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Edición LdN

Cartas desde el exilio guineano por José Eburi Palé

Cartas desde… es un intento por recuperar el espíritu de las corresponsalías epistolares de la prensa decimonónica, más subjetiva, más literaria, y que muestre una visión distinta y alternativa a la oficial de Agencias.

Marzo de 1969. La suerte de las familias españolas abandonadas en Guinea

La peor suerte

Dentro de la tragedia humana que supuso la independencia de Guinea uno de los capítulos más sangrantes es el de las familias que hubieron de huir literalmente de ella de manera forzosa, en trágicas circunstancias y ante la pasividad e inoperancia del gobierno español. En la España de los sesenta, el tamaño de la familia media oscilaba entre tres o cuatro hijos; Guinea no era una excepción y en muchos casos superaban esa cifra.

El agravamiento de la situación después de la independencia pasó por su etapa más crítica en marzo de 1969.

Estamos hablando de familias que llevaban toda su vida en Guinea. Familias, algunas de las cuales llevaban dos, tres, y más generaciones en aquellas tierras y que por tanto con todo derecho y legitimidad moral la consideraban tan suya como de cualquier otro. En otros casos, como el de Sudáfrica, esa legitimidad se llevó a la práctica en la independencia como un derecho, con el beneplácito internacional.

Familias cuyos antepasados muertos, descansan en los cementerios de Santa Isabel, Bata, Corisco o en cualquier otro bonito y cuidado cementerio guineano. Bisabuelos, abuelos y padres que habían llegado a aquellas tierras a principios del siglo XIX.

Se desgarraron historias personales, vivencias, estructuras familiares, raíces vitales y se produjo una diáspora humana cuyas secuelas aún perduran.

La embajada española y sus sucesivos titulares —D. Juan Durán Lóriga y D. Emilio Pan de Soraluce, únicas autoridades españolas en el territorio en ese momento— demostraron su falta absoluta de capacidad para salvalguardar los intereses y aún la vida de los españoles. Durante los meses de febrero y marzo de 1969, se produjo por tanto un auténtico y caótico éxodo de familias españolas, que tuvieron que ingeniárselas para abandonar el territorio por sus propios medios en unas jornadas de terror e inseguridad, durante las cuales cada día de supervivencia era un éxito y una muesca en el calendario.

La reunion ignominiosa
Aproximadamente en la segunda semana de marzo de 1969, ante la situación de riesgo creada en Bata, se produce una reunión en el patio de la embajada española en la cual nuestro último embajador D. Emilio Pan de Soraluce dice a los allí presentes, en estado virtualmente de sitio, según palabras de un testigo presencial que reproduzco con la mayor exactitud posible:

“no ocurre nada en absoluto; las relaciones entre España y la república de Guinea ecuatorial son excelentes y ustedes deben continuar aquí, en sus puestos de trabajo, haciendo lo que han hecho siempre”.
“Nada más lejos de mi intención que decirles que deberían regresar a España, pero creo que es mi obligación advertirles de que a partir de finales de este mes de marzo, no van a volver a venir más barcos de Transmediterránea ni aviones de Iberia. Se cortarán todas las comunicaciones con la península”.
“Y también debo decirles que todos los médicos abandonarán el país en breve; como también lo harán nuestras fuerzas armadas… pero, repito, aquí no pasa nada y ustedes están completamente seguros.”
“Se quedan ustedes sin médicos, sin comunicaciones con la península y sin la protección de la guardia civil… pero no pasa nada. Quédense ustedes aquí, porque, como embajador de España, es mi obligación decírselo; sobre todo para que lo oiga este caballero que nos acompaña”

Por ende, la reunión tuvo lugar, según recuerdo del testigo, ante la presencia del propio Macías o de uno de sus significados ministros, incapaz como se ve el embajador de mantener una reunión privada para transmitir noticias de semejante envergadura.

Las familias tienen que huir a veces con lo puesto y abandonando sus casas, propiedades, enseres, y dejando atrás una vida entera de esfuerzos, afectos, amigos, seres queridos enterrados allí y experiencias vitales. Allí quedaron todo tipo de documentaciones, laboral, justificaciones de la seguridad social, partidas de nacimiento y toda clase de historiales administrativos cuya carencia, supuso después en España, para más INRI, infinidad de trastornos y pérdidas de derechos consolidados, hasta nuestros días. Familias que consiguen la evacuación de los hijos y esposas, mientras el padre decide a pesar de todo permanecer allí, intentando salvar algo de su patrimonio en última instancia y mantener la ténue esperanza de que la situación cambie.

