisco Macías debió empezar a comprender que “su colega Franco”, como el decía, no le estaba tratando bien.
A fecha de hoy nadie ha explicado aún, porqué no asistieron al acto ni el almirante Carrero Blanco ni el ministro de exteriores Fernando María Castiella, (lo de Franco ya nos lo imaginamos)

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La mayoría de las fotos aportadas, provienen del fondo fotográfico de: http://www.raimonland.net

José Eburi Palé | 04 de octubre de 2006

Comentarios

  1. Mpotómoumasá
    2006-10-05 00:07

    Ahora que tan de actualidad está aquello de la memoria histórica, no sería mala idea repasar el capítulo cuando menos grotesco, de la independencia de Guinea por cuenta de España.
    Por la misma razón, no seria tampoco mala idea que determinado juez, paladin de injusticias internacionales menos cercanas a nosotros, allende nuestras fronteras, se detuviese a examinar el caso y aclarar las responsabilidades de quien corresponda, en los asesinatos de masas ocurridos tras esa independencia.

  2. Luciérnaga
    2006-10-07 01:13

    Memorias Diplomáticas del 1er Embajador de la independencia de Guinea escritas en 1999.
    D. Juan Duran Loriga

    EMBAJADOR EN LA GUINEA ECUATORIAL

    “El proceso descolonizador de la Guinea Ecuatorial marchaba hacia su culminación. Puesto que había que seguir adelante, Castiella quiso que se hiciese de manera ejemplar. El nuevo Estado contaría desde el primer momento con una Constitución democrática aprobada por sus dirigentes y más tarde por el pueblo guineano en referéndum. Se empleó para ello la fórmula británica de una Conferencia Constitucional, que se abrió en octubre de 1967 con un discurso de don Fernando Castiella en el que se anunciaba que España daría la independencia a su colonia ecuatorial en 1968.

    Fue un trabajo bello y generoso, dentro del marco político de la España de entonces, convocar la Conferencia para dar a la Guinea una Constitución moderada y de gran perfección técnica aunque resultase inaplicable(*), como lo habían sido en África todas las normas fundamentales democráticas. La Conferencia Constitucional avanzó lentamente entre escollos. Contribuyeron a la cacofonía las discrepancias entre los guineos y también el hecho, al que ya me he referido y sobre el que volveré a insistir, de que el Gobierno español estuviese profundamente dividido. Esta confusión fue aprovechada por quienes quisieron, lográndolo, complicar aún más el difícil proceso. El señor García Trevijano respaldó un llamado Secretariado Conjunto que al tiempo que saboteaba la Conferencia ponía en primer plano al político guineano de mayor potencial demagógico y destructor, Francisco Macías.

    En la Conferencia fueron asomando las características de quienes habían de ser los tres candidatos a la presidencia del nuevo Estado. Bonifacio Ondó o la ingenuidad catequística. Atanasio Ndongo o la ambigüedad neo-africana. Y Francisco Macías o la furia paranoica.

    Francisco Macías mantenía unas actitudes entre calculadas y demenciales. Parecía saber que lo que más le podía legitimar como campeón de la independencia, en la Guinea y en los medios africanos, era una desaforada hostilidad hacia la “potencia administradora”. Tanto más cuando tenía un pasado de entusiasta adhesión al régimen colonial, del que seguía formando parte como vicepresidente y consejero de Obras Públicas del gobierno autónomo.

    A lo largo de las próximas páginas aparecerán otras facetas de su personalidad. En la Conferencia Constitucional destacó por un sentimiento desmesurado de su propia dignidad, reflejada en desplantes que aumentaban su prestigio anticolonial.

    Poco antes de concluir la Conferencia ofreció Castiella una cena en el Palacio de Viana a los principales delegados guineos. Macías, que tenía reservado el primer puesto a la izquierda del ministro, no compareció. Cuando quise, a la mañana siguiente, averiguar las causas de su ausencia, empezó asegurándome que no había recibido la invitación. Más tarde admitió que le había llegado un sobre que no consideró dirigido, a él, porque se le daba el tratamiento de “Ilustrísimo Señor” cuando se pensaba “Excelentísimo”. Fue en la Conferencia Constitucional donde Macías pronunció su primer elogio de Adolfo Hitler como padre de África.

    Bonifacio Ondó, antiguo catequista y muy grata persona, tenía una imagen de Tío Tom que caía simpática a los españoles pero resultaba anacrónica en los medios descolonizadores de las Naciones Unidas, que desconfiaban de quienes pareciesen cómplices neocoloniales de las antiguas metrópolis.

    Atanasio Ndongo, expulsado del seminario como tantos revolucionarios, había vivido largos años en el Camerún donde se casó con la viuda del líder revolucionario Félix Moumié, asesinado en Ginebra en 1960. Era el único político guineano con experiencia internacional, hablaba francés y, frente al colaboracionismo de Macías con la administración colonial, había sido un luchador activo y arriesgado por la independencia. De ahí que se pensase en el ministerio de Asuntos Exteriores que podía ser la persona más adecuada y creíble para estar al frente del nuevo Estado. Le faltaba el tirón demagógico y obsesivo de Macías y a pesar de su inteligencia, o a causa de ella, fue para mí siempre sibilino.

    Terminada en junio de 1968 la Conferencia con la aprobación del texto constitucional, inmediatamente confirmada por referéndum en el territorio, se había fijado para el 12 de octubre la proclamación de la Independencia. Don Fernando Castiella decidió que durante este complicado período de transición hubiese en Santa Isabel un repre¬sentante de Asuntos Exteriores. Me mandaron a mí.