Los cuarteles de la Guardia Civil de Bata y Santa Isabel, se convierten en Numancias del siglo XX en las que se refugian las familias para resguardarse del terror. La Guardia Civil, cumpliendo órdenes cobardes y muy a su pesar, se limita a defender los cuarteles y dar cobijo a madres, padres, y niños, que no pueden hacer otra cosa para salvar sus vidas. Gracias a ella, el terror no desembocó en una masacre a pesar de todo.

Hay muchas historias trágicas, sirvan algunas de muestra:

Bata
Armando Balboa Dougan
No importa el color, español por derecho, y casado con española, de Barcelona para más señas.
Se refiere a una familia numerosa.

El padre, insigne guineano y español, es torturado por Francisco Macías de la forma más vil y sanguinaria imaginable. Su tortura ha sido ya relatada en el capítulo anterior.
Mientras es torturado y asesinado impunemente, las fuerzas armadas españolas permanecen sitiadas en su cuartel, a escasa distancia, siguiendo órdenes de no intervenir, emanadas “de quien corresponda”.
Supongo también que mientras tanto, Carrero Blanco pensaba en comulgar al día siguiente en su diaria misa en la calle de Claudio Coello, del Sr. Durán Lóriga, F. M. Castiella y Manuel Fraga no tengo referencias de sus actividades en ese momento, aunque puedo imaginármelas.
Yo mientras tanto, trataba de sortear las porras y las cargas a caballo de los grises, dentro del vestíbulo de mi facultad en Madrid.

Santa Isabel
Augusto Fernández P.
No importa el color.
Es propietario de un comercio y un considerable patrimonio inmobiliario y agrícola, ganado con el sudor de su frente y el de varias generaciones de su familia.
De nacionalidad española y casado con una española de Granada.
Le avisan una mañana urgente y confidencialmente de que le están buscando las juventudes.
Se dirige apresurada e improvisadamente al aeropuerto y consigue embarcar de milagro, gracias a un montón de amigos.
El resto de su familia había salido un mes antes de allí, afortunadamente.

Lo único que consigue llevarse para empezar desde cero en Madrid, y con ocho hijos que sacar adelante de entre 3 y 17 años, son algunos relojes Rolex de su tienda, disimulados bajo las mangas largas de su sahariana, en ambos brazos, desde las muñecas hasta las axilas.
A las dos horas de despegar su avión, las juventudes de Macías entran en su comercio y al no encontrarle, saquean y destrozan todo el interior del local.
La situación en Bata es peor si cabe, ya que Iberia no puede usar el aeropuerto y por tanto la evacuación se produce por barco, agravada por el hecho de que allí no había puerto y, por tanto, el barco ha de tomarse abordando los botes salvavidas del “Ciudad de Pamplona” desde el espigón en tierra.
Las escenas son aterradoras y algunas han sido ya publicadas en estas “Cartas”.

Bata
Juan José Bima Martí
No importa el color.
Este español, como tantos otros, tiene que pensar en salvar su vida y la de su familia.
En Bata la evacuación es mas trabajosa, porque además de la dificultad añadida de ser por barco, el territorio es muy extenso y las distancias a recorrer por algunas familias son considerables a través de la pura selva; el trayecto por tanto es mucho mas peligroso.
Desde una remota explotación maderera en el interior, este hombre navega por el río Benito con enseres, su esposa embarazada de tres meses, y trabajadores negros de la finca que huían también de una muerte cierta. Van en una barcaza por el centro del gran río.
Desde la lejana orilla del río le dan el alto.
Se produce una situación de pánico, confusión, y la barcaza no puede detenerse instantáneamente.
Disparan desde la orilla, le alcanzan y muere.

Santa Isabel
Rafael Avalos
No importa el color.
Era también español de derecho y estuvo al frente del servicio de Correos durante muchos años.
La mayor parte de los empleados de correos en Fernando Poo, eran de la etnia bubi.

Una mañana, unos cuantos Land Rover atestados de “juventudes de Macías”, posiblemente ebrios, irrumpen el vestíbulo del edificio de Correos y pretenden maltratar y llevarse detenidos a los empleados bubis.
Él sale en defensa de sus empleados de “toda la vida” e intenta calmar la situación.
Le asaltan, agraden, le descalzan y le arrastran con uno de los Land Rover, por las calles de Santa Isabel, que estaban recién asfaltadas y con gravilla en la superficie.
Pudo ser evacuado ese mismo día y volver a España con heridas, desgarros y los pies desangrados y desollados, además de con la vida destrozada anímica y moralmente para el resto de sus días.