    Uno de los primeros problemas con que me encontré fue el temor de la población aborigen de Fernando Póo a una independencia en la que temían llevar, por su inferioridad numérica, la peor parte. Esto los llevó a votar contra la Constitución en el referéndum. No puedo olvidar la ayuda que recibí de mi amigo Enrique Gori, asesinado más tarde como tantos otros por orden de Macías, así como la de su suegro el sabio patriarca fernandino Alfredo Jones, a quien recuerdo protegido del sol por dos sombreros superpuestos.

    La situación se decantaba, desgraciadamente, hacia Macías. Para un electorado inexperto que iba a votar libremente por primera y última vez la tentación demagógica no era fácil de resistir. Se produjeron además graves errores en el campo de los competidores de Macías. En primer lugar la intransigencia de Bonifacio Ondó, Había éste decidido presentar a las elecciones parlamentarias una lista de su partido, el MUNGE, en la que figuraban sus leales, que nadie conocía, con exclusión de los caciques principales de esta formación política. Los cuales, a su vez, aceptaban figurar en la lista de Ondó siempre que fuese en lugares preeminentes que asegurasen su elección.

    La primera vuelta de las elecciones situó a Macías en cabeza (36.000 votos) pero sin mayoría absoluta, lo que obligaba a una segunda vuelta. Bonifacio Ondó salió en segundo lugar, con 31.000 votos. La clave del resultado final estaba en Atanasio Ndongo que por llegar tercero estaba eliminado pero que daría la victoria a aquél por quien aconsejase votar a sus secuaces.

    En una reunión con Atanasio Ndongo, en las que estaban presentes sus compañeros de partido y algunos funcionarios españoles, me dijo que daría sus votos al candidato que España quisiera. No tuve más remedio que contestarle que Madrid no podía entrometerse. Hubiese constituido gran ingenuidad, estando en Guinea observadores de las Naciones Unidas, que un representante del ministerio de Asuntos Exteriores de España indicara en público a un partido político guineano sobre a quien votar(**).

    Los observadores de las Naciones Unidas fueron testigos de que por parte española no se hizo nada por falsear el resultado de las elecciones que, para desgracia del pueblo guineano, dieron el triunfo a Francisco Macías (***).

    (*) Entonces, todo era una farsa consciente ¿no?, estamos de acuerdo Sr. Durán, la Constitución parida para Guinea era “inaplicable”
    (**) Sr. Durán, en primer lugar, era un deber moral asesorar imparcialmente a los guineanos en los usos convencionales democráticos, eran españoles como usted y orgullosos de serlo; en segundo lugar, ¿no había en Santa Isabel ningún lugar “privado”, para charlar?
    (***)Entendido Sr. Duran, España les tenía pánico a los “observadores” de la sacrosanta ONU, en vista de ello ustedes miran para otro lado y pasan del tema.
    ¿Asesorar en unos pactos electorales, es “falsear” los resultados?, gran tradición y saber democrático el suyo.

  3. Bubi
    2006-10-08 04:37

    La Conferencia Constitucional y la independencia de Guinea Ecuatorial en las “Memorias de estío” de Miguel Herrero de Miñón.

    El proyecto de Castiella, tal como, una noche de aquel mes de febrero, me lo expuso en su despacho de Santa Cruz, no carecía de cierta grandeza e indudable viabilidad, aunque hubiera requerido una política interior muy diferente. Se trataba, según el ministro, de conducir rápidamente hasta la independencia a Guinea Ecuatorial primero y al Sahara después, y establecer con ellos íntimos lazos de cooperación de modo que, asumiendo un coste económico no pequeño, España pudiera, en gran medida, determinar su política exterior. Con ello, el político bilbaíno confiaba en obtener tres objetivos: dos votos más para España en las Naciones Unidas, importante baza a jugar en contenciosos presentes y futuros; contrapesar desde el Sur las apetencias marroquíes, estableciendo una alianza entre el futuro Sahara, vinculado a España, y Mauritania, y, en fin, no sólo dar muestras de buena voluntad hacia el Tercer Mundo, sino conseguir dos vías de entendimiento con él. Sin duda el problema de Gibraltar, que ya entonces obsesionaba a Castiella, pesaba mucho en este diseño estratégico y no dejó, a mi juicio, de contribuir a su frustración. Pero si estas bazas se pensaban jugar indudablemente en pro de la reivindicación española, su alcance se pretendía mucho más permanente. (*)

    (*)
    Indudablemente, D. Fernando Maria Castiella no acertó ni una.
    No hubo contrapeso de las apetencias marroquíes sobre el Sahara, sino todo lo contrario.
    Efectivamente se condujo “rápidamente” hasta la independencia a Guinea.
    No existe a día de hoy una nación saharaui.
    Efectivamente el problema de Gibraltar pesaba mucho, pesaba tanto que sigue doblando el orgullo español, gracias a políticos con esa magnífica visión de futuro y esa habilidad profesional.

  4. Alberto
    2006-10-13 21:03

    Con estos antecedentes en cuanto al conocimiento de África, no es extraño que nuestra política actual repecto de ella en general, sea un desastre.
    A Marruecos, les regalamos 72 Jeeps, se niegan a recibirlos por Melilla y nos bajamos los pantalones, entregándoselos donde a su tiránica majestad le venga en gana.

    A Senegal le damos un montón de pasta, que pasa directamente a engrosar la cuenta corriente de su presidente, para ¿paliar?, el problema de los cayucos en Canarias. Mire usted señor ministro de AA EE, no tiene usted ni idea. Con ello se produce sin duda un efecto llamada, a mas cayucos, mas pasta en mi cuenta corriente.

    ¿Alguien sabe cuanto pueden costar 72 jeeps?

    Alberto
    Reportero en Absurdistán



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