El día 31 de Marzo de 1969, sale el último vuelo de Iberia del aeropuerto de Santa Isabel, en el que consigue salir entre otros, L. P., gracias exclusivamente a la providencia y al destino.

Todos estos episodios son reales y solo una muestra, la diáspora no había hecho más que empezar. La mayoría de familias tuvieron que comenzar de nuevo sus vidas desde cero y superar un trauma material y moral, cuyas consecuencias fueron, en demasiados casos, una tragedia añadida. A la llegada a España tuvieron que alojarse repartidos en casas de familiares, sin enseres, sin ropa, sin medios materiales ni económicos, y en muchos casos también sin casa propia, ni trabajo. Asumir un drama íntimo y familiar de ese calibre para seguir adelante, no fue fácil en la mayoría de los casos. Hay numerosos testimonios de que muchos padres de familia no fueron capaces de superarlo y en breve periodo de tiempo sufrieron depresiones, la enfermedad, y finalmente la muerte.
Aún superándolo y según los casos, el trauma psicológico que supuso aquella tragedia, marcó la vida de familias completas hasta nuestros días.

Sin llegar a los extremos mencionados, son innumerables los testimonios de familias cuyos padres tuvieron una muerte natural prematura y que nunca pudieron superar el hecho de ser arrancados de cuajo de su tierra y dejar atrás toda una vida de trabajo, dedicación y experiencia vital. Muchas veces a unas edades en las que un nuevo comienzo no era vital ni emocionalmente viable.

A día de hoy, la administración española no ha hecho el menor gesto de reconocimiento público de aquellos hechos, admisión de responsabilidades, ni ha colaborado a resarcir en ningún aspecto las penalidades sufridas, ni los perjuicios de toda índole causados a un alto número de familias españolas.
Por estas y otras muchas razones, me importan un bledo las disquisiciones mentales de algunos responsables, actores y cómplices de un caos y un terror, que pudiendo haber sido evitado, decidieron conscientemente no hacerlo: Fernando Maria Castiella, Luís Carrero Blanco, Pan de Soraluce, Juan Durán Lóriga, Antonio García Trevijano, Francisco Paesa, Fraga Iribarne, Franco, Herrero de Miñón… y algún otro nombre que, con toda justicia, olvido, no me parecen mejores que Francisco Macías Nguema Mbasogo. Este actuó por locura, ignorancia y atavismo tribal. Aquellos, por obediencia y sumisión a un régimen y por las míseras prebendas del “imperio”, al que regalamos una de las mayores reservas de petróleo de África a cambio de ocho años más en el sillón.

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La mayoría de fotos aportadas provienen del fondo fotográfico de: http://www.raimonland.net/
16 de junio de 2008

Comentarios

  1. OSScar
    2008-06-16 14:46

    Magnifica entrada, no tenia ni idea de que esto hubiera sucedido (tengo 34 años). Pero investigare mas el asunto, deberia saberse.
    Gracias por compartirlo.

  2. Eri
    2008-06-18 13:59

    Tardé diez larguísimos días, en saber si mi padre estaba vivo, o muerto.
    Finalmente pude enterarme por un amigo en Barajas de que aún vivía.
    El artículo solo cuenta algunas cosas.
    Todavía se me calienta la sangre al recordarlo.

  3. GUINEANO
    2008-06-28 16:36

    Es lamentable todo eso, lo cierto es que los verdaderos culpables de esos males, siempre son la gente que estuvierón al mando, hubo más trágicas muertes de las que nadie se puede imaginar; en mi pais hay historias que si se empiezan a contar uno en poco tiempose conevrtiría en un asesino, pido perdón por lo que voy a decir si es que a unole afecte mucho; LOS ESPAÑOLES LLEVARÓN LA MALDAD QUE HOY VIVE GUINEA ECUATORIAL. Hubo gente buena que al final tuvierón que pagr los platos sucios de la mayoría como tb hubo gente mala que hacen que hoy día tengamos que seguri pagando por lo platos sucios de ellos, Mientras el Gobierno español siga teniendo solo intereses económicos (petroliferos) en Guinea ecuatoria no habrá nadie k remedie el odio a los españoles. muchas gracias

